Caminaba en silencio por los relucientes pasillos, había bullicio a su alrededor, pero a sus oídos solo llegaba el sonido de sus lentos pasos. Un vistazo a través de los enormes ventanales de la DEO le trajo una sensación muy difícil de ignorar. Del otro lado del cristal el sol relucía golpeando Ciudad Nacional con sus cálidos rayos. De este lado del vidrio impecablemente limpio, Kara se acerco un poco más para sentir la caricia de la luz y absorberla como un para rayos, sintiendo como su cuerpo parecía llenarse de vida. Estaba relajada y difusa como pocas veces en su vida, y parecía que su anatomía había flotado alrededor del edificio durante toda la mañana, ignorando casi adrede la exaltación de los agentes.

Alex la había llamado muy temprano para solicitar su presencia, los arduos días de trabajo daban al fin sus frutos, haciendo que Lena y Brainy consiguieran revertir la función de la IA que borró su memoria. La mala noticia, era que no podían restaurar sus recuerdos de manera remota, sino que iba a necesitar de una cirugía para colocar el dispositivo en su centro neural. La simple idea hizo que el cuerpo de Kara se estremeciera con pavor, sabía bien lo que eso significaba, agujas en sus brazos, un bisturí sobre su piel, y peor aún, la suficiente kriptonita como para volverla vulnerable a esos objetos que flagelarían su cuerpo.

Ya se había dado por vencida de intentar convencer a todos que podía vivir con esta hoja en blanco que era su pasado, pero sin importar lo que dijera, todos parecía coincidir en que resignarse a su historia no era una opción a considerar. Incluso Lena se había mostrado reticente a esa idea, alegando que no podía dejar atrás todo aquello que la hacía ser quien era. Sin embargo, Kara estaba aterrada de que lo que fuera a descubrir de ella misma no le gustara. Temía además que su pasado volviera para interferir en su relación con Lena. Quizás si recuperaba a la persona que era antes, ya no tendría a la morena a su lado, probablemente aquella no podría ignorar que volviese a ser quien supo alguna vez traicionar su confianza y romperle el corazón. La CEO le había jurado que nada cambiaría entre ellas, sin importar lo que pasara cuando volviera su memoria, pero aquellas palabras no conseguían dejarla del todo tranquila. Algo se había roto entre ellas una vez, y corría el riesgo de volver a ocurrir.

Finalmente, cansada de las negativas recibidas y de la ansiedad que parecían manejar todos a su alrededor, decidió salir a caminar por el edificio, dejando a Lena trabajar en la kriptonita sintética mientras Alex preparaba todo el instrumental para la cirugía. Se detuvo en una esquina, el sol brillando en el reflejo del piso la llamo a asomarse al ventanal buscando en el astro mayor un poco de alivio a semejante consternación. Y se quedó allí, en silencio, mirando a lo lejos a las personas viviendo sus vidas tranquilamente, y los envidio con todo su ser. Deseaba por una vez ser como ellos, mirar al cielo y no sentir la carga del mundo en sus hombros, estar con Lena sin preocuparse por nada más, llevarla de la mano en sus caminatas nocturnas, beber cerveza en su bar predilecto y ser apaleada por ella en el billar. Tomar largas siestas después del trabajo, levantarse tarde los fines de semana, poder comer sin ser interrumpida por una catástrofe, ser inconsciente de los peligros a su alrededor.

-Bendita ignorancia- murmuro para ella misma sin quitar los ojos del paisaje mientras dejaba escapar un largo suspiro y se recargaba sobre el muro.

Alex la encontró casi una hora después, sentada en el balcón por el que entraba y salía de la DEO. Con sus pies colgando a un costado de la cornisa meciéndolos en el espacio vacío y tarareando una melodía que conocía demasiado.

-¿El mago de Oz?- exclamo acercándose a ella y dejando sus brazos descansar sobre el barandal.

-Si, bueno… supongo que con o sin memoria, algunas cosas nunca cambian.- Sonrió medio de costado con la mirada aún perdida en el horizonte.

-¿Estas asustada?- cuestiono la agente posando sus ojos sobre ella.

