4. Un sitio propio

Como cada noche, antes de terminar el día, Belldspar acomodaba su despacho con ahínco, odiaba el desorden y no soportaba ver sus cosas esparcidas por diferentes lugares. La cosa más mínima fuera de su lugar podría alterarlo por horas. Atendiendo a ello, el mago revisaba escrupulosamente cada resquicio de su oficina, antes de abandonar la Academia. Estaba terminando de ordenar su lista de contactos de la chimenea cuando sonó la alarma de la institución.

Ante el regreso de Voldemort, las cosas en Londres estaban desquiciadas, no se sabía en quién confiar. Además, las filas de la Academia se habían reducido considerablemente, nadie quería una profesión que implicara enfrentarse directamente al mago tenebroso y sus secuaces. Algo absurdo, pensaba Belldspar, porque entonces para qué les interesaba ser Aurores en primer lugar. Para proteger a la Academia y a sus estudiantes, Dumbledore le sugirió que colocara una alarma para que no los tomaran desprevenidos, la misma funcionó en numerosas ocasiones en las que fue posible actuar rápidamente contra invasores y atacantes.

Belldspar se dirigió rápidamente al pasillo principal, pues una de las características del sistema de alarmas era que atrapaba a los intrusos en un pasillo infinito en el ala principal de la escuela. La sorpresa de Belldspar al llegar fue grande, pues no encontró a nadie atrapado en el impresionante truco diseñado por Dumbledore en persona. Revisó minuciosamente el lugar, pero no encontró nada, pensó que la alarma habría sufrido algún desperfecto o que debía recibir mantenimiento, de cualquier forma, lo consultaría con Su Majestad mañana a primera hora.

Al doblar por la esquina del pasillo que daba a su despacho cuatro encapuchados le hicieron frente.

- Creo que has perdido el toque, Belldspar - inquirió uno de ellos, sacando su varita. El resto, lo imitó

Mediante aparición, Belldspar regresó a su despacho, colocó todas las medidas de seguridad y se encerró ahí. Desde afuera, se escuchaban impactos de maldiciones que buscaban atravesar la puerta de la enorme oficina. Belldspar intentó aparecerse nuevamente pero esta vez no lo consiguió, algo estaba bloqueando su magia, pero eso no era posible. Rápidamente se dirigió a la chimenea y la encendió, realizó un encantamiento para bloquear el efecto de las llamas y se introdujo en el pequeño espacio, lanzó un puñado de polvos flu y dijo en voz alta "Windsor", pero no ocurrió nada. Alguien había bloqueado también su chimenea. No había forma de escapar y estaba convencido de que los intrusos lograrían entrar a su oficina en cualquier momento. Sacó su varita, comenzó a agitarla en el aire y aparecieron símbolos en llamas. Con un movimiento más, se elevaron por encima de su cabeza y desaparecieron.

- Sería bueno enviar a Charles con Draco - opinaba Pheen - por su carisma, creo que es el único que puede con el carácter del chico. Cualquier otro no tendría posibilidad.

- Bien pensado - coincidió Portia - Charles será un excelente cambio para Draco y vaya que lo necesita, ¿has visto su cara última…

Portia se detuvo, un mensaje de fuego aparecía frente a ella en ese momento. Lo leyó con rapidez, al igual que Pheen y ambos desaparecieron rumbo a la Academia.

Harry se despertó de golpe, últimamente había estado teniendo estas terribles pesadillas en las que un enorme basilisco lo perseguía por la calle, tratando de devorarlo. El sueño siempre terminaba igual: él llegando a Malfoy Manor, semidesnudo, sudoroso y asustado, lo recibía Draco, divertido pero amable; le ofrecía techo, ropa y alimento, una guarida segura; se besaban, se acostaban y justo después de hacerlo, Draco dejaba que el espantoso basilisco lo devorara.

La relación entre ambos estaba en un impasse que no tenía pinta de poder mejorar. El trato cordial prevalecía, pero Draco incluso se empezaba a llevar mejor con Ron y Hermione que con él mismo. La bruja le decía que era porque Malfoy estaba atravesando un momento complicado y no quería que le afectara, Ron no lo animaba mucho cuando le decía que lo había visto sonreír al decano de Encantamientos y a unos cuantos estudiantes del último año.

Harry dio la vuelta en su cama, decidido a volver a conciliar el sueño, cuando una lechuza ingresó por la ventana, chocó con unos papeles que el mago tenía en su escritorio y se desplomó, evidentemente exhausta. Harry le quitó la carta de las manos, cuando iba por agua para el animal, éste ululó con una estridencia ensordecedora. Harry comprendió que debía leer la carta antes que nada, era un vociferador.

- Harry, es menester que vengas lo más pronto posible, han atacado la Academia y necesitamos averiguar qué se han llevado, ven con cuidado. Por cierto…Belldspar está muerto.

La voz de Hermione se quedó unos momentos en la cabeza de Harry. Belldspar estaba muerto, alguien había ingresado a la Academia y lo había asesinado. Se dirigió por agua y comida para la lechuza, dejó que comiera y bebiera a voluntad mientras él se alistaba. Tardó no más de diez minutos y se dirigió a su chimenea.

El lugar era un caos. Decenas de personas iban y venían por los pasillos, había zonas aseguradas por Aurores, no permitían el acceso a nadie al despacho del Director. Algunas miradas se detenían en Harry, extrañados.

- ¡Harry, por aquí! - escuchó el moreno detrás de él y al virar se alegró de ver a Pheen. Lo que no le gustó fue su semblante

- ¿Qué ocurrió Pheen? - preguntó Harry

- Todo lo que sabemos es que a Belldspar le salió muy mal un encantamiento - respondió Pheen

Harry estaba por refutar, pero la voz de Pheen en su cabeza llegó antes. "No es seguro hablar aquí, sólo asiente con la cabeza y vayamos a mi oficina, ya están todos ahí".

El muchacho hizo lo propio y siguió a Pheen a la Unidad de Investigación, dentro ya se encontraban Ron, Hermione y Draco. La noticia había sido devastadora para todos ellos, y es que desde la época de la Guerra oscura no habían tenido lugar ataques tan agresivos como aquel.

