***Los personajes de Hey Arnold no me pertenecen ***

LA EXPLICACIÓN

-Te juro que no puedo entender por qué estabas tan celoso de Shortman, ¿cómo pudiste pesar que yo…? – gesticula con los brazos mientras suelta el cuestionamiento. Está recostada sobre mi pecho desnudo. Su cabello libre y enmarañado guarda en su forma la exigencia del amor consumado. La fatiga de nuestros cuerpos (por Dios, somos humanos, debemos detenernos y respirar) luego del imperioso deseo cumplido nos mantiene tranquilos, casi sedados.

Pero la cuestión debe abordarse, si le damos más tiempo quizás los malos entendidos vuelvan.

Luego de la escena en la cocina del Sunset Arms, me retiré a la habitación porque así me lo pidió. Dijo querer hablar a solas con Arnold y yo accedí, algo temeroso, he de confesar, pero a la vez seguro de Helga. De cualquier forma quiero oír de sus labios lo que sucedió, ella es tan elocuente con las palabras, no me sorprende que escribiera poesía.

-Verás, todo empezó cuando… - se gira para escrutar mi expresión con esa mirada de fastidio que tanto amo, parece suplicar que no empiece con la parafernalia, pues como ya he confesado… me encanta adornar los relatos, pero claramente ella no está para eso. – De acuerdo, bien – le sonrío –. Seré breve – se vuelve a acomodar sobre mi torso posando su oreja sobre el lugar en el que está mi corazón –. El día que llegué a esta ciudad me encontré a un par de tipos afuera del restaurante y hablaban de ustedes… dijeron que estaban juntos por obra del destino, creo que me sugestioné ("¿Crees?"- susurra, la miro entrecerrando los ojos) por eso cuando te vi sentada frente al tipo, platicando animadamente y riéndote con franqueza en su compañía… también lo creí. – Helga dibuja cualquier cosa sobre mi piel mientras analiza mis palabras -. Parecía un verdadero reencuentro, de esos románticos que uno ve en las películas.

- No es suficiente para pensarlo – comenta sin detener el vaivén de su índice.

- Lo sé, ahora lo sé. Pero, en ese momento me cegó la inseguridad porque… sabes… - suspiro liberando completamente mis pulmones de todo aire en ellos. Quiero explicarme, más el terror de verme aún más expuesto y vulnerable me detiene, la idea de desnudar mi alma me da todavía más pena que la desnudez que guarda esta sábana.

Se incorpora. Sin duda el tiempo que he pasado en silencio no ha escapado a su atención. Apoya su mano derecha en la cama para girar completamente y se acomoda poniendo su barbilla en mi pecho y ambas piernas a los lados de mis caderas. Pese a lo serio de nuestra conversación, el cosquilleo en mi estómago y posterior pálpito en mi sexo le hacen saber que es muy probable que pierda el hilo de nuestra charla con el objetivo de encontrarme entre sus brazos, acariciando su piel e invadiendo su intimidad otra vez. Sólo de imaginarlo yo… uff. Sacudo la cabeza ante esos pensamientos debo estar claro para continuar, mi ninfa se ríe por el control que, sabe, ejerce sobre este simple mortal.

-¿Qué inseguridades? – pregunta retomando la plática. Carraspeo para deshacer el nudo de excitación en mi garganta.

- Es que, pues… Helga, a veces creo que eres demasiada mujer para mí. – lo suelto después de mucho pensarlo. Ella inclina la cabeza hacia la izquierda con el entrecejo fruncido cuestionando sin palabras lo que digo -. He… he estado enamorado de ti desde hace años y nunca creí que pudiera acceder a tu cariño, me resultaba imposible de creer y todavía rechazaba la idea de que me amaras cuando llegue aquí – continúo con voz monótona más que otra cosa, para sosegar el nudo en mi garganta -. Fue todavía más complicado callar las voces de la inseguridad cuando cada lugar que recorrimos te recordaba a él y eso me enceló porque tienes demasiadas memorias con Shortman. A pesar de que hace unas horas me escogiste allá abajo, en esa cocina, sigo sintiendo que no estaré en tu corazón como lo hizo Arnold.

