Y justo entonces, recordó a su verdadero amor. Kid se maldijo para sus adentros, preguntándose cómo era posible que hubiera perdido el control de esa manera. Además, no estaba con una de sus amantes, sino con alguien que lo miraba con asombro y fascinación.
— ¿Por qué has parado? — preguntó en ese instante.
Kid tragó saliva. — Porque estaba a punto de hacerte el amor contra la pared.
— ¿Qué estabas a punto de...? —
Law bajó la mirada y, al contemplar la erección de Kid, que sus pantalones no conseguían disimular, añadió: — Ah.
El pelirrojo cerró la puerta de la habitación para evitar que los demás no los pudieran oír. — No me mires así, Trafalgar.
— ¿Cómo te estoy mirando? — preguntó con inseguridad — ¿Y por qué me miras tú como si hubiera hecho algo malo?
— Solo ha sido un beso, nada más.
— ¿Solo un beso? Pues a mí me ha parecido que...
— Solo un beso sí — Reiteró con voz firme — He besado a cientos de mujeres como te acabo de besar a ti. — insistió él, implacable. — Es simple y puro deseo. Y el hecho de que reaccione como la dinamita al fuego no significa nada.
Law se ruborizó un poco y apretó los puños.
¿Qué diablos le pasaba? ¿Es que era incapaz de hacer o decir nada bueno cuando estaba con el?
Había cometido un error terrible.
Había besado, acariciado y casi hecho el amor con alguien que no amaba, del que no sentia nada como con su anónimo amante añadiendo el hecho que tenía muy poca experiencia en materia de hombres.
Pero eso no era tan grave como lo que sentía ahora: el deseo de ser lo que veía reflejado en los ojos de Law. Se sentía estúpido sintiendo un amor por alguien que no tenía ni idea si era real si quiera.
Law no entendía nada. Kid Intentaba convencerlo de que solo lo había besado por mero capricho, pero era obvio que estaba mintiendo. ¿A quién intentaba engañar? ¿A él? ¿O a sí mismo?
— Los dos somos igualmente responsables de lo que hemos hecho — Dijo dolido.
— Sí, supongo que sí. —
— Entonces, ¿A qué viene esa actitud? ¿Te has enfadado porque piensas que me ha gustado más de lo que esperabas? —
Él sacudió la cabeza. — No, en absoluto. Pero he perdido el control, y no quiero que se vuelva a repetir.
— ¿Te refieres a perder el control? ¿O a besarnos de nuevo? — Quiso saber.
Kid abrió la boca para decir algo, pero Law se lo impidió.
— Pensándolo bien, prefiero que no contestes. Podrías decir algo que luego no te podría perdonar
El pelirrojo desvío la mirada, alejándose un costado para dejarle salir. Otra vez no tuvo el valor para detenerle, viendo de reojo como el ojigris salía de la habitación.
En un pasillo vacío, Law se cubrió la boca, ahogando los sollozos del llanto que había estado reprimiendo hasta entonces.
¿Por qué carajos era tan estúpido? De nuevo se había dejado llevar por sus sentimientos y ahí estaba; siendo usado solamente.
No podía permitírselo más.
Se limpió bruscamente las lágrimas del rostro, bajando para buscar a sus amigos. En la planta baja Killer estaba junto a Penguin y los demás, para su mejor amigo no pasó desapercibido el hecho de que el moreno había llorado un poco, aún con la luz discreta que había, se podía notar.
Law no dijo detalles y salió a donde había dejado su auto.
Kid se estuvo un poco más en aquella terraza; Al parecer, su beso le había dejado una huella más profunda de lo que estaba dispuesto a admitir.
En la escala de los idiotas, él era de donde habían sacado el término.
Y vaya que era un imbécil y un cretino. ¿Por cuánto más iba a seguir esperando a ese amante de ensueño que jamás volvería a ver?
¿Y por qué se negaba el amor por Trafalgar?
Y no era que Law no fuera atractivo, más bien que Kid no sabía como comportarse con él.
Era un grandísimo estúpido.
Salió del la habitación, bajando las escaleras a brincos, llegando entre zancadas.
Encontró a los chicos y a los amigos de Law, ninguno le dió razones de él.
Tuvo que lidiar con el enojo de Killer, sabía que ni él ni Penguin le iban a perdonar eso, no era necesario saber que había pasado.
La súplica en el rostro del pelirrojo logró qué Penguin le dijera que se había ido a casa.
