***Los personajes de Hey Arnold no me pertenecen ***
PROMESA
Pensar en verla me altera tanto que me remuevo en el sitio donde espero de pie. Giro los ojos para observar todo lo que me rodea y nervioso posó la mirada en mis zapatos: negros, de vestir, tan pulidos que casi distingo mi reflejo en ellos.
El estómago se me arrebuja haciéndome pasar saliva cada tanto, es que siento que la ansiedad trepa por mi garganta. Miro el reloj que se mantiene firme en mi muñeca izquierda: es casi el momento.
-Tranquilo, viejo, respira – susurra Thomas a mi lado, volteo tan rápido que me lastimo, ni me acordaba de su presencia, es que la situación me sobrepasa. Su cara denota diversión. "Desgraciado, ya te quisiera ver en mis zapatos, no… mejor así, yo en mis zapatos porque todo es maravilloso en ellos, no tengo ninguna queja para el buzón, gracias".
Posa su mano sobre mi hombro, estrechándolo, eso me calma ligeramente. Es un gran amigo, lo conozco desde la universidad… siempre supo que estaba enamorado de Helga.
Sonrío conciliadoramente ante la mirada divertida de Thomas. Inhalo llenando por el completo mis pulmones e incluso sintiendo un punzante dolor en la espalda por la contractura que se creó gracias al estrés; exhalo sacando todo lo que me molesta junto con el aire, casi vaciando mi memoria también. Cierro los ojos e inhalo nuevamente, un recuerdo de ella me asalta haciéndome sonreír y exhalo otra vez para calmar la serpiente que remueve mis intestinos.
Está sentada con los piernas sobre la mesita de la sala, ataviada con un tazón gigante rebosante de palomitas y frituras, acompaña su… comida… con una enorme michelada.
Lo había pensado muchísimo, hasta el cansancio, pero ningún lugar me parecía más adecuado que este. Hemos vivido juntos por algo más de un año y somos pareja desde hace dos. ¿Acaso no es el momento idóneo?
Sé, con cada partícula que compone mi ser, que deseo estar con esta rubia alocada hasta que mi vida termine, o hasta la eternidad si hay algo más después de la muerte.
Para ser sincero, me asusta la respuesta que pueda darme pues como el alma libre que es podría sentirse atada, aceptaré con gusto darle lo que quiera de mí, lo que anhele vivir conmigo. Lo juro. No importa mi crianza, si no está de acuerdo no la presionaré.
La mirada que poso en ella seguramente es tan intensa que la percibe. Ha dejado de ver las luchas y ahora me mira sonriendo y haciendo un gesto con las manos pide que me acerque.
- ¿Qué sucede, Geraldo, pasó algo malo en la oficina? Pareces nervioso.
- No, nada de eso – sonrío tomando su mano izquierda, con ternura la llevo a mis labios y deposito un beso tierno en su dorso -. Pero sí estoy nervioso – agrego mirándola intensamente. La veo tragar en seco y la turbación en sus iris me anima.
- Sabes, siento que tienes algo que decir, algo serio – sus labios dibujan una trémula sonrisa y me pregunto si acaso sabrá lo que quiero preguntar, de ser así cómo le gustaría que lo hiciera y cuál sería su respuesta. Suspiro.
- Tienes razón, pero… ¿quieres terminar de ver la pelea? – un movimiento negativo de su cabeza me responde suéltalo, chico listo agrega haciéndome reír. Siento que se estremece ante el sonido- De acuerdo. Pues sí quiero decir algo, pero no sé por dónde empezar, no tengo idea de cómo hacerlo entonces… Amor, es mi deseo hacerte saber que me hace inmensamente feliz vivir contigo, compartir cada momento disponible de mi día a tu lado. Me siento completo, amado, respetado y especial en muchos sentidos, hay quienes dicen que hasta luzco más confiado, y no podría estar más de acuerdo porque tu amor me da fuerza, entereza y seguridad… Como sabes, estoy irrevocablemente enamorado de ti, más de lo que jamás creí amar a nadie, tanto como para mantenerme sano y feliz para ti, porque eso que dicen de 'más que a mi propia vida' me parece ligeramente nocivo, pero ya me estoy desviando del tema - ella se ríe, un rubor precioso nace en sus mejillas y sus maravilloso ojos azules brillan al mirarme -. Helga, en estos años he llegado a conocer cada aspecto de ti, tus virtudes y defectos. Te confieso que a veces extraño la forma en la que me hablabas cuando no éramos novios, ya sabes cuándo enojada me decías 'zopenco, idiota, cabeza de cepillo, pelos de espagueti' – suelta una carcajada.
