Kara apretaba su frente adolorida mientras escuchaba a las dos mujeres a su lado discutir como si ella no estuviera presente. El hombre que las acompañaba, se había acercado a su lado con cautela diciendo ser su amigo, y que solo quería ayudarla. La rubia dio un brinco de la camilla cual resorte y corrió a ocultarse detrás de Lena en cuanto los ojos de aquel hombre se tornaron rojos. Tenía la respiración agitada como si acabase de correr una maratón, los ojos empañados con las lágrimas que apretaban fuerte desde adentro tratando de abrirse paso, y una expresión temerosa que no hizo más que confirmar las dudas de todos. Kara había perdido la memoria, no sabían cómo ni porque, la heroína ya se había enfrentado a lesiones incluso más severas, pero siempre logró regresar intacta, pero por algún motivo, esta vez la mujer de acero, había terminado siendo tan vulnerable como cualquiera.
En ese momento, con las manos de la rubia en su espalada, Lena recordó la herida que había visto en su nuca la primera vez que la examino hacía cuatro días, y que no había podido descifrar que era. Camino de regreso a la camilla, con la kriptoniana adherida a ella como si fuese su sombra, y entre las mantas encontró un pequeño dispositivo no más grande un fusible. Lo examino con cuidado sin tener la menor idea de lo que era, pero estaba casi segura que esa cosa había estado dentro de Kara, y que tenía algo que ver con su amnesia.
-Kara, necesito ver una cosa- exclamo la morena girando sobre sí misma para quedar con su rostro casi pegado a la otra mujer que temblaba aterrada, -tranquila, no te haré daño- le susurro dejando una caricia en su brazo para relajar a la rubia. Esta asintió con la cabeza y no opuso resistencia cuando Lena la rodo sobre si misma para luego levantar su cabello alborotado con una de sus manos, produciéndole canos fríos a medida que sus delgados dedos recorrían la piel de su cuello. Y ahí estaba, casi como la confirmación de su sospecha, un punto rojo de medio centímetro dibujado en el nacimiento de su espina. Dejo caer los risos dorados otra vez sobre la espalda de Kara, y se dirigió a Alex y J'onn que las observaban confundidos como pocas veces. –No tengo idea de que sea esto - dijo la morena extendiéndole el dispositivo a la castaña mientras arrugaba la frente con preocupación. –Pero estaba en su cuello, y apostaría mi vida a que es la respuesta de lo que sucede con ella.
-Debemos llevarla a la DEO, hacerle más estudios, averiguar que es esta cosa y porque querían borrar la memoria de mi hermana- bufó la agente llevando las manos a su cintura y dejando escapar un resoplido de molestia.
-Alex no creo que sea buena idea, no por ahora al menos- acoto el marciano acercándose a las dos mujeres.
-¿Por qué no?-
-Solo mírala, no nos conoce, esta aterrada de solo vernos, ¿Cómo crees que se pondrá si la llevamos a una instalación militar?. Quizás no recuerde quien es, pero sigue siendo de Kripton, si se asusta demasiado y pierde el control, podría ser un desastre. Creo que lo mejor es que por ahora se quede en un lugar donde se sienta segura.-
-¿Donde propones?- le recrimino la agente molesta a punto de comenzar a gritar.
-Podemos llevarla a su departamento, cuando vea sus cosas tal vez comience a recordar- sugirió la morena que había permanecido callada y pensativa algunos minutos. Alex y J'onn asintieron casi de inmediato, y Lena se volvió para hablar con la rubia. –Kara te vamos a llevar a tu casa de acuerdo, allí te sentirás más cómoda.-
-Solo si tu vienes conmigo Lena, sino prefiero quedarme aquí- contesto con algo de timidez sin apartar los ojos de la morena que no podía entender este repentino apego de la kriptoniana para con ella.
-¿Por qué te recuerda y no a nosotros?- cuestiono Alex viendo como su hermana se apresuraba a tomar la mano de la morena caminando detrás de ella como un niño pequeño aferrado a su madre mientras salían del laboratorio.