¿Qué podía hacer ahora estaba ciento seguro que trataba de entrar a un lugar donde no era recibido?
Law manejo hasta su casa, se sentia estúpido, ¿Cómo iba a decirle a Rocinante que ese hombre del que se sentía tan enamorado había resultado un canalla? Y si Doffy se enteraba que si quiera lloró un poco por él, sería capaz de matar a Kid.
Había llegado a casa, tumbándose bocabajo en el sofá. Desde que llegó no habia encendido las luces, la poca iluminación de la habitación era proveniente de los rayos de luna que se colaban entre las cortinas.
No supo por cuanto tiempo estuvo así, pero sus ojos no podian cerrarse por más que lo intentaba.
Las lagrimas fluían por si solas, hasta bajar por su rostro.
Se sentía estúpido, humillado y herido. No podía creer que el gran Trafalgar Law estuviera ahí tirado cuando siempre había estado en la cima.
El podría liquidar a Kid si quisiera, destruirlo y mofarse de su mediocre ego que no era nada ante el suyo.
Más estaba ahi, siendo nada ante ese imbécil. Se prometió jamás odiarse de nuevo, pero no podía evitar sentirse como un idiota.
El sonido del timbre le hizo maldecir en todas las religiones, había dicho a sus amigos que no quería que lo molestaran y si eran sus padres no quería que lo vieran así.
Una voz grave y conocida le hizo levantarse de mal modo.
— Trafalgar...
— ¿Qué quieres?
— Hablar contigo.
— Ya dejaste las cosas bastante claras ¿Que no? No creo que haya algo de qué hablar.
— Law yo... me gustas, pero de esto no puede salir nada bueno. Es obvio que de esto no puede salir nada bueno, pero tú sigues siendo un romántico a pesar todo. — replicó el. — Te he besado así porque me vuelves loco, porque no dejo de fantasear con la idea de hacer el amor contigo. Sin embargo, no sé si solo quiero una aventura sexual por tórrida que pueda ser, en otra circunstancia lo abría hecho sin dudar en lo absoluto, pero no soy más ese hombre.
Kid clavó la vista en sus labios y se marchó, dejándolo a Law tan estremecido como si acabara de vivir un terremoto.
— Oye, Eustass — Le llamó con voz ronca y fime. No había dicho nada desde que llegó y tampoco era que le hubiera permitido decir algo.
Law se preguntaba si estaba seguro que no quería una aventura, pero no se pudo mentir a sí mismo.
Habría dado cualquier cosa por sentir su cuerpo, por acostarse con él y hacer el amor, aunque solo fuera una noche.
Lo deseaba con todas sus fuerzas, y sabía que sería una experiencia inmensamente placentera. Quizá como aquella noche con ese chico. Pero le daba miedo.
Y si al parecer Kid sólo era un cretino hijo de puta, Law también podía jugar ese juego.
— ¿Sólo a eso haz venido? Porque esa mierda no da risa. — No había levantado la voz pero en su indiferencia se advertía una siniestra nuestra de enojo.
Kid palideció; por primera vez Law lo miraba con dureza, cosa que le provocaba cierta inquietud. Las pocas veces que decía alguna mala palabra o se tornaba serio daba miedo.
— Me besas con pasión, me gritas por haber trastocado tu vida y ahora, me hablas como si fuera el ser más precioso del mundo. No entiendo, tu maldito juego.
Law sabía que Rocinante tenía razón, Kid no era como cualquiera con quien haya salido antes, estaba lejos de su control, como él estaba de Kid.
Ambos tenían esa personalidad explosiva y dominante que les impedía ceder.
Law estuvo a punto de pensarlo, si podia vivir esa aventura sin dar el corazón; pero no, no podía.
Kid se regresó. —Mírame, Law, y escúchame bien. Sé que no te dije que yo estaba profundamente enamorado de alguien, otra persona que logró sacar de mi esos sentimientos que nada ni nadie, logró despertar en mi ¡Jamás! Pero ahora sólo veo que esa persona nunca te llegaría a la suela del zapato. Por eso me cuesta dejarme llevar. Por eso me niego a tomarte, porque temo a que solo pienses que te utilizó.
— Tú no tomarías nada, ¿Quién eres tú para decidir que no me entregue a ti? — Preguntó. — La decisión es mía, ¿No crees?
Kid no sabía que hacer o decir estaba ahí frente a Law, deseando querer probar de nuevo esos delgados labios sin vida.