- Cielo, escucha bien porque lo diré sólo una vez. Creo justo contarte sobre lo que alguna vez sentí por Arnold para que comprendas al cien porciento lo que ahora alberga mi corazón – suspira acomodándose mejor sobre mi, sus movimientos lentos me provocan tragar en seco -. Tal como dijo lo conocí cuando teníamos apenas cuatro años de edad, en el kínder. Yo caminé sola hasta allá bajo la lluvia porque… bueno, ya conoces a mis padres – el inicio de su relato es tan amargo que en mi rostro el desagrado se dibuja a tope -. Han cambiado mucho, amor, te pido que no los juzgues tan fuerte. – con sus dedos suaviza la línea que se marcó en mi entrecejo al escucharla y me regala un furtivo beso en la nariz haciéndome sonreír -. Para cuando llegué a las puertas del jardín de niños, estaba empapada (olvidé mencionar que no tenía sombrilla ni impermeable), llena de barro, muy cansada pero más que otra cosa, sumamente triste. Descorazonada, así me encontró Arnold, él fue muy amable, ¿sabes?, ninguna persona había mostrado empatía ni agrado por mí hasta entonces.

Arnold me cubrió de la lluvia con su paraguas y me regaló un cumplido lo cual hizo que me sintiera tan bien que en mi interior desarrollé un cariño muy especial hacia él pero los demás se burlaban de mí, por la forma en que lo miraba y cómo le respondía. Esto me llevó a ser muy grosera con todos y en especial con Arnold pues deseaba ocultarle que le quería, ¿me explico? – no me queda más que asentir y seguir atendiendo a sus palabras – por mucho tiempo lo admiré desde la sombra, cada día más enamorada y en mi desespero escribía mucho para de alguna forma exorcizar mi sentir, es que… sentía que me comía por dentro. Estaba obsesionada – se incorpora, sentándose sobre mi vientre, la posición no me gusta del todo porque ya no puedo observar sus expresiones así que me levanto también para quedar frente a frente -. Tenía altares hechos de trevejos con su forma – hace una expresión que denota sorpresa mientras imita la imagen de esos bustos con las manos – lo perseguía, buscaba estar cerca de él para terminar llamando negativamente su atención. Alguna vez cuando teníamos casi diez años le confesé mi amor pero él me rechazó y seguimos como siempre un tiempo más.

¿Recuerdas que te hablé sobre mis sesiones con Bliss? – confirmo moviendo la cabeza, mis manos pasan de sus caderas a sus muslos en un movimiento lento e ininterrumpido -. Bueno pues ella me hizo entender lo que sentía y no era amor ferviente como tantos años supuse, comprendí que en él vertía el cariño que no podía dar a mis padres por su indiferencia y que lo único que me pasaba con Arnold era que estaba agradecida y mayormente obsesionada. Total que luego de entenderme, mi comportamiento cambió mucho, con él y con todos – "mjú" musito atento a su explicación, un mechón de su flequillo le cubre parte del ojo, con suma ternura lo acomodo -. Esa tranquilidad por mi parte llamó su atención y empezamos una nueva relación de amistad que al final se convirtió en noviazgo y te confieso que sí me enamoré del cabeza de balón, obviamente ya no le escribí poemas ni esculpí altares de su cabeza extraña pero sí lo quise, profundamente, tanto que antes de la mayoría de edad y con la finalidad de que nadie nos separara (ni siquiera la universidad) estuvimos a punto de fugarnos para casarnos pero lo pensamos bien… o al menos yo lo pensé bien y concluimos que si el tiempo y la distancia no lograban interferir en nuestro amor, nos reuniríamos aquí otra vez y empezaríamos nuestra vida juntos. Algo muy infantil, ¿no te parece?... Y tonto. No quiero mentirte diciendo que fue irrelevante cualquier sentimiento y decisión que tomé junto a él porque sería negar que gracias a lo que viví con Arnold soy la Helga que conoces y de la que estás locamente enamorado – reímos ante la afirmación. "Locamente" susurro en concordancia -. Shortman fue muy importante para mí, fue mi primer amor, la persona gracias a la cuál pude avanzar durante los años más vulnerables de mi vida. La certeza de que lo vería cada mañana me daba fuerza para levantarme de la cama y ser lo suficientemente independiente para ir a la escuela, aun con cuatro años. Te confieso que la última vez que vine para las celebraciones navideñas con mi familia, hace creo que cinco años me encontré con él pero ya no hizo vibrar mi corazón, las mariposas en mi estómago se mantuvieron estáticas y la dinámica entre nosotros fue muy diferente, sobretodo para mí pues creo que él percibió de otra forma las cosas. De hecho, me contó que estaba en una relación muy seria, tanto que estaba comprometido. No sé qué habrá pasado pero… tampoco es algo que me quite el sueño, se lo dejé claro al zopenco cuando llegué para cuidar a Miriam pues resultó que ya vivía aquí (tengo entendido que desde que murieron sus abuelos se mudó) y sí noté que me estaba prestando demasiada atención, que me tiraba el calzón pues. Bueno, como te decía, fue una persona importante para mí, viví mucho a su lado y le guardo un cariño muy especial…

