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¡Hola! .o./ Bueno, no está muerta dirán... pues no, solo había estado desanimada como para publicar, pero ¿cómo puedo evitar volverlo a hacer con este capítulo que tuvimos en Fairy Tail: 100 Years Quest? ¿¡Cómo!? QwQ Simplemente mi corazón reventó de felicidad y amor y ya no pude contenerme de escribir... Estoy tan feliz... ¿Lo están ustedes? QwQ
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Disclaimer I: Fairy Tail y sus personajes pertenecen a Hiro Mashima. Yo solo... yo solo lloro de felicidad al ver a mis bebés avanzar.
Disclaimer II: Basado en el capitulo 63 de Fairy Tail: 100 Years Quest.
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Referencia de Lectura:
Narración.
Diálogo.
Pensamientos.
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Con Libertad
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Como siempre, su familia celebraba a lo grande.
Eso nunca cambiaría.
Ni siquiera importaba que no estuviesen ni cerca de su gremio, de igual manera Fairy Tail se comportaba como un tornado de risas destructivas que se alimentaba de alcohol y compañerismo.
Soltó un suspiro y sonrió.
Su familia siempre sería un desastre y de cierta manera eso la hacía sentir bien, estar en ese ambiente tan familiar la hacía sentir segura y confiada, ya que, en esa pequeña taberna, casi al otro lado del mundo de donde era procedente su gremio, las personas más importantes para ella estaban reunidas.
O casi todas.
La sonrisa de la gran Titania disminuyó un poco.
La falta de esa persona en esa taberna era demasiado notaria para ella.
―Me pregunto si... ―dijo en un murmullo y negó para sí, había pensado en que él podría estar necesitando de su apoyo en ese momento, era más que obvio que se iba a sentir culpable por algunas de las cosas que pasaron durante la batlla. En los últimos tres días luego de la batalla contra Aldorón, supo que Jellal había ido al gremio en busca de la Maga Blanca y se había visto involucrado de esa manera en el resto de los acontecimientos recientes, y siendo como era él, ese fallo de seguro significó mucho para su conciencia.
Se cruzó de brazos pensativa.
―Aunque... ―volvió a murmurar, su ceño se frunció y de pronto todo el ruido de su familia desapareció, en su mente pasaron todas las veces que había visto a Jellal esos días tras la batalla, no recordaba ver en él atisbos de culpa o desánimo, aunque sí había notado preocupación en él en un par de ocasiones en que pudieron cruzar un par de palabras en medio de los tumultuosos deberes ya que lastimosamente no había podido hablar con él a solas; porque, entre los heridos, las explicaciones de los hechos y lidiar con las preguntas del ejército que vigilaba al dios dragón, algo de lo que Jellal ―como miembro en oficio de la corona de Fiore― tuvo que hacerse cargo con ayuda del Maestro Makarov, había resultado verdaderamente imposible hacerlo, pero por Wendy, la sanadora oficial de Fairy Tail, sabía que un muy preocupado Jellal había preguntado varias veces por el bienestar de ella mientras la pequeña y muy trabajadora maga revisaba las heridas que él tenía.
Sintió un calor en sus mejillas y negó con su cabeza.
Pero igual la sonrisa en sus labios volvió a crecer.
―Jellal... ―susurró en la esquina solitaria a la que se había retirado a observar a su familia, estaba feliz de tenerlos a ellos pero de verdad que quería verlo a él.
Era imperiosa la necesidad.
Entonces, decidida, abrió sus ojos.
Y fue justo a tiempo para esquivar una jarra con cerveza que se dirigía a su rostro, pero, sin siquiera prestarle atención al bullicioso quiebre de esa jarra contra la pared que estaba tras ella se levantó de su asiento, haciendo que la trifulca causal del ataque con cerveza se detuviese presa del miedo del posible castigo de la Gran Titania, mas su miedo se vio injustificado puesto que la maga simplemente salió de la taberna en silencio para la sorpresa de todos.
O de casi todos.
Un par de personas en el sitio solo sonrieron para sí mismos.
Ya imaginaban a donde se dirigía ella.
Y ella, sin saber el desconcierto que había generado en el lugar que acababa de dejar, miró al cielo nocturno, asintió para sí y respiró a profundidad el revitalizante aire de la noche, así encaminó sus pies sin siquiera ponerse a pensar en su destino, solo se dejó llevar por su instinto, y su instinto le decía que la persona a la que buscaba la encontraría en algún lugar en que pudiese disfrutar de la vista de una ciudad tranquila; pero principalmente, de un hermoso cielo lleno de estrellas como el que se cernía sobre ella en ese momento.
