Capítulo 20
Familia
Naruto se enjuago el sudor de los ojos y vio la mano extendida hacia él. Deseaba dispensar el auxilio innecesario de Sasuke, pues quería levantarse solo, con dignidad. Pero no consiguió.
Estaba tremulo y dudaba que sus piernas lo sostuvieran. Había enfrentado luchas mucho peores y, varias veces, llegó a estar cerca de la muerte. Nunca antes, el miedo lo había afligido como esa mañana.
No era que le diese mucho valor a su vida, aunque esta se hubiese enriquecido bastante después de su casamiento. Si no fuese por Hinata y por su hijo, él la hubiese perdido de manera honrada. El temor era por el futuro de ellos, en caso que el pereciese.
Esa preocupación lo había atormentado desde el instante en que él acepto el desafío. También lo había llevado a pensar si Hinata no tendría razón al insistir en la necesidad de tener una familia.
Si el tuviese parientes, a quien pudiese confiar su mujer y su hijo, no habría sufrido tanto miedo sofocante.
Firme y sin temblar, la mano continuaba extendida para él. Naruto levantó la cabeza y enfrento al hombre que le había salvado la vida. Se acordaba de su propia aparición oportuna cuando Sasuke estaba bajo el cerco del enemigo, y entonces dijo:
—Estamos empatados ahora.
El Caballero Rojo sacudió la cabeza con un gesto negativo.
—Nosotros somos hermanos.
Naruto llevó unos segundos para entender la afirmativa y, cuando lo hizo, se admiró. En verdad, él nunca estuvo solo, pues allí estaba su familia a quien podría acudir en caso de necesidad.
Mirando su mano extendida la tomó, permitiendo que Sasuke lo ayudase a ponerse en pie.
Entonces, vio a Hinata corriendo hacia él. La recibió en sus brazos abiertos, estrechándola contra su pecho y fundiendo su rostro en los cabellos oscuros. Trémulo, inhalo profundamente su perfume embriagador.
—¡Naruto! ¡Gracias a Dios! — ella murmuró en una voz suave y reconfortante. En ese instante, Chiyo los interrumpió.
—Mi señor, los criados del villano fugaron. ¿Y sabe a quién vi entre ellos? Hidan, a quien el señor expulso de Konoha. Él debe haberse mantenido escondido todo este tiempo.
Naruto levantó la cabeza, pero continuó con sus brazos envolviendo a su mujer.
—Eso explica de quien Neji recibió algunas de las informaciones.
Todas las miradas se dirigirán al cuerpo de su oponente vencido y Naruto se dio cuenta de que no se alegraba con la muerte de ese hombre, apenas con su propia supervivencia. Bastaba de venganza.
—Nunca vamos a saber si él era, o no, el hermano de mi señora — Chiyo comento y, Hinata apretó su rostro en el hombro de su marido.
—No llores — Naruto le pidió. — Él va a tener un funeral digno.
Por consideración a Hinata, estaba dispuesto a hacer eso, pero tenía la certeza de que el hombre no era hermano de su esposa. Confiaba en la memoria de Sasuke.
El Caballero Rojo era muy sagaz para cometer ese tipo de error. Entretanto, si Hinata precisase pruebas, él se las daría en tiempo oportuno.
—Cuando Gaara vuelva sabremos — dijo él. Hinata soltó un suspiro de tristeza.
—Ahora, no tengo familia otra vez. Naruto le levantó el rostro, forzándola a mirarlo.
—No, mujer, tu familia está aquí. Sasuke, Sakura, tu sobrina y nuestro bebé. Nosotros tendremos otros, Hinata. Yo también soy tu familia — él susurro.
De pie allí en la arena de lucha, con un viento que le volaba la capa y los cabellos, Hinata se mostraba irresistible. Naruto bajó su cabeza y la besó en la boca, sellando la promesa hecha, mientras el pueblo los aclamaba, gritando los nombres del señor y de la señora de Konoha.
Naruto se dirigió al salón y paró en la entrada al ver a esposa dormitando. Sobre su barriga dilatada, reposaba un bordado abandonado. Se maravillo con la tranquilidad de la cena. Él jamás imagino gozar de tanta paz como en los dos últimos meses.
Él y Hinata pasaban más tiempo de manera afable y menos peleando. Aunque todavía discutían, ambos sabían que llegarían a un acuerdo. Hasta los criados no huían más cuando los oían gritarse. En verdad, la satisfacción de ellos parecía contagiosa, pues todos en Konoha se mostraban más animados.
En esa atmosfera armoniosa, Naruto no precisaba traer una nota de discordia. No estaba dispuesto a eso. Sería mejor dejar a esposa dormir y dejar la conversación para otra momento. Pero mientras decidía eso, su mujer voluntariosa abrió los ojos y, medio somnolienta, lo miró.
—Naruto — Hinata murmuró mientras él cambiando de idea, se aproximó.
—Gaara volvió. Todavía no hable con él. Di la orden a Izumo para traerlo aquí inmediatamente ni bien lo avisten.
Hinata se preparaba para recibir noticias malas y Naruto no podía hacer nada para consolarla. Sabía cuál sería el relato de Gaara. Se sentó al lado de su mujer y quedó a la espera en su compañía. Este no demoró en llegar.
