Parte 3
-¡JA, JA! -Ron bailaba con una energía nunca antes vista en él, con los brazos agitándose en el aire por sobre su cabeza, sonriendo de una forma algo idiota y dando patadas en el aire de una forma ridícula. Prácticamente todos a su alrededor lo miraban con ceños fruncidos o risitas disimuladas.
Lavender, que había estado bailando con él muy contenta, de pronto puso una expresión con la cara arrugada y compartió una mirada con Parvati. En ese mismo momento, sin dejar de reír a carcajadas, Ron empujó a Neville con todas sus fuerzas.
-¡Apártate, Longbottom! -le gritó, y Neville voló por los aires, tropezando y rodando por el suelo. Ron rió aún más fuerte y se puso a hacer una especie de tap-dance en medio de la pista de baile.
Harry caminaba por los terrenos exteriores, completamente solo, junto al lago. Arrastraba los pies, melancólico, oyendo el sonido ahogado de la música proveniente del Gran Salón, a lo lejos, y viendo destellos de las luces de colores del baile que salían por los altos ventanales del salón y se perdían en el cielo nocturno.
Se puso a andar por la orilla del lago, pisando piedras y hierba con sus zapatos, su túnica de gala ondeando levemente con la brisa de la noche, que había refrescado. Luego de recorrer la orilla del lago lo suficiente para que el sonido de las criaturas nocturnas que se movían por el Bosque Prohibido o que nadaban por las aguas del Lago Negro sobrepasaran el estruendo ahogado de la música tras él, Harry se dio cuenta de que no estaba solo allí.
Hagrid estaba sentado unos metros adelante, de espaldas a él, sobre una enorme roca junto al lago. El semigigante miraba hacia arriba, al parecer a las estrellas, y no se había percatado de que Harry se dirigía hacia él, avanzando ensimismado en pensamientos por la orilla.
Harry dudó unos instantes, y entonces dijo:
-¿Hagrid?
Este dio un pequeño sobresalto y se giró bruscamente hacia él.
-¡Ah, Harry! ¡Eres tú!
-¿Qué haces aquí, Hagrid? ¿Por qué no fuiste al baile?
-Oh, no tenía ganas, eso es todo.
Harry se acercó a su amigo y lo miró de cerca, tratando de identificar en su rostro algo que anduviera mal, pero Hagrid no parecía triste como él, solo sumido en profundos pensamientos.
-Estaba pensando -dijo Hagrid, rascándose la larga barba-. En… bueno, una propuesta que tuve.
-¿Propuesta? ¿Qué propuesta? -Harry se sentó a su lado en la enorme roca, de espaldas al castillo. Hagrid lo escudriñó con la mirada, y luego dijo:
-¿Recuerdas la boda de Bill y Fleur? Ah, claro, tú no fuiste. Bueno, durante esa boda hubo ciertas… situaciones…
-Sé todo sobre lo que pasó en la boda, Hermione me lo dijo -Harry se puso algo nervioso al pronunciar en voz alta el nombre de Hermione.
-Sabrás, entonces, que Madam Maxime y yo… hemos… bueno…
Harry se sintió algo incómodo, pero asintió rápidamente. Hermione le había contado de la escena sexual entre los dos semigigantes, ya que había sido, de todas las escenas sexuales de esa tarde, la más grande, literalmente.
-En su momento fue algo horrible, por supuesto -dijo Hagrid-. Vergonzoso, humillante… para ambos. Pero tuvo un final feliz.
Harry frunció un poco el ceño, tratando de no imaginarse el "final feliz" de un momento sexual entre Hagrid y Madam Maxime.
-Me refiero a que algo bueno pasó entre nosotros, luego de ese día -prosiguió él-. Nos hemos estado viendo frecuentemente. Creo que estamos… quizás…
-¿Enamorados? -dijo Harry, apretando los dientes pero contento por él.
-Sí, eso -dijo Hagrid, y una sonrisa se formó en su rostro-. Nunca me había sentido así por nadie, ¿sabes? Es una sensación muy bella, realmente…
Hagrid se quedó mirando las estrellas otra vez, con una sonrisita estúpida en el rostro.
-Pero Hagrid, ¿qué es esa propuesta de la que me hablaste?
-Ah, sí, bueno -la sonrisa se borró de su rostro y su mirada bajó a la Tierra otra vez-. Es difícil, como te imaginarás. Olympe es directora en Beauxbatons aún, y no quiere renunciar a su cargo. Dice que me ama, pero… No puede irse de Francia. No la culpo, es toda una vida de construir una carrera allí, tiene amigos, familia…
-¿Y qué es lo que te propuso? -preguntó Harry, aunque ya se lo imaginaba.