Sí, su desición la tomaria en ese momento.
— ¡Maldita sea!... — Kid cerró las manos sobre sus mejillas y lo besó.
Law tomó la iniciativa desde el primer segundo, excitado por las palabras de Kid, por el deseo feroz que veía en sus ojos y por la alegría de saber que aquel hombre tan atractivo e impresionante lo había elegido apesar de sus enredados sentimientos por alguien.
Jalando al pelirrojo hacia dentro de su departamento, cerró la puerta tras él, recargando al mayor contra la misma.
Todas sus dudas e inseguridades desaparecieron al instante. Todos los recelos quedaron reducidos a cenizas entre el fuego que habían encendido. El mundo se limitaba ahora a las caricias de sus manos, el rápido latido de su corazón y el contacto de su lengua, que borraba cualquier resto de pensamiento racional. Llevaban mucho tiempo esperando ese momento, y ninguno de los dos lo quería desperdiciar.
Durante los minutos siguientes, sus bocas se debatieron en un juego erótico cargado de promesas. Se mordían los labios, se los lamían, entraban una y otra vez en el otro y se retiraban para volver a empezar.
Era absolutamente embriagador, y Law protestó cuando él rompió el contacto y se la quedó mirando, tan alto y arrogante como siempre.
— No, por favor... — Le rogó. Estaba tan excitado y se sentía tan débil que se habría caído al suelo si Kid no lo hubiera sostenido.
— No puedo darte palabras dulces, Trafalgar, no te haré ninguna promesa — Dijo — ¿Aún quieres estar conmigo?
— Te deseo. — dijo sin más.
El lo alzó en vilo con un movimiento seco, demostrando que estaba haciendo esfuerzos por no perder el control. Law le pasó los brazos alrededor del cuello y le acarició suavemente el cabello escarlata, ansioso por explorarlo.
Su corazón latía con desenfreno, pero se relajó un poco al notar que a él le pasaba lo mismo. Kid cruzó la sala, y entro en el dormitorio principal que encontró sólo por ser el único con cama.
Lo tumbó en una cama de sábanas grises. Toda la decoración era intensamente minimalista, aunque dejó de prestarle atención cuando Law se quitó la camisa y la dejó caer. Sus anchos hombros y su piel morena lo provocaron tanto. Kid estaba loco por sentir la prueba indiscutible de su deseo, claramente visible bajo la tela de sus pantalones.
Entonces lo vio, era inimitable, era único, era el mismo, era él... ¿Cómo había sido tan ciego?
Law pudo notar cómo la mirada de lascivia del pelirrojo habia pasado drasticamente a una llena de confusión y duda. - ¿Pasa algo? ¿Es que sientes algo al mirarme?
— Eres tú...
-— ¿De que hablas?
Kid alzó una mano y le acarició la mejilla, recordando como todo su cuerpo era tan suave como su cara.
— Sí, la persona que he buscado por tanto tiempo... estuviste ahí desde... siempre.
Law no entendía a que se refería el pelirrojo, le veía con una admiración, como si fuera el diamante más puro del mundo.
Entonces Law también comprendió.
— No... No puedes referirte a eso.
— ¡Sí, tenias que ser sólo tú!...
— No Eustass, no puedes... decir nada de esa noche.
— ¡Trafalgar si eres tú! ¡La única persona que ha logrado volverme loco como hace años no sucedía!
— Ese lugar... esas personas... yo no soy como ellos.
— ¡Yo tampoco soy como ellos! Oye, a mi no me importa quién eres ni que tan rico seas, o de qué empresa seas dueño... Soy... Soy Eustass Kid el verdadero dueño detrás de Eustass Entreprice no te estoy diciendo esto para que hagas lo mismo... solo quiero sepas que tú... tu otra identidad era lo que me detenía para amarte.
Law se inclinó y lo besó tierna y dulcemente, devorándolo. Kid sentía como si le robara una parte de sí mismo cada vez que asaltaba su boca.
— Lo siento, pero no soy capaz de expresarlo con palabras — Añadió Law
Kid le miró perplejo, ¿Law podía ser aún más increíble? ¿Por qué no le dijo nada?
Kid volvio a besarlo, de nuevo anhelante y dominante, terminando de quitarse la camiseta
Acercándose a sus pecho, lamió sus pezones de un modo lento y suave, diciéndole con los ojos lo mucho que le gustaba. Law se arqueó, ofreciéndoselos a su boca, y Kid respondió como esperaba, succionándolos.