- ¿Sabemos qué ocurrió? - preguntó Harry nuevamente, esta vez a todos los presentes

- Esta noche la Academia fue atacada por, suponemos, la Cuarta Compañía - informó Pheen - Era casi medianoche cuando recibimos un mensaje de fuego por parte de Belldspar: "Nos atacan. Vengan pronto. B.". Portia y yo acudimos de inmediato y logramos interceptar a algunos, otros bebieron una poción que los convirtió en lagartijas y lograron escapar. El cuerpo de Belldspar yacía en su oficina, les dio una gran batalla pero lo superaban en número

- Aún no sabemos qué se llevaron - intervino Ron - No podemos investigar nada hasta que estos se vayan - dijo, señalando a los agentes del Ministerio

- Aunque ese es el menor de nuestros problemas, ¿no? - opinó Harry

- ¿Qué quieres decir? - preguntó Hermione

- Si sólo hubiesen querido robar algo, habrían esperado a que nadie estuviera en la Academia - observó Harry - Evidentemente, uno de los objetivos era llevarse algo, sí, pero además…

- Se tomaron el tiempo de aniquilar a Belldspar - concluyó Draco la frase de Harry - Opino lo mismo, nuestra principal interrogante es por qué era necesario quitar al director de en medio

- Bien, sigamos esa línea - indicó Pheen - Hermione, mientras más pronto tengamos el listado de familias de sangre completamente pura, podremos avanzar. Ron, Harry, comencemos a cruzar información, hagan una lista de todas las familias que sepamos tuvieron relación con Voldemort en el pasado. Necesitamos saber dónde está cada una de esas personas, muertos, fugitivos, en prisión, todo. En cuanto la tengan, Draco la revisará con ustedes. Nadie además de nosotros y Belldspar sabía el estatus de nuestra investigación, asegúrense de que así se mantenga

Los chicos asintieron y se prepararon para salir a sus respectivas oficinas.

- ¿Qué están haciendo? - preguntó Pheen

- Casi amanece, no es como que quisiéramos volver a casa para tener que regresar en un par de horas - explicó Ron

- Mientras ellos estén aquí no podemos hacer gran cosa - observó Pheen. Al ver que los chicos seguían determinados a quedarse, añadió - Vayan a casa. No podrán hacer uso de este lugar hasta que el nuevo director llegue

- ¿Acaso no se había resuelto que la Junta Directiva determinaba ese cargo? - preguntó Hermione

- Por mutuo acuerdo, la Junta Directiva entra en funciones el último mes del año - respondió Pheen, contrariado - Hasta entonces, la decisión sigue en manos del Ministerio de Magia

Lo cierto era que aquello complicaba las cosas en sumo grado. La Familia Real no estaba preparada para un ataque de esa magnitud en contra de la Academia y no habían sorteado la posibilidad de poder perder el control de la misma. Aunque Kingsley era un gran Ministro, había sido él mismo el que les había recordado lo del funcionamiento de la nueva Junta Directiva y había insistido en que el sucesor del fallecido director ya estaba en discusión con el resto de las fuerzas políticas involucradas en la atención de la Academia. Eso quería decir que el sucesor sería designado entre el Ministro, el Jefe de Magos del Wizengamot y Portia. La Reyna temía que Kingsley apoyara al candidato de Sneacky para evitar un conflicto interno, argumentando que, al finalizar el año, la Mesa Directiva ya en funciones podría sustituirlo. De ser así, el grupo liderado por Cornfoot tendría control temporal en dos de las cuatro instancias destinadas casi exclusivamente a la Familia Real.

Pheen no había regresado a casa, pensando en cómo mejorar el rendimiento del equipo, en caso de que el nuevo director decidiera intervenir en la Unidad de Investigación. Era de suma importancia que quien llegara no conociera completamente la información que ellos poseían y, conociendo las intenciones de la facción que apoyaba una intromisión directa, sabía que las probabilidades eran altas. Tendría que hablar con los chicos y diseñar un mecanismo de comunicación que sólo fuese comprensible entre ellos. En eso estaba cuando un enorme cuervo entró en su oficina. Tenía su dirección y el inconfundible sello de la Academia. Casi al mismo tiempo llegó el patronus de Portia.

- Han conseguido imponernos al nuevo director - se escuchaba la voz enfadada de su madre - Kingsley dice que podremos sustituirlo a fin de año. Es un cobarde. Ten cuidado

Pheen abrió el sobre, esperando encontrar una carta de presentación del nuevo directo asignado.

Su Majestad Príncipe Phoenix Stafford

Príncipe Heredero de la Corona de Inglaterra

Presente

Espero que se encuentre usted en la mejor de las condiciones. Luego de un breve análisis de su perfil, sus aportaciones a la Real Academia de Aurores y el trabajo que ha realizado en los últimos años, la oficina a mi cargo ha determinado que es un elemento valioso para nuestra institución y que no hay motivos para prescindir de usted.

Sin embargo, debido a un necesario ajuste administrativo, a implementar como parte de las acciones prioritarias del cargo que ahora ostento, me veo en la necesidad de removerlo como Responsable de la Unidad de Investigación Especial de reciente creación en esta Academia.

Confiando en su profesionalismo, característico de la Familia que representa, espero encontrar los informes de aquello en lo que usted y su equipo se encuentren trabajando actualmente. Del mismo modo, espero que se mantenga abierto el espacio de diálogo para futuras colaboraciones y que mantenga la impartición de clases presenciales en los diferentes programas de formación de nuestra institución.

Mis mejores deseos.

Marchand Smith

Director de la Real Academia de Aurores

A Pheen se le secó la garganta. Una ira profunda invadió su cuerpo por completo. Los vidrios de su oficina estallaron en mil pedazos. Miro hacia el frente, con un movimiento de su mano reparó los daños, se levantó de su asiento y con un par de movimientos más, toda la oficina quedó vacía. Enseguida sustituyó todos los elementos por otros nuevos, ya pensaría con qué información llenarlos después. Tendría que hacer algo similar con la información de los chicos, pero aquello requeriría un poco más de esfuerzo.

- Con esta noche y a voluntad, invoco al poder familiar, que la información que el enemigo vea, sea sólo una parte de la que se cuenta - recitó Pheen

Harry no había podido conciliar el sueño nuevamente. Un poco antes de las seis de la mañana un enorme y espantoso cuervo había aparecido en su habitación, portando un sobre de la Academia.

Harry James Potter

Estudiante de la Real Academia de Aurores

Agente de Campo Unidad de Investigación Especializada

Presente

Estimado señor Potter,

Espero que se encuentre muy bien. Sirva la presente para comunicarle que a partir de este día, sus actividades en la Unidad de Investigación Especializada, en la Real Academia de Aurores, serán reportadas a su servidor. Es menester comunicarle que el Príncipe Heredero Phoenix Stafford ha sido removido como responsable de la Unidad mencionada.

