***Los personajes de Hey Arnold no me pertenecen ***

N/A: Espero que el cambio de narrador no los maree.

Disfruten.

::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: EN EL COMEDOR :::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

Es sábado y una mañana atareada para Helga. Estamos próximos a regresar a nuestra ciudad y no se imaginan cuánto desearía no haber venido. Hubiera preferido quedarme en mi departamento añorándola y… completamente ignorante sobre la existencia de Arnold.

Estoy encerrado en mi habitación del Sunset Arms, tan hambriento que podría comerme un elefante pero me rehúso a bajar al comedor para desayunar porque sé que me encontraré con aquel rubio (desgraciado malnacido) y sus perfectos modales de caballero. ¡Arg! Totalmente desagradable, pero tampoco está bien que me esconda de él, ¿no? Es decir, podría tomarlo como una retirada, como que no tengo valor para luchar por Helga. Ay, Gerald, qué ideas te haces en la cabeza el tipo ni siquiera se ha mostrado abiertamente interesado en "robártela" y en todo caso si esa fuera su intención en realidad la decisión no es suya sino de Helga, ¿no crees?

Vamos, amigo. Levántate ya de la cama, vístete y hazle frente a tus temores, ¡eso es! ¡Con valentía! ¿Qué te podrías poner para verte casual pero enérgico y galán?

Uff. Tampoco es que traigas mucho para lucir, ¿eh? Te verías tan sofisticado y poderoso con un traje de vestir, de esos con camisa y corbata negra, saco y pantalones en color gris Oxford o de ese azul metal tan elegante, ¿quién iba a pensar que podrías llegar a necesitar algo así ahora, durante un viaje de cuatro días? ¡Nadie! Pero eso qué importa, igual no tienes nada parecido en tu armario. A ver, revisa bien, a fondo y mientras tanto haz memoria, chico, ¿qué más traes en tu maleta?

Vaya, vaya… sí, nada interesante: jeans, camisetas con logos idiotas de superhéroes y videojuegos, una camisa casual y otra tipo polo azul marino con las mangas y el cuello en rojo… quizás esta última sea tu mejor opción, ¿no lo crees? De acuerdo. A la ducha, viejo.

Qué agradable está el agua. Sí que lo necesitabas para cambiar tu ánimo, vamos tigre. Ataca si es necesario… afeita bien ese rostro, un poco de loción, desodorante del que vuelve loca a Helga. ¿Qué tal si te arreglas un poco esa maraña de cabello azabache?

De acuerdo, a lo que sigue. Jeans, camiseta polo, tennis negros. Respira, chico, respira profundo y vamos para abajo.

Si te lo encuentras en el comedor saludarlo será tu mejor opción, hazlo como si no supieras que se comió a tu novia, no te retuerzas al pensarlo al cabo que no eras precisamente virgen cuando… y ella tampoco tenía porqué serlo. Además bien dice el dicho, lo que no fue en tu año, no te hace daño.

De acuerdo mojigato, ¿recuerdas cómo bajar las escaleras o esto te afecta tanto que hasta ese punto has olvidado? Andando.

Míralo, justamente ahí sentado en el comedor con su perfecta pose, ¡por favor!

- Buen día – se gira para verte, viejo, quizás te arroje una mirada de suficiencia. Sí, ahí está.

- Buen día, Gerald - qué sonrisa tan calculadora, ¿se lo habrán dicho alguna vez?

- ¿Está bien si te acompaño con una taza de café? - ¡Cuánta cortesía, Johanssen!

- Claro, adelante – siéntate de una vez, recuerda: casual.

En la mesa hay de todo, viejo, come algo, lo necesitas.

-Entonces… tu y Helga, ¿eh? Dime, ¿cómo te va con eso? – ¿Qué le pasa a este tipo? ¿En serio? Está loco si piensa que puede obtener respuestas de ti.

- Sinceramente, no te incumbe – eso. ¡Defiende!

- Creo que sí – tu respuesta no le gustó nada, mira como ha bajado el periódico que con tanta atención leía cuando llegaste. No te dejes sobajar por sus palabras, escucha y prepara el contraataque – después de todo somos amigos.

-Fueron – bien bajado ese balón, Gerald.

- Lo somos. Ahora que regresó nos reencontramos y… lo viejo resurgió - mira cómo levanta la ceja el muy cábula.

¡No le hagas caso, no dejes que te afecte, tranquilo!

- Pues tal vez se acordaron de su amistad pero eso no te da derecho a pensar que mereces saber algo sobre nosotros… y… no ha regresado, solamente vino a cuidar a Miriam. – eso chico, muerde tu pan tostado como si nada, un poco al café te ayudará con este trago amargo.