El placer era tan intenso, centrándose en la oleada de sensaciones. Se sentía al borde de una explosión.
Y de repente, Kid se detuvo y lo dejó completamente desolado.
— Tus ojos parecen más grandes que nunca, tus labios están hinchados por mis besos y tu piel tiembla y brilla con mis atenciones, es más hermoso que aquella vez.
Law no dijo nada. Kid le volvió a lamer un pezón, y él apretó las piernas como si hubiera una conexión directa entre su pezones y su sexo.
Law se estremeció una vez más, Kid le retiro los pans holgados y los calzoncillos, no pudo evitar soltar un grito ahogado cuando Kid le metió una mano entre los muslos y le introdujo un dedo.
Kid se quitó los pantalones y los calzoncillos, dejando a la vista su hombría despierta y anhelante.
— ¿Ves lo que me haces? ¿Ves lo mucho que te deseaba?
En respuesta, Law acarició los duros músculos de sus brazos, la suave piel de su estómago y la aterciopelada textura de su sexo, cada vez más tenso y duro.
Law separó las piernas, dejando que el pelirrojo se posicionara entre ellas, pero, en lugar de penetrarlo, él se limitó a frotarse contra la húmeda entrada que lo estaba esperando.
— Eres perfecto — Dijo y se volvió a frotar. — Como si estuvieras hecho para mí.
Trafalgar se estremeció sin poder evitarlo. Y entonces, súbitamente, entró en él con un movimiento seco y sin embargo, suave. Law gimió ante la invasión y le clavó las uñas en los hombros mientra intentaba acostumbrarse a él, sabia que jamás podría hacerlo, Kid se mantuvo dentro, esperando a que su interior dejara de apretarlo.
Law abrió los ojos otra vez y lo miró, aunque tenía miedo de que malinterpretara su reacción, de que creyera que no lo deseaba o que no quería hacer el amor con él. Vio la tensión de sus músculos y el sudor de su frente y comprendió que estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano por refrenarse; un esfuerzo que merecía algo más que su cobardía.
Kid tenía miedo.
— Bésame. Pero bésame de verdad. — Suplicó Kid.
Law besó sus labios y le introdujo la lengua en la boca, donde jugueteó unos instantes. Después, lamió su cuello con sensualidad, le mordió en el hombro, arrancándole un gemido profundo. Volvía a estar excitado, y su cuerpo se acostumbró rápidamente a la invasión que había intentado rechazar.
Cuando él se empezó a mover, fue como si escribiera un poema en su interior, como si lo estuviera deshaciendo y volviendo a crear en cada una de sus acometidas, constante y firmemente.
Era diferente a aquella vez que estuvieron juntos.
Esta vez el ritmo de sus estocadas era lento pero certero, Law sentía como las grandes mano del pelirrojo se aferraban a sus muslos como si fuera a caer si se soltara.
Ahora podía besarlo y ver su rostro sonrojado por el calor del momento, podía ver los labios rosados del moreno y escuchar los jadeos y gemidos que las mascaras habían cubierto en ese momento.
Law se aferraba a la espalda del pelirrojo, clavándole las uñas cada que retrocedía para penetrarlo de nuevo.
En una de esas estocadas, habia dado en un punto sensible dentro de él, provocando que mordiera con fuerza su hombro, haciendo gruñir al pelirrojo.
Los vaivenes le hacían creer que el tiempo se detenía, compartir esos momentos de bellza absoluta era lo más natural del mundo. No había nada más perfecto que su sudor, el contacto de sus cuerpos y el placer que crecía poco a poco dentro de ambos.
— Te amo tanto Trafalgar. — Pronunció Kid en un tono ronco que sin duda descoló al azabache...
— Soy tuyo, Kid — replicó.
Aferrado a sus caderas, él impuso un ritmo feroz que lo excitó de nuevo, y no se detuvo hasta conseguir la satisfacción que necesitaba. Fueron largos momentos aún cuando el pelirrojo terminó llenando de su escencia a Law.
La noche estaba lejos de terminar, siguieron haciendo el amor hasta que la luz de la mañana se empezó a filtrar entre las cortinas, dándoles un tono dorado.
Kid se abrazó contra Law como si la vida le fuera en ello, quería creer que era real, pero temía porque fuera uno de los tantos sueños que había tenido.
— ¿Estas bien? — Preguntó Kid, pensando que quizá había sido un poco rudo al final.
