El Baile de Fin de Curso - Parte 1


Con la perspectiva de tener que volver, una vez más, con los Dursley, Harry solo quería que el día pasara lo más lento posible. Sin embargo, como si fuera a propósito, el día se pasó volando y, antes de que se diera cuenta, estaba sentado cenando.

Como el baile era tarde en la noche, tuvieron al atardecer una cena normal como siempre. Luego de eso tuvieron tiempo libre hasta que se hicieran las once, la hora del baile. Cuando terminaron de cenar, Harry y Hermione fueron a la Sala Común, donde estaban casi todos sus compañeros de Gryffindor y había una gran excitación pre-baile. Todos estaban de pie, charlando muy ansiosos y riendo.

Cerca de las siete, Hermione se despidió de Harry para ir a prepararse.

-¿Tan temprano? -le preguntó él, estupefacto-. Pero si el baile es a las once.

Ella se limitó a mirarlo con una sonrisita.

-Si, necesito prepararme -se limitó a decir-. Nos veremos aquí a esa hora.

-De acuerdo.

Harry la vio partir escaleras arriba y se dejó caer solo en su sofá favorito junto al fuego, al lado de Fred y George. Se quedó charlando con ellos un buen rato. Finalmente, cuando se hicieron las diez, la Sala Común fue quedando cada vez más desierta. La mayoría de sus compañeros ya estaban en sus habitaciones preparándose.

Al final, Harry subió también, rebuscó en su baúl hasta encontrar su túnica de gala y se vistió junto a Dean, Seamus y Neville. Cuando los tres quedaron vestidos, se miró a un espejo en la pared y trató de acomodarse un poco el cabello, lo cual era imposible. Luego de varios intentos desistió y decidió que ya estaba listo para el baile.

Volvió a la Sala Común, donde ahora se agrupaban grupitos de chicos y chicas riendo nerviosamente y charlando, esperando de pie en medio del lugar a que sus parejas bajaran por las escaleras de caracol, aquellos que irían con alguien también de Gryffindor.

Harry vio que Parvati y Lavender bajaban juntas. Estaban muy lindas, con túnicas de gala rosadas con bolados, sus cabellos atados en un nudo alto y al parecer ondulados con alguna poción. Parvati se encontró con Seamus, a quien le sonrió de forma exagerada y tomó de la mano. Harry oyó que Seamus la halagaba con comentarios sobre lo linda que estaba. Pero Lavender no se alejó de ellos, sino que quedó junto a su amiga. Harry se preguntó si no habría encontrado otra pareja (siendo que el Cáliz de Fuego la había emparejado con Ron) y acabaría yendo sola.

Pero entonces vio a Hermione, y cualquier otro pensamiento desapareció de su mente.

Hermione acababa de aparecer bajando las escaleras de los dormitorios de las chicas, y atrajo automáticamente las miradas de todo el mundo. Si el año pasado había sorprendido a todos por lo linda que se había puesto para el Baile de Navidad, aquello no había sido nada comparado con esto:

Ahora tenía una túnica de gala distinta, nueva, escotada. Esta dejaba al descubierto la parte superior de sus pechos y un espacio en el medio de estos, como un tajo, y no llevaba breteles. Era color rojo intenso, a diferencia de la túnica azul que se había puesto para el Baile de Navidad. A diferencia de esa, también, era mucho más provocativa. Se notaba lo mucho que había crecido Hermione en ese año y medio que había pasado de aquello. Esta túnica llegaba hasta los tobillos en una de sus piernas, y hasta varios centímetros sobre las rodillas en la otra, porque subía en diagonal.

Su cabello había sido alisado con la poción alisadora que Hermione solía ponerse en ocasiones así, y lo llevaba recogido atrás, con una tira del flequillo suelto. Estaba muy maquillada, además, y tenía unas pulseras plateadas que Harry no le había visto antes. Buscó a Harry con la mirada, y al verlo le sonrió radiante y avanzó hacia él, con las caras de todo el mundo girando sobre ella a medida que caminaba.

Parvati se la quedó mirando boquiabierta varios segundos. Harry la recibió con una sonrisa, pero no pudo disimular su cara de shock tampoco. Su corazón se había detenido varios segundos.

-Estás… muy linda -le dijo, cuando Hermione llegó a su lado.

-Tú también -le dijo ella, sin dejar de sonreírle-. ¿Vamos bajando?

-Claro.

