He estado buscando una pista para seguir de nuevo
¿Qué demonios se supone que debo hacer?
No sé lo que se supone que debo hacer...
Estoy obsesionado por tu fantasma
Llévame de vuelta a la noche que conocimos
Cuando la noche estaba llena de terrores
Y tus ojos se llenaron de lágrimas
Cuando no me habías tocado todavía
Llévame de vuelta a la noche que conocimos
Los vidrios se esparcía por todo el suelo, el hombre le puso una mano encima del hombro a la chica que se encontraba abajo, diciéndole que los dejara.
— Ya te dije quiero no quiero nada ¡Entiende de una maldita vez!
La chica sólo asintió con miedo, retirándose de la oficina, el ambiente estaba tan lleno de tensión que casi podía cortarse.
— No estás en una maldita cantina, ten algo de clase. — Respondió molesto el hombre, exhalando el humo de un habano.
El hombre azabache le masajeo los hombros sintiendo la rigidez de su cuerpo que difícilmente estaba siendo aliviada por el masaje.
— Deja de gritar, dijo que te explicaría todo.
— ¡No necesito que me expliquen nada! Solamente quiero ir a donde quiera que viva, tomar un bate de beisbol y romperle el puto parabrisas.
No pudo evitar reír, logrando crispar aún más los nervios del rubio. — ¿Te vas a desquitar con su auto? — Preguntó con ironía.
No respondió.
Sí, se estaba comportando como todo un crio, un delincuente, un bebé y muchas cosas más le habian dicho.
Y era que toda su frustración era derivada de la recien noticia.
Y eso que le habían omitido detalles, por su propio bien.
No imaginaba como se pondría si le contara toda la verdad.
Estaba errado a su propio juicio y razón, sabía que no era algo en que pudiera tomar desición pero no sabía que hacer.
— ¡Ya basta, ya cálmate! — Dijo a punto de perder la paciencia y molerlo a golpes. — Mejor ponte a trabajar, te distraerá, y recuerda que él, no va a venir. ¡Y ni se te vaya ocurrir hacerlo! Te lo prohibió.
El ojicafe le dedicó una mirada tan cargada de ira que por un momento logro estremecer al azabache.
Sabia que podía causar muchos problemas si desobedecia lo que muy de malas y totalmente obligado había prometido.
— Me voy, tengo cosas que hacer.
Le dió un beso a la fuerza, el otro estaba tan frustrado y molesto que apenas había correspondido el gesto.
— Tiene que ser una maldita broma…
— ¡Eres un grandísimo imbécil!
— ¡¿Qué dijiste?!
— ¡¿Qué acaso de imbécil también eres sordo!? — Preguntó sarcástico.
─ ¡Alto los dos, maldita sea!
¿Podrías apartarle tu pie de la cara? Por favor.
Obedeció de malas, y quien estaba en el piso se incorporó en un salto, yendo muy decidido a devolver la agresión y de peor forma.
— ¡Ya basta! ¡Ya cálmense! — El chico se coló en medio de los dos, de quién sabe que modo, pero había logrado separarlos. — Y tú, dime que tienes una maldita buena explicación que si no, ¡Te juro que lo suelto! — Dijo con fuerte determinación.
Chasquea la lengua sacudiéndose la camiseta, que había quedado arrugada ante el fuerte agarre del otro. — No es lo que ustedes creen, ¡Par de estúpidos!
— No, No claro que no. — Ironizó — Por eso salió al borde del llanto ayer.
— Déjalo hablar…
Tras haber estado bastante tiempo discutiendo y que al fin le permitieran contar lo que había pasado. Todo se había aclarando.
— ¡Al fin te diste cuenta! — Festejó el ojiazul aliviado.
— ¡Vaya! no eres tan idiota al parecer.
— Pero ese no es el mayor de los problemas… — Dijo con seriedad.
— ¿A qué te refieres?
Una mueca de disgusto se mostró en su rostro; era una mezcla de preocupación y enojo.
Empezó a explicar como su humor se había vuelto más insoportable,
Sí, podía tener un carácter peor al que de costumbre.
Solamente había estado hablando de planes, nada relevante en realidad, sin embargo, desde la primera impresión sabía que las cosas iban a estar difíciles de su lado, eso sin contar con todo lo que podia pasarle al meterse con esa familia.
Tenían poder similar, cada uno por su lado era realmente poderoso y por supuesto, nadie pensaba perder la guerra.
