¡Hola Hola!
¿Cómo estáis?
Esta historia tardé bastante en completarla, y creo que es una de las más largas que he hecho.
No sabía bien que hacer. Si crear una historia con varios capítulos, o dejarlo en un One Shot. Como veis al final me decidí por la última opción ya que no sabría bien como continuarlo, aunque pensándolo bien... Es posible que si que diera para continuarla, no se no se. ¿Vosotros que pensáis?
Dejadme en los comentarios lo que os a parecido y si deseáis que se quede tal cual está, o que haga una historia. Sinceramente creo que es un buen inicio para que la relación entre Luffy y Nami crezca. Vosotros diréis.
Os leo.
¡Espero que os guste!
# ONE SHOT
· ~ · ~ ·
Fue algo totalmente inesperado. No supo en qué momento lo empezó a ver ya no como un niño que jugaba a ser pirata, sino como un hombre que luchaba por sus sueños. Tal vez el crecer junto a él en el mismo barco hizo que se acostumbrara a su forma de ser tan inmadura y acabara aceptándolo fuera de la manera que fuera. Eso era verdad, ella lo admitía. Le aceptaba, solo eso.
Luffy la había rescatado de las aletas de Arlong y le debía prácticamente la vida, tan solo eso.
Si había alguien con el que podía llegar a conseguir su meta y no morir en el intento ese era él, por eso le seguía. Solo por eso.
Sin saber cómo, empezó a verlo más que a un héroe o salvador. Seguía sus pasos muy de cerca esperando poder alcanzarlo algún día. Quería llegar a superarlo. Tan solo era admiración lo que sentía.
Compartieron momentos que la llevaron a pensar que eran amigos, y efectivamente lo eran. Con el tiempo, mejores amigos. De nuevo, solo eso, ¿verdad?
Ahora ella dudaba. Dudaba de que lo que hubiera fuera más que una deuda, una admiración, o una amistad…
Lo sabía, sabía bien que no era lo que ella pensaba, sino lo que sentía. Amor. Y no precisamente el amor que sentía por su pelinegra amiga, o por su peludo doctor. No, era algo más fuerte que eso.
No lo iba a admitir, claro está. No quería que las cosas se complicaran para ella misma, ya que de todas formas todo el mundo sabía que ese testarudo capitán era un completo idiota en cuanto a amor se refería. Él no tenía ni idea de ese tema, y dudaba mucho que alguna vez pensara sobre ello. Por dios, era Luffy, el ser más inocente y asexual que podía existir en el mundo… ¿no?
A esas alturas y viendo y oyendo lo que su capitán hacia y le decía, ya no sabía que pensar. A veces creía que Luffy la trataba diferente al resto, y que eso era bueno ya que significaba que era la más importante, pero luego veía que no era así, que incluso con Robin hacía casi las mismas cosas que con ella. De hecho, parecía pasárselo mejor con la arqueóloga.
Era absurdo. Estaba celosa de su mejor amiga por un chico con el que no estaba saliendo.
Nami giró su vista hacia la otra cama donde su compañera descansaba plácidamente y soltó un largo suspiro. ¿Qué hora debía ser? ¿Cuánto había dormido? Si tan solo Luffy no se hubiera metido en su sueño tal vez hubiera despertado a la hora que le tocaba, y no a altas horas de la madrugada.
Con otro suspiro, esta vez más corto, se levantó de su cama haciendo el mínimo ruido posible y salió de la habitación. Le vendría bien tomar un poco de aire fresco
La pelirroja caminó hacia la puerta y asegurándose una vez más que su compañera seguía durmiendo salió del camarote.
Hacía frío, pero no llegó a importarle demasiado.
Nami se dirigió hacia la cocina cerrando la puerta tras de sí. Un chocolate caliente le vendría bien a esas horas. Quería sentarse afuera, pero sin morirse de frío, así que se preparó dicha bebida en un santiamén. Apagó la luz del lugar y caminó hacia el mástil donde se sentó en el suelo de espaldas a él.
