Esta historia participa en el reto "Arcoíris Mágico del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black.
En el sorteo me tocaron Emmeline Vance y Remus Lupin. Al menos uno de ellos tenía que pertenecer al colectivo LGTBIQ, así que Remus es bisexual (sobre todo por el tema de Tonks, si no sería gay).
En plena guerra
i
Emmeline se irguió al ver a dos figuras girar la esquina, pero tras unos segundos bufó y volvió a echarse contra el árbol.
—¿Nada? —preguntó Remus a su lado.
—Otra pareja de borrachos —contestó Emmeline frunciendo el ceño mientras jugaba con su pelo.
Las vigilancias eran, en su opinión, la peor parte de trabajar para la Orden. Eran un recordatorio constante de que avanzaban a ciegas. Tres de cada cuatro chivatazos solían ser falsos y cuando no lo eran, ya les estaban esperando cuando llegaban. Para colmo, esa noche hacía tanto frío que Emmeline no sentía los pies. Claro que no tenía sentido quejarse de esas cosas cuando estaban en medio de una guerra.
—Ya van cuatro esta noche —dijo Remus.
—¿Crees que alguien se daría cuenta si dejásemos el puesto para irnos a dormir? —dijo Emmeline mostrando una media sonrisa.
—Moody lo haría. No merece la pena
Emmeline chasqueó la lengua. Tenía razón. Pero ese no era el motivo por el que su compañero se quedaba. No conocía mucho a Remus, pero sí sabía su sentido de la responsabilidad no le dejaría abandonar un puesto de vigilancia. Ni siquiera ese día, que sus ojeras parecían fosos y estaba más pálido de lo habitual, había hecho el amago de escaquearse.
—¿Mala noche?
Normalmente los estados de ánimo de Remus estaban relacionados con las fases lunares, pero la luna llena había pasado dos semanas atrás, así que tenía que ser algo diferente. Remus se encogió de hombros.
—Últimamente hay pocas buenas.
Y aunque hizo un gesto de manos señalándolos a ellos, sentados bajo un árbol, en pleno invierno, ocultos por un encantamiento desilusionador; había algo más detrás de su expresión. Emmeline no presionó, ni siquiera eran amigos, simplemente el azar les había puesto en el mismo bando en la guerra. Al menos eso significaba que algo tenían en común: afición por las causas perdidas
ii
Emmeline recordaba perfectamente la primera vez que había visto a Sirius Black. Fue un día de verano, en la primera visita de los nuevos reclutas de la Orden al cuartel. Los ojos del resto de los jóvenes vagaban por la habitación, pegando un respingo cada vez que veían algo extraño e intentando no mirar fijamente a Alastor. Pero los de Sirius Black no.
Lo reconoció al instante, era justo como se lo habían descrito: alto, con el pelo hasta los hombros y apoyaba la espalda en la pared en una postura que pretendía ser despreocupada. Lo único que delataba su inquietud era la manera en la que sus ojos grises seguían a un Remus Lupin debilitado por la luna llena como si fuese a desfallecer en cualquier momento y él tuviese que estar ahí para cogerlo.
Pero cuando lo vio entrar ese día a la reunión de la Orden, algo había cambiado. Para empezar, Sirius entró solo, con una postura tensa, preparado para un ataque. James, Lily y Peter ya estaban en el cuartel, en una de las esquinas de la habitación, hablando con Fabian y Gideon. Se sentó al lado de sus amigos y, Emmeline tenía que reconocerle que era un buen actor, hizo un comentario para luego reírse de manera escandalosa.
Como si eso no fuera poco, Remus entró en la sala unos minutos después, con los hombros caídos y una expresión cansada, y se sentó con sus amigos, casi sin mirar a Sirius. Emmeline miró a su alrededor y sonrió al ver que Dorcas también se había dado cuenta. Su amiga le sonrió. Dorcas siempre era la persona a la que acudir si querías enterarte de algo sobre alguien. Había sido así en Hogwarts y en la Orden no había cambiado.
Cuando su mirada se cruzó con la de Remus durante la reunión, Emmeline se esforzó por sonreírle. Remus le sonrió de vuelta y se encogió de hombros como había hecho la noche anterior. Emmeline no necesitó nada más para entenderlo.
iii
—¿Mala noche? —preguntó Remus cuando la vio llegar y le ofreció una cerveza de mantequilla.
Dorcas había hecho un trabajo increíble con él. Le había afilado la nariz, pintado pecas sobre las mejillas y oscurecido el pelo. Pero sus ojos seguían siendo del mismo color miel.
Emmeline sonrió, se sentó a su lado y le dio un trago a la cerveza.
—Que va, este es el mejor plan que he tenido en toda la semana. —Remus soltó una carcajada—. ¿Quién es nuestro amigo?
—El pelirrojo que está en la mesa de la esquina. —Emmeline miró disimuladamente y vio a un hombre sentado de manera relajada entre las sombras de la taberna.
