Parte 3.
De repente, la lluvia empezó a caer y el sonido reconfortante de ésta era una buena banda sonora para el momento, sobre todo porque estaba sintiéndose bastante nostálgico y no lo comprendía muy bien.
Llevaba un aproximado de dos meses en ese pueblo, donde encontró refugio después de no saber de dónde venía y porqué era que estaba en tan mal estado. Rose, quien fue su primer contacto, y quien le ofreció el trabajo, le aseguró que era un lugar tranquilo y que ahí no pasaba nada, nunca, por lo que su seguridad era una garantía.
Pero desde el momento en que el extraño de ojos verdes, que posteriormente se había identificado como Trowa Barton, tuvo entrada en su vida, no podía evitar tenerlo en su mente una gran porción de su día, mezclándose con las órdenes que recibía de los comensales del lugar y las indicaciones de Rose de cómo trabajar, y las cuentas de las órdenes que recibía.
Su mente era un remolino, todo él estaba experimentando varias emociones al mismo tiempo, sentimientos encontrados a los que no les hallaba sentido, pero suponía que era debido a su propia amnesia. A duras penas recordaba su nombre, así sin ningún apellido.
Solamente sabía que se llamaba Quatre y que tenía que alejarse del sitio donde despertó, porque no se sentía a gusto ahí. Además, las heridas y raspones que tenía le decían que alguien le lastimó.
Una parte de él no quería averiguar qué era lo que pasó con él, pero otra parte de sí no podía vivir con la incertidumbre. Aunque se había hecho a la idea que esperaría, hasta que su propia mente se aclarara, ya que era como si hubiese anunciándose una tormenta en ésta y las oscuras nubes no permitían la luz del sol brillar.
El problema se llamaba Trowa Barton, el mismo cliente frecuente y atractivo que le llamaba mucho la atención, con sus ojos verdes, su sonrisa breve y la forma en que le miraba, como si no pudiese creerlo, y al mismo tiempo como si siempre lo hubiese visto así, con una intensidad que no tenía explicación para él, pero le hacía experimentar una placentera emoción.
Era todo tan extraño, pero le gustaba y mucho.
Se sentó en la barra, porque debido a la lluvia, nadie estaba entrando al local y se sirvió una taza de café a la que echó bastante azúcar.
—¿Todo bien? —le preguntó Rose, mientras pasaba el trapo por la barra, aunque ésta estuviese limpia.
Y es que la melancolía era muy visible en el rostro bonito y pálido de Quatre, en la forma en que sus ojos parecían imitar el sombrío clima, en la curvatura de su boca, opuesta a una sonrisa.
Le regaló un asentimiento y una sonrisa, y en ese momento la puerta se abrió, ninguno de los dos se percató de que alguien estaba acercándose.
Quatre sólo pudo iluminarse de forma veloz, cuando vio que quien iba bajo el paraguas negro era Trowa, salpicado de lluvia y lodo, pero alto e imponente como siempre, con algunas gotas resbalándole en el rostro.
—Buenos días —saludó y vio como Rose se acercó a Quatre y le daba un empujón en su dirección.
—Buen día —respondió ella y se perdió atrás, en la cocina, dándoles privacidad a ellos dos.
Quatre sólo se ruborizó y fue por el café, para servirle a Trowa, y después se movió con su taza hacia donde Trowa se sentó, le entregó el menú como era su costumbre y antes de sentarse habló.
—¿Vas a ordenar algo? —una pausa—, ¿o podemos platicar?
Trowa pareció sorprendido por un momento, como si no hubiese visto venir eso, pero sacudió la cabeza y se paró, tomó de la barra una rebanada de pay de fresa que había en una bandeja y regresó a su asiento.
—Podemos platicar.
~o~
En algún momento, la voz de Heero le llegó, estaba hablándole con urgencia, pidiéndole que se despertara, notaba un leve matiz de preocupación en la voz del otro y se sintió complacido debido a esto, un paso más en su relación con el piloto del Cero Uno, pero no podía responder, porque sus párpados pesaban demasiado y todo su cuerpo del mismo modo, y quería continuar durmiendo, se sentía cansado, demasiado débil.
Pero era necio y quería obligarse a sí mismo a abrir los ojos, luchó con toda su fuerza, su voluntad era de hierro y consiguió abrirlos, para encontrarse con el rostro preocupado de Heero muy cerca del suyo.
Continuaba sintiéndose débil y cansado, pero soltó un suspiró y pudo formar una sonrisa.
