El sonido crudo de la nada misma retumbaba en sus oídos con un incesante golpeteo. De pronto, aquel lugar acogedor que, aunque solitario, llamaba hogar desde hacía varios años, ahora se sentía dolorosamente vacio y sin vida. Algo se había esfumado de pronto, alguien se había ido sin voltear la vista atrás dejando solo voces en los rincones y sonrisas deslizarse entre besos a un costado de la cama. Kara se había marchado de su vida, otra vez, y solo pudo permanecer de pie junto a la camilla, viendo como la oscuridad se apoderaba de su relación una vez más.

Las lágrimas se le agolparon en las mejillas dejando un surco desgarrador sobre la blanca piel de la morena, de haber podido correr lo hubiera hecho, de haber podido gritar su voz se hubiese roto de tanto hacerlo, pero en su triste realidad solo pudo hacer una cosa, llorar. Y ahí se quedo, anclada al piso de la DEO con el cuerpo abatido y las lágrimas brotando sin control, incluso cuando Kara se había marchado del lugar ignorando los retos de Alex.

-¿Cómo te sientes?- cuestiono la agente regresando al cabo de unos largos minutos junto a la morena que mantenía la mirada perdida en la camilla de aquella fría habitación.

-Como si me hubiesen arrancado el corazón del pecho- murmuro de manera apenas inteligible tratando de esquivar la mirada preocupada de la castaña.

-Hay que darle tiempo Lena, esto también debe ser duro para ella, acaba de enterarse que ha perdido dos meses de su vida, quizás en un par de días los recuerdos de ese tiempo encuentren la forma de volver- reflexiono poniendo sus manos sobre los hombros caídos de la otra mujer y dejando un cálido apretón sobre ellos.

-Tal vez tengas razón, pero si no la tienes, ella puede seguir justo donde se quedó y es como si nada hubiese sucedido.- Suspiro profundamente y las lágrimas que por un minutos estuvieron calmas, regresaron con un sollozo ahogado y con más fuerza que antes. –Pero… ¿cómo hago yo para hacer de cuenta que nada paso Alex?, ¿cómo borro lo que siento si ella no recuerda nada?.- Lena se dejo caer sobre los brazos de la agente, aferrándose a ella como si fuese la única tabla de madera en el océano. Alex jamás la había visto tan devastada en los años que llevaba de conocerla, porque incluso en los peores momentos, Lena siempre se las ingeniaba para que su mente fría tomara control de la situación.

-Escúchame…- la llamo tratando de calmarla. –Lena, escúchame. En los últimos meses he visto a mi hermana más feliz que en mucho tiempo, y sé que eso se debe totalmente a ti. Y tenemos que creer que sí tú pudiste conseguir eso una vez, podrás hacerlo de nuevo.- Alex aparto a la morena lentamente de su agarre para volver a sujetarla por los brazos y asegurarse de que la viera a los ojos mientras le hablaba. –Kara te ama, y puede que no recuerde lo que paso entre ustedes, pero ese amor ha estado ahí desde siempre, no es algo nuevo que surgió de la nada. Ahora solo necesita de tiempo y de ayuda para dejar que lo que siente por ti, salga a la luz otra vez. No estás sola en esto.- Lena asintió brevemente con la cabeza enjuagándose las lágrimas con el dorso de su mano mientras trataba de normalizar su respiración. La agente paso un brazo por sobre sus hombros y la dirigió con pasos lentos pero seguros fuera de la habitación. –Vamos, te llevaré a casa, necesitas descansar.-

El viento cálido golpeaba su rostro a medida que se abría camino por el cielo azul totalmente despejado. Le zumbaban los oídos producto de la cirugía y podía sentir como el cráneo estaba a punto de estallarle en mil pedazos. Aterrizo con dificultad en su sala luego de encontrarse con la ventana abierta, ella nunca la dejaba abierta, reflexiono molesta mientras recorría con la mirada el desorden que había en su departamento. Parecía como si una adolescente se hubiese mudado a su hogar para ponerlo patas arriba. Comenzó a acomodar cada cosa en su lugar lanzando improperios a diestra y siniestra mientras el rostro se le contraía en una mezcla de dolor y frustración. Una pila de platos sucios la hicieron poner el grito en el cielo -¡qué diablos han hecho en mi casa!- vocifero más molesta de lo que podía recordar haber estado alguna vez.

