***Los personajes de Hey Arnold no me pertenecen ***

N/A: he de confesar que antes de subir un capítulo me gusta tener al menos dos ya listos (en preproducción, pues) y tuve un bloqueo tremendo por eso me tardé un poco. Lamento hacerlos esperar.

¡Gracias!

::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: ACUARIO:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

-"…entonces en cuarto grado, Arnoldo, con ayuda de su abuela, regresó al mar a Mandíbulas cerradas. Me lo confesó en la preparatoria. Todos en la ciudad pensaban que se la habían robado o que de alguna manera inexplicable había logrado escaparse y…" - Helga habla animadamente mientras paseamos por el acuario de la ciudad, tomados de la mano.

Estoy a punto de explotar por el tedio y el enojo. Otra historia sobre el valeroso Arnold. Sus hazañas me hacen sentir enfermo. Cada visita, cada espacio que para ella fuera importante en su infancia o adolescencia trae un recuerdo que inevitablemente viene acompañado por un gallardo gesto del rubio: que si ayudó a un chico con un insano temor a dejar su pórtico a superar su miedo; que si el niño chocolate venció su adicción con ayuda de él (al menos por un tiempo); que si era el mejor dando consejos y resolviendo conflictos; y la mayor de todas sus proezas, cuando salvó el vecindario de ser destruido por una gran empresa.

Toda la bendita ciudad plagada con recuerdos del rubio.

Suspiro sin poder evitarlo mientras nos detenemos en la pequeña fuete de sodas que está dentro del recinto. Deseo con tanta fuerza ser un patán y reprenderla por hacerme sentir inseguro pero no puedo, ese no es mi estilo, además, ella no tiene la culpa sino yo porque solamente con mi consentimiento las cosas pueden afectarme y lo estoy dando, estoy permitiendo que la situación me sobrepase. Pero, ¿de dónde viene este malestar? ¿Por qué la sola mención de Arnold me altera hasta este punto?

Sentada frente a mí, comienza a devorar su helado de menta y chocolate a la vez que suelta una verborrea incesante que no logro entender. Mi mente está en otra cosa, en esta mañana para ser exactos. Cuando bajé las escaleras de la casa de huéspedes para encontrarme con ella parte de la conversación que sostenían dos personas en la sala me detuvo. Eran Helga y Arnold, de acuerdo con lo que vieron mis ojos más tarde. Así que, después de todo, la pregunta que me hice anoche antes de dormir ya tenía respuesta. Sí, la casa de huéspedes era suya y sí (otra vez) dormiría bajo el mismo techo que él.

- Puedes negarlo cuanto quieras pero sabes que tengo razón, Helga, siempre he sido yo.

- Te equivocas, cabezón, tanto o más como cuando… no quiero seguir hablando de esto, no le veo el caso.

- ¿De qué hablas, Helga?, tiene todo el caso del mundo porque estás cometiendo un error, ¿no lo ves?

- ¿Error? – su voz se endureció y estaba seguro, una seguridad nacida de los años de amistad, que la mirada de Helga se había vuelto hielo y su boca se cerraba en un línea recta.

- Sí…

No quise saber más, estaba mal que escuchara por "detrás de la puerta" por eso hice todo el ruido que me fue posible al bajar anunciándome de esta manera.

Algo pasó entre ellos, lo siento en cada palabra que sale de su boca cuando habla sobre él, en el destello que escapa de sus pupilas cuando recuerda y en la sonrisa que sin darse cuenta dibujan sus labios. Tan centrado en mis recuerdos y mi inestabilidad emocional me perdí toda la conversación.

- Gerald, ¿qué demonios te pasa? Criminal, desde que llegaste estás muy raro.

- ¿Te parece que yo soy el que se ha portado extraño? – increpo a riesgo de recibir por lo menos una mirada enfurruñada.

- ¿A qué te refieres? – pregunta ligeramente molesta, me sorprende pues pensé que se enojaría más pero su respuesta semi-tranquila me anima a continuar. Sé que es un error pero no puedo detenerme una vez que he comenzado. Siento la bilis subir por mi estómago haciéndolo burbujear. - A ti, Helga, estás muy extraña - ella frunce el entrecejo tanto que hasta parece cómico, si tan sólo tuviera ganas de reír - ¿qué sucede contigo y Arnold?

- No pasa nada entre el cabeza de balón y yo, ¿qué quieres que pase?