Con el movimiento de su cuerpo, sus sentidos parecieron reaccionar y sólo gruñó ronco porque el dolor en su hombro le hizo arquearse de la intensidad.
—Tienes la bala aún dentro, tendré que extraerla.
No se veía preocupado, pero podía notar que lo estaba. Había perdido mucha sangre y no podrían hacerle una transfusión en ese momento, porque estaban huyendo, y tampoco podían contactar a Wufei, porque estaba en una misión propia, y no tenían ningún medio de contacto para buscar a Trowa, y era poco lo que éste podía ser. El único que tenía contacto con los médicos de Preventers era Wufei, debido a su más cercano contacto con la organización.
—¿Qué vas a hacer? —preguntó Duo con la voz entrecortada.
Vio como Heero señalaba su hombro con un movimiento de cabeza.
—Tengo que sacar la bala para que no se infecte la herida, y después tendré que salir a conseguir unos medicamentos para ti.
Se mordió con fuerza los labios, sabía que dolería mucho, que no tenían anestesia y que ese conseguir de Heero significaba que robaría en alguna farmacia medicamentos para que pudiera soportar el dolor.
—Adelante —dio su consentimiento, aunque conocía a Heero, y sabía que éste no lo necesitaba—. Haz lo que tengas que hacer.
El beso que le dio Heero le supo bien, y fue la promesa de que estaría bien que éste nunca haría. Tampoco fue un beso gentil, fue algo brusco que incluso dejó ardiendo sus labios, por la mordida que le fue dada, pero fue justo lo que no sabía que necesitaba en ese momento.
Tenía un presentimiento de que todo iba a salir bien, pero eso no significaba que no necesitara confort, porque extraer esa bala de su cuerpo sería muy doloroso.
~o~
Infiltrarse en la base de datos de Preventers fue pan comido, los seguros que tenían eran buenos, pero ellos cinco tenían entrenamiento no sólo físico y para operar los Gundams, también habían tenido entrenamiento tecnológico y económico-social, para poder desenvolverse bien en varias situaciones. En pocas palabras, eran personas muy capaces de superar cualquier prueba que se les pusiera en frente.
Reconocía al soldado que había visto hablando con los secuestradores de Quatre, lo había estado entrenando a él y le había regañado en varias ocasiones porque era muy malo en el combate cuerpo a cuerpo.
Se cansaba demasiado rápido y no era bueno siguiendo las indicaciones de Wufei.
No sabía su nombre porque no estaba ahí para hacer amigos, pero sí recordaba su clave de soldado, con la que se identificaban al inicio de las clases, y cuando la ingresó, ya estando en los registros digitales de los elementos de Preventers, no encontró más que un único registro, siendo que así no funcionaban las cosas.
En Preventers se generaba un registro inicial y con cada progreso que se daba y cada clase nueva a la que se daba acceso, se generaba un nuevo registro. Este elemento sólo tenía uno, su ingreso a la clase de Wufei.
Eso significaba que habían previamente hackeado la base de datos para ingresar al soldado y le habían asignado un número consecutivo para no crear tantas confusiones. Él tampoco prestó mucha atención a la llegada del soldado, puesto que él se enfocaba en entrenarlos, no en darles seguimiento personalizado a lo que les enseñaban en clases previas. En teoría, si tenían acceso a su clase es porque estaban entrenados para lidiar con lo básico.
A partir de ese momento si es que regresaban a Preventers, sería más cuidadoso de a quien impartía sus conocimientos.
Veía un apartado donde se listaban las misiones realizadas por los soldados y las que aún tendrían que llevar a cabo, ingresó a esa pestaña en el registro del soldado 158708 y vio que se encontraba asignado para ser guardia de Relena, y que la misión continuaba en proceso.
Tenía el tiempo suficiente para hacer algo al respecto y vengar la captura de Quatre, y quizás su muerte si es que eso era lo que había ocurrido.
~o~
Trowa se sentía nervioso, porque en la mirada del otro joven se veía seriedad, una que no le había visto desde que lo reencontró. Pero también se apreciaba nerviosismo y sabía que no podía ofrecer su confort por mucho que así lo quisiera, así que se mantuvo firme, tenso, apretándose en su asiento con su mera fuerza de voluntad, para no romper formación y delatarse por completo quién era y perder antes de ganar por completo, la confianza del rubio.