Confío en que su trabajo profesional se seguirá presentando como hasta ahora y que el trabajo con quien ahora le escribe será, en todo momento, de la misma calidad y responsabilidad como se ha llevado a cabo hasta el día de hoy.

Sin otro particular, rogando que se presente el día de hoy a las 8.00 horas para recibir indicaciones, me despido saludándolo de manera cordial.

Atentamente,

Marchand Smith

Director de la Real Academia de Aurores

Pheen había sido removido de su cargo sin ningún tipo de reparo. Aquello tendría consecuencias graves. Harry comenzaba a maquilar algunas ideas de cómo poder enfrentar tal atropello a los intereses de la Academia y de la Familia Real. En eso estaba cuando una segunda carta llegó en el pico de una hermosa lechuza.

Querido Harry,

Seguramente ya estarás enterado de mi remoción. Es importante mantener las formalidades aunque sean sólo apariencia. Haz caso de lo que se te indica y nos reuniremos al mediodía en el viejo Londres.

Atentamente,

Pheen

P.S. Toda la información relevante está en mis manos y a salvo. No debes preocuparte por ello ahora

Inmediatamente después de haberla leído, la carta ardió en llamas y la lechuza se desvaneció. Harry decidió salir a tomar un poco de aire fresco. No tenía ánimo de nada y aún faltaban unas pocas horas para la reunión con ese tal Smith. Iría a la panadería de la manzana contigua a la suya, compraría un poco de jugo de naranja; antes de salir puso a colar café para que todo estuviera dispuesto al regresar; hacía mucho tiempo que una mañana no representaba tanta tranquilidad y tiempo para él, muy a pesar de las circunstancias. Terminando de preparar el café y de dejar en la mesa una taza y un plato que lo aguardaran a su regreso, abrió la puerta principal del número 12 de Grimmauld Place. Enorme fue su sorpresa cuando se encontró con un atractivo rubio que evidentemente se debatía entre llamar a la puerta o volver por donde llegó. Harry sonrió instintivamente a Draco, cuyo rostro al toparse de frente con el moreno no podría compararse con nada.

- Hola - dijo Draco en una voz suave y nerviosa - Ejem…Hola, Potter, espero no importunar, estaba por aquí y dije…

- Estoy saliendo por pan y jugo de naranja - interrumpió Harry, un poco divertido. Le gustaba Malfoy y le gustaba mucho más cuando éste pretendía que no estaba interesado en él - ¿Quieres venir conmigo?

Draco lo dudó un segundo. Luego, admitiendo que otra cosa sería un vil acto de cobardía, asintió una vez y se puso a un costado para que Harry saliera. Cuando comenzaron a caminar hubo un silencio sepulcral, ambos chicos estaban pensando cuál sería el mejor tema de conversación para comenzar y no parecer un completo imbécil. Malfoy creía en que debía ir directo al grano, pero esa caminata, aún en silencio, le parecía de lo más cómoda y no quería romper la magia de aquello con asuntos de la Academia, por más importantes que fuesen. De pronto se dio cuenta que se alejaban de la manzana mágica y se adentraban en el mundo muggle.

- No me lo tomes a mal - dijo Draco, casi arrepintiéndose por lo que estaba a punto de decir - Pero no entiendo cómo es que te gusta venir a este lado de la zona. Estoy convencido de que el sitio en el que vives debe estar rodeado de excelentes panaderías

- Claro que las hay - respondió Harry, sonriendo condescendientemente, lo que alivió un poco a Draco - Pero a veces la calidad es lo que cuenta. Ya verás

Lo cierto era que el barrio muggle de aquella zona también se caracterizaba por tener habitantes de un alto estrato socioeconómico, justo como su contraparte mágica. Al llegar a la esquina Draco pudo ver el local al que Harry lo llevaba, por fuera se veía sumamente acogedor, los anaqueles de madera combinaban a la perfección con los ladrillos rojos y la iluminación interior. Todo aquello daba una impresión hogareña, el rubio se sintió un poco nostálgico, pero procuró que no se notara.

- ¡Buenos días, Harry! - saludó una de las dependientas - Hace tiempo que no te veíamos por aquí. No nos estarás engañando, ¿verdad?

- ¡Hola, Celine! - saludó Harry - No, para nada, cosas de la escuela y el trabajo. Salgo tarde y nunca regreso temprano. Hoy es un poco diferente

- ¿Quieres lo de siempre? - preguntó Celine

- No - respondió Harry, tajante - Hoy hay que dejar que él escoja

Draco tardó un poco en comprender que se refería a él, se había detenido un poco a estudiar a aquella chica que estaba muy interesada en Potter, pero él ya había conseguido encontrar al menos diez defectos en ella, que el moreno tendría que considerar, pero era Potter, claro, se conformaba con salir a las 6 de la mañana a una panadería muggle, habiendo tantas opciones en el mundo mágico. Incluso podrían haber ido a Francia…

- ¿Entonces qué será? - le preguntó Celine directamente - Tenemos scones, croissants, beagle, ¿de qué tiene antojo?

- No lo sé Potter, escoge por los dos - pidió Draco, mordaz y nervioso a la vez

Harry eligió dos piezas de pan, sonrió a la siempre encantadora Celine, pagó por los alimentos y salió junto con Draco de regreso a la calle principal. El rubio se sentía como un completo idiota. Tenía la idea de que había sido terriblemente grosero con Celine y con Harry, pero el moreno no le reclamó nada. Hacía mucho tiempo que Harry no le reclamaba por nada. Talvez tenía que ver con aquello de que se gustaban, pero la idea de no pelear con Potter le agradaba. La caminata de regreso a casa comenzó a ser más amena para él, el silencio prevalecía pero él lo disfrutaba y estaba convencido de que Potter también. Llegaron a la puerta de la casa y Draco cayó en cuenta de algo importante.

- No compramos tu jugo, Harry - dijo preocupado

- Hay un poco en la nevera - respondió Harry - fue mucha exposición al "mundo muggle" para una sola mañana. Aunque en verdad lo disfruté. ¿Entramos?