-Un poco, pero no por la intervención… digo, se que dolerá y todo eso, pero me preocupa lo que sucederá cuando regrese todo a la normalidad- soltó una bocanada de aire y por primera vez, miro a su hermana, -temo que en efecto, todo regrese a la normalidad.-

-¿Lo dices por Lena?-

-Si… me aterra pensar que puedo volver a ser la persona que le hizo daño y volver a perderla-

-No sé bien que ocurre entre ustedes, pero es obvio que algo está pasando y me alegra por ambas. Y aunque recuperes la memoria, lo que ella siente por si no desaparecerá Kara. Es raro pensar que tuvo que pasar todo esto para que pudiesen volver a tener esta cosa rara que tienen, pero quizás sea así, tal vez esto haya sido como reiniciar el marcador y que pudieran darse una nueva oportunidad.- La mirada de Alex la lleno con la misma calidez que el sol había dejado durante toda la mañana en su rostro, y por primera vez en días, consideró que todos tenían razón al pedirle que no renuncie a sus recuerdos, definitivamente quería todo lo que la unía a su hermana de vuelta con ella.

-Supongo que tienes razón- sonrió esta vez con genuina intención. – Eres una persona increíble Alex, no sé si mi yo completo te lo ha dicho, pero quiero que lo sepas.

-Si lo has hecho, muchas veces y no importa lo que pase siempre serás mi hermanita. Y Kara… no hay un yo completo, nadie lo tiene, pero hay algo que tiene esta versión de ti que me agrada y espero que la conserves cuando tu memoria regrese, y es permitirte sentir, atreverte a sentir y a querer mas, y a buscar más. Te habías convertido en una persona triste, y ahora has vuelto a sonreír como hace tiempo no lo hacías, y espero que eso se mantenga así.- Kara dio un brinco fuera de la cornisa tras girar sobre su trasero y abrazo a su hermana con necesidad, dejando que su rostro se hundiera en el hueco de su cuello y aspirando profundamente.

-Gracias Alex, lo necesitaba de verdad.-

-Lo sé pequeña- exclamo mientras masajeaba su espalda con cariño. Finalmente la libero de sus brazos para mirarla una vez más y decirle el motivo por el cual la había estado buscando en primer lugar. –Lena dijo que la kriptonita no estará lista hasta mañana, así que tendremos que esperar para hacer la cirugía. Quiero que vayas a casa y descanses.- Kara asintió sin decir nada y desapareció en el cielo increíblemente soleado.

Sabía que debía volver a casa, cenar y tratar de dormir para estar bien para la intervención del día siguiente, pero por mucho que lo intento, las voces en su interior le impidieron quedarse sentada en su sillón. Había pateado las calles de la ciudad durante prácticamente toda la tarde, pronto la oscuridad la alcanzo y se encontró parada sobre la escalinata del edificio donde Lena vivía. No importaba donde estuviera, sus pasos siempre la llevaban hasta allí, hasta el único lugar en donde se sentía verdaderamente a salvo. Levanto la mirada esforzándose por encontrar la figura esbelta de la morena en su balcón, pero aunque ella no estuviese asomada, si pudo ver las luces en el interior, haciendo que sin pensarlo se aventurara dentro del edificio.

La puerta retumbo en el interior de aquel enorme departamento, la melodía lenta de la música en su estéreo fue interrumpida por Lena, quien se removió de su sillón abandonando a un costado su libro para silenciar el aparato y dirigirse hasta su entrada. En cuanto la puerta se abrió, unos brazos fuertes la rodearon por el cuello aferrándola contra su cuerpo. De inmediato, el aroma del cabello de Kara se instalo en su olfato y respondió al gesto, dejando que sus manos llegaran hasta la espalda de la rubia apretando su camisa entre los dedos.

-Ey, ¿te encuentras bien?- susurro la morena casi en su oído mientras comenzaba a apartarla lentamente para darle paso al interior de la casa.

-Estoy bien, aunque mentalmente agotada- sonrió apesadumbrada siguiendo los pasos de Lena de vuelta hasta el sofá. –Lamento no haber llamado antes de venir, pero estaba caminando y de pronto me encontraba aquí.-

-No te preocupes, no hace falta que te anuncies, puedes venir cuando quieras.- La mano pálida de la morena se arrastro a través de los mullidos almohadones hasta encontrar los dedos de Kara que jugueteaban sobre la tela. -¿Has cenado?- pregunto dejando suaves caricias sobre su piel con la sonrisa siempre resplandeciente adornando su rostro. La rubia negó con la cabeza y la observo girarse para tomar su móvil y encargar suficiente de su comida favorita como para alimentar a todo el edificio. –Sé que cuando estas preocupada comes más que nunca.- Acoto ante la mirada de satisfacción que Kara le devolvía.