Las circunstancias no estaban a su favor a pesar de que muy insistentemente y a base de algunos golpes le había dicho que no se preocupara, pero él sabía que no dejaba de ser una pelea de dos contra uno.
Incluso pensaba que el más violento no era ese de la mala cara, que desde en primer instante te fulmibaba con la mirada, sino el otro que se mantenía en una calma y una paz imperturbable según él.
Pero en sí todavía tenía ese disgusto y unas ganas de querer darle un fuerte puñetazo en su risueña cara de loco.
A pesar de que le había dicho que no tenía porque preocuparase, muy adentro de él sabía que se avecinaba una gran batalla.
— Además, nadie te obligó a tomar esta desición.
— ¡No estoy quejándome por eso! — Reclamó molesto, quería molerlo a patadas.
— Deja de compórtate como un maldito mocoso entonces.
— Mira quién habla…
— Cálmate que lo suelto.
— Entiendo, pues será mejor que trates de distraerte con algo, recuerda que se lo prometiste.
Suspiró, tenía razón, no sabía qué tan grave podría ser si se le ocurría tan solo pensar en hacerlo.
Ni siquiera sabía que hacer.
Se sentía cruzado de manos, le habían practicamente obligado a no hacer nada y con nada era NADA.
Él conocía bastante bien ambos lados y sabía de qué eran capaz cada uno.
— Asi que eso pasó… me alegro de que no haya sido nada de lo que pensabamos nos dio mucho miedo y también… estuvieron a punto de agarrase a golpes tu sabes quienes.
— Me imagino, dale las gracias por mí.
— ¿Y?… ¡Van a casarse!
Los dos chicos empezaron a rodearlo en un abrazo, dando pequeños brincos al rededor, un suave rubor se marcaba en sus mejillas.
— ¡Estamos muy felices por ti!
— ¡Sí! Además de que seguro ya puedes dejar tu pequeño empleo.
— ¿Qué? No dejaré de trabajar…
— Pero… su estabilidad económica es mejor que la tuya… sin ofender.
El moreno rió. — Si, puede ser…
Los dos chicos miraron sin entender, ellos seguían sin conocer la verdad.
No era necesario que la supieran más bien.
Habían pasado tres dias desde que esa horrible discución había pasado, les había tomado un dia entero hablar sobre lo sucedido.
Tuvo muchas ganas de golpearlo cuando le dijo la verdad.
Eran una reverenda estupidez, el porque no se atrevía a acercarse a él.
¿Dónde estaba su ego colosal?
Era sin duda la persona más distraída del mundo, por no decir torpe.
Las dudas y cuestiones se habían esfumado y solo quedaba una espectacular relación que tenía completamente de todo.
Sin embargo, podía ver como se avecinaba una gran tormenta; dos titanes a punto de chocar.
Se los había advertido, y los dos tenían que obedecer sí o sí, ambas partes conocían el terror que lograba infundir un Law enojado.
Había advertido a Doffy sobre investigara a Kid, tenía que bastarle saber que era una buena persona.
Sabia que el anonimato de Kid era un secreto de él y no era algo que influyera en su vida fuera de. Lo sabía muy bien.
Y a Kid tambien había advertido no meterse con Doffy, calmándolo con la misma explicación de que por ningúna razón ellos iban a saber quién era realmente.
En cuanto a los negocios esos iban a seguir cada quien por su lado, no tenían que influir en ningúno de los dos.
Se podía decir que venian cosas difíciles y nuevas, además de un cambio bastante drástico para todos.
Pero es lo que quería también.
Aunque su amor fuera conocido frente a todo el mundo, seguirían en el anonimato, nadie sabría quiénes eran Trafalgar Law y Eustass Kid.
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Aparentar ser el villano es fácil; medir dos metros, tener un sensual y bien trabajado cuerpo, llevar una fría y fulminante mirada, un flameante cabello rojo, más bien, su aspecto daba a creer que con un golpe podría noquearte o algo peor.
Era cierto que podía, sin embargo, la violencia no era algo que éste hombre hiciera, a no ser que fuera necesario claro está…
Desde el inicio a tiempos modernos, llevar la piel impregnada de la eterna tinta de un tatuaje, ha sido símbolo de tabú o de una mente cerrada, inmediatamente lo asocian a una persona dedicada al robo, al secuestro u otras malas y erróneas ideas que te crea la sociedad al ver a alguien con tatuajes por todo el cuerpo.