-Me propuesto ir a vivir allí con ella -contestó Hagrid, confirmando la idea de Harry-. Tiene una casa muy grande, donde podríamos vivir los dos -Harry pensó que una casa para ellos dos tenía que ser, definitivamente, grande-. Me dijo que lleve a Fang, y todo. Puede nombrarme guardabosques de Beauxbatons. Hasta me dijo que podía convencer al profesor de Soin Des Créatures Magiques, o algo así, no me sale bien el francés, pero es como le dicen a Cuidado de Criaturas Mágicas allá; para compartir sus clases conmigo, y que siga siendo profesor.
-¡Eso es genial, Hagrid!
-Sí, bueno, no tanto -dijo él, que parecía preocupado, lanzándole una mirada de soslayo-. Yo también soy muy apegado a mi tierra. He vivido en Hogwarts toda mi vida, desde que era pequeño. Luego de que muriera mi padre, no tenía otro lugar a donde ir. Dumbledore me permitió vivir aquí, me dio este trabajo… Fue toda una vida aquí -Hagrid señaló los terrenos del castillo, en el que estaban-. No imagino irme. ¿Quién impedirá que las babosas carnívoras se coman las berzas? Los bowtruckles podrían lastimar al nuevo guardabosques si no conoce los árboles exactos en que se encuentran. Y soy el único al que el Calamar Gigante obedece. Si no fuera por mi entrenamiento, podría querer atacar a los niños de primer año que cruzan en los botes. Podría desorientarse, y ellos podrían lastimarlo. Es una criatura muy frágil, el Calamar Gigante…
Harry dudaba mucho que unos alumnos de primero pudieran lastimar al Calamar Gigante y no a la inversa, pero dijo:
-Hagrid, no te preocupes por eso. Dumbledore no dejaría que nada de eso pase. Se asegurará de que todo esté bien.
-Sí, pero extrañaré mucho -dijo Hagrid, y Harry vio una lágrima perderse en su enmarañada barba-. A ustedes también, por supuesto. A ti y a Hermione…
Harry tragó saliva de nuevo ante la mención de Hermione.
-No puedes dejar que eso te detenga -le dijo-. Tú amas a Madam Maxime. Son el uno para el otro. Es lógico que ella no pueda venir a vivir aquí. Piensa en Dumbledore, que también es director, como ella: jamás dejaría su castillo, por nada del mundo. No puedes pedirle a Madam Maxime que deje a sus alumnos, y en cambio tú, si bien tienes todas esas cosas… Bueno, es más lógico que seas tú el que vaya a vivir allí, ¿no es cierto? Sé que no es como que no tengas nada que perder… tienes a todas esas… criaturas -Harry hizo un esfuerzo porque no se notara que no consideraba a las criaturas del bosque y los terrenos algo así como una familia, precisamente-. Pero es hora de que hagas algo bueno por ti mismo también. Deja que alguien más se encargue de todo. Y no tienes por qué extrañarnos a nosotros. De cualquier forma, en un par de años terminaremos Hogwarts y ya no viviremos aquí tampoco… No es que no vayamos a ir a visitarte -añadió rápidamente-. Pero podemos ir a verte a Francia en todo caso, ¿no es así? Supongo que tendremos vacaciones.
Hagrid sonrió ante esas palabras, se limpió las lágrimas y le dio unas palmaditas en el hombro a Harry que lo hundieron varios centímetros.
-Eres un gran tipo, Harry… un gran tipo… Tú y Dumbledore son los mejores que haya conocido por aquí.
Harry trató de devolverle la sonrisa, pero flaqueó un poco. Hagrid pareció notarlo.
-Está bien, entonces -dijo, asintiendo-. Lo haré. Iré a vivir a Francia con ella. Creo que será algo bueno. Siempre quise formar una familia, después de todo. Aunque debo decir que los extrañaré mucho…
Se quedó unos momentos en silencio, pero luego pareció recomponerse, se irguió un poco en la roca, miró alrededor y pareció darse cuenta de algo.
-¿Dónde está Hermione? -preguntó de golpe-. Es el Baile de Fin de Curso, ¿cómo no están juntos?
-Bueno… eh… nosotros… yo…
Harry suspiró hondo, y entonces le contó a Hagrid lo que había pasado. Evitó mencionar el hecho de que Ron estaba vivo, por algún motivo. Decidió simplemente decirle que habían peleado porque pensaban distinto sobre "algo". Hagrid se quedó pensativo unos instantes, mirándolo fijamente y mordiéndose el labio, como preocupado. Entonces dijo:
-Eres muy bueno aconsejando a la gente, Harry, ¿sabes? Pero quizás necesitas mejorar un poco en aconsejarte a ti mismo.