Lena podía leerla como a un libro, la conocía mucho más de lo que ella misma lo hacía y le daba constantemente esa plena sensación de familiaridad que no había conseguido sentir con nadie más desde el accidente. Seguramente eso cambiaría en cuanto las cosas volvieran a la normalidad, y definitivamente extrañaría el resguardo que sentía cada vez que esa mujer estaba a su lado.

El resto de la noche solo se dedicaron a platicar de forma distendida sobre temas banales, y Kara agradecía que la morena entendiera lo mucho que necesitaba distraerse del mundo que las rodeaba. Cenaron en el sillón, descalzas con sus pies apoyados sobre los almohadones, mientras Lena se burlaba de sus medias con dibujos de pollitos hasta que la rubia se canso y se las quitó lanzándoselas a la cara. Pronto la comodidad de las bromas y las risas la anestesiaron tanto que apenas pudo moverse, aunque seguramente las cinco cajas de comida tailandesa que había ingerido tenían algo que ver con eso. Se giró para dejar sus pies desnudos colgando sobre el apoyabrazos y se tendió de espaldas poniendo su cabeza sobre el muslo de Lena. Rápidamente, la morena cambio su copa de mano y comenzó a acariciarle el cabello sin poder parar de mirarla.

-Nunca me has dicho como nos conocimos- soltó sin más luego de un rato de agradable silencio en esa posición tan intima y acogedora.

-Mañana lo recordaras- respondió la morena despreocupada sin abandonar sus caricias.

-Es verdad, pero quiero saber cómo lo recuerdas tú.

Lena rió divertida, apenas si le había dado importancia a ese momento, no recordaba más que a una joven curiosa aunque tímida escondida detrás de su primo para pasar desapercibida. Le había causado ternura, aunque en ese momento estaba lo suficientemente oculta de todo el espectro de los sentimientos humanos como para permitirse admitirlo.

-No fue gran cosa en realidad, viniste a mi oficina con Clark para hacerme una entrevista después de un atentado, apenas si cruzamos un par de palabras. Si te soy muy sincera, apenas si te note, estaba enfrascada en mis problemas, en limpiar el apellido de la familia, en reconstruir la empresa, que no tenía tiempo para notar nada mas.- Contestó luego de darle un largo sorbo a su copa con la mirada de Kara clavada en su mentón.

-Entonces no nos hicimos amigas rápido- analizo mientras estudiaba las reacciones de la morena.

-En absoluto, vine a Ciudad Nacional con una meta muy clara, quería cambiar al mundo y quería que el mundo confiara en mí, y necesitaba el apoyo de Supergirl para eso. No vine a hacer amigos en realidad, y trate de dejarte eso en claro, pero eres demasiado obstinada y prácticamente me impusiste tu amistad aunque no la quería. Para cuando me di cuenta, ya estabas instalada en mi vida.- Kara se sonrió satisfecha aunque no podía dejar pasar uno de sus comentarios.

-¿Entonces estabas usando a Supergirl para ganar credibilidad?- cuestiono arrugando la frente sin dejar ir una mueca graciosa como quien ha descubierto un secreto vergonzoso de alguien más.

-En cierta forma si, aunque no con fines macabros pero se podría decir que necesitaba de su ayuda para cambiar mi imagen.- Suspiro profundo y su sonrisa alquilada se esfumo de su rostro dando lugar a una expresión de pesar. –No lo recuerdas, pero mi brújula ética no siempre apunta al norte, soy una persona fría y calculadora, estratega como nadie y busco estar un paso delante de los demás en cada momento de mi vida. Soy extremadamente cínica, no me tiembla el pulso para hacer algo que no es correcto si se interpone con mis metas.- Hizo una silenciosa pausa reflexiva recordando las veces que había empuñado su arma y disparado sin pensárselo dos veces. De inmediato, busco la mirada de la rubia temiendo ver rechazo en ella. –A decir verdad, nunca entendí porque te acercaste a mí, porque sin importar lo que hiciera seguiste confiando en mí y defendiéndome. Apartaste mi oscuridad lo suficiente como para volverte un poco la voz de mi conciencia. No sé que viste en mí en realidad.-

-Quizás lo mismo que veo ahora- exclamo incorporándose para quedar frente a frente y asegurarse de que Lena estaba prestando atención a lo que estaba por decir. –Debajo de ese exterior que tanto te esfuerzas por mostrar, hay un corazón muy noble y hermoso, deseoso de cariño y contención. Eres una paleta rellena, dura por fuera y blanda por dentro.- Lena volvió a reír, avergonzada por el comentario de la otra mujer que mordía su labio de forma provocativa sin dejar de mirarla. Tomo el almohadón que descansaba detrás de su espalda y se lo estampo en la cara para hacer que esos ojos azules dejaran de provocarle tantas sensaciones diferentes al mismo tiempo.