Nudillos tatuados con las letras de la palabra "Death" en cada dedo, ante brazos y dorsos con una peculiar marca, y en el pecho un corazón con enredadera que bajaba hasta la espalda.
Además de dos pequeñas arracadas de oro en cada oído
Estas ideas habían caído de maravilla en el mundo en que cierto pelinegro vivía. Nunca había deseado destacar y menos le importaba hacerlo en un ambiente tan turbio como en el que se desenvolvía.
La vida era fácil cuando podias ir y venir con toda la calma, tener una vida excéntrica y llena de lujos y poder disfrutar de un helado en cualquier parte sin miedo a que puedan acosarte o sufrir algún ataque violento por ser alguien con poder.
Lo que si era dificil, era el tener un intenso amante que aprovechaba cada oportunidad que tenía para demostrate cuánto te amaba.
En las noches frías el calor de su cuerpo desnudo te hacían entrar en calor, y en verano, las volvía frescas y placenteras.
Negó cuando vio el Mercedes negro estacionado en la entrada del elevador.
Abriendo la puerta subió, siendo inmovilizado de inmediato por un enorme cuerpo.
— ¿Qué haces aquí?
— Te dije que vendría por ti.
— No, no me dijiste nada, tonto.
— A entonces sólo me lo dije a mi mismo. — Dijo con una enorme sonrisa arrogante.
Era que el pelirrojo pasaba todo el tiempo que podía sobre él, los largos viajes que ambos hacian, eran bien compensados.
Las intensas noches de pasión, eran un éxtasis inexplicable.
El suave pero a la vez rudo tacto del ojiambar marcaban su pie
Un mar de nuevas sensaciones para ambos; para Law cada que las cálidas manos de Kid se deslizan hábilmente sobre su piel, casi como si supieran que camino recorrer sin que nadie diga nada.
Cómo es que si apenas acababan de profesarse amor ¿Por qué parecía que ambos sabían lo que tenía que hacer en cada centímetro de su piel?
El porque de esa conexión se lo habían dejado de cuestionar desde aquella noche.
— ¿Se puede saber qué te pasa Nunca te había visto tan enfadado, más bien nunca te había visto molesto...
— Yo no estoy enfadado. No estoy enfadado. Deja de decir que lo estoy, — Law suspira. — Quisiera saber sí realmente tenemos una relación de verdad.
Kid lo miró realmente molesto. — ¿Ah, no? ¿Insinúas que solo me acuesto conmigo por divertirme? ¿Sigues penando esa mierda?
Kid rió con ironía, no podía creer que Law a esas alturas creyera eso. — ¿Crees de verdad que luego de buscar por mar y tierra a la única persona que me ha hecho perder el maldito jucio, me acuesto contigo sin estar preparado para afrontar las consecuencias?
— No tendría nada de malo. Es una experiencia bonita y apasionante. — Law la miró con picardía. Tú mismo dijiste que no estabas buscando una relación amorosa y que, además, no querías casarte.
— Vaya, me alegra que te guste lo que hacemos. Efectivamente, es tan bonito como apasionante — Dijo acariciándole el cuello. — ¿Crees que me atrevería a tener una aventura delante de las narices de tu desquiciada familia y separarnos después como si no hubiera pasado nada? Me gusta mi rostro como está gracias.
— Pero no estamos hablando sobre los placeres del amor, sino sobre ti. Te conozco, y sé que no te acostarías conmigo por simple diversión. — Continuo Law.
— Puede que no, pero una relación sexual no es una base suficiente para un matrimonio, por muy buena que sea. — Kid sintió la iluminación del cielo y sonrió con malicia, logrando poner de nervios al ojigris.
— ¿Por eso estas molesto? ¿Es porque no te lo he pedido formalmente? Hablo de casarnos.
Law soltó una carcajada sin humor. Pero aún así tenía las mejillas con un suave rubor.
No, en lo absoluto era eso, sabía que Kid lo amaba. Pero el azabache quería más, necesitaba sentirlo cercas, saber quién era realmente y conocer cada una de sus facetas desde las mejores hasta las peores, lo amaba, lo amaba demasiado pero eso no era suficiente.
Law empezó a explicarle lenta y detalladamente para que entendiera.
Como siempre el ego macho de Kid ocultaba mucha de las cosas que Law quería ver.
Su retrógrada cabeza no le permitía tener sensibilidad.