—¿Qué es lo que quieres platicar? —preguntó, mantuvo un tono neutro de voz, se pasó una mano por el cabello castaño y enfocó sus ojos en los de su acompañante.
Estaban solos, era un día lluvioso, y suponía que Quatre había pedido el favor a Rose de tener privacidad.
—Es extraño, ¿sabes? —hizo una pausa, y no como si estuviese creando expectativa en el otro, simplemente porque aún estaba organizando sus ideas antes de exponerlas sin parecer loco de remate, pero así se sentía—. Hace dos meses y medio llegue aquí, no sé de dónde, pero un día abrí los ojos y estaba tirado en una cama, Rose me había rescatado, por eso es que trabajo aquí, como agradecimiento a ella... mi pago consiste en tener un lugar donde dormir y comida para sobrevivir, no necesito más... o eso es lo que yo pensaba.
Le miró, como echándole la culpa de que su mundo se hubiese puesto de cabezas.
Y funcionó, Trowa se sintió tan culpable, que quiso disculparse, ponerse de pie y huir de ahí, darle a Quatre aquello que si recordaba la memoria nunca tendría, paz y tranquilidad, la oportunidad de empezar de cero. Pero se contuvo, porque si Quatre llegaba a recordar, le reclamaría toda su vida por el tiempo perdido, por haberse creído con el poder de decidir sobre él.
—Estaba lleno de golpes y raspaduras, y estaba nervioso todo el tiempo porque no sabía el motivo de mis heridas o como había sobrevivido. Durante una semana entera me escondí del mundo en la habitación que Rose me dio, sólo dormía y lloraba, sin saber el motivo, era como si llorara por haber perdido algo, o a alguien.
Estiró la mano y apretó los dedos de Quatre entre ésta, le regaló su mejor sonrisa, aquella que hacía que un nudo se formara en su garganta y le recordaba lo mucho que estaba dispuesto a hacer por ese soldado que se veía tan frágil, pero era letal.
Una hermosa combinación de habilidades e inteligencia que lo hacían ideal.
—Cuando finalmente me aventuré a salir, fue al sitio donde Rose me dijo que me había encontrado, a ver si encontraba algo que me dijera quien era yo, y vagué por un camino de piedras que daba a un arroyo, cuando llegué a ese sitio, recordé mi nombre, pero sólo eso... Quatre.
No sólo se reflejaba seriedad y nerviosismo en sus ojos, también una gran cantidad de frustración que atravesaba a Trowa de lleno, su corazón aporreaba dentro de su pecho, porque no sabía si ahí terminaba la conversación o Quatre estaba aún acomodando sus palabras.
—Pero lo importante es que estás bien... —la otra mano de Quatre en un puño golpeó la mesa, sobresaltándole.
La humedad en sus ojos quería escapar en forma de lágrimas, pero vio como Quatre no lo permitía y sacudía la cabeza, negándose a sí mismo ese momento de debilidad.
—No sé de dónde vengo, ni tampoco a dónde tengo que ir o siquiera si haya alguien esperándome —se permitió una melancólica sonrisa—, pero lo que sí sé y ha estado manteniéndome despierto estos últimos días, es que hay algo en ti, lo supe desde que entraste, algo que me dice que contigo aquí lograré descifrar el misterio de quién es Quatre.
Bajó la mirada, permitiendo que su cabello cubriera parcialmente su rostro.
No estaba preparado para una responsabilidad de ese tipo, cuando él estuvo en esa situación tuvo consigo a Catherine, sobreprotectora y necia, que no quería que él estuviera en riesgo, pero él era un soldado y su lugar era en el campo de batalla, hasta que lograran restablecer la paz, y suponía que su trabajo tenía que ser el de ayudar a Quatre, se lo debía por el amor que le tenía.
—Lo siento, lo siento —se disculpó Quatre, le soltó la mano y se frotó los ojos con fuerza—. Es egoísta de mi parte dejar caer en ti una responsabilidad que no es tuya, pero desde el momento en que te vi, sentí que había una especie de lazo entre nosotros, no lo puedo explicar fácilmente, pero sentí tu curiosidad cuando entraste al lugar y me viste, y una sensación de alivio cuando supiste quién era... eso encendió una esperanza en mí. Por favor no la apagues.
Trowa le sujetó la mano y eso hizo que la mirada de Quatre se fijara en sus dedos entrelazados.
—Si no hubiese sido por eso que sentí —confesó Quatre, sin dejar de mirar sus manos—, no te habría permitido esta amistad, pero me eres tan