La primera vez que los labios de Kara se habían posado sobre los de la morena, había sido un beso arrebatado, necesitado pero casto que las tomo a ambas por sorpresa mientras lidiaban con una situación difícil e intensa. Pero esta vez, el beso fue muy diferente. Las mejillas enrojecidas de Lena se perdían bajo el leve roce de los dedos de la mujer junto a ella. Kara se tomo su tiempo para saborear el momento, mientras se aseguraba de que la morena no saldría huyendo como cada vez que la tensión sexual se hacía presente entre ellas. Pero no lo hizo, Lena permaneció allí a escasos centímetros de su rostro, respirando el aire que compartían con la necesidad de concretar ese momento escalando por sus cuerpos. Finalmente, la rubia acorto el espacio que las separaba, sus labios apresaron los de Lena en un sutil contacto que de inmediato se volvió más intenso. Tan pronto sintió la boca de Kara sobre la suya, Lena se aventuro pegándose a su cuerpo mientras llevaba sus manos a las mejillas de la mujer, y se abría paso dentro de su boca con la lengua curiosa de la rubia recorriendo la suya con urgencia.

La respiración de la CEO se hizo cada vez más pesada, al tiempo que los brazos fuertes de la kriptoniana la estrechaban cada vez más contra su cuerpo. Sus piernas se entrelazaron deliciosamente dejando que la suavidad de la tela de sus pijamas iniciara un roce frenético. Kara gimió cuando la morena en un movimiento hábil acabó sobre ella, sus caderas se apretaron el tiempo que el vaivén de sus cuerpos hacia que la temperatura en el dormitorio subiera varios grados. Una mano indiscreta abandono el cuello de la rubia para colarse debajo de la camisa, la mezcla de suavidad entre el satén y la piel de Kara hizo que Lena ahogara un jadeo sobre la boca de la rubia, mientras esta reía ante la urgencia y excitación de esa mujer, que hasta hacia un día, negaba con vehemencia sus sentimientos por ella.

-¿De qué te ríes?- dijo con dificultad sin poder detenerse mientras besaba el largo cuello de la rubia y luchaba con los botones para deshacerse de la prenda que comenzaba a estorbarla.

-De ti- exclamo dulcemente buscando una vez más los labios de la morena mientras acariciaba su espalda con delicadeza. –No hay prisa Lena- susurro en su oído con delicadeza. Pero la CEO si tenía prisa, la necesidad de esas semanas de jugar al gato y al ratón se acumulaban de pronto entre sus piernas rogando por una liberación, y cada envestida de sus caderas sobre la pelvis de Kara, solo hacía que su locura se extendiera cada vez más hasta casi hacerla explotar.

Estaba a punto de desnudarla, el último botón bailaba entre sus dedos dejando ver el torso pálido y sensual de la kriptoniana. Su pecho subía y bajaba con una cadencia continua haciendo que sus pezones erectos se marcaran a través de la ropa que estaba a punto de desaparecer, hasta que el molesto sonido del móvil comenzó a retumbar sobre la pequeña mesa de noche.

-Ni se te ocurra atender- farfullo la rubia haciendo un esfuerzo por no arrancarle la camisa de un solo tirón mientras palpitaba su entrepierna dolorosamente. La morena aparto la vista un segundo del botón que apretaban sus manos y dejo escapar un quejido de protesta al ver el nombre de Alex rezando en la pantalla iluminada.

-Es tu hermana- lloriqueo dejando escapar un suspiro de derrota y estirando una mano para tomar el molesto aparato. –Alex, ¿sucede algo?- exclamo tratando de no jadear sobre el teléfono mientras su mano libre cubría la boca de Kara evitando cualquier sonido que las delatara.

-De hecho si sucede algo, podrías decirle a Kara que venga a la DEO de inmediato- bramo la agente al otro lado de la línea.

-Está en camino- mascullo desanimada al tiempo que se dejaba caer a un lado de la rubia abandonando ese maravilloso lugar sobre sus caderas. –Debes ir a la DEO- suspiro cubriéndose la cara con ambos brazos para ocultar su excitación. Kara dio un brinco fuera de la cama, se puso su traje en un suspiro y camino hasta Lena para plantarle un beso rápido sobre los labios.