-No tengo idea, pero no estoy segura de que me recuerde- reflexiono pensando en los últimos meses vividos, mientras subían al ascensor para salir a las cocheras, -me parece que es solo un reflejo, me escucho mucho hablar mientras estaba inconsciente, quizás por eso se sienta más segura conmigo-
-Pues si es así tú tendrás que ayudarnos- le advirtió la agente dirigiéndole una mirada profunda, casi como si estuviera probando su lealtad.-No sabemos cuánto tiempo va a estar así, y si no me deja acercarme, o a J'onn, tendrás que ser tu quien la cuide. No puede quedarse sola en ningún momento. Quien haya hecho esto no dudara en volver a verificar que ha tenido éxito, y si es así, correrá un gran peligro y no puedo permitirlo.
-Si fuese el caso, no sé cómo podría yo servirle de protección- exclamo recordándole a la castaña que ella simplemente era una humana, más brillante que la enorme mayoría era verdad, pero una humana a fin y cabo.
-Vamos Lena, tu y yo sabemos perfectamente que eres capaz de cuidarte sola, y que le has salvado la vida más de una vez. Además, si mal no recuerdo, tienes kriptonita para controlarla de ser necesario.-
-Me deshice de eso y lo sabes- le recrimino la CEO con molestia mientras Kara las observaba discutir atentamente sin abandonar su agarre.
-Damas, quizás deberían dejar este intercambio para un momento a solas- sugirió J'onn sintiendo como la kriptoniana se tensaba al escucharlas elevar la voz.
Ambas mujeres asintieron y siguieron el resto del viaje hasta el departamento de la rubia en completo silencio. En cuanto arribaron al piso, Kara avanzo con sigilo al interior de su hogar, inspeccionando con cuidado cada rincón mientras el resto la observaban atentos desde el portal sin atreverse a intervenir.
Kara era un lienzo en blanco, cada movimiento parecía ser recién descubierto, cada aroma, cada sensación al tacto, era como descubrir un mundo nuevo, y de hecho, así era. La kriptoniana estaba allí, en el lugar que decían era su casa, pero no podía recordar nada por mucho que lo intentara. Sin embargo, las cosas si se sentían familiares, los libros en sus estantes, la ropa en el perchero, las fotografías que corroboraban que era su hogar, y que esas personas si eran su familia.
-¿Recuerdas algo Kara?- cuestiono la morena después de un rato de observarla interactuar con el entorno.
La rubia negó con la cabeza y se sentó en el sofá aferrada a su cuerpo con las lágrimas comenzando a recorrerle las mejillas. Sentía que se ahogaba en cada intento por llenar sus pulmones, el cuerpo comenzó a temblarle mientras se mecía al compas de sus latidos descontrolados. Los ojos se le cargaron de un rojo intenso que ardía y quemaba desde adentro, y cuando ya sintió que no podía contenerlo, dejo escapar un grito agudo que acabo con un rayo de luz intensa destrozando en dos su mesa de café. El pánico se hizo más grande, Lena trato de acercarse pero J'onn la detuvo en un intento por protegerla. Alex, que había permanecido estática junto a la puerta, se agacho buscando los ojos de la kriptoniana en un gesto cauto por lograr una conexión. Pero en cuanto la rubia levanto su mirada cubierta de terror, los ojos se le apagaron y cayó desmayada al tiempo que su hermana se precipitaba para sujetarla antes que su cuerpo inerte colisionara contra el suelo.
Para cuando la rubia despertó, el ruido que la invadía se había esfumado, las voces que antes provenían de todos lados parecían estar dormidas, sentía el cuerpo más pesado que antes de sucumbir, como si llevase puesto un chaleco de plomo, o como si la gravedad hubiese aumentado de repente. La vista le dolía, pero la molestia que antes apretaba su pecho se desvaneció dando lugar a una extraña sensación de paz, un calor dulce y abrazador que recorría su brazo y se apretaba a su mano a través de unos delgados dedos que parecían aferrarla a esta extraña realidad.
-Ey, ¿cómo te sientes?- pregunto la morena con esa sonrisa generosa aunque preocupada sin soltar su mano del agarre que mantenía. Kara correspondió al gesto envolviendo sus dedos con necesidad, sintiendo que nada malo podía pasar mientras esa mujer la observara de esa forma. –Estoy bien, adolorida y pesada, pero bien.- Susurro devolviéndole una sonrisa a la morena en un gesto que se sintió familiar. -¿Qué fue lo que me paso?, recuerdo esa luz salir de mis ojos. ¿Estoy enferma?, ocurre algo muy malo conmigo, ¿verdad?.