Pronto aquel juego inocente se convirtió en caricias cuando Kara concluyó su ataque de cosquillas como venganza por el almohadonazo. La morena había caído de espaldas sobre la alfombra, su cabello alborotado cubría parte de su rostro haciendo que la kriptoniana los apartara con una mano, mientras que con la otra sostenía el peso de cuerpo ubicado peligrosamente sobre el de Lena. Las risas se esfumaron en el espacio de sus miradas, sus pechos agitados subían y bajaban siguiendo el ritmo de la música que sonaba de fondo. Y recuperando la actitud que había conseguido atraer a Lena en un principio, Kara inicio un beso lento y delicioso, haciendo que la CEO la atrajera mas sobre ella mientras enredaba las manos en su pelo.

Lo que había iniciado con vértigo e incertidumbre hacía casi dos meses, ahora llegaba al punto justo en donde ambas sabían lo que querían, cada movimiento era certero y cuidado, le habían dado muchas vueltas a todo lo que rodeaba a su relación, y al fin consiguieron estar en la misma página. Por primera vez Lena se había dejado llevar con lentitud entre los brazos de la rubia, se arrastraron entre besos hasta el dormitorio pero esta vez ninguna precipito las cosas. Cayeron sobre las sábanas de satén de seda mientras lentamente se iban despojando de sus ropas. Para cuando ambas estuvieron desnudas, el fuego entre sus cuerpos no dio lugar a nada más. Las manos delicadas de Lena se permitieron recorrer cada monte y cada valle del perfecto cuerpo de la rubia hasta llegar a su entrepierna. Su fugaz y apasionado encuentro en el piso de la DEO, no le había dado tiempo para disfrutar como quería de la mujer que estaba a su lado. Pero ahora, estando solas en su cama sin que nadie las moleste, pudo adorar cada centímetro del cuerpo de Kara hasta que la humedad entre sus piernas se hizo tan intensa que no pudo evitar sonreír cuando el orgasmo golpeo el cuerpo de la rubia, haciendo que su rostro se contorsionara bajo el placer de sus manos.

No podía recordar cuando había sido la última vez que alguien le hizo el amor durante toda la noche con tal devoción. Probablemente eso se debiera a que nadie jamás le había hecho sentir lo que Kara lograba generar en ella. Se habían amado y adorado mutuamente hasta el amanecer que las encontró agotadas y dejándose llevar por el sueño y la calidez de su abrazo. Lena despertó apenas un par de horas después sabiendo que pronto debían dirigirse a la DEO. La idea de la cirugía comenzaba a incomodarla, no dudaba de las habilidades de Alex ni de su equipo médico, pero el pensamiento de que algo podía salir mal se implanto en su cabeza con tal fuerza, que el corazón comenzó a apretarle por dentro. Al fin había conseguido alcanzar un punto de estabilidad en donde sentía que podía tenerlo todo, respeto, trabajo, amistad y amor, y ahora comenzaba a pensar que todo aquello era demasiado bueno para ser verdad.

Estaba perdida en su ola de negatividad, cuando unos brazos alrededor de su cintura la trajeron de vuelta a la realidad, y esta sin duda era la mejor que jamás hubiese pensado tener. Kara sonrió adormilada aferrando cada centímetro de su cuerpo contra ella, enroscando sus piernas a través de las suyas mientras respiraba aun con pesadez sobre su cuello generándole cosquillas.

-Buen día- murmuro Lena con dulzura girándose para acariciar su cintura aún desnuda.

-Hola a ti también- exclamo la rubia sin abrir los ojos, -¿has dormido?- cuestionó notando que llevaba despierta al menos un buen rato.

-Solo un poco, estoy ansiosa por la cirugía- confeso dejando escapar un suspiro que ocultaba su miedo.

