Parte 2.

Era un día soleado y bastante tranquilo, Trowa ya tenía un propósito de nueva cuenta. Quizás no trabajaba al mismo ritmo que su mente le ordenaba, pero ver todos los días una vez más a Quatre le hacía muy bien emocionalmente, no le molestaba tener que aguantar un momento más en eso, en la verdadera misión que debía llevar a cabo. Por eso mismo se tuvo que contener de enviarle algún tipo de mensaje a sus otros compañeros ya que éstos le presionarían a que se apresurara y ahora Quatre se veía más frágil que nunca, ligeramente perdido, despistado, y siempre hermoso, pero en esa condición no sería para nada útil en la misión.

No encajaba en lo más mínimo en el ambiente en que se desenvolvía, estaba tan fuera de lugar como él mismo se sentía ahí, en un sitio tan tranquilo y libre de estrés y preocupaciones, donde sólo se escuchaban ambulancias transitando porque en el siguiente pueblo se daban muchas disputas entre pandillas locales; fue lo primero que investigó para descartar cualquier posible riesgo, porque un alto flujo de ambulancias y patrullas circulaban por la calle principal del pueblo.

Era un pueblo de paso, sólo se detenían las personas para recargar sus baterías en ese pequeño pero acogedor restaurante, y pese a que Quatre resaltaba entre los demás ocupantes del sitio, no llamaba tanto la atención, porque la gente no le daba mucho interés a un sitio demasiado insignificante como ése.

Lo mismo habría pensado él de no haberse topado con Quatre en un primer plano, habría ignorado por completo el lugar.

Sólo poseía a su favor que ahí encontró a la persona que significaba todo para él.

Era su segundo día visitando el café, y tal como el día anterior el plan incluía estar ahí una gran parte de su día, sin importarle que pudiese aburrirse. Llevaba consigo un libro, Demian de Herman Hesse, uno de los favoritos de Quatre, porque quería ir muy sutilmente metiendo fragmentos de ellos dos en su mente, aunque no sabía qué tan bien o qué tan mal su técnica fuese a funcionar.

Su fuerte siempre había sido en el campo de batalla, lo psicológico y emocional siempre lo manejaba Quatre.

—Buenos días —le saludó Quatre, dirigiéndose a su mesa y entregándole un menú.

Ya llevaba el café consigo y sirvió un poco en la taza que acababa de voltear; parecía complacido con la presencia de Trowa como si hubiese esperado que se apareciera de nueva cuenta por ahí, pero no se hubiese hecho demasiadas esperanzas y ahora se encontraba recibiendo una sorpresa muy placentera.

Podía apreciar un brillo de familiaridad en sus ojos, pero en su postura se podía ver que aún guardaba ciertas reservas.

El problema de no recordar bien quién era.

—Buen día, Quatre —le saludó, su voz agradable y suave, recogió el menú que se grabó en la mente de tanto que lo vio el día anterior—. Un sándwich de pavo y una malteada de chocolate.

De nueva cuenta una mezcla de lo que él siempre ordenaba con algo de lo que Quatre ordenaba para él.

Vio como el rubio parecía ligeramente confundido por un segundo solamente y asentía, al hacer esto su flequillo se despeinó y cubrió parcialmente uno de sus ojos.

Tuvo el reflejo de apartarlo, pero justo cuando se movió, recordó la situación actual, y lo cubrió fingiendo que necesitaba estirarse y por eso el súbito movimiento. No quería crear una mayor confusión en alguien que no estaría preparado para ella.

—Antes de traer tu orden —Quatre hizo una pausa y le sonrió, parecía sutilmente nervioso, pero decidido, se podía leer en lo claro de sus ojos y en la forma en que su postura le delataba—, ¿podría saber tu nombre?

Trowa movió la cabeza en una afirmación, bajó la mirada para parecer bastante casual y luego volvió a encontrar sus ojos con los del otro.

—Trowa Barton.

Volvió a ver un atisbo de confusión tornarse en reconocimiento momentáneo, y luego también vio como sacudía la cabeza, casi como diciéndose a sí mismo "no, Quatre, estás mal".

—Mucho gusto, Trowa —recogió el menú y se dirigió a la barra, donde Rose observaba fijamente a Trowa y entrecerraba los ojos.

Como buen soldado, también investigó quién era ella y no encontró nada extraño. Quizás ella sólo se preocupaba por Quatre, ya que éste tenía la habilidad de conseguir que todo el que le conociera pensara bien de él.

Debía ser por lo buena persona que podía llegar a ser cuando no estaba en modo soldado.

~o~

Lo estaba convirtiendo en una rutina, era el tercer día que llevaba ahí, se había dado una larga ducha y se dirigió al restaurante, donde desayunaba, comía y cenaba. La noche previa trazó un plan, no estaría todo el día ahí, porque desconcentraba a Quatre, se percató de ello el día anterior.