- Sí, por eso vino… pero se quedará y no por su mamá – eso es algo bajo, ¿no te parece? Tranquilo. Calma esa ira, ese calor que sube desde las plantas de tus pies sofócalo que de nada te servirá. ¿De qué te ríes, Johanssen, estás nervioso? – ¿sabes que nosotros fuimos novios?

-Ah, sí. Nada serio. – eso, eso… con tranquilidad con burla si quieres

¿Pero, qué?… ¿Por qué se sonríe el estúpido? No frunzas el ceño, tarado.

-Nada serio, ¿eh? ¿Te lo dijo ella? Vaya… tanto teme lastimarte. ¿Sabías que declaró estar enamorada de mí desde los cuatro años? ¿Te dijo que escribía poesía por y para mí? ¿Te contó que su primera vez fue conmigo y que estuvimos a punto de fugarnos para casarnos? ¿Te confesó que todavía me ama con locura?

¡¿Qué mierda?! No escupas el café, no abras más lo ojos, abstente de mostrar furia en esos ojos avellana a pesar de la sorna en los verdes de él, no te dejes amedrentar y, por Dios, te lo pido de nuevo, calma esa ira que te cierra la garganta, no hagas puños de tus manos. ¿Qué te estoy diciendo? Geraldo, ¡cálmate! No hagas tonterías, ¡que te sientes, viejo!

Si acaso otra sonrisita de burla te dirige… oh, demonios, lo hizo. ¿Sabes qué? Haz lo que quieras, al fin y al cabo ya no estás escuchándome (a mí, tu conciencia) ahora sólo te guías por el estúpido de tu estómago. Arrójate de una vez.

-¿Qué dijiste, estúpido? – ya estoy de pie frente a él. Me vale madre lo que suceda me enceguece el dolor en mi corazón, por lo que ha manifestado, y el enojo en mis entrañas que puja por salir.

- Te duele saberlo, ¿no? – Sonríe de medio lado sin siquiera aventar una ojeada en mi dirección – pero es mejor que sepas dónde estás parado y que de una vez te enteres que ella no es para ti, es mía, siempre ha sido así y lo seguirá siendo.

Lo tomo por el cuello de su camisa y levantó su cuerpo como si de una bolsa se tratara, mi estatura y fuerza ayudan bastante en este momento, pero, a pesar de saberse más pequeño que yo me mira con tanta sorna que me siento minúsculo, mis entrañas se estremecen.

Haciendo gala de su destreza y rapidez se suelta de mi agarre y se hace para atrás, me preparo para asestar el primer golpe, un curvo que pretendía llegar a su pómulo izquierdo, pero él me esquiva parándose a la defensiva y me suelta un puñetazo que impacta en mi nariz, el lacerante dolor me hace sufrir pero no cejo en mi intento por calmar mi furia golpeándolo, un recto y un gancho hacen lo suyo en su delgado cuerpo haciéndolo tambalear y tomarse el estómago con una expresión agónica.

Estoy a punto de soltar otro golpe directamente en su rostro cuando…

-¡Basta, Gerald! – Mi amada rubia hace su aparición, distrayéndome lo suficiente para golpear la pared en lugar de la cabeza de Arnold y lastimándome en el proceso – ¿pero qué crees que estás haciendo? – la miro sin entender porque sólo me recrimina a mí, ¿qué hay de él?

- Pero, Helga… es que él… me enfurece - suelto mientras volteo hacia el maltrecho rubio, al girar el rostro el dolor en mi nariz se acentúa.

- Ven aquí - ordena mientras me toma de la mano lastimada. Me guía a la cocina y el imbécil aquel sigue nuestros pasos. Ambos parecemos niñitos regañados, es que, lo que sea de cada quien, Helga tiene voz de mando y un carácter temible.

Saca del congelador sendas bolsas con verduras congeladas que nos arroja para que podamos aplicar a nuestras heridas. Mientras lo hacemos no deja de observarnos.

-¿Qué está pasando aquí? – cuestiona, obviamente la pregunta va dirigida a los dos pero su índigo mirar se posa solamente en mí.

- Nada – respondo volteando hacia otro lado, sus escrutadores ojos entonces lo miran a él.

- Le dije la verdad sobre nosotros – tan rápido como me dan los músculos de mi cuello, giro la cabeza en dirección al rubio - le dije que me amas desde siempre, le conté todo sobre nosotros, Helga - ella no deja de observarlo, detallando ese rostro masculino con avidez, ¿por qué lo mira con tanto detenimiento? – no pudo soportarlo.