- Pero, ¿no es verdad que te gusta más escucharme decir 'amor, corazón, cielo'? - es mi turno para ruborizarme
- Claro y más si estamos en la cama… (trago con dificultad) bueno, no nos desviemos más. Creo que sabes a lo que me refiero, recuerdo esos días con mucho cariño pero no cambiaría lo que tenemos para regresar a ellos. Sin embargo, sí quiero que exista un cambio en nuestra relación. Antes que nada, sé que no comulgas con algunas formas de pensamiento común - comienzo a hablar de corrido - lo entiendo y no es mi intención forzarte a hacer algo que no quieras, no deseo presionarte, esto… tu sabes que estoy comprometido al cien por ciento en esta relación, que eres la única para mí, que no hay nadie más a quien desee ni a quien ame. Solamente a ti – voy tan rápido que hasta creo que me he comido algunas letras en el camino pero estoy desesperado por decirlo, por saber su respuesta. Incluso para no perder el hilo de mis pensamientos cierro los ojos -. Aclarado esto, yo, bueno, quisiera saber si … uff.. emm… uhm.
No puedo seguir hablando, ella me besa tiernamente para sosegar mis ímpetus. No me había dado cuenta que retenía el aire en mis pulmones hasta ese momento. Siento su mano acariciar mi mejilla. Nos separamos luego de unos minutos. Creo que tengo la energía suficiente para seguir adelante con el plan pero…
- También te amo, lo sabes… ¿Te casarías conmigo, Gerald? – no hay un deje de burla en su voz, mucho menos en sus ojos. Lo dice en serio. Atónito la miro, con los ojos como platos, la boca abierta y una expresión que si bien denota felicidad también muestra derrota. Bueno al final ella siempre ha tenido más agallas. La sonrisa que dibujan mis labios bien podría dividir por mitad mi rostro.
- Claro que sí amor, una y mil veces.
Compruebo la hora de nuevo y me pregunto si esta vez Helga llegará temprano, si al menos se habrá levantado de la cama aunque siendo casi las siete de la tarde no tendría razones para seguir en ella. Pero es Helga y todo puede pasar cuando se trata de ella.
El lugar está abarrotado, la cálida luz del sol aún no termina de descender. Viro los ojos al cielo. Está despejado. Sobre mi cabeza y bajo la carpa hay cables con pequeñas bombillas prestas a proporcionar calidez e iluminar el ambiente más tarde. Hay gente sentada frente a mí, en sillas bellamente adornadas con telas y flores. Un pasillo se abre entre las hileras de amigos y familiares. En la primera y segunda fila de su lado izquierdo distingo a mis padres y hermanos, tras ellos la familia Johanssen en pleno con miradas expectantes y felices platicando entre ellos.
Del lado derecho, los Pataki ocupan la primera fila: Bob, Miriam y Olga acompañada por su marido, hace poco se casó. Detrás nuestros amigos completan el cuadro. En uno de los lugares está el rubio cabeza de balón, ¿quién diría que después de tantos sinsabores terminaríamos siendo amigos? Sus risueños ojos verdes se encuentran con los míos.
Cuando fui a pedir a Helga, bueno en realidad a avisar a sus padres sobre nuestro compromiso, me encontré con Arnold. Ni siquiera había notado su presencia hasta que el joven Shortman fue a sentarse frente a mí. Recuerdo que ese día estaba esperando a Helga en el restaurante de la última vez, pasamos unos días en Hillwood y me quedé en la casa Pataki, ella había acompañado a su padre al negocio de celulares porque el gran Bob necesitaba una asesoría. Nada más verlo sentí que la leche de mi capuchino empezaba a hacerme daño pero el rubio no se inmutó cuando después de saludarme, le respondí con un amenazante "¿Qué quieres?"
-Disculparme - dijo sin rodeos, descolocándome por completo, la posición enfurruñada que había adquirido mi cuerpo y mi cara de pocos amigos desaparecieron en un instante – quiero hablar contigo sobre lo que sucedió la última vez que estuviste en la ciudad.