Pero, Gerald – posa su mirar en mí -. Tú llegaste en el momento indicado, en el momento justo. Si te hubiera conocido antes tal vez no nos hubiéramos gustado, quizás incluso me repudiarías… o tal vez yo a ti – sonríe dulcemente -. Si te hubiera conocido después entonces no hubiera disfrutado de tu amistad, no habría hecho lazos contigo porque la vida me habría regresado a Hillwood y muy posiblemente a sus brazos, pero llegaste, justo cuando lo necesitaba, justamente cuando me recuperaba de un fuerte golpe y fuiste mi mejor amigo, me ayudaste a encontrar luz en ese momento de oscuridad, a disfrutar de las pequeñas cosas y divertirme como nunca antes lo hice – sus manos sostienen las mías y con sus pulgares las acaricia, una caricia que percibo también en sus pupilas. Me mantengo estoicamente callado e impasible -. Te metiste en mi corazón tan fuerte y tan rápido que ni siquiera me di cuenta, es más, para cuando supe lo que sentía por ti, ya habías pasado por tres novias – se ríe y yo con ella, es verdad… en un intento desesperado por arrancármela, tuve varias relaciones por supuesto que ninguna relevante -. Fue cuando decidí que si lo único que deseabas era mi amistad entonces había llegado el momento de buscar el amor que no me darías en otro lado, pero en mi corazón y mi mente ya no estaba Arnold así que nunca cruzó por mi cabeza la idea de regresar aquí. Tal vez por eso salí con esos chicos, ¿los recuerdas?

-Claro que los recuerdo, quería molerlos a golpes por acercarse a ti, por tocarte y besarte. – gruño con expresión de pocos amigos al evocar esas memorias. Mi rubia ríe ante la declaración.

- Bueno pues te hubieras dado unos golpes a ti mismo, Geraldo, era tu culpa, ¿sabes? En fin. Ninguno me hizo sentir lo que tú: esa zozobra cuando me tocabas; las mariposas en mi estómago cuando por alguna razón me mirabas; la resequedad de mi garganta ante el aroma de tu piel; o la humedad entre mis piernas cuando me sonreías pícaramente – me sonrojo al escucharla pero no bajo la mirada, no sabía que provocaba todo eso en ella -. Deseaba más de ti, anhelaba todo de ti. Todo. Y eso me mataba porque no pensé que quisieras lo mismo - "¿Como no iba a querer lo mismo, si ardía en deseos por decirte que te amaba, preciosa?", me abraza posando su cabeza sobre mi hombro, acarició su cabello distraídamente -. Y bueno, el año pasado ya no podía resistir más, por eso en navidad me turbó tanto el tacto de tus dedos en mi cuello, tu cercanía me dolía por el anhelo de mi corazón y cuando por fin me dijiste que también me querías… ("Que te amo" – acoto)… bueno, que me amabas – se ríe, con mis dedos mimo su blanca espalda haciéndola suspirar – fue como respirar libremente después de estar ahogándose o tomar agua estando absolutamente sediento. Gerald, - se incorpora de nuevo tomando mis mejillas con sus manos para asegurar que la mire fijamente, nuestros ojos se encuentran - eres lo mejor que me ha pasado en la vida, me haces sentir especial, hermosa, comprendida y amada y no hay nadie, ninguna otra persona en el mundo, con la que desee estar más que contigo. Ninguna. ¿Lo entiendes, amor? – vislumbro su rostro enternecido a través de la capa de lágrimas que ahora cubren mis orbes. Helga limpia con sus pulgares las fugitivas gotitas que corren libremente.

