Pre-Fin
-Toma, querido.
Harry levantó la mirada y vio que Madam Pomfrey le ofrecía un cigarro.
-Tiene hierbas mágicas -le dijo-. Te ayudará a reponerte.
Harry se encendió el cigarro con la varita y empezó a fumar, mirando alrededor. Todos los alumnos y profesores estaban sentados en las sillas junto a las mesas redondas, fumando con caras de cansancio y agotamiento. La cama había desaparecido y los elfos llevaban comida y bebida que había sobrado para que los alumnos repusieran energías.
Bueno, bebidas excepto jugo de calabaza, claro. Harry giró la cabeza y vio que, a lo lejos, en el vestíbulo, un par de magos del Ministerio se llevaban el enorme tanque de jugo de calabaza, haciéndolo flotar con sus varitas y sacándolo por las enormes puertas de roble.
-Ya todo terminó -dijo Hermione, que estaba sentada junto a Harry, fumando su cigarro mientras miraba aquello también.
-Sí -dijo Harry, a su lado, y al inhalar el humo del cigarro sintió que las energías volvían un poco a su cuerpo, muy despacio.
Sintió que lo tomaban de una mano, y se llevó un sobresalto brutal. Pensó que cualquier contacto humano, a partir de ahora, lo haría sentir así de sobresaltado: estarían traumados de por vida. Pero entonces vio que era Hermione, que lo había tomado de la mano y le sonreía.
Harry se sacó el cigarro de la boca y se acercó a ella. Se besaron en los labios, mientras todos a su alrededor empezaban a charlar de a poco, recuperándose; Neville aun en calzoncillos, corriendo por todos lados preguntando si alguien había visto sus pantalones, mientras varios lo señalaban y reían; Romilda aun rengueando; y Fred y George inusualmente apartados el uno del otro.
Pre-Final
El último día en Hogwarts se pasó volando: durmieron la mayor parte del domingo, y cuando quisieron darse cuenta ya habían terminado las clases y estaban en el Expreso de Hogwarts, de regreso a Londres.
Harry se sentía muy extraño al estar solo con Hermione en un compartimiento. Era tan extraño que Ron no estuviera allí con ellos, regresando luego de otro año escolar.
-Todo ha cambiado, ¿no es así? -murmuró Hermione a su lado, como leyéndole la mente.
Harry la miró con atención.
-Ron ya no está -dijo la chica, con la mirada perdida.
-Ni tampoco Voldemort -dijo Harry, apoyando una mano en su hombro. Hermione dibujó una sonrisa y lo miró. Entonces apoyó su cabeza en su hombro, y Harry se la acarició.
-No puedo creer que, todo el tiempo, había sido el jugo de calabaza lo que nos hacía sentir así.
-Es verdad -dijo Harry-. Jamás lo hubiera imaginado… Es una lástima que hayan expulsado a Fred y a George.
-Bah, ellos no habían rendido los ÉXTASIS, de cualquier forma, solo iban a abrirse su negocio de chascos y bromas.
Hubo unos minutos de silencio, mientras viajaban a través de campos soleados, Harry abrazando a Hermione y apoyando la cabeza sobre la parte superior de la de ella.
-Te extrañaré, Harry -le dijo ella entonces, en un susurro.
Harry se apartó un poco para mirarla a los ojos.
-Te veré en solo unos días, ¿no es así?
-Lo sé -dijo ella, sonriéndole-. Pero te extrañaré hasta entonces.
Se besaron en los labios. El beso creció en intensidad, y de pronto ambos se besaban con mucho ímpetu, las manos de ambos rozando la ropa del otro…
De pronto, cuando una mano de Hermione había caído muy cerca de la zona abultada del pantalón de jean de Harry, ambos abrieron grandes los ojos y se miraron entre sí con una expresión que a esas alturas ya conocían muy bien.
-Trabaré la puerta mediante magia -dijo Hermione, respirando agitada.
-Lanzaré un muffliato -dijo Harry, rápidamente.
Se pusieron manos a la obra, y cinco minutos después ambos follaban sobre el compartimiento del Expreso de Hogwarts, gimiendo con placer y acariciando sus cuerpos desnudos mientras el tren se movía por los campos soleados hacia el sur…
Una mano sudada de Hermione se estampó contra la ventana y se arrastró por ella dejando una marca, visible desde afuera.
Horas más tarde llegaron, finalmente, a Londres. Todos los alumnos bajaron del Expreso de Hogwarts y empezaron a caminar por la estación, saliendo hacia el mundo muggle otra vez. Antes de atravesar la barrera, Hermione se dirigió a Harry y se besaron apasionadamente por última vez.