-No Kara, no estás enferma y no ocurre nada malo contigo, es solo que eres diferente a nosotros, pero eso no es malo. Tienes poderes extraordinarios que usas para ayudar a la gente, es solo que ahora estas un poco perturbada porque no puedes recordarlo, pero te prometo que haremos todo lo que sea necesario para que estés a salvo y restablecer tu memoria.- Respondió de inmediato la CEO dejando leves carias en la palma de la rubia tratando de tranquilizarla.
-Pero podría haberles hecho daño, que impide que eso no vuelva a pasar, y en lugar de una mesa sea alguna persona- dijo volviendo a ponerse nerviosa con lo humedad apretando sus ojos una vez mas, hasta que la morena tomo su otra mano y la levanto mostrándole un brazalete verde que brillaba con intensidad alrededor de su muñeca.
-¿Ves esto?, es un inhibidor, sirve para apagar tus poderes hasta que encontremos la forma de restablecer tus recuerdos, mientras tanto deberás usarlo, por tu seguridad y la nuestra.-
-Pero Alex dijo que alguien quería hacerme daño, como podre defenderme, o a ti, si no puedo usar mis poderes y no recuerdo cómo funcionan.- Exclamo reflexionando mientras se incorporaba sobre sus brazos, levantando todo el peso de su cuerpo para quedar sentada frente a la mujer que la observaba atenta.
-Se que ahora todo suena demasiado confuso y que debes tener mil preguntas, pero solo te pido que confíes en mi cuando te digo que nadie te hará daño ¿de acuerdo?, yo te protegeré, al igual que J'onn y Alex.- La rubia asintió con pesar mientras dejaba escapar el aire y se recargaba sobre los almohadones en su espalda. Lena apretó su mano con ternura y le ofreció algo de comer, ninguna de las dos había probado nada en todo el día, y por lo menos a ella comenzaba a hacerle mella la falta de alimentos. La agente y el marciano se habían marchado a la DEO para investigar cómo funcionaba el dispositivo que rescataron del cuerpo de Kara, mientras la morena había quedado a su cuidado argumentando que al parecer, la rubia solo confiaba en ella, y lo mejor era que viera una cara que la tranquilizara cuando abriera los ojos.
En cuanto las tres cajas de pizza estuvieron abiertas sobre la encimera de la cocina, ambas mujeres se sentaron a recuperar sus fuerzas. Era demasiado tarde para un almuerzo, pero aún temprano para la cena, sin embargo, esa mezcla de harinas y queso era justo lo que ambas necesitaban. El silencio las envolvió mientras comían, un silencio de complicidad, un silencio cómodo, como los que solían tener antes de que Lena dejara de confiar en la kriptoniana, antes de que descubriera que aquella nunca había confiado en ella en realidad.
Al cabo de largos minutos, terminaron las dos sentadas en el sofá mientras Lena hurgaba en la computadora de Kara, buscando algo que la ayudara a entender que sucedia con aquel dispositivo y como había sido capaz de borrar la memoria de la rubia como si se tratara de un disco rígido. La kriptoniana por su parte, volvió a su labor de tratar de recordar quién era, revisando en todos los cajones que pudo encontrar, inspeccionando fotos con detenimiento y sintiendo un cosquilleo en todo su cuerpo cada vez que encontraba una imagen de la morena a su lado sonriéndole con cariño. Era evidente la cercanía entre ellas, tanto que Kara sentía calidez de solo pensar en ella. Sensación que se hizo más profunda en cuanto halló una pequeña caja de madera, con lo que parecían ser recuerdos valiosos de su vida antes del incidente que la había dejado como una hoja en blanco. Muchas imágenes comenzaron a volver vagamente a su memoria, Lena le sonreía a la cámara mientras la abrazaba por la cintura junto a otra mujer morena. Ellas dos junto a Alex en ese mismo sillón, ella y J'onn con gorras de lo que dedujo sería alguna institución deportiva, la agente y una mujer rubia algo mayor que la hizo sentir en casa, su madre, Eliza. Si, recordaba a Eliza y su pastel de chocolate, el mejor del universo, no recordaba cómo lo sabía, pero lo sabía.