Tal vez su cerebro lo encontraba demasiado familiar y empleaba en reconocerlo demasiada de su atención, de modo que se confundió un par de veces al entregar las órdenes de los clientes. Uno de ellos incluso respondió hostilmente a la confusión, y Trowa tuvo que intervenir, pidiéndole al cliente que tuviera un poco más de paciencia.

Quatre se disculpó y ni siquiera se quejó cuando vio que no le habían dejado propina.

Ese día estaría sólo lo necesario para cubrir su cuota diaria de Quatre y se daría una vuelta por el pueblo, porque aún tenía que averiguar por dónde había llegado Quatre para terminar donde estaba, quizás si lograba descifrarlo, sería más fácil ayudar a éste a que fuera con él y buscar la forma de recuperar sus recuerdos.

Sabía que había sido una experiencia traumática, los cinco en algún momento fueron prisioneros, pero no en el mismo sentido que Quatre. Incluso el mismo Quatre, en ocasiones anteriores corrió con esa misma suerte, pero sobre la misma marcha lograban liberarse.

Esa ocasión no había sido así, se lo llevaron de su oficina en Winner Enteprise Inc., estaba muy ocupado y estresado por cuestiones de negocios, y debido a esto no pudo defenderse como hubiese querido en ese momento, y todo eso tenía pinta de ser un trabajo interno.

Lo supo cuando vio el vídeo, Quatre parecía tener sueño y su cuerpo estaba demasiado laxo, mientras lo manejaban a su antojo sus captores, quienes llevaban máscaras. Después se los confirmó Preventers, cuando hicieron los análisis pertinentes en el resto de los empleados de Quatre, estaban bajo los efectos de un gas adormecedor, que soltaron por las ventilas de aire.

Llegó, se sentó en la mesa que ya consideraba como suya y esperó a que Quatre le llenara la taza de café.

—Buen día, Trowa —le saludó, mientras le sonreía—, ¿qué vas a ordenar?

Enfocó su atención en el rubio, vio cómo se ruborizaba debido a esto, y también retornó el gesto, en una sonrisa breve.

Una parte de él, el soldado, estaba furioso consigo mismo por desperdiciar tiempo valioso. Pero la parte humana, la misma que pasaba demasiadas noches en vela por la incertidumbre del paradero de Quatre, le pedía que lo disfrutara un poco más, sólo lo suficiente antes de tener que lanzarse un clavado de nueva cuenta al peligro de ser soldados en medio de una misión.

—Lo mismo de ayer —fue toda su respuesta.

Podía perder un día más, lo sabía. Sin afectar el resultado final de la misión.

~o~

Wufei comprendía que los estaban siguiendo, pero también sabía muy bien como despistar a quienes obedecían las órdenes de Preventers de encontrarles. A veces se preguntaba si los altos mandos olvidaban que era él quien se encargaba del entrenamiento avanzado de todos los soldados, por lo que era obvio que ninguno superaba las habilidades que él poseía, siendo todos en algún punto sus alumnos.

Esconderse era un arte, y él se sabía un artista.

Tras buscar en medio de la noche, encontró refugio en una casa abandonada, y luego huyó de esta por un túnel subterráneo que encontró sin buscarlo, pero que estaba convenientemente oculto en la chimenea. Tenía quemaduras leves en una de las manos, pero dejó prendido un fuego en la misma chimenea por donde halló salida, para que no sospecharan que ese fue su punto de escape.

El ardor en la mano era algo a lo que estaba acostumbrado y valió la pena; había recibido disparos, golpes, incluso una vez fue alcanzado por una explosión que, si bien sólo le hizo salir disparado y lo estrelló violentamente contra el suelo, sí lo dejó muy golpeado… pero era uno más de los gajes de su oficio. Nada nuevo.

Desde que la misión inició no conocían lo que significaba descansar y pese a todo lo que hacían para concluirla, ésta continuaba prolongándose. Llevaban un aproximado de cinco meses para ser sólo el robo de unos códigos de lanzamientos de armamentos nucleares.

El problema surgió por el secuestro de Quatre, del que se sentía parcialmente responsable.

Todos vieron el vídeo varias veces, hasta que Lady Une se los prohibió, porque le dedicaban más tiempo del necesario en vez de hacer su trabajo, que consistía en recuperar los códigos, y como se rehusaron a darle prioridad a esto, y decidieron continuar con la búsqueda de Quatre, se les cerraron varias puertas dentro de Preventers.

Suponía que procedieron mal, porque si hubiesen seguido indicaciones, y trabajado bajo el agua con sus propios planes, ahora no estarían huyendo y siendo perseguidos por una bola de novatos que no sabrían jamás que les había golpeado.