Caminó confiada.
Lo encontraría.
Poco antes de llegar al puente, incluso, mucho antes de doblar la esquina que la llevaría a vislumbrar la estructura de lejos, pudo sentir su presencia, y claro que no era la primera vez que pasaba, pero siempre que ocurría su corazón se aceleraba al mismo ritmo en que sus pasos aumentaban la velocidad, aunque siempre se obligaba a moderar ambas cosas, racionalizando la emoción que lograba ese efecto en ella, asegurándose que era fácil para ella saber que él estaba allí pues conocía muy bien su magia ―no solo en combate la había sentido, también cuando él le regaló de su magia al enseñarle la técnica de las siete estrellas que también se mostraban en el cielo sobre ella en esa noche―, pero, bien sabía Erza que esa racionalización solo era una cubierta que ella usaba para mantener controlado algo en su interior que siempre que estaba cerca de Jellal quería salir, y correr, y actuar con total libertad.
Mas no sabía si era correcto el darle nombre concreto a esa emoción.
Ni mucho menos sabía si era correcto dejarla correr libre.
Y fue ahí, por un segundo, que se cuestionó si no era mejor devolverse, sin embargo, sus pies siguieron andando, y aunque ella los regañó por no esperar la decisión que no terminaba de razonar, ellos no se detuvieron y no fueron fieles a la mente de su dueña, sino a otra parte de su ser, y la hicieron continuar avanzando, paso a paso, sonando la suelas de sus botas contra la piedra maciza que la llevaba al puente enmarcado en estrellas, tanto las del cielo como las que se reflejaban en las aguas tranquilas bajo este, las mismas que de seguro se reflejaban también en los ojos del hombre que observaba en soledad el espectáculo.
Y entonces Erza supo que sus pies habían escogido el mejor actuar.
Llevarla hacia él.
Llevarla con él.
―Sabía que te encontraría aquí, Jellal... ―y al igual que sus pies, las palabras salieron con permiso propio de sus labios, sintió cosquilleo en sus mejillas, y se alegró de que el viento soplase con la fuerza suficiente para mover con algo de fuerza su cabello y así ocultar y refrescar su rostro al mismo tiempo, aunque se lamentó del desorden que causó a su cabello.
«¡Que tonterías estoy pensando!» Se regañó en tanto observaba como la persona iluminada por dos farolas en medio del puente volteaba a verla.
―Erza ―su voz apenas sorprendida, como si en realidad la hubiese estado esperando, y gentil.
Siempre gentil.
―No podía ser parte de una celebración que competía solo a tu gremio, ¿cierto? ―respondió él ahora sí con solo apacibilidad.
Porque Erza había adivinado bien.
Él la había estado esperando.
También quería hablar con ella, si estaba en ese lugar no solo era por la hermosa vista que se podía observar allí, sino porque sabía que Erza y su gremio tarde o temprano tendrían que pasar por allí para ir a la posada en la que dormían, y esa noche ya no había podido mantener bajo control la necesidad de querer hablar con ella y se había encaminado allí.
Para hablar con honestidad con Erza Scarlet.
La maga avanzó hacía él, y a pesar de estar llena de vendajes, para él Erza siempre representaba la pura imagen de la belleza, de hecho hasta sentía un poco de celos de como el viento podía tan libremente enredarse y jugar con esas hebras de hermoso cabello escarlata.
«¿De verdad estoy celoso del viento o solo es envidia?» Su pensamiento le causó gracia.
La sonrisa que ella le causó al oírle decir su nombre, aumentó con eso.
Mientras Erza, al ver esa sonrisa, se lamentaba de no haberse cepillado el cabello antes de ir a buscarlo, así que se tuvo que conformar con llevar su mano a su cabello y tratar de acomodarlo un poco en tanto respondía:
―Estoy segura de que a nadie le hubiese importado de qué te nos unieses... ―y lo dijo con total sinceridad y seguridad, sabía que cada miembro de Fairy Tail recibiría a Jellal en su celebración de buena gana, Jellal era apreciado por su gremio y ella quería que él supiese eso, así que lo miró fijamente para asegurarse de que le entendiese, él asintió y su sonrisa se enterneció con sus palabras, sus ojos brillaron de una manera especial y la hicieron detenerse un momento y fingir mirar el agua bajo el puente intentando calmar de nuevo las emociones que solían agitarse en presencia de él.
Y las controló lo mejor que pudo, antes de dar unos pasos más hacía él.
Pero eso sí, no pudo quitar la vista del rio porque estaba segura de que si lo miraba a él, esas emociones lucharían con más fuera para liberarse.