-Volveré tan pronto pueda, y terminaremos esto- sonrió con picardía caminando hasta el balcón.

-¡Dile a tu hermana que la odio!- grito para que la rubia la escuchara mientras le veía levantar el vuelo y perderse bajo una llovizna persistente que aún caía sobre la ciudad.

-Mas te vale que se esté acabando el mundo o desearas que así sea- mascullo molesta haciendo su entrada y caminando hasta la agente dando grandes zancadas con expresión huraña.

-¡Dios!, luces terrible- sonrió con malicia la agente observando el aspecto desalineado de su hermana. -¿A caso te saque de la cama?-

-Alex ve al grano porque en este momento te odio y aunque seas mi hermana juro que te golpearé- dijo la rubia apretando los dientes con los brazos cruzados sobre su pecho aún agitado.

-De acuerdo, tenemos un grupo de maldorianos en un asalto a Lord Technologies, si están ahí es porque buscan algo especifico así que ten cuidado, es posible que estén relacionados con los que te atacaron y borraron tu memoria.

-Está hecho- exclamo dándose la vuelta dispuesta a cumplir con su trabajo para poder regresar con Lena, pero Alex la detuvo antes de que se esfumara.

-Kara, redúcelos y repórtate, te seguiré con un grupo de contención, quiero poder interrogarlos- la rubia asintió con la cabeza sabiendo de antemano que esto podría llevarse el resto de la mañana y varias horas más, y lamentándose por no poder volver a terminar lo que había iniciado en el piso de la CEO.

El alivio que llegó a través de sus propias manos no fueron suficientes para calmar el ardor entre sus piernas, por lo que Lena tuvo que recurrir a una larga ducha fría es un intento desesperado por conseguir que la sangre fluyera más lentamente y le diera algo de calma. Sopeso detenidamente dirigirse a L-Corp y enfocar su turbada mente en el trabajo, pero el día se prestaba tan lluvioso y gris que la desanimaba de solo pensar en salir a exponerse a tan horrible clima que solo era bueno para dos cosas, pasarse el día recostada en su lujoso sofá disfrutando de la lectura y algunas tazas de té, o jadear entre sus sábanas con Kara pegada a su cuerpo, y por desgracia, la segunda ya había sido abruptamente interrumpida y descartada. –Maldita mi suerte- bramo abandonando sus pensamientos mientras el silbido de la tetera la llamaba a retirarla del fuego.

No tuvo más opción que regresar a su libro, buscando desesperadamente entre aquellas páginas una distracción válida que la ayudara a soportar la necesidad que Kara había creado en su interior. Pero por más que lo intento, no lograba avanzar en su lectura. El rostro pícaro y luminoso de la rubia cubría cada espacio de su mente. Jamás hubiese pensado que podría sentirse de esa forma, mucho menos junto a otra mujer. Sin embargo, ahí estaba, perdiendo por completo la cordura por la kriptoniana, recordando cada roce de sus labios con anhelo, su aroma tan único como ella invadiendo sus sentidos, la suavidad de sus caricias, como si tuviese miedo de romperla si se dejaba ir más allá. Y sin embargo, Lena quería ir más allá, le había tomado tiempo descubrirlo, pero ahora que lo había hecho, estaba segura de que necesitaba entender todo lo que le pasaba cuando Kara estaba cerca. Entonces le llego una revelación, este sentimiento que ahora la invadía, no era algo nuevo, ya lo había tenido por esa mujer mucho antes, y lo disfrazó de amistad hasta llegar al punto de negárselo a sí misma. Kara se había apoderado de cada vestigio de su ser desde el primer instante en que sus ojos azules cruzaron la puerta de su oficina.

Para cuando Kara llego a Lord Technologies se la encontró prácticamente patas arriba. Alex tenía razón, buscaban algo específico porque no les importo demasiado defenderse cuando comenzó a azotarlos contra las paredes haciéndolos caer uno por uno, y extrañamente, los que se mantenían en pie seguían revolviendo entre los prototipos de Maxwell Lord en lugar de enfrentarla directamente. Ninguno logró escapar, por lo tanto, ninguno había hallado lo que buscaba. Eso dejaba a la rubia mucho más tranquila, sin embargo no podía evitar preguntarse que era aquello que tan celosamente buscaban, y si se relacionaba con su condición de alguna forma.