Draco sonrió. Claro que podría vivir con todo aquello. Con largas caminatas por aquella zona, mágica o no, horas y horas de charlas vacías o con sentido. Podría vivir siempre con aquellos ojos verdes a su lado, pero justo ahora las cosas para él eran demasiado complicadas y apreciaba tanto todo aquello, que prefería dejarlo en ese estado puro y de tranquilidad antes que arrastrarlo a su propio infierno. Harry no lo merecía. Pero había acudido allí con la esperanza de encontrar algo de serenidad en el chico. La carta de Smith y de Pheen le habían tomado completamente por sorpresa, no podía evitar sentirse culpable, la Familia Real lo había defendido desde el primer momento y parecía que estaban pagando el precio. ¿Y si Harry corría el mismo peligro? ¿Y si toda la gloria de "El niño que vivió" se hacía trizas porque quería pasar tiempo con él? Draco se preocupó por un momento.

- Y bueno, ¿quieres café o no? - escuchó preguntar a Harry

El Slytherin asintió y Harry le sirvió café en una taza, la misma que había reservado para él mismo cuando volviera de la calle. Se la acercó a Draco y fue a la cocina por otra taza y otro plato. Por supuesto que podría vivir con todo aquello, con las discusiones matutinas sobre el mundo muggle y el mágico, con preparar desayuno para dos, con dormir tarde y despertar tarde y feliz. Pero justo ahora Draco no quería nada más con él, le sorprendió demasiado que apareciera de aquella forma en el marco de su puerta. No encontraba la manera de hacerle saber que él, Harry, estaría a su lado ante las mismísimas puertas del inframundo si eso implicaba estar con él. Lo cierto era que Malfoy tenía ya muchas preocupaciones y Harry no quería ser una más.

- ¿Qué opinas de lo que está pasando? - preguntó Harry al otro chico cuando ambos estuvieron sentados a la mesa - Sigo esperando que hagan una declaración y se haga una revuelta al interior del Ministerio, tanta calma aparente me pone nervioso

- La Familia Real no armará un escándalo de esa naturaleza - opinó Draco, engullendo el pan, que estaba delicioso y el café que también era muy bueno - No es propio de la familia dominante. Seguramente analizarán, estructurarán y darán un golpe maestro

- No creo que con Smith tengamos muchas posibilidades de atrapar a la Cuarta Compañía - sentenció Harry

- Yo tampoco lo creo - coincidió Draco, consultando su reloj - Por mucho que me guste esto Harry, debemos apresurarnos. Smith se pondrá furioso si llegamos tarde

Harry se había dado cuenta de todo el tiempo que pasó desde que puso el café esa mañana. Eran las 7:30 y él ni siquiera había tomado una ducha. Se levantó inmediatamente y corrió a su habitación, se puso lo primero que encontró y bajó de nuevo a la cocina. Draco había recogido todo lo sucio, lo había limpiado y colocado en su lugar. Fue un gesto muy dulce para Harry. Se dirigieron a la chimenea.

- ¿Vamos juntos? - preguntó Harry

Draco asintió, lo tomó firme de la mano y se introdujo con él en la chimenea. En minutos llegaron a la Academia, en la que Ron y Hermione ya los esperaban.

- ¿Cómo es que llegan juntos? - preguntó Ron

- Transportación flu básica, Weasley - respondió Draco - Si dos magos se introducen al mismo tiempo en una chimenea, la red flu puede transportarlos a la vez, siempre y cuando tengan el mismo punto de destino

- Eso ya lo sé, Malfoy. Más bien me refería a…

- ¡Buenos días! - saludaba un mago de mediana edad, con rostro alargado, nariz afilada y cara de pocos amigos - Jóvenes, señorita. Soy Marchand Smith. Veo que recibieron mis cartas. Por favor acompáñenme adentro

Los cuatro chicos pasaron a la que hasta hacía poco era oficina de Belldspar. Había sufrido grandes cambios y ahora lucía muy lúgubre para su gusto.

- Tomen asiento, por favor - indicó Smith y esperó a que lo hicieran - Bien, qué tenemos aquí. ¡Claro!, la señorita Hermione Granger, estudiante del tercer año de Estudios Políticos; el señor Ronald Weasley y el señor Harry Potter, estudiantes del tercer año del Curso de Formación de Aurores y Draco Malfoy, estudiante del tercer año de Aprendizaje y Creación de Pociones

Dijo el nuevo director, no sin cierto desdén al mencionar a Draco.

- Su Majestad el Príncipe Phoenix me ha dejado un detallado informe de lo que se encuentran realizando en estos momentos para la Unidad de Investigación - continuó Smith - Según él, en este momento están inmersos en la interrogación de quienes intentaron ingresar al Ministerio recientemente, ¿no es así?

- Nuestra función es básicamente tratar de construir un móvil a partir de la información que vayamos obteniendo de ellos - explicó Hermione

- Dejemos a los adultos encargarse de eso - sentenció Smith - A partir de hoy nos dedicaremos a investigar asuntos que mantienen ocupados a los Aurores en este momento. Así, ellos podrán avanzar en esta investigación más rápido

- Pero nos fue asignada por Kings…el Ministro en persona - dijo Harry - No puede arrebatárnosla así como así

- Bueno, no le correspondía al Ministro esa atribución - se defendió Smith - Soy yo el nuevo director de esta Academia y espero que mis órdenes directas sean acatadas

- Entonces seremos sus sirvientes - espetó Draco, enfadado

- Mucho cuidado, señor Malfoy - amenazó Smith - como nuevo director tengo la facultad de determinar quién permanece en esta Unidad, y en la institución. Su primera asignación será resolver un caso de animales salvajes que andan merodeando por los vecindarios. La información ya está en sus oficinas. A trabajar

Los chicos se dirigieron a la Unidad sin mediar palabra, una vez ahí colocaron un poderoso encantamiento aislante para que nadie pudiera escucharlos, además, activaron las alarmas por si a Smith se le ocurría asomarse por el lugar.

- ¡Esto es absurdo! - exclamó Ron - No podemos seguir esa estúpida asignación, perderemos mucho tiempo y la Cuarta Compañía puede hacer otro ataque. Somos los únicos que les estamos siguiendo la pista

- Lo importante es saber cómo vamos a proceder - opinó Draco - ¿Granger?

- ¿Yo? - dijo la chica, sorprendida

- Tiene razón, Hermione - dijo Harry - Belldspar fue muy claro en eso, si Pheen no podía cumplir con sus funciones, tú debías asumirlas

La chica los miró a los tres, realmente esperaban que ella asumiera el mando de todo aquello en ese momento pero, ¿estaba preparada?

