Parte 4
-¡Ay, Neville! ¡Aaahhhh!
Katie gemía contra la pared, en el armario de escobas del vestíbulo donde ella y Neville tenían sexo salvajemente.
Neville se terminó su trago de whiskey de fuego y lanzó el vaso al suelo. Acto seguido tapó la boca de Katie con la mano para que no se oyeran sus gemidos desde afuera. La chica estaba roja y tenía los ojos en blanco. Neville le sostenía una pierna en alto y la penetraba contra la pared del oscuro armario, su túnica de gala levantada hasta el estómago. El chico la penetraba con una mirada como de dolor en la cara. Era el mismo armario donde había tenido sexo con Hermione un tiempo atrás.
Katie lo apartó un poco y se dio la vuelta, colocando ambas manos contra la pared. Neville le acarició el trasero, fascinado con ella, le apoyó el pene entre los glúteos y luego le rodeó el cuerpo con las manos, acariciando su túnica de gala a la altura del pecho y metiéndole las manos en el escote, para tocarle todos los pechos por debajo de la ropa.
Su pene se deslizó dentro de ella otra vez, y empezó a penetrarla apoyado en sus nalgas, hundiendo la cara en su nuca y respirando el aroma de su cabello.
Mientras tanto, en el Gran Salón, se había desatado una pequeña disputa en la pista de baile:
-¡Deja de empujar, idiota!
-¡Quítate, imbécil!
-¡Oigan, un poco más de respeto! -gritó Ron, enfadado-. ¡Que apenas he vuelto a la vida!
-¡Y regresaste bien imbécil, ¿verdad?!
-Cierra el pico, Smith -dijo Ron-, que tu padre le debe varios favores al mío y me encargaré de que se los haga pagar…
-¿Tu padre? ¿Arthur Weasley? ¿Qué clase de favores podría mi padre deberle a Arthur Weasley?
Ron al parecer no supo qué contestar, y lo resolvió empujando a Colin Creevey por los aires, que cayó al suelo y rodó lejos.
-¡Ya deja de molestar! -Angelina Johnson se acercó a Ron y le dio una bofetada en la cara con todas sus fuerzas. El chico se quedó pasmado por la sorpresa, y de pronto estalló de rabia.
-¡MI PADRE SE ENTERARÁ DE ESTO!
Fred se lo quedó mirando con una expresión extraña en el rostro.
-¿Malfoy?
Todos hicieron silencio, mirando a Ron boquiabiertos. La música seguía sonando, pero casi nadie bailaba.
-Claro que no soy Malfoy -dijo Ron-. Soy Ron Weasley, ¿no me ven la cara de pobre?
-Maldito hijo de puta -dijo George, acercándose también junto a su pareja, la chica de séptimo de Hufflepuff-. ¿Usaste poción multijugos para hacerte pasar por nuestro hermano muerto?
Ginny estaba muy boquiabierta, a su lado.
El supuesto Ron sonrió.
-Había quedado un cabello suyo en mi túnica, del día que fui a la boda de Bill y Fleur disfrazado con poción multijugos, y también me había sobrado poción -explicó, sonriente-. Supongo que el cabello suyo habría caído en la túnica de su madre en algún momento, y luego cuando yo me la empecé a follar…
-No te preocupes, hermano -dijo Fred, dando un paso adelante-. Él también morirá, muy pronto…
-Si, ni pienses que saldrás de esto con vida -dijo George, apretándose los puños con una mirada furiosa que jamás le habían visto antes.
Pero entonces, algo pasó: el cabello pelirrojo del supuesto Ron empezó a caer a jirones. Su piel también, de a poco. Fred y George dieron un paso atrás, asustados.
-¿Qué le está pasando? -gritó Ginny, llevándose las manos a la boca con horror.
Malfoy se llevó las manos a la cara y se quedó mirando, con horror, como la piel caía de su cara, seguida por un globo ocular entero, un trozo de nariz…
Su carne caía al suelo, igual que sus dedos, su piel, trozos enteros de músculos…
-¡Ahhhhhhhhhhhhhhhh! -chillaron varias chicas de Ravenclaw, agitando las manos delante de sus rostros con profundo horror-. ¡Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!
