Decir algo, solo tenía que decir algo. Algo como "no estamos enamoradas", o mejor aún, "ni siquiera somos amigas". En su lugar, Lena Luthor, conocida por su seguridad a la hora de hablar y ejecutar planes que a cualquiera le volarían la cabeza, una mujer inteligente, locuaz e intrépida, no pudo más que tragar saliva en seco al tiempo que su corazón se saltaba un latido. Los ojos azules llenos de inocencia de la rubia a su lado, la recorrían sin mesura como si acabase de descubrir el más jugoso de los secretos, deteniéndose sin remedio en su boca al tiempo que se mordía el labio inferior como si estuviese a punto de lanzarse sobre ella y apresarla bajo un beso. Tenía que decirle algo con suma urgencia porque no paraba de acercarse sigilosa como una gacela, y comenzaba a ponerla más nerviosa de lo que se había sentido jamás. En cambio solo dio un respingo notando como el hielo de la duda y la inseguridad le recorrían la espalda dejándola congelada, y solo atino a decir -¿De dónde sacaste algo así?- como si las palabras de la kriptoniana fueran totalmente descabelladas, como si no existiese posibilidad alguna que entre ellas hubiese ocurrido jamás algo más que una amistad, ahora rota sin remedio.

-Simplemente es obvio Lena, no te recuerdo, ni a nadie, solo tengo imágenes sueltas que van volviendo sin conexión alguna. Pero las mariposas en mi estomago cada vez que te miro hablan por sí mismas, y a juzgar por todas las cosas que hay aquí, tú sientes lo mismo por mí. Así que solo quiero saber cómo funciona nuestra relación. – Exclamo la rubia restándole importancia al asunto como si se tratase de algo normal, mientras Lena pensaba que obviamente no tenía idea de lo que era normal o no, y la chica no tenía la culpa.

-Lo de las mariposas debe ser hambre- sonrió de manera forzada mientras se ponía de pie y caminaba hasta la cocina levantando el tubo del teléfono para encargar mas comida. –El metabolismo de los kriptonianos es mucho más acelerado que el nuestro, siempre has comido muchísimo, debí pensar en eso, tres pizzas no era suficiente. – Enuncio desviando la atención del punto en cuestión y llevándola a un terreno menos engorroso.

-¿Qué es un kriptoniano?- cuestiono la rubia siguiéndola con la mirada al tiempo que arrugaba la frente curiosa.

-Es tu especie, es un tipo de alienígena del planeta Kripton, de donde tú vienes-

-¿Soy alienígena?- dijo articulando una sonrisa extraña que Lena no logro descifrar, algo así como orgullo, o satisfacción mezclado con algún tipo de morbo que obviamente le resultaba divertido. -¿No debería ser verde?-

-Eso de los alienígenas verdes es solo un estereotipo, te aseguro que la mayoría de ellos no solo no son verdes, sino que como tú, son en aspecto idénticos a nosotros.- Si eso era lo más sensato, llevar la conversación a un lugar en donde se sintiera cómoda y superior, una zona en donde ella tenía las respuestas correctas y no había cuestionamientos extraños.

-Entonces si Alex también es como yo, ¿porque tiene miedo de que me hagan daño?, ¿no debería temer por ambas?-

-Alex no es tu hermana biológica, a ti te adopto su familia, los Danvers, cuando llegaste a la tierra teniendo trece años. Ella es humana, igual que yo.-

-¿Y qué paso con mi verdadera familia?- pregunto esta vez abandonando su gesto divertido para escuchar una respuesta que temía no iba a ser agradable.