Harry tomó a Hermione de la mano y avanzó entre medio de los estupefactos chicos y las resentidas chicas de Gryffindor, hasta salir por el orificio del retrato, de la mano con Hermione. Se dio cuenta de que varios lo miraban como con envidia, de que estuviera yendo al baile con ella.

No dejaron de atraer las miradas de todos, ni siquiera en el vestíbulo. Allí, alumnos de todas las casas estaban reunidos, algunos esperando para entrar con sus parejas, otros reuniéndose con sus parejas que eran de otras casas; tal como había pasado en el Baile de Navidad. Las puertas del Gran Salón estaban cerradas, y las enormes puertas de roble estaban abiertas, dejando entrar el cálido aire de la noche de verano. Todo el vestíbulo había sido decorado con más velas de lo usual, con una alfombra roja que iba hacia el oculto Gran Salón, y sonaba una leve música ambiental que Harry no supo de dónde provenía.

Distinguió a Ernie Macmillan con Hannah Abbott, tomados del brazo y con túnicas de gala color amarillo pálido en el caso de ella y gris la de él. Vio también a Cho Chang, con una túnica de gala más reveladora que la de Hermione (corta justo por debajo de los glúteos, con muchos pliegues que se doblaban entre sí hacia arriba) junto a Anthony Goldstein; a Ginny con Dean (ella tenía una túnica de gala distinta a la del año pasado también, que apretaba de forma notable sus exuberantes pechos); y a Luna con Michael Corner.

Harry se quedó mirando a Luna, que llevaba una túnica amarilla que parecía emitir un zumbido, y frunció el ceño; era como si hubiera moscas revoloteando sobre ella. Luna captó su mirada y le sonrió.

-Son nargles -le explicó ella, asintiendo como hablando de un asunto muy importante-. La túnica está hecha de una tela que los atrae.

Harry le devolvió la sonrisa y luego caminó con Hermione hacia las puertas de entrada, entre medio de la gente que charlaba animadamente.

-¿Crees que sean nargles de verdad? -le preguntó a Hermione.

-Claro que no -dijo ella de inmediato-. Es un hechizo que provoca zumbidos en las telas.

En ese momento, las puertas principales del Gran Salón se abrieron, y McGonagall apareció ante ellos, vestida con una túnica de gala de piel de dragón y un rodete aun más ajustado de lo usual.

-Vamos, todos -dijo con severidad-. Adelante, vayan pasando.

Harry y Hermione ingresaron entre medio de los demás chicos, mirando alrededor. Habían transformado al Gran Salón por completo en ese par de horas que habían pasado desde la cena. Ahora no estaba ninguna de las cuatro largas mesas ni la mesa de profesores. En su lugar, había mesas redondas, igual que en el Baile de Navidad, cientos de ellas. La decoración esta vez era, sin embargo, más veraniega, con guirnaldas y tiras plateadas y doradas que caían desde el techo; luces plateadas redondas que flotaban mediante magia en una especie de esferas, reemplazando las usuales velas flotantes; globos dorados y color bronce que flotaban por todos lados, encantados, y de los que colgaban largas tiras de papel plateadas que brillaban con las luces.

Harry se acercó con Hermione al centro del salón, donde había mesas llenas de cosas saladas para picar.

Se quedaron allí de pie, entre medio de la multitud de alumnos, comiendo arrollados, bollos de queso y fish and chips. Había cervezas de manteca por todos lados. Harry abrió una botella, tomó una copa y le sirvió a Hermione. Luego se sirvió una copa para él mismo y se pusieron a beber, mientras comían y charlaban muy alegres.

-¿Nos sentamos por allá? -preguntó Hermione, tomando a Harry del brazo y avanzando con la copa en la otra mano hacia una de las mesas redondas. Avanzaron juntos hacia esta y se sentaron juntos. -Vas a bailar conmigo, ¿verdad?

A Harry se le hizo un nudo en la garganta, pero asintió. Había visto a Hermione bailar con Krum el año anterior, y no creía estar a la altura de él en eso. Sin embargo, haría su mejor esfuerzo.

Por el momento, por suerte, no había baile, porque la música era suave y ambiental, y parecía provenir de un encantamiento en las paredes más que de una banda. Los alumnos de a poco fueron sentándose en las mesas, mientras llegaban los más rezagados y los profesores se acomodaban en algunas mesas también.

-¿Nos podemos sentar aquí? -preguntó Neville, apareciendo de la mano con Katie Bell, que sonrió a Harry. Estaba muy linda también, con una túnica azul marino y su cabello trenzado. Harry asintió y ambos tomaron asiento junto a ellos. Harry sintió la mano de Hermione tomarlo de nuevo y se volvió hacia ella, sonriéndole.

