Un crujido en la oscuridad la sacó de un agradable sueño, se removió con velocidad sobre su cama buscando en la penumbra el origen de aquel ruido, pero rápidamente se dio cuenta que no provenía de adentro de su departamento, venía de la calle, quizás demasiado lejos de donde ella se encontraba. Dejó escapar un suspiro con pesadumbre, al parecer sus poderes no dormían nunca, no era la primera vez que despertaba en la noche asustada por algún ruido extraño. No tardo en preguntarse como hacía antes del accidente que provocó su pérdida de memoria para dormir como una persona normal. Sin embargo, la respuesta era por demás obvia, ella no era una persona normal, y quizás nunca pudo dormir una noche de corrido desde que puso un pie en ese planeta.

Extendió su mano sobre la mesa de noche y tomo el móvil para chequear la hora, cuatro quince Am rezaba el brillante aparato sobre el fondo que le devolvía la imagen de ella y Lena, una fotografía que no recordaba, pero que la hacía sentirse más tranquila cuando las cosas comenzaban a abrumarla. No había sido una semana sencilla, con la horda de alienígenas atacando una vez más Ciudad Nacional, y dejando a la DEO hecha un desastre prácticamente en ruinas, algo que sin duda haría que se retrasara aún más el retorno de su memoria. Aún tenía destellos del pasado, pero eran casi irrelevantes cuando pensaba en las cosas de verdad importantes. Kal le había estado contado las pocas cosas que sabía de Kripton y de Alura y Zor-El, sus padres biológicos. Alex se esforzaba aún mas haciendo de cuenta que las cosas eran normales, poniéndola de forma permanente contra esa delgada línea de su memoria tratando de forzarla a recordar cosas. La mayoría de las veces sin embargo, no hacía más que resoplar con frustración para luego marcharse furiosa consigo misma. Sugirió en más de una ocasión que llamaran a Eliza, argumentando que quizás al verla su memoria mejoraría, pero no tenía caso poner a su madre adoptiva en peligro sin la certeza de que su presencia mejoraría en algo la situación.

La parte más frustrante de todo aquel panorama, era que en los últimos cinco días, no había tenido un solo instante a solas con Lena, y su charla reconfortante le hacía mucha falta. La morena era la única que no la trataba como si estuviera rota, cuando le explicaba algún acontecimiento del pasado, lo hacía con una calidez que la hacía sentir bien. La difícil situación de Kara no parecía molestarla, o frustrarla en absoluto, muy por el contrario, parecía tomarse todo aquello como algo natural, un rompecabezas intrigante y casi divertido que la tenían en vilo por averiguar un pomo mas.

Paso una hora dando vueltas en la cama, estaba claro que no iba a volver a dormir. ¿Qué se suponía que iba a hacer un sábado a las cinco de la mañana? Si al menos tuviese que ir a Catco, podría comenzar a prepararse para ello, pero era día no laborable, y a menos que un incidente cayera a sus pies alterando la quietud de esa madrugada, no tenía absolutamente nada por hacer.

Se puso de pie contorsionando sus músculos, provocando un crujir en el cuello y a lo largo de toda su espalda. No tenía idea de lo que su yo previo hacía cuando la azotaba el insomnio, pero ella había descubierto que volar siempre la relajaba y la ayudaba a poner las cosas en perspectiva. Estuvo a punto de salir por la ventana en su pijama, cuando recordó el regaño de Lena con respecto a volar siendo solo Kara Danvers. Así que se enfundó en su traje para luego, con lentitud, abrirse camino entre las nubes que amenazaban con una agradable lluvia de verano. Amaba volar bajo un aguacero.

Apenas si era consciente de su propio cuerpo, allí arriba todo se sentía tan inmenso y tranquilo, que casi parecía que su mente volaba sola, alejada de su cuerpo terrenal. Estaba tan relajada en sentir el golpeteo de las primeras gotas sobre su rostro, cuando se encontró volando en las inmediaciones de L-Corp. ¿Qué estaría haciendo Lena? Se pregunto de inmediato viendo a través de los ventanales que mostraban la pulcra oficina en penumbras. Dio media vuelta, y cambio de rumbo, ahora consiente de a donde se estaba dirigiendo. Se había prometido a si misma que no iba a acosar a la CEO, pero un pequeño vistazo a la distancia solo para comprobar que estaba bien no le harían daño a nadie.

