Capítulo 19


Verdad


Conteniendo mal su impaciencia, Naruto entró al salón y miró alrededor en busca de su mujer. ¿Por qué ella nunca estaba allí para recibirlo?

Eso aumentaba su irritación. Había recorrido la propiedad para verificar los estragos causados por la tempestad de ayer. Había derrumbado árboles y hasta la choza de un aldeano.

A pesar de que la lluvia ya había pasado, el riacho que corría detrás del castillo, continuaba subiendo. Naruto mandó hombres a recorrer las márgenes para evaluar los peligros.

Cansado, con hambre y con un frío, él ya iba gritar llamando a su esposa cuando Izumo se aproximó.

—¿Donde está ella? — preguntó.

—Mi señor, lady Hinata salió a caballo en compañía de su hermano.

—¡¿Con un este tiempo?!

Frustrado, Naruto crispo las manos. No le gustaba la idea de Hinata cabalgando en su estado y, especialmente, en un día como aquel. ¡Maldito Neji Hyūga!

Debería haberlo expulsado de Konoha después de que el villano se mostrara interesado por las tierras de su tío.

Pero Hinata lo había calmado y Neji, retrocedió en las exigencias. Sintiéndose magnánimo por causa la gravidez de su esposa, Naruto permitió la permanencia del huésped en el castillo.

Se arrepentía amargamente. No sólo estaba muy frío para Hinata permanecer a fuera sino que también la tierra embarrada ofrecía peligros sin fin. Precisaba ir a buscarlos. Ya lo iba hacer cuando el criado, apuntando para a chimenea, avisó:

— Lord Naruto, hay una visita para el señor.- Girando rápidamente, él vio una silueta alta y grande de un hombre con las manos extendidas hacia el fuego.

¡Por todos los diablos! Su mujer embarazada cabalgaba por los campos helados y había un extraño en su salón. ¿Qué ocurriría después?

Dio unos pasos para al frente, pero paró al ver al sujeto mirando hacia él. Al reconocerlo, quedó tenso y perplejo al mismo tiempo. ¿Qué estaba haciendo allí Sasuke Uchiha?

Pensó luego en su hermana y su sobrina. Ellas habrían venido también, ¿o su cuñado traía malas noticias?

— ¿Mi hermana? — preguntó sin preámbulos.


Ella lo observó.


— Ella está bien y me mandó venir hasta aquí — respondió Sasuke.

Se hizo un silencio tenso, notó Naruto. Ellos no se habían separado en buenos términos después de la pelea. ¿Que traía al Caballero Rojo a Konoha?

Como si leyese sus pensamientos, Sasuke lo encaró

—Después de recibir tu carta, Sakura quedó preocupada por vos y tú mujer.

Naruto se había olvidado de la carta. Avergonzado, bajó la mirada antes de responder.

—Está todo bien ahora. La enfermedad pasó.

—Bien. ¿Y tu mujer?

—Se recupero bien — dijo Naruto.

– Fue lo que imagine al verla salir del patío a caballo. No hable con ella porque quería conversar primero con vos.

Tomando en consideración las condiciones en que él dejara los Namikaze, la precaución de Sasuke era comprensible, admitió Naruto.

—Hinata me pareció satisfecha y saludable — comento Sasuke.

—Ella está embarazada.

Su cuñado no escondió su sorpresa, pero ofreció una larga sonrisa.

—¡Felicitaciones, Naruto!

—Es una buena noticia, deseo que ella esté bien. No quiero que corra ningún riesgo.

Pero esta vez, la expresión de sorpresa precedió a la sonrisa de Sasuke.

—Todo saldrá bien. Pero sé que vos estás preocupado, y es mejor ir a buscarla. Los caminos están resbaladizos.

Naruto maldijo.

—Yo no habría consentido con ese paseo pero él la convenció en mi ausencia.