-Hasta donde sé, murieron cuando tu planeta se colapso- respondió tanteando el terreno, pensando que quizás le estaría dando una muy mala noticia a pesar de que la chica no recordaba nada. Se quedaron en silencio varios minutos, esos silencios dolorosos que llevan consigo verdades muy pesadas. Kara estaba estática con la mirada perdida en el suelo al tiempo que sostenía aún entre sus manos la caja de madera que contenía sus únicos recuerdos felices, como si quisiera aferrarse a ellos como a una balsa en medio del océano. Lena aguardo dubitativa al otro extremo de la cocina, hasta que una lagrima en los ojos azules de la chica, le anunciaron que no era momento de mostrarse insensible. Se acerco a ella y la estrecho en un abrazo sentido mientras la rubia descansaba la cabeza en su hombro mojando la tela bajo su mejilla. –Ha pasado mucho tiempo, quince años si no me equivoco, se que descubrirlo es casi como volver a vivirlo, pero también sé que no importa cuánto tiempo pase, nunca se supera del todo- Lena acaricio su espalda con ternura tratando de aliviarla, con el recuerdo de la muerte de su madre aún intacto. Las cosas hubiesen sido tan diferentes si ella nunca se hubiera marchado, pero lo había hecho, la había dejado sola con solo cuatro años, y todo lo que llegó después de eso no fue más que dolor y soledad. Sabía perfectamente cómo se sentía Kara en ese momento, porque era como se había sentido ella misma durante prácticamente toda su vida.

Se quedaron allí, refugiadas en un abrazo silencioso por más tiempo del que tuvieron noción. Las lágrimas calladas fueron poco a poco dando lugar a una extraña sensación de confort, y ninguna de las dos se sentía capaz de apartarse de donde estaba. Había algo nuevo en el ambiente, algo que Lena nunca había sentido cuando estaba junto a la kriptoniana, una cercanía que superaba incluso a la que supieron tener alguna vez. Era algo mas intimo aún, algo más intenso, más físico se podría decir. Alguna especie de necesidad mutua muy difícil de explicar.

Finalmente, incapaz de ponerle nombre a lo que estaba ocurriendo tan extrañamente, la morena acabo por abandonar el abrazo que sostenía con Kara, y volvió lentamente a ocupar una postura erguida y un poco más controlada. La rubia regreso a su sonrisa cuando elevo la mirada para toparse otra vez con esos ojos verde esmeralda, y el estomago le cosquilleo una vez más. No importaba de qué planeta viniera, o qué clase de cosa rara era ella, si estaba segura de una cosa, eso que le pasaba no era hambre.

-Esto ha sido agradable, pero no puedo ignorar que no has respondido a mi pregunta- afirmo recuperando ese jugueteo que no sabía de dónde había salido, pero que llevaba a flor de piel.

-Es verdad- afirmo dándose por descubierta en su intento de huir del tema. –Kara, ¿Por qué crees que pasa algo así ente tu y yo?- pregunto tratando de darle la vuelta al asunto para dejar de sentirse tan vulnerable y quizás engancharse a la línea de pensamiento de la rubia para desmentir su afirmación desde otro lado. Pero lejos de inmutarse, Kara le extendió la caja sin dejar de mostrar sus dientes satisfecha de todo lo que sabía que se encontraba dentro de ella.

Lena la abrió dubitativa, por alguna razón se sentía que invadía la privacidad de la kriptoniana, no de esta chica dulce y algo coqueta que le sonreía, sino de la otra, de la que supo conocer y llamar su mejor amiga antes de descubrir que no lo era. Sin embargo, la curiosidad era más grande que cualquier sentido de moralidad que estuviera invadiéndola en ese momento. Releyó alguna de las notas, aunque no lo necesitaba, recordaba cada una de ellas como si las hubiese escrito esa mañana. No podía creer que Kara las hubiera guardado a todas, que conservara todos esos recuerdos casi insignificantes que nadie conservaría solo porque si.

-¿Me cuentas sus historias?- pregunto la rubia un poco dubitativa incitándola con cada uno de sus sentidos al verla tan nostálgica perdida entre esas cosas.

-¿Qué quieres saber?- contesto limpiando una lagrima que se escapo sin permiso por su mejilla.

