La mañana había amanecido clara y fresca, quizás un poco más fría de lo normal. Los primeros indicios del otoño empezaban a estar presentes, a la vez que el calor estival daba sus últimos coletazos. Los árboles de hoja caduca comenzaban a mostrar tonos rojizos y anaranjados, dejando un bonito manto autumnal alrededor de los troncos que el viento se encargaba de esparcir.
Esa siempre había sido su estación favorita; la temperatura era perfecta, sin el sofocante bochorno del verano ni el álgido frío invernal.
La comida también era un gran punto a favor, los frutos otoñales eran sin duda sus preferidos: uvas, higos, frutos secos y silvestres... y, en especial, los boniatos, esa especie de patata dulce realmente le encantaba.
Ni que decir tiene que los paisajes eran otro de los factores que le hacían amar aquella estación. Los colores que reinaban en aquella época siempre le habían gustado, y esa armonía que tenían con el resto del paisaje le parecía verdaderamente hermosa.
Un traicionero suspiro escapó de sus labios mientras su mirada recorría los árboles que asomaban por el patio. El carraspeo del profesor le recordó que no era momento para estar distraído, al fin y al cabo los exámenes no tardarían en llegar y atender en clase no le haría mal.
Se apartó un mechón de cabello del rostro, colocándolo detrás de la oreja, y se centró en la pizarra, intentando prestar atención a la explicación del maestro.
Aunque apenas fue un cuarto de hora, el tiempo que pasó hasta que acabó la clase se le hizo realmente pesado. Afortunadamente ya era última hora y solo le quedaban las actividades del club de fútbol, por lo que no tendría que soportar más dosis de palabrería soporífera.
Recogió sus libros sin demasiada prisa, guardándolos en su bolsa y cargándose esta al hombro para después salir del aula.
— ¡Sakuma! – escuchó su nombre nada más dar un paso fuera del salón, y no tardó en reconocer al poseedor de tan familiar voz.
— Genda – saludó –. ¿Vas para el club? – esa pregunta era más para empezar una conversación que otra cosa, básicamente porque la respuesta era obvia.
— Sí, pero quería esperarte para ir juntos. – a diferencia de la mayoría, no habían pasado esa clase juntos, pues tenían materias diferentes a esa hora.
Las palabras de Genda provocaron que una inevitable sonrisa decorara los finos labios del delantero, quien no tardó en responder:
— Entonces vamos, no quiero que llegues tarde por mi culpa. – si bien no era la respuesta más cariñosa del mundo, la preocupación que teñía sus palabras consiguió que el castaño sonriera también.
Emprendieron el camino hacia el club el uno junto al otro, charlando de todo y nada. Saltaban de un tema a otro, sin nada realmente importante que decirse, mas ambos tenían suficiente con la compañía del otro.
La mano de Genda se atrevió a rozar sus dedos con los del pelician, quien en lugar de apartarse decidió entrelazar disimuladamente sus meñiques; al fin y al cabo seguían en el instituto y no podían ser demasiado obvios.
Siguieron su ruta de aquella manera, pues la mayoría de estudiantes estaban ocupados con las actividades de sus clubes y los pasillos no estaban excesivamente transitados.
Tuvieron que soltarse, pero, cuando al cruzar una esquina se toparon de cara con Sakiyama y Narukami. Sakuma fue el que instintivamente apartó la mano, ya que creía que como capitán debía mantener cierta imagen.
— ¿Adónde vais? El entrenamiento está a punto de empezar. – preguntó el portero con algo de intriga, no era común que nadie llegara tarde en Teikoku, más que nada por las consecuencias que eso podía conllevar.
— Tenemos que... ¡Ir a por una cosa! ¡Sí, eso es! – la reacción de Narukami fue de todo menos normal, daba la sensación de tener bastante prisa y la forma en la que Sakiyama asentía con la cabeza ante las palabras de su compañero no hacía más que aumentar la ya mencionada impresión.
— Eh... Vale, pero daros prisa y no lleguéis tarde. – la voz de Sakuma tenía cierto tono de preocupación, el mismo que adquiría cuando podía haber algún problema en el equipo - y él no era el causante, claro -.