Miró hacia el cielo observando cada estrella. Le encantaban esos momentos donde estaba en profunda soledad y paz. El olor a mar y la suave brisa la hacían sentir como si estuviera en otro lugar, en otro mundo… Era impresionante…
Nami cerró los ojos durante unos segundos que le parecieron eternos, y de repente aquél tonto capitán suyo se le cruzó por la mente.
- Luffy… - susurró su nombre.
- ¿Sí?
La pelirroja abrió los ojos con rapidez encontrándose con la mirada azabache de su capitán. Su rostro estaba a escasos centímetros del suyo.
- "Mierda" - pensó.
Si el mástil no estuviera pegado a su espalda probablemente hubiera huido hacía tiempo, pero no era ese el caso. Si se movía lo más mínimo se acabarían rozando.
El pelinegro la miró durante unos segundos y lentamente fue alejando su cara de la de ella para luego sonreír como solía hacerlo.
- Shishishi menudo susto te has dado, Nami. - dijo tocando su sombrero. - ¿En qué estabas pensando?
- "¡En ti, idiota! ¡En tu maldita sonrisa perfecta y en lo que me haces sentir!" - Quiso decir la joven, pero sabía que no podía confesarle sus sentimientos, no aún. - E-En nada. - Acabó diciendo.
- ¿Ah no? Parecías demasiado concentrada para no pensar en nada.
- He dicho que en nada y punto.
El pelinegro ladeo la cabeza a un lado sin entender el comportamiento de su compañera, pero tras unos segundos volvió a sonreír.
- ¿Qué haces aquí, Nami?
- E-Eso debería preguntarte yo a ti.
- Hoy me tocaba guardia. ¿No te acuerdas?
Nami suspiró recordando el momento en el que le asignaron la guardia. Le dio un par de puñetazos por querer negarse. ¿Cómo pudo olvidarse? Tonta de ella.
- Si, es verdad. Perdona, Luffy.
- Oye ¿estás bien? Te noto cansada. Deberías ir a dormir. - le dijo él con tono preocupado.
- "No hagas eso… No te preocupes por mí… Solo haces que me lata más rápido este tonto corazón que tengo" - pensó de nuevo. - Si que estoy cansada, pero tranquilo, en cuanto me beba el chocolate me iré a dormir. - contestó.
- ¿¡Chocolate?! ¡¿Dónde?! - gritó el capitán eufórico buscando por todas partes aquella bebida.
- ¡Shh! ¡Luffy! ¡Vas a despertar a todos! - le susurró poniendo un dedo sobre sus labios para callarlo.
- L-Lo siento… - se disculpó. - Pero quiero chocolate…
- Si te mantienes en silencio te daré un poco.
- ¡¿En serio?! - volvió a gritar.
No podía ser más tonto.
- ¿Qué te acabo de decir? - le reprochó.
Luffy se llevó las dos manos a su boca callándose al momento. Nami no hizo más que suspirar. ¿Cuántas veces se le había escapado el aire esa noche?
Nami bebió un sorbo y le pasó la taza al pelinegro. Este no hizo más que agradecerle con una gran sonrisa.
- "Idiota…"
- ¡Está delicioso! - soltó. La navegante sonrió tiernamente. Era casi como un crío al que debían de cuidar.
Así era.
Nami bajó la cabeza. Sí, debían cuidarlo. Ellos eran sus camaradas y por tanto debían dar su vida si hacía falta para que él consiguiera su sueño. Todo el gobierno mundial y parte del océano quería la cabeza de su capitán debido a su alto precio. Cuanto más tiempo pasaba más difíciles eran sus contrincantes, y más miedo tenía ella de llegar a perderle.
- ¿Nami? - le llamó el chico viendo como el rostro de la navegante había cambiado. - ¿Qué ocurre?
- ¿Has pensado alguna vez en el futuro? - preguntó la chica de repente.
- ¡Claro! Ya sabes que quiero ser el futuro rey de los piratas. - contestó él con inocencia y una gran sonrisa.
