Capítulo 18


¿Cuñado o enemigo?


Con la presencia de Neji en Konoha, Hinata no conseguía relajarse. Frecuentemente, se encontraba deseando que su hermano se fuese. Temía por la paz relativa experimentada antes de la llegada de él. Al sentirse egoísta, pensaba también en la conveniencia de Neji, pues su marido parecía listo para explotar.

Naruto no estaba satisfecho con la presencia del huésped. Era civil, pero seco. Íntimamente, hervía de rabia, Hinata podía percibirlo. Los ojos azules refulgían de odio al mirar a Neji. Este había resucitado, en Naruto, la voluntad de vengarse de su enemigo. A pesar de que su marido, no había hecho nada para perjudicar a su hermano, Hinata se sentía nerviosa y amedrantada.

Contra su voluntad, se veía entre los dos. Naruto no le había prohibido encontrarse a solas con Neji, pero constituía una presencia sombría siempre que los dos estaban juntos. Con certeza, su marido no confiaba en ella. ¿Y por qué lo haría? Ella tampoco se fiaba mucho de él, especialmente en relación al destino de su hermano.

Hinata suspiró. Aunque la unión de ambos estuviera marcada por sospechas y discordias, ellos habían conseguido una estabilidad razonable. Ese contratiempo, entretanto, provocaba una gran frustración. Por la noche, se amaban con una emoción irrestricta, pero durante el día, la tensión se tornaba palpable.

Especialmente cuando, como en ese día, se veían aislados en la casa por causa del mal tiempo.

El silencio opresivo comenzaba a irritar a Hinata. Neji era atento, pero reservado. En forma distante, había contado cómo fue investido caballero por el barón de Might guy, pero poco había hablado sobre su vida anterior. Cuando Hinata menciono a sus padres, su hermano no había escondido su disgusto.

Entonces, ella resolvió no tocar más el asunto.

Como Naruto raramente hablaba, le quedaba a ella quebrar el silencio. Después de una semana de estadía ya le había contado todo sobre Konoha y sobre su vida en el convento, no encontraba que decir.

Apenas se oía el crepitar del fuego en la chimenea hasta que Neji hablo, sorprendiendo a Hinata.

—La lluvia paró — dijo él, parado delante de ella.

—¿Cierto? — Hinata exclamó, intentando mostrarse interesada.

—¿No quieres ir a dar un paseo a caballo, hermana? La tierra no debe estar barrosa.

Ella se animó con la perspectiva de escapar del ambiente pesado del castillo.

Pero antes de responder, Naruto lo hizo.

—Está muy frío y húmedo para salir Hinata — dijo él con una mirada feroz para el huésped.

Neji ignoro el comentario.

—Y cuanto a vos, Naruto, ¿no quieres acompañarme?

—Vos ya viste lo suficiente de mi propiedad.

—En ese caso, vayamos más allá de ella. Me gustaría ver la de mi tío— confeso Neji.

Aprehensiva, Hinata miró a su marido. Alerta, él preguntó:

—¿Por qué?

—¿Por qué no? Por cierto seria la propiedad donde podría vivir— afirmó Neji en tono calmo.

—No. Esa es mía — dijo Naruto.

—Comprendo que ella pasó para Hinata, a través de su casamiento, para vos. Puesto que no había un heredero hombre. Pero ahora que yo he vuelto...

Su hermano no termino y la aflicción de Hinata creció.

—Aquellas tierras son mías — declaro Naruto con una expresión sombría.

Hinata reconoció al hombre frío y cruel que la había ido buscar al convento. Intentó advertir a Neji con una mirada, pero él se había dado vuelta y se mantenía de espalda.

—No entiendo por qué vos te interpones en mi camino si adquiriste Konoha de la misma manera — argumento su huésped.

—Eso fue diferente — Hinata se apresuro a decir. — Sasuke no reivindico esta propiedad para quedársela sino para devolverla a los Namikaze. La de nuestro tío ya estaba en disputa antes de la muerte de él, que atacó Konoha y fue derrotado.

Aunque ella intentase demostrar la tontera y el peligro de esa insistencia, Neji se mantuvo impasible

—No veo como eso me afecta — dijo él. Hinata imaginó si su hermano era débil mental o si intentaba ganarse la simpatía de Naruto. Una única mirada a su marido le mostró la inutilidad del esfuerzo. Él parecía pronto a tirarse, con placer, sobre Neji. Horrorizada, lo vio ponerse de pie.

—¿Es por eso que está aquí, sobrino de Hyūga? Vos no viniste para ver a Hinata sino para recuperar la propiedad de su tío. Pasaste todos esos años en el pantano, sin importarte el bienestar de tu hermana, pero al oír hablar de una posible herencia, apareciste rápidamente.

—Naruto — comenzó Hinata, pero él la interrumpió.

—¡Solo un desgraciado insensible dejaría a su hermana casarse con un tipo como yo!