- Bien - dijo con firmeza - Harry, Draco, necesito que ustedes dos se encarguen de la lista y de cruzar información, pero no aquí, vayan a otro lado. Los llamaré si los necesito o ustedes vengan cuando tengan alguna información relevante

- ¿Qué necesitas? - preguntó Harry

- Sigamos el plan original de Pheen - respondió la bruja - Tener la lista de los posibles miembros de ese grupo nos ayudará a tener un panorama más completo. Ron, acude a la Oficina de Aurores a recabar toda la información que puedas sobre la asignación de Smith, pero presta atención a los detalles. Si a nosotros nos han puesto a hacer su trabajo, ¿qué les han asignado a ellos? Vuelve en cuanto tengas algo, mientras tanto me comunicaré con Pheen para informarle de la situación

- ¡Esa es mi chica! - dijo Draco, emocionado

- ¡Oye! – espetó Ron, ofendido

- Es importante que entiendan que, en tanto esto se resuelve, tenemos dos asignaciones que atender y que ambas tienen prioridad - indicó Hermione - No le daremos a Smith una excusa para desaparecer esta Unidad. Andando

Hermione salió a toda prisa rumbo a la oficina de Pheen, Ron se dispuso en dirección a la chimenea principal de la Unidad y Harry se quedó con Draco en el lugar.

- ¿Te importa si lo hacemos en tu casa? - preguntó Draco

- ¿Cómo? - dijo Harry, un tanto confundido, lo que generó una mueca burlona en el rubio

- Lo que acaba de pedirnos Granger, Potter - explicó el chico - En serio, ¿cómo es que eres el mejor de tu clase?

- Oh, cállate Malfoy - apuntó Harry, apenado - Dejaré la chimenea abierta, te veo ahí

Mediante aparición, Harry se trasladó a su casa. Desde que había enviado a Kreacher a Hogwarts, el asunto de la limpieza en su propio hogar no se le daba del todo bien. Había ropa por todos lados, algunos libros, trastes, cosas por aquí y por allá. Aunque Malfoy lo había visitado con anterioridad, el hecho de que ahora supiera que estaría en su casa lo hacía sentir nervioso.

- De acuerdo - se dijo a sí mismo - No debes olvidar que sólo viene por trabajo. Un poco de investigación y ya está

Aún así, coló un poco más de café, puso una botella de vino a enfriar y puso pasta en una cacerola, por si se ofrecía. Al poco rato, recordó que no había tomado una ducha en forma, por lo que se dirigió rápidamente a su habitación, abrió la regadera, se desnudó, tomó la toalla y se metió al agua. Estaba pensando en cuán angustiante y a la vez placentera resultaba la visita que estaba por tener, aunque fuera sólo para asuntos de la misión que tenían por delante. Estaba dejando que el agua reconfortara su cuerpo, desde la parte central de su cabeza, hasta la punta de los dedos de sus pies, cuando escuchó un ruido proveniente de la cocina. Sólo había traído consigo la toalla y su varita, no podía arriesgarse a salir a buscar su ropa. Por muy cerca que se encontrara, tendría que atravesar la puerta hacia su habitación para poder llegar a ella, además de una pérdida de tiempo, podría ser contraproducente. Sin cerrar la llave salió de la ducha, tomó la toalla y se la colocó alrededor de la cintura, bien apretada. Tomó su varita y se apareció en el piso de abajo.

Al aparecer en la sala, se dio cuenta de que no traía sus gafas consigo y es que, al mirar en dirección a la cocina, pudo ver la silueta de un hombre, debía estar de espaldas porque no conseguía ver, ni borroso, su rostro. Aprovechó para poner en ristre su varita. El hombre en la cocina hacía mucho ruido, aventaba ollas, abría cajones, caminaba alrededor de la estufa y la nevera. Harry avanzó lentamente, debía ser certero y lanzar un encantamiento en silencio, así podría mantener el factor sorpresa. Estando un poco más cerca de su objetivo, lanzó el encantamiento aturdidor, el cual dio de lleno en la espalda del intruso y lo hizo caer al piso. Harry avanzó hacia él, manteniendo la varita en alto.

- ¿Quién eres y qué quieres? - gritó Harry al hombre que yacía en el piso, cuyo rostro no alcanzaba a percibir, aunque se difuminaba una cara pálida frente a sus ojos

- ¿Acaso perdiste la cabeza, Potter? - preguntó la familiar voz de Draco desde el suelo - ¿Por qué diantres estás desnudo y mojado?

- ¿Malfoy, eres tú? - preguntó Harry, confundido pero bajando la varita - Yo…escuché ruido y ¿qué diablos haces?

- ¿Qué diablos hago yo? - preguntó Malfoy, indignado - Eres tú el que parece un loco con la varita en alto y con una toalla por prenda. Ve a ponerte algo decente. ¿Acaso no…? Oh, ya veo. ¡Accio gafas de Potter!

Draco se puso de pie al tiempo que el par de lentes de Harry aterrizaban en sus manos. Con cuidado, ayudó a Harry a colocárselos y el moreno pudo ver con claridad que Draco estaba divertido, enfadado y ofendido, todo al mismo tiempo.

- Así que el Señor Tenebroso lo único que tenía que hacer para acabar contigo, era quitarte esas gafas - dijo Draco, irónico - Menos mal que asumió que tu talón de Aquiles eran tus seres queridos

- ¿Por qué hacías tanto ruido? - preguntó Harry, contrariado

- No es que me queje Potter, pero ve a ponerte algo de ropa, estás escurriendo por todos lados - observó Draco, mirando a Harry de pies a cabeza

Harry recordó que sólo traía una toalla atorada por la cintura y corrió a su habitación. Draco lo miró hacer el trayecto muy detenidamente. No tenía idea de que debajo de la ropa, se escondía un cuerpo tan bien trabajado y un tanto musculoso. Los abdominales de Harry se veían con toda definición, sus brazos fuertes y morenos, al igual que sus piernas. Mientras Harry subía las escaleras, el rubio no pudo evitar notar que también el trasero de "El niño que vivió" estaba para comerse, ahí mismo, en ese momento.

