«El amor es una nube que flota sostenida por un suspiro.»
—Romeo Montesco.
La noche ha caído hace rato ya, la débil neblina nocturna se instala en la tierra, las estrellas hacen gala de su tímido pero enigmático brillo y la platinada luna se alza orgullosa en el cielo, iluminando tu rostro pacífico y haciéndolo ver aún más angelical de ser posible.
Tu ondulado pelo caoba me hace cosquillas en el regazo cada vez que te mueves para acomodarte mejor, al parecer no has notado que tu cabeza ha sido separada de tu almohada. En ocasiones no te das cuenta cuando arrugas sin querer mi falda con tus movimientos, levantándola, provocándome ansiedad y sonrojos. Nunca has tocado mis muslos desnudos, y la idea hace que un cosquilleo me recorra el cuerpo.
Aún dormido, giras la cabeza en mi regazo hasta que tu aliento choca contra mi vientre, te aferras a mi cintura al sentir la fuente de calor con toda la inocencia y confianza existentes; como si necesitases ese calor.
Como un niño que depende del calor y compañía de su madre.
Eres adorable, no sólo cuando estás dormido; eres adorable cuando entrenas a tu hermanito, cuando le enseñas a tu discípulo, cuando te ríes con tus compañeros, cuando das a conocer tu determinación y tu gran corazón. Provocas una ternura que resulta atrapante.
Que aunque hiera tu orgullo como Caballero, es la verdad.
Sólo suelto una risita silenciosa sintiendo calor en mis mejillas, cosa que me pasa siempre que pienso en ti; las criaturitas moviéndose en mi estómago y el órgano vital de mi pecho se acelera, al punto de que temo que su retumbar te despierte.
Aioros, mi Aioros...
Desearía no seguir en anonimato y de una vez mostrarte quien soy, sólo conoces mi existencia y mi voz y lamentablemente. Todavía no es el momento, no estoy lista para encararte porque no sé cómo reaccionarás.
Sé que me buscas, pero no sé por qué y la verdad... Prefiero no saberlo porque no sé si te gustará lo que encontrarás.
Sé que siendo un servidor de Athena y gracias al gran maestro, tus conocimientos sobre distintas culturas son al menos, amplios y sé que si conoces la leyenda de mi gente, los Yokais, y te muestro mi rostro.. Podrías despreciarme, temerme como todos lo hacen.
Y no lo quiero, yo no quiero eso.
Prefiero cuidarte desde las sombras y dejarte seguir con tu vida aun si yo no existo en ella; seré una cobarde, seré ese tipo de persona que huye de sus sentimientos o de enfrentar sus problemas pero así es.
Soy una cobarde que evade a su amado para no enfrentar su rechazo y a la vez para no ponerlo en peligro.
Tal vez jamás te muestre mi rostro, tal vez jamás pueda verte cara a cara, y supongo que... Así es mejor para ti, para mí y para todos.
Porque mi gente acecha constantemente, vagan entre los humanos en busca de energía vital para fortalecerse y con la fuerza que emana de la tuya, serás una presa tentadora para ellos. Por no decir que ellos saben que mi punto débil eres tú y podrían ir tras de ti para tomar venganza contra mí. La maldita que le dio la espalda a los de su clase a favor de un hombre.
No, no es que dude de tu fuerza, sé que puedes darle una excelente pelea a uno de los míos, pero yo alguna vez pertenecí a ese Clan y sé que no juegan limpio. Por lo que no dudarán en atacarte por la espalda y acabar contigo antes de que tengas oportunidad de defenderte.
Dios, de sólo pensarlo me duele el corazón. No podría soportarlo si te perdiera a ti.
Prefiero estar así; cuidar de ti en silencio, observarte y arrullarte durante la noche. Te tengo tan cerca y tan lejos a la vez, sin embargo sé que sólo así estarás a salvo, a salvo de mi gente, a salvo de mí.
Me duele en el alma no poder tenerte, pero ante todo está tu seguridad. Y te amo tanto que soy capaz de enfrentar a mi propia naturaleza y dejarte ir.
Siento tu suave cabello entre mis dedos, miró la belleza, la armonía en tus facciones mientras me pierdo en mis pensamientos, inconscientemente mi mano roza tus párpados, tocando tus largas pestañas que sé que esconden las esmeraldas más hermosas que recordaré en mi vida.
