Aclaracion: Los personajes de Naruto es propiedad de Masashi Kishimoto, yo solo los tomo prestados para la Adaptación.

La historia es una Adaptación, al final estará el nombre original y autor.


Errores y Reencuentro


Pero su familia no la recibió como esperaba. Su padre estaba furioso y su madre ni siquiera fue a recibirla, ni su hermana Hanabi.

Hinata esperó con sus maletas como si fuera una visita indeseable en el comedor.

Hasta los sirvientes se alejaban de ella.

Tuvo la sensación de que pasaban mil años hasta que apareció su padre y la miró sin ocultar su disgusto.

—Así que ha regresado, señorita Hyuga. Luego de llenarnos de horror y vergüenza, tiene usted el descaro de aparecerse por aquí.

—Perdón señor Hyuga, yo lo lamento mucho, nunca debí hacerlo.

Su padre no respondió y ella le habló de su boda y su siguiente anulación, pero eso no lo convenció demasiado ni obró a su favor.

—Su hermana va a casarse pronto señoritapHyuga y lo sabe, no puede usted quedarse aquí, ha deshonrado por completo su buen nombre y el de toda nuestra familia. Todos comentan su fuga y los rumores no cesarán porque usted haya anulado su matrimonio. No puede quedarse aquí, debió quedarse con su esposo y pasar estrecheces por su insensatez. Abandonar a su marido no la reivindica a mis ojos, solo es una prueba más de que no tiene usted ningún juicio. Perdió la oportunidad de un matrimonio brillante y no podrá recuperarla, ningún joven decente se acercará a usted de ahora en adelante.

—Padre por favor, no puedo regresar a Tokio—dijo con un hilo de voz.

El caballero lo meditó con calma, oveja negra y todo era su hija, no la echaría a la calle pero debía enmendarse. Al parecer había sido débil al criarla y su esposa siempre la había consentido contra su voluntad. He allí el resultado.

—Se quedará aquí hasta que encontremos un lugar apropiado—dijo al fin.

¿Lugar apropiado? ¿Qué significaba eso, acaso un hospicio para ovejas descarriadas? La joven se estremeció.

—Ahora permanecerás en tu cuarto sin ver a nadie hasta el día de su partida señorita Hyuga. ¿No esperará usted que la recibamos en la casa como si nada después del momento horrible que nos hizo pasar?

Hinata no fue a su antigua habitación, sino a una de huéspedes. Una doncella la ayudó con su equipaje y le trajo agua fresca y agua caliente para darse un baño en la tina.

Ella se tendió en la cama luego de devorar la bandeja que le habían llevado y se sintió desdichada por todo lo que había hecho. Primero abandonó a su prometido, luego se casó con Kiba y se negó a sus brazos. Anuló su matrimonio comprendiendo que había sido un error pero al regresar a su casa nadie parecía dispuesto a perdonarla. Oh, no podía ser más desdichada, ni recibir peor castigo que ese.

Sin poder evitarlo lloró y se lamentó deseando que la tierra la tragara en esos momentos.

Días días después abandonó nuevamente Konohagakure para irse a vivir a la aldea de las Olas con su tía Kurenai, donde sus padres esperaban que pudiera enmendar su carácter caprichoso y egoísta y llevara una vida tranquila, sin dar disgustos a nadie.

Su tía Kurenai la recibió cordial como si nada hubiera pasado. Era la hermana mayor de su Madre, una solterona muy respetable y de carácter agrio, o así siempre la había descrito su madre. Hinata pensó que su estadía acompañando a su tía no tendría que ser considerado un castigo. Pues no había ido como sobrina a quedarse unas vacaciones y disfrutar de las diversiones de la temporada sino a hacerle un poco de compañía.

Afortunadamente su tía Kurenai no estaba chocha, ni era una solterona amargada, solo que tenía la casa llena de gatos. Pero ella solía dar paseos por los jardines a media mañana o cuando su tía dormía la siesta. Y eso de por sí la reconfortaba.