Dejo la fotografías a un costado, y tomo las tarjetas y notas que descansaban en el fondo de la caja junto a una margarita blanca aplastada dentro de un estuche transparente, una envoltura en papel dorado muy pequeña de lo que dedujo habría sido un obsequio, el sello de una tapa de champagne, un reloj con un S grabada sobre lo que parecía ser un interruptor, y un pequeño ratón de felpa con una llave colgada al otro extremo. No sabía de dónde habían salido todas esas cosas, pero sentía que eran parte fundamental de quien era. En su mano descansaba la tarjeta de Lena con otro número escrito al dorso en una bella y delicada caligrafía, en otra, esa misma letra dejaba una memoria que no tardo en recuperar. "Mi escritorio está lleno de flores" se escuchó diciendo mientras la morena la observaba alegre en su oficina, con esa sonrisa coqueta y contagiosa que ahora si podía recordar.
Una nota de papel enroscada en un tirabuzón rezaba "Se agotaran las flores si sigues haciendo estas cosas por mí. L.". Comenzó a pasarlas, una tras otra leyendo las breves inscripciones en las tarjetas que tan celosamente había guardado, como si supiera que las necesitaría alguna vez.
"Gracias por acompañarme a la corte, no podría haberlo hecho sin ti. L."
"Es mi libro favorito, espero lo encuentres igual de atractivo. L."
"Creo que son tus chocolates predilectos. Algún día tendrás que explicarme cómo hacer para comer tanto y verte tan genial. L."
"Tenías razón, era justo lo que necesitaba. Gracias de nuevo. L"
"Por primera vez en mi vida no odie la Navidad y te lo debo a ti, nunca podre agradecértelo lo suficiente. L"
Kara sonrió complacida por las cosas que acababa de descubrir, y aunque le daba tristeza no recordar todo eso, se sentía afortunada de tener a una persona que la quisiera de esa forma. No necesitaba ser una genio, o alguna clase de adivina para darse cuenta que entre esa mujer, que ahora estaba tan enfrascada leyendo archivos que francamente dudaba que hayan estado antes en su computadora, pasaba algo mucho más grande que una simple amistad. No pudo evitar sentir la calidez que desprendía cada roce de sus manos, la tranquilidad que la invadía al escuchar su voz, el alboroto en su estomago cuando esa mágica sonrisa perlada la buscaba, honesta, transparente y llena de candor.
Elevo la mirada de la caja que apretaba entre sus dedos, solo para corroborar que la morena seguía allí a su lado, una pregunta se le dibujaba en el rostro, recorriéndole las entrañas como si de esa respuesta dependiera su vida. Lena no tardo en notar aquellos ojos azules penetrarla hasta lo más profundo de su ser y se sintió incomoda por primera vez desde que estaba junto a aquella mujer. Kara la observaba atenta, como tratando de grabar en su memoria cada gesto, cada curva, cada matiz del verde esmeralda de sus ojos. Sonrió nerviosa, con las palabras recorriendo sus labios sin atreverse a dejarlas salir, pero necesitaba aclarar esa duda, o más bien, confirmar lo que su estomago le sugería casi desde el instante en que la había escuchado susurrarle ese "yo te necesito" mientras aún seguía inconsciente.
-¿Ocurre algo?- cuestiono la morena removiéndose en su lugar mientras notaba que a la rubia se le teñían las mejillas de un rosado intenso y mordía su labio inferior en una mueca graciosa y adorable a la vez.
-No- se apresuro a contestar como un acto reflejo, pero volvió a golpearla la necesidad. –Bueno en realidad si, ¿puedo hacerte una pregunta?-
-Las que necesites si eso te ayuda a recordar- contesto la morena con franqueza al tiempo que regresaba la vista al monitor frente a ella.
-¿Hace mucho que pasa esto?- susurro, casi como si dejara que las palabras fueran arrastradas por el viendo al tiempo que señalaba el espacio entre ellas.
-¿Esto qué Kara?- cuestiono confundida restándole importancia, esperando que las dudas de la kriptoniana fueran en torno a su estado de amnesia.
-A esto que pasa entre nosotras, es decir, ¿desde cuándo tú y yo estamos enamoradas?