Era lo bueno de trabajar solo y el motivo por el cual se separó de Heero y Duo, estaba al tanto que su progreso era notorio. Y tal como Heero, no se preocupaba mucho por la ausencia de Trowa, sería el primero en saber si se convertía en prisionero de guerra.

Seguro sólo necesitaba un poco de tiempo a solas.

Con sigilo, ingresó al centro de video, donde se hallaba guardado aquel del secuestro de Quatre. Llevaba días dándole vuelta en su cabeza, y juraba recordar algo que podría ayudarles en todo esto, pero no podía arriesgarse a actuar sólo de memoria, necesitaba confirmarlo para no meterse en más graves problemas.

Suficientes dificultades tenían siendo fugitivos de sus propios jefes.

Se hizo de la cinta que buscaba y la reemplazó con otra, suponía que Duo estaría orgulloso de él porque era un vídeo pornográfico que había encontrado en la casa abandonada, y que servía para cubrir el vacío que dejaría la otra cinta.

~o~

Tengo la cinta. Fue el mensaje que les hizo llegar Wufei, habían hecho el plan de robarlo porque los tres consideraban que existía algo más detrás de todo eso. Era bien sabido que Quatre era un soldado además del CEO de WEI, pero nadie más estaba enterado que fue él el encargado de aquella misión.

Era de suponerse que entonces la información se filtraba desde el interior y que era debido a eso a que continuaban sin avanzar demasiado. Alguien estaba poniéndoles trabas desde adentro; de nueva cuenta, Heero pensaba que quien estuviera haciéndolo, seguramente no sabía lo que estaba ocasionando.

Wufei era de los mejores, y quien los entrenaba. Jamás enseñaría sus mejores trucos.

—Wufei tiene el vídeo —comentó Heero, Duo estaba sentado en el otro lado de la habitación que compartían.

Continuaban esperando a que Wufei les diera las coordenadas del punto de reunión, pero en el mensaje previo a ese último, les dijo que primero se encargaría de acabar con el traidor, si es que existía uno, y luego los buscaría.

Eso le tomaría cuando mucho un par de días, debido a que estaban ocultándose.

—¿Qué podemos hacer nosotros en estos momentos? —preguntó Duo, empezaba a aburrirse de tanta tranquilidad, y tanto Wufei como Heero le hicieron ver que lo más probable fuera que Trowa sí estaba por su cuenta, quizás sufriendo a Quatre o buscándolo, como dijo que haría, sin descanso hasta encontrarlo.

—Por el momento, esperar —dijo, aunque tampoco le gustaba.

Heero sabía que seguían teniendo soldados tras su pista, pero debía culparse a sí mismo y a Duo, porque en algún momento les dejó de prestar atención, y desconocía cuál era su situación actual. Siempre se mantenía pendiente, pero en esa ocasión se bloqueó de repente porque Duo le confundió.

En medio del sexo le confesó su amor, y si bien podían haber brotado las palabras por el clímax del momento, como algo inesperado, le descolocó demasiado verlo entregado de lleno a la pasión, al placer, a su cuerpo y a los movimientos frenéticos de ambos persiguiendo el orgasmo.

Por eso pasó la noche en vela, confundido a más no poder.

Y ahora realmente sólo les quedaba esperar. A él también, porque no iba a preguntar, por mucho que su curiosidad se lo estuviese exigiendo. No era el momento para ese tipo de distracciones.

Se acostó en la cama y sintió como el teléfono volvía a vibrar, sin rastro alguno del mensaje de Wufei, en esta ocasión la vibración diferente pertenecía a la de una llamada entrante.

Número desconocido, se alcanzaba a leer, pero aun así tomó la llamada sabiendo que si llegaban a meterse en problemas tendrían que huir.

~o~

Finalmente, al cuarto día después de desayunar con Quatre, aprovechando que el lugar estaba vacío salvo por él, la culpabilidad le golpeó de lleno porque lo que hacía estaba mal. El propio Quatre se lo reclamaría si no estuviese amnésico y perdido, sobre todo porque desperdiciaba tiempo en el que podría estar ayudando a los otros pilotos Gundam.

Por eso disfrutó el desayuno, sería el último en el que no estaría en modo soldado, y el último en quien sabe cuánto tiempo en que estarían ambos tan relajados y a gusto en la presencia del otro.

Se grabó en la mente la imagen del relajado y sonriente Quatre que se reía abiertamente y que le miraba con demasiado interés, así como él también lo veía.

Cuando terminó se despidió de Quatre, quien le dio un abrazo fuerte mientras le decía que lo esperaba para la hora de la comida, y lo vio perderse tras la barra entrando a la cocina para llevar los platos sucios del desayuno.

Había caminado hasta las afueras del pueblo, donde vio una caseta telefónica.

