Parte 1
Las llamas crepitaban ya casi extinguidas, en la chimenea. Las mesas sucias con bolas de pergaminos arrugados, plumas rotas y frascos de tinta vacíos no tenían más ocupantes hacía horas. El oscuro cielo tras las ventanas se había aclarado ligeramente, pasando de negro a un azul intenso.
-¡Harry Potter! -chilló una voz-. ¡Harry Potter, despierte!
Harry sacudió la cabeza, en sueños. Estaba muy cómodo, no quería moverse.
-¡Harry Potter! -una pequeña mano lo sacudió por el antebrazo.
Harry entreabrió los ojos y vio los gigantescos ojos de Winky, la elfina doméstica. Sobresaltado, levantó la cabeza del lado de aquel cómodo sofá de la Sala Común, donde se había quedado dormido horas atrás abrazando a Hermione, ambos reclinados y abrazados cómodamente junto al fuego.
-¿Qué ocurre? -preguntó en un susurro para no despertar a Hermione, que aún dormía en sus brazos, y él podía oír su respiración suave y prolongada.
-¡Es muy tarde, Harry Potter, deben irse a la cama! -le murmuró la elfina. Entonces Harry vio que se apartaba de él con una pequeña escoba y barría el suelo a su alrededor. Harry giró la cabeza, muy dormido, y vio que había muchos elfos limpiando los trozos de pergaminos en las mesas, los envases vacíos de Sortilegios Weasley en el suelo y acomodaban los almohadones de los demás sofás. Nunca antes había estado en la Sala Común tan tarde para ver la limpieza de los elfos.
Se frotó los ojos por debajo de los anteojos y sacudió muy despacio el hombro de Hermione, cuya cabeza dormía sobre su pecho.
-Hermione -le susurró en el oído, muy despacio. La respiración larga de la chica se interrumpió y la vio entreabrir los ojos, pero estaba tan dormida que no parecía entender dónde se encontraban, ni el hecho de que se habían quedado dormidos juntos allí horas atrás.
Harry le dio un beso en la mejilla, al tiempo que le acariciaba un brazo. Ella pestañeó varias veces y miró alrededor, algo aturdida.
-¿Qué hora es?
-A juzgar por los elfos, tarde.
-¿Elfos? -Hermione miró alrededor con más atención, apartándose un poco de él-. ¡Oh! Podría aprovechar para liberar algunos…
-Vamos -Harry se incorporó un poco y la ayudó a ponerse de pie. Estaban ambos muy dormidos. En silencio, empezó a acompañarla hasta la escalera del dormitorio de las chicas. Era su anteúltima noche en Hogwarts.
-Toma -le murmuró Hermione a uno de los elfos, al pasarle por al lado. Harry vio que le estaba tendiendo un calcetín que ella misma acababa de quitarse. El elfo abrió grandes los ojos, la miró muy aterrado y ofendido y huyó por su vida lejos de ella. Ella se limitó a chasquear la lengua y murmuró algo que sonó a "opresión".
-Vamos a dormir -le dijo Harry, sonriéndole.
-¿No quieres ir a la Sala Multipropósito? -preguntó ella, bostezando ampliamente.
-Necesitas dormir, mejor ve a tu dormitorio, nos veremos en la mañana -le dijo él, aun sonriéndole. Ella asintió varias veces. Parecía no poder aguantar un minuto más despierta. -Muchas noches. Digo, buenas noches. Te amo.
Se dieron un beso en los labios y Harry le dio una última caricia en el brazo.
-Te amo. Que descanses.
Y entonces Harry se alejó hacia los dormitorios de los chicos. Un minuto después, estaba ya cambiado dentro de su cama adoselada, donde cayó profundamente dormido ni bien tocó la almohada.
Los rayos de sol filtrándose por un espacio entre las cortinas que bordeaban su cama lo despertaron horas después. Sintiendo que no habían pasado ni diez minutos, Harry se refregó los ojos y se sentó en la cama. Había ruido en la habitación: Seamus y Dean estaban charlando en murmullos.
Harry abrió las cortinas y ambos se lo quedaron mirando.
-Harry -dijo Seamus-. Hace mucho no te veíamos por aquí -le guiñó un ojo.
Harry le devolvió la sonrisa y se empezó a vestir.
-Oye, Neville -dijo Dean, que se estaba vistiendo también-. Algo me dice que tú ganarás el premio de esta noche, en el baile.
-Claro que sí, tú y Katie son la mejor pareja -dijo Seamus.
Harry los dejó charlar y salió de la habitación al terminar de cambiarse. Había una especie de sensación de anteúltimo día en el castillo en el aire, una especie de melancolía que percibió mientras bajaba por las escaleras de caracol hacia la Sala Común, donde no había nadie, y mientras salió por el orificio del retrato de la Dama Gorda, andando solo por los pasillos y hacia abajo.
Cuando llegó al Gran Salón, miró automáticamente hacia la mesa de Gryffindor buscando a Hermione, pero ella no se había levantado aún. Se sentó solo y se sirvió un café con tostadas. Mientras desayunaba en silencio, vio que una figura muy alta caminaba hacia él desde la mesa de profesores, atrayendo las miradas de los alumnos. Harry alzó la vista y vio que era Dumbledore.