Los dos chicos asintieron de nuevo y se fueron tan rápido como habían llegado. Sakiyama había agarrado a Narukami por la muñeca antes de irse, seguramente para que se apresurara, o al menos eso pensó el delantero.
Todos estaban ya en el campo cuando llegó, andando tranquilamente. Por supuesto, el primero en llegar había sido Kazemaru, quien ahora se lo miraba con los brazos cruzados y una pizca de reproche en los ojos.
No le gustaba cuando le miraba así, porque cuando era el peliazul quien lo hacía sentía que había cometido algo mucho más grave de lo que realmente había hecho.
— Llegas tarde. – aquella tercera voz consiguió que la culpabilidad de Fudou fuera rápidamente sustituida por molestia, ¿quién se creía que era para reprocharle algo a él?
— Fíjate, nuestro capitán ha aprendido a usar un reloj; ¿te ha enseñado Genda o Kazemaru? – estaba claro que la paz nunca había sido una opción, pues a la mínima Fudou saltaba para incordiar a Sakuma.
— Aunque parece que tú todavía no sabes, porque sigues llegando tarde. – contraatacó el del parche, que no estaba dispuesto a ceder.
— Claro que lo hago, llegar temprano significaría tener que aguantarte más tiempo. – aquello era como un partido de tenis con insultos, incluso algunos jugadores pasaban la cabeza de uno a otro como si estuvieran lanzándose una pelota.
Sakuma se quedó en blanco, sin saber qué decir para devolvérsela al ojiverde. Como se negaba a que Fudou ganara, acabó diciendo lo primero que se le pasó por la cabeza:
— ¡Yo al menos tengo pelo en toda la cabeza! – las risas de un par de jugadores, díganse Henmi y Jimon, ante ese comentario consiguieron molestar aún más al centrocampista.
— ¿No tienes nada mejor? ¿De verdad vas a meterte con mi aspecto? Porque tienes las de perder, ¿sabes? O quizás no lo ves bien porque solo-...
— ¡Fudou! – se apresuró a cortar Kazemaru, sabiendo que lo que seguía aquella frase era algo demasiado cruel.
El ojiverde chasqueó la lengua, aunque él también se había dado cuenta de lo que había estado a punto de decir. Si bien no lo admitiría, le daba las gracias a Kazemaru por haberle interrumpido.
Sakuma no se calló, y Fudou tampoco lo hizo. Ambo siguieron molestándose mutuamente con comentarios e insultos varios hasta que alguien decidió pararlos:
— ¡Ya es suficiente! Los dos os estáis comportando como niños de preescolar. Haced el favor de mostraros un poco de respeto, demostrad que Teikoku no es una guardería. – las palabras de Kazemaru, acompañadas por ese tono duro y autoritario, consiguieron que todo el equipo se quedara en silencio y que tanto Fudou como Sakuma bajaran la cabeza. Realmente ninguno de ellos pensaba que Kazemaru pudiera intimidarlos así.
Genda le dio un pequeño codazo a Sakuma, para indicarle que debía disculparse. El pelician accedió a regañadientes:
— Lo siento mu-... – empezó a decir el delantero.
— ¡No! ¿De qué sirve que os disculpéis si luego volvéis a hacer lo mismo una y otra vez? – todos siguieron con aquel silencio sepulcral ante las palabras del peliazul – Cuando acabemos os vais a quedar aquí los dos y no saldréis hasta que solucionéis vuestros problemas de una vez por todas, ¿entendido? Y ahora, ¡a entrenar!
Todos empezaron a calentar sin decir nada más, con bastante incomodidad en el ambiente.
Poco a poco la situación fue mejorando, hasta que el entrenamiento acabó siendo más o menos como los de siempre.
— Oíd chicos – habló Kazemaru tras acabar el entrenamiento, volviendo a ser el chico calmado de siempre –. Realmente siento haberos gritado antes, debería habéroslo dicho de otra manera. – incluso hizo una reverencia para pedirles disculpas a los demás.
— No te preocupes, ha sido culpa nuestra. – contestó Sakuma, sintiéndose mal por ver que el defensa se disculpaba por algo de lo que al final no era culpable.
