Aclaracion: Los personajes de Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la Adaptación.
La historia es una Adaptación, al final estará el nombre original y autor.
Resumen: Lady Hinata está asustada, ha regresado a su casa después de fugarse con su enamorado y solo desea vivir en paz en Konohagakure y que dejen de señalarla como la oveja negra de la familia. Pero Sir Naruto de Uzumaki, el pretendiente que ella abandonó a un paso del altar, no permitirá que tenga paz. No está dispuesto a perdonarla y trama una secreta venganza contra la joven que rompió su corazón hace más de cuatro años. No la dejará escapar y la convertirá en su esposa y le advertirá que jamás podrá negarse a sus brazos y si lo hace la dejará amarrada en la cama. Muy pronto la inexperta novia sabrá lo que es dormir con el diablo y someterse a todos y cada uno de sus deseos. Pero sir Naruto no solo ansía vengarse, sino también disfrutar su presa, y no descansará hasta arrancarle gemidos desesperados. Pero el diablo de esta historia tiene un punto débil y ella, su esposa cautiva y sometida a sus deseos lo descubrirá y su desafío será volver a enamorarle como en el pasado.
Novia Fugitiva
Todo estaba listo para su boda, excepto ella.
Hinata se miró en el espejo con gesto de tristeza y desesperación.
Sabía que no podría escapar pero la carta de Kiba la había dejado en ese estado.
Debían huir a Tokio y casarse en secreto, era lo que se estilaba entonces y ella no deseaba otra cosa.
Porque a tan tierna edad los sentimientos eran vehementes y eternos y ella creía amar a Kiba y su principal dolor era no estar junto a él porque su familia se oponía.
Hinata Hyuga había tenido algunos pretendientes, y con varios había "tonteado" pero cuando Kiba le propuso matrimonio al cumplir los diecisiete años sus padres pusieron el grito en el cielo.
Ese joven no era rico y no tenía posición alguna, demasiado joven, demasiado inexperto. Solo heredaría una propiedad al norte de un tío loco y cambiante.
Era muy poco para su hermosa hija y desecharon el asunto como un disparate.
Le prohibieron ver a su castaño enamorado y Hinata se desesperó.
Luego apareció ese joven frío y altanero, un distinguido lord para invitarla a bailar: sir Naruto Uzumaki y sin darse cuenta (o por insistencia de su madre Hannah) se habían prometido.
Todo estaba listo para la boda con sir Naruto y ella temblaba. Sabía que era una locura hacerlo pero no tenía escapatoria. Huiría con Kiba con su vestido de novia.
Aprovechando un descuido fue a los jardines y corrió sin que nadie la viera.
Su amado Kiba la esperaba. Alto, guapo, pelicastaño y con una sonrisa radiante, era un príncipe a sus ojos, y eran tan perversos sus padres al querer separarles…
—Ven pronto Hinata, tomaremos el tren de las diez rumbo a Tokio —le dijo y la miró deslumbrado al verla vestida de novia. Sus ojos negros y el rostro con singulares marcas le daban un aspecto de chicuelo travieso conmovedor y junto a su novia pelinegra y de grandes ojos perla parecían dos jovencitos planeando una diablura. Nadie habría imaginado que eran dos enamorados planeando casarse.
En la mansión campestre de la familia Hyuga, lady Hannah llamaba a su hija desesperada, ¿dónde se había metido su niña? No podía hacer visitas el día de su boda… ¡Qué niña tan descuidada!
A la dama gruesa que se agitaba con facilidad le llevó algún tiempo darse cuenta de que su hija se había fugado con su enamorado horas antes de su boda con el conde de Uzumaki tras dejarle una carta ridícula.
"Madre, huiré con Kiba Inuzuka, nos casaremos en Tokio. No puedo casarme con sir Naruto, no lo amo para nada ni él me ama un poco, solo me prometí a él para complacerte pero sé que nunca seré feliz con él… Perdóname por favor."
Cuando el padre de la joven, el imponente sir Hiashi leyó la carta palideció y del disgusto tuvo un ataque y debió permanecer acostado el resto del día por consejo del doctor que lo atendió.
Lady Hannah estaba desesperada atendiendo a su esposo, y demasiado atareada para buscar a su hija así que decidió avisar a su sobrino Neji para que la trajera de regreso cuanto antes.
No llegaron a tiempo por supuesto, no sabían dónde diablos buscar y dieron vueltas ese día nefasto sin ningún resultado.
Lady Hannah sollozó y optó por desmayarse, no podía hacer otra cosa. Que su familia avisara al desdichado novio abandonado… Ella era incapaz de dar un solo paso.