Tienes unos ojos hermosos, por si no lo has notado, son claros y cristalinos, fieros y la vez dulces. Al igual que tú; transmiten todo el brillo y la sensación de seguridad fácilmente contagiosas. Esos son los ojos de un hombre admirable y puro. Como lo eres tú, pero que sé que tal vez nunca me mirarán porque no puedo permitirlo.
¿Sabes? Es muy lindo verte dormir, esa paz en tu rostro resulta casi hipnótica. Ya de por sí pareces un ángel, pero verte en este estado. Tan apacible e inocente ocasiona en mí un deseo insoportable de protegerte, por más que sepa que tú puedes cuidarte solo perfectamente.
La belleza masculina que emanas me llama, tus labios me llaman y mi cuerpo eventualmente me traiciona. Comienzo a acercarme más a ti de lo que tengo permitido, ese deseo que llevo en el pecho domina por sobre mi razón.
Pero antes de poder conocer el enigmático y adictivo licor de tu boca, veo que la madrugada se aproxima y afortunadamente, me detiene de cometer una tontería. Tontería que podría delatarme ante ti.
Debo irme, amor mío.
Con toda la delicadeza y cuidado que mi cuerpo me permite (además de dolorosamente) separo tu cabeza de mis muslos y vuelvo a tenderla en la almohada, tus fuertes brazos aún amarran mi cintura, así que me separo lentamente.
Has notado mi ausencia, frunces el ceño y te revuelves incómodo en la cama, buscando con tus manos la fuente de calor de hace unos momentos. De nuevo, noto esa faceta infantil que posees, ese lado necesitado del amor que yo quiero entregarte.
Atrapas lo primero que se te pone al alcance, una almohada y la aprietas contra tu cuerpo.
Me contengo por poco de suspirar de ternura, pero una sonrisa tonta se asoma en mi cara.
Vuelvo a repetírtelo, eres adorable y con esa ternura provocas que me enamore más de ti. Este amor es completamente agridulce; porque al no tener la capacidad de tocarte como quiero hace que tan sólo mirarte me haga feliz, hace que ver tu sonrisa signifique prácticamente todo para mí aunque le sonrías a otra persona.
Me inclino sobre ti una última vez, beso las yemas de mi índice y corazón, para luego posarlos sobre tus labios. Eso es lo más cerca que puedo estar de sentir su suavidad.
Me tengo que ir, el sol ya empieza a asomarse y el no sentir la luz del amanecer en tu rostro podría alertarte de que no estás solo en tu recámara.
Cielos, no me he ido aún pero ya te extraño.
Te miro por última vez y me desvanezco en una nube de blanquecina niebla, que desaparece en la ventana.
Nos vemos en la noche, mi querido centauro.
El Santo de Sagitario se removió y abrió los ojos al sentir los rayos del sol golpeándole el rostro, se remueve con un gruñido y se termina de despertar. Por alguna razón se sentía muy ligero aparte de que no se despertó en la misma posición en la que se acostó. Cosa rara tratándose de él.
Tiene una almohada estrechada contra su pecho, no sabe por qué. Como si en mitad del sueño alguien hubiese venido a acompañarlo y él inconscientemente intentó que no se fuera.
Probablemente soñó con sus padres. Aunque no lo recuerda.
Suspira pesadamente y se incorpora para sentarse en la cama, aún medio adormilado. Sin embargo, es imposible negar que siente que algo no estaba antes allí.
Un aroma dulce e incluso femenino, una especie de presencia que resulta refrescante y reconfortante. A la vez que inquietante porque es totalmente desconocida. De nuevo sentía que no había dormido solo.
Pero decide no darle importancia, tal vez sea una vela de incienso y aquella presencia extraña fue su alumno que entró a su habitación durante la noche. Recordaba que Shaka les había dado algunas como regalo y a Seiya le encantaba encenderlas.
Aún así se sentía raro...
Se levanta completamente, dispuesto a despertar a su alumno, que cabe decir duerme como roca y a quien probablemente tenga que sacar cargando de la cama (de nuevo). Y después prepararse para su día a día.
Completamente inconsciente de aquella admiradora secreta que guarda su sueño cada noche. Aunque su presencia en el fondo la siente.
Hace meses que tengo esta idea en la cabeza y no sé ustedes, pero a mí me gustó mucho como quedó...
Tal vez me estoy pasando con las historias de AiorosxOc pero la verdad... Me gusta mucho como terminan..
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