-La flor por ejemplo, ¿de qué es?-

-Era primavera,- comenzó a contar la morena urgando en su memoria - habíamos decidido tomarnos la tarde del domingo para descansar en el parque. Llevaba un tiempo pasándola fatal por causa del trabajo, y prácticamente me arrastraste hasta un carro de helados, nos sentamos luego en el césped y había un pequeño montículo cerca lleno de flores de todo tipo, y como a un metro se alzaba una margarita solitaria, perdida entre la hierba. Yo la corte, y te dije que así me sentía, como la flor más fea y solitaria del jardín escondida entre la maleza. Me la quitaste y comentaste casi al pasar que las margaritas eran tus flores favoritas. Pensé que la habías tirado después. – Kara se la quedo mirando, sumergida en sus recuerdos y sintió envidia, ella también quería atesorar todo aquello, tenía la impresión de que eran la clase de cosas que mantenían cuerda a una persona. –Esta tarjeta, "Tenías razón, era justo lo que necesitaba. Gracias de nuevo. L", iba con varias docenas de margaritas que te envié al otro día por haberme distraído de la locura que era mi vida.-

-¿Y esto?- pregunto levantando el papel dorado de envolver.

Lena dejo escapar un suspiro apesadumbrado y le saco el papel de las manos haciendo una mueca con su boca. –En esa época tú salías con un chico llamado Monel que tuvo que marcharse repentinamente para salvar su vida, y tú le obsequiaste un collar que tu madre te había regalado antes de morir, para que nunca se olvidara de ti. Pasaste meses luego de eso buscando ese colgante en tu cuello cada vez que te invadía un recuerdo, y no soportaba que no lo tuvieras, así que te mande a hacer esto- Lena rompió la distancia que antes había puesto entre ellas para meter su mano ligeramente bajo la camiseta de Kara a la altura de su garganta, y retirar un colgante de plata y oro con una frase gravada al dorso.

-No entiendo, ¿Qué idioma es este?- cuestiono recorriendo las letras con la yema de sus dedos mientras admiraba la delicada pieza de joyería.

-Es latín, significa "contigo en la distancia", me habías estado apartando mucho durante ese tiempo porque estabas muy triste, y solo quería que supieras que aunque no me dejaras acercarme para ayudarte, yo seguía estando allí para ti.- Lena no se paró a esperar que Kara siguiera haciéndole preguntas, pues la conocía lo suficiente como para saber que no se quedaría tranquila hasta que le aclarara todas las dudas. Así que antes de que pudiera seguir con su interrogatorio, metió la mano en la caja y saco la tapa del Champagne. – Esto es de cuando compre Catco, fuimos a festejar después del trabajo solas tú y yo. Alardeaste de que las burbujas no tenían efecto en ti, y te aposte a que te emborracharías antes que yo. De haber sabido que eras kriptoniana no habría dicho una palabra al respecto.- Bufo con un dejo de molestia en sus ojos y continuo con su relato. - En fin, al finalizar la noche estaba tan ebria que tuviste que cargarme hasta tu casa porque apenas si podía mantenerme en pie. No tenía idea de que hubieras guardado el sello de la primera botella que bebimos.-

Kara se echo a reír de manera estruendosa y la morena le arrojo una mirada asesina, sintiendo su orgullo ser pisoteado una vez más como aquel día que se había embriagado tan ridículamente. No obstante, la rubia no pudo evitar levantar la frase de que "si hubiera sabido que eras kriptoniana", al parecer, Lena no siempre había sido consciente de su identidad, y eso la hizo pensar que quizás era un secreto bien custodiado si no le había dicho a la mujer que amaba quien era en realidad.

-¿Qué hay de esto?- la rubia levanto el ratón de felpa con la llave al otro extremo balanceándolo delante de las narices de la morena, como retándola a seguir hablando.

