****Los personajes de Hey Arnold no me pertenecen ****
ACAMPANDO
Las estrellas nos acompañan esta noche. Refulgen igual que la luna, despertando sombras de entre los árboles. La brisa arranca sonidos a las ramas, los insectos nocturnos ambientan la escena.
Armamos sin problema la tienda. Lo hemos hecho infinidad de veces, trajimos unas sillas plegables y dispusimos la hielera grande llena de cerveza entre nosotros. Qué borrachos, ¿no?
En el almacén del lugar nos abastecimos de chatarra, al fin que estamos de vacaciones, regresando a la normalidad de nuestra vida comeremos sano, el caso es que compramos bombones, somos unos niños en muchos aspectos. Prendimos la fogata y ahora vemos asar nuestros aperitivos.
-Este lugar es genial. ¿Cómo diste con él? – está muy animada. ¿Será por las actividades, unas tranquilas y otras extremas, que mañana haremos? Adquirimos el mejor paquete, nos mantendrá ocupados toda la semana.
- En el buscador escribí: destinos para divertir a mi amiga loca.
- ¡Oye!
- ¿Qué? Eso hice y salió este lugar maravilloso.
- Demonios, Johanssen, ¿algún día dejarás de ser tan idiota?– eso dice pero sonríe ampliamente, es la sonrisa que ilumina su mirada como la primera vez que salimos juntos.
Iniciaban las vacaciones del primer semestre. Navidad. Por ser las primeras me quedé en la ciudad, igual que ella. Cinco días pasaron sin novedad, la recordaba todo el día, eso sí, pero nada fuera de lo normal. Sin embargo, uno de esos días deseé verla como cuando me la encontraba en la lagunilla artificial del campus, sentada bajo uno de los árboles, leyendo, escribiendo o estudiando.
Fue tan grande mi anhelo por saber de Helga que sin pensarlo dos veces le marqué al celular.
-¿Bueno? – sonaba un poco triste.
-Helga, soy Gerald- yo por el contrario estaba animado y con el corazón inquieto.
-Hola, Gerald. ¿Sucede algo?- su tono de voz cambió, ya no estaba triste (al parecer), ahora se debatía entre la alegría y la preocupación.
-Nada, sólo me aburro infinitamente, ¿salimos un rato? – estaba sumamente nervioso solamente con invitarla, ¿y si decía que no? Pues ya está, no saldría pero… ¿Si decía que sí? ¡Qué pinche miedo!
-¿A qué hora y en dónde? – su voz animada me calmó un poco. Bueno al menos las ganas que me habían dado de vomitar cesaron.
- C*M* en dos horas, frente a los videojuegos.
-Sale, te veo.
Llegué primero, claro. Helga era.. ¡No! Es, muy impuntual. La esperaba lo más genial que podía, con una expresión relajada que nada aparentaban el estado real de mis órganos internos. Estaban revueltos. Ya habíamos salido muchas veces, pero siempre acompañados por otros amigos, suyos o míos, no importaba pero con amigos. Nunca solos.
Recordé lo que Thomas me dijo una vez "deberías armarte de valor y decírselo" lo soltó como si nada, mientras comprábamos la entradas al cine. Me confió que lo decía porque yo no era capaz de apartaba la vista de Helga y que cualquiera con dos dedos de frente notaría que ella me gustaba, claro, menos ella.
La miré ascender por las escaleras eléctricas del centro comercial. De espaldas. Cuando terminó de subir y volteó buscando el lugar no me pudo distinguir lo noté por su expresión pero apenas me vio su rostro se iluminó con una bella sonrisa que me llegó al corazón, ese corazón que de a poco se le entregaba descaradamente.
Me prometí en ese momento procurar esa sonrisa que llegaba a sus pupilas. Siempre la haría feliz. Toda mi vida y como fuera necesario porque me tenía rendido a su pies.
- Jamás, soy un idiota pero te encanta. No lo niegues.
- Ya lo sabes. Eres el mejor siéndolo – suspira, sonrojada me mira – ¿Qué dijo tu madre cuando supo que no irías a visitarlos? – fija su vista en el bombón que aproxima a la fogata – seguro me detesta.
- Claro que no, ellos te quieren. Imposible no hacerlo – suelta una risita por lo bajo – sólo me pidió que le avise cuando regresemos.
- Tu mamá es genial. Bueno, tus papás.
Ahora soy yo quien desvía la mirada, me apena verla así, no preguntaré por sus padres, seguro no les importa lo que haga o deje de hacer. No vale la pena causarle más dolor a esta persona tan bella que tengo enfrente. La vida la hizo fuerte y ese ímpetu le permite luchar, seguir adelante. Esa energía es su atractivo. No el principal pero sí uno importante. El vigor y determinación de sus ojos que me inspiran a admirarla.
Nuevamente la detallo con mi vista, tiene una expresión de completa alegría mientras trata de comer el bombón que le quema los dedos y la lengua. Suelta maldiciones, suaves gritos de dolor ante el tacto. Sí, es fuerte y a la vez vulnerable pero eso nadie lo sabe.
O eso cree porque yo sí tengo la dicha de saberlo. Porque no soy su amigo sólo en las buenas, porque la examino, porque la escucho, porque la leo, porque es importante para mí, porque (lo digo una vez más) la amo.
