Parte 5


-¿Me perdí del brindis? -dijo Dumbledore, ingresando al Gran Salón alegremente.

-¡Oh, Albus! Bueno, brindemos de nuevo -McGonagall le pasó una copa rebosante de jugo de calabaza al director, que la tomó sonriente y la alzó en alto. Todos los alumnos rellenaron sus copas con las jarras llenas de la bebida.

-¡Por Hogwarts! -repitió McGonagall.

-¡Por Hogwarts! -dijeron todos, esta vez también con Dumbledore.

Todos volvieron a vaciar sus copas hasta el fondo. Cuando acabaron se hizo un breve silencio, y entonces…

-¡Oh, qué diablos! -dijo Hagrid, apareciendo de forma muy notoria, por su gran tamaño, por la puerta del Gran Salón-. ¡Yo también quiero brindar!

Dumbledore sonrió y llenó una nueva copa llena de bebida, que se apresuró a darle a Hagrid mientras todos los alumnos y profesores rellenaban, por tercera vez, sus propias copas, para un tercer brindis de chorreantes y rebosantes copas de jugo de calabaza.

-¡POR HOGWARTS!

No fue hasta que terminó de vaciar la tercera copa, hasta el fondo también, que Harry empezó a sentirse extraño. De pronto, un cosquilleo empezó a extenderse por todo su cuerpo. Sin embargo, no había tiempo para pensar en eso, porque de pronto el Cáliz de Fuego se encendió en fuego rojo, escupió un nuevo pergamino por su parte superior, y su fuego volvió a hacerse azul.

Dumbledore fue esta vez el que atrapó el pergamino al vuelo, muy sonriente.

-¡Bueno, bueno! -dijo, sonriendo a todos-. ¡Veamos quién es la pareja ganadora de la noche! -su sonrisa se ensanchó mientras desplegaba el pergamino y lo tendía ante sus ojos-. ¡Y la pareja ganadora es…!

Pero su sonrisa se borró de golpe.

-¿Qué ocurre? -preguntó McGonagall, a su lado, frunciendo el ceño-. ¿Quién es la mejor pareja de Hogwarts?

Pero Dumbledore no le contestó. Su mirada seguía clavada en el pergamino. Se había puesto muy serio y sus ojos miraban fríamente el papel por sobre sus lentes de media luna. Harry frunció el ceño también, contemplando la escena desde su mesa redonda, pero tenía que admitir que solo la mitad de su atención estaba en el director. La otra mitad de su mente se preguntaba qué era lo que estaba ocurriéndole. Claramente, algo pasaba en su cuerpo. El hormigueo se extendía, la sensación crecía…

Harry se preguntó si la nueva seriedad en el rostro de Dumbledore se debía a lo que había leído en el pergamino o a que él también se estaba empezando a sentir como Harry.

Pero entones, el director sacudió la cabeza como con resignación, con el pergamino aún en la mano, y miró a McGonagall enfadado.

-Se acabó -Harry oyó que Dumbledore decía a la profesora en voz baja-. Renunciaré. Ya no quiero ser más director. Esto ya ha sido demasiado.

-¿Pero qué ocurre? -decía McGonagall, estupefacta y con los ojos muy abiertos-. ¿Qué ha pasado… quién…?

-Primero lo del año pasado -se quejaba Dumbledore, muy enfadado-, con el Torneo de los Tres Magos, ¿y ahora esto? ¿Qué mierda le ocurre a este Cáliz?

McGonagall se adelantó y le arrebató el pergamino de la mano a Dumbledore. El director se alejó de ella, al parecer demasiado enfadado para continuar de pie allí. Todos estaban espantados; jamás habían oído a Dumbledore insultar antes.

-Oh, válgame -McGonagall se llevó las manos al pecho inmediatamente luego de leer el nombre de la pareja ganadora.

-¡¿Qué?! -gritaban varios alumnos-. ¿Quién es?

-La pareja ganadora -dijo McGonagall, aunque de forma dubitativa-. La mejor pareja de Hogwarts, según el Cáliz de Fuego, es… -hizo una breve pausa de suspenso, con su rostro horrorizado y sin nada de emoción-… Hedwig y Tonks.

-¡AYYYYYYYYYYYYYYYYYY, SIIIIIIIIIIIIIIII! -con un chillido de emoción como de niña adolescente que acaba de ganar entradas para ver a su cantante favorito de una boyband tras el escenario, Tonks se puso de pie en una mesa donde había algunos miembros de la Orden del Fénix y corrió hacia el Cáliz de Fuego sonriendo de par en par, aplaudiendo y bailando de felicidad.

De pronto, Harry oyó un aleteo y, al alzar la vista, vio que Hedwig entraba al Gran Salón por uno de los altos ventanales, volando en picada hacia Tonks, ululando de felicidad y batiendo sus alas blancas como la nieve con emoción.

Tonks tomó el pergamino de la profesora, la bolsita con los cincuenta galleons, y en ese momento Hedwig llegó a ella batiendo sus alas blancas y se posó en su hombro.

-¡Tramposa! -gritó una chica de Slytherin-. ¡Ni siquiera tiene la edad! ¡Ya no es alumna de Hogwarts!