Aquello era extraño. Dumbledore jamás se acercaba a él durante las comidas para hablarle, en general lo hacía en su despacho, a solas, Harry suponía que para evitar que los demás alumnos pensaran que lo tenía como su favorito.
-Buenos días, Harry -le dijo Dumbledore al llegar a su lado. El director tomó asiento junto a él en el lugar que normalmente era de Hermione. Todos los asientos alrededor estaban vacíos.
-Buenos días -respondió Harry, tragando su tostada a toda velocidad, muy nervioso.
Dumbledore tomó la copa delante de él y la examinó con atención.
-Tenemos que cambiar estas copas, el óxido es notable… -murmuró el director, más para sí que para Harry-. ¿Cómo estás, Harry?
-Muy bien.
-¿Cómo está tu pierna?
-Bien. De hecho, ya me acostumbré. La uso casi como si fuera la original… Todo está bien -añadió nervioso.
El director lo examinaba por encima de sus lentes de media luna.
-Naturalmente, tú has sufrido pérdidas mayores que el resto de tus compañeros. Entiendo que, una vez más, te ha tocado sufrir más que a la mayoría a tu alrededor. Pero espero que, con el tiempo, las heridas sanen y puedas disfrutar de la felicidad de que Voldemort se haya ido para siempre, y el hecho de que ya todo terminó.
Le dio unas palmaditas en el brazo, y Harry trató de sonreír. Era muy extraño que Dumbledore le dijera esas cosas en el desayuno, siendo observados por todo el resto del colegio. Y el director pareció notarlo, porque enseguida fue al grano.
-El motivo por el que quería hablarte, Harry, es porque has recibido una herencia por parte del profesor Snape, que lamentablemente también nos ha dejado durante la batalla.
-¿De verdad? -preguntó Harry con total incredulidad. Aquello era, ahora sí, lo más extraño que le hubiera pasado.
-Sí, Harry, de verdad.
-¿Qué… qué me heredó?
-Todo, de hecho -dijo Dumbledore-. Todos sus bienes: Su casa, su oro, y todas sus posesiones. Todo es tuyo ahora.
Harry quedó congelado. ¿Snape le había dejado todos sus bienes? ¿Snape? Sabía que en esas semanas Draco había tenido sexo con Nicolas Flamel, pero aquello era lo más extraño que hubiera oído jamás. Snape lo odiaba. ¿Por qué le había dejado todas sus cosas?
-Te dejó una carta también, explicándotelo todo, imagino -dijo Dumbledore, dándole unas últimas palmaditas en el brazo antes de levantarse-. Es privada, así que no la leí. La dejé en el aula de Pociones, en el armario, junto con otra indicación suya. Considero que, como no hay clases estos días, el último lugar donde un alumno ingresaría a husmear correspondencia privada sería en un aula de clases. Puedes ir allí a leerla cuando te sientas listo.
Dumbledore le guiñó un ojo y se alejó de él, de regreso a la mesa de profesores.
Harry comió el resto del desayuno a toda velocidad, se levantó y salió del Gran Salón, rumbo a las mazmorras. Bajó las escaleras de dos en dos, atravesó el pasillo oscuro y subterráneo y finalmente llegó al aula de Pociones.
Cuando abrió el armario, le costó encontrar la carta. Había decenas de libros, un pensadero, ingredientes de pociones de todo tipo, calderos… Y finalmente la vio: había un pergamino enrollado en un estante, que decía: "Para Potter".
Lo abrió y lo leyó a toda velocidad:
Potter,
Si recibes esta carta, será porque habré muerto. Sé que te estarás preguntando por qué he decidido dejarte a ti como mi único heredero. Seguramente lo encontrarás muy sorprendente, dado mi nato desprecio hacia tu persona, desprecio que no pretendo negar en esta carta, para nada. Te aborrezco, Potter, como siempre te he demostrado en cada encuentro. Aun así, hay un motivo para hacerte mi único heredero y el dueño de mi casa y de todas mis posesiones una vez que me haya ido.
Eres exactamente igual a tu padre, Potter, en aspecto y en cerebro. Un inútil, arrogante, pedante y ordinario cretino. Tu desprecio a las normas y tu arrogancia son exactamente iguales a las de él. De todas formas, sé que no piensas que él haya sido tan malo, y que en cambio piensas que yo soy una especie de villano. Pretendo mostrarte con mis últimas voluntades cómo eran las cosas realmente, cuando éramos jóvenes. De esa forma, quizás puedas abrir los ojos respecto a quién era tu padre realmente, y eso te sirva como una lección.
He dejado un par de recuerdos seleccionados especialmente para ti en el pensadero que, confío, Dumbledore habrá puesto junto a esta carta para ti. Mira allí dentro, y verás un par de recuerdos que te abrirán los ojos. Sé que te resultarán shockeantes, son fuertes y explícitos, y no he aplicado ningún tipo de censura en ellos. No pretendo protegerte de las desgracias de la vida como todos han hecho siempre a tu alrededor. Pretendo enseñártelas con toda su crudeza, tal como fueron. Verás cosas horribles, pero sumamente esclarecedoras.
