Aparentar ser el villano es fácil; medir dos metros, tener un sensual y bien trabajado cuerpo, llevar una fría y fulminante mirada, un flameante cabello rojo, más bien, su aspecto daba a creer que con un golpe podría noquearte o algo peor.
Era cierto que podía, sin embargo, la violencia no era algo que éste hombre hiciera, a no ser que fuera necesario claro está.
Eustass Enterprise Inc.
Era la empresa dueña de la cadena de hoteles número uno en toda Suecia, la mejor en dos continentes, y en cuatro ciudades de Estados Unidos, México y Canadá. En cada ciudad, el hotel llevaba un nombre distinto, eran distintas físicamente; en tanto a arquitectura, diseño, interiores, incluso el personal, pero en todas y cada una el emblema de la familia Eustass, se hacía presente. Podría decir que estaba orgulloso del logro de quien le había heredado tal negocio y en el que también había puesto alma y corazón.
Era sencillo hablar de la empresa, de los hoteles, pero no de quien administraba todo.
Eustass Kid había sido un joven estudiante de ingeniería en construcción, su padre, James Eustass había quedado viudo al nacimiento de su único hijo, y con todos los esfuerzos del mundo, le había sacado adelante. Eustass James trabaja como empleado en los hostales de un pueblo llamado Linköping, reparando los desperfectos y cosas que tuvieran que arreglarse en el lugar.
Al tiempo logró hacerse del propio, siendo ayudando por su hijo quien, mientras estudiaban la secundaria, al volver se dedicaba a ayudar a su padre con los inquilinos.
El negocio prosperó sin duda, viéndose en la necesidad de tener mayor espacio y también más locaciones. El haber ayudado en la planeación y el diseño de los nuevos hostales, dieron al primogénito de James, el gusto por la construcción, tomando así, la decisión de estudiar la carrera.
Pasaron los años y mayor era el éxito de aquellos hostales que se fueron haciendo hoteles, de mejor visión y lujo, hasta que la fortuna de los Eustass se había vuelto lo que era hoy en día.
Creciendo con buenos valores y enseñanzas, el hijo de James se volvió el magnate hombre de negocios y dueño de las más lujosas cadenas hoteleras.
Para Kid, perder a su padre justo ahora que estaban en la cima del éxito, fue el golpe más desgarrador de su vida. Deseaba cambiar todo lo que tenía porque su padre viviera.
— "Estoy orgulloso de ti hijo, todo esto es por ti, y me alegro de que hayamos hecho tanto juntos, sólo… prométeme que nunca te dejarás vencer y a pesar de que nunca te vi formando tu familia, dale a tu viejo, el gusto de alguna vez buscar el amor. Yo sé que sabrás reconocerlo cuando esté ahí."
Aquellas palabras iban a resonar para siempre en su cabeza. Nunca iba a superar la muerte de su padre, su mejor amigo, su socio, su confidente, sin embargo, por él iba a seguir y ser feliz
Para el mundo, era fácil ver y hablar de la compañía Eustass, sin embargo, el genio detrás de todo lo hecho era un misterio para el mundo. Sí, Eustass Kid era un personaje anónimo en el mundo de los negocios, que nadie conocía. Eran contadas las personas que lo conocían en persona, incluso socios eran ajenos al rostro del hombre.
Y las personas que lo conocían, tenían acuerdo de confidencialidad sobre hablar de él. Sin embargo, la mismas pocas personas que lo conocían, sabían que era un pan de Dios, su fría expresión sólo estaba en los negocios, ya que eran bastantes las fundaciones que tenía y las personas a las que ayudaba sin esperar nada a cambio.
Para Kid, el anonimato empezó cuando su padre murió, la gente sabía quién era Eustass James, en su muerte se anunció que una persona iba a tomar el cargo de toda la empresa, más nunca se dijo que iba a ser su hijo. Las personas ni sabía que tenía uno si quiera.
Todo el mundo imaginaba a un hombre maduro, quizá de pelo cano, que estaba en una fría oficina sin poca luz, nadie creería que un chico de 27 años administraría tal emporio.
Sin embargo, al pelirrojo le divertía aquello, era el salir a la calle como cualquier persona; a veces con traje, en auto elegante con chofer, y otras iba al gimnasio con toda la calma del mundo sin temor a ser acosado. Al igual, podía ir al supermercado, hacer sus compras y volver.
