Prólogo

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"La villanía que me ensenáis la pondré en practica y malo será que yo no sobrepuje la instrucción que me habéis dado." - William Shakespeare

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El traqueteo de sus uñas golpeando la mesa metálica resonaba entre las cuatro paredes de la habitación. Tenía frio y sus ojos jade observaban con impaciencia las manetas del reloj colgado en la pared, las cuales avanzaban inusualmente despacio. Las habían manipulado para que ella perdiera la noción del tiempo, y habían climatizado la sala para hacerla sentir incomoda. Estrategias básicas de interrogación-pensó. Lo sabía porque ella misma había ayudado a diseñarlas. Con el inicio de la guerra, Ibiki Morino y Anko Mitarashi la habían reclutado junto a su mejor amiga, Ino Yamanaka, para diseñar un manual de tortura psicológica. Sádico pero útil. Hacía tiempo que Sakura ya no podía permitirse el privilegio de recurrir a su juramento hipocrático. En la guerra todo se vale, y ser médico ya no la salvaba de cometer semejantes violaciones contra los derechos humanos. La piedad era una debilidad… al menos antes los ojos del nuevo Hokage. Tomaban prisioneros porque eran su única ventaja sobre su enemigo, y se había visto obligada a hacer cosas des las que no estaba orgullosa. Danzo le había arrebatado su inocencia pedazo a pedazo…. Y no solo a ella, los horrores presenciados habían cambiado la forma de ver la vida de muchas personas, y los niños… los niños ya no eran niños. Forzados a convertirse en soldados, las nuevas generaciones abandonaban toda esperanza de una infancia normal a una edad exageradamente temprana.

Si, la Cuarta Gran Guerra Shinobi. La guerra contra Madara… Esta estalló el día después de que Sasuke Uchiha atentara contra la cumbre de los cinco Kages celebrada en el país del Rayo. Habían pasado tres años des de entonces, pero parecía que hubiese sido ayer mismo. Tres largos y exhaustivos años en los que no habían conocido la paz, y su aldea había quedado reducida a cenizas. Ahora vivían en esa mugrienta base militar, escondidos… Estaba cansada de luchar. Ya había perdido demasiado, y, ahora, estaba sola.

El día en que Sasuke se convirtió en el criminal más buscado de entre todas las naciones ninja, Sakura supo que nunca habían tenido ninguna posibilidad de traerlo de vuelta. El menor de los Uchiha se rindió a la oscuridad el día que se marchó de la aldea, y lo que ella y Naruto habían perseguido durante todos esos años no había sido más que una ilusión… un sueño utópico en el que los tres volvían a estar juntos, y donde la paz prosperaba en su país. Algo que no ocurriría. Naruto… - pensó mientras ahogaba un gemido de dolor. Ojalá puedas perdonarme…- se lamentó. El siempre había sido la razón por la cual había aguantado tanto. Si no hubiese sido por su luz, Sakura se habría rendido hace mucho. Pero ahora ya nada de eso importaba… ya no había motivos para resistirse a las fuerzas de ese caótico destino. La verdad era que habían nacido para estar malditos, y no se podía luchar contra ello.

Se frotó la sien para relajar la tensión de su rostro, y se recogió como pudo su larga melena rosada en un moño desordenado. Hizo una mueca de dolor al levantar los brazos. Tenía cuatro costillas rotas y un traumatismo en la cabeza. No habían sido delicados con ella al capturarla… pero no podía culparlos. Además, llevaba 36 horas sin dormir y el estrés estaba afectando a su compostura. Observó sus delicadas manos ahora esposadas a la mesa, y sonrió. No se fiaban de ella. A la gente aun le costaba creer que tras su menuda figura, la pelirrosa guardara semejante fuerza. No es que fuera una niña. Al contrario, Sakura había crecido, y a sus 19 años había convertido en toda una mujer, pero sus delicadas, aunque pronunciadas, curvas contrastaban irónicamente con su rudo temperamento. Su belleza era innegable y exótica con dos esmeraldas como ojos que brillaban con intensidad; la piel nívea; y unos labios gruesos que habían arrancado varios suspiros por parte de los soldados a quien ella había atendido en el frente.