Cuando lo hayas visto, comprenderás quiénes fueron siempre los villanos en la historia, y quiénes no. Luego de eso, espero que te dé asco saber lo mucho que te pareces a tu padre, y quizás te sirva para cambiar un poco en el futuro. Pero tienes un consuelo: tienes los ojos de tu madre. Y por eso te he elegido como heredero.
Atentamente,
Severus Snape
Si Harry estaba desconcertado al saber que Snape le había heredado todos sus bienes, aquello no ayudó nada en hacerlo comprender mejor el impactante acontecimiento, sino todo lo contrario. ¿Para qué le dejaba una carta de despedida si solo iba a insultarlo y llamarlo cretino arrogante y pedante? Era increíble, pero Snape había demostrado ser capaz de seguir insultándolo y despreciándolo incluso después de muerto.
Harry dejó la carta y se quedó mirando el pensadero que había dentro del armario. No quería ver allí adentro. Realmente no quería, pero supuso que, si no lo hacía, se quedaría preguntándose para siempre qué era aquello que Snape pensó que era tan importante que él viera, sobre la juventud de su padre y de él…
Lo mejor sería hacerlo rápido. Como quitarse una bandita del brazo: rápido y de un tirón. Así que, sin más reflexión, Harry acercó su cara a la superficie del pensadero, y enseguida notó que caía por una especie de túnel mientras todo a su alrededor perdía forma…
Estaba en un lago. Había árboles alrededor, y un prado que se extendía detrás. Había pájaros volando sobre la superficie del agua, y Harry oía el sonido de una respiración. ¿Con qué se encontraría en ese recuerdo? ¿Con un Snape pequeño, quizás un niño, jugando junto a ese lago?
Giró sobre sus talones, y lo que vio casi lo hace tropezar hacia atrás.
-¡OOOOHHHHHHHHHHHH! -Lily estaba de espaldas contra un árbol, y Snape, de unos diecisiete años, la penetraba contra el tronco.
-¡Ohh! -gritaba Snape, que tenía la túnica levantada por encima del abdomen, y se movía hacia atrás y hacia adelante, embistiéndola con fuerza-. ¡Ohhhhhhhh, Lilyyyyy!
-¡Ohhh, Severuuus! ¡Ohhhh! -gritaba Lily, que tenía su túnica levantada también, y Harry veía sus piernas y el costado de sus muslos. La madre de Harry abrió más las piernas para permitir que Snape la penetrara mejor, contra el árbol.
Aterrorizado y asqueado, Harry miró alrededor. No había más nadie allí. Snape se follaba a Lily, que también lucía de unos diecisiete años, contra ese árbol junto al lago, su pelo negro grasoso pegado a su rostro, que parecía mucho menos austero que en su vida adulta, y en cambio lleno de una sorpresa y emoción que Harry no le había visto nunca, mientras se mordía los labios y abría la boca, como gozando mucho de aquello. Sujetaba a Lily de la cintura y la penetraba contra el árbol hasta el fondo. Harry vio que metía sus grasosos dedos dentro de la túnica de Lily y le tocaba todos los senos por debajo de esta, y Lily gemía de goce, cerrando sus ojos verdes y apartándose el pelirrojo cabello de la cara.
Era la segunda vez que Harry veía un recuerdo de alguien follándose a su madre. Su único consuelo era que al menos no se trataba de Voldemort en esta ocasión.
Snape parecía haber alargado el recuerdo a propósito, como para que Harry viera tanto de la escena como fuera posible, así que tuvo que quedarse allí parado un buen rato, viendo cómo ahora Lily se daba vuelta y besaba a Snape en los labios, mientras este la embestía contra el árbol ahora por el frente, cada vez más rápido.
-¡Ohhh, Severus!
-¡Ohhh, Lilyy!
-¡Oooohhhhhhhhhhhh!
Fue evidente que ambos acabaron. Se movieron cada vez más lento, respirando muy agitados, sus piernas cruzadas entre sí. Snape la miraba a los ojos, con sus ojos negros brillando, y se besaron mientras bajaban el ritmo.
Cuando finalmente Lily se apartó de él y se bajó la túnica, Snape se quitó el grasoso cabello de la cara y dijo:
-Ha sido excelente, Lily.
Ella no dijo nada. Harry vio que le daba la espalda, con una expresión que parecía ser de culpa, o arrepentimiento.
-Debo irme -musitó la bruja, alisándose la túnica y haciendo como si fuera a irse en dirección opuesta al lago, pero Snape extendió un brazo para bloquearle el camino.
-Lily, quédate conmigo.
-No -dijo ella de inmediato.
-¿Por qué no? ¿Cuál es tu apuro?
Ella no respondió, pero lo miró con una expresión sombría.
-¿Es por James?
-Severus, no empieces, ¿de acuerdo? Recuerda tu promesa.
-Lo sé. No he olvidado mi promesa, Lily. Jamás escapará de mi labios…
-No hables como idiota, Severus.
Snape pareció enfurecerse, pero se controló muy bien y respiró hondo antes de contestar.
-James no te conviene, Lily. ¿Cuándo lo entenderás?
-Cuando dejes de molestarme. Dije que debo irme. ¡Adiós!