- ¿Cómo es que no estás inconsciente? - preguntó Harry desde el piso de arriba - Creí haberte dado de lleno

- Menos mal que usas esos lentes en la Academia - observó Draco, saliendo de sus pensamientos sobre el perfecto cuerpo de Harry - Diste de lleno en esta pasta que ahora ha quedado inservible. Hacía "tanto ruido" porque no podía encontrar un recipiente para sacarla del agua. Afortunadamente, tu encantamiento nos ha ahorrado ese predicamento y lo ha sustituido por no saber qué comeremos ahora

- Púdrete, Malfoy - dijo Harry, bajando las escaleras y encontrando al rubio todavía en la cocina. Al encontrar su mirada, no pudo evitar sonreírle - Puedo hacer más pasta

- Hagamos algo - propuso Draco - Démonos prisa con este asunto de las familias. En cuanto nos dé hambre, salimos a comer

- Nada de restaurantes caros - pidió Harry

- Esto no es una cita, Potter - bromeó Draco - A propósito, me gusta más tu otro conjunto, demasiada ropa esta vez - le guiñó un ojo y lo dejó con la boca abierta - Bien, ¿por dónde comenzamos?

- Es la tercera vez que viene a husmear - observó Ron, dirigiendo la mirada por encima del marco de la puerta de la Unidad de Investigación - ¿Por qué no sólo pone un encantamiento vigía o algo así?

- Porque eso sería una provocación hacia la Familia Real - dijo Hermione, atinadamente - Vamos Ron, tenemos que planear algo o eventualmente se dará cuenta de que no estamos siguiendo sus órdenes

- ¿Qué tienes en mente? - preguntó el chico

- ¿Tu padre aún tiene acceso a los informes oficiales? - preguntó la bruja en voz baja

- Creo que sí - respondió Ron - Hace unos días me comentó algo sobre unos relojes encantados que hacían creer a sus dueños que estaban poseídos por el espíritu de un ser querido

- Vamos a necesitar su ayuda - dijo Hermione - Tengo la sospecha de que lo de los animales salvajes es sólo para mantenernos entretenidos. Necesitamos saber si su Departamento se ha enfrentado a algo así, pero nadie puede saber que hemos ido a preguntarle

- Cena en casa de mis padres - ofreció Ron, amigablemente

- Tu madre cree que no te convengo - objetó la chica

- Mi madre cree que nadie nos conviene, ¿recuerdas cómo odiaba a Fleur? - respondió Ron - Además, tendría que estar orgullosa, me he vuelto un sujeto más responsable desde que no vivo en con ellos

- Eso es porque Seamus tiene un elfo doméstico que hace todo en ese departamento - repuso la chica

- Lamento contradecirte, pero ese maldito elfo no hace nada por mí. Indicaciones de Seamus - se defendió Ron - Todo lo que…

- Bien, ya entendí el punto - dijo Hermione - Iremos a cenar a casa de tus padres

- De acuerdo, siguen los Lestrange - informaba Harry a Draco - Completamente "puros", ¿no?

- Así es - respondía Draco - pero no queda ninguno. Tras la muerte de Bellatrix, Rodolphus fue encarcelado y un día amaneció muerto. Ellos eran los últimos Lestrange

- De acuerdo, esa puede ser una pista. No es común que mueran en Azkabán - opinó Harry y luego, recargándose un poco en el respaldo, añadió - Aún recuerdo ese juicio. Estaba completamente fuera de sí. Acababa de perder a su esposa y a su amo

- Créeme que le dolió más el segundo - dijo Draco - Yo en ese momento estaba en una celda del Ministerio

- Por órdenes de Pheen tú y tus padres debían permanecer ahí sin ser trasladados a Azkabán - le contó Harry - Portia hizo colocar miembros de la Guardia Real en la celda de tus padres

- ¿Cómo fue mi juicio? - preguntó Draco, curioso

- Los procesaron como testigos protegidos, por eso ninguno de ustedes estuvo presente durante el juicio - respondió Harry, extrañado pues pensaba que Pheen le habría contado - El Wizengamot nos hizo pasar ante ellos uno por uno. Con ayuda de un pensadero y suero de la verdad cada uno de nosotros fue haciendo su declaración. Pheen creía que podía liberarte a ti fácilmente, el verdadero problema era…

- Mis padres - concluyó Draco

- Había demasiada evidencia en su contra. Y un largo historial en su expediente - confirmó Harry - Al final, el Wizengamot ordenó tu liberación y Portia, Kingsley y el padre de Ron nos informaron que era muy probable que tu padre volviera a Azkabán, porque había magos en el Tribunal que querían "justicia".

- ¿Quién abogó por mi padre? - preguntó Draco - ¿Quién tuvo las agallas?

- ¿Tú quién crees? - preguntó Harry, irónico

- ¡No! - exclamó el rubio, incrédulo y sorprendido

- Pheen se acercó conmigo y dijo que tenía un plan, pero que implicaba un sacrificio de mi parte - respondió Harry - Dijo que si tu padre regresaba a Azkabán tú nunca estarías liberado del todo y vivirías con resentimiento e ira, y lo mismo tu madre. Me propuso declarar al Tribunal que el motivo por el que tu padre había desertado de las filas de Voldemort habían sido ustedes y que confiaba en que podrían mantenerlo a raya

- Pues funcionó, ¿no es cierto? - observó Draco - Mi padre fue liberado

- ¿Liberado? - preguntó Harry, extrañado

- Por supuesto, Potter - dijo Draco - ¿en qué planeta estás?

- Draco… - comenzó a decir Harry, sin entender muy bien - Sí sabes que tu padre cumplía una condena permanente de arresto domiciliario, ¿no?

- ¡Qué! - gritó un sorprendido Draco, levantándose de golpe - Padre nunca mencionó algo así, él dijo que lo habían absuelto de todo y madre tampoco mencionó nunca nada

Harry lo miró fijamente. Nada de aquello cuadraba. Un arresto domiciliario no era algo posible de ocultar, al menos no por mucho tiempo. El Ministerio monitoreaba la actividad de Lucius Malfoy las 24 horas del día, si se atrevía a poner un pie fuera del perímetro, un encantamiento lo inmovilizaba y acto seguido aparecería toda una brigada de Aurores listos para trasladarlo a Azkabán. Aquello no tenía ningún sentido.

- ¡Hermione, querida! ¡Qué alegría me da verte! - saludó Molly efusivamente, saludando a la chica y dándole un enorme abrazo

- ¡También me da gusto verte, Molly! Es decir, Sra. Weasley - devolvió Hermione el saludo

- No seas tonta, claro que puedes decirme Molly - respondió la Sra. Weasley a la bruja quien, sumamente confundida, volteó a ver a Ron, sólo para observar que su rostro reflejaba aún más confusión

- ¿Has estado bebiendo, mamá? - preguntó Ron

- No sé qué quieres decir - respondió Molly - Pasen, pasen, cenaremos en cualquier momento, si consigo que Ginny me ayude a poner la mesa

- Yo puedo ayudarle con algo, Sra. Weasley - ofreció Hermione

- De ninguna manera - se opuso la aludida - esta noche son nuestros invitados. ¿Por qué no acompañan a Arthur? Está en la sala

Los chicos se dirigieron a la sala, aún sin comprender tanta displicencia por parte de la madre de Ron. Al entrar encontraron al señor Weasley sentado junto a la chimenea.