—¿Él? ¿Él hombre que la acompañaba? Yo lo he visto antes, pero no recuerdo donde — dijo Sasuke con aire pensativo.

Naruto, que ya se dirigía a la puerta, paró.

—¿qué quieres decir?

—¡Ah, ya me acuerdo! Fue en los pantanos. Él era escudero de un caballero, pero fue despedido por su deshonra. ¿Qué está haciendo aquí?

Naruto, que jamás vacilaba ante una batalla, fue tomado por un miedo inmenso.

—¿Vos tienes certeza? Él alega ser otra persona.

La alarma en los ojos del Caballero Rojo hizo a Naruto luchar contra él pánico.

—Bien, vi su rostro a la distancia, pero podía jurar que se trataba del mismo hombre. Cabellos castaños, estatura medía. Daiki era el nombre de él. Recuerdo muy bien cuando fue despedido por causa de su propia negligencia. Él mandó a su señor a batallar con el cinche de la montura suelto. Eso le costó la vida al caballero.

Las facciones de Naruto patentaban sus sentimientos. Asustado, su cuñado lo tomó del brazo y le preguntó:

—¿qué pasa?

Naruto no consiguió responder. Todas las sospechas sobre Neji Hyūga pasaban a tener sentido. ¿Por que al hombre le llevo tanto tiempo buscar a Hinata?

Porque no era su hermano.

Sin duda, se trataba del hombre de cabellos castaños que, con un tanta diligencia, preguntara sobre ella en varias localidades. Para hacer tanto, él tenía una buena razón. Precisaba del mayor número posible de informaciones para poder hacerse pasar por su pariente.

¿Pero por que alegaba ser el hermano de Hinata? La respuesta era clara y dolorosa.

La antigua y rica propiedad de Hyūga sería suficiente para satisfacer a cualquier caballero más aun a un escudero deshonrado. Las únicas personas que se interponían entre él y las tierras eran Naruto y Hinata.

Su esposa, a quien jurara proteger, estaba corriendo un peligro mayor del que él había imaginado.


Hinata instigo al caballo a seguir al de Neji, pero la subida de la colina era difícil. Naruto no lo aprobaría, pensó ella con un una puntada de culpa. Había aceptado el convite de su hermano para cabalgar con la esperanza de hablar con él a solas. Precisaba convencerlo de desistir de la propiedad de su tío.

Todavía, sus esfuerzos continuaban infructíferos. No había conseguido conversar con Neji, ni siquiera había abordado el asunto todavía. Él parecía determinado a cabalgar rápidamente a pesar del terreno resbaladizo.

—Neji, detente — gritó Hinata.

El viento debía haber tapado sus palabras, pues su hermano no se dio vuelta.

Ella lo observó. Sin duda, Neji se dirigía al pequeño peñasco en la cima de la colina. Desde allí, podría ver el rio, pero por que la había traído, ella no tenía idea.

Eso le provocó una cierta tristeza. Después de varias semanas en la compañía de su hermano, todavía desconocía muchas cosas respecto de él.

Por más que lo intentase, no conseguía sentir afecto familiar por él. Neji no merecía eso. Bondadoso, gentil y de temperamento flexible, él poseía todas las cualidades que le faltaban a su marido.

Todavía, ella amaba a Naruto. Naturalmente, ese sentimiento era diferente. Ella no podía librarse de la impresión de que, a pesar del temperamento explosivo, Naruto merecía ser amado pero también él gentil y amigable Neji.

Hinata se sintió perversa. Tal vez su propio carácter fuese fallido, pero continuaba prefiriendo la compañía de su marido severo. Él podía estar de mal humor o enojado, pero nunca la aburría. La vida fluía entre ambos. Con rabia, excitación, o pasión, ellos se alimentaban mutuamente.

Con el esfuerzo por alcanzar la cima de la colina, Hinata dejo de lado sus reflexiones. La tierra cedió un poco bajo sus pies y ella se asusto. Apretando los talones al suelo, consiguió subir los últimos metros. Miró para atrás y, viendo la inclinación abrupta, calculó el peligro.