La casa era bonita no era lujosa pero siempre recibían visitas. Gente nada importante, el vicario Jiraiya y su esposa, la señora Tsunade que era otra solterona respetable del condado.

Hinata se adaptó a la vida en la aldea de las Olas y aunque extrañó Konohagakure, sabía que nunca regresaría, que cuidaría a su prima junto a su tía y luego… No tenía en mente casarse, no después de una experiencia tan desastrosa y se negaba a pensar en el futuro.

Su madre le escribió meses después contándole de la boda de su hermana Hanabi (a la que no fue invitada por supuesto) y otras novedades familiares, enviándole saludos a su hermana.

No mencionó que pudiera regresar y luego de un tiempo comprendió que nunca querrían tenerla de nuevo en Konohagakure. Era como si hubiera muerto para ellos y su vida fuera cuidar a su tía solterona.

Cumplió veinte años y hubo un caballero que se interesó en ella con fines románticos.

Hinata no había reparado en él, era el hijo de un lord de provincia, ni muy rico ni tampoco arrebatadoramente guapo, pero de modales encantadores y naturaleza agradable.

Su tía estaba muy entusiasmada con el joven y dijo que debía alentarle, pero ella no quería saber nada del asunto y lentamente el caballero se alejó al sentirse ignorado.

El invierno siguiente llegó una carta de su madre, estaba desesperada, su padre estaba muy grave y pedía verla. Debía ir de inmediato a Konohagakure.

Hinata tuvo una extraña mezcla de sentimientos, la angustió saber que su padre estaba enfermo pero por otra parte todos esos años nadie la había pedido que fuera por lo tanto ¿por qué ir con prisas? No deseaba hacerlo. Tenía miedo de regresar y de tener que afrontar las consecuencias de aquel desplante que le hizo a su antiguo prometido.

Pero también por que su padre la había encerrado diez días en su habitación sin dejar que nadie la viera y la había enviado a la aldea de las Olas para que "se reformara". Y ahora… no podía pasar por alto la enfermedad su padre.

—Tía Kurenai, mi padre está enfermo y quiere que vaya—le dijo a su tía que miraba la carta con curiosidad a distancia.

Ella se horrorizó.

—Oh, mi pobre cuñado. Hinata, no te preocupes por nosotras, estaremos perfectamente bien, ve a verle. — Dijo cargando a su pequeña hija.

Hinata hizo sus maletas ese día y partió a la mañana siguiente.

Pero al llegar su padre había muerto y solo pudo asistir a su funeral y desfilar con el séquito de sus parientes que la miraban con rabia, como si no tuviera derecho a estar allí. Su madre sufrió una crisis nerviosa y no pudo asistir al entierro.

Hinata se quedó para cuidarla y su hermana creyo que su presencia en Konohagakure sería necesaria pues ella no podía quedarse a cuidar a su madre para siempre, tenía un marido y una familia en otra casa que cuidar.

Su hermana Hanabi fue quien le habló.

—Puedes quedarte Hinata, escribile a tía Kurenai, ella entenderá. Debes cuidar de mamá.

Y Hinata obedeció y pudo ocupar su antigua habitación y tener una doncella. Solo que los vestidos antiguos no le servían. Sus senos habían crecido y sus caderas también. No sabía en qué momento pero al verse desnuda frente a un espejo descubrió que tenía un cuerpo sensual y atractivo. Debió ser luego de la boda, cuando su marido la acarició y quiso penetrarla y le causó tanto dolor.

De pronto sonrió con ironía. Había notado las miradas atentas a su figura durante la pasada liturgia. El mismo reverendo Toneri la había mirado. Ella tocó sus senos y suspiró… Y su mano se detuvo en su pubis azulado y pequeño sorprendida. Había crecido. Estaba segura y había dejado ser ridículamente pequeña como cuando se fugó con Kiba. Tal vez ahora podría dejar que un caballero hundiera su vara en ella como lo intentó su esposo hacía tiempo. Sin saber por qué ese pensamiento la excitó.