Gaara se paró en la entrada del salón y observó la silueta redondeada de Hinata.
—¡Mi señora! — exclamó.
—Gaara, es muy bueno verte de nuevo.
—También yo estoy contento de verte, especialmente en ese estado prometedor. Mis parabienes a la pareja— dijo Gaara, inclinándose un poco.
Naruto agradeció con un meneo de la cabeza, a pesar de no gustaba la manera en que Gaara miraba a Hinata.
—¿Trajiste alguna novedad? — preguntó. Gaara se sentó en un pequeño tapete delante de la chimenea y comenzó a hablar.
—Fui hasta los pantanos en busca de informaciones sobre tu hermano, lady Hinata. Este había dicho haber servido al barón de Might guy, pero no encontré a caballero alguno con un ese nombre. Rastree toda la región, indagando a las personas, nadie conocía ese nombre. Tampoco halle persona alguna que hubiese oído hablar de Neji Hyūga.
—El Caballero Rojo estuvo aquí y lo reconoció como el escudero de un guerrero que luchara con Hiruzen en Gales — conto Naruto.
—Lo lamento mucho, lady Hinata — dijo Gaara. Con una mirada triste, ella bajó la cabeza.
—De los pantanos, fui al lugar de su nacimiento, donde también converse con las personas. Allá, localice a una señora que no sólo se acordaba de su hermano sino también de haber cuidado de él en sus últimos momentos de vida en su infancia.
Aunque Hinata no luchase por respirar, Naruto la observó con una cierta aprehensión.
—Gracias por tu esfuerzo, Gaara. Imagino cuanto te costó viajar con este mal tiempo — agradeció ella. — Tal vez en la primavera podría visitar la tumba de mi hermano. Es un alivio saber que él realmente, está en paz.
—¿Él es un impostor? — Gaara quiso saber.
—Está muerto. Gracias, Gaara. Naturalmente, vos querrás descansar del largo viaje.
Ya en pie, Gaara se inclino ante Hinata y salió.
A solas con su mujer, Naruto se sintió impotente. No sabía expresarse con facilidad y, por eso, no encontraba las palabras para consolarla.
—Yo quería que tuvieses la certeza de que el hombre muerto en la lucha no era su hermano — explicó él.
—En lo profundo de mi corazón, siempre supe que él no era Neji. Sin saber que decir, Naruto se mantuvo callado y Hinata prosiguió.
—El corazón es una cosa maravillosa. El ve verdades que la mente no percibe. El mío es muy grande, Naruto. Aunque vos seas el primero y el más importante en el, todavía sobra lugar para otras personas.
Sin saber a donde ella quería llegar, Naruto continuó en silencio.
—Existe lugar para Chiyo, Tazuna, Sasuke, Sakura, Sarada y hasta para Gaara. Rápidamente, él la miró. Sus ojos perlas estaban calmos y límpidos.
—Y todavía hay lugar para nuestro hijo. Naruto, yo puedo amar a todos ellos sin amarte menos a vos.
Atónito como para hablar, Naruto continuó mirándola. Quiso refutarla, pero no lo consiguió. Lucho con sus palabras, pues su mujer estaba en lo cierto.
Desgraciado egoísta, ella lo había llamado una vez. Era verdad. Él quería todo su afecto para sí mismo y resintió lo que ella dedicaba a otras personas…
También había jurado protegerla por razones erradas. No había pensado en su bienestar sino en la propia paz de espíritu.
—Amar es dar y compartir, Naruto — ella afirmó con voz suave.
Él bajó la mirada, pero Hinata le tomó la mano y la colocó sobre su vientre.
—¿Estás sintiendo, Naruto? Es tu hijo. Confesó que su corazón era suficientemente grande para él.
Con la palma de la mano, él sintió los movimientos del bebe, asustado respiró profundo. ¿Como un hijo, todavía en gestación, podía hacerse conocer?
—Nunca imagine...
—¿Estás viendo, Naruto? Él está se comunicando con vos.
Arrodillándose ante ella, Naruto colocó su cara sobre su vientre. Sintió que se ondulaba. De repente, se dio cuenta de la existencia de otro ser en el cuerpo de su mujer, su propia vida. De la misma forma, admitió que lo amaría como amaba a Hinata.
Levantó la cabeza y vio su sonrisa temblar y los ojos perlas llenos de lágrimas. Había tenido la impresión que la amaba desde siempre. Imposible, se había sentido vacío por largos años, hasta que Hinata entro en su vida y lo llenó con su energía, calor y pasión.
—Yo lo amare, Hinata, así como te amo a vos— murmuró con un voz ronca.
—¡Muy bien! — exclamó ella secándose las lágrimas y sonriendo. Después, rió alto, con aquella sonoridad que le movía el alma.
Naruto andaba de un lado para el otro del corredor. Fue mandado afuera del cuarto, donde su mujer estaba en trabajo de parto. Pero no quería apartarse de allí.