-¿A qué te refieres?
-Vamos, Harry… Conoces a Hermione. Es más inteligente que nosotros dos juntos.
Harry suspiró y asintió lentamente, entristecido.
-Si ella está convencida de lo que dice… creo que deberías al menos considerarlo. Hermione es una gran persona, una gran mujer. No te conviene perderla tan pronto, Harry. No la dejes ir.
Harry empezó a retorcerse los dedos, nervioso.
-Mucho menos por pensar distinto en alguna estupidez -agregó Hagrid-. Y es probable que resulte ser ella la que tenga razón, como te digo. Pero si no es así, de todas formas no quieres pelear con ella por cosas tontas.
-Es que no creo que sea tan tonto.
-Vamos, Harry, ¿acaso es más importante que lo que sientes por ella?
Harry se quedó pensativo.
-Me han dicho algo -dijo entonces, evitando dar detalles-, sobre Hermione. Sobre que dijo que no me soportaba más, y… bueno, que no me quería a mí en verdad.
-¿Quién te dijo eso?
-Alguien -dijo Harry, de forma evasiva.
-¿Y ella te dijo que era cierto?
-No, claro que no.
-¿Y por qué vas a creerle a ese "alguien"? Tú sabes que la gente no es siempre buena y honesta como ustedes. ¿Le creerás a alguien cualquiera por sobre ella? Harry, Hermione es una persona honesta, no te mentiría.
-Pero… Hagrid, ¿y si es verdad? ¿Y si ella no me quería a mí en verdad?
-Pero ella está contigo. ¿Por qué no habría de quererte? La conozco, sé cómo piensa de ti. Eso que dices que te dijeron no puede ser cierto.
Hagrid se puso de pie y se tambaleó un poco en el lugar.
-La noche aun no termina -dijo, dándole una nueva palmada en el hombro-. No la pierdas, Harry. Es demasiado valiosa para dejarla ir tan fácil. Cualquier cosa que haya pasado, resuélvelo ahora, cuanto antes. No dejes pasar esta noche. Ve y discúlpate.
-¿Disculparme?
-Me has oído -dijo él, serio-. Hermione es una gran persona. Lo merece. Hazlo, y no te arrepentirás.
Y, dicho esto, Hagrid se alejó a pasos largos en dirección a su cabaña. Harry se quedó allí sentado, mirándolo irse. Pasaron unos instantes en los que todo lo que oyó fue el susurro del agua del Lago Negro, pacífica bajo la noche estrellada, y el estruendo ahogado en el Gran Salón.
Entonces, Harry se puso de pie y empezó a caminar hacia el castillo. Fue acelerando el paso a medida que se acercaba, y cuando entró al vestíbulo ya andaba a zancadas. Giró la cabeza hacia el Gran Salón, y vio que adentro todos bailaban en medio de la pista de baile. Alcanzó a ver la cabeza pelirroja de Ron riendo solo mientras la gente se apartaba de él, porque al parecer estaba empujándolos a todos. Frunció el ceño, mirando aquello con una expresión de consternación… y entonces giró la cabeza rápidamente hacia la escalera de mármol, por donde había visto a Hermione desaparecer un rato atrás.
Una especie de desesperación se apoderó de él. Antes de que se diera cuenta, Harry estaba corriendo a toda velocidad por los pasillos y escaleras del castillo, como si lo estuvieran persiguiendo, atravesando los corredores como una flecha y subiendo escalones de dos en dos, de tres en tres…
Llegó ante el retrato de la Dama Gorda, jadeando. Pronunció la contraseña e ingresó a la desierta Sala Común, donde no había un alma. Corrió hacia la puerta que conducía a los dormitorios de las chicas y la abrió de un tirón.
Harry empezó a subir por las escaleras de caracol hacia los dormitorios de las chicas a toda velocidad. Cuando llegó al sexto escalón, ocurrió lo que se había imaginado que pasaría: los escalones se unieron entre sí, formando un sólido y resbaladizo tobogán. Pero Harry, que estaba desesperado, se sujetó de las paredes de roca y continuó trepando, a pesar de ello.
Jadeando por el esfuerzo, consiguió subir por la rampa resbalosa. Sus zapatos se deslizaban por el tobogán, amenazando con hacerlo tropezar y caer en círculos, pero consiguió sostenerse de las paredes y continuar subiendo, hasta que llegó a un rellano.