Tanto su voz como su rostro mostraban serenidad, por lo tanto accedí a la conversación y hablamos muchísimo tiempo, horas. De hecho, Helga me confesaría más tarde que al llegar al restaurante y vernos prefirió dejarnos para que zanjáramos nuestras diferencias porque sabía que en el fondo, luego de conocernos, nos caeríamos bien. Tenía razón. Aunque al principio lo que en realidad sentí por Arnold fue compasión. Me contó su trágica historia, sé que al decir "trágica" uno podría pensar que exagero pero no me lo parece; Shortman perdió a sus padres siendo apenas un bebé, ellos no regresaron de una expedición, jamás los encontraron entonces sus abuelos lo criaron.
-Hicieron un gran trabajo, ambos, eran personas muy agradables aunque algo deschavetadas.
- Lo sé, llegué a conocerlos una navidad que pasé aquí con Helga. Phil me ofreció tu habitación, porque no estarías aquí para las fiestas.
- Y no sabes cómo me arrepiento de haberme distanciado tanto pero cuando eres joven es fácil perder el norte – suspiró – para cuando entendí que me quedaba poco tiempo con ellos, empecé a visitarlos más seguido, cada fin de semana y durante los festivos. Incluso pensé en regresar con la que en ese entonces era mi prometida pero…fallecieron antes de que lo hiciera.
- Lo siento mucho, viejo
- Gracias. De todos modos regresé a esa casa que me trae tantos recuerdos hermosos. Sin embargo, Sherryl no pudo soportar la idea de permanecer en Hillwood y terminamos nuestro compromiso. Me rompió el corazón, Gerald, en serio. La amé muchísimo, profundamente. Quería compartir mi vida con ella y mira en lo que terminó, en nada. No creas, agradezco que sucediera antes de que fuera imposible dejarnos pero me lastimó. Cuando supe que Helga había regresado – se ruborizó – no me malentiendas, es parte de la disculpa – dijo alzando las manos en son de paz, ¿qué habré hecho o qué cara puse? Sólo él lo sabe – pensé que podríamos retomar lo que tuvimos y que ella sanaría de algún modo mi corazón, que ya no me sentiría tiste ni solo pero no contaba con que estaba en una relación. Obré mal lo reconozco. Quise que recordara lo que alguna vez sintió y cuando no lo logré, fui tras de ti para meterte miedo, hacerte sentir inseguro pero… ya ves, las cosas no funcionaron como planeé y me alegro mucho. Andan diciendo por ahí que se van a casar.
-Así es, ella me lo propuso - levanté la mano izquierda mostrando la argolla que me regaló para dar fe de nuestro compromiso (delgada, de oro y con un corazón grabado), claro que eso no es normal pero no puedo negarme a sus excentricidades.
- Era de suponerse – soltó una risa moviendo la cabeza de un lado a otro - me da mucho gusto, viejo.
Me extendió la mano y la estreché para sellar lo que vendría a convertirse en una gran amistad.
Respondo a la mirada color esmeralda con un asentimiento, él levanta el pulgar para darme ánimos. Sonrío. De algún modo recordar todo lo que hemos vivido, mi rubia y yo, me calma.
Siento cada partícula de mi cuerpo gozosa y mi corazón salta de felicidad.
Hela ahí, la mujer de mis sueños, mi tesoro invaluable, la dueña de mi corazón. Envuelta en un bello vestido marfil de marga larga, pero con los hombros descubiertos, que se amolda perfectamente a su cuerpo. Lleva un ramo pequeño de nube con alcatraces. El cabello en un peinado recogido pero relajado. Lo que lleva puesta la hace lucir hermosa, pero sus mejores accesorios son sin duda esos ojos zafiro y esa bella sonrisa que no la abandona mientras avanza por el pasillo al son de la marcha nupcial.
He perdido el piso. Nada, salvo Helga G. Pataki, me ata a este mundo, son sus ojos mi brújula, mi mundo entero.
Apenas si atiendo a la ceremonia oficiada por el juez. Solamente atino a admirarla, incapaz de créemelo todavía. Acepto la escucho decir, y mi corazón se salta un latido. Acepto respondo en concordancia. Puede besar a la novia. Un roce de nuestros labios y un tierno "te amo".
La ceremonia finaliza entre vítores y aplausos, quisiera mirar a otro lado pero me tiene atrapado la belleza de mi esposa, mi esposa.
¿Se puede ser más feliz? Ya lo descubriré. Mientras tanto disfrutaré de saberla mía, pues jamás creí que esta amistad culminaría en amor.
Fin.
:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::.
A los que me acompañaron en este fic, muchas gracias.