Los agentes de la DEO acudieron casi de inmediato cuando Kara ya había logrado reducir al grupo alienígena, haciendo que se relajara y esperara ansiosa la liberación por parte de la directora, pero el rostro contraído de su hermana luego de hablar con el dueño de la corporación solo le indico que eso no sucedería. Alex ordeno que todos se trasladaran de regreso a las instalaciones militares de la DEO y comenzaran a interrogar a los capturados, mientras tanto, marcaba su móvil para solicitarle a Lena su presencia, haciendo que la morena suspirara frustrada, no solo no tendría sexo, sino que ahora ya ni siquiera podría leer en paz.

La forma en la que habían comenzado el día lejos estaba de su actual realidad. Habían pasado de una perspectiva en la que se besaban apasionadamente entre las sábanas con sus cuerpos sudados y felices, a pasarse la tarde metidas entre las paredes grises de aquel edificio, con Lena enterrada en un complejo aparato que Maxwell Lord les había entregado, y Kara interrogando terroristas sin poder concentrarse del todo. La voz constante de Lena pidiéndole que la bese, con sus ojos cristalinos iluminados en una mezcla de deseo y vergüenza, hacía que todo lo que los demás dijeran le pareciera totalmente irrelevante. Ya ni siquiera estaba segura de que quería recuperar la memoria, había aprendido a convivir con esa página en blanco en su pasado, y ya no le importaba, solo quería mirar al futuro. La morena la había perdonado, y no estaba segura de si eso se mantendría así si volvía a ser la mujer responsable de su sufrimiento. Tal y como lo veía en este momento, ella y Lena eran dos personas que apenas estaban conociéndose, y que sentían una enorme atracción una por otra, y en lo más profundo de su pecho, estaba segura de que podría vivir con eso.

Quería salir de la DEO, tomar a la morena en sus brazos y decirles a todos los demás que se detuvieran de intentarlo, que podían dejarlo así como estaba, pero en cuanto se lo mencionó a Alex, esta la reprendió dándole un largo discurso sobre quien era ella, tratando de que entendiera que rendirse ante la situación, no era bajo ninguna circunstancia una opción. Así que se quedo donde estaba, frustrada por no poder vivir la vida que quería y sintiendo que solo estaba de paso por el mundo, y que lo único que importaba era que la mujer que era antes de este nuevo despertar, regresara de una vez y tomara las riendas.

Paseaba cabizbaja por los pasillos desiertos del piso veintiséis cuando una mano salió de la nada tomándola de la capa para meterla en una habitación prácticamente a oscuras. La tenue luz que escapaba de una enorme maquina que ocupaba prácticamente todo el lugar, rápidamente le dejo descubrir la mirada inquieta de la morena que sin darle tiempo a procesarlo, le estampo un beso en los labios mientras le rodeaba el cuello con sus brazos.

-¿No deberías estar en el laboratorio trabajando en el problemita de mi memoria?- susurro la kriptoniana sobre los labios de la morena, dejando caer la frente sobre la suya con los ojos apretados disfrutando de la cercanía de la otra mujer.

-Le he dicho a Brainy que necesitaba un descanso- sonrió embriagándose del aroma de la rubia mientras sus manos bajaban hasta su torso. –La verdad es que no lograba concentrarme, no después de lo que paso esta mañana- exclamo con el rostro ligeramente enrojecido sin atreverse a mirar a Kara directamente.

-¿Te arrepientes?- cuestiono sintiendo que se le encogía el corazón en el pecho ante la posibilidad de que la morena le dijese que todo había sido un error.