Pero Tonks, con su cabello color rosa chicle muy corto, y el rostro iluminado de felicidad, besó a Hedwig en el pico de una forma asquerosa y bizarra que dejó a todos estupefactos y completamente conmocionados.

Pero no hubo demasiado tiempo para preguntarse qué demonios acababa de pasar, porque de pronto la sensación en el cuerpo de Harry creció lo suficiente para que el chico comprendiera qué era. Y no fue el único que lo sintió: por todo el Gran Salón, la gente estaba respirando de forma cada vez más agitada. Sus rostros se ponían rojos, el sudor empezaba a caerles por la cara…

-Harry -murmuró Hermione, a su lado, con los ojos como platos-. Harry, creo que me está pasando… otra vez.

Ambos compartieron una mirada de terror.

-Ohhhhhhhh -se oyó un gemido en la mesa de Ravenclaw.

-¡Oh, no! -gritó una chica en la mesa de Hufflepuff-. ¡Es la sensación…! ¡Otra vez!

Dumbledore, que había estado a punto de marcharse del Gran Salón por una puerta trasera, se detuvo y se dio la vuelta, muy asustado.

-Profesor -dijo la profesora Sprout, que estaba desabotonándose el abrigo lentamente, con una mirada de terror. Dumbledore le devolvió la mirada con sus ojos azul claro muy abiertos. -Está pasando… Profesor, está pasando de nuevo…

La mirada de Dumbledore recorrió a todos los alumnos, que de pronto se estremecían como invadidos por escalofríos, todos moviéndose de forma inquieta en sus sillas y mirando a las personas que tenían a un lado de forma extraña.

Entonces, Dumbledore se aferró su propio pecho, y se dio cuenta de que él también respiraba muy agitado. Y entonces, sus ojos de pronto se movieron hacia la mesa que tenía más cercana, donde descansaban las jarras llenas de jugo de calabaza.

Dumbledore abrió aún más los ojos y alzó la voz por encima de todos, de forma que todo el colegio lo oyó claramente:

-¿Alguno de ustedes… alguna persona… ha colocado alguna sustancia dentro del tanque de jugo de calabaza de las cocinas, en las semanas pasadas?

Por un momento, nadie dijo nada. Hubo un silencio general solo interrumpido por las respiraciones de todos, cada vez más agitadas, y algunos gemidos que llegaban distantes. Entonces, en una mesa muy cercana a la suya, Harry vio que Fred y George levantaban sus manos, con algo de temor en la mirada y algo parecido a picardía.

Dumbledore les dirigió una mirada penetrante y fulminante, y ellos se apresuraron a defenderse:

-¡Pero no fue esto! -dijo Fred de inmediato-. ¡No era nada sexual, así que no hemos sido nosotros! Pero, ya que pregunta…

-¿Qué pusieron? -preguntó Dumbledore, cortante y frío.

-Felix Felicis -dijo George-. Pero fue hace semanas.

-¿Semanas? -dijo Dumbledore, entrecerrando los ojos mientras los miraba desde la otra punta del salón, las miradas de todos yendo desde Dumbledore hacia Fred y George-. ¿Cuando empezó toda esta… situación en el castillo, quizás?

Fred y George compartieron una mirada que Harry interpretó claramente como un: "ups".

Angelina se giró en el asiento y se quedó mirando a Fred.

-¿Eso era la broma de la que nos hablaron, en el campo de Quidditch, el día en que… bueno, en que todos lo hicimos ahí? ¿Esa broma que dijeron que no había funcionado?

En efecto, los gemelos hablaban de ese comentario que habían hecho tiempo atrás en el campo de Quidditch (ver capítulo 8), y también de lo ocurrido en el Pre-Ámbulo de este fic (ver el principio del capítulo 1). Mientras tanto, Tonks seguía besándose con Hedwig (para lo que hay que ver el final del capítulo 38).

-Pero no pusimos nada sexual -insistió Fred, en su defensa-. Solo tuvimos la idea… Pensamos que Sortilegios Weasley debía tratarse de hacer feliz a la gente, y pensamos, ¿por qué no vamos a las cocinas y vaciamos un caldero entero de Felix Felicis que hizo Snape en una de nuestras clases en ese tanque, para que todos sean felices? Pensamos que la poción haría que todos estuvieran más felices, y que sería divertido, pero cuando vimos que no ocurría nada, supusimos que simplemente no había surtido efecto, y nos olvidamos del tema.

-Sí, y como el Felix Felicis no es una poción sexual, no creímos que tuviera nada que ver con lo que pasó en el castillo -añadió George-. Por eso no se lo dijimos a nadie.

-Claro, el Felix Felicis no pudo ocasionar lo que pasó aquí -dijo Fred.

-El Felix Felicis es una poción muy potente que debe tratarse con sumo cuidado -dijo McGonagall, cuyos pelos empezaron a ponerse de punta, por el horror-. Se debe tomar de forma pura, siempre. Jamás debe mezclarse con otras cosas. Si se mezcla con otro líquido, puede transformarse en poderosas pociones más intensas de lo que se podrían imaginar… de mezclarse con una bebida con alcohol, por ejemplo, podría haberse convertido en un veneno que mataría de inmediato a cualquiera que lo bebiera…

Fred y George abrieron mucho los ojos y se miraron entre sí otra vez.