¿Cuánto más podría oprimirlas?
La noche y el viento los envolvieron en su curiosa calma mientras ambos observaban el paisaje frente a ellos, de esas estrellas brillando maravillosamente, del agua corriendo bajo el puente con un sonido casi musical, del viento jugueteando con sus cabellos.
Sus corazones, sin quiera el conocimiento de sus dueños, comenzaron a latir a un mismo ritmo.
Siempre ocurría cuando estaban juntos.
Sn embargo, aunque podían disfrutar del silencio y del paisaje, ambos querían hablar, tenían muchas cosas que preguntarse y decirse, que explicar y contar.
Necesitaban hablar.
Y mientras la mente de ambos se llenaban de formas para comenzar esa conversación que tanto querían y necesitaban, los dos poderosos magos buscaron apoyo en el puente y en un movimiento simultaneo apoyaron sus brazos en él, ahogando un suspiro, acercándose un poco más, sus codos casi rozándose tras el movimiento, sin ser conscientes de que así como habían actuado al unísono para acercarse al otro, sus corazones tenían un solo deseo.
El mismo.
Y lo supiese ella o no, fue Erza la que se decidió primero, miró a un costado y habló:
―Ha pasado un tiempo ―no era lo que había elaborado meticulosamente en su cabeza, era vago, simplón y hasta tonto, pero era lo que había salido al final.
―Sí ―fue la respuesta de él, una respuesta demasiado simple y seca que tampoco era lo que él habría querido responder, ni mucho menos lo que quería decir, porque vaya que tenía muchas cosas que decir.
Que confesar.
Después de todo, tras la batalla con Gear había decidido que era hora de que los engranajes de su vida se movieran, y Erza era la parte más importante de su vida.
Aunque ella no lo supiese.
¿Debería confesarle eso también?
De nuevo el el agua ocupó el sonido mayoritario del ambiente aprovechando el golpe mental que ambos se daban por haber empezado y terminado la conversación de esa manera.
Oh, tan ridículos...
Sin embargo, Jellal se recuperó más rápido del fallido intento de hablar y decidió mezclar sus curiosidades con la línea de conversación que Erza había iniciado.
―Pero no recuerdo nada desde que fui controlado... ―pensar en eso lo agobió un poco y llevó su mano a su frente, animándose a preguntar una de las cosas que más lo preocupaba― ¿Acaso hice algo malo?
Porque le horrorizaba pensar que en medio de ese control mental él hubiese lastimado a Erza de alguna manera.
No podía ser que sucediese de nuevo.
Rogó en sus adentros que ninguno de esos vendajes en ella fuesen por su causa directa.
Y mientras él se atormentaba con culpas que no deberían de existir, la joven junto a él se atormentaba con su propia pena, pues la primera imagen que se vino a su cabeza con la pregunta de Jellal había sido una muy comprometedora, tanto porque el Jellal que conocía jamás haría eso, como porque esa imagen de ese Jellal se había repetido con constancia en su mente en los últimos días.
Incluso en sus sueños.
―Uh...Um... Bueno... ―fijó su mirada al agua esperando con ello robar de su frescura para controlar el fuego que pareció encenderse en su cara debido a que su mente recordaba con bastante detalle a un Jellal semi-desnudo que se ofrecía a ella―. No hubo ningún problema en realidad...
Y sabía que Jellal la miró curioso por su comportamiento y tartamudeo, mas, como caballero que era, no hizo más preguntas sobre ello.
―Me siento... tan avergonzado... ―le escuchó decir y volteó de inmediato a él, su tono le preocupó―, el pensar que terminé de esa manera mientras perseguía a la Maga Blanca...
Erza soltó un suspiro y dejó fluir sus pensamientos ―y miedos― con total libertad:
―Y ahí está ―volteó a mirar al frente, no quería hacerlo sentir mal con lo que iba a decir pero no podía callárselo―, la especialidad de Jellal, estás pensando "esto es mi culpa" ¿Cierto?
Y entonces el rostro el Jellal se ensombreció.
―Es que realmente fue mi culpa.
Erza cerró con fuerza su puño y empezó a sentir angustia porque su miedo se estaba cumpliendo y culpa por lo que acababa de decir; pero, un latido de corazón después, fue sorprendida por una sonrisa sincera de Jellal y la mirada que le dirigió:
Decidida y libre de cualquier sombra oscura de culpa.
No supo que decir al verle, pero su corazón latió emocionado con sus siguientes palabras:
―Pero, no continuaré castigándome por cada error que cometa.
En su mente, el Jellal lleno de esperanza y decisión de su niñez apareció.
El que hablaba de libertad.