Apenas si había dejado a Alex explicarle la delicada situación de los meses pasados, pero jamás se le ocurrió pensar, que la persona que fue durante ese tiempo, era una completa extraña, una muy desordenada extraña. Había supuesto erróneamente antes de evaluar el estado de su hábitat, que el hecho de haber estado con amnesia dos meses solo había generado eso, amnesia, y no un total cambio de personalidad. Y con esa reflexión en su mente mientras apilaba la vajilla ahora limpia, no pudo evitar preguntarse qué otra cosa había puesto de cabeza en ese tiempo.

Una ventaja de su súper velocidad, era que no necesito mucho tiempo para dejar todo como a ella le gustaba, por lo que todo el tiempo ganado en limpieza, fue invertido en un largo baño caliente que le ayudo enormemente con su insipiente dolor de cabeza. Ya sentada en su cama, estuvo a punto de vestirse dispuesta a regresar al trabajo cuando un llamado a su móvil la interrumpió.

-Alex, ¿Qué sucede?- exclamo poniéndose de pie para recuperar su traje intuyendo que el deber llamaba.

-No sucede nada, solo quería saber cómo te encontrabas, saliste de la DEO como alma que lleva al diablo.-

-Bueno, lanzaste una gran bomba sobre mí, ¿Cómo te sentirías si en un momento estuvieras en una batalla y a los dos segundos alguien te dijera que te has perdido dos meses de tu vida?, dudo que te lo tomases con calma.- Mascullo algo molesta por la situación mientras se dirigía a su armario para vestirse y se encontraba con varias prendas nuevas que no recordaba haber comprado. –Alex, ¿estás segura que quien estuvo viviendo en mi casa este tiempo era yo?.- Tomo una camiseta pequeña con un gran escote que no se hubiese puesto ni en un millón de años y la analizo horrorizada imaginando que su cuerpo se estuvo paseando por la ciudad con esa cosa.

-Claro que eras tú Kara, ¿crees que somos tontos y dejamos que una impostora nos engañara?- la regaño la castaña no pudiendo creer lo que estaba escuchando.

-Como sea, si no se te ofrece nada debo volver a mi vida normal, la ciudad necesita a su heroína y tengo que ver que desastres he causado en Catco durante este tiempo.-

-Olvídalo, tienes que descansar, acabas de ser sometida a una cirugía y tu cerebro necesita reiniciarse. Además la ciudad se encuentra perfectamente y ya le avise a James de la situación y está de acuerdo en que te tomes unos días, así que te ordeno quedarte en casa.- Kara protesto, pero termino accediendo ante la nada sutil sugerencia, barra imposición que su hermana le había dado.

Paso el resto de la tarde devorando todo lo que encontró en el refrigerador y mirando series luego de una larga siesta. Pero pese a haber acordado tomarse las cosas con calma, no podía soportar estar encerrada sin hacer nada. Había solo dos cosas para las que era buena, su trabajo como reportera, y su trabajo como heroína, y en eso constaba su vida, hacer bien su trabajo. El resto de su mundo se derrumbaba cada vez que intentaba algo diferente, por lo que enfocarse en ser productiva era su mejor opción. Nada había salido bien en mucho tiempo, había perdido demasiada gente a su alrededor, y que Lena descubriera su identidad a manos de su demente hermano, le había robado el último vestigio de normalidad al que podía aspirar.