Respiró profundo se arrepintió de la decisión insensata de haber acompañado a su hermano. Tal cabalgata sólo podía ser hecha por hombres en sus corceles y ella no podía pensar solo en sí misma. Tenía también que preocuparse por su hijo.

—¿Neji? — llamo.

—¡Ven aquí! — él gritó.

Su hermano miraba por el peñasco como había imaginado, pero ella no tenía ganas de llegar cerca del borde, donde la tierra desbarrancaba hacia la corriente del rio.

Hinata vaciló y, entonces, se sorprendió al ver un caballero surgir de entre los árboles, por la izquierda, y cabalgaba colina arriba.

Habría de ser Naruto en un acceso de rabia y de celos, pensó ella. Cuando el alcanzo la cima, paró su montura a su lado. En seguida, miró alrededor con desconfianza.

Hinata lo observó y no encontró su expresión rabiosa. Él estaba lívido y con una mirada sombría. ¿Estaría enfermo, o se trataba de una nueva faceta del temperamento voluble de él?

—Hinata, quédate aquí cerca de mío.

El tono vehemente la sorprendió. Desconfiada de su marido, ella se sintió tentada de desobedecer, pero la rigidez de las facciones de él la hizo reflexionar. Si no lo conociese bien, juraría que Naruto estaba con miedo. Pero él no temía nada.

—Hinata, ven acá — gritó Neji.

—Mantente lejos de él, Hinata, y no te apartes de mí — dijo Naruto.

Aturdida, Hinata miró a Neji y lo vio instigar la montura en su dirección. Le observó el semblante afable y la comparó con un la expresión sombría de su marido. Se dio cuenta que debía atender la orden de Naruto.

Lo hallo extraño. A pesar de amarlo hace un buen tiempo, jamás pensó en confiar ciegamente en él. Tal vez eso fuese posible por el hecho de que la relación entre ambos se había tornado más fuerte y poderosa que su odio y su venganza. Decidida, permaneció donde estaba.

Un barullo la hizo girar su cabeza hacia atrás. Vio a Neji espoleando su caballo y se asusto. Ella intentó controlarlo, pero la silla se movió peligrosamente para un lado. Hinata hubiese caído si Naruto no la salvase a tiempo, cargándola en sus brazos.

Colgando del cuello de él, Hinata quedó horrorizada cuando el caballo de Neji casi atropello a su pequeño palafrenero. Ella soltó un suspiro de alivio por no estar sentada en la silla que, ahora, pendía de un lado de la montaña.

El incidente había ocurrido tan rápidamente que Hinata no sabía cómo había pasado. ¿El animal de Neji se habría asustado? ¿Por qué corrió exactamente en dirección suya?

Percibió la tensión de su marido. Él la apretaba con fuerza contra su pecho, impidiéndole que se moviese. Naruto puso una cierta distancia entre ellos y Neji, pero no dejo de encararlo con firmeza. Cuando hablo, la voz de él provoco un escalofrío de miedo en Hinata.

Pensabas que tendrías una oportunidad mejor de posesionarte de las tierras de Hyūga, ¿si acaso matases a mi mujer y al niño que ella lleva en su vientre?

Hinata no contuvo una exclamación, pero Neji apenas sonrió.

—Tu llegada abrupta asusto a mi caballo.

Hinata se sintió helada, y no por causa del viento frío. ¿Por qué Neji no le pedía disculpa, o expresaba preocupación?

—Eso no explica la silla suelta del palafrenero. ¿Vos cortaste la cincha, o apenas no la prendiste bien? ¿Mi mujer debería caerse de la silla o vos pretendías empujarla?