Law quería golpearlo, quería pegarle
— ¡¿De qué demonios hablas?! ¿Esto no es suficiente? — Cuestionó exaltado, pasándole una copa de vino, tomando de trago el suyo, volvió a servirse más.
— ¡Eres un tonto! No me refiero a eso, ya te lo expliqué quientas un veces…
— Bien bien cerebrito, dime otra vez.
El pelirrojo se acomodó tratando de verse lo más profesional posible.
Haciendo que una risilla saliera del ojigris por la pose.
— Kid yo… necesito estar más tiempo contigo.
— Pues será un placer.
— ¿En serio?
— Por supuesto que sí. Normalmente, cuando alguien se siente atraído por otro, quiere hacer todo tipo de cosas románticas y esas mierdas crisis, con esa persona y encima si le propone matrimonio, es porque quiere estar más tiempo todavía.
Law sonrió. — Quiero experimentar contigo. — Prosiguió. — Quiero descubrir lo que me gusta y lo que no me gusta.
— Si dejas que participe, te daré un montón de opciones. — Se acercó lo suficiente, hasta poder llegar a su cuello, dejando un reguero de suaves y sensuales besos. Subiendo hasta su boca no escatimó en darle un fogoso beso.
Law rió y le mordió los labios. Sabían a vino y a hombre. Sabían tan bien que se emborrachó al instante. — Está bien. Pero con la condición de que no hagamos el amor en una temporada.
Él se quedó atónito. — Law no juegues con mis putos sentimientos ¿Qué tipo de condición es esa?
— Una perfectamente razonable — respondió. — Cuando hacemos el amor, no puedo pensar con claridad. Tienes demasiado poder sobre mí.
Kid soltó una carcajada. — ¿Y crees que tú no tienes poder sobre mí?
La pregunta de Kid cambió las cosas.
Law se sintió tan halagado que cerró los brazos alrededor de su cintura, sentándose a ahorcadas sobre él, acarició los duros músculos de su espalda y se apretó contra su erección.
— No lo sé. ¿Lo tengo? — replicó con ironía. Él arqueó una ceja, claramente excitado. — Sí, por supuesto que lo tengo. — Continuó frotándose contra su cuerpo.
— No juegues conmigo que te va a salir caro. Han pasado dos semanas desde que hicimos el amor, y sé que te rendirás a mí a la primera caricia.
Law se ruboriza, porque la humedad que sentía entre las piernas confirmaba su arrogante afirmación.
— Sí, bueno, no lo puedo negar. Los dos sabemos que basta una mirada tuya para que me derrita
Sabia que, efectivamente, estaba jugando con fuego. Estaba tentando a un animal salvaje como si lo pudiera domar.
— No te muevas, Kid. Quédate como estás. Hazlo por mí.
Kid tragó saliva, pero obedeció.
El moreno le acarició el cabello y le dio un beso en la comisura de los labios.
Law le beso, le beso dulce pero anhelante. Sus besos eran una poderosa poción para despertar en su cuerpo semejante pasión que buscaba ser liberada. Le pasó la lengua lentamente y se dispuso a asaltar su boca, pero él le succionó el labio inferior, arrancándole un gemido.
Comenzó a besar el cuello de Kid, el ojiambar supo que perdería el control de sí mismo; su cuello era su punto débil, y nadie jamás lo había poseído, menos, como el chico azabache lo hizo en medio de la habitación. Con ímpetu y tanta pasión en su escurridiza lengua que hizo explotar a Kid.
La partida se estaba empezando a igualar, y Kid lo desequilibró con un beso exigente y hambriento.
Ya había demostrado lo que quería; que tenía tanto poder sobre él, como Kid tenía en Law.
Había ganado su pequeña batalla, y era mejor que no tentara a la suerte; sobre todo, porque no tenía intención alguna de ganar la guerra.
— Bien, aceptó tus condiciones… — Respondió entre jadeos el pelirrojo. — Digas lo que digas, serás mi esposo. Y tendrás el castigo que mereces
— Recuerda que tenemos toda la vida para eso.
— Por siempre.
Fire ▽
Ya el final al fin ✨(?) siento que siempre arruino los finales porque se me va el rollo (_。)
pero en fin c: yaaa ya terminó muchas graciaas a esas personitas que seguian 💖 ✨💖 u
Os amo amo mucho ✨💖 un abrazo hasta aia, hasta la vida c: 💫
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