Perder la amistad de la CEO era de las cosas que más lamentaba, pero tras sus duras palabras cada vez que intentaba enmendarse y explicar sus motivos, había decidido finalmente dejarlo como estaba, algunas cosas rotas no podían arreglarse, y lo que supo tener con Lena alguna vez, era una de esas cosas. Reflexiono dolorosamente mientras levantaba el teléfono y encargaba la cena, no estaba de ánimos ni siquiera para cocinar. Pero mientras regresaba al sillón una imagen cruzó su mente, Lena estaba en la DEO cuando despertó, ¿Qué hacía allí después de tanto tiempo sin hablarle?. Tal vez si no se hubiese marchado de esa forma tendría la respuesta a esa pregunta, pero otra vez, estaba sola en su sofá con la espina de la duda y las culpas carcomiéndole por dentro.

Pasaban de las diez de la noche y ya estaba cansada del universo de posibilidades que su cabeza había creado durante todo el día. ¿Cómo era posible que en tan solo un puñado de horas su realidad hubiese cambiado tanto?, basto un golpe de mala suerte y ahí estaba otra vez, de vuelta al comienzo del agujero del conejo, preguntándose qué estaría haciendo Kara ahora que volvía a ser ella misma. ¿Habría vuelto a Catco?, ¿estaría volando por la ciudad deteniendo delincuentes?, ¿a caso pensaría en ella?, ¿recordaría todo lo que pasaron en esos increíbles y alocados meses?. La respuesta era más que obvia, claro que no recordaba nada, estaría sentada junto a ella en el sofá si así fuera.

Dejo escapar un suspiro agotado y doliente mientras descansaba los pies sobre la mesa de café y mantenía la mirada perdida en su televisor. No había tenido energías siquiera como para leer, lo había intentado, pero las últimas veinticuatro horas se repetían en su cabeza una y otra vez como una película sin fin, impidiéndole concentrarse en cualquier otra cosa. Se recostó un poco más sobre el sofá, y sin darse cuenta, el cansancio de un día insoportable para su espíritu la arrastro a un profundo sueño.

No supo cuanto tiempo estuvo dormida en esa incómoda posición, pero pudo intuir que había sido bastante puesto que el cuello le dolía tanto que apenas si podía moverlo. Estiró sus músculos al tiempo que se reincorporaba sobre los pies y caminaba hasta el gran ventanal con los ojos aún algo adormilados. Sin embargo, pudo distinguir sin dificultad la mancha roja que paso a toda prisa demasiado cerca de su ventana siguiendo el concierto de sirenas que sus oídos apenas podían distinguir a lo lejos.

Salió al balcón disfrutando de la brisa cálida embriagadora que la envolvió en cuanto se dejo arropar por aquella hermosa noche. Se quedó allí largos minutos recargada sobre el barandal metálico mientras su mirada buscaba con anhelo un rostro por demás conocido volver a aparecer en el oscuro cielo. Espero pacientemente a que el sonido de la policía dejara de escucharse y entonces dijo en voz alta el nombre que su mente repetía sin cesar, -Kara- la llamó en su inmensa soledad con la esperanza de que estuviera poniendo atención a su llamado como hacía siempre. No importó que tan distanciadas hubiesen estado, o que tan furiosa estuviera con ella, la rubia siempre acudía a su encuentro cuando la llamaba, y esperaba que aquello siguiera sucediendo así.

-Kara… necesito hablarte- llamo una vez más sintiendo como el corazón se le aceleraba de solo pensar en lo que haría si aquella mujer finalmente respondía a su súplica.

Estaba atorada en comida tailandesa, había devorado cuatro cajas y estaba a punto de comenzar con la quinta cuando el sonido salvador de las sirenas llegó hasta sus oídos. Salto del sofá agradeciendo a Rao la posibilidad de salir de su encierro, se enfundo en su traje y levanto vuelo desde el interior de su sala. Dos minutos después, se encontró con un enorme restorán italiano envuelto en llamas.

