****Los personajes de Hey Arnold no me pertenecen****

PERDIDOS .

-Te lo dije, Geraldo- está furiosa, la miro de reojo, vaya mohín – te dije que preguntaras, pero el señor todo lo sabe, con todo puede. – bufa, hundiéndose en el asiento a la vez que cruza los brazos.

-Estoy seguro de que vamos bien, ¿a ver el mapa?- discutir con Helga es como bálsamo para mí corazón enamorado, algo hay en nuestro proceder mientras peleamos que me urge a picarle la cresta. Es que… luce tan hermosa. Inspecciono el mapa, miro a nuestro alrededor, hago memoria.

-No sé dónde estamos – trémula, Helga de pronto me mira y luego posa sus ojos sobre el papel en sus manos.

- ¿Cómo?

- Así como lo escuchas, no reconozco el camino en el mapa. Malditos datos móviles que no funcionan aquí, estúpida red satelital.

- Vamos bien, no te preocupes – recuerdo haber revisado varias veces el camino. Tuve cuidado en abrir el street view cada tanto para tener una idea de la apariencia del lugar. Google siempre de nuestro lado, o casi siempre.

- ¿Y si preguntas? – creo que el pánico la afectó algo, no hay nadie en esa carretera.- debe haber un expendio, algún pueblo más adelante.

- Vamos bien, no te preocupes.- repito y es verdad como que recuerdo haber visto un lugar parecido en el maps.- Sigamos.

Anduvimos un poco más pero… ahora estamos en un sitio que ni yo reconozco. Sin un alma a la vista (estúpida carretera desierta). Nuestro viaje a las montañas creo que ha empezado de la peor manera. Se me revuelve el estómago ante la idea de no llegar a las posadas que estamos buscando, no traemos más que agua y bebida, mucha bebida.

Helga se queja aún más.

-No entiendo porque no son capaces de pedir indicaciones, quizás el pueblo que pasamos antes es el último, ya me está empezando a dar hambre, prometiste que llegaríamos temprano.

La escucho a lo lejos, inspecciono el mapa, recuerdo haber virado en el lugar preciso. De pronto lo noto, el error, tomamos el camino de la izquierda y no el de la derecha en el último entronque. ¡Eureka!. Helga sigue parloteando, muy molesta. La observo, sus ojos azules, fúricos, miran al frente (a través del parabrisas a la densa vegetación), mueve las manos de un lado a otro, de arriba para abajo, en círculos, todo para dar énfasis a su angustia, el entrecejo fruncido, la cara roja, las piernas cruzadas (recorrió el asiento todo lo que pudo hacía atrás dejando mucho espacio al frente, eso le da libertad de movimiento algo que aprecia pues es demasiado inquieta). Noto que está hambrienta, no le "está empezando el hambre" como había asegurado, por eso se encuentra tan molesta. Helga más hambre, igual a desastre.

La dejo seguir hablando mientras me enerva el encantador perfume de su piel o a lo mejor de su champú. Olfateo un poco, discretamente, para identificarlo porque el aroma es diferente, yo lo sé, la he vivido durante años. La fragancia a frutas es la de su cabellera, sedosísima. La esencia de jazmín la de su piel, tersísima. Miro al sol de la tarde, está alto, es lo suficientemente temprano para jugar con ella un poco.

-Será mejor que busquemos un buen lugar para estacionarnos sin poner en peligro a nadie – trato de estar serio – deberemos acampar aquí – Helga me mira como si mi cabello efectivamente se hubiera vuelto espagueti.

- Estás loco – asevera con voz apenas audible. Completamente seria, anonadada por lo que dije. Qué buen actor soy.

- Claro que no - supongo que tan hambrienta y enojada como está no será capaz de mirar el tablero – tendremos que hacerlo. Ya no tengo gasolina y no hay señal, hace mucho que pasamos la gasolinera... quizás debamos regresar a pie…

- ¡Demonios, Johanssen! – gira su cuerpo hacia mí, los ojos parecen llamaradas, listas para incendiarme (y lo hacen pero distinto a lo que en verdad significan para ella) – con un carajo, me muero de hambre, ya me comí la reserva: los sandwiches de mermelada y crema de cacahuate, los chocolates, las papitas, incluso la maldita fruta – sus ojos se llenan de lágrimas rabiosas, bellísima. – vamos a buscar alguna ardilla, un ciervo, es mas ahorita mismo te mato y me vuelvo caníbal, ¿qué importa?, ¡necesito comer! – abre los ojos todo lo que puede – ¡y ahora se te ocurre mirar si hay gasolina o no, idiota!

Imposible guardar la compostura. Suelto una carcajada que retumba contra el espeso bosque. La amo tanto. Doy vuelta al coche y emprendo el camino de regreso.

-Encontré el error, Helga, tomamos el camino equivocado en el entronque. Hace un kilómetro.

- ¡Serás idiota! – su grito casi me deja sordo – no vuelvas a asustarme así, ¡la próxima te golpearé tan fuerte que te dejaré lelo! De verdad pensé en comerte.

- Eso espero – me sorprende mi respuesta, me salió del alma junto con el tono juguetón, pero más me sorprende que Helga se ponga roja cual tomate ante eso. Es raro porque ella nunca se queda callada, cosa que sucede en este momento. Con la mirada fija en el horizonte, ruborizada hasta las orejas y con una sonrisa bobalicona.

¿Qué sucede aquí? ¿Será posible que…? Negativo, debe ser primero el coraje y después la emoción por iniciar la aventura.

Al llegar al entronque tomo el camino correcto y a los 20 minutos estamos en la recepción. Es un lugar de acampadas dónde también tienen cabañas en renta. De hecho la recepción y restaurante son justamente eso, una gran cabaña. Con una chimenea que por ser verano no está encendida. El clima es más fresco que en la ciudad, sí, pero no lo suficiente como para necesitar el calor de las brasas.

Nos muestran el lugar reservado. Preferimos acampar dos días, el resto de la semana rentaremos una cabañita. Helga hace ademán de querer bajar las cosas pero la tomo de la mano, agarro su morral y me lo cuelgo al tiempo que emprendo la caminata hacía el restaurante. Ya podremos armar el campamento después. Su mano calienta la mía que en realidad parece arder, la sensación eléctrica recorre mi cuerpo entero, me eriza los vellos de la nuca y los brazos. Ella viene a mi lado platicando animadamente, sonriendo, moviendo el brazo libre para explicar qué tan grande sería la ballena que se comería. Me río, no puedo evitarlo.

Ya no quiero ser solamente tu amigo, Helga. Ya no.