Malfoy se tambaleó por la pista de baile, ante la mirada de todos. McGonagall se había puesto de pie en su mesa, escandalizada. El chico avanzó tambaleándose hasta una pared donde habían colocado un espejo enorme para que reflejara las luces del baile, y se miró a sí mismo en él.
-¡AHHHHHHHHHHHHHHHHHHH! -chilló Malfoy, con total terror-. ¡AHHHHHHHHHHHHHHHH! ¡AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH! ¡AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH!
Fred y George, que habían retrocedido asustados, de pronto compartieron una mirada y sonrieron.
-Parece que la poción multijugos no va tan bien con los no vivos, ¿no crees, hermano?
-Sí -dijo Fred, en un tono bien alto para que Malfoy oyera-. Creo que, si la usas con un muerto, te mueres también, ¿no es así?
Angelina sonrió también.
-¡Ah, claro! -dijo, como acabando de recordar algo-. ¡Eso pasa cuando usas poción multijugos con un muerto! ¡TE MUERES!
-¡NOOOO! -chilló Malfoy, mirándose al espejo con horror, donde solo quedaba un esqueleto desnudo con algunos pedazos de carne al rojo vivo y algunos nervios, trozos de carne y partes desmembradas de cuerpo rociadas por la pista de baile tras él-. ¡NOOOO! ¡NOOOOOOO! ¡NOOOOOOOOOOOOOOOOO! ¡AHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHHH! ¡MAMÁ, AYUDA! ¡MAMÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁÁ!
Todos rompieron en carcajadas, señalándolo y riendo, mientras el esqueleto corría hacia la salida del Gran Salón. Estupefactos, Harry y Hermione, que acababan de terminar de bajar la escalera de mármol del vestíbulo, se quedaron petrificados viendo al esqueleto correr hacia los terrenos exteriores y la salida del castillo, sin dejar de chillar espantado.
-¿Qué demonios…? -dijo Hermione, sus ojos desorbitados. Se oyó un ruido en el armario de escobas junto a la escalera de mármol, como de cubetas cayendo.
Todos reían dentro del Gran Salón.
-Bueno, debo admitir que en el fondo jamás creía que fuera él realmente -dijo Ginny, en la pista de baile, a sus hermanos-. No parecía él, ¿verdad?
-Sí, es cierto -dijo Fred, un poco entristecido, pero aún satisfecho al ver los trozos de carne humana en el suelo, que la profesora Sinistra se apresuró en limpiar con su varita.
-¿De verdad morirá Malfoy? -preguntó Luna, acercándose a ellos, risueña y sonriente, sin un ápice de preocupación, más bien con curiosidad.
-No, solo lo dijimos para asustarlo -dijo Fred-. Lo más probable es que cuando acabe la hora de duración vuelva a ser él mismo.
-¡Bueno, todo el mundo! -gritó McGonagall, para hacerse oír entre el alboroto-. ¡Regresen a la fiesta, por favor, aquí no ha ocurrido nada! Creo que lo mejor será dar por finalizada esta tanda de baile -le murmuró a uno de los magos que estaba sobre el escenario, que asintió.
Harry y Hermione se unieron al baile otra vez, y los demás enseguida les contaron lo que había pasado. Se miraron entre sí, y entonces regresaron a su mesa. Nadie dejó de hablar de lo sucedido mientras comían la siguiente mesa dulce, llena de tortas, pasteles, chocolates y cupcakes.
-Malfoy -murmuró Hermione, lanzando un suspiro de fastidio-. Tenías razón, Harry. Debí imaginarlo. ¿Quién más…?
Harry se quedó pensativo. Creía que jamás volverían a ver a Malfoy, pero en verdad no se podía decir que técnicamente lo hubieran visto, ya que todo lo que vieron fue a Ron, aunque en verdad fuera él.
Neville y Katie aparecieron de pronto en la mesa, y ambos lucían bastante desalineados. Katie tenía el cabello suelto ahora, y trataba de disimular una sonrisita.
-¿Nos perdimos de algo? -preguntaron, poniéndose a comer rápidamente.