Los gritos de la comitiva se escuchaban desde todos los rincones mientras salían a toda prisa por la puerta de emergencias, sin embargo, y pese al caos a su alrededor, el llamado de una mujer pidiendo ayuda desde el interior del salón le inundó los oídos. Se aventuró dentro sin pensarlo hasta que dio con el origen de las súplicas, una joven morena de no más de veinte años, de encantadores ojos verdes y piel blanca como la nieve, se mecía en un rincón aterrada por las llamas crecientes a su alrededor. Tuvo una extraña sensación de cercanía que se apoderó de ella, la muchacha tocía y lloriqueaba desesperadamente mientras ella se acercaba hasta lograr tomarla en sus brazos y sacarla del lugar. En cuanto todos estuvieron a salvo fuera da la edificación, sopló un viento gélido apagando las incesantes llamas hasta que todo el lugar estuvo nuevamente en calma.

Ya con el incidente controlado, camino despacio pero con firmeza para hablar con el jefe de bomberos y preguntarle si necesitaba alguna otra cosa de su parte, y ante la negativa del corpulento hombre que transpiraba bajo su enorme traje, se dispuso a regresar a casa. Pero en cuanto volteo, la joven morena se abalanzo sobre sus brazos sollozando mientras agradecía una y otra vez. Kara estaba acostumbrada a las muestras de afecto por parte de las personas a las cuales salvaba, pero por alguna razón, esta chica le removía algo en su interior. No pudo evitar preguntarse si esas sensaciones extrañas se debían solo al evidente parecido entre la muchacha y Lena, o si detrás de aquel sentimiento había algo más escondido.

Tenía abrazada a la joven cuando la conocida vos de otra morena llegó a sus oídos reclamando su nombre. Rápidamente se disculpo con la mujer que apretaba en sus brazos, y desapareció en el aire rumbo al edificio donde Lena vivía, y al doblar en una esquina, la diviso a lo lejos recargada sobre el barandal del balcón.

En cuanto aterrizo sobre el reluciente piso, la mirada de Lena la busco con un brillo de añoranza que no había visto nunca antes en ella. Su cuerpo parecía temblar pese a la agradable temperatura de esa noche de verano, y podía escuchar su corazón palpitar con fuerza. Estuvo a punto de preguntarle qué era lo que necesitaba, cuando la CEO se abalanzo sobre ella apretándole la cintura y enterrando el rostro sobre su pecho. Se quedó totalmente petrificada ante aquel gesto sin saber cómo reaccionar o que decir, ya ni recordaba cual había sido la última vez que Lena se había refugiado en ella de esa forma.

-Parece que es el día de "abracemos a la rubia de rojo"- exclamo intentando una especie de broma sin saber que más hacer. Estuvo a punto de responder el gesto, pero su cuerpo tardó tanto en hacerlo, que finalmente la morena se aparto dejándola con una serie de sensaciones encontradas.

-Lo lamento- dijo Lena apartándose un par de pasos de la kriptoniana mientras sus mejillas enrojecían irremediablemente. –No quise hacerte sentir incomoda.-

-No hay problema- titubeo intentando entender que había llevado a la CEO a reaccionar así con ella después de meses de no hablarle. –Emmm… me llamaste… ¿necesitabas algo?- cuestiono con sus manos colgando a ambos lados de su cuerpo en una posición que la hacían sentir enormemente vulnerable.

-No en realidad, solo… solo quería verte- respondió esquivando la mirada de la rubia mientras su corazón se saltaba un latido.

-¿Por qué?- pregunto la heroína torciendo la boca y arrugando la frente en una clara muestra de desconcierto que, en cuanto Lena la descubrió, no pudo evitar sonreír por la ternura que le daba cada uno de sus gestos. -¿Qué es lo gracioso?- dijo comenzando a molestarse.

-Nada, lo lamento… es solo que recordé algo que… ya no importa- se enredo con sus palabras al tiempo que apretaba nerviosamente una mano sobre la otra. La mirada de Kara era dura aunque confundida, y se pregunto si era capaz de volver a acostumbrarse a ese semblante cada vez que estuviese frente a ella.