-Al menos no lo hicimos a tu manera -la murmuró Fred a George en voz baja-. Tú querías mezclarlo con las jarras de whiskey de fuego.

-Y de mezclarse con bebidas frutales como la calabaza, si no me equivoco -reflexionó Dumbledore-, el Felix Felicis puede desarrollar efectos totalmente impredecibles y tan potentes que podrían durar horas y horas, y que podrían variar según el fruto… No se sabe mucho del tema, porque los elaboradores de pociones saben que no debe jugarse con esa poción, y por eso no la mezclan.

"En este caso, naturalmente, habrá desarrollado un efecto afrodisíaco sin precedentes, probablemente jamás antes experimentado en toda la Historia de la Magia… Eso explica por qué el Ministerio no pudo encontrar la poción: porque ellos buscaban una poción sexual, y el Felix Felicis no es sexual en sí misma…

-Es decir -dijo Fred, y Harry pudo distinguir claramente la nota de orgullo en su voz-, ¿qué George y yo hemos creado el afrodisíaco más poderoso jamás realizado en la Historia de la Magia, sin proponérnoslo?

La profesora McGonagall, lejos de estar orgullosa, parecía a punto a explotar.

-¡EXPULSADOS, LOS DOS! -gritó, pero le costó hacerse oír entre medio de los gemidos y respiraciones sexuales que cada vez crecían más y más por todo el salón-. ¡A solo un día de acabar su séptimo año y recibirse, solo ustedes dos podrían haber sido expulsados a tan poco, pero me temo que…!

Pero McGonagall no pudo terminar la frase. De pronto, tuvo que sujetarse a la mesa para reprimir un aullido erótico que al parecer luchaba por salir de su garganta. Harry se dio cuenta que la profesora estaba rozando su trasero contra la punta del apoyabrazos de la silla de forma intensional, y se quedó boquiabierto.

-Bueno, siempre dije que nuestro futuro yacía lejos del mundo académico, George -dijo Fred con una sonrisa, mirando a su hermano.

-La poción afrodisíaca más potente del mundo -repitió George con un susurro emocionado, sus ojos brillantes-. ¿Recuerdas cuánto Felix Felicis usamos?

-Un caldero entero -dijo Fred, al parecer sin importarle que todo el mundo los oyera, y tratando de recordar tantos detalles como fuera posible de lo que habían hecho-. Solo debemos calcular la capacidad de ese tanque trimestral de jugo de calabaza, y claro, tendremos que elaborar la receta de jugo de calabaza exacta de Hogwarts…

-Ningún problema, los elfos nos la dirán encantados.

-Piensa cuánto dinero haremos…

-La cantidad de magos impotentes que pagarán fortunas por ella…

Pero ya nadie los oía. Ahora las túnicas habían empezado a caer al suelo. Hermione se acercó a Harry y lo tomó de la mano, y este no supo si lo hizo como un acto de temor ante lo que estaba ocurriendo a su alrededor, o porque quería tener sexo con él.

Pero ya le importaba muy poco. Porque ahora Harry estaba experimentando unos deseos de follar tan locos y descontrolados que, aunque Hermione no fuera la que tomara la iniciativa, sabía que él sí lo haría.

Casi al mismo tiempo, como si fuera una carrera y acabaran de hacer sonar el silbato de la largada, todo el mundo en el Gran Salón; incluyendo a Hagrid, Dumbledore, McGonagall, Sprout, Sinistra, Filch, todos los alumnos de Slytherin, Hufflepuff, Ravenclaw, Gryffindor, un par de miembros de la Orden del Fénix, fantasmas, y Harry juraría que hasta un par de estatuas; absolutamente todos se empezaron a desvestir a la vez, mientras lanzaban gemidos eróticos y empezaban a tocarse entre sí.

Hermione finalmente avanzó hasta Harry y se sentó encima suyo, sobre sus piernas. Empezaron a besarse en los labios. La sensación era incontrolable y más potente que nunca, seguramente por la cantidad de jugo de calabaza que habían bebido, que era mucho más de lo normal.

A su lado, Harry vio que Neville estaba sobre la silla de Katie y le tocaba todos los pechos por arriba de su túnica de gala, mientras ella luchaba por quitársela. Hermione cruzó las piernas una a cada lado de la silla de Harry, y sin dejar de besarlo con locura se llevó las manos a la espalda y se desató la túnica de gala por detrás.

En la mesa de al lado, Ginny ya tenía los pechos desnudos y Dean Thomas había lanzado todos los platos y copas al suelo, con un estallido, para apoyar a la chica sobre la mesa y lanzarse sobre ella.

Por todo el salón, la gente empezó a quedar más y más desnuda, y de pronto los gritos y aullidos sexuales, gemidos eróticos y ruido de cuerpos desnudos chocando entre sí hicieron eco por todos los muros de piedra del castillo a la vez.