Había dejado de ser una niña atolondrada y caprichosa, había cambiado y en unos años podría casarse…

Meses después su madre; recuperada casi por completo de la muerte de su padre, le habló favorablemente del reverendo Toneri.

—Está interesado en ti querida, tal vez … Heredó tierras y la vicaría y aunque no es tan importante como un distinguido lord…—dijo.

La mención de ese joven la hizo ruborizar, sabía que estaba interesado en ella y solo esperaba una oportunidad para hablarle.

—Madre, ¿sabes si Naruto Uzumaki se casó?—preguntó de pronto.

La mención de su antiguo pretendiente dejó algo incómoda a la señora Hannah.

—No, no se ha casado. Creo que nunca pudo superar tu abandono, ¿sabes? Y por más que conoció jovencitas casaderas… No le prestó atención a ninguna, al menos que yo sepa.

Naruto Uzumaki, el hombre que debió ser su esposo. Había creído que se había casado y había continuado con su vida como si nada, pero no había sido así. Se preguntó si le guardaría rencor por haberle abandonado, luego olvidó ese asunto al recibir la visita de su amiga Sakura. En su compañía se sintió feliz de haber regresado.

Una mañana sin embargo, tiempo después de su regreso y cuando salía de la rectoría lo vio: a Naruto, su antiguo prometido.

Estaba en su carruaje y su mirada estaba clavada en ella con un odio tan intenso que Hinata se estremeció. Apuró el paso y se acercó a su madre como si buscara su protección.

No fue el único encuentro. Era como si su pasado quisiera castigarla de forma constante y ese hombre se lo recordara. Nunca hubo un saludo, sino miradas malignas, desaprobadoras. Naruto nunca la había perdonado. A pesar del tiempo transcurrido, él parecía aferrado a ese triste episodio.

Nunca comprendería cuánto había lamentado su decisión y esos días fue como si le viera por primera vez. Un joven alto, rubio y de constitución militar, la mirada azul oscura intensa, viril. Y notó que no dejaba de recorrer su cuerpo con deseo y un odio feroz.

Hinata se estremecía cada vez que se encontraban y su tonta madre hacía planes casamenteros.

—Querida, ese joven no te ha olvidado—dijo en una ocasión durante el desayuno.

Ella sabía que hablaba de sir Naruto de Uzumaki. Ningún otro pretendiente antiguo se había acercado, todos se habían casado excepto el conde.

—Me odia madre—respondió Hinata con la mirada baja.

—¡OH, no, qué tonterías dices! Claro que no te odia. No existe el odio en el amor, querida, es solo una máscara… Si fueras amable con él en vez de huir como del diablo cada vez que aparecer tal vez…

Hinata miró espantada a su madre pero esta sostuvo su mirada con tranquilidad.

—Bueno, quien sabe. Tal vez quiera casarse contigo un día. No se ha casado y dijeron que tu huida fue muy dolorosa para él ¿sabes?

—Madre por favor, jamás se casará conmigo, me detesta ahora y no puedo entender… Ha pasado tanto tiempo, debió olvidarme y buscarse una esposa.

—Pero no lo hizo querida, está soltero y sigue siendo un soltero codiciado. El año pasado hubo un rumor de que estaba interesado en una señorita llamada Shion pero… No prosperó el asunto. Y ahora me alegro. Ese joven sigue pensando en ti Hinata, estaba tan enamorado…

—¿Enamorado? Nunca estuvo enamorado de mí—se quejó ella.

—Oh, sí que lo estaba.

—No es verdad.

Su madre la miró exasperada.

—Ahora entiendo por qué te fugaste con ese joven Hinata, no solo eras tonta sino además ciega, incapaz de ver que ese distinguido lord te adoraba. Y que pudiendo escoger bellas y ricas herederas te cortejó a ti. Quedó prendado de ti nada más conocerte. Oh, querida, nunca había visto joven más enamorado y cuando ocurrió la tragedia… Creo que tuvo ganas de llorar pero como los hombres no lloran, se enfureció y fue el mismo a buscarte.