- Ya, entiendo - ¿Sólo eso vas a responder, Helga, en serio? ¿No hay nada más que agregar? - ¿Y bien, Gerald?

¿Qué fregados quieres que diga, mujer? Sabes bien lo que pasa por mi cabeza, comprendes al cien por cierto mis estímulos y mi temperamento, entiendes que no puedo quedarme quieto cuando este maldito… cuando él… Un suspiro abatido sale de mi pecho. Me armo de valor.

-Pues sí, eso pasó, me contó lo que sucedió entre ustedes, incluso me dijo que escribías poemas. Y sí, lo admito, no pude soportar la idea de que al verlo decidas regresar con él. Dice que lo amas - y lo que empecé diciendo con fuerza y audacia termina en un hilo tembloroso de voz. En mi vista periférica noto la expresión triunfante de Arnold.

- Eso dice, pero ¿qué piensas? – No entiendo por qué me lo pregunta - ¿hay algo en mi actitud que le dé la razón? – mi entrecejo es profundo, ¿qué quiere decir? Su mirada fría hace un par de segundos se torna suplicante, parece pedirme algo que todavía no logro entender. ¿Acaso he malentendido todo? ¿Será que escuché y vi nada más lo que mis inseguridades permitieron?

- Mi amor… - es el pendejo quien hablar, dirigiendo sus verdes y vivaces ojos hacia Helga quien no despega su mirar implorante del mío.

- Cállate, Arnold – espeta sin siquiera dirigirle un pequeño vistazo. – ¿Gerald?

Estoy perplejo, hago memoria desde el día en que nos conocimos hasta este preciso momento. Por supuesto, esperaba que Helga tuviera un pasado, algo doloroso y crucial que definiera su temperamento, porque, aunque alegre, se mostraba esquiva para relacionarse, pero, no tendría por qué afectarme, ¿no? Después de todo, cada persona experimenta algo que lo hace quien es en el presente: los errores, las vivencias, son enseñanzas; y como tales debemos tratarlas. Bajo esta pauta, comprendo que lo que sea que haya vivido por, para y con Arnold Shortman, fue importante y la marcó para siempre. Tan notable como relevante es lo que en el presente disfruta y adolece a mi lado.

Inclino mi cabeza a la izquierda, mientras la detallo y pienso. Es tan hermosa, al menos para mí, se trata de una persona con el corazón más cálido y el interior más sensible que haya tenido el gusto de conocer, sin embargo, es fuerte, valiente y... leal.

Sonrío. Te entiendo ahora, Helga, y ante la revelación en mis pupilas también sonríes. Tu gesto es tan alegre, como aquella primera vez que salimos, igual que la primera noche que pasamos juntos, de la misma forma en la que sonríes después de días sin vernos. Y tus ojos azules parecen mares profundos de aceptación y comprensión. Algo que me faltó hace unos días. Entiendes que soy un hombre imperfecto, que tengo tantas virtudes como defectos, que me falta mucho para comprenderte pero que lo intento con todo mi corazón… y a veces lo logro. Te das cuenta que te amo con todo lo que soy, que no concibo ya mi vida sin ti.

¿Y qué veo en ti? ¿Qué observo al detallarte así? Espero que lo captes todo con esa sensibilidad que te caracteriza, mi amor, porque ahí te va; todo lo que siento con esta mirada te lo diré (mientras la cocina y el otro sujeto en ella desaparecen, el mundo se vuelve un escenario oscuro sobre el cual estamos nosotros, solamente nosotros iluminados por una brillante luz amarilla): Helga G. Pataki, eres una mujer tremendamente inteligente, audaz hasta la médula, a veces impertinente y arisca, tienes un carácter de los mil demonios, pero cuando la situación lo requiere te abres al mundo siendo tierna y sensible, eres apasionada y libre, voluntariosa, temeraria, implacable como un desastre natural (hermoso en su terrible magnificencia). Eres… eres mía. Lo percibo en esos zafiros, lo siento en el roce de tus dedos dibujando mi rostro (¿En qué momento te acercaste?), lo noto en la caricia de tus labios sobre los míos, lo advierto en el dulce y cadencioso beso apasionado con el que te entregas a mí.

Me desborda la certeza del indudable amor que sientes por este individuo inacabado y defectuoso (¡Qué el mundo se vaya a mierda hoy mismo!), no hay nadie, ninguna otra persona, en tu corazón más que Gerald Martin Johanssen.

:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::..

N/A: amigos, este es el fin del drama. No aseguro más entradas pero si Panchita desea agregar algo más, ya lo sabrán si siguen la historia.

Disculpen que sea imperfecta, comprendan que soy solamente una fan obsesionada.