Siguió subiendo, con todo su esfuerzo. Llegó a otro rellano, y luego a otro. Jadeaba y sudaba por el esfuerzo de trepar el tobogán, que parecía haber sido encantado de una forma que era mucho más resbaladizo de lo que parecía a simple vista. Pero Harry venció el hechizo anti-hombres de la escalera de los dormitorios de las chicas, llegó al rellano donde sabía que estaba el dormitorio de Hermione, atravesó la distancia hasta la puerta del cuarto y la abrió de par en par, jadeando.
Hermione giró sobre sus talones, muy asustada. Se lo quedó mirando boquiabierta. Estaba sola allí.
-¿Cómo hiciste para llegar aquí? -le dijo. Aun tenía puesta la túnica de gala roja, escotada y que exhibía una de sus piernas. No se había quitado ni el maquillaje ni el peinado. Parecía que solo había estado allí parada, sin hacer nada, desde que había regresado a su cuarto.
-Hermione, lo siento mucho -dijo Harry, mirándola con una expresión de desesperación-. Lo lamento muchísimo. Tú tienes razón. Siempre la tienes. No debí decirte esas cosas. Es solo que… la aparición de él, allí… Pero tienes razón, no puede ser él. Debí haberte escuchado. De verdad lo siento mucho.
Ella lo miró fríamente al principio, pero luego su expresión se suavizó.
-Te entiendo -le dijo Hermione-. Yo también quisiera que él… Pero tienes que entender, Harry, no hay magia que traiga de regreso a los muertos. Y su explicación no tenía sentido, y no se comportaba como él…
-Lo sé -dijo él, rápidamente-. Tú tienes razón, y lo siento mucho. He dejado que me engañe, pero después me di cuenta de que tú eres… eres la persona en la que más confío. Quisiera que Ron no haya muerto, pero no dejaré que un impostor o lo que sea que eso sea me ponga contra ti.
Ella lo miró con tristeza.
-¿Qué vamos a hacer? Podría ser peligroso. Un impostor…
-Lo mejor será que bajemos, ¿no crees? -dijo él, extendiendo una mano hacia ella y mirándola fijamente, algo temeroso de su reacción-. Regresemos al baile. Detengámoslo. Averigüemos la verdad.
Se quedó dubitativo. No sabía si Hermione lo insultaría o tomaría su mano, pero se quedó mirándola con el brazo extendido y una mirada con una mezcla de esperanza y de aflicción.
Hermione le sonrió. Luego tomó su mano. Y luego avanzó hacia él y empezó a besarlo en los labios.
Se besaron con más intensidad que nunca. Harry la abrazó por la espalda y apretó su cuerpo al de ella. Sus labios se unieron firmemente a los de ella, y sus narices se rozaron.
Luego de un instante se separaron unos centímetros, y los ojos castaños de Hermione lo miraron muy de cerca.
-Entiendo lo que sentiste -le dijo-. A mí también me dejó totalmente… confundida. Verlo allí. Pero no puede ser Ron, porque él no… él no era así.
-Quizás solo sea… -Harry se quedó pensativo-. Malfoy con poción multijugos, o algo así.
-Sería probable -dijo Hermione lentamente.
-A lo mejor es él, y considera que es una gran broma…
-Aunque si es así, lo mejor será que alguien lo detenga ahora mismo, antes de que manche aún más la imagen de Ron.
-Sí, deberíamos ir ahora. Enseguida.
Hermione lo miraba y luego miraba sus labios.
-En un minuto -le dijo entonces-. Ya que estás aquí, en mi habitación… quizás podríamos…
Se miraron intensamente. Harry aun tenía sus manos en la espalda de Hermione, que tenía buena parte descubierta por la túnica de gala. Los pechos de la chica rozaban su torso, por debajo del escote. Había un brillo en la mirada de ella.
-Un rapidito -murmuró Hermione de forma traviesa, una de sus cejas arqueándose un poco. Harry le sonrió.
Se volvieron a besar. Las manos de Harry ahora se metían por el escote de Hermione, tocándole la suave piel de los senos por debajo de la túnica. Se acercaron a la cama más cercana y se dejaron caer en ella, juntos.
Harry le corrió el vestido a un lado, por la parte que llegaba más arriba, sin dejar de tocar la pierna de la chica que quedaba semi descubierta por la tela roja intensa. Hermione le subió su túnica de gala hasta la cintura.
Sin quitarse la ropa, empezaron a moverse uno sobre el otro. Harry levantó la túnica de Hermione hasta que vio su ropa interior, le pasó los dedos por arriba y luego se la corrió a un lado, rozando la piel de su vagina con los dedos.