-¿Creen que sea verdad que tocará Ed Magiran? -preguntó Katie, muy emocionada.

-¿Quién es Ed Magiran? -preguntó Hermione.

-¿No sabes quién es Ed Magiran? -dijo Katie, con una leve nota de indignación que se apresuró en ocultar-. Oh, es un músico del mundo mágico muy reconocido. Toca él solo, con una guitarra de cuerdas mágicas, y suena genial. Es muy popular.

-Me gustaban las Brujas de Macbeth -comentó Harry, mirando al centro del salón.

Katie no disimuló un chasquido con la lengua.

-Ya pasaron de moda -murmuró, llevándose su copa de cerveza de manteca a los labios.

-Me pregunto quién será la pareja ganadora -comentó Neville, muy sonriente.

-Yo creo que ustedes dos son buenos candidatos -le dijo Harry, en serio.

-¿De verdad lo dices, Harry?

-Claro -dijo él-. Hacen muy buena pareja. ¿Verdad, Hermione?

-Sí, es verdad -dijo ella en voz baja, llevándose la copa a los labios también y mirando alrededor.

Un rato después, las mesas con comida del centro del salón desaparecieron, despejando lo que pareció ser una pista de baile allí. McGonagall se puso de pie en su mesa y miró a todos con una expresión que indicaba silencio. A pesar de que todos estaban en plena charla y risas, al verla se fue haciendo el silencio de a poco.

-En breves momentos empezará la primera ronda de baile -anunció McGonagall-. Con nuestro músico invitado. Luego de eso habrá una tanda de comida. Luego anunciaremos a la tercera mejor pareja del baile. Habrá después otra tanda de baile, una mesa dulce, y recién después se anunciará la segunda mejor pareja. Habrá luego otro intervalo de baile, y hacia el final de la noche recién se anunciará a la principal pareja ganadora.

Todos intercambiaron miradas emocionadas. Harry vio que un grupo de magos caminaba hacia un pequeño escenario que habían colocado contra una de las paredes, junto a la pista de baile. Empezaban a colocar micrófonos mágicos y preparaban el lugar para el músico.

Se hizo otro momento de charla, y luego…

-¡Atención todos! -exclamó una bruja sobre el escenario, que Harry no había visto antes, y al parecer estaba allí para la organización del evento-. ¡Démosle la bienvenida… a Ed Magiran!

Entre medio de los gritos y aplausos emocionados, se oyeron un par de chillidos femeninos que parecieron ser seguidos de inmediato por el desmayo de las personas que lo habían proferido. Se apagaron varias de las luces, se iluminó el escenario y un joven de unos veinticinco años ingresó corriendo desde la puerta que normalmente estaba tras la mesa de profesores; el joven llevaba una guitarra colgada al hombro y corrió alegremente entre los chillidos de todos, hasta saltar sobre el escenario y acomodarse la guitarra, mientras alzaba las dos manos al aire y sonreía a todos.

-¡AAAHHHHHHHHHHHHHHHHH! -empezó a chillar Katie junto a Harry y Hermione, destrozándoles los tímpanos-. ¡TE AMO, ED!

-¡HOOLAA, HOOOGWARTSSSS! -gritó Ed Magiran, por sobre un estruendo y caos impresionante. Todos se habían puesto de pie y corrían hacia el borde del escenario. -¡QUE COMIENCE LA FIESTAAAAAAAAAA!

Empezó a tocar la guitarra, que de pronto pareció como si fueran cinco guitarras a la vez, quizás multiplicada mediante magia, y la música los invadió. Era una música muy bailable, con mucho ritmo, y de pronto se armó un baile en el centro del salón, donde todos se reunieron.

-¡Vamos! -dijo Hermione, contenta, tomando a Harry del brazo. Este asintió, muy nervioso, y fue con ella hasta el centro de la pista.

Harry se puso a bailar con Hermione en el centro exacto del Gran Salón. Lo bueno de la situación fue que no la pisó en ningún momento, como temió que pasara. Sin embargo, no creía ser una pareja de baile ni la mitad de buena que Viktor Krum. Ella pareció ver su preocupación, porque le sonrió mientras Harry la hacía girar con una mano, y cuando él volvió a tomarla por la cintura le dijo muy sonriente:

-¡Lo haces bien, Harry!

Él le devolvió la sonrisa, la tomó de las dos manos y siguieron bailando, apretados en medio de la multitud.