Hinata contuvo el aliento. Nunca había hablado de su madre de ese asunto, ignoraba por completo qué había ocurrido después. Sus cartas jamás mencionaban el incidente "funesto".

—¿Me buscó?—preguntó con cautela.

—Sí, lo hizo y se enojó mucho con nosotros por no haberte cuidado y por no decirle que tenías un enamorado secreto que te escribía cartas. Creo que desde entonces nos ha odiado querida. Él quería que fueras su esposa, soñaba con eso porque te amaba, Hinata.

—Bueno, eso ya no podrá ser madre. Es el pasado—dijo ella sombría.

—Pues yo creo que aún hay esperanzas. Si le pidieras perdón Hinata y te mostraras más amigable en vez de huir de ese joven como si fuera un demonio.

—Oh, no madre ni lo sueñes.

Su madre elevó los ojos al cielo.

—Sí, me lo imaginaba, nunca fuiste sensata hija. Ahora solo espero que no desperdicies tu juventud rechazando a tus otros pretendientes. Necesitas un marido Hinata, tu padre murió y nuestra fortuna menguó.

Y luego continuó:

—Hija por favor, sé sensata, aún eres joven y bonita, y tienes al reverendo interesado en ti y a ese antiguo pretendiente. Te ruego que lo pienses. Tal vez el conde aún te ame y solo esté enojado pero luego… Se le pasará si conversas con él.

—No puedo hacerlo madre, no deja de mirarme con odio como si quisiera matarme. Jamás me acercaré a él para humillarme pidiéndole perdón.

—Oh, no hables así Hinata, ¿qué importa el orgullo? Tendrás un premio mucho mayor, serás la esposa de un conde y vivirás en una de las mansiones más formidables del condado: UZUMAKI.—lady Hannah creía que el asunto era muy sencillo, cuando ese hombre no hacía más que mirarla con odio y rehuir su saludo.

El reverendo Toneri Otsutsuki era un joven agradable y bondadoso y tenía treinta años. Estaba desesperado por una esposa y todos sabían que en otros tiempos había estado un poco enamorado de Hinata. Debía ser uno de sus pretendientes más fieles amorosos y comprensivos, y tal vez el único que no la juzgara por su locura de juventud.

Sus sermones eran muy edificantes y en ellos hablaba del perdón y la reconciliación y la necesidad de vivir en paz sin esas sombras del pasado.

Hinata lo escuchó conmovida y luego quiso felicitarle.

Los ojos azules del reverendo brillaron de entusiasmo mientras lady Hannah aceptaba el asunto con resignación. Bueno, no era tan importante como un caballero pero viviría en una preciosa vicaría y sería la señora de un vicario muy querido en el condado.

Nada más lejos de los planes de la joven.

Y al sentir que había una intimidad con el vicario y que este no tardaría en pedirle matrimonio se alejó lentamente.

Su madre se había alejado (tal vez lo había hecho a propósito para dejarlos a solas) y los feligreses se habían retirado a sus casas, la niebla comenzaba a cubrirlo todo y hacía mucho frío.

—Señorita Hyuga—dijo una voz.

Ella se detuvo sorprendida y vio a su pretendiente olvidado, esa sombra del pasado de la que había hablado el reverendo.

Hinata palideció y murmuró un saludo. Sir Naruto de Uzumaki en cambio fue más espontáneo y le hizo una reverencia acercándose a la joven que lo observaba, trémula.

—¿Se ha quedado sola? La niebla lo cubrirá todo, déjeme llevarla a su casa—dijo gentil pero en sus ojos estaba esa mirada rencorosa que tanto la asustaba.

—Oh, es usted muy gentil sir Naruto pero no será necesario. Caminaré, me hará bien una caminata—respondió ella y se escabulló, corrió rumbo a su casa con el corazón palpitante.

Jamás habría subido al carruaje con ese hombre, su miedo por él crecía y de pronto intuyó que planeaba hacerle daño.

Sir Naruto vio correr a la joven y sonrió. Llegaría un día que no podría escapar tan fácilmente de él ni de la venganza que planeaba.

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Continuara…