Para su sorpresa, Lena no dormía. Se quedo un momento apreciándola mientras leía acostada en su enorme cama, la oscuridad de la habitación solo era cortada por la lámpara de noche sobre la lustrosa mesa de madera a un lado de la cama. El cabello le caía revuelto a ambos lados de su cara y se acomodaban sobre la suave curva de sus pechos. No sabía que la morena tenía el cabello ligeramente rizado, de seguro pasaba largos minutos a diaria alisándolo antes de dejarse ver por cualquier persona. Lucia tan tranquila y afable en la comodidad de su habitación, que un cosquilleo de añoranza le recorrió las entrañas deseando poder compartir ese momento con ella. Pero no era algo que pudiera permitirse, no después de lo que había hecho antes de perder la memoria. Quizás nunca pudiese compartir algo así con la morena, y debiera conformarse con lo que hacía en ese momento, apreciarla en silencio desde la oscuridad de una madrugada lluviosa.

Sabía que debía volver a casa, pero le resultaba imposible dejar de apreciar la imagen que tenía frente a ella. Estaba absorta en aquel cuadro cuando un relámpago le cruzo frente al rostro cortando aquel momento de contemplación. El fuerte estruendo que sucedió al rayo la llevó a tapar sus oídos con molestia, los ruidos fuertes en ella se sentían como una punzada directa en su cráneo. Estaba por dar la vuelta y regresar a su departamento, cuando sintió unos penetrantes ojos contemplarla en la distancia.

-Entre antes que te mate- exclamo la CEO sin moverse de su cama cuando el sonido la saco de su lectura, y vio como la kriptoniana se empapaba en la distancia fuera de su ventana. Kara voló hasta su balcón y se aventuro al interior del cuarto en completo silencio. Se quedo parada a un costado del enorme ventanal para evitar empapar más de la cuenta los pisos de madera pulida. –No te muevas, te traeré algo para secarte- murmuro levantándose para adentrarse en el cuarto de baño y salir luego con una toalla.

Kara tomo la tela y la paso por sobre el traje tratando de absorber el agua que goteaba por todo su cuerpo. El cabello le escurría empapado por el rostro haciendo que se le pegara a la piel bajo el peso. Trato de sonreír, buscando aliviar un poco la tensión que Lena tenía en su mirada que parecía estar regañándola una vez más.

-¿He hecho algo malo?- pregunto la rubia finalmente, notando que la otra mujer no tenía intenciones de hablarle y la fina linea de su mandíbula se apretaba bajo la tensión de sus dientes.

-¿Tú dime?- protesto cruzada de brazos al tiempo que arrugaba la frente. –Estas volando en medio de una tormenta eléctrica.

-No puedo enfermarme Lena- sonrió relajada mientras se encogía de hombros y llevaba la toalla a su cabeza.

-No claro que no, pero un rayo podría caerte y detener tu corazón- mascullo sin ocultar su molestia. El rostro de la kriptoniana palideció al escuchar esas palabras, entonces entendió la postura de la mujer frente a ella.

-No lo pensé- murmuro de forma casi inaudible mientras le regresaba el blanco trozo de tela empapado por completo. Lena lo tomo y dejo escapar un suspiro frustrado, se acerco a la rubia y la arrastro hasta el baño.

-No te marcharas hasta que la tormenta termine, y a juzgar por lo que veo va a tardar un rato, y no tiene caso que vayas goteando por toda la casa. Toma una ducha, te traeré ropa seca- salió del cuarto de baño y regreso a los minutos con un pijama de seda azul y otro par de toallas.