-¿No debería ser yo la estresada con todo esto?- dijo abandonando su letanía para sentarse en la cama y observar a la morena claramente preocupada. –¡Ey!, fuiste tú la que dijo que todo saldría bien, no me hagas dudar ahora porque estoy a nada de secuestrarte y desaparecer contigo sin dejar rastros.- Bromeo intentando quitarle hierro al asunto, ya era suficiente con sus propias inseguridades, ninguna de las dos necesitaba sumarle más tensión al asunto.

Lena sonrió mientras asentía y le daba la razón, habían tenido una hermosa noche juntas, y no tenía porque poner una nube negra sobre sus vidas. Ella misma lo había dicho, todo saldría bien, y estaría presente en todo momento durante la intervención para asegurarse que así fuera. Enterró esos pensamientos oscuros en un cajón y se dirigió a tomar un baño mientras Kara preparaba el desayuno. Apenas una hora después, ya se encontraban en la DEO listas para hacerle frente a la situación.

-¿Te quedarás conmigo?- pregunto en una súplica ya con la máscara de anestesia puesta sintiendo como la kriptonita debilitaba su cuerpo irremediablemente.

-No me iré a ningún lado, lo prometo- respondió la morena tomando de su mano mientras observaba como lentamente los ojos de Kara se iban cerrando hasta caer inconsciente.

Las botas de Alex casi habían dejado un camino marcado sobre los pisos del pasillo. La cirugía había acabado hacía ya varias horas y todo parecía haber salido como se esperaba. Sin embargo, Kara seguía inconsciente y la espera ya comenzaba a alterar sus nervios.

-¿Por qué no despierta?, se supone que los efectos de la anestesia debían acabarse hace tres horas.- Refunfuñó parándose frente a Lena con los brazos en jarra mientras dejaba ir un suspiro al aire.

-Alex, debes calmarte porque comienzas a alterarme a mí también- la regaño cruzando sus piernas en la silla al otro lado del vidrio que las separaba de la joven kriptoniana. –Todo salió bien y lo sabes, le tomo varios días la ultima vez regresar en sí, hay que darle tiempo.- Exclamo tratando de normalizar la situación aunque en el fondo estaba terriblemente preocupada, y tenía esta extraña sensación de que algo no andaba bien.

Finalmente, tras otro par de horas de espera, el sonido de una maquina anunciado incremento en la actividad neuronal, las hizo dar un brinco fuera de sus asientos y apresurarse a ingresar dentro de la habitación donde Kara al final estaba despertando.

-Ey, bienvenida de vuelta- canturreo la agente viendo como su hermana se removía sobre la camilla intentando incorporarse. -¿Cómo te sientes?.-

-Como si un martillo de estrella enana me hubiese golpeado el cráneo- murmuro llevando sus manos a la cabeza y masajeando los costados de esta. -¿Ganamos?- cuestiono ante la obvia relajación en el rostro de Alex.

-¿Si ganamos que cosa?- dijo la castaña ahora arrugando el entrecejo producto de la confusión.

Iba a responder cuando un rostro dolorosamente familiar la interrumpió, apenas detrás de su hermana, la palidez de Lena Luthor le hizo sentir una extraña sensación en el estómago. No había hablado con esa mujer en tres largos meses, y ahora estaba de nuevo allí frente a ella, como si no hubiese pasado demasiada agua bajo el puente, mirándola como solía hacerlo antes, pero con un brillo totalmente nuevo en sus hermosos ojos verdes.

-¿Qué haces aquí Lena?- pregunto bajando de la camilla para alternar su mirada entre ambas mujeres que parecían consternadas.

-Kara, ¿Qué es lo último que recuerdas?- cuestiono la agente ahora si notablemente preocupada.

-Peleaba con una extraña raza alienígena, sentí un dolor insoportable en la cabeza y creo que me desmaye. ¿Dime al menos si ganamos o tengo que volver ahí afuera?.- Exclamo comenzando a perder la paciencia. El rostro ensombrecido de Alex se dirigió hasta la morena que sentía como el corazón se saltaba un latido y las lágrimas le recorrían por las mejillas sin clemencia. Soltó un suspiro cansado y repleto de frustración para dirigirse una vez más hacia su hermana.

-Kara…- titubeo midiendo sus palabras, -eso fue hace casi dos meses.- Dijo apenas en un susurro mientras el sonido de los sollozos de Lena llegaban hasta sus oídos rompiéndole el alma en mil pedazos.