Miraculous, les aventures de Ladybug et Chat Noir y sus personajes son propiedad de Thomas Astruc y Zag Entertainment.
Palabras: 438.
10.- Perezoso
Si su padre pudiera verle le daría un ataque. Llevaba dos horas tirado en el sofá, despeinado, en pijama, viendo una película malísima y con una bolsa de patatas fritas en el regazo. Carbohidratos vacíos que no tenía intención alguna de quemar en todo el día.
Se lo había ganado. Tenía derecho a pasarse un día entero haciendo el vago, era su primer día libre en años y pensaba aprovecharlo.
Había dejado de trabajar como modelo para su padre y su agenda se había vaciado de manera sorprendente. No era, precisamente, que no tuviese otros trabajos, porque había firmado un contrato con una gran marca de ropa interior que pagaba cada foto a precio de oro, pero no tenía ninguna sesión programada hasta dentro de dos días. Así que, por una vez, iba a darse el gustazo de no hacer absolutamente nada.
—¡Venga ya! —exclamó señalando la pantalla con la patata que tenía entre los dedos—. ¿Es que no ves si bajas por ahí te vas a quedar atrapada?
La chica de la pantalla bajó por las escaleras de peldaños chirriantes con cara de pánico, mientras Adrien se preparaba para el cambio de música y el susto que se avecinaba.
—Te lo dije —soltó viendo como la puerta se cerraba tras ella dejándola atrapada como había predicho.
—¿Estás hablando con la pantalla?
—Sí —contestó sin un ápice de vergüenza.
Plagg se sentó sobre su pecho para poder robarle algunas patatas de la bolsa.
—Esa agenda vacía te está haciendo perder la cabeza, chico.
—Nah… creo que después de tantos años sin un solo día de descanso me he ganado el poder no hacer nada productivo.
—¿Y dedicarte a comer esas guarrerías que tenías prohibidas?
—Mi casa, mis normas —replicó sonriente.
El kwami se coló dentro de la bolsa para devorar su contenido.
—Te recuerdo que no vives solo —farfulló con la boca llena—. Y si se encuentra el sofá lleno de trozos de patata te matará.
—Las migas están en mi camiseta, no en el sofá.
—Y eso, por lo que sea, te parece mejor.
Adrien rió. En realidad, le ponía nervioso, igual que lo hacía el estar tirado en el sofá sin hacer nada, pero se había prometido a sí mismo desconectar y hacer un poco el vago para variar, bajar el ritmo. Dedicarse a ver películas horrorosas con las que reírse y comer lo que le apeteciese.
Sólo se esta tomando un día para él, con el tiempo aprendería a equilibrar el exceso de trabajo con el tiempo de reposo.
—Plagg, no te comas todas las patatas, aún tengo muchas películas por ver.
—Tacaño.
Fin
Notas de la autora:
¡Hola! Un día para hacer el vago cuando llevas siempre un ritmo frenético es algo maravilloso, pero alguien debería de explicarle a Adrien que pasarlo tirado como un trapo en el sofá no es lo mejor.