Al cabo de quince minutos, Kara regreso a la habitación con su expresión de cachorro regañado que tan útil le resultaba para extorsionar a las personas a su alrededor. Lena había regresado dentro de la cama, y mantenía su atención en las pulcras páginas del libro que acunaban sus manos. Levanto apenas el rostro encontrando de inmediato los ojos azules de la rubia que la contemplaban con anhelo, y una sonrisa tierna se dibujo en su boca, una sonrisa que no intento contener. Regreso la mirada al libro, al tiempo que su mano derecha se extendía sobre las sábanas abriendo el lugar vacio a su lado para darle la bienvenida a su visitante.

Kara entendió de inmediato la invitación y se arrastro bajo las mantas sintiendo la suavidad de la delicada tela, y el reconfortante colchón bajo su peso que parecía succionarla como si se hubiese recostado sobre una nube. Su cama no estaba mal, pero sin duda la de la morena era otro nivel de comodidad. Se pregunto cuánto costaría algo así, y si su salario podría cubrirlo, quizás era lo que necesitaba para dormir una noche completa. Se removió en silencio mirando a su alrededor, tratando de retener cada detalle de la habitación de Lena, aprendiendo lo que podía sobre la mujer a su lado que tanto la intrigaba. Era obvio que a la morena le gustaba la comodidad, no obstante, no ostentaba grandes lujos, si no la conociera, jamás habría supuesto que era multimillonaria. Que era una mujer que vivía bien lo habría supuesto de inmediato, pero nunca que se trataba de una de las personas más adineradas del país.

-Puedes prender la televisión si quieres- exclamo luego de un rato extendiéndole el delgado control remoto notando la ligera incomodidad de Kara.

-No gracias, me gusta el silencio y lo disfruto en las pocas ocasiones en las que puedo hacerlo.- Sonrió recargándose más sobre la pila de almohadas tras su espalda.

-Creo que tu primo construyó la fortaleza de la soledad para escapar del ruido, podrías decirle que te lleve-

-Debería, aunque no es la compañía de las personas lo que me abruma, es el ruido permanente. Quizás podría poner una cama allí y convertirlo en mi dormitorio permanente- hizo una mueca con su boca, procurando disimular lo mal que la pasaba a la hora de irse a la cama tras esa forzada y extraña sonrisa.

-¿No puedes dormir?- pregunto la morena con curiosidad bajando el libro para mirarla.

-No mucho la verdad, es fácil conciliar el sueño cuando estoy muy cansada, pero despierto varias veces en la noche y ya no puedo volver a dormir.- Confeso mientras jugueteaba con sus dedos alrededor de las costuras de la pijama. –Es por el ruido, cualquier crujido extraño, una voz más fuerte de lo usual, el frenar repentino de un auto, algo cayéndose al piso, lo que sea que sobresalga los decibeles normales de ruido me exalta. Hace tres noches una mujer tiro una sartén al suelo a veinte calles de mi casa y salte de la cama como si me estuvieran bombardeando.-

-¿Cómo sabes que era una sartén?- cuestiono algo divertida por la evidente frustración de su compañera, que aunque sabía la estaba pasando mal, no dejaba de ser adorable como se contorsionaba su rostro ante cada expresión.

-Porque obviamente tuve que ir a ver si no se trataba de una emergencia. Es que no puedo distinguir un ruido relevante de uno que no lo es, y creo que me estoy volviendo loca- protesto mientras le lanzaba una mirada desdeñosa a Lena por su evidente diversión a su costa.

-Ponte el brazalete inhibidor, y así podrás dormir- exclamo con dulzura restándole importancia a la situación.

-No puedo hacer eso, ¿y si algo sucede mientras duermo y no puedo escucharlo?, jamás podría perdonarme si algo malo pasa porque no estuve allí para evitarlo- ahora su voz sonó apagada y cargada de culpas y responsabilidades. De inmediato, la expresión de Lena cambio a una más seria abandonando el libro sobre la mesa de noche e incorporándose para girar su cuerpo y buscar el rostro de la kriptoniana.