Se sentía aprehensivo. El recuerdo de la enfermedad de Hinata lo perseguía. El la vio, fría e inmóvil, echada en la cama inmensa. El estómago, que hace mucho se le había sanado, se contrajo horriblemente y el miedo aumento.
Los primeros gritos de Hinata sonaron desesperados y Naruto comenzó a sudar. Los siguientes gritos lo hicieron correr a la puerta del cuarto, pero él se dominó y no la abrió. Vio el rostro de Tazuna surgir en lo alto de la escalera, pero con una mirada furiosa, forzó al marido de Chiyo a retroceder.
Los minutos pasaban con un una lentitud exasperante y cuanto más andaba por el corredor más agitado Naruto quedaba. Los gemidos de Hinata pasaban a ser casi continuos. À veces eran altos, otros, suaves, forzándolo a agudizar el oído.
Ellos significaban que su mujer continuaba viva y respirando.
Naruto ya había visto mucha tristeza y sabía con qué rapidez la muerte se ganaba una vida. Bastaba con recordar los días sombríos de la enfermedad de Hinata. Ella casi se fue. Desde entonces, la vigilo constantemente.
Excepto en ese momento. La idea de que su mujer pudiese estar muriendo allá en el cuarto, lejos de su alcance, hizo que Naruto empezase a actuar. Fue hasta la puerta y la abrió con un estruendo, alarmando a las personas. De entrada enfrento la situación.
Hinata estaba echada de espaldas en la cama, Chiyo se mantenía al lado de la partera, a sus pies. Una sabana le cubría las rodillas levantadas. La vieja partera, que lo había traído al mundo a él, lo encaro con una mirada feroz.
—¡Mi señor, salga de aquí inmediatamente! Desacostumbrado a ser contrariado, excepto por su esposa, Naruto imaginó si la vieja no sería una bruja. No confiaba en ella.
—¿Por que el niño todavía no nació? — preguntó él.
—Mi señor, tenga un poco más de paciencia. Todavía no llego la hora — interfirió Chiyo.
—¡¿Paciencia?! ¡Estoy oyendo sus gritos hace cerca de una hora!
En vez de acordar con la acusación conmovedora, Chiyo le pidió que siguiera esperando.
—Esto va a llevar otro tanto. El señor precisa ir allá afuera y esperar. Nosotros le avisaremos cuando el bebe nazca.
—¡No salgo de aquí hasta verificar que está pasando con mi mujer!
—¡Puedes dejar que mi marido se quede! — Hinata gritó. — Mejor, él que venga aquí y ¡vea lo que estoy pasando!
—Hinata — Naruto murmuró al aproximarse rápidamente a la cama
Ella estaba arqueada, con su rostro rojo y no aparentaba la palidez de la muerte. Tampoco parecía estar pasándolo bien. Mientras él la observaba, sus facciones se contraían en un espasmo de dolor.
—¿Cómo te sientes? — preguntó él.
—Acércate y déjame retorcerte el pene. Así sabrás como me siento — respondió ella, jadeante.
La sugestión lo dejo perplejo por un instante. Entonces, Naruto le dirigió una mirada severa.
—¡Fuiste vos quien quiso este bebe! Ahora, no vengas a culparme por la incomodidad.
—¡¿Incomodidad?! ¡Yo te provocare incomodidad, desgraciado! ¡La culpa es toda tuya! ¡Vos me llevaste a la cama!
—¡Vos me sedujiste!
Los dos gritaban tan alto que no oyeron a la partera decir:
—Haga fuerza, lady Hinata.
Fue preciso que Chiyo repitiese la orden en voz bien alta.
—¡Haga fuerza, mi señora!
Hinata oyó y obedeció antes de volver a gritarle a Naruto.
Hinata volvió a hacer fuerza, su rostro quedo color escarlata. Naruto se sintió alarmado, pero su mujer lo injurio nuevamente.
—¡Nunca más me toques!
—En ese caso, vos precisas mantener las manos lejos de mi. No pienses que esta vez vas a conseguir hacerme cambiar de idea con tus sutilezas.
—¡Hombre taimado!
—¡Mujer cabezona!
Los ojos de Hinata brillaban de furia. Pero entonces, ella gimió y se tiró sobre las almohadas, mientras extendía la mano. A pesar de sus amenazas, él le tomó con fuerza la mano y le entrelazo los dedos. En ese mismo instante, el llanto de un niño hizo eco en el cuarto.
Atónito, Naruto miró hacia los pies de la cama, donde la partera le entregaba una forma minúscula a Chiyo, mientras murmuraba:
—¡Pobre criatura! ¡Imagínese tener la sangre de esos dos! Ellos son locos.
Sonriendo, Naruto giró hacia su mujer y ella, con los ojos húmedos, murmuró:
—Yo no quise decir nada de eso.
—Ni yo — admitió él, alargando la sonrisa.
Por un momento, se miraron sintiendo que el amor fluía entre ellos como un rio caudaloso. Entonces, Chiyo se aproximó y le entrego un bultito a Naruto.
—Un varón. Un heredero Namikaze — dijo ella con unas lágrimas de emoción. Naruto le pegó a su hijo en las pompis y pensó que explotaría con la fuerza de la alegría sentida.
—Boruto Namikaze.