-¡Lily! -dijo él, corriendo tras ella, pero la joven pelirroja ya se alejaba de allí a zancadas, y pronto empezó a correr también, alejándose de él.
Snape se quedó allí inmóvil, sosteniéndose de un árbol para recobrar el aliento, y ella desapareció en dirección contraria al lago.
Todo se puso borroso, y Harry comprendió que el recuerdo estaba cambiando. Vio que las cosas perdían forma y luego las recobraban de a poco. Estaba en otro lugar ahora. Lo reconoció de inmediato: era la Sala Común de Gryffindor. Y había más personas esta vez en la escena.
Parte 2
Distinguió a su padre. Era igual a él. James reía a carcajadas con una botella de cerveza de manteca en la mano. Estaba de pie junto a la hoguera, la misma hoguera ante la cual Harry se había dormido con Hermione la noche anterior, solo que esto debía haber pasado muchos años atrás, allí mismo.
-¡Oye, Canuto! -gritó James, que parecía estar en medio de una broma tremenda-. ¡Ven para acá! ¡Tráete otra cerveza, hombre!
Sirius apareció allí, irreconocible: su rostro era joven y jovial, su cabello estaba largo, pero de una forma más atractiva y con un peinado más de la época, tenía una barba de candado y de hecho un look que parecía mexicano, o algo parecido. Sostenía un pack lleno de cervezas de manteca y se encontró con su amigo, que le chocó los cinco en el aire con muchísima fuerza, y luego le dio un cachetazo en el trasero con aun más fuerza, sin dejar de reír. Ambos reían a carcajadas de una forma demasiado exagerada que, a Harry, que estaba allí parado invisible para ellos, le pareció algo idiota.
Se preguntó cómo podía ser eso un recuerdo de Snape si él no podía estar en la Sala Común de Gryffindor… ¿no era así?
Harry buscó alrededor con la mirada, mientras su padre y su padrino abrían muchas botellas y las bebían sin dejar de reír de forma histérica, ahora James dando saltitos mientras Sirius hacía una especie de baile como si fuera un mono. Debían estar ebrios.
Entonces lo vio: Era sorprendente, tan disimulado y sorprendente que no creyó que nadie más lo notara. Snape estaba contra una pared, con un encantamiento desilusionador. Harry lo sabía, porque Snape no es que fuera invisible, sino que tenía el mismo color que todo el fondo de la pared tras él, como un camaleón. No creyó que nadie más pudiera notar eso, y Harry solo lo vio al buscar con mucho esfuerzo entre las sombras de la hoguera en las paredes.
No había nadie más en la Sala Común aparte de su padre, su padrino, y otros dos muchachos de la misma edad que no tuvo dudas de quiénes eran, algo apartados en otros dos sofás. Parecía ser muy tarde en la noche.
Se oyeron pasos provenientes de las escaleras de las chicas, y Harry volvió a ver a su madre. Esta vez, Lily bajó en pijama y con una bata a la Sala Común, su cabello pelirrojo alborotado y sus ojos verdes fijos en los dos adolescentes que reían a los saltos junto al fuego, como idiotas. Sirius y James ahora bailaban lo que parecía ser una especie de tap-dance, derramando cerveza por el suelo, junto al fuego.
-¿Pueden hacer un poco de silencio, ustedes dos? -les espetó Lily, seria-. ¡No dejan dormir a nadie! ¡Mañana empiezan los ÉXTASIS! ¡Tenemos que dormir!
-¡Vamos, Lily, no seas aguafiestas! -gritó James, ensanchando su sonrisa-. ¡Ven a tomar unas cervezas con los muchachos!
-No, gracias -dijo ella, frunciendo el ceño.
-¡Vamos, Lily! -insistió Sirius, entre medio de trago y trago, con apariencia de estar tan ebrio que en cualquier momento vomitaría o caería desmayado al suelo-. Te ves sexy en pijamas, ¿sabes? Cornamenta dice que eres buena soplando la polla, ¿es verdad?
Ni bien acabó la frase, Sirius rompió en una carcajada tan fuerte que Harry pegó un salto hacia atrás del susto. Ante aquel comentario, la primera reacción de Harry fue pensar que su padre le rompería una botella en la cara a Sirius. Sin embargo, lo que ocurrió lo dejó helado: James rompió en carcajadas también, se acercó a Sirius y le chocó los cinco en el aire de nuevo, sin dejar de reír y beber cerveza del pico. Los dos se pusieron a dar saltitos otra vez y a bailar.
Lily se puso roja y se cruzó de brazos. Harry vio a Lupin levantar la mirada desde uno de los sofás más lejanos. No reía, pero tampoco reprendió a sus amigos por su comportamiento.
-¡Son dos idiotas! -gritó Lily-. Mírense, están ebrios. Bueno, allá ustedes, reprobarán todos los exámenes. Me voy a la cama.
La adolescente amagó ir hacia las escaleras de nuevo, pero James corrió hacia ella y la tomó del brazo, deteniéndola.
-¡Espera, amor! -dijo, con una sonrisa de oreja a oreja y un olor a alcohol que hasta Harry pudo percibir-. ¡No te pongas así, bonita!