- ¿Qué diantres le pasa a mamá? - preguntó Ron a su padre, luego de saludarlo

- Bueno, ha iniciado hoy - respondió el señor Weasley - Cuando me dijiste que vendrían traté de hacerle ver que, en ocasiones, no era la mejor anfitriona para con sus hijos y sus parejas. Sabía que no me escuchaba así que Ginny recurrió a medidas desesperadas. Ayer por la noche recibió una carta de…

- George - terminó la frase Hermione

- Ginny asegura que le dijo un montón de cosas sobre el trato que le dio a Fleur, Angelina y ahora a ti, Hermione - complementó el señor Weasley - Pero que el acabose fue cuando le dijo que qué hubiera pasado si todos hubiésemos tenido la suerte de Fred. Tu madre no pudo con eso

- Muero de hambre, ¿podemos parar un poco? - preguntó Harry a Draco luego de haber avanzado un poco más en la lista encargada por Hermione

- Bien, como mi último intento de hacer que cenaras en un lugar decente fue un completo desastre, te toca elegir - respondió Draco a modo de aceptación

- Puedo hacer pasta para ambos - dijo Harry

- La pasta no se hierve, Potter - objetó Draco, recordando la cacerola con lo que Harry presumía que era pasta de hace algunas horas

- ¡Bien! - dijo Harry un poco harto - Pidamos una pizza

- Estoy lleno, no me cabe otro bocado - dijo Ron, soltando su tenedor - Ha estado estupendo, mamá, muchas gracias

- Oh, descuida cariño. Son bienvenidos cuando quieran - respondió Molly

- Bien, hablemos de asuntos importantes - dijo el señor Weasley - Disparen

- Seguramente saben lo que está pasando en la Academia - comenzó a decir Hermione - Smith nos ha encomendado indagar un asunto sobre animales salvajes que merodean en algunos vecindarios, pero tenemos en marcha una investigación mucho más grande

Ron sacó el expediente de los animales sueltos y que habían estado atacando a la gente, se lo pasó a su padre.

- Si nos enfocamos sólo en esto - indicó Ron, señalando el expediente encargado por Smith - Estaríamos dejando de lado algo sumamente importante, algo que no podemos contarles

- No digan más entonces - dijo el señor Weasley tomando el expediente - Veré qué puedo averiguar, entiendo que nadie puede saber que tengo esto en mis manos. ¿Hay algo más?

- No hay nada más - decía Harry a Draco por enésima vez - has descartado pizza, italiana, tailandesa, china. A estas alturas terminaremos cenando agua con galletas, que es lo que queda en casa

- Lo sé, pero no tengo ganas de nada de eso - respondió Draco, amable

- ¿Y de qué tienes ganas? - preguntó Harry, enrollando los ojos

Draco se aproximó al moreno y le plantó un beso, sin decir nada, tan de repente que Harry quedó impactado y en un inicio no supo responder. Pero el contacto con los labios de Draco fue tan fuerte, que bastaron unos segundos para seguirles el ritmo. A medida que el beso incrementaba, se aligeraba un poco la tensión sexual entre ellos, pero no era suficiente, ambos querían seguir y llevar aquello hasta las últimas consecuencias. Las manos de Harry ya trabajaban los botones de la camisa de Draco y el rubio jalaba la camiseta del otro, como si quisiera arrancársela. Se detenían un poco para mirarse a los ojos y corroborar que la chispa que indicaba que querían continuar con aquello seguía allí. Siempre seguía. Ambos chicos quedaron con el pecho desnudo y Harry se recostó un poco para permitir que Draco continuara los movimientos, el rubio entendió la invitación y se puso encima de Harry y comenzó a acariciarlo y tocarlo como desquiciado. Las manos de Harry ahora estaban sobre el cinturón del rubio, pero entonces Draco lo detuvo.

- ¿Qué pasa? - preguntó Harry, tratando de incorporarse y recuperar el aliento

- Nada - se disculpó el Slytherin - Es sólo que…no podemos. No así, no ahora. Sólo complicaríamos las cosas

- Lo sé, lo entiendo - respondió el chico y luego, al notar que Draco estaba completamente abatido, se recostó en el sofá - Ven aquí. No lo complicaremos, lo prometo, pero podemos compartir esto

Draco se acercó, dudando si debía o no volver a ponerse la camisa. Decidió que no. Se recostó junto a Harry y recargó la cabeza en su pecho. Un pecho muy fuerte y suave, Harry realmente era atractivo y en ese momento todo su cuerpo le decía que no debía importarle nada más que experimentar todo el placer que el cuerpo de Potter pudiera ofrecer, pero sabía que había demasiado en riesgo. Harry lo acercó a él, su piel cálida contrastaba a punto con la fría piel del rubio, aunque la situación no era como a ninguno de ellos le gustaría que fuera, era perfecta. En esa posición, se quedaron profundamente dormidos.

- ¿En verdad creíste que ponerlos a trabajar juntos era una buena idea? - escuchaba Harry decir a Pheen

- Pensé que tenían ordenadas sus prioridades - argumentó la voz de Hermione. Harry abrió los ojos de inmediato

Su cuerpo estaba asido firmemente al de Draco, ambos con el torso desnudo. Harry se sonrojó al instante y fulminó a los visitantes con la mirada. Con el mayor cuidado del mundo intentó despertar a Draco que dormía apaciblemente. El rubio lo abrazó con más fuerza y entre sueños dijo.

- Un ratito más, Harry. Tenemos más que suficiente para presentarle a Hermione

- Si me entregas ese avance, te juro que nos iremos de inmediato - pidió Pheen amable y divertido

Draco abrió los ojos de golpe e hizo un movimiento tan brusco que se cayó del sofá. Se incorporó rápidamente y con un ágil movimiento de su varita se puso la ropa de nuevo, pero no se percató que se puso la playera de Harry, en lugar de su propia camisa.