Nami se le quedó viendo durante un tiempo sin mostrar expresión alguna. Claro. ¿Qué pensaba que iba a responderle ese patán? Obviamente no había nada más en su cabeza que no fuera cumplir su sueño. No debía haberle preguntado nada.
- Sí, es cierto. Perdona. - se disculpó por segunda vez.
No hace falta decir que aquello sorprendió ligeramente al capitán. ¿Cuándo se había disculpado Nami en su vida? Que él recordara nunca, y ahora, en cuestión de minutos lo había hecho dos veces.
- Hay algo que te preocupa. - dijo Luffy. Quiso preguntarlo, pero era demasiado obvio que algo pasaba, y no era nada bueno.
Nami levantó su rostro hacía la luna observándola. No quería mentirle, a él no, pero ¿qué podía hacer? ¿Decirle todo lo que guardaba dentro de ella y arriesgarse a que la relación que tenían se echara a perder? No gracias.
Con lentitud bajó la cabeza y volvió a mirar al pelinegro. Estaba serio. Sabía que éste se moría de ganas de obtener una respuesta en ese preciso momento, pero estaba siendo paciente. De alguna manera sabía que Nami no podía contarle lo que le pasaba tan fácilmente, al fin y al cabo, se lo estaba ocultando por algo.
La joven sonrió un poco. Le encantaba su capitán. Aquellos pequeños actos le hacían ser quien era. Sabía que podía contar con él para todo lo que necesitara, y también sabía que le dijera lo que le dijera no la juzgaría. No lo hizo cuando le robo el Merry y los pequeños tesoros que había en él, tampoco cuándo supo a lo que se dedicaba, y menos aun cuando decidió marcharse por su propio pie junto con Shiki, el gran león. Él siempre estuvo a su lado en todo momento, y no la apartó como hubieran hecho otros. Aunque tal vez lo haría si supiera que ella está enamorada de él, pero eso era demasiado. No podía. Entonces… ¿qué decir? Luffy seguía mirándola con esos penetrantes ojos esperando una respuesta para poder socorrerla. Eso haría, intentaría ayudarla costara lo que costara y no aceptaría un no por respuesta. Así era él, increíble.
Nami se dijo a sí misma no poder decirle lo que sentía, pero ¿y si realmente pudiera? Nada cambiaría, había demasiadas respuestas que él podría darle, y seguro que ninguna relacionada con lo que le dijera ella.
- "¿Enamorada? ¿Eso qué es? ¿Se come? ¿No me digas que es una enfermedad? ¡¿Vas a morirte?! ¡Tengo que llamar a Chopper! ¡¿Por qué no lo has dicho antes?! ¡No te mueras, Nami!"
La chica rió ante la gran posibilidad de que eso fuera lo que él respondiera. Tan inocente él… Eso era, un chico inocente que solo buscaba una cosa en la vida, y claro que ella estaba en sus planes, ella y todos, pero simplemente como amigos. Todos verían a su idiota capitán cumplir su sueño, y luego… ¿Y luego qué? Cada uno tomaría su propio camino.
- Nami. - le llamó el chico. Estaba tardando demasiado en hablar. No era normal.
- Hay tantas cosas que me preocupan, Luffy… - contestó ella abrazándose las piernas.
- Sé que no soy muy listo para según qué cosas, y que tal vez no pueda ayudarte como otro lo haría, pero sabes que si puedo hacer algo por ti…
El chico de goma hacía mucho tiempo que no veía a su amiga de aquella manera. Se notaba demasiado lo triste que estaba, y eso le dolía a mares. Odiaba ver a sus compañeros de aquella forma, y por alguna razón extraña, con Nami era peor. Al ver como se hacía una bola sobre si misma y agachaba la cabeza casi enterrándola en sus piernas, no pudo evitar soltar esas palabras. Durante esos últimos dos años había madurado más de lo que cualquier persona que lo conocía pudiera haber imaginado, pero aún así seguía siendo el mismo idiota que podía llegar a complicar las cosas casi sin quererlo, y eso era algo que debía evitar.