La primera canción de Ed Magiran terminó y fue seguida por otra, que parecía que todo el mundo allí conocía menos Harry. Se llamaba Shape of Magic.

Harry siguió bailando con Hermione, y a medida que pasaba el tiempo sintió que iba agarrándole el truco al ritmo del músico. Bailaba un poco mejor con cada canción, y no podía apartar los ojos de Hermione mientras lo hacía: estaba más hermosa que nunca, y le costaba creer que fuera, en verdad, su pareja.

Luego de la quinta o sexta canción, Harry ya sudaba. No dejaba de bailar con Hermione, riendo y chocando de vez en cuando con Luna, que bailaba tan descontrolada junto a ellos con Michael que chocaba contra todo el mundo. Finalmente, Ed dijo:

-¡Gracias, Hogwarts! ¡Los dejaré descansar un rato, y luego volveré por más!

Se alejó corriendo casi igual que como había ingresado, desapareciendo por la misma puerta en medio de aplausos y gritos, y entonces la música terminó y todos volvieron a las mesas redondas.

Harry se dejó caer en su silla junto a Hermione, y vio que aparecían mediante magia muchas opciones saladas de comida ante ellos. Si bien ya había cenado, el baile le había abierto enormemente el apetito, así que empezó a servirse de todo: papas con queso, pastelitos de patata, tartaletas y canapés. Mientras tanto, bebieron más cerveza de manteca.

Con la agitación del baile, el estómago lleno y la chica más hermosa del Gran Salón a su lado, los ánimos de Harry estaban por el techo. Así que, cuando vio que McGonagall llevaba el Cáliz de Fuego al centro del salón, aplaudió con entusiasmo, junto a todos los demás.

-¡Muy bien todos! -habló McGonagall, haciéndose oír sobre el estruendo-. ¡Llegó la hora de anunciar a la tercera mejor pareja del baile!

Se hizo un silencio expectante. Todos miraban muy ansiosos. ¿Quién sería la tercera pareja ganadora? Harry pensó que Katie y Neville realmente tenían posibilidades. Había sido muy inesperado que salieran juntos del Cáliz de Fuego el lunes pasado, y sin dudas iban bien juntos.

Harry se quedó mirando cómo una luz roja se encendía en el Cáliz, una llamarada que pronto escupió un trozo de pergamino en el aire. McGonagall lo atrapó al vuelo, y Harry y Hermione observaron muy sonrientes, con todo el resto de los alumnos de las cuatro casas, sentados en las mesas redondas y volviendo sus cabezas hacia el centro del salón.

McGonagall miró el trozo de pergamino en su mano y anunció en voz muy alta el nombre de la pareja ganadora al mismo tiempo que lo leía:

-¡LAVENDER BROWN Y RON WEASLEY!

La profesora dejó el trozo de pergamino a un lado y empezó a aplaudir, sonriente, mirando alrededor. Pareció tomarle varios segundos darse cuenta de lo que acababa de decir, lo cual quizás se hizo más evidente porque nadie más aplaudió, todos se quedaron en silencio.

La sonrisa se había borrado de los rostros de Harry y Hermione. La profesora Sprout se llevó una mano a la cara, tapándosela, como avergonzada por el hecho de que McGonagall no se hubiera tomado unos instantes más luego de leer el trozo de pergamino antes de anunciarlo en voz alta.

-Oh -exclamó McGonagall de pronto, y se llevó una mano al pecho-. Lo siento, yo…

Le lanzó una mirada afligida a los otros profesores, dándose cuenta de lo que había pasado.

Harry miró alrededor y vio, en la mesa junto a la suya, que Lavender, que estaba sentada junto a Parvati y Seamus, sola, se tapaba la cara con las manos también.

Pero entonces, ocurrió algo increíble…

De pronto, alguien entró al Gran Salón caminando rápidamente. Un joven con una túnica de gala, arreglado como todos los demás. El chico en cuestión ingresó caminando con rapidez por las puertas principales, avanzando directo hacia el Cáliz de Fuego y hacia McGonagall.

Su ingreso al salón ocasionó casi tanto revuelo como la entrada anterior de Ed Magiran. Solo que en este caso no ocasionó chillidos de fans enloquecidos, sino murmullos que se esparcieron rápidamente por todos lados, gente gimiendo y conteniendo el aliento, y uno que otro gritito de horror.

-Lamento llegar tarde -murmuró Ron, vivo, mientras se acomodaba las mangas de su túnica de gala, caminando hacia McGonagall y ante todo el colegio.