- Copiaré esa lista y los dejaré en paz - dijo Pheen

- ¿No haremos nada? - preguntó Harry, sin más remedio que ponerse la camisa del rubio, la cual olía deliciosamente a su perfume

- Contrario a ustedes, Hermione y yo estamos muy ocupados tratando…

- Sabes a lo que se refiere - saltó Draco - ¿Nos quedaremos cruza…

- Sé a lo que se refiere - dijo Pheen y lo invitó a sentarse en el sofá junto con Harry y Hermione - Tienen que entender que debemos ser tan prácticos como precisos. Si como Familia Real nos metiéramos en una batalla burocrática interminable, la Cuarta Compañía conseguiría lo que quiere. A veces, el mejor ataque es la resistencia. Concéntrense en lo que Hermione les pide, pero también en lo que Smith quiera de ustedes. Son muy capaces de hacer ambas cosas. Es vital que entiendan la importancia de lo que hacemos aquí

- Me voy con Pheen - dijo Draco a Harry

- Pero…

- Hemos avanzado bastante, seguiremos mañana - dijo Draco, secamente - ¿Nos vamos?

- No. Tienes que dejar de huir de todos lados - luego se dirigió a todos - Búsquenme en Windsor mañana después del mediodía. Tenemos que hablar

Dicho lo anterior desapareció. Hermione, sintiendo la tensión de la situación optó por retirarse también.

- Deberías descansar un poco más, has estado bajo mucha presión - le dijo a Draco - No se preocupen por lo demás. Al parecer lo que nos consiguió el padre de Ron es suficiente para armar un informe para Smith. Por hoy estamos cubiertos

Se despidió de los chicos y se dirigió a la chimenea. Luego de ello, ambos magos permanecieron casi en absoluto silencio por unos minutos. Harry no sabía cómo actuar, le costaba mucho trabajo entender cómo funcionaba la mente de Draco, aunque cada vez menos. Entendía que no quisiera arrastrarlo a lo que él llamaba su infierno personal, pero habían estado a punto de tener sexo en aquel sillón y ahora el rubio actuaba como si quisiera estar en cualquier sitio menos allí. Harry decidió calmarse y tomar algunas iniciativas.

- Escucha - dijo en tono tranquilo - Si no quieres estar aquí más tiempo lo entiendo, pero deberías escuchar a Hermione y descansar un poco

- No entiendes nada, Potter - dijo Malfoy, exaltado

- ¿Qué se supone que debo entender? - reclamó Harry - Envías señales tan confusas que no sé qué pensar. Me desnudas por completo sobre el sillón y al siguiente momento te arrepientes; pides permanecer acurrucados un minuto más y al instante quieres largarte con Pheen. Está bien si no puedes estar conmigo, eso lo entiendo, pero hay cosas que me superan

- ¿Crees que no lo sé? ¿Que no me doy cuenta? - explotó Draco - Nunca había sentido por nadie lo que siento por ti. Nunca nadie había conseguido acercarse tanto. Nunca había ido a buscar a nadie a la puerta de su casa, a nadie Harry. Y contigo tengo una necesidad intensa de saber dónde estás, si estás bien, si estás contento. Y me da pavor que algo pueda llegar a pasarte por mi culpa. Y si no detengo a esta gente por estar besándonos en tu casa, entonces vendrán por ti y me quitarán lo único que tengo miedo de perder: a ti. No me importa si al final crees que soy un patán que no sabe lo que quiere, si eso nos permite hacer nuestro trabajo y, en especial, si eso te mantiene a salvo

- Pero soy yo el que tiene que decidir eso - respondió Harry, también alterado - Soy yo quien decide si quiero que me persigan, que me señalen o que me amenacen por estar contigo. Tu papel no es protegerme.

- Tú no tienes que cargar conmigo - refutó Malfoy

- ¡Te quiero, con un demonio! - soltó Harry, exasperado - No eres ninguna carga. Estar contigo jamás sería un pesar para mí, sin importar qué ocurriera

- No voy a permitir que se te acerquen si quiera - dijo Draco, bajando el tono de voz

- Lo harán de cualquier forma - apuntó Harry, acercándose al rubio - Lo harán porque yo ya he tomado la decisión de no dejarte solo, de cuidarte y protegerte

- Tampoco es tu papel protegerme a mí - espetó Draco

- No, pero podemos cuidar el uno del otro - respondió Harry - Podemos enfrentar esto juntos

- No lo sé, yo…

- No lo pediré de nuevo, Draco - sentenció Harry - Por favor quédate. Quédate esta noche. Quédate todas las noches. Quédate

El moreno le tendió la mano, no con mucha esperanza. Sabía que Draco era un obstinado empedernido. Rendido, agachó la cabeza y se dispuso a bajar la mano, pero el tirón de la mano de su compañero se lo impidió. Draco lo jaló hacia él y aún sin estar del todo convencido de haber tomado la decisión más segura para ambos, le plantó un dulce e intenso beso en los labios. El beso le supo a gloria.

- ¿Quieres continuar lo que detuvimos hace un rato? - le propuso Harry, con una sonrisa pícara

- No - respondió Draco, y al notar la cara de angustia de Harry añadió - No me malentiendas, no hay nada que quisiera más que hacerlo contigo, pero quiero que sea distinto, especial. Merecemos que sea especial

- Nunca te había visto con playera - dijo Harry, tratando de desviar el tema y relajar la situación

- Las odio, me hacen ver demasiado flaco - dijo Draco, sonriendo un poco

- Eso no es cierto - objetó Harry - Esa en particular te hace ver…

Harry levantó una ceja y volvió a aparecer la mirada traviesa y la sonrisa pícara que hizo sonrojar a Draco.

- De acuerdo, suficiente - dijo el rubio y se separó un tanto de Harry - Hablemos de algo más o no podremos detenernos después

- ¿Quieres cenar algo? - dijo Harry, notando lo hambriento que estaba - Ni siquiera hemos comido

- Vamos a esa zona muggle a ver qué encontramos - sugirió Draco, abriendo la puerta de la casa del moreno

- ¿Te quedarás? - preguntó Harry, un poco cohibido y temeroso de la respuesta

- Sólo si tú quieres - dijo Draco sonriendo y tendiéndole la mano para salir - Andando, antes de que nos cierren todo

Harry se acercó al chico y tomó su mano. Por ahora nada era más importante que ir a cenar con aquel chico y luego meterse en la cama con él. Aún y cuando sólo dormirían, aquella sería una noche que ninguno de los dos olvidaría y la que confirmó que habían tomado la decisión correcta.