- Lo sé. - contestó ella con una sonrisa de medio lado. Sí, había sonreído, pero su mirada seguía perdida. - Lo sé demasiado bien, es por eso por lo que te quiero.
Lo había dicho. No se había declarado de la forma que quisiera hacerlo, pero eso era algo.
- Yo también te quiero, Nami. - contestó él con una gran sonrisa.
Por un momento el corazón de la chica botó, pero lo pensó bien. Era Luffy.
- Claro que lo haces… También a los demás.
- ¡Por supuesto! Os quiero a todos.
Otra cagada más. Sabía que eso era lo que iba a responderle. De nuevo, ¿qué esperaba? ¿Qué él se lanzara a sus brazos gritando que también la quería, que ella era la única para él, y que se convirtiera en su reina? Por dios, Nami, baja de tu nube de ensueño, que es de Luffy de quien estamos hablando.
- ¿Eso era lo que te preocupaba? ¿Qué no te quisiera? - preguntó Luffy al ver como ella reía un poco.
- Sé que me quieres, Luffy, lo sé bien. - contestó mirándole.
- ¿Entonces?
¿Entonces? ¿Qué más podía decirle? ¿Qué quería ser especial? Claro que quería, pero seguro que diría que ya lo era, que cada uno de ellos era especial para él, y que no se preocupara. Odiaba conocerlo tan bien.
- Has crecido, Luffy. - dijo de repente.
El chico parpadeó varias veces sin saber bien que decir. Estaba claro que lo había hecho, habían pasado dos años, al fin y al cabo. No era el único.
- Todos lo hemos hecho.
- Sí que lo hemos hecho…
Ambos chicos se quedaron en silencio durante un par de minutos sin saber que hacer o que decir. Eso se estaba tornando muy complicado.
- Has dicho que hay muchas cosas que te preocupan. - habló Luffy viéndola a los ojos. - ¿Qué más hay?
Nami le miró igual. Era cierto que lo había dicho. No exactamente así pero parecido.
- No tiene importancia. - contestó. Estaba empezando a perder la poca energía que tenía, no quería hablar más.
- Todo tiene importancia, Nami, incluso lo más pequeño.
- Supongo que sí, pero ¿qué más da? - preguntó haciendo un aman por levantarse. - Ha sido genial hablar un rato contigo, Luffy, pero me iré ya.
Nami se incorporó un poco para ponerse en pie, pero la mano del chico se lo impidió haciendo que cayera de rodillas frente a él.
- Pero ¡¿qué haces, idiota?! - le medio gritó ésta sacando los colmillos. Los guardó de nuevo al ver lo cerca que estaban y como la mano de él se apretaba con fuerza, pero sin hacerle daño a la suya propia. - Luffy…
- A mí me da. No le quites importancia a algo que te hace daño, Nami. - le contestó él mirándola de nuevo seriamente.
Nami abrió los ojos asombrada. No se esperó esa respuesta en absoluto.
- Si puedo hacer algo, lo haré.
A la chica se le pasó por la cabeza un montón de cosas, pero solo una de ellas se quedó.
- Beso. - susurró para sí misma, o eso pensó.
- ¿Beso?
Las mejillas de la chica se volvieron rojas de repente. ¿Lo había dicho en voz alta? ¿Era estúpida o qué? Si no fuera porque le dolería, se golpearía a si misma repetidas veces, por bocazas.
- N-No era lo que quería decir. - habló ella rápidamente cerrando los ojos con fuerza. - De hecho, no había nada que quisiese decir, tal vez sí hacer, pero aun así… ¡Eso tampoco quería decirlo! ¡Joder!
Había estado tranquila todo ese rato, ¿por qué estaba tan nerviosa ahora? ¡Maldita sea!
La chica escuchó la voz del chico llamarla, pero no quiso abrir los ojos aún, estaba demasiado avergonzada, pero de un momento a otro lo hizo. Los abrió con rapidez encontrándose con el rostro sonriente de su capitán.
- Ya está. - dijo éste.