- Lo entiendo – musito prácticamente en un susurro.

- Te amo, Gerald, te amo como jamás amé a nadie.

Une nuestros labios en un beso cadencioso y tierno, su sabor me estremece todavía más por lo que ha confesado. El renovado deseo me invita a besarla con ardor, me urge a recorrer su cuerpo con las manos, a explorarla nuevamente.

Bebo de sus jugosos labios hasta casi perder la conciencia, alejarme del oasis que supone su boca (dulce, fresca y juguetona) me lastima pero calmo el dolor probando la piel de su mandíbula, dibujando un camino conocido con la lengua para llegar al lóbulo de su oreja y estando ahí, la mimo dulcemente como sé que le gusta. Helga tiembla por el contacto y da un pequeño brinco en respuesta, sus manos enredadas entre la maraña que es mi pelo, aciertan a cerrarse, su reacción me insta a seguir explorando sus rincones. Mordisqueando la piel de su cuello llegó hasta el valle que suponen sus pechos. Sus gemidos placenteros me indican que lo disfruta tanto como yo. Mis manos tienen vida propia y recorren todo espacio posible de su piel subiendo por su espalda hasta los hombros y bajando nuevamente hasta tomar su bello trasero. Con un movimiento invitante la pego más a mi cuerpo y el suyo responde humedeciendo cierta parte que está en contacto con la piel de mi vientre masculino.

"Por Dios!" está preparada para recibirme nuevamente y yo… quisiera que el tiempo se ralentizara en este momento para disfrutar a placer el impetuoso deseo que sentimos; para probar sus pechos turgentes y deliciosos lentamente y disfrutar aún más de la humedad de su sexo en mis dedos; para grabar en mi memoria hasta el final de los tiempos la expresión de su rostro lleno de placer, el cuerpo arqueado por acción de mis caricias, los sonidos deliciosos que salen de su boca. Anhelo detallar palmo a palmo su cuerpo.

Pero sentado como estoy, me siento limitado así que, sin saber muy bien cómo, nos acomodó para quedar sobre ella porque quiero recorrerla toda, todita, con mis labios. Ahora sí Helga, mi amor, prepárate porque te disfrutaré hasta el cansancio. Beso el frente de su cuerpo y lo acaricio como si fuera una copa de cristal cortado, frágil y delicado, me dedico por un tiempo considerable a detallar los solitarios valles.

¿Será consciente de lo mucho que me excita al pronunciar mi nombre en ese tono y como si fuera un mantra? Es muy probable, porque lo hace cada vez que quiere que nos unamos pero tengo otros planes. La giró impulsado por el deseo de probar su espalda y besar su trasero, ella gime con más fuerza, desesperada. Se incorpora virando ligeramente para poder besarme, espalda contra pecho, y el momento para la ternura se acabó solamente pienso en poseerla con fuerza, la tomo por las caderas, acercándola con descaro a mi cuerpo, penetrando sus senderos salvajemente.

Nuestros movimientos acompasados nos acercan al límite, está lista para estallar. Me lo dicen sus frenéticas embestidas, sus erguidos pezones, los poros de su piel erizados, los gemidos incesantes. Se arroja al abismo y yo me pierdo en las sensaciones que sus espasmos provocan a mi miembro, la sigo, la acompaño como pretendo hacer por el resto de mis días.

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Gracias por leer.