Siempre supo que esa niña le daría trabajo, nunca había sido sensata y ese joven la había vuelto más rebelde pero jamás imaginó que sería capaz de cometer una locura como esa. ¡Y el mismo día de su boda! Sin tiempo para avisar a nadie ni poder hacer nada más que desear que la tierra se la tragara en esos momentos.
—Tranquila madre, por favor, Hinata regresará—dijo su hija menor Hanabi.
—Oh, no pudo ser tan desconsiderada. Se volvió loca, huir así con un muchacho sin futuro.
Sir Naruto, el pretendiente abandonado recibió la noticia con una calma fría.
—La buscamos sir Uzumaki pero no pudimos encontrarla, huyó a Tokio—dijo Neji, primo de la prometida.
No podía ser, era una pesadilla, el día de su boda… Su novia había huido de él como si lo odiara pero ¿por qué? Tokio… ¿Qué demonios haría en esa ciudad?
Pidió explicaciones, no se quedaría sin saber lo ocurrido, ¡demonios!
Neji le confeso que había huido con un festejante y que pensaba casarse en Tokio porque sus padres se habían opuesto a la relación hacía tiempo.
El caballero tomó su caballo y pidió a sus amigos que lo acompañaran, encontraría a esa chiquilla insensata y la traería de regreso a su boda. No le haría esa humillación, maldición, no lo permitiría.
Pero los astutos enamorados siguieron un atajo y llegaron a tomar el tren rumbo a la aventura más romántica de sus vidas sin que nadie pudiera impedirlos.
Hinata sentía que volaba, era libre, no debería casarse con ese joven frío que ni siquiera la había besado ni una vez y que le daba un poco de miedo. Le llevaba ocho años, era un hombre y ella una chiquilla inmadura e insensata, pero eso claro está, nunca lo reconocería.
Kiba sonreía feliz ansiando que llegara la noche de bodas para hacer lo que tanto deseaba. Solo la había besado unas veces pero esos besos lo habían transportado…
Llegaron a Tokio donde sus tíos y primos aguardaban, serían testigos de la boda.
Hinata notó que el paisaje cambiaba y el frío era intenso a pesar de estar en
primavera.
Se casaron casi enseguida y él le colocó un anillo en su mano. Oh, no podía existir tanta felicidad…
Pasaron el día en los condominios de los tíos de Kiba a varias millas de Tokio, un lugar bonito donde vivirían los novios fugitivos hasta que Kiba heredara.
Hubo un banquete y una fiesta muy divertida, y Hinata bailó hasta cansarse.
Llegó la noche y se sintió intranquila.
Ninguna doncella la ayudó a quitarse el vestido ni a peinarla, la servidumbre en esa casa de campo era muy escasa.
Observó la habitación con muebles antiguos y al ver la cama se estremeció.
Amaba a Kiba pero no tenía mucha idea de lo que harían esa noche, solo que… Algo le había dicho al respecto su amiga Sakura; recientemente casada, que la había espantado. Algo con respecto a la anatomía masculina y de lo que hacían los esposos.
Estaba asustada y cuando su marido apareció tembló aún más.
—Hinata—dijo su enamorado escocés sonriendo.
Ella lo miró y él se acercó despacio y cuando quiso besarla la joven permaneció tiesa.
—No temas… Todo estará bien—le dijo al oído y siguió besándola.
Solían gustarle sus besos pero en esa ocasión estaba nerviosa que no podía disfrutarlos y cuando comprendió sus intenciones se asustó tanto que el novio desistió de intentar algo esa noche. Debía darle tiempo, estaba muy nerviosa esa noche.
El paciente enamorado volvió a acercarse a su esposa días después y por primera vez estaba totalmente desnuda en sus brazos y notó que su miembro era una vara firme que apuntaba con firmeza a su pubis de forma amenazante.
—Hinata, si quieres me detendré—dijo él muy considerado.
Su esposa no había hecho más que rechazarle todas las noches y casi estaba listo para que lo hiciera en esa ocasión, sin embargo no lo hizo.
Temía lastimarla, era pequeña y estrecha, casi como una chiquilla. Pero la deseaba, oh, estaba loco por su princesa de cabellos azulados y mirada tierna y lentamente comenzó a abrirse camino con mucha delicadeza y concentración.
Hinata no lo dejó continuar mucho más: el dolor era insoportable y lo apartó furiosa, no le metería esa cosa, nunca más… no lo haría. Oh, era tan espantoso.