Algunas veces disfrutaban los lujos que podía darle el tener tanto dinero, los viajes, teléfonos modernos, ropa de marca, visitar elegantes restaurantes, y otras el salir a caminar al parque, ver una película en una sala de cine, ir a lavar ropa y cosas de un mundo común, del que nunca se olvidaría que proviene. Podía salir sin temor, porque nadie sabía quién era.
Cuando sonaba su apellido, decía que era mera coincidencia y la gente lo creía.
Era una vida común y corriente y una vida llena de lujos y excentricidades.
Ambas le gustaban.
Su mejor amigo, Satsuriku Killer, era de las pocas personas que lo conocían, obviamente. Lo había conocido en la universidad y a pesar de que éste había estudiado mecánica en la universidad, se habían vuelto la mano derecha de Kid.
Killer tenía conocimiento de la "doble vida" de Kid, y fuera de los negocios incluso, tenían un grupo de amigos, quienes desconocían la vida y el trabajo del pelirrojo. Para ellos era un simple ingeniero.
— Killer ¿Qué piensas de los pisos en las habitaciones de "Dreamber"? ¿No son muy anticuados?
— Kid, se acaban de cambiar hace menos de un mes, ¿No crees que era mejor haber dicho eso desde antes?
El pelirrojo golpeó su bolígrafo contra su boca, aun mirando las fotografías en su escritorio, con expresión pensativa.
— Yo creo que hay que cambiarlas. Dile a Basil que se dirigía con la chica Nico, ella fue quien se encargó de la decoración, dile que busque un diseño con más luz.
Killer jamás cuestionaba el buen gusto que tenía el pelirrojo para la decoración, sin embargo, lo que le molestaba, era que fuera tan indeciso.
Saliendo de la oficina, fue a donde le habían indicado.
— "Señor, Sanji Vinsmoke está aqui." — En su teléfono su secretaría, persona que sabía de Kid, le llamó.
— Bien, dile que entre.
Sanji Vinsmoke también era de los contados hombres que conocía al pelirrojo. Sus padres habían sido amigos, luego de que Zeff, salvara a James de inanición una noche de lluvia.
Al igual que los Eusstas, la pequeña cocina que tenían, se volvió una cadena de restaurantes donde aparte de servir deliciosa comida, era elegante y costoso. Sin embargo, Sanji, siendo un buen samaritano, e importándole más el que la gente probara su comida, tenía pequeños restaurantes accesibles a los bolsillos de las personas.
Y a diferencia de Kid, a él le gustaba recibir atención; salir en portadas de revistas, recibir premios por su deliciosa comida, ser deseado por las mujeres, etc.
— Hola amargado ¿Qué? ¿Ya decidiste salir y que te de el sol en esa pálida cara de perro?
— Vete al diablo.
Sí, tenían una gran relación a pesar de siempre estar insultándose. Sanji "animaba" a Kid a salir al mundo, a decirles a todos que él era la mente detrás del éxito. Aunque siempre, Kid decía que no.
— ¿Y qué quieres? —
— Haz un nuevo menú en el Bistro Garden, el hotel de México.
Al rubio se le iluminó el rostro, todo aquello que requirieran sus habilidades culinarias le ponía de excelente humor.
— ¿Ya tienes pensado algo verdad?
— En México, lo que no falta es el picante, esas personas tienen un estómago fuerte, pero habilidades culinarias aún mayores, estaba pensando en que podrías darte una vuelta por allá e inspirarte.
— No lo sé… mi inspiración no sale tan sólo de comer y ya.
El pelirrojo inhaló profundo antes de decirle lo otro. — Las mexicanas son hermosas e inteligentes, morenas, rubias, pelirrojas, todas y en México hay muchas.
Estaba seguro que con eso iba a convencerle, y dicho como sucedido, el rubio se incorporó de inmediato, casi babeando.
— ¡Bien hermano me convenciste! Haré tu menú, ¿Cuándo salgo para allá?
Casi riendo, Kid negó ante la debilidad que su amigo tenía por las mujeres, aunque aquello le había servido algunas veces para logar sus intereses.
Había terminado de hablar con el chico Vinsmoke, sentía que debía salir un poco por aire o a estirarse, tenía algo de presión por lo que era la próxima apertura de un nuevo hotel, aún faltaban detalles, pero estaba ya a un pie de estar listo.
La oficina de Kid tenía un ascensor personal, que sólo él, Killer y las personas de su confianza que eran tres más, conocían.
El elevador bajaba a un estacionamiento privado donde a veces le esperaba su chofer y otras, estaba su autor personal. Un Ford Mustang rojo del 2005 que se veía común, aunque conservado.