-Eso es de una feria, insististe por días para que fuera contigo aunque sabes que detesto los lugares tan concurridos. En uno de los puestos había una serie de acertijos que debían resolver para escoger un premio, y me retaste a hacerlo solo para que ganara ese estúpido ratón para ti.

-¿Por qué quería un llavero de un ratón?- pregunto confundida observando al pequeño animal peludo con grandes orejas en color rojo y una especie de sonrisa macabra.

-Dijiste que te recordaba a una mascota de tu infancia, pero estabas tan entretenida revoloteando entre los puestos como un niño que no quise indagar mas.- Lena sonrió con genuina diversión al recordar ese momento. Kara era una persona tan poco usual, a pesar de su instinto protector y ese caparazón de acero que la hacían prácticamente indestructibles. Tenía guardada aún a una niña inocente y dulce con esperanza en cada una de las personas aunque estas demostraran lo contrario. Era su pequeño faro de luz en la oscuridad, aun estando peleadas, nunca había dejado de serlo.

-¿Qué abre la llave?-

-Es de mi departamento, esa noche nos largamos de la feria cuando una tormenta nos alcanzó, me empape de pies a cabeza, estuvimos al menos media hora paradas bajo la lluvia sin conseguir un taxi y me enferme. Sentías tanta culpa que insististe en quedarte cuidándome durante todos los días que estuve volando de fiebre, y como eres lo suficientemente testaruda, no tuve más opción que darte una copia de la llave de mi casa para que pudieras entrar y salir a tu antojo. Luego quisiste devolvérmela, me lo pensé mejor, e insistí en que la conservaras por cualquier eventualidad. Había olvidado que aún la tenías. –

-¿Y el reloj?-

-Deberíamos dejarlo por hoy Kara- se removió incomoda en su lugar volviendo a meter todas las cosas en la caja y cambiando de expresión en un parpadeo, como si de golpe le hubieran arrojado un balde de agua helada sobre los hombros.

-Pero quiero saber, ¿Cuál es el problema con el reloj?- cuestiono la rubia saliendo detrás de la morena que ya se había abierto camino hasta el baño para encerrarse en solitario mientras una serie de sentimientos encontrados comenzaron a invadirla de repente. -¿Lena?- llamo desde la puerta mientras se recargaba en la pared totalmente desconcertada. -Lena abre, solo quiero saber cuál es la historia del reloj- insistió con inocencia sin saber si había dicho algo malo, o el reloj en cuestión, realmente guardaba un recuerdo demasiado doloroso.

-Déjalo ya Kara- farfullo molesta abriendo la puerta con los ojos llorosos y regresando al sofá para seguir con la investigación que estaba realizando antes que la rubia la interrumpiera con su marejada de preguntas.

-Pero es obvio que esto te molesta demasiado, y quiero saber que sucede. Si hice algo malo quiero la oportunidad de enmendarlo- trato de explicarse casi como un suplica sintiendo que estaba siendo castigada por algo que no había hecho.

-¡Es solo un estúpido reloj Kara, olvídalo ya!- Lena dejo escapar esas palabras en un grito impotente al tiempo que la humedad volvía a apoderarse de sus ojos. La rubia retrocedió un par de pasos, consternada por la actitud de la mujer frente a ella, pero en cuanto supero esa primera reacción, se volvió hacia ella para sentarse a su lado y atraerla en un abrazo al que la morena se resistió en principio, solo para dejarse caer luego en un llanto incesante y desgarrador.

-¿Por qué es tan importante el reloj?- insistió después de unos minutos sin permitirle que se aparte de su lado, reteniéndola en ese agarre que todo su cuerpo insistía en que la morena necesitaba. Pudo sentir en ese momento como la resistencia de la otra mujer se rompía bajo sus manos, dejándose sostener por ese calor que el cuerpo de Kara desprendía tan deliciosamente.