-¡No me digas bonita! ¡No me toques!
-Canuto no quería ofenderte, amor. Es solo que es un imbécil con las mujeres.
-No más que tú, Cornamenta -dijo Sirius, junto al fuego, con una botella de cerveza muy en alto, bebiendo a largos tragos.
-¿Cómo dejas que tu amigo me diga esas cosas? -estalló Lily-. ¡Son dos idiotas! ¡Todos me lo dicen, y yo como una estúpida sigo saliendo contigo!
-¡Oye, espera un poco! -dijo James, poniéndose serio-. ¡No es para tanto! ¡Déjanos divertir un poco, mujer, que tampoco hemos hecho nada malo!
-¡Te dije que no me toques!
-Solo estamos contentos por haber ganado la Copa de Quidditch, ¿de acuerdo? Déjanos divertir un poco.
Lily no dijo nada. Su expresión pareció suavizarse, y entonces James, sin perder un segundo, antes de que la chica cambiara de opinión, la atrajo hacia sí y la besó en los labios. Ella lo dejó hacerlo, y se besaron en los labios unos instantes. Harry giró la cara, y vio que Sirius sonreía mirándolos y se terminaba la botella, que arrojó vacía a un lado sobre un sofá, antes de abrir otra.
James y Lily se besaron con más intensidad, y Harry vio que James le empezaba a tocar el trasero por encima de la bata.
-¿Qué haces? -dijo ella, apartándose de él con brusquedad.
-Vamos -le dijo él en una voz muy baja-. Necesito un poco de diversión…
-No cuentes conmigo -dijo ella, aparentemente asustada, negando con la cabeza.
Pero James se acercó otra vez y volvió a besarla. Harry tuvo que acercarse para oír lo que James le decía al oído.
-Solo un ratito, por favor -lo oyó decir-. Lo necesito. Necesito liberar un poco esta tensión…
Harry no pudo oír nada más, porque James hablaba directo en el oído de su madre.
Entonces, lo siguiente que vio Harry lo dejó petrificado de nuevo: Lily lanzó un suspiro como de resignación, se abrió la bata un poco, y James metió la mano debajo y empezó a tocarle los senos por encima del pijama, con Sirius mirando desde la hoguera.
-Lanza un muffliato -murmuró Lily, con voz apagada-. Que nadie oiga arriba.
Harry vio que Sirius, no James, sacaba su varita y lanzaba el encantamiento para que nadie oyera lo que pasaba allí.
Frunciendo el ceño, Harry lanzó otra mirada a Snape, que seguía allí camuflado, inmóvil y sin ser descubierto, y vio cómo su padre besaba los senos de Lily por encima del pijama. El muchacho, rápido y sin dejar pasar una oportunidad, pronto le había quitado la bata y había llevado a la adolescente a un sofá grande enfrentado al fuego, donde empezó a recorrerle todo el cuerpo con las manos.
Harry, horrorizado, se movió un poco hacia un lado y vio que James y Lily se dejaban caer en el sofá, besándose. Oyó que su madre decía algo así como: "no quiero que él mire" en un susurro. Entonces James dijo:
-Canuto solo vigilará, amor, que nadie baje aquí. No queremos que nos vean, ¿verdad?
Y empezó a desvestirla. El pijama de Lily voló por los aires, y pronto James se había quitado la túnica de Quidditch y la lanzó junto al sofá también. Harry los vio desnudarse hasta quedar sin nada, y entonces James se puso sobre Lily y empezó a besarle los grandes pechos desnudos, que brillaban junto al fuego.
Sirius, de pie junto a ellos, bebía otra cerveza en silencio y hacía como que miraba hacia las escaleras de caracol, como controlando que nadie bajara, aunque Harry vio que en verdad los miraba más a ellos dos, y lo que hacían sobre el sofá desnudos, que otra cosa. Harry miró hacia los sofás más lejanos: Lupin miraba la escena desde las sombras, serio pero sin decir palabra. El otro muchacho, bajito y casi oculto por el respaldo de su sofá, debía ser Pettigrew. Oyó que lanzaba unas risitas, y Lupin lo miraba de forma severa para que se callara.
-Ohh… Ohhhh -empezó a gemir Lily, mientras James la penetraba contra el sofá.
James la besaba en los labios y en el cuello, mientras la penetraba, arqueando su espalda un poco. Lo hacía casi como un profesional, para tener solo diecisiete años. Harry vio que le guiñó un ojo a Sirius, sonriendo, sin que Lily lo mirara, y Sirius le devolvía la sonrisa, bebiendo su cerveza y lanzando un eructo.
-Pasa una, hombre -susurró James, agitado. Sirius le pasó una cerveza y James la empezó a beber del pico, mientras penetraba a Lily. -¿Quieres, amor?
Lily negó con la cabeza y hundió la cara en un almohadón, con los ojos cerrados. Harry se dio cuenta que la bruja parecía querer abstraerse de la situación, no mirar a Sirius ni a James bebiendo del pico de una botella mientras la follaba.
Harry oyó entonces que la bruja hablaba en una voz tan baja que la oyó solo de casualidad:
-¿Me amas? -preguntó con un gemidito.