Exasperada, miró el cristal delante de ella arqueando una ceja. Se estaban pasando con ella, y no tuvo reparo en hacérselo saber. Escupió al ventanal-espejo que daba a la segunda habitación donde se encontraban observándola como si fuese un animal enjaulado... No sabía quien entraría a interrogarla pero ya no le caía bien. Odiaba que la hicieran esperar.

De pronto, la puerta se abrió dejando ver a dos individuos que entraron en silencio para sentarse en el otro extremo de la mesa. Una sonrisa incrédula se formó en el rostro de la chica.

- Veo que ha vuelto de su misión, Kakashi-sensei – dijo con voz juguetona. Una punzada de dolor atravesó al peliplata al ver lo magullada que se veía su antigua alumna. Como demonios habían llegado a eso? Aun no podía creérselo…

Sakura volvió a sonreír irónica mientras se apartaba algunos mechones rebeldes de la cara para que el Ninja Copia pudiera ver el gran hematoma que cubría su ojo izquierdo. Kakashi apartó la mirada dolido. No podía seguir viéndola así…

- Has liado una buena ahí fuera, Haruno… - habló el otro hombre. El peliplata no estaba en condiciones de guiar el interrogatorio. Sakura lo miró aburrida.

- Ibiki…Por que te han traído a ti? – preguntó con desdén. – Hubiera preferido ver a Shika. – añadió con burla.

- El no quiere verte. – escupió Morino con rabia para despertar alguna reacción en la chica. Ni funcionó. Sakura se mantuvo con una expresión indescifrable mientras se encogía de hombros.

- Siempre ha sido muy susceptible… - puntualizó ella.

- Ninguno de tus amigos quiere verte – añadió para herirla.

- No me importa – respondió fría.

- Y si tus padres estuvieran vivos… ellos tampoco querrían – finalizó.

La Haruno frunció ligeramente el ceño. Odiaba con todo su ser a ese hombre. No tenía piedad.

- Pero no lo están – escupió ella con acidez.

Morino bufó exasperado. Des del momento en que le habían pedido interrogarla, sabía que esa chica sería un hueso duro de roer. Sacó el expediente de Sakura, y lo desplegó sobre la mesa para que la chica pudiera ver lo mismo que el.

- Veamos… Sakura Haruno, te graduaste la segunda de tu clase en la academia ninja… probablemente porque querías demostrar que a pesar de no provenir de ningún Clan reconocido, podías ser una buena kunoichi. – analizó. - y sacaste la mejor nota en el examen escrito para ascender chunnin… y sin copiar. Algo digno de reconocer ya que diseñé ese examen para que respondierais solo a la última pregunta. No se suponía que una genin debía tener tantos conocimientos…

- Me halagas – soltó ella aburrida.

- Luego entrenaste con la Quinta Hokage y estudiaste medicina… pero nunca te atreviste a presentarte a las pruebas para jounin. Por que?

- Tenía otras prioridades – respondió seca.

- Eso veo… por aquella época tu y tu compañero salíais a buscar a vuestro desertor con frecuencia. Dime, Sakura, por que malgastar tanto tiempo y energía en ayudar a alguien que claramente no quería ser ayudado? – le preguntó con burla.

- Vas a hacerme un perfil, Ibiki? – le preguntó sonriéndole con superioridad. El sabía que ella dominaba la psicología criminal.

- Responde a la pregunta, Haruno – le advirtió el. – Por que no desististeis en vuestra búsqueda del Uchiha?

- Porque Naruto así lo quiso. – contestó ocultando el dolor que le provocaba todo aquello.

- Y tu no?

- Al principio si… - murmuró. – Luego, lo hice más por el que por mi. – reconoció con la mirada perdida.

- Por que? – siguió preguntando Ibiki.

- Porque habría hecho cualquier cosa por el…. Cualquier cosa que me hubiera pedido. – confesó con voz serena.

- Ya veo… - murmuró el hombre. – Y cuando estalló la guerra? Seguías pensando lo mismo?

- No lo se… dímelo tu – le jugueteó ella.

- El ANBU que os acompañaba en vuestro equipo…

- Sai – le informó ella del nombre. Ibiki arqueó una ceja ante su impertinencia.