-No es por el reloj en sí- susurro casi en su oído dejando escapar un suspiro con pesadumbre. –Yo te confié mas que mi vida Kara, te confié cada uno de mis secretos, cada una de mis verdades, y tú jamás me dijiste quien eras en realidad. En tres años no pudiste encontrar un motivo para mirarme a los ojos y decirme que eras Supergirl- el mentón comenzó a temblarle mientras la rubia no dejaba de mirarla atenta con todos sus sentidos gritándoles que la abrazara otra vez. –Descubrí quien eras por mis propios medios, Supergirl me había dado ese reloj para que la contacte si la necesitaba. Imagina mi sorpresa y mi dolor cuando descubrí que ella y Kara Danvers eran la misma persona. Fui a enfrentarte ese mismo día, y te regrese el reloj. Apenas si hemos hablado desde entonces.- Bufó poniéndose de pie con expresión seria al tiempo que recorría su frente arrugada con los dedos, presionando y masajeando la zona tratando de aliviar el dolor que comenzaba a sentir en su cabeza. –Tú y yo no estamos enamoradas Kara- mascullo al cabo de unos segundos que parecieron eternos, -ni siquiera somos amigas-.

Las palabras de Lena se le clavaron en el pecho como una daga muy afilada, no recordaba lo sucedido, pero le había causado a la mujer que le generaba mariposas en el estomago, un dolor que no sabía si podía remediar algún día. ¿Cómo había sido capaz de ocultarle semejante secreto durante tanto tiempo a una persona que la hacía sentir de esa forma?. Y por primera vez desde que había abierto los ojos, no quiso recordar quién era, ni lo que era, mucho menos lo que había hecho para causar ese llanto desmesurado en una persona que se había mostrado tan compungida con su situación, incluso desde antes que abriera los ojos. Entonces lo entendió, si Lena sentía tanto dolor, era porque en el fondo también sentía lo mismo que ella, incluso si no era consciente de eso.

La mujer frente a ella, que ahora se mostraba frágil y rota al tiempo que apretaba la encimera bajo sus manos, era en definitiva la persona más importante de su vida, aunque no recordaba al resto de las personas en ella, estaba segura que así era. Se puso de pie y camino hasta ella para atraparla una vez más entre sus brazos, esta vez, lejos de apartarse con brusquedad y dolor, Lena simplemente se dejo arropar por la kriptoniana, perdiendo sus sentidos bajo ese aroma a vainilla que su piel desprendía. Apretó los ojos fingiendo por un momento que nada de eso había pasado, que Kara no había perdido la memoria, y que nunca le había mentido, para cuando decidió volver a abrirlos, el rostro de la rubia estaba tan cerca del suyo que podía sentir su aliento envolverla por completo. El anhelo se instalo de inmediato en los ojos azules de la kriptoniana que respiraba pausado al tiempo que una mano fue a parar a su mejilla, atrapando con sus delgados dedos un mechón de cabello para ponerlo tras su oreja.

El contacto le erizó la piel al tiempo que todo su cuerpo se tensaba y el corazón le galopaba con fuerza en el pecho como un caballo de carrera. Duro un instante que Kara hubiese querido congelar eternamente, sus labios se rosaron en un beso casto, dudoso pero plagado de necesidad. La puerta principal se abrió despreocupadamente al tiempo que unos pasos se acercaban lentamente hasta donde ellas se encontraban. Lena la aparto casi con brusquedad y Kara no pudo evitar notar el temor instalarse en su mirada. Frente a ellas, Alex enarcaba una ceja en una mezcla entre preocupación, curiosidad y en el fondo, algo de diversión.

-¿Interrumpo algo?- exclamo casi con gracia abriéndose paso entre el mobiliario al tiempo que dejaba caer una bolsa sobre la mesa frente al sofá, y pensando que era el colmo que tuviera que pasar todo ese circo para que aquellas dos enterraran el hacha de guerra y avanzaran de una vez.