El que hablaba del futuro.
El que hablaba de sueños.
El que le había regalado un apellido, esperanzas y confianza en ella misma.
El Jellal que había creado un lugar especial en su corazón desde ese entonces.
Erza no respondió, pero para Jellal fue un alivio ver la mirada llena de convicción que ella le dio.
Fue como volver a ser los dos niños cómplices y decididos a ser libres.
Eso le dio el valor para continuar dejando libre sus pensamientos.
―Por supuesto, continuaré reflexionando sobre mis pecados del pasado y mis errores, y al hacer eso, podré encontrar un camino que me lleve hacia el mañana.
Y ahora más que nunca, deseaba que hubiesen muchos mañanas, porque ahora no veía soledad en cada amanecer delante de él, ahora... ahora se daba la esperanza de que tal vez, por un milagro inmerecido, la mujer junto a él estuviese a su lado en cada uno de esos amaneceres.
Continuar viviendo junto a Erza Scarlet.
Iluminando sus despertares con la luz de su presencia, así como lo había hecho con su corazón y con su vida antes inundada de oscuridad.
¿Habría posibilidad de un milagro así para él?
No lo sabía, pero ahora, ahora se daba la libertad de tener fe en ese sueño.
―Ya veo ―respondió Erza con sencillez, porque era la verdad, lo veía en él, las ganas de vivir, de darse nuevas oportunidades, de ver nuevos amaneceres por deseo propio, de darse la libertad de vivir.
Lo veía.
En su hermosa sonrisa sin cargas del pasado, en su mirada de ojos avellana llena de un brillo más maravilloso que el de las constelaciones que él dominaba.
Lo veía.
Jellal había respondido sus preguntas y había eliminado sus miedos de los últimos días.
Jellal se estaba permitiendo vivir realmente.
Y mientras su mente intentaba entender la inmensidad de esa realidad, y su corazón se llenaba de una felicidad abrumadora, él la continuó sorprendiendo.
Con sus palabras.
―Y es todo gracias a ti, Erza...
Con sus acciones.
Porque cuando la mano de Jellal contactó con la de ellasobre el puente, su corazón se desbocó, su mundo tembló al sentir la suavidad de su piel contra la de ella, la gentileza de su tacto y la calidez de sus brazos cuando por fin fue consiente que ahora estaba envuelta en ellos.
No supo en que momento la distancia entre ellos se había desintegrado.
La sorpresa la embargó, su rostro sentía la ebullición de sus sentimientos ante la cercanía que no podía creer hubiese sido él quien la provocara.
Y por voluntad propia.
Y él, Jellal, simplemente sentía su corazón finalmente libre de opresión, abrazar a Erza era algo con lo que había solo soñado y despertado con culpa, pero ahora... ahora lo había hecho y la culpa no aparecía.
¿Ahora cómo controlarse?
¿Ahora cómo callar?
No podía callar.
No quería callar.
―Ahora puedo amar con libertad.
Y sucedió, la confesión de su amor.
Su secreto más grande y peor escondido.
Erza sintió como su corazón pasaba de agitación a quietud instantánea.
No sabía si Jellal hablaba sobre ella o no, aunque dentro de sí no había duda.
Calló a su mente confusa, cerró sus ojos y dejó que su corazón actuara con la claridad de los sentimientos que solía oprimir.
Sus brazos envolvieron a Jellal, sus manos acariciando la tela de su ropa, deseando poder darle la tranquilidad, la calidez y los sentimientos que él le estaba transmitiendo con esta nueva cercanía que esperaba fuese parte de esos nuevos amaneceres que él ahora anhelaba con todo su corazón.
Que ambos anhelaban.
―Eso es verdad... ―soltó en un susurro, intentando no romper la atmósfera que deleitaba sus corazones.
Preguntándose si su corazón también latía del modo en el que el de él lo hacía en ese momento.
...Con sus sentimientos en total libertad...
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¿Reviews?
Sus reviews son los que animan a continuar publicando.
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Rincón De La Escritora En Proceso:
Yo solo sé que lloré y fangirleé mucho. QwQ No saben lo feliz que estoy, sé que aún puede Mashima Sensei trolearnos un poco pues Erza últimamente anda bastante tsundere, pero por el momento celebró y agradezco a Mashima Sensei por este regalo. Ay... aún siento que es un sueño...
¿Cuántas veces escribí la palabra libertad y derivados? No lo sé, tómense la libertad de contarlas, así como yo me tomé la libetad de escribirlas, y sentirlas... QwQ xDDD
Espero les haya gustado.
Mil gracias por leer y...
¡VIVA EL JERZA!
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