-Kara, se que sientes que el mundo es tu responsabilidad, pero no es así. No eres la única en las calles protegiendo a las personas, debes aprender a compartir la carga con el resto de los héroes que existen ahí fuera. Sé que a veces es difícil para ti no hacer nada, pero tienes que entender que no puedes salvarlos a todos, y aunque pudieras hacerlo, no sirve de nada si no estás en pleno uso de tus capacidades. Necesitas descansar, incluso más que una persona normal, porque si te excedes con tus poderes puedes quedar vulnerable, y podrán herirte como a cualquier otra persona, e incluso matarte. Y eso es justamente lo que ellos quieren, que seas vulnerable para atacarte cuando no puedas defenderte. Y creo que ese es el motivo por el que borraron tu memoria, quizás no contaban con que aprenderías a dominar tus poderes otra vez tan rápido. Pero sigues sin estar al cien por ciento, y eres imprudente haciendo cosas como salir en medio de una tormenta eléctrica. Eres muy fuerte, pero no eres indestructible Kara, y los malos saben eso.- La regaño con preocupación, pero esta vez, más que un severo reto, fue más una reflexión en busca de generar conciencia en la mujer a su lado, al tiempo que dejaba escapar por sus ojos verdes, el miedo que le recorría las entrañas ente la posibilidad de que Kara saliera gravemente herida.

Se quedaron un momento en silencio, cada una sumergida en sus propios pensamientos al tiempo que Lena acariciaba el antebrazo de la rubia buscando animarla. –Solo quería verte- dijo finalmente con media voz enterrando sus ojos azules en los pliegues de las sábanas. –Pero tienes razón, fui imprudente y debo corregir eso.- Dejo escapar un bostezo que las sorprendió a ambas y llevo la mano libre sobre sus ojos cansados para frotarlos. –Usare el brazalete para dormir, lo prometo-

-Así me gusta, que seas una alienígena obediente. Me pregunto cuánto durara- se rio divertida tratando de quitarle hierro al asunto, y recibiendo un ligero empujón por parte de la rubia que ahora lucia verdaderamente cansada. Lena la tomo del hombro empujándola ligeramente más adentro de la cama hasta que todo su cuerpo estuvo en posición horizontal. –Duerme un poco, te despertare si algo pasa, lo prometo- acoto cubriéndola mejor con la suave tela. El calor bajo las mantas desprendido por el cuerpo de la morena, acompañado del tintinear de las gotas de lluvia contra la ventana, resultó tan relajante como el mejor somnífero, y poco a poco, Kara cerró sus ojos y se quedó profundamente dormida bajo el escrutinio constante de la mujer a su lado.

Lena regreso a las páginas blancas de su libro, pero por mucho que lo intento, la presencia de Kara durmiendo plácidamente a su lado, le generaba una sensación tan extraña como agradable que le impedía concentrarse. Era su tercer intento de leer el párrafo en el que estaba cuando al fin se dio por vencida. No quiso encender el televisor por miedo a despertar a la rubia, quería que recuperara horas de sueño y la mañana se presentaba perfecta para ello. Ninguna de las dos tenía nada que hacer, y puesto que la tormenta era persistente, difícilmente hubiera alguna emergencia que atender. Por alguna razón, los criminales parecían solo atacar entre semana y con buen clima. A nadie le gusta resfriarse y todos tienen que dormir en algún momento, reflexiono dejándose caer sobre su espalda, y antes de que pudiera notarlo, también fue arrastrada hasta un profundo sueño.

Despertó varias horas después con el sonido de las vibraciones de su móvil sobre la mesa de noche. Levanto la vista adormilada para comprobar que Kara seguía plácidamente dormida a su lado, sonrió al verla tan relajada, y extendió su mano para atender al molesto aparato.

-¿Alex?- cuestiono luego de ver la pantalla y contestar la llamada.

-Al fin contestas, llevo una hora llamándote- refunfuño la castaña al otro lado de la línea.

-No dormí anoche, y ahora estaba durmiendo mejor que en mucho tiempo, espero que tengas una buena excusa para despertarme- exclamo medio en broma, medio en serio.