—Le conozco. Trabaja conmigo en el Departamento de Misterios.
—¿En serio? ¿Un inefable?
—En el Departamento de Misterios hay la misma gente imbécil que en el resto de los sitios. Es decir, muchos. —Remus sonrió—. Es de los nuevos, estará buscando un ascenso fácil.
—Nada mejor que la magia oscura para garantizarte un buen puesto.
—Exacto, ¿lleva mucho tiempo aquí?
—Unos veinte minutos. Ni se ha movido.
—Pues a esperar —dijo Emmeline dando un sorbo a su cerveza. Remus asintió.
Al menos no estaban al raso, pensó Emmeline. La barra de la taberna estaba tan sucia que se podía dibujar en el polvo, así que Emmeline empezó a pasear el dedo haciendo formas.
—Una pena que seas inefable —dijo Remus tras unos minutos. Emmeline le miró con una ceja alzada—. El arte moderno ha perdido a una joya contigo.
—Lo sé, es uno de mis talentos ocultos. —La expresión de Remus se torció durante un instante—. Perdón, ha sido un comentario demasiado Black, ¿verdad?
—¿Qué? No es eso, yo… —Emmeline se encogió de hombros.
—No hace falta que me mientas, Remus, y tampoco que me lo cuentes —contestó la joven, poniéndole una mano en el hombro.
—Sé que es una tontería tener el corazón roto en medio de una guerra —dijo Remus tras unos segundos y se encogió en el asiento.
—Como si lo hubieses elegido tú.
—A lo mejor hace un mes sí que lo habría elegido —contestó el joven—. Pensaba que iba a funcionar.
—Puede que termine funcionando. No sabes la cantidad de peleas que han tenido Alice y Frank estos años. Casi me han vuelto loca.
—No creo que sea lo mismo.
A Emmeline le habría encantado decir algo más, incluso darle un abrazo, pero el hombre pelirrojo se levantó de la mesa de la esquina y salió de la taberna. Remus se tensó. Ambos asintieron y esperaron unos segundos antes de salir detrás de él.
iv
—¡Mierda! —exclamó Emmeline mientras trataba de presionar la herida del pecho de Remus para cortar la hemorragia.
Se había desaparecido con su amigo en brazos, arriesgándose a una despartición, pero había sido eso o morir en una calle desierta de Londres. Estaban en medio de un parque, cerca de Covent Garden. Estaban al lado de su apartamento, era el primer sitio que se le había ocurrido. Su patronus, un lince, había desaparecido hacía unos segundos en busca de quien estuviese de guardia en el cuartel.
—Gracias por sacarme de ahí —dijo Remus con un hilo de voz.
—Agradecemelo cuando salgas vivo de esta —contestó Emmeline—. ¡Una emboscada! Debería haberlo visto venir.
—No te culpes. —Los hechizos se habían diluido y las pecas iban desapareciendo del rostro de Remus.
—¿Para qué nos sirve estar en el bando de uno de los mejores aurores en la actualidad si seguimos cayendo en las emboscadas? —Sus manos estaban llenas de sangre y por más que presionaba, esta no dejaba de salir. Remus había dejado de contestarle—. ¡Mierda!
El sonido de una desaparición a su lado le hizo tensarse.
—¿Vance? —exclamó una voz.
—¡Black! —A Emmeline se le saltaron las lágrimas. Nunca había estado más contenta de oír a alguien—. ¡Aquí!
Dorcas y Sirius aparecieron detrás de unos árboles y Emmeline se apartó de Remus para dejarle sitio a su amiga. Que Dorcas estuviese ahí era un milagro.
—¿Qué ha pasado? —Sirius se encaró con ella.
—Estábamos siguiendo a un tipo —explicó Emmeline, aún sin aliento—. Moody nos dijo que iba a reunirse con unos mortífagos para un intercambio de mercancías.
—¿Y? —Sirius no podía quedarse quieto, movía el pie y se revolvía el pelo con las manos.
—Era una emboscada. Eran demasiados, 7 por lo menos, y nos dimos cuenta tarde.
—¿No estabais atentos? —Emmeline estaba a punto de lanzarle un hechizo a Sirius cuando Dorcas habló.
—Cállate, Black. Nosotras también estamos preocupadas y yo necesito concentrarme.
Sirius, como un perro herido, bajó la cabeza y se sentó al lado de Remus, sosteniéndole la mano. Dorcas no dejó de murmurar hechizos hasta pasados unos minutos. Emmeline se acercó.
—Ya está fuera de peligro —dijo Dorcas, dejando caer los brazos. Emmeline suspiró y las piernas le fallaron, pero fue capaz de mantenerse en pie. Remus estaba dormido y la mano de Sirius seguía sobre la suya—. Volvamos al cuartel
Antes de girarse hacia Dorcas para desaparecerse con ella, a Emmeline le pareció ver una lágrima en la mejilla de Sirius. No se quedó para comprobarlo.
v
Cuando Remus entró en la cocina del cuartel, Emmeline se estaba riendo de un chiste de Edgar. Se despidió con un gesto de la mano y se dirigió hacia el joven con su taza de café en la mano.