—¡No me digas! Se trata de una acusación extraña viniendo de vos, ¿no te parece? Yo tenía una buena razón para quedarme lejos. ¿Vos podes decir lo mismo? ¿O lo que te mantuvo apartado de Konoha mientras tu hermana era tomada por el Caballero Rojo, un hombre de reputación terrible?

Soltando una exclamación de susto, Hinata se levantó como se pudiese borrar las palabras de su hermano. Como un caballo restringido por una rienda,

Naruto vaciló y empalideció. Por un momento, era el hombre que ella conocía en la cama, humano y vulnerable. Pero se recupero rápidamente. Llevando su mano a la daga en su cintura, se aproximó a Neji.

—La única herencia que te aguarda aquí es mi venganza. Lo justo sería que vos murieses por los crímenes de tu tío, pero yo te perdone la vida en consideración a Hinata. No provoques mi paciencia. Hiruzen me dio aquellas tierras y ellas permanecerán mías. Si vos las vas a reivindicar, estarás declarándote mi enemigo. ¿Cómo será? — preguntó, aproximándose a Neji.

Antes de que su hermano pudiera responder, Hinata dio unos pasos para el frente a fin de interponerse entre él y su marido. Pero su respiración se tornó difícil y ella tambaleó.

Oyendo el ruido de su esfuerzo para inhalar aire, Naruto giró rápidamente. En el instante siguiente, estaba a su lado y la hacía sentarse.

La expresión de furia desapareció de su rostro.

—¡Respira, Hinata! Haz un esfuerzo.

Su marido estaba tan angustiado que su corazón se contrajo. Bajo sus cuidados, ella comenzó a relajarse.

—Cálmate. Está todo bien. No ha pasado nada — murmuró él.

Naturalmente, mentía, pero la voz suave de su marido la ayudó a vencer el pánico y a respirar mejor. Más tranquila, se recostó sobre la silla.

—Muy bien, relájate.

—¿Qué pasa? ¿Ella acostumbra tener estas crisis? — preguntó Neji.

Hinata soltó una exclamación, pues había olvidado la presencia de su hermano.

—¿Cómo, siendo su hermano, desconoces el mal que la aflige? — preguntó en una voz engañosamente suave.

Como siempre, Neji no se ofendió.

—Tal vez vos empezó a sufrir de eso mas tarde en su vida, ¿no es así Hinata?

Ella no podía acordarse.

—Tal vez — respondió, grata por la paz frágil que reinaba en el ambiente.

Por primera vez, se alegraba con una crisis de falta de aire, pues, quien sabe, ella había salvado la vida de su hermano.

Neji se mostraba preocupado, mas por ella y no por su propia existencia amenazada. ¿Cómo podía estar tan calmado, tan indiferente ante el peligro representado por Naruto?

—¿Estás bien ahora? Voy a llamar a Chiyo. Ella sabrá que hacer — dijo él con un aire solícito.

Aunque su marido fuese la única persona capaz de ayudarla, Hinata no protestó. Sin su hermano, el ambiente quedaría menos tenso.

Cuando Chiyo entró, apresurada, Naruto se dirigió a la puerta.

—¿Vas a ir tras él? — preguntó Hinata.

—No. Pero el tiene que decidirse. Quiero la respuesta pronto. -Hinata sacudió la cabeza.

Naturalmente, después de lo ocurrido, Neji se daría cuenta de la estupidez de querer posesionarse de las tierras de su tío. Si pudiese conversar con él a solas, tal vez lo convenciese. ¿Pero cómo y dónde hacer eso? De repente, se sintió exhausta, cuando Naruto salió y Chiyo le aconsejo ir al cuarto y reposar, ella no protestó.

Para Hinata, ella había cerrado los ojos apenas por unos momentos, pero cuando los abrió, vio el sol de la tarde filtrándose por las ventanas. Sentada al lado de la cama, Chiyo le sonrió y dijo:

—Felicitaciones mi señora.

A pesar de estar acostumbrada a las excentricidades de la criada, Hinata no entendió.

—¿Por qué?

—La señora durmió durante el día.

—De hecho. ¿Pero qué importancia tiene eso?

Chiyo continuó sonriendo y se inclino hacia delante para hablarle de cerca y más bajo.

—La señora no está menstruada.

Ante la franqueza de su criada, Hinata enrojeció. ¿Como Chiyo sabía que su menstruación estaba atrasada?

— ¿Vos andas prestando atención a eso? — preguntó.

—¡Claro! ¿La señora no?

Hinata no respondió. Debería mantenerse más atenta, pues deseaba mucho tener un hijo, pero nunca había pensado en contar los días. Además con la llegada de su hermano, su atención andaba dividida. Levantó a cabeza y dijo:

—En verdad, no me di cuenta de la falta da menstruación. ¿Vos piensas que es posible que esté embarazada?

—Sin duda, mi señora.