-No encuentro a Kara, ¿la has visto?, la he llamado toda la mañana, estoy en su apartamento y no esta, su traje tampoco esta, y su celular sigue aquí. Estoy muy preocupada.-

-Tranquila, ella está aquí, tuvo una mala noche y no quiero despertarla a menos que sea muy necesario.- Se apresuro a contestar tratando de hacer que la mujer bajara el timbre de su voz antes que le perforara el tímpano.

-No, no ocurre nada, es solo que se cuanto la perturban las tormentas eléctricas debido a su súper audición y quería ver si estaba bien. Pero por lo visto no me necesita- sonrió con maliciaabriendo la caja de donas que había comprado para comenzar a comer.

-No digas tonterías, ella siempre te necesitara, eres su hermana mayor- la corrigió de inmediato mientras la escuchaba masticar.

-Creo que no tanto como a ti. Quizás no quieras escucharlo, pero eres muy importante para Kara, yo soy un poco la voz de su conciencia, pero definitivamente ella ve a través de tus ojos.- Ambas se quedaron un momento en silencio, y luego Alex se despidió alegando que iba a dejar que regresara a su preciado sueño, aunque en el fondo sabia que la morena no lograría dormir después de lo que le había dicho.

Lena volvió a enterrar su cara en la almohada, pero la luz que recorría el brilloso cabello de Kara la tenía totalmente obnubilada, y le fue imposible volver a dormir. Se quedo mirando cada recoveco de su rostro rosado, acaricio con sus ojos las suaves curvas de sus pómulos, el respingo de su adorable nariz, la cicatriz en su frente que había aprendido a amar porque le recordaba que detrás de sus poderes, había una persona que necesitaba tantos cuidados como cualquier otra, o incluso más, porque a pesar de lo que el mundo le demostraba día con día, Kara seguía confiando inocentemente en la gente.

Su respiración se hizo de pronto más pesada, la imagen frente a sus ojos había conseguido generarle un cosquilleo muy difícil de ignorar. Atrapo su labio inferior entre los dientes y lo mordió con suavidad, tratando de contener las ganas que sentía de eliminar el espacio entre ellas y plantarle un beso. Estiro su mano para retirar detrás de la oreja un mechón dorado que caía sobre la mejilla de la joven, y mientras la retraía de nuevo a su lugar, acaricio el mentón de la rubia con solo dos dedos tímidos que se estremecieron ante la suavidad del tacto.

Kara pestañeo casi imperceptiblemente, dejando escapar un quejido somnoliento al tiempo que acomodaba el rostro sobre sus manos que descansaban a un costado de la almohada. Sonrió letárgica dejando ver sus perlados dientes y suspiró al encontrar la mirada de la morena posarse sobre sus labios, y el ligero sonrojo que la invadió mientras trataba de deshacer la caricia que le había propinado en un impulso.

-¿Buscaba algo señorita Luthor?- pregunto divertida sin abrir del todo los ojos ni eliminar esa risa triunfal que comenzó a recorrerle la comisura de la boca.

-Solo me preguntaba… ¿Cuándo ibas a cobrarte el beso que me has ganado en el billar?- los ojos verdes de Lena se iluminaron en cuanto puso en palabras el pensamiento que rebotaba en su cabeza, anhelando como nunca antes el contacto de otra piel con la suya.

-Se que aposte eso si ganaba, pero también te prometí que no volvería a besarte hasta que me lo pidieras. – Exclamo quitando una de sus manos de debajo de su mejilla para acariciar los delgados dedos que aún tenían contacto con su mentón.

Lena sonrió apenada, no pudiendo creer que de verdad le estuviera pasando esto. Una vez que se había decidido que lo quería en verdad, y la mujer a su lado se lo ponía tan difícil. Hizo un intento por retirar nuevamente su mano de donde estaba, pero Kara la sujeto por la muñeca impidiéndoselo, al tiempo que buscaba con sus ojos la mirada de la morena que la había desviado a quien sabe dónde.

-Tú ganas- soltó Lena finalmente dejando escapar luego un profundo suspiro mientras se le erizaba la piel. –Quiero que lo hagas… quiero que me beses.-