- Si, Sai… presentó un informe que relataba tu intento de asesinar a Sasuke Uchiha en el país del rayo. Era verdad?

- Bueno… Sai y yo siempre hemos tenido nuestras diferencias de opinión. Lo que el llama intento de asesinato era para mi su única salvación. – explicó ella indiferente.

Kakashi se estremeció al oír las palabras de su alumna. Cuando se había vuelto tan… fría? Esa no era para nada la Sakura que el había criado como a una hija. Morino suspiró derrotado. Su estrategia para derrumbarla no estaba funcionando.

- Sabes por que estás aquí? – le preguntó. La pelirrosa sonrió arrogante a la vez que cruzaba sus largas y torneadas piernas.

- Me he portado mal? – se burló con una sonrisa ladina. Kakashi no pudo más y golpeó la mesa furioso.

- Maldita sea, Sakura! Esto no es un juego! – gritó alterado. – Que te ha pasado…? – preguntó esta vez con la voz quebrada. No la reconocía…

Sakura sintió su corazón encogerse por el dolor, pero supo ocultarlo tras una falsa pose de indiferencia.

- No fue culpa suya, sensei… - le contestó sintiendo sus palabras. Era verdad, Kakashi no tenía la culpa de que todo aquello. – Siempre hemos estado malditos… todo el equipo siete estaba destinado a la catástrofe.

Atónito, el hombre la reprendió con una mirada de profunda decepción.

- Por eso… lo hiciste? – preguntó anonado. – Solo porque crees que estáis malditos? Se suponía…. Se suponía que vosotros ibais a salvar a Sasuke de su oscuridad, no a hundiros con el!

- Perdimos a Sasuke-kun hace mucho Kakashi… - le cortó ella con voz tajante.

- Entonces, si no es por el…por que? No lo entiendo! – volvió a decir torturado. Sakura siempre había sido la esperanza del equipo… la única capaz de equilibrar la balanza entre el Uchiha y el jinchuriki. – Por que lo has hecho? – preguntó una vez más con los ojos llenos de lágrimas. Sakura lo miró fijamente en silencio durante unos segundos hasta que habló.

- Porque los amo – respondió con simpleza refiriéndose a sus compañeros, y sorprendiendo a ambos interrogadores. No había sonra ni sarcasmo en su confesión… era la primera vez que no estaba jugando con ellos. Sakura decía la verdad.

Un golpe seco se oyó a través del cristal. Alguien había golpeado con rabia el ventanal seguramente como reacción a su declaración de amor. Entonces, Ibiki y Kakashi supieron que debían tomar un descanso. Sakura sonrió y miró a través del espejó con arrogancia.

- Cerda… será mejor que te pongas hielo en esa mano. – habló de repente para su público. Sabía que era su amiga la que había descargado su enfado contra el cristal. Solo ella tenía tan poco autocontrol…

Los interrogadores se levantaron para retirarse cuando Sakura los paró.

- Si vais a retenerme aquí…. Vais a tener que presentar cargos – les recordó. Kakashi la miró nuevamente con dolor y desaprobación.

- Se han presentado esta mañana – le contestó Ibiki. Sakura miró expectante a su exsensei y comandante de su ejército. Este suspiró rendido.

- Sakura Haruno, por la autoridad que me otorga la Gran Alianza de las Fuerzas Shinobi y el Sexto Hokage del estado de Konoha, Danzo Shimura, quedas acusada de los siguientes delitos y a la espera de juicio: Conspiración a escala nacional para derrocar al gobierno de Konoha junto al doble asesinato con premeditación y alevosía de la Quinta Hokage, Tsunade Senju, y… - la voz del peliplata se volvió a quebrar por el llanto contenido. – y del shinobi de la Hoja, Naruto Uzumaki. Hablaremos de tu comparecencia ante los tribunales cuando estés dispuesta a darnos información. – Finalizó para luego salir de la habitación con un portazo.

Sakura volvió a observar el reloj de la pared y cerró los ojos ocultando las lágrimas que se ocultaban en ellos.

De verdad, Naruto, espero que algún día puedas perdonarme…

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Continuará…