-Mira Lena no tengo tiempo para esto, la última vez que nos vimos me dejaste muy en claro que no me querías cerca de ti y que jamás volverías a confiar en mí, así que explícame que es lo que hago aquí para resolverlo y volver a casa- se apresuro a articular finalmente, incapaz de permanecer en ese silencio incómodo que se formaba entre ellas. Había llegado incluso a preferir que le gritara, pero no soportaba los silencios profundos de la morena.

-Yo no dije eso Kara- exclamo levantando la mirada del suelo para enfrentarse a los ojos azules de la otra mujer.

-¿Crees que tus recuerdos sobre esa conversación son mejores que los míos?- mascullo molesta cruzándose de brazos. –Tus palabras exactas esa noche fueron "ser tu amiga fue el peor error de mi vida, y me arrepiento de haber confiado en ti, pero aprendí mi lección y eso ya no volverá a suceder", ¿recuerdas?- la voz de Kara sonaba más dura de lo que jamás la había escuchado, pero no solo había dureza en ella, sino también un profundo dolor, uno que sin duda ahora estaba segura que era capaz de reparar si conseguía que la rubia recordara lo que había pasado entre ellas.

-Lo lamento Kara, no te lo dije antes, pero te lo digo ahora, lo lamento, sé que no quisiste herirme ocultándome quien eras, y aunque estaba dolida y con razón, no debí ser tan dura contigo. La noche en la que dije eso está en el pasado, ya no lo siento así y estoy muy arrepentida de haberte lastimado.- Se sinceró con los ojos brillándoles por las lágrimas que luchaban por asomarse. –Solo quiero empezar de nuevo, quiero una oportunidad de recuperar lo que alguna vez tuvimos.- Agrego acercándose nuevamente para colocar sus manos sobre el antebrazo de la rubia y apretarlo ligeramente en un gesto cálido y deseoso de contacto.

Kara se la quedo mirando en silencio, totalmente desconcertada por la actitud que Lena estaba teniendo en ese momento. ¿Tanto habían cambiado las cosas en dos meses como para que ahora la morena quisiese ser nuevamente su amiga?, ¿qué había hecho para ablandar a esa mujer que la última vez que recordaba haberla visto, la odiaba profundamente?, ¿a caso se trataba de alguna especie de juego macabro o trampa?. Era totalmente incapaz de dilucidarlo, ya que en la mirada de Lena solo podía encontrar anhelo y dulzura, y en el fondo, algún otro sentimiento que le fue incapaz de descifrar.

-¿Qué esperas de mí Lena?- cuestiono cansada de todo lo que había rodeado a su relación desde que la morena descubrió su verdadera identidad, y aterrada de lo que pudiese pasar si bajaba sus defensas y se arriesgaba a sentir otra vez algo por aquella mujer.

-Solo quiero empezar de nuevo, sin secretos, sin mentiras, solo tú y yo sin nada más alrededor, como siempre debió haber sido.- La voz de Lena sonaba sincera y plagada verdad, Kara se dejo perder en sus ojos verdes por un segundo mientras sopesaba las posibilidades de que arrancar de nuevo fuese una opción real. Luego soltó un largo suspiro y asintió con la cabeza tratando de esbozar una sonrisa.

La morena dejo ver sus perlados dientes con entusiasmo mientras liberaba el agarre que aun mantenía sobre el brazo de la rubia, retrocedió otro par de pasos y sus ojos brillaron más intensamente que nunca. -¿Vienes en la mañana y desayunamos juntas?, tenemos que ponernos al día.- Dijo incapaz de abandonar esa sonrisa alquilada que Kara tanto había extrañado.

-Claro, te veo en la mañana- respondió sintiéndose aún incomoda con la situación. Luego le arrojo un último vistazo de soslayo y se elevó en el aire dispuesta a regresar a casa. Lena la observo irse con el corazón satisfecho por aquel pequeño avance que habían dado. Aferro sus manos a la barandilla y soltó un escueto –no te perderé de nuevo- que hizo sonreír a la reportera que ya se alejaba a toda prisa.