Nami se llevó la mano sobrante a la mejilla izquierda donde los labios de Luffy se acababan de posar. La había besado.
- ¿P-Por qué…? - quiso preguntar, pero su voz no salía. Si antes estaba nerviosa, ahora era peor. No hace falta decir tampoco que su cara estaba más roja aún.
- Me has dicho que querías un beso y te lo he dado.
Nami abrió un poco la boca dispuesta a decir algo, pero nada salió. ¿Qué demonios?
- ¿He hecho algo malo? - preguntó Luffy ladeando la cabeza hacia un lado al ver que la chica no decía nada.
- ¿D-Desde cuándo sabes lo que es un beso? - preguntó ella. - Eres el ser más inocente que conozco. ¡No deberías saber eso!
- ¡Oye! ¡Eso me ofende! ¡No soy tan inocente como todos pensáis!
- ¡Claro que lo eres!
- ¡Te estoy diciendo que no!
Ambos se acercaron un poco más desafiándose con la mirada y se separaron en seguida, una por vergüenza, y el otro porque no le gustaba discutir con sus amigos. Se quedaron unos segundos en silencio hasta que Nami se atrevió a preguntar.
- ¿C-Como sabes lo que es un beso?
- Estos dos años Rayleigh me ha enseñado muchas cosas. - respondió él. - No solo me he hecho más fuerte, también he aprendido sobre otras cosas.
- ¿Otras cosas? ¿Cómo qué?
- Pues, veamos… - El chico se llevó su mano sobrante a su mentón recordando que cosas sabía. - ¡Ah, ya sé! Hancock quería que me casara con ella, y yo ni siquiera sabía lo que era eso. Rayleigh me lo explicó, aunque tampoco es que le estuviera escuchando mucho. No era algo de vital importancia saber esas cosas, creo yo. Lo único que quería era hacerme más fuerte para poder volver con la cabeza bien alta. Pero él insistió en que era algo que todo el mundo debía saber, así que me lo hizo casi aprender. - declaró sonriendo.
- ¿Qué Hancock dijo qué?
El tono de voz de la chica había cambiado. ¿Cómo que la llamada emperatriz más hermosa del mundo quería casarse con su capitán? ¿Qué demonios? ¿Cómo se atrevía a hacer algo tan indecente? Esa estúpida…
- Me pidió matrimonio más de una vez. Aunque no sé muy bien por qué. Rayleigh dijo que ella estaba enamorada de mí, pero a mi no me gusta ella. Es una buena amiga. Me ayudó mucho cuando pasó todo lo de Ace. - dijo.
Nami alzó la cabeza para ver el rostro del chico. Esperaba encontrarse una mirada melancólica, pero no fue así, estaba sonriendo.
- Si tan solo hubiera estado allí… - habló ignorando los repentinos celos por la emperatriz.
- No hubieras podido hacer nada. - le contestó él sabiendo a lo que se refería.
La muerte de Ace marcó enormemente a Luffy y a todos aquellos que lo conocían. Todos sus camaradas se culpaban de no haber estado con él durante ese momento, y aunque no lo dijeran el pelinegro lo sabía.
- Lo siento tanto, Luffy… - se disculpó ella mirándole fijamente. Estaba al borde de las lágrimas. Le dolía tanto no haber estado con él en aquel entonces. Aunque fuera un idiota en algunas ocasiones, ese chico era lo más bueno y puro que había en el mundo. No se merecía todo lo que le había pasado. Él siempre había estado para todos, en cambio ella…
Al ver aquello Luffy recordó una de las tantas charlas que tuvo con Rayleigh. Estiró su brazo y acercó a la navegante hacia su cuerpo abrazándola suavemente. Aquello sorprendió a la chica. Definitivamente no se esperaba aquel acto tan delicado. Notando como las lágrimas comenzaban a bajar por sus rosadas mejillas, Nami se aferró al chaleco del chico apoyando la cabeza en su pecho. Éste le acarició el cabello con lentitud. Jamás había interactuado tanto de esa manera con alguien. Si que era verdad que le habían abrazado en contadas ocasiones, pero por algún motivo el contacto que tenia con su amiga y compañera era diferente al resto. Se sentía mejor, tanto para él como para ella.
- Nami… - comenzó a hablar el chico. - Hubiera querido que estuvierais allí, de verdad. Odiaba no saber si estabais bien o en peligro, pero creo que fue lo mejor.
- ¿Cómo? ¡Claro que no lo fue! - le contestó levantando un poco el rostro.
- Se supone que soy vuestro capitán y que debo protegeros a toda costa, y no pude hacerlo. Fallé. También lo hice al dejar que Ace me protegiera, y por eso murió… Fracasé dos veces. No pude proteger aquello que amaba, y en vez de actuar como tal y seguir adelante me hundí. Dejé que la ira y la tristeza se apoderaran de mi y estuve mucho tiempo siendo un completo idiota. Si me hubierais visto de esa forma… Tal vez lo mejor fue eso.
- Luffy…
Esta vez fue ella quien lo llamo a él. El nombrado bajó un poco la cabeza encontrándose el rostro serio de la chica. Sus mejillas estaban mojadas por las recientes lágrimas.
- Recuerda bien lo que voy a decirte. Antes de ser capitán o pirata, eres persona. Cometes errores, te equivocas, y sobre todo fallas. Y es algo totalmente natural. No eres perfecto. ¿Y sabes qué? Nadie lo es, y eso está bien. Lo que tú haces constantemente, el protegernos y velar por nosotros, el preocuparte por cualquiera más que por ti mismo te hace ser lo suficientemente perfecto. Y no importa las veces que falles, eso no te hace menos que el resto. - declaró hinchando un poco las mejillas en modo de enfado. - Te quiero tal y como eres.
- Nami…
Sin esperárselo, el pelinegro envolvió de nuevo a la navegante con sus brazos. Sabía lo increíble que era la chica, pero aquellas palabras le habían tocado más de lo que esperaba.
- Gracias, Nami. Gracias por aguantarme siempre y decidir quedarte conmigo a pesar de todo. - dijo él.
- ¿Q-Qué estás diciendo tan de repente, idiota? - pregunto ella avergonzada y apartándose de su lado.
- Shishishi.
- D-Debería irme a dormir. - dijo ella levantándose con rapidez soltando la mano del chico quien la tenía sujeta aún. Busco por todos lados la taza de chocolate que se había hecho tiempo atrás y la encontró al lado de su capitán vacía. - Luffy…
- Dime, Nami.
- ¿Te has bebido todo mi chocolate? - preguntó aún con la mirada sobre la taza.
El chico bajó la cabeza hacía dicha bebida y efectivamente no quedaba ni una gota de ella.
- ¡Oh vaya! ¡Eso parece! ¡Shishishi!
- ¡¿Cómo que eso parece?! ¡Era mi chocolate!
- Pero no pasa nada, puedes hacerte más ¿no? - preguntó con inocencia. Vio como la chica se dirigía hacia él con paso lento y la mirada sombría. - ¡E-Espera! ¿Q-Qué estás haciendo, Nami?
- Voy a golpearte hasta que saques todo lo que te has bebido. Prepárate.
- ¡N-No, Nami!
Y tal y como dijo, la chica golpeo repetidas veces al muchacho. Le quería, sí, lo amaba, pero definitivamente era un auténtico idiota.
· ~ · ~ ·
Bien, aquí el Fic. ¿Qué os ha parecido? ¿Os a gustado? A mi parecer a quedado muy bien, pero lo dicho. No se qué hacer. Si dejarlo tal cual está, o continuarlo.
Lo que podría hacer sería que Nami tuviera pequeñas charlas con Luffy sobre sus preocupaciones, al fin y al cabo no se las ha contado todas. No estaría mal, tampoco, ¿no?
Bueno, decidme en los comentarios si os ha gustado y qué queréis que haga, y si tenéis alguna idea de como podría continuarla podéis decirlo. Os estaré leyendo y contestando.
¡Adiós Adiós!