-Claro que te amo, bombón -dijo James, con una voz ronca por la cerveza. La empezó a penetrar con más ganas. Entonces giró la cabeza, miró a Sirius y le indició con un gesto que se acercara, sin dejar de sonreír como idiota.
Sirius asintió, sonriendo de oreja a oreja con una emoción como si estuvieran a punto de hacer algo muy divertido, alguna travesura inocente contra las normas, o algo así. Con esa mirada de niño travieso, Sirius se agachó junto a la parejita que follaba en el sofá, dejó su botella de cerveza un momento y empezó a tocar los pechos desnudos de Lily, apretándolos con los dedos.
Por un momento, pareció que Lily creía que era la mano de James. Este la seguía penetrando, besándole el cuello desnudo, las dos piernas grandes y sexys de Lily abiertas una sobre el respaldo y la otra cayendo desnuda sobre la alfombra junto al sofá. Pero entonces, la bruja giró la cabeza y abrió los ojos, mirando a Sirius mientras este le acariciaba los pechos. Algo se ensombreció en su rostro cuando volvió a mirar a James, que no dejaba de penetrarla.
-No, James -le dijo, con la voz ahogada, negando con la cabeza-. No hoy.
-Amor, vamos…
-Te dije que ya no quiero. Solo nosotros. ¿De acuerdo?
-Pero Canuto está muy solo, amor… las chicas no lo quieren -James lanzó una risita.
-Cállate la boca, Cornamenta -dijo Sirius, dándole un puñetazo suave en el hombro a James, que rió más fuerte.
Sirius empezó a besarle los pechos a Lily, que frunció el ceño mirando a James, pero este de inmediato empezó a besarla en los labios y luego en una oreja, de forma que no tuvo que seguir mirando la expresión severa que le había puesto.
De pronto, Sirius se empezó a quitar la ropa también. James se hizo a un lado en el sofá, Sirius se montó sobre Lily con su pene erecto contra ella y empezó a penetrarla también.
-¡Ohh, ohhh! -gimió Sirius, penetrando a Lily una y otra vez, metiendo y sacando su pene de ella mientras se sostenía al borde del sofá. James, aplastado contra el respaldo, besaba a Lily en los labios y le sostenía la cabeza con firmeza. Harry no estaba seguro de si lo hacía porque quería besarla, o más bien para impedirle abrir la boca y protestar.
Antes de que Harry se diera cuenta, James y Sirius se follaban a su madre entre los dos. James por detrás, de espaldas a ella contra el respaldo, y Sirius de frente, besándole los pechos y sosteniéndole una pierna en alto. Los dos jóvenes lanzaban gemidos mientras la follaban, uno empujándola por detrás y el otro por delante, las tetas desnudas de Lily colgando sobre la cara de Sirius y James hundiendo su pene en su trasero, apretándole los glúteos con las manos muy abiertas. Harry vio que James en un momento le dio una nalgada, que resonó por toda la Sala Común, luego buscó a tientas su botella y bebió otro largo trago, mientras la penetraba.
Y entonces, volvió a ocurrir lo increíble: James se incorporó un poco en el sofá, sin dejar de penetrar a Lily por detrás, y gritó:
-¡Lunático, ven aquí!
Pareció que Lily iba a protestar, pero de inmediato Sirius le metió dos dedos en la boca, como para humedecérselos con la saliva de la bruja, y luego bajó los dedos y se los frotó hábilmente contra el clítoris, excitando más a la bruja, mientras la penetraba por el coño, con su pierna aun en alto sobre el sofá, que la sostenían entre James y él, mientras ambos la penetraban por ambos orificios.
Lupin se levantó del sofá y caminó hacia ellos. Harry vio que Pettigrew quería ir tras él, dando saltitos enérgicos, pero Lupin lo detuvo con un gesto frío, y Pettigrew se encogió de miedo en su sofá, mordiéndose las puntas de los dedos como rata.
James, entre medio de tragos de cerveza y su respiración agitada, le hizo señas a Lupin con la cabeza, señas que Lily no pudo ver, señalando a la bruja desnuda.
Lupin le devolvió un gesto que parecía decir: "no, gracias". Harry vio que James insistía, y lo oyó murmurar en solo un susurro algo que sonó como: "¿acaso eres un marica?".
Lupin respiró hondo, y Harry vio que finalmente asentía y se acercaba un poco más.
-Lily, masturba a Lunático -ordenó James, con un tono de voz claro y contundente, que no admitía un "no" como respuesta.
Harry creyó que su madre no obedecería una orden así. Pero entonces…
Lily extendió una mano, la dirigió a la túnica de Lupin y empezó a tocarlo por encima de esta. Lupin dejó que lo hiciera, y entonces se la levantó, se bajó el calzoncillo y reveló un delgado y largo pene duro, que Lily empezó a masturbar.
Lupin se acercó más, se apoyó contra la cabecera del sofá y dirigió el pene a la cara de Lily, que se lo metió en la boca y lo empezó a chupar.
James y Sirius se sonreían entre sí, con la misma expresión de dos jóvenes haciendo una travesura, mientras la penetraban por ambos orificios más y más rápido. Y, en la cabecera, Lupin metía el pene en la boca de Lily y lo movía adentro y afuera, cada vez más rápido también, sosteniéndose de la punta del respaldo y acariciando la cara de Lily mientras la penetraba por la boca.