No dejaron de besarse por un segundo. Hermione masajeaba el pene duro de Harry. Este se bajó el bóxer lo suficiente para sacarlo afuera, y lo empezó a rozar sobre ella.
La penetró. Empezó a penetrarla contra la cama. Le besó los labios con dulzura y amor.
-Te amo -le dijo al oído, dándole besos en el lóbulo de la oreja.
-También te amo, Harry.
Hermione empezó a respirar fuerte a medida que el ritmo de la penetración aumentaba. Él le acarició la parte de atrás de la cabeza mientras la besaba, y ella sintió las caderas de Harry sobre las suyas, y sintió cómo su pene la abría a medida que la penetraba más profundamente y más rápido.
-Oh, oh, oh, oh…
-¡Ohh!
El pene de Harry se hundió más hondo, Hermione le clavó las uñas en la espalda por encima de la túnica de gala, y entonces Harry sintió su cuerpo tensionarse. Hermione ahora gemía de una forma que Harry conocía bien a esta altura: había tenido un orgasmo.
Harry no dejó de moverse. Hermione parecía estar más relajada ya, pero él aún sentía la tensión crecer, más y más…
Hermione le quitó el mimbro afuera con suavidad. Con rapidez, Harry vio que la chica se movía hacia abajo en la cama, con el pene de Harry en la mano, mientras lo masturbaba.
Hermione se metió el pene de Harry en la boca. Este lanzó un gemido que resonó por las paredes del dormitorio de su novia. El semen empezó a salir disparado dentro de la boca de Hermione, que lo fue tragando a medida que salía.
Harry le acarició el cabello y sintió cómo eyaculaba más y más en su boca. Finalmente acabó, y se relajó también.
-Bueno -dijo Hermione, acomodándose la túnica de gala mientras se ponía de pie junto a él-. Tendremos que acomodarle un poco la cama a Parvati, para que no se dé cuenta…
-¿Era la cama de Parvati?
Hermione asintió. Harry se puso de pie, se acomodó la túnica de gala también y acomodó las sábanas de Parvati mientras Hermione sacaba un pequeño espejo del cajón de su propia cama, que estaba más al fondo del cuarto, y se acomodaba el maquillaje.
-Ahora sí -le dijo, sonriéndole-. ¿Vamos abajo?
Salieron del dormitorio y se sentaron al borde del tobogán, deslizándose juntos en círculos hasta la Sala Común, de la mano.
-¡Uuu, qué divertido! -dijo Hermione con una risita, mientras Harry la ayudaba a ponerse de pie.
Salieron juntos por el orificio del retrato y empezaron a bajar las escaleras hacia el sexto piso.
-Hemos ganado, por cierto -le dijo Harry, mirándola de reojo-. El premio a la segunda mejor pareja.
-¿De veras? -dijo ella, aunque no lucía tan sorprendida. Harry adivinó su reacción.
-¿No te sorprende?
-Sí, la verdad que sí me sorprende -le dijo, y lo tomó de la mano de nuevo-. Porque pensé que seríamos la primera.
Se sonrieron mutuamente y se dieron un beso en los labios. Luego Harry dijo, mucho más alegre que media hora atrás:
-¿Quién crees que sea la pareja número uno elegida por el Cáliz?
-No tengo idea. Quizás lleguemos a tiempo para verla salir elegida.
Cuando llegaron al segundo piso, Hermione dijo:
-Al menos sirvió de algo, esta pequeña pelea que tuvimos.
-¿Sí? -dijo Harry, algo incómodo.
-Sí -dijo ella-. Desde que pasó lo de Ron… he temido que pensaras mal de mí.
-¿A qué te refieres?
-Tú sabes… En el fondo, siempre te he preferido a ti, pero me costaba tomar la decisión. Y fue como si su muerte hubiera sido lo que… tú sabes, lo que acabó de decidir las cosas.
-Pero habíamos dicho que dejaríamos que el Cáliz lo decidiera, cuando eso pasó -dijo Harry.
Hermione no respondió enseguida.
-Sí, eso habíamos dicho.
Alcanzaron el primer piso, y avanzaron hasta la parte superior de la escalera de mármol hacia el vestíbulo.
Hermione no dijo nada más. Pero Harry la miró fijamente, mientras ella se adelantaba para bajar las escaleras, ondeando su túnica de gala roja por los escalones, más hermosa que nunca. Y se dio cuenta de que no necesitaba oír nada más sobre el tema.
Porque sabía, en el fondo, en su mismísimo corazón, la verdad: que Hermione siempre lo había preferido a él.