Tenía memorizado el número de ese viejo teléfono móvil que Relena le entregó a Heero para estar en contacto con él en caso de emergencias, y del que sólo ellos seis sabían de su existencia.

Heero tardó en tomar la llamada, pero lo hizo, y se vio obligado a entrar en el modo soldado.

—Soy yo, Trowa —fue lo que dijo, identificándose antes que Heero cortara la llamada—, y encontré a Quatre.

—¿Dónde están? ¿Están bien? —escuchó que le preguntaban.

Expulsó aire y asintió, a sabiendas que no lo veían.

—Estamos bien, todo bien... sólo hay un pequeño detalle —hizo una pausa, expulsó más aire, queriendo sacar así su frustración, aquella que no sabía tenía acumulada en su interior al ver que encontrar a Quatre no solucionaba el problema como llegó a pensar—. Quatre no recuerda quien es, y por eso aún no le he dicho nada. Les enviaré mi ubicación más adelante, por ahora tengo que trabajar en Quatre.

Cortó la llamada.

~o~

Wufei no se mostró sorprendido, era algo que ya veía venir. En el vídeo se veía claramente como de repente varios miembros del staff parecían adormilados y confundidos, menos el nuevo interno, aquel mismo soldado de Preventers que era el peor de la clase de avanzados que impartía Wufei. En la cinta se apreciaba claramente cómo se colocaba la máscara de oxígeno antes que entraran los demás y apuntaran con sus armas a un semidormido Quatre que no daría pelea en esa situación.

Vio como lo sacaron a empujones y lo iban custodiando, también alcanzó a distinguir el intercambio de palabras del soldado con los demás terroristas y maldijo a Une, porque esa parte del vídeo la veía por primera vez. Quizás ellos mismos no lo habían visto completo porque Une podía ser una desgraciada de tiempo completo, pero jamás pondría en riesgo la vida de Quatre al estar en una misión del tipo en que estaba.

Ingresar a la base de datos de Preventers y dar con el traidor sería pan comido.

~o~

Duo supo en ese momento que pecaron de exceso de confianza cuando las luces fallaron en el sitio donde estaban, porque miró por la ventana a través de la entreabierta cortina, y en todos los demás sitios había energía eléctrica, pero no le quedó más remedio que seguir su instinto y rodar en el suelo, para meterse bajo la cama.

Heero se hallaba en el baño, terminando su ducha.

Ambos sabían que no iban a comunicarse con palabras, porque eso sería revelar su ubicación a quienes los hubieran encontrado.

Cuando la puerta se abrió, fue la que daba al exterior, lo que significaba que Heero seguía en el baño quizás esperando el momento ideal para salir de ahí y pelear.

El intruso quería ser sigiloso, pero no lo era, sus pasos eran demasiado fuertes y estaba nervioso, se dio cuenta cuando accidentalmente derribó una lámpara y el sonido de ésta haciéndose añicos en el suelo, sirvió como medio de espanto al mismo soldado.

El leve quejido de sorpresa casi le hizo reír, pero se contuvo. Después de todo, él era un mejor soldado.

Escuchó que cargaba su arma y empezaba a disparar en todas direcciones y en ese momento la puerta del baño se abrió.

La demora de Heero se debió a que, dentro del baño estuvo calculando el punto en que se encontraba el soldado. Ya afuera, alzó su arma y disparó, la bala le dio en la frente al soldado y lo derribó. Duo entre las sombras pudo verlo caer y quedarse quieto, muerto.

No era el único, dos soldados más entraron y Duo rodó bajo la cama hacia el soldado caído, le arrebató el arma y disparó a uno de los dos soldados, como estaba en movimiento, no fue un disparo letal, y debido a esto también recibió él el impacto de una bala, no supo el momento exacto, pero sintió el dolor paralizándolo de forma momentánea.

Lanzó un segundo disparo y asesinó al hijo de puta que lo había herido, el tercer soldado parecía confundido. Heero fue quien le dio, pero sólo lo dejó herido.

Su mayor preocupación era llegar a Duo, y así lo hizo; lo sujetó bruscamente, jalándolo del brazo y lo llevó con él al baño.

—Saldremos por la ventana —ordenó y lo ayudó a subirse a la taza de baño.

El golpe cuando cayó al suelo no le dolió tanto debido a que aún sentía el balazo en el hombro y la sangre tibia manchándole la ropa. Rodó porque sabía que Heero también caería, y lo hizo junto a él, también se recuperó mucho más rápido.

No supo cómo, pero pronto estuvieron lejos de ahí, en una abandonada base militar donde ocasionalmente ocultaban los Gundams.

Se dejó vencer por el cansancio y el dolor, sintiéndose protegido por la presencia del piloto del Cero Uno.

La inconsciencia no sería tan mal, sería una buena pastilla para dormir.