De a poco, lo sucedido fue quedando olvidado, y la fiesta pareció retomar el ritmo y alegría que había tenido al principio. Por más terrible que hubiera sido la estúpida broma de Malfoy, en especial para Harry, Hermione y los Weasley, todos estaban dispuestos a aprovechar la fiesta para olvidarla y seguir adelante.
Un rato después, Harry y Hermione ya charlaban animadamente de otras cosas con Neville y Katie mientras comían pastel de arándanos y bebían un par de tragos de whiskey de fuego. Ya eran cerca de las tres de la mañana, pero se decía que el baile no finalizaría hasta el amanecer.
-Ahí están -dijo de pronto la profesora McGonagall, apareciendo junto a Harry y Hermione-. Los busqué por todos lados. Tengan, su premio. Son la segunda mejor pareja de Hogwarts, felicidades.
Les pasó la bolsita con los veinte galleons. Ellos compartieron una mirada con una sonrisita, luego le sonrieron a la profesora y tomaron el oro.
-Profesora, una consulta -le dijo Harry, girándose en el lugar-. ¿Por qué no está aquí el profesor Dumbledore?
Harry se había quedado pensando que, si Dumbledore hubiera estado presente, Malfoy no habría podido haberles dicho toda esa mentira sobre los horrocruxes, porque hubiera sido muy fácil desmentirla con solo ver la cara de sorpresa del director al verlo.
-Está ocupado en este momento -se limitó a decir McGonagall, y se alejó de ellos con su expresión tensa de siempre.
-Bien, ¿todo en orden entonces? -preguntó Dumbledore, que caminaba a zancadas por las cocinas, entre medio de unos cien elfos totalmente atareados, que no dejaban de cocinar y limpiar ollas y cacerolas. Sin embargo, el director no les hablaba a ellos, sino a un grupo de magos de aspecto serio, que estaban reunidos allí también, en torno a él.
-Todo en orden, Dumbledore, no tiene de qué preocuparse -dijo uno de estos magos. Eran todos del Ministerio de la Magia. -El Baile de Fin de Curso es todo un éxito arriba, por lo que nos acaban de decir. Al menos en lo que respecta a la comida, todos los alumnos parecen haberse llenado con todos tipos de comida diferentes, y ninguno ha mostrado señales de estar bajo ese… bueno, efecto indeseado, que solía ocurrirles una semana atrás.
-Todo parece indicar que la cocina ha sido descontaminada exitosamente -le dijo otro mago del Ministerio a Dumbledore-. Ya no será necesario que los elfos domésticos cocinen en la otra sala, como han estado haciendo toda esta semana pasada. Este baile ha sido la prueba perfecta. Han vuelto a cocinar aquí, en la cocina principal, y todo ha funcionado perfecto, nada malo ha pasado. Así que podemos considerar seguro que sigan cocinando aquí a partir de ahora.
-¿Y cuál era el alimento contaminado? -preguntó Dumbledore con el ceño fruncido y con preocupación, al parecer sin convencerse con las palabras del mago del Ministerio.
-No lo sabemos -dijo otro de los magos-. No pudimos averiguar qué era lo que provocaba ese efecto sexual en los alumnos, pero hemos limpiado todo con poderosos hechizos, hemos tirado todos los alimentos de las reservas y los hemos reemplazado con comida nueva, y parece haber funcionado. Lo que sea que fuera, ya no está.
-¿Han tirado lo viejo y colocado todos ingredientes y comidas nuevas, que se aseguraron de que fueran seguras? -preguntó Dumbledore, a lo que ellos asintieron-. ¿Y qué me dicen de las bebidas?
-Bueno, las bebidas no era necesario cambiarlas -explicó el primero de los magos que había hablado-. Estábamos claramente ante la presencia de alguna poción o encantamiento sexual. Estos solo podrían sobrevivir en una comida sólida, no en una bebida. Es una propiedad mágica de las pociones y encantamientos sexuales, así que no hemos tocado las bebidas. Son seguras.
-¿Está seguro de eso? -preguntó Dumbledore, frunciendo más el entrecejo.