- ¡No me mientas! - levanto la voz sin importarme que los padres tomen rápidamente a sus hijos para alejarlos de la escena, que las otras parejas nos miren como si fuéramos extraterrestres.

Helga suelta una risa desprovista de diversión. ¿Qué pudo provocarle gracia? Estamos discutiendo, por Dios santo, no es para que se ría, debería estar explicándose, sacándome de la duda y pidiéndome perdón. No pido nada, ¿eh? Helga disculpándose, eso jamás lo verán mis ojos.

-Te lo repito, no tengo nada con el tontarrón ese – su expresión escrutadora se suaviza cuando lo dice. Quiero creerle, deseo hacerlo.

- De acuerdo, pero no puedes negarme que algo pasó antes. – todavía necesito saber a pesar de cómo pueda afectarme, deseo saber.

- Sí, fuimos novios un tiempo nada importante- me asegura. Sus ojos no demuestran debilidad, al contrario, se mantienen firmes ante su afirmación.

- Pero, todavía sientes algo por él, ¿no? – "Ahí vas Johanssen, a cagarla, ¿por qué no te callas?" - Me doy cuenta de cómo lo miras, de la ilusión que te hace sacarlo a colación cada vez que se puede – Helga frunce todavía más el entrecejo, sus labios en un mohín incómodo - Los lugares que hemos visitado siempre vienen con una anécdota suya. No lo niegues, ¡te gusta! O peor, lo amas - lo último es tan difícil de decir que mi voz es casi un susurro cuando escapa de mis labios.

Ella no aparta la mirada azul de mis castañas ardientes. A pesar de saber que estoy echando por la borda todos los años de amistad con ella, estos diez años de amarla en secreto, la incontrolable angustia de perderla me hace hablar, irónicamente, para alejarla con cada palabra que suelto.

Está molesta nuevamente (no es para menos, con tanta estupidez que escucha de mi) y, esta vez, hasta el límite, lo noto por el tic de su ojo izquierdo que se cierra compulsivamente. Eso lo hace cuando la ira contenida es tanta que está a punto de gritar por ello. La veo temblar delante de mí con los brazos estáticos a los lados de su cuerpo. No aparto la mirada pues estoy determinado a saber la verdad, tanto como me asusta, aun así, quiero conocerla.

- No sabes lo que dices – suelta con los dientes tan apretados que parecen estar adheridos con cola.

- ¡Sí que lo sé! – quiero callarme pero mi cerebro no hace nada para ayudarme. No deseo seguir adelante pero nada de lo que ha dicho despeja mis dudas.

- Gerald, será mejor que te calmes.

- ¡Que me calme! ¡¿Te parece que puedo calmarme cuando es obvio que me estás pintando los cuernos?! – Helga abre la boca ante mi aserción y roja como un tomate levanta, en un rápido movimiento que no pude anticipar, su puño derecho asestando un fuerte golpe en mi rostro. Sin decir una sola palabra, se cuelga el amado morral y se aleja con toda la dignidad que cabe en su cuerpo dejándome atrás como un completo imbécil.

¿Qué he hecho? "Tal como te dije, la cagaste y posiblemente hasta la has perdido, tonto, eso hiciste", me respondo mientras sobo mi pómulo izquierdo. Con semejante golpe, se me acomodaron las ideas y la furia cedió. Ahora percibo la resaca moral, eso que uno siente cuando ha hecho el ridículo.

Meditabundo recorro el camino de regreso a la casa de huéspedes, el tiempo que tarde en llegar me servirá para pensar en lo que hice y dije, cada vez siento más culpa por cuanta estupidez salió de mi boca. "Bien, ¿qué sabemos hasta ahora, Johanssen? Que Arnold sí es ese joven nieto del sr Shortma y dueño de la casa de huéspedes; que aquella vez que vine para navidad su abuelo se lo mencionó varias veces a Helga y ella se puso nerviosa; que los encontré platicando animadamente cuando llegué a Hillwood y todavía peor es que ese día dos personas hablaban sobre ellos y el destino haciendo de las suyas" meto las manos en los bolsillos de mis jeans mientras sigo caminando.