Law asintió agotado, jamás podría acostumbrarse, pero la ola de placer era aún más agotante que cualquier otra cosa.
— Me encanta que estés aquí, en mi cama, conmigo. Me encanta saber que soy el único que ha visto tu verdadero ser, el espíritu apasionado que generalmente ocultas — dijo con Law suavidad y se acurrucó contra él.
Como iba a pensar, que lo que para él había sido uno momento cualquiera de una "fiesta" extravagante, él había logrado causar esos estragos que Kid le provocó fuera de ese mundo.
— Tenemos que hablar Eustass... acabas de decirme algo muy grave...
— No, lo que tenemos que hacer es dormir. Dormiremos horas y horas, y solo nos despertaremos cuando recuperes las fuerzas y podamos hacer el amor otra vez. Hasta entonces, no habrá nada más.
Law no dijo nada, recostandose en el pecho de Kid, sintiendolo elevarse cuando inhaló para soltar un bostezo.
— Law... ¿Te casarias conmigo?
Y así, tras sus palabras, Kid se quedó dormido.
El teléfono de Kid los despertó. El ojiambar tardó unos segundos en saber dónde estaba, el verle a su lado le recordó lo sucedido durante la noche.
Kid le dio un beso en el hombro, y soltó un suspiro de frustración cuando, momentos después, el teléfono volvió a sonar.
Law vio cómo medio dormido, estaba más guapo que nunca.
— Te encuentras bien? — De nuevo, Kid no sabía de dónde había adquirido esa amabilidad.
Law asintió, incapaz de encontrar palabras que resumieran su maravilloso estado emocional.
Y luego, a sabiendas de que Kid tendría que contestar la llamada, le besó fugazmente la mejilla.
El pelirrojo sonrió y alcanzó el móvil. Segundos después, el amante apasionado había desaparecido.
Podía escuchar como Kid decía tantas groserías, hasta algunas que Law desconocia.
Law se levantó de la cama y se fue al cuarto de baño, completamente desnudo.
Mientras él se metía en la ducha, le comentó al pelirrojo que podia pasar al baño de una de las habitaciones de a lado y se duchó a su vez.
Ya se había secado y puesto una sudadera bastante holgada cuando su amante apareció en la entrada.
Tenía el pelo mojado, y se había puesto sólo los pantalones.
Law se relamió de deseo y, antes de que pudiera parpadear, lo tomó en brazos como la noche anterior y lo llevó otra vez a su cama.
— Te dije que dormiríamos todo el maldito día.
Law soltó una carcajada.
— Nunca había tenido una relación como esta, ¿Sabes? — Le confesó Kid — Aunque no pretendo decir que tengamos ninguna relación.
— ¿Qué es entonces? ¿Una simple aventura? — Preguntó Law con humor.
— Francamente, lo dudo. Pero dejemos las definiciones para otro momento.
Law lo besó, y lo siguió besando durante un minuto entero.
— ¿Quién te ha llamado? — Preguntó después.
— Killer, necesito revisar los últimos detalles que quedaron de la inauguración, y también si había logrado dar contigo.
— Tienes que ir.
— Lo sé pero no quiero, no ahora que te he encontrado.
— No iré a ninguna parte.
Kid sintió como un peso muerto se quitaba de encima de él, como todo miedo se dicipaba e incluso pensó en las palabras de su padre.
Él lo besó, le desnudo de nuevo y Law se entregó por completo cuando él se puso entre sus piernas y de nuevo lo penetró con suavidad, temeroso de que aún estuviera adolorido.
De hecho, le hizo el amor con una dulzura increíble, como si fuera un objeto frágil que sus duras manos podían romper. Pero más tarde, cuando llegaron al orgasmo y se quedaron abrazados, otra vez esa gran fuerza de sus brazos lo cubrió.
— ¿Y qué respondes?
Law giró un poco su rostro para verlo.
— ¿Sobre qué?
— Mi propuesta de anoche.
— Pensé que vivíamos una aventura.
—Contigo jamás... no puedo perderte otra vez.
— Hmm... me lo pensaré... — burló Law escuchando el berrinche del pelirrojo tras él.
— No creas que puedes jugar conmigo, no tienes ni puta idea de con quién te metes. — Bromeo Kid.
— Trafalgar D Water Law...
— ¿Cómo?
— Asi me llamo... sí, yo estoy detrás de Donquixote Incorporating Holdings.
— Oh no...
— Oh sí...
Fire.
Ya se siente el finaaal