-¡Ayy, yo quiero, yo quiero! -dijo entonces una voz chillona. Harry vio que Pettigrew se había acercado y daba saltitos junto a ellos, sin poder contener la emoción.
-Aléjate de aquí, Colagusano -dijo Lupin, con frialdad, su pene húmedo entrando por los labios de Lily bajo él.
-Sí, esto es cosa de adultos -comentó James de forma burlona, lanzando más carcajadas y bebiendo todo lo que quedaba de su cerveza de manteca, antes de arrojar la botella vacía por el aire tras el sofá.
-¡Ay, pero yo también quiero! -chilló Pettigrew, dando saltitos y mordiéndose los dedos.
-Mastúrbate si quieres mientras nos miras, pero no puedes tocar nada -le dijo James.
Pettigrew, muy emocionado y aparentemente feliz, se levantó la túnica, sacó fuera un pequeñísimo pene horrendo y torcido de lado, y empezó a masturbarse con la punta de los dedos a toda velocidad y mientras se mordía los labios con su mayor cara de rata. Daba asco ver cómo se masturbaba a toda velocidad con esa cara, mientras miraba el cuerpo desnudo de Lily, como una rata royendo un queso.
Harry oyó incrementarse los gemidos sexuales de Lily, hasta que de pronto se transformaron en chillidos. Podía ver incluso los bellos púbicos de la bruja, pelirrojos, resplandeciendo ante el fuego mientras el pene de Sirius la penetraba por el coño. Entonces, mientras Harry miraba justo eso, Sirius quitó el pene, se levantó del sofá y se masturbó mientras apuntaba en dirección a los pechos de Lily.
Un chorro de semen salió disparado de su pene y aterrizó sobre la teta izquierda de Lily, chorreando por su pezón y cayendo sobre el sofá. Mientras Sirius se seguía masturbando, apoyando el pene contra las tetas de la bruja, James sacó su pene del orificio anal y otro chorro de semen voló por encima de la bruja atravesando una gran distancia, hasta aterrizar sobre su cuello.
Casi a la vez, Lupin dejó escapar un gemido de placer y Harry vio que un hilo blanco de semen salía de la boca de Lily y chorreaba por su mejilla sobre el sofá también, mientras Lupin seguía penetrándola por la boca, apartándole el cabello de la cara…
Todas las formas desaparecieron otra vez. Esta vez, Harry sintió que emergía por fuera de un túnel angosto, regresando al mundo real, lejos del pensadero.
Volvió a encontrarse de pie ante el armario del aula de Pociones, en el presente. Estaba de regreso en Hogwarts, en el aula de Snape, pero sabía que una parte de sí mismo no había regresado con él. Había algo dentro suyo que había quedado en ese pensadero, y que no creyera que fuera a regresar jamás. De nuevo, pensó que él mismo había hecho toda clase de locuras aquellos días con distintas chicas, muchas similares o quizás peores que la "travesura" de su padre.
Pero había una gran diferencia: él lo había hecho bajo los efectos de algo, que no sabía qué era, pero que lo había forzado a ello.
Harry tomó la carta de Snape, la leyó otra vez y entonces la rompió en pedazos. Sacó su varita y la prendió fuego. Se quedó mirando el pensadero. No quería que nadie más metiera su nariz allí y viera eso…
Sin saber muy bien lo que hacía, Harry sacó el pensadero del armario y lo volcó sobre el fregadero donde solían vaciar los contenidos de las pociones y limpiar los calderos después de clase. Esa especie de líquido o gas extraño y neblinoso que era el recuerdo de Snape salió del pensadero y cayó sobre el fregadero, ni líquido ni gaseoso. Harry abrió la canilla y dejó que el agua se llevara el recuerdo por las cañerías. Luego dejó el pensadero vacío a un lado y se marchó del aula a toda velocidad.
Harry salió a los terrenos exteriores, que estaban inundados por la luz del sol. Estaba lleno de jóvenes riendo y bromeando junto al lago, en medio del césped, todos disfrutando del verano y del anteúltimo día en Hogwarts.
Caminó hasta el lado de atrás del castillo, cerca del ala oeste, y avanzó en una dirección donde no había nadie, bajando la colina. Finalmente, llegó a una orilla más lejana y aislada del Lago Negro y se sentó en las rocas de la orilla, bajo el radiante sol de la mañana.
Harry se quedó un buen rato solo allí, mirando el reflejo del sol sobre el agua del lago y tomando las piedras que había bajo él, sin pensar en lo que hacía. Arrojó una piedra al lago, y vio cómo se hundía en sus profundidades.
-¿Harry?
Se volvió. No sabía cuánto tiempo había pasado desde que estaba solo allí.
-¿Estás bien?
Era Hermione, y tenía el tono de voz que usaba cuando algo la preocupaba, o cuando estaba nerviosa por algo.
-Sí -se apresuró a mentir él, tratando de aparentar normalidad. Pero no pudo engañarla. Pudo ver en su expresión que ella sabía exactamente que algo le pasaba. Hermione se sentó junto a él sobre las rocas y lo miró de lleno en el rostro.