Al levantar la mirada me veo rodeado por muchos edificios de oficinas, departamentos y casas. El nudo en mi estómago se aprieta todavía más, no sé dónde estoy, por lo tanto saco mi celular para buscar la dirección del Sunset Arms en maps, me oriento (afortunadamente no estoy tan lejos) y sigo el camino marcado. "Por la mañana, él le dijo que estaba cometiendo un error y ella estaba sumamente enojada cuando entré a la sala", siento un súbito calor inundar mis mejillas (mi cuerpo entero) cuando recuerdo la sonrisita burlona del rubio al verme llegar y saludar a Helga, ¿qué era lo que le causaba gracia? "Maldito rubio engreído", aprieto la mandíbula. "Lo vi reír cuando me escuchó decirle 'amor' y soltar un sonido burlesco cuando ella me contestó de la misma forma. ¿Acaso piensa que no los decía enserio? ¿Pensará que Helga no me ama? Estoy más seguro, que hace unas horas, que él desea quitármela pero ella es mía, ella es mi Helga, mi luz en la oscuridad, mi agua en el desierto. No importa lo que él haga, ella me escogió" siento mi actitud cambiar, tal vez el pensar en el idiota cabeza de balón besando o abrazando a Helga me ayuda a recuperar algo de confianza. "Después de tanto años juntos se enamoró de este hombre y no dejaré que nadie me la quite, no se lo pondré tan fácil…" me parece que todo se mueve en cámara lenta.

Estoy a unos pasos de llegar a mi destino y vengo pensando en mi estrategia para pedir perdón a Helga cuando levanto la vista y la veo enfrente… con Arnold. Él le está tomando el rostro con las manos, ¿qué demonios?

Sí, todo gira a mí alrededor y lo hace lentamente, el nudo que sentía en mi estómago se afianza, la sangre en mis venas arde incontrolable, las manos se me cierran en puños, aprieto la mandíbula tanto que temo partir mi dentadura, avanzo un paso más en dirección a los rubios, es mi intención tomar a Helga del brazo y llevármela de ahí pero… Arnold se acerca más a ella y la abraza.

Enceguecido por la rabia camino, casi corriendo, hacia ellos, sólo han pasado unos segundos, pero se me antojan eternos. Agarro a Helga por la cintura y la jalo hacia mi cuerpo.

-¿Qué te pasa, amor, estás bien? – dirijo mi pregunta a Helga pero la mirada es para él, he escuchado decir muchas veces que hay miradas que si pudieran mataría, pues así siento la mía, como un sable bien afilado cuya intención es partir en dos al estúpido este.

- Yo… sí, cariño. Estoy bien, me encontré con Arnold y pues… - se agarra a mi brazo porque nota mi determinación de partirle la cara a su amiguito.

- Tal vez esto no habría sucedido si la trataras mejor, amigo – su voz es tranquila en contraste con la expresión en su rostro y sus ojos verdes centelleantes, como si de fuego se tratara. Suelto a Helga dejándola a un lado. Ella quiere decir algo pero se abstiene cuando nota que no la escuchamos tan centrados como estamos en esta batalla de miradas, todo a nuestro alrededor, incluida ella, se desvanece.

- Gracias por acotarlo, ahora si me disculpas, me llevo a mi novia - replico, buscando con mi mano la de Helga sin dejar de observar a Arnold. Ella me agarra y sin mirar atrás entro junto con mi rubia a la casa, dirigiéndonos a mi habitación alquilada.

Dentro, Helga me abraza por la espalda, un gesto que, bien sabe, en cuanto inicia logra calmarme. Las manos, que se me quedaron trabadas en puños, deshacen su agarre. El calor que inunda mi cuerpo ahora se concentra en mi entrepierna, porque ella ha empezado a acariciarme. Recorre mi espalda, cubierta por la tela de la playera, con su boca y con sus manos mi torso, conoce los trucos para dominarme, sabe de qué pie cojeo.

Adivinó, hace mucho, que una vez que inicia no hay poder humano que pueda detenerme, incluso tal vez cuenta con ello. Quizá su propósito es hacerme olvidar lo sucedido y lo logrará, aunque sea por esta tarde, cumplirá su cometido.

Giro y en un rápido movimiento la tomo en brazos, pegando su espalda contra la puerta de la habitación mientras ella se aferra a mi cuerpo con las piernas.

Te dejaré ganar por hoy, Helga, incluso tal vez deje pasar por alto los acontecimientos de este día, pero seguiré indagando hasta saber si tu corazón es mío o de él, porque no puedo con la duda, porque si he perderte tiene que ser ahora y rápido antes de que quede irremediablemente herido.

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N/A: ¿Qué opinan? Demasiada fantasía, ¿verdad? Denme chance, la vida es demasiado gris, esos pops de color me llenan.

Gracias por leer. Hasta la próxima.