-Claro que sí, Dumbledore, consultamos con los mayores expertos en sexología. Lo que pasó aquí fue un escándalo total. Si no fuera por la infortunada desaparición del ministro, habríamos venido antes, pero con tan poco personal disponible…
-¿Y los expertos dicen que las bebidas son seguras? -inquirió Dumbledore, ignorando eso último.
-Claro, ninguna poción de tipo sexual podría sobrevivir más de una hora en un líquido, así que las bebidas están todas a salvo, no fue necesario renovarlas. Las hemos dejado tal como estaban antes, y ya pueden beberlas de nuevo. Era la comida, los sólidos, lo que nos preocupaba. Aunque, en verdad, los expertos opinan que ninguna poción ni encantamiento sexual podría haber generado el comportamiento que se ha visto aquí… -el mago se quedó pensativo-. Es muy extraño, la verdad. Pero lo que sea que haya sido, tenía que estar almacenado en algún sólido. De eso no hay dudas.
-De acuerdo -Dumbledore finalmente hizo un gesto indicando la salida a los magos. Los acompañó hasta fuera de las cocinas, y hacia la salida del castillo.
Mientras tanto, los elfos empezaron a preparar la siguiente tanda de comidas y bebidas que subirían al baile.
-¿Ponemos jugo de calabaza? -dijo Winky, acercándose al enorme tanque de muchos litros que contenía la provisión trimestral de la bebida.
-Oh, sí -dijo uno de los elfos junto a ella-. Hace más de una semana que nadie bebe el jugo de calabaza. A los alumnos les gustará probarlo nuevamente. Después de todo, es la bebida tradicional de Hogwarts.
Entre varios elfos, abrieron las canillas del tanque y empezaron a llenar cientos de cientos de vasos y jarras con jugo de calabaza.
Arriba, en el Gran Salón, se hizo un silencio. En ese preciso momento, Harry y Hermione vieron que la mesa delante de ellos se llenaba con renovada comida, algunas bebidas alcohólicas nuevas; y, sobre todo, cientos de vasos y jarras repletas de jugo de calabaza.
McGonagall, que se había puesto de pie para hablar ante todos otra vez, con el Cáliz de Fuego a su lado, vio que la bebida aparecía y se formó una sonrisita en su rostro.
-¡Atención todos! -llamó, y los rezagados que se habían quedado charlando hicieron silencio también-. ¡Es un honor para el colegio, dejando de lado el pequeño incidente de un rato atrás, que este Baile de Fin de Curso se haya desarrollado de una forma placentera y entretenida, sin mayores inconvenientes! Debo decir que pensamos que podía llegar a descontrolarse un poco, pero al final todo ha ido más que bien…
Hizo una breve pausa, mientras recorría a todos los alumnos de las cuatro casas con una sonrisa.
-Ahora, antes de anunciar a la pareja ganadora de la noche -continuó-, antes de que el Cáliz de Fuego nos diga quién es la mejor pareja de Hogwarts, ganadora de cincuenta galleons, quiero proponer un brindis.
McGonagall levantó un vaso lleno de jugo de calabaza.
-Como todos saben, el jugo de calabaza es la bebida tradicional de Hogwarts -comentó-, y como estaban haciendo una limpieza en las cocinas, por los acontecimientos de público conocimiento que han tenido lugar, por desgracia, las semanas pasadas; no hemos podido beberlo hasta esta noche, mientras magos del Ministerio inspeccionaban todo. Ahora, sin embargo, ya podemos beberlo nuevamente, por lo que propongo que hagamos un enorme brindis con jugo de calabaza, todos nosotros.
Absolutamente todo el colegio, todos los alumnos y profesores, hasta Filch, Madam Pomfrey, absolutamente todos tomaron de sus mesas vasos repletos a rebosar de jugo de calabaza, y los alzaron en alto, para brindar con la profesora.
-¡Por Hogwarts! -dijo McGonagall, con su vaso bien en alto.
-¡Por Hogwarts! -dijeron todos, y los cientos de asistentes al baile tragaron hasta el fondo sus vasos repletos de jugo de calabaza, y bebieron hasta la última gota de la bebida, todos a la vez.