-¿Crees que estarías aquí si fuera así?- volvió a reír con los dedos temblorosos recorriendo los labios de la rubia deseando volver a sumergirse en ellos. –Estoy desesperada por salir de aquí contigo y continuar lo que iniciamos- suspiro con frustración sintiendo que le hormigueaba el cuerpo. –Y me temo que no podré seguir trabajando en estas condiciones.-

La sonrisa ladina se instalo de inmediato en el rostro de Kara, podía sentir el palpitar del corazón de la morena desenfrenado en su pecho mientras se le oscurecían los ojos por la excitación que le provocaba tenerla tan cerca. Sus labios de inmediato volvieron a reclamar los de Lena, con la misma vorágine con que los había probado esa mañana. La sujeto por la cintura elevándola algunos centímetros por el aire con facilidad, y se giro para aprisionarla contra la puerta de metal. Lena podía sentir el frio acero en su espalda baja, mientras sus piernas se envolvían alrededor de las caderas de la rubia, y el calor de su centro se apretaba sobre el muslo de Kara que presionaba logrando arrancarle un gemido.

Se dejo hacer bajo las manos de la kriptoniana, tenía los ojos apretados mientras la boca de la otra mujer bajaba por su cuello en un surco de besos mojados hasta perderse en la piel de su escote. En su mente no cabía otra idea más que sentir las manos de la rubia apoderarse de su punto más intimo, no era así como había deseado que sucediera, pero ya no soportaba la necesidad latente en su interior. Estuvo a punto de rogarle mientras jadeaba colgada a su cuello, rogarle que entrara en su centro, cuando una de las manos de la Kara abandono el lugar que mantenía sobre su glúteo y se abrió camino de forma desesperada en sus pantalones. Tan pronto los dedos rozaron el encaje empapado, Lena sintió que iba a correrse sin mucho más esfuerzo.

Afuera alguien la llamaba, no podía precisar de quien era esa voz porque todos sus sentidos estaban ocupados en la mujer que tenia arrinconada contra la puerta de aquella habitación. Su única neurona pareció dar un respingo que implanto de inmediato la duda en su mirada. Lena, pese a la excitación que ya no podía contener, pudo notar la merma en el movimiento que los dedos de la mujer mantenían sobre su ropa interior. No le dio demasiado tiempo de pensar, le dio una pequeña bofetada haciéndola regresar la mirada a sus ojos verdes que parecían desprender fuego. Kara la miro sorprendida, pero antes de que pudiera articular palabra, la morena puso su mano sobre los labios de la rubia impidiéndoselo.

-Ni se te ocurra dejarme así otra vez- jadeo apenas inteligible en su oído para que quien viniera por el pasillo no pudiera oírla, y se removió con dificultad alcanzando el seguro de la puerta para que no pudieran abrirla.

Kara entendió la indirecta, y aunque la idea de ser descubiertas le generaba un hormigueo que la excitaba de sobremanera, fue aminorando su ritmo sin abandonar los labios carnosos de la morena. Despacio la coloco una vez más sobre el piso, y aunque la necesidad apremiaba, se tomo su tiempo para quitar todas las capas de ropa que ambas llevaban puestas. Finalmente, con sus cuerpos desnudos, uno a merced del otro, se dejaron caer sobre la capa roja de la kriptoniana. Era la primera vez que se tocaban tan íntimamente, la primera vez que la totalidad de sus pieles sentía el calor de la otra, y lejos de volver a ser poseídas por la urgencia, se tomaron largos minutos contemplándose en silencio, acariciándose despacio, regando el cuerpo de la otra mujer con sensuales besos mientras sus respiraciones se acompasaban con los latidos en sus pechos.

Kara suspiró nerviosa cuando su mano se encontró jugando peligrosamente cerca del punto más íntimo de Lena. Deseaba tanto estar dentro de ella que le temblaba el mentón de los nervios mientras sentía el calor desprender de aquella zona como un volcán a punto de estallar. Estar así con la morena era lo único que quería desde que sus ojos se abrieron en aquel laboratorio y se encontraron con la mirada preocupada de aquella mujer. Lo había anhelado tanto, que ahora que lo tenía a su merced, comenzaba a sentirse asustada de las repercusiones que pudiese tener. Casi tanto como el temor a que todo se les fuera de las manos, era el que sentía de hacerle daño, ya había probado su fuerza cuando estaba fuera de control, y la idea de sobrepasarse le oprimía el pecho llenándola de duda.

