Disclaimer: los personajes y escenarios pertenecen a JK Rowling.

Cenizas

Unas rocas que unos segundos antes pertenecían a la pared le taparon el camino. Rápido, con un ágil movimiento de su varita, las hizo a un lado y continuó su carrera frenética. A sus espaldas, rayos rojos y verdes iluminaban los pasillos del que fuera su colegio. El ruido era ensordecedor. Mirara donde mirara sólo veía destrucción, pero debía seguir. "¿Dónde estás?". No sabía de donde sacaba la fuerza para continuar y, sin embargo, ahí estaba, aunque le faltara el aliento. Esquivando cadáveres y hechizos, consiguió llegar a la escalinata que conducía al tercer piso. Su mirada se iluminó cuando reconoció la maraña de pelo castaño que le daba la espalda a unos cien metros. Apuró más sus pasos.

La chica se giró al notar la firme presión de unos largos y finos dedos alrededor de su muñeca, preparada para el ataque. Hubo un cruce de miradas. La lluvia y la miel. Apenas tuvo tiempo de mostrar su asombro antes de que los labios del chico se posaran en los suyos, al principio suaves, después como si quisieran absorber su alma. Se abrazaron con fuerza, sabiendo que sería la última vez. Saboreando por un instante una vida que no les pertenecía.

- ¿Papá? ¿Estás bien? ¡Tengo que subir al tren!

Draco Malfoy salió de su ensimismamiento y sonrió a su hijo al tiempo que le daba un fugaz abrazo.

- Pórtate bien, Scorpius.

- Sí, papá – sonrió el pequeño de once años, hinchando el pecho.- Estarás orgulloso de mí.

- No podría estarlo más y ahora, ¡corre! No querrás perder el tren…

El niño asintió con nerviosismo, besó a su madre y se fue corriendo. Draco le siguió con la mirada hasta que hubo subido al Expreso de Hogwarts y volvió al objeto de sus pensamientos, virando la cabeza casi noventa grados a la derecha. "¿Estarás pensando tú también en mí, Granger?". Su mujer le tomó la mano, indicando con un gesto que debían marcharse. El antiguo slytherin asintió con la cabeza y de la mano de su esposa, abandonó el andén, no sin antes buscar unos preciosos ojos miel. "Nunca he dejado de hacerlo, Malfoy".

Y al contacto con aquellos ojos como la niebla, Hermione Granger se llevó la mano a los labios, sintiendo un cosquilleo que no había notado en diecinueve años.