-Te veré en un par de días, ¿de acuerdo? -le aseguró ella-. En cuanto llegue, le diré a mis padres que me puse de novia contigo. Esperaré un día o dos para que lo asimilen, y les diré que quiero que vayas a pasar el verano allí con nosotros. Luego puedes venir en el autobús noctámbulo.
-De acuerdo -asintió Harry, sonriente-. Nos veremos en unos días.
Se besaron una vez más, y entonces atravesaron la barrera de la mano. Harry contempló a Hermione alejarse hacia sus padres, y se volvió hacia el lugar donde tío Vernon lo esperaba, con su cara de mal humor de siempre.
Harry se sentó en el asiento trasero del auto de su tío, en silencio. Mientras este conducía hacia Little Whinging, la mente de Harry no dejaba de volar sobre todo lo que había pasado ese año. Había perdido a su mejor amigo, pero estaba de novio con Hermione, había vivido toda clase de aventuras alocadas, Voldemort había muerto para siempre, había habido orgías entre todo el colegio…
Llegó al número cuatro de Privet Drive, y se sintió surreal. Estar allí de vuelta, luego de todo aquello…
Harry se bajó del auto, sacó su baúl y se metió en la casa, donde nadie lo saludó, como pasaba cada verano al regresar del castillo. Era como si a tía Petunia y a Dudley les diera igual no haberlo visto durante casi un año. No le decían ni "hola".
Pero solo serían dos o tres días, se dijo a sí mismo, mientras subía a su habitación, arrastrando el baúl.
Harry entró a su cuarto y dejó el baúl en el suelo. Suspirando, miró alrededor, a la habitación donde había pasado todos aquellos veranos, en el mundo muggle, en casa de sus tíos, y al recordar lo que le esperaba (un verano con Hermione, conocer a sus suegros, pasar prácticamente todas las vacaciones de verano con ella) sonrió y se dejó caer en su cama, con una sonrisa en el rostro.
Pero entonces, algo ocurrió.
Final
Ni bien la cabeza de Harry tocó la almohada, todo empezó a temblar.
Antes de que Harry supiera lo que pasaba, una especie de gancho tiraba por debajo de su ombligo, llevándolo lejos de allí. Toda la casa de los Dursley desapareció, mientras Harry era impulsado lejos, muy lejos, entre medio de torbellinos y colores que se movían a toda velocidad...
¿Qué demonios pasaba?
Harry sintió que caía sobre un suelo, luego de aquel viaje. Comprendió entonces, para su horror, que acababa de experimentar un viaje en traslador.
Alguien había convertido la almohada de su cama en un traslador, y al caer sobre ella había sido transportado a otro lado.
Para colmo, ni siquiera tenía su varita. La había dejado en la mesa de luz…
Se puso de pie y miró alrededor, aterrado. Estaba en una mansión, se notaba por la arquitectura, por las esculturas contra las paredes, por los prolijos jardines soleados visibles desde el ventanal ornamentado que tenía delante.
Una mansión… ¿Quién podía haberlo querido raptar, que viviera en una mansión?
-Hola, Potter -dijo una voz tras él, una voz seductora y traviesa.
Harry empezó a girarse en redondo, aterrado.
-El Señor de las Tinieblas nos mandó a poner un traslador en tu almohada -dijo la voz-. Cuando aún estaba vivo... Quería traerte aquí, para que te capturemos en esta casa… Claro que ahora él está muerto, pero entonces yo recordé ese traslador y me di cuenta de que podíamos darle un uso más... adecuado, tú y yo…
Harry se quedó mirando, boquiabierto, al muchacho que estaba en el umbral de la puerta de la sala.
Fin
Draco Malfoy lo miraba desde allí, casi desnudo, a excepción de unas medias de red femeninas que se había puesto en las piernas y una especie de tanga negra con una trompa de tela donde claramente colgaba su pene. Sus pechos desnudos tenían bellos rubios enrulados, y su rostro puntiagudo lo miraba con una sonrisita perversa.
Harry vio que Malfoy sostenía un látigo con una mano, y otros juguetes sexuales con la otra.
-No he dejado de pensar en ti desde que lo hicimos esa noche, ¿recuerdas? -dijo Malfoy, con una mirada pervertida en el rostro-. Desde la noche del castigo de Filch… Todo lo demás que he hecho no ha sido nada, nada, en comparación con eso…
Harry abrió grandes los ojos, estupefacto.
-Me gustas mucho, Harry -dijo Malfoy, tirando de sus medias de red mientras se pasaba la lengua por los labios y le guiñaba un ojo, tocándose los pezones con los dedos.