— Culpa tuya, dirás. – murmuró Fudou con desagrado, ganándose una mirada de circunstancias por parte de Kazemaru que le hizo callar.
— Yo también creo que deberíais intentar llevaros mejor. – se atrevió a comentar Genda, intentando ayudar al peliazul en su tarea de conciliación.
Algunos otros miembros del equipo asintieron, mostrándose conformes con las palabras del portero.
— De todos modos os agradecería que os quedarais aquí para solucionar vuestros problemas, iría muy bien para el equipo. – pidió educadamente Kazemaru, mirando a Fudou y Sakuma con ojos de corderito.
— Está bien... – sorprendentemente el primero en ceder fue Fudou, pues no podía negarle nada al defensa cuando se lo pedía de aquella manera.
Ya llevaban ahí casi un cuarto de hora, y ninguno de los dos había abierto la boca. Estaba claro que cuando antes se decidieran a solucionar esa situación, antes se irían; pero ninguno estaba dispuesto a dar su brazo a torcer.
El primer ruido que invadió el silencio fue Fudou chasqueando la lengua con disgusto.
— No sé ni por qué he aceptado esto... – comentó el castaño más para él mismo que para empezar una conversación.
— Porque harías cualquier cosa que Kazemaru te pidiera. – contestó con aire socarrón el del parche, empezando ahora sí una conversación.
— Al menos te aseguro que no ha sido para disfrutar del placer de tu compañía. – ignoró el comentario anterior, dejando claro que más que una conversación aquello ya era una discusión.
— Lo dices como si a mí me gustara estar encerrado contigo en esta sala, incluso preferiría estar aquí con Kageyama. – realmente parecía que no podían dirigirse dos palabras sin acabar discutiendo.
A Fudou no se le ocurrió nada más que decir, por lo que se quedó callado, con la nariz arrugada y el ceño fruncido por la molestia que le causaba el delantero.
— ¿Qué pasa? ¿Se te ha comido la lengua el gato? – siguió burlándose Sakuma.
— Espera, ¿no era a ti a quién el gato le comía cosas? – el del parche no tuvo que esforzarse demasiado para darse cuenta de que Fudou estaba comparando a Genda con un gato y el significado de esas palabras hizo que se le subieran los colores.
El centrocampista sonrío orgulloso de ver que había dado en el clavo, consiguiendo molestar y avergonzar a Sakuma a la vez.
— ¡¿P-pero qué dices?! No todo el mundo está tan enfermo como tú, ¿sabes? – aquel ataque había sido, cuanto menos, gratuito; al fin y al cabo había soltado lo primero que se le había pasado por la mente y era una defensa bastante pobre.
— Ya, ya... Porque tú tienes pinta de ser muy inocente, ¿verdad? – sabiendo lo mucho que eso fastidiaba a Sakuma, Fudou siguió insistiendo en lo mismo, hablando con un tono cargado de sarcasmo.
— Realmente me compadezco de Kazemaru por tener que aguantarte siempre, no tienes ni idea de lo molesto que se ve cuando está contigo. – eso era falso, pero el delantero sabía que de este modo enfadaría al ojiverde y, de paso, desviaría la atención hacia otro tema.
— ¿Cómo dices? – los puños del centrocampista ya estaban apretados antes de empezar a hablar, comenzando a dejar intuir cierta coloración blanquecina en los nudillos de estos.
— Lo que oyes, seguro que volvería al Raimon sin pensárselo dos veces con tal de poder perderte de vista. – siguió insistiendo, escondiendo una sonrisa al ver la reacción del otro.
— Cierra la boca. – la advertencia - o quizás amenaza - en su voz era más que clara.
— ¿Por qué? ¿No te gustan las verdades? – era una de las pocas veces en las que Sakuma iba ganando en una discusión, por lo que no iba a dejarlo ahora.
— Es que tu voz me da dolor de cabeza, cállate. – puso especial énfasis en la última palabra, resaltando la importancia de esta.
— O si no, ¿qué? – retó el capitán, levantando la cabeza de manera desafiante.