Su novia lloraba y decía que quería regresar a su casa, que no estaba lista para casarse y que habían cometido un error.
Kiba pensó que era un berrinche, pero luego comprendió que hablaba en serio.
Hinata no quería consumar su matrimonio ni quería que volviera a tocarla.
No podía ser.
—¿Es que ya no me amas Hinata?—le preguntó él.
Ella se echó a llorar sin responderle. Lo quería por supuesto, le gustaba Kiba pero no estaba preparada para compartir la intimidad con él. Su sexo era muy pequeño para que pudiera entrar esa cosa larga y ancha llamada miembro viril.
Pero eso jamás lo diría por pudor, así que inventó que extrañaba su hogar y deseaba regresar y días después le dijo:
—Extraño mi casa Kiba, este lugar es muy frío.
El joven estaba desesperado, no quería dejarla ir, era su esposa y el matrimonio no podía deshacerse.
Sus tíos notaron que algo andaba mal con esa jovencita pues siempre tenía los ojos hinchados y dijeron que era muy joven y no se adaptaría al rudo invierno escocés.
Un día Kiba habló con su tío Gai y le confesó la verdad.
—Mi esposa no quiere que la toque, la última vez… Le dolía mucho… Es que (estaba algo avergonzado de admitirlo) tiene muy pequeña su… El debió sofocar una sonrisa.
—Comprendo hijo, es normal, siempre es así luego…
Debía quitarle la estrechez con su miembro y ser paciente, eso fue lo que le dijo su tío.
—Pero ella no me deja, la última vez gritó de dolor y ni siquiera pude…
—Bueno, debes tener paciencia, ir muy despacio. En la cena que beba una copa de vino, eso ayudará.
Kiba estaba desesperado, si no lo hacía ella regresaría a su casa y anularía su matrimonio, no quería que eso ocurriera.
Hinata sin embargo estaba arrepentida de haberse fugado con ese joven, dos semanas en Tokio y extrañaba las comodidades de su hogar, a su madre y a sus amigas. ¿Qué tontería había hecho?
Quería a Kiba pero sus sentimientos habían cambiado. Todo había sido un idilio nacido en verano, hacía meses y luego la oposición de su familia y ese compromiso forzado habían provocado su fuga.
Ahora comprendía la locura que había hecho, había dejado plantado a sir Naruto, un caballero respetuoso y muy rico, para vivir sin doncella, en una casa de campo rústica donde las mujeres cocinaban, fregaban y no hacían más que parir hijos todo el tiempo. La tía de Kiba: Samui, esposa de Gai, tenía dos niños pequeños, Shiho y Rock Lee y esperaba el siguiente.
Y ella solo sabía zurcir, bordar y tocar el piano, nunca había fregado un piso ni cocinado nada… Solo se acercaba a las cocinas cuando sabía que harían dulce de higo en conserva.
Su desengaño no podía ser más evidente.
Eran gente laboriosa y sencilla, no podía acusarles de no ser amables con ella al contrario pero… No se sentía cómoda en esa casa y solo soñaba con regresar a la suya.
Y esa noche en su habitación habló con Kiba al respecto.
—Debo regresar, mi madre estará preocupada—dijo.
Una rara somnolencia la asaltó y cuando se encontró desnuda atrapada entre sus brazos lo apartó escandalizada. Oh, no metería su cosa en ella, su matrimonio debía ser anulado, había sido una idea pésima y si ocurría sabía que no podría escapar.
—Hinata, ¿es que ya no me amas?—le reprochó mirándola con cara de cachorro abandonado. Parecía a punto de llorar y ella también, confundida con la situación.
En esos momentos su enamorado era pura hormona, loco de deseo pero su rechazo minó su entusiasmo y la vara mediana que lucía en su pelvis perdió vigor desapareciendo misteriosamente bajo su camisa y el joven se alejó triste y avergonzado sin haber podido cumplir su cometido.
De poco le sirvieron los consejos de su tío Gai de que debía esperar, esa joven no quería ser su esposa, solo quería regresar a su casa.
La fuga romántica y la boda apresurada había sido un error que siempre lamentaría.
Pero era un hombre y debía remediarlo con dignidad.
No volvería a suplicarle ni a llorarle.
Al día siguiente su tío lo acompañó al centro de Tokio y con tristeza solicitó la anulación de la boda por no consumación.
Hinata podría regresar a su casa y esa noticia en vez de entristecerla la alegró.
Se marchó de Tokio sintiendo un alivio inmenso, sin mirar atrás ansiando regresar a su casa como si nada hubiera pasado.
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Continuara…