La falta de aire amenazo Hinata, pero, ella luchó contra el pánico, su causante. Pensando en su hijo y en sí misma, respiró profundo varias veces. Sólo cuando se controlo, miró a su hermano. Como siempre, él se mostraba relajado. ¿Nada lo afectaba? ¿Por qué no protestaba contra las acusaciones?

—No sé qué quieres decir — respondió él con una sonrisa.

—¿Vos pensabas que yo no vengaría la muerte de Hinata?

—Para de imaginarte cosas - advertía Neji.

—No. Sos vos quien tiene una imaginación fértil si pensabas en matar a mi mujer y a mi hijo para posesionarte de mis tierras. La charada se acabo, Daiki, pues se quien sos vos.

Por primera vez, Hinata vio una reacción fugaz en los ojos de Neji, pero el hablo en voz calma.

—Vos no podes probar nada.

—Hay un hombre en Konoha que te conoce. Él puede jurar que vos no sos él hermano de mi mujer y si un escudero cobarde, despedido por no cuidar de su señor. ¿Vos lo mataste como intentaste hacer con Hinata?

—Su hombre ha sido engañado.

En seguida y para el horror de Hinata, Neji se sacó uno de sus guantes y lo tiró al piso delante del corcel de Naruto.

—Yo me siento insultado y niego sus palabras. Es más, yo te desafío a luchar conmigo por las tierras de Hyūga y mi derecho a la herencia.

Aterrorizada, Hinata no consiguió desviar sus ojos del guante. Sabía lo que significaba tal desafío...La lucha sólo terminaría con la muerte de uno de los dos oponentes.


Abrigada bien con una capa forrada de piel, Hinata se dirigió a la puerta del salón.

—Mi señora, desista de ir — imploro Chiyo.

La respuesta de Hinata fue una mirada firme. La criada retrocedió, murmurando que su temerosidad era tan grande como la de lord Naruto. El comentario provoco la primer, y sin duda la última, sonrisa de Hinata en ese día.

Antes de que la mañana terminara, alguien cercano a ella estaría muerto.

No estaba de acuerdo con el duelo. Las paredes del salón hicieron eco de sus gritos y de los de Naruto durante las discusiones sobre la cuestión. Su marido había hecho una lista de todas las evidencias contra Neji y ella fue forzada a aceptar el hecho de que ese hombre no era su hermano.

Eso y las intenciones maliciosas de él la habían amargado mucho. Con todo, no deseaba que fuese muerto por su marido.

Tampoco quería a Naruto herido.

Tal admisión lo había controlado por algún tiempo, pero él continuaba inflexible. La honra exigía la realización del duelo. Hinata no podía creer que tal disputa fuese legal. Si Neji era un impostor, entonces matando al propietario de las tierras seria una manera fácil de quedarse con ellas.

Esa idea atormentaba a Hinata. ¿Y si su marido no fuese invencible? Sabía que él era un guerrero competente, fuerte, ágil y certero, pero algo podría fallar. Ella no suportaba imaginar su vida sin ese hombre severo a quien aprendiera a amar.

¿Y en cuanto a su hijo? ¿Llegaría el a conocer al padre?

Apenas el orgullo impedía a Hinata implorarle a Naruto poder desistir del duelo. Cuando se despertó esa mañana, él ya había salido, privándola de las protestas finales y de las despedidas.

Acompañada por Chiyo, Hinata salió. Aunque no hubiese llovido el cielo continuaba ceniciento. Tal vez nevase mas tarde. El tiempo ruin, entretanto, parecía no impedirle a nadie asistir a la lucha.

Un gran número de personas se dirigía al lugar demarcado para el duelo. Por los comentarios oídos en el camino, Hinata concluyo que pocos compartían sus preocupaciones. En la opinión general, Naruto era un guerrero hábil y experto.

Igualmente al llegar al lugar y sentarse en uno de los bancos delante de la arena, ella continuaba con miedo. Pero precisaba representar el papel de la señora de Konoha, aunque tuviese ganas de llorar.