— Entonces tendré que hacerte callar yo. – levantó la cabeza de la misma forma que su contrario, sin darse cuenta de que ambos de habían estado acercando al otro para "marcar territorio".
— ¿En serio? Me gustaría verte intentándolo. – de alguna manera inclusp había empezando a sacar pecho de forma inconsciente, como si quisiera intimidar al castaño.
Fudou entrecerró los ojos con molestia y apretó los labios, como si quisiera contener su rabia.
— Lo sabía, hablas mucho pero en el momento de la verdad no haces nada. – escupió aquellas palabras cargadas de veneno y superioridad, como si solo con decirlas ya hubiera ganado.
Sakuma sonrío ante el silencio del centrocampista, desconocedor de lo que venía a continuación.
Fudou no pudo seguir conteniendo las ganas que tenía de que el del parche se tragara sus palabras, por lo que actuó sin pensar, dejando que la ira que se había estado almacenando en su interior tomara el timón de sus acciones. Ni siquiera había pensado en lo que haría cuando ya lo hubo hecho.
Agarró el brazo de Sakuma con fuerza y le atrajo hacia él de un tirón. El delantero abrió la boca para quejarse, mas ningún ruido salió de esta cuando se vio sellada por otros labios que impactaron contra los suyos con violencia.
Aprovechando que la boca del pelician estaba entreabierta, Fudou se apresuró a deslizar su lengua entre los labios del otro, invadiendo por completo la boca del delantero.
— ¡Mgh...! – un sonido de sorpresa escapó de la garganta del capitán al ser consciente de lo que estaba ocurriendo.
Los labios de Fudou se movían por encima de los de Sakuma con fuerza, marcando un duro ritmo agresivo. En cierto punto, la lengua del ojiverde abandonó la boca del contrario, dándose unos segundos para lamer los labios del delantero, dejándolos completamente húmedos.
Antes de que pudiera hacer nada para zafarse, el del parche sintió como unos dientes se clavaban en su labio inferior sin ninguna delicadeza, hasta el punto de hacerlos sangrar.
El sabor férrico de la sangre invadió las bocas de ambos, impulsando a Fudou a aumentar más la fuerza que sus labios ejercían sobre los del delantero.
El dolor que eso le había provocado no le desagradó, todo lo contrario; el ardor que sintió con esa herida hizo que un muy placentero escalofrío recorriera su columna, consiguiendo que, durante apenas unos segundos, se olvidara de quién era el propietario de aquellos labios.
El ritmo que el ojiverde llevaba aumentó un poco más y su lengua volvió a apropiarse de la cavidad bucal de Sakuma. El delantero empezó a mover también su lengua, correspondiendo sin siquiera sabía por qué estaba haciendo eso.
El pelician apegó más sus cuerpos, restregándose contra la figura del centrocampista, casi echándose encima de él. Uso una de sus manos para estrujar la camiseta marcada con el número diecinueve que portava el otro.
Fudou pasó su mano libre por detrás del pelician, rodeando su espalda con el brazo y apretando para reducir aún más la distancia entre ellos. La pierna derecha del centrocampista se coló entre las del capitán, reduciendo las posibilidades del segundo de moverse.
El aire empezó a ser escaso en los pulmones de ambos pero, en lugar de separarse, Sakuma llevó su mano a la nuca del centrocampista y ejerció presión sobre esta, con la intención de que el beso ganara aún más intensidad. La sensación de quedarse sin oxígeno solo servía para que el delantero quisiera todavía más.
La cordura que había perdido pareció volver a él de golpe cuando sintió una de las manos de Fudou colocarse en su mejilla. Se apartó de golpe, respirando con dificultad y con un fino hilo de saliva escurriéndose por la comisura de sus labios. Aquel toqué le había recordado inevitablemente a Genda, pues él solía poner la mano en su mejilla de esa forma.
— Creo que me has visto haciendo más que intentarlo. – soltó el castaño tras varios segundos de silencio que a ambos se les hicieron eternos, para después dirigirse a la salida e irse por la puerta.
Sakuma siguió intentando regular su respiración. Ahora entendía por qué Kazemaru estaba, según él, con Fudou; el muy desgraciado sabía cómo besar.