Lena estaba perdida en las caricias de la rubia, tanto que tenía los ojos apretados tratando de maximizar cada sensación que esa mujer generaba en su cuerpo. Pero a pesar de haberse rendido por completo a su necesidad de que Kara se apoderara de ella, no pudo evitar sentir como la rubia titubeaba cada vez que sus manos rondaban su entrepierna. Finalmente despego sus parpados buscando la mirada de la rubia con cariño mientras dejaba una caricia suave en la mejilla enrojecida de la kriptoniana. No tuvo que preguntar lo que pensaba, lo puedo leer en sus ojos. La necesidad mezclada con temor hacía que sintiera que el corazón se le saldría del pecho. ¿Cómo era posible que esa mujer lograra enternecerla de tal forma? Kara había empujado los límites de su relación hasta dejarlos parados al borde de un precipicio, y ahora era su turno de hacerlos saltar.

Tomo la mano de la rubia llevándola hasta que sus dedos rozaron entre los pliegues de su intimidad, asintió ante los ojos azules que la observaban con temor y se aferro a su cuello dejando que sus labios tomaran el control de todos sus sentidos. Tan pronto como Kara se rindió ante sus miedos, logró penetrar a la morena tan lentamente como un suspiro. Lena jadeo de manera casi inaudible y comenzó a moverse para alcanzar el punto máximo de sus deseos. El orgasmo no tardo en invadirla por completo, estaba segura de que no necesitaría demasiado contacto para hacerlo, la excitación que acumulaba había hecho bien su trabajo y la tenía preparara y dispuesta al más mínimo roce. Pero el alivio que su cuerpo encontró ante aquel contacto tan anhelado, no significo nada en comparación a la mirada de Kara cuyos ojos brillaban casi al borde del llanto. Estaban plagados de amor, un amor que nunca antes había experimentado de esa forma, y que ahora tenía la certeza de que no lo obtendría de nadie más.

Lena se acurruco en los brazos de la rubia, cubriendo ambos cuerpos con los costados de la capa sobre la que se encontraban. Tan pronto como su respiración regreso a la normalidad, el sonido de las máquinas a su alrededor la trajeron de vuelta al mundo real. Estaban en la DEO, acababan de hacer el amor en una habitación oscura de una central militar, y peor aún, habían dejando trabajos importantes de lado para tener ese pequeño pero necesitado escape.

-Debo regresar al laboratorio- exclamo la morena dejando un beso en el cuello de la rubia consiguiendo una protesta por parte de esta. –Si lo sé, tampoco quiero soltarte, pero alguien te estaba buscando, y lo seguirá haciendo a menos que aparezcas.- Sonrió dulcemente mientras se incorporaba sobre su brazo para mirarla mejor. –Además, será muy sospechoso si descubren que desaparecimos las dos.- Kara dejo escapar un suspiro y asintió mientras buscaba su ropa y comenzaba a vestirse.

La voz de alguien que la llamaba la saco de inmediato de su letanía, y aquello que había estado haciendo con calma, se convirtió en un frenesí. Le bastó un segundo a la rubia para enfundarse en su traje, sin embargo, la ropa de la morena todavía estaba esparcida alrededor de la habitación. Kara la junto rápidamente entregándosela a Lena quien la apretó contra su torso desnudo y rio sorprendida mientras los ojos de la rubia se agrandaban como platos al sentir el picaporte de la puerta rechinar. Le hizo un gesto a la morena para que hiciera silencio, y se volvió para quitar el seguro y salir de la habitación, dejando a Lena semi desnuda con una mueca traviesa en su rostro. No importa lo que pasara de ahí en adelante, la próxima vez que estuviese a solas con Kara, no dejaría que nadie volviera a interrumpirlas. Y con ese pensamiento bailando en su mente, se vistió tomándose su tiempo, y salió campante de aquel cuarto como si nada hubiese sucedido mientras estiraba las arrugas de su traje que minutos antes decoraban el suelo.

Perdón la demora, me esguince la muñeca y medio que se me complico ir a ritmo con las historias. Prometo ponerme al día y traer más capítulos en la brevedad. Gracias por el aguante y la paciencia!