Él silencio dominó la multitud cuando Sasuke asumió la posición de juez. Su cargo era apenas formal, pues en el devenir de la lucha el árbitro real seria la muerte. Naruto se posiciono del lado norte y Neji, del lado sur. La única arma de cada uno era un bastón de madera.

Sasuke señalizo e inicio la lucha y la respiración de Hinata se acelero. A pesar de sus buenas intenciones, los pensamientos se desintegraban en una confusión de rezos y súplicas.

Se había conocido la duda, ahora sabría con certeza la verdad. Amaba a ese hombre severo que la fue a buscar al convento. Deseaba envejecer al lado de él, aunque fuera sufriendo las provocaciones pues restaba todavía la pasión alucinante que los unía.

La lucha comenzó. Naruto ataco primero y Neji contuvo el golpe. Hinata sintió su respiración fallar. Cerró los ojos y se concentró en la inhalación del aire. Por Dios, no podía sucumbir al miedo. No cuando Naruto corría peligro.

Se aferro a esa última idea y abrió los ojos. Tenía que respirar no sólo por si misma sino también por el bebe. Eso sin hablar de Naruto.

Él tambaleo bajo un golpe poderoso, y Hinata mantuvo los labios apretados. Sintió la mano de alguien en la suya y, vio a Chiyo tomándola. La pobre criada también estaba afligida. Respiro profundo... Curiosamente, con cada inhalación se sentía más fuerte, hasta conseguir mirar otra vez la lucha.

Neji, que había ganado cierta ventaja, no era tan fuerte y grande como Naruto. Tampoco tenía la misma resistencia. Luego quedó en evidencia que él se cansaba rápidamente.

Pero aunque un golpe poderoso de Naruto partió su bastón al medio, él continuó luchando con lo que le restaba. Las reglas eran claras. La lucha debería proseguir así fuese con los puños, los pies o los dientes.

Naruto ataco, pero a pesar de su cansancio, Neji se desvió y contra-ataco, atinando en la cabeza de su oponente con un pedazo del bastón. Naruto cayó de rodillas mientras las protestas de la multitud se elevaban en el aire.

Entusiasmado y dispuesto a matar, Neji levantó el arma quebrada, la punta irregular descendió como un arco letal hacia el rostro de Naruto. Hinata apretó la mano de Chiyo y todos, en silencio, se inclinaron a fin de observar lo que podría ser el final de la lucha.

Entonces, Naruto levantó los brazos, y su propio bastón para parar el golpe y el bastón se quebrando antes que él se levantase y se arrojase sobre Neji. Este cayó y perdió su arma. Los golpes y los puntapiés, los dos rodaban en el piso. Pero una vez, Naruto probó ser el más fuerte, a pesar de la sangre que corría por una herida en su cabeza.

Neji, entretanto, no parecía amedrentado, ni cuando Naruto, con un sus manos en su garganta, lo tenía apretado contra el piso. En el instante siguiente, quedó clara la razón para tanta confianza. Neji estiro su brazo y sacó un cuchillo de su bota.

El arma prohibida le dio nuevo coraje. Con un esfuerzo, empujo a su oponente y se puso encima de él. Caído de espaldas, Naruto extendió la mano con la intención de sacarle el cuchillo.

Exclamaciones de protesta contra el quiebre del reglamento y el temor por la vida de Naruto hicieron eco en el aire.

Un brillo llamo la atención de Hinata. Vio otro cuchillo en manos de Sasuke quien se levantó y fue hacia Neji, enterrándole el cuchillo entre los hombros. Soltando a Naruto, él cayó mientras las aclamaciones del pueblo llenaban el aire.

Incapaz de moverse, Hinata continuó donde estaba. Oyó a Sasuke declarar la muerte de Neji y la victoria de Naruto.

Con un la ayuda de Chiyo, consiguió levantarse y entonces, como si una nueva vida fluyese en su sangre, corrió en dirección a su marido.