Zonas Grises.

En el mundo solo existían cuatro clases de personas: La gente normal, los policías, los héroes y los villanos.

La gente normal podía ser buena o mala, y para aquellos que cometieran crímenes la policía estaba allí para controlarlos, pero solo los héroes podían controlar a los villanos.

Sin embargo, existían zonas grises, porque todos sabían que la gente normal podía ser buena o mala, sin embargo nadie hablaba de que lo mismo pasaba con la policía, los héroes y también los villanos. Los policías eran corruptos, los héroes farsantes y algunos villanos no tenían otra opción más que ser lo que eran.

Este era el caso de Karin, cuyo poder la hacía demasiado peligrosa para convivir en sociedad y se vio forzada a hacer lo necesario para sobrevivir.

Karin podía crear fuego de la nada, usando solo lo que había en el aire y su propia energía vital, pero no podía controlarlo. Su poder solía estallar con sus emociones, y no importa lo que hiciera siempre que intentaba usarlo a voluntad salía demasiado y hería de gravedad a la gente. Fue así que casi mata a su familia… y fue por esa misma razón que tuvo que huir lejos de ellos cuando era niña y de todo ser al que pudiera lastimar. No podía convivir con nadie.

La soledad desde muy temprana edad la volvió amarga y nadie le importaba. Dejó de importarle a quién pudiera lastimar o matar con su poder, y ahora era imposible hasta tocarla. Tocarla significaba quemaduras de tercer grado para cualquier pobre ingenuo.

Solo había encontrado una persona hasta la fecha que podía tocarla y hasta enfrentarse a sus estallidos sin salir lastimado.

-¡No tienes escapatoria, Kuroaki, vuelve aquí!- ah, y Kuroaki era su nombre de villana según la prensa, aparentemente, no es que le importará.

Ella sonrió emocionada al escuchar esa voz. Últimamente, esa voz era lo único que la hacía sentir viva.

Rápidamente se colocó sus lentes de sol y volteó a verlo con la más grande de sus sonrisas.

-¡Capitán Hyotsu! ¡Volvemos a encontrarnos! Y eso que he estado portándome bastante bien este año ¿le dirás a Santa que no me traiga obsequios en navidad?- sonó dolida.

Rió cuando él le lanzó una rafaga de picos de hielo, solo bastó una pequeña explosión de fuego para desaparecerlos por completo.

-Entrégate y nadie tiene porqué salir herido.- dijo con voz fría, saltando desde el techo de la bodega en la que estaba para acercarse más a ella.

-Qué dulce, y yo que creía que estabas molesto porque te llamé enano de Santa otra vez.-

Se carcajeó una vez más al ver sus labios apretarse en una fina línea. Era una pena que el antifaz no la dejará ver más de su expresión.

-He estudiado tu caso.- dijo con voz suave. —Sí te entregas no te llevaré a una prisión de alta seguridad donde vivirás encerrada en una cabina de metal, te llevaré a un centro de rehabilitación donde verán cómo podrías controlar tu poder y vivir normalmente. Solo causas daño buscando comida y ropa, pero no matas a próposito. Puedo ayudarte.- le tendió una mano.

Karin frunció el ceño.

De repente, esto ya no era divertido.

-¡Cállate! ¡No tienes idea de a cuántas personas he matado!- sus emociones estallaron y el fuego se disparó en todas direcciones, iniciando un gran incendio en las bodegas.

Ella maldijo y de inmediato corrió hacia el bosque, ya sin querer ver al estúpido capitán de hielo y sus estúpidas palabras amables.

Él frunció el ceño, agitando una mano para apagar las llamas con una rafaga helada, antes de seguirla, corriendo a toda velocidad detrás de ella.

-¡Sé que no fue tu culpa! ¡Sé lo que es no poder controlar tus poderes! ¡Pero sí yo aprendí tú también puedes!- le gritó al alcanzarla.

-¡Cierra la boca de una vez! ¡Tú no sabes nada!- volteó, lanzándose a encajarle una patada en el estómago con toda la intención de que las llamas lo consumieran en el proceso, pero él tomó su pierna con una mano y la tumbó en el suelo.

-Así como yo te entiendo, otras personas te entenderán. Solo necesitas darte una oportunidad para ser más que esto.- estaba sobre ella, tan cerca que podía ver el color de sus ojos.

Turquesa…

-No quiero una oportunidad.- frunció el ceño. —Quiero estar sola hasta que alguien me mate.- lo apartó de una patada, que funcionó por su fuerza aunque las llamas igual no le hicieron daño. -¡Te agradecería que me hicieras el favor!- volvió a sonreír.

Él suspiró profundamente.

-Supongo que tendré que llevarte por la fuerza.- creó una espada de hielo en su mano.

Karin rió emocionada, corriendo hacia él con toda la intención de que la matara de una vez. Ella no quería matarlo, pero anhelaba una muerte helada después de una vida infernal.

Desgraciadamente, como siempre que peleaban, Karin terminó incendiando todo alrededor y el capitán de hielo se concentró más en apagar el fuego para que no se extendiera a la ciudad ni consumiera demasiado bosque. Eso la aburría y terminaba escapando, aunque con la esperanza de que volvieran a encontrarse.

Era el único hombre que podía tocarla… y adoraba la sensación de sus manos frías bloqueando sus golpes. Sería una buena forma de morir… algún día.

Solo esperaba que pudiera disfrutar un poco más de esa sensación antes de finalmente despedirse de ese tormento al que llamaban vida.

Fin.

Holaaaaaaa! :D

Aquí les traigo un fic raro para q se acuerden de mí y q todavía los amo xD

Lamento q sea un poco deprimente pero es lo q se me ocurrió xP

Me di cuenta de que nunca escribi nada de heroes y ya escribi de muchos temas así q dije ¿por qué no? :P

Ojala les haya gustado n.n

Los personajes pertenecen a Tite Kubo!

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Me despido!

CELESTE kaomy fueraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!