-Puedes contarme -le dijo, con suavidad. Harry sintió que le tomaba una mano, cerrándola sobre la suya.
Harry respiró hondo. Miró el lago mientras acariciaba la mano de Hermione también. Esperó unos instantes, mientras su cerebro se tranquilizaba, y finalmente le contó a Hermione todo lo que había visto en el pensadero.
Ella no dijo nada. Se quedó allí, acariciándole la mano, y Harry sintió que lo miraba con preocupación.
-Lo siento -dijo Hermione con suavidad-. Snape no debió mostrarte eso, tan… Quizás hubiera sido suficiente que te lo dijera en la carta, sin mostrarte nada…
-No, lo prefiero así -Harry negó-. Jamás lo hubiera creído si no me lo mostraba. Hubiera pensado que era una mentira, o una exageración… Él también lo habrá sabido, por eso me dejó ese recuerdo. No había otra forma de que lo creyera.
Se quedaron en silencio un buen rato. Hermione no lo interrumpió, y en cambio siguió dándole caricias muy despacio. Entonces, vieron que algo se acercaba a ellos volando. Harry levantó la vista, y vio que Hedwig volaba hacia ellos por encima del Lago Negro. La lechuza llegó hasta Harry, dejó caer una carta del pico en su regazo y le dio un picotazo amistoso. Harry la acarició, tomó la carta y la abrió:
Harry, ¡qué buena noticia! Claro que puedes venir a mi casa a pasar el verano. Te iré a buscar a la estación King's Cross el lunes. Finalmente, tú y yo viviremos juntos como una familia, como siempre debió ser. Me he enterado todo lo que pasó. Lo siento mucho por Ron, imagino que estás pasando unos momentos terribles por lo que le pasó, pero la vida sigue, Harry, y haré mi mejor esfuerzo por ayudarte a superarlo y continuar.
Me he enterado también (¡las noticias vuelan!) que te has puesto a salir con Hermione. Muy bien, galán, James estaría orgulloso de ti. Es una gran bruja, y muy linda. Si quieres puedes invitarla aquí en el verano también, los tres podemos divertirnos mucho juntos. Ya verás, compraré montones de cervezas de manteca para celebrar la derrota del Innombrable. ¡Y tú lo acabaste! De nuevo, Harry, no sabes lo orgulloso que estaría tu padre.
No puedo esperar al verano, celebraremos a lo grande. Será como estar con James de nuevo.
Sirius
Pd.: Ahora que tienes novia, tengo que darte algunas lecciones. Es mi deber de padrino guiarte con las mujeres, creo que tengo algo de experiencia que puede serte útil. ¡Nos vemos, campeón!
Harry terminó de leer, se quedó unos momentos con la carta en la mano, y entonces la destrozó en pedazos con furia, hizo una bolita con los pedazos de pergamino y la arrojó con todas sus fuerzas sobre el lago.
Luego se quedó allí, respirando con dificultad. Hedgwig, asustada, había volado lejos de él.
-Tranquilo -le murmuró Hermione, y Harry sintió que le apoyaba la cabeza en el hombro.
Harry tomó otra roca del suelo y se puso a jugar con ella entre los dedos.
-No quiero volver a verlo. Nunca más.
Hermione se quedó pensativa.
-Te diría de venir a mi casa directamente, el lunes… Pero estaba pensando que lo mejor sería que vaya sola primero. Mis padres te conocen, claro, te han visto en el Callejón Diagon, pero no saben que eres mi novio, y pensé que lo ideal era que se los diga primero, darles unos días para que se hagan a la idea, y luego decirles que irás a casa a pasar el verano conmigo.
Harry asintió, en silencio.
-Sí, claro. No quiero caerles de pronto el lunes sin que siquiera sepan que somos novios.
-¿Crees que puedas esperar unos días… con… los Dursley? -Hermione dijo eso muy insegura, como temiendo que Harry se enfureciera.
-Claro -dijo él, de inmediato, tratando de sonar tranquilo-. Supongo que es el último verano con ellos. No pasa nada. Solo serán unos días. Y puedo aprovechar para averiguar si ya puedo ocupar la casa de Snape. Porque pienso irme a vivir allí, en cuanto sea posible. Es un lugar perfecto. Sirius jamás me encontrará allí.
Hermione le dirigió una sonrisita melancólica y se quedó mirando el lago varios minutos. Harry estaba cabizbajo, su cabello negro azabache despeinado, como siempre, ondeando con la brisa de la mañana.
Ella se volvió hacia él.
-Tú no eres tu padre, Harry -le dijo súbitamente, de una forma que lo tomó por sorpresa-. Sé que todos te dicen todo el tiempo lo mucho que te pareces a él, pero no es cierto. Quizás lo sea físicamente, pero solo eso. Tú no eres James. Eres una persona muchísimo mejor… Eres Harry.
Hermione se incorporó y le tendió una mano.
-Vamos -le dijo-. Vamos a almorzar. Ánimos. Nos espera un gran baile esta noche.
Harry la miró desde abajo, luego tomó su mano, se puso de pie con ayuda de ella y ambos caminaron de regreso al castillo, tomados de la cintura.