Maravillada, Hinata observó su propio cuerpo. ¿Estaría, de hecho, llevando el heredero de Naruto? Sintió los ojos húmedos al pensar cuanto ese niño podría llegar a significar. Él representaba no sólo el futuro de Konoha sino también sus esperanzas de ser madre.

En silencio y con un fervor, deseó que la pequeña vida, alimentada por la sangre de los Namikaze y de los Hyūga, fuese el fin de la contienda entre ellos.


Naruto entrego las riendas de la montura a un caballerizo y se fue rumbo para el salón. Manteniendo una cierta distancia, él había seguido al hermano de Hinata hasta la división con la antigua propiedad de Hyūga.

Entonces, había galopado a rienda suelta, de vuelta al castillo. Tenía miedo de llegar cerca del desgraciado y cortarle la garganta, con o sin la aprobación de Hinata.

Traición. Los Hyūga las practicaban tan frecuentemente como probaba la actitud de Neji. El maldito se aprovechaba de su hospitalidad mientras planeaba robarle las tierras. ¡Que su alma fuese condenada a las llamas eternas del inferno!, maldijo al atravesar el salón y subir la escalera en busca de Hinata. Su intención era informarla que había tomado una decisión.

Su hermano debía irse, pues él no estaba dispuesto a hospedar una víbora en el castillo. Que Dios lo protegiese si fuese apartado de las tierras de Konoha otra vez. Crispando las manos, Naruto entró al cuarto y paró, viendo que su mujer se aproximaba para saludarlo.

—Naruto — ella murmuró.

Hinata estaba diferente, menos tensa, notó él. Sonreía y había un nuevo brillo en sus ojos perlas.

Intrigado con el cambio ocurrido en su ausencia, Naruto cerró la puerta y dio unos pasos al frente.

—¿Alguna novedad? ¿Acontece algo? — preguntó él. Ella puso la mano en su barriga en un gesto nuevo y gracioso.

—Chiyo declara... que yo puedo estar... No sé con certeza... - Las palabras dichas lo tomaron por sorpresa. ¿Estaría ella encinta? Naruto se sintió medio atolondrado con el hecho de que lo habían conseguido finalmente y de que el problema estaba fuera de las manos de él.

—Un hijo, Naruto — Hinata murmuró.

Como si temiese la reacción de él, lo observó con una poco de desconfianza, pero Naruto aparto las dudas. Como muchas de las emociones, él no valorizaba la felicidad, pero, al verla estampada en los ojos de su esposa, tuvo la sensación de que el sentimiento lo inundaba también.

¿Y por qué no? Hinata le había henchido el alma vacía con vida y calor. Tal vez su sueño de tener una familia no fuese una tontería. De buena gana, él la satisfacería.

—¿Vos está bien? — preguntó, medio aprehensivo. Hinata rió, produciendo un sonido bajo y sensual que le recordó sus ruidos al hacer el amor.

—¡Estoy perfecta! Olvida tus miedos por mí. En verdad, quiero celebrar el acontecimiento.

Antes de Naruto se diera cuenta, ella empezó a correr por el cuarto con los brazos extendidos. Él intentó impedírselo, pero Hinata escapo, golpeándose con una pila de almohadas, desparramadas en la alfombra.

—¡Cuidado! — advirtió él, pero la mujer no lo había oído. En vez de eso, abajo y toco la alfombra.

—Nunca vi nada tan lindo en el piso —comento ella.

—Los tapetes de piel son muy comunes en el este.- Hinata le dirigió una mirada seductora, agitándole la sangre.

—Ah, el este. ¿Por qué vos no me enseñas algunas de las artes eróticas que aprendiste allá?

Naruto rio. No conocía a ninguna mujer que le provocara esos sentimientos. Hasta casarse con Hinata, el sexo para él no pasaba de ser un acto rápido con el propósito de satisfacerlo y no para darle placer a la mujer.

—En mi opinión, vos te réferis a algo que ya se conoce en el mundo entero.

Hinata no escondió desencanto

—Debe existir alguna cosa exótica y divertida que podamos hacer — dijo ella con un brillo malicioso en su mirada.

Nunca Hinata se pareció menos a una moradora de un convento… Él jamás había perdido tiempo en distraerse durante el día y la luz, filtrada por ventanas, le recordaba de los negocios por terminar, especialmente el problema de Neji Hyūga.

Con todo, su única mirada era para Hinata, echada sobre el tapete, esta lo convenció de que todo el resto no tenía importancia. Él la quería allí y en ese instante.

Precisaba poseerla, enterrarse en ella, gozar su calor hasta nada existiese excepto Hinata. Excitado, dio un paso al frente, pero paró. Ella quería algo exótico.

Naruto hurgo en su memoria algún recuerdo de las prácticas del este.


Dato:

Refulgir: Emitir fulgor o brillo muy intenso

Investido: Conferir una dignidad o un cargo honorífico a una persona le invistieron doctor honoris causa.