Usándolo, se dirigió a su residencia, ésta estaba en un privado residencial, que eligió por la similitud de todas las casas, que cambiaban por los toques personales que daba cada dueño.
Al igual, sus vecinos daban porque el pelirrojo era un ingeniero en construcción común y corriente, claro que el salario de alguien con esa profesión le daba para eso y quizá un poco más.
Se sentía extrañamente agotado, y de pronto las palabras de su padre de formar una familia y encontrar el amor llegaron a su mente.
— ¿Será hora de sentar cabeza en ese aspecto? Maldita sea…
Negando, subió a su habitación, cambiándose el traje que llevaba, se puso un short color negro y una camiseta sin mangas del mismo color.
Colocándose los auriculares de su reproductor de música iría a hacer algo de ejercicio.
Por su residencia había un parque, donde se podía correr en la pista de atletismo o andar en bicicleta, también había algunas máquinas para hacer ejercicio.
Yendo a las mismas, su paso se fue haciendo más lento al ver a cierta persona que está ahí.
— ¡Hola Kid!
— Bonney...
— Hace mucho que no te veía por aqui. — La pelirosa hacia estiramientos previos al ejercicio, haciéndolos de cierto modo que parecía estaba posando a una fotografía en cada movimiento; lentos y de alguna forma sensuales.
— Mucho trabajo. — Tratando de ignorar la presencia de la chica y lo que hacía, también se dedicó a hacer sus estiramientos.
— No respondías a mis llamadas ¿Cambiaste de número?
— Ah, sí.
— Bueno, entonces dame el nuevo — Animó la chica bajando a tocar las puntas de sus pies.
— No.
— Entonces te anoto el mío y me llamas.
— No traigo mi teléfono conmigo. —
Y antes de que se le ocurriera algo más a la chica, empezó su trote por la pista, colocándose sus auriculares para privarse del ruido del exterior.
Y no es que Jewelry Bonney no fuera atractiva, sin embargo, su… "accesibilidad" hacía que el pelirrojo no la deseara. Él tenía esa peculiaridad de que lo imposible era lo que más le gustaba.
Ya llevaba una vuelta trotando, decidiendo acelerar un poco el paso y correr, siendo alcanzado por la chica, de la que lo único admiraba era su condición física.
— Vaya que no me esperaste cabronazo, — rápidamente la chica se ajustó al paso del pelirrojo, quien tenía la vista al frente, absorto en la música.
— ¡Aaah! ¡Qué es esto! ¡Quítenme esta bestia! —
Aún con la música, Kid había oído el grito de Bonney. Haciendo que se detuviera de inmediato, más había sido el susto, que el ver a un hermoso perro labrador inglés, tratando de jugar con la chica.
— Maldición bonney, no te hará nada, deja de gritar como desquiciada.
— ¡¿Qué estás diciendo?! ¿Qué no ves que trata de comerme?
El pelirrojo se inclinó apoyándose en una rodilla, instintivamente, el cachorro se le acercó, lamiéndole el rostro, tan tierno y juguetón como sólo ellos.
— ¿Ya viste? es amigable. — Kid continuaban acariciando al perro, quien apreciaba el gesto del chico.
— Deberías dejarlo Kid, qué tal si está yeno de pulgas u otros bichos. — La pelirosa miraba con asco al animal, quien ajeno a ella, seguía saltando contra el mayor.
— Él está incluso más limpio que tú, mujer loca. — Un chico se les acercó, quien al parecer era dueño del cachorro.
— ¿Perdón?
— ¿Es tuyo? — Cuestionó el ojiambar aún acariciando al perro.
— Sí, Bepo ven acá. — De inmediato el perro fue hacia su amo, quien le ató la cadena al collar.
— Es un perro muy bonito.
— Lo sé. — Respondió el chico con toda la sequedad del mundo. — Perdón sí te hizo algo.
— Nada de eso, sólo mantenlo atado, no querrás que se escape de nuevo.
— Claro que no.
Hubo un encuentro de miradas y sonrisa indescifrables, Bonney, quien se sentía excluida de la conversación, jaló al pelirrojo con obvia expresión posesiva.
— Vámonos ya Kid. —
— Nos vemos. — Sin quedarle de otra al pelirrojo, fue llevado por la pelirosa.
El chico dio media vuelta, yéndose con su perro no sin antes dar una mirada atrás y volver a toparse con la mirada ámbar del pelirrojo.
— Vámonos Bepo.
Fire
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