—Buenos días —dijo apoyándose en la encimera.
Remus le sonrió. Tres días antes había estado a punto de morir y en ese momento parecía más vivo que nunca.
—Buenos días —contestó sirviéndose un café—, ¿voy a tener que empezar a llamarte mi salvadora?
—Espero que no. ¿Todo bien?
—Mejor que nunca —dijo Remus—. ¿Está mal decir eso en medio de una guerra?
—Creo que es uno de los mejores momentos para decirlo, ¿cómo diría Dumbledore? La esperanza es lo que ilumina los tiempos más oscuros. —Emmeline trató de hacer su mejor imitación del director de Hogwarts mientras se acariciaba una barba invisible.
Remus soltó una carcajada.
—Habrá que hacerle caso, al fin y al cabo, es el mejor mago de su generación. —Emmeline sonrió.
—Black parecía bastante preocupado la otra noche.
—Creo que lo estaba, arreglamos las cosas.
—Nada como estar en el umbral de la muerte para arreglar tu relación —contestó Emmeline.
—Brindo por eso —dijo Remus levantando su taza de café.
—Espero que la próxima vez no lo necesitéis —contestó Emmeline mientras chocaba su taza con la del joven.
vi
Todos los miércoles se encontraban en una de las cafeterías del Callejón Diagón. A veces hablaban de la guerra, de la pérdida, del sentido de todo, pero otras veces simplemente se quedaban en silencio, disfrutando de la compañía, mientras trabajaban o leían. Cada vez que sus ojos se encontraban, Emmeline sonreía y sabía que Remus se esforzaba por responderle, pero su sonrisa, como todo en su amigo, era un fantasma de la que Emmeline había conocido durante la guerra.
—¿Alguna vez has estado enamorada? —le preguntó Remus uno de los días que quedaron sin levantar la mirada de su pergamino.
Emmeline tardó unos segundos en contestar.
—No, pero he querido a mucha gente.
Nunca había querido a Frank de la manera en la que él quería a Alice, pero no tenía duda de que eso también era amor.
—Yo sí que lo he estado —Emmeline asintió. Remus no hablaba demasiado sobre Sirius. No solía hablar de sus amigos, pero cuando lo hacía, se esforzaba por no mencionarlo—. Es una sensación que te llena y te consume. Es a la vez lo mejor y lo peor del mundo.
—Siempre fuisteis intensos —contestó Emmeline.
Remus asintió lentamente.
—Cuando estaba con Sirius, al menos al principio, me sentía invencible, como si los dos juntos pudiésemos cambiar el mundo, luchar contra cualquier cosa. —Remus formó una sonrisa torcida—. Pero a él le pasaba lo contrario, se veía más vulnerable, con más puntos débiles. Al final tengo que darle la razón.
—A lo mejor es las dos cosas —contestó Emmeline—. Si sirve de algo, yo creo que te seguía queriendo.
Remus se encogió de hombros.
—No sé que prefiero pensar. Me gustaría odiarlo y que él me odiase a mí.
—Ojalá las cosas fuesen tan fáciles —contestó Emmeline—. Pero suficiente daño te ha hecho ya como para que encima te castigues por como te sientes hacia él.
—¿Desde cuándo eres tan sabia? —preguntó Remus con una media sonrisa. Emmeline le imitó, había aprendido a no presionar a su amigo. Ella se sentía como en casa con él y quería que él se sintiese igual.
—Es otro de mis talentos ocultos.
—Los voy descubriendo poco a poco.
—Y lo que te queda —contestó Emmeline sonriendo y le pareció que Remus sonreía sin tener que forzarlo. Y eso, teniendo en cuenta el historial, era una pequeña victoria.
Nota de autora: vale, no está beteado, así que perdón por los dedazos y por las comas (lo he revisado tres veces, pero seguro que se me ha pasado alguna o he puesto de más, como veréis, soy experta en puntuación). Aparte de eso, esta es la primera vez que escribo un wolfstar y espero no haberla cagado demasiado.
Desde que leí el reto, estaba convencida de que quería escribir un fic sobre amistad y bueno, adoro mucho a Emmeline y a Remus y creo que se apoyaron mucho después de la guerra, porque casi son los dos únicos supervivientes de la Orden original (y si yo fuese Remus, preferiría hablar como Emmeline que con Moody, que debe tener la inteligencia emocional de un ladrillo).
Me encanta escribir sobre la primera guerra y espero que hayáis disfrutado leyéndolo :3 (es probable que haya escrito esto en una noche porque no me convencía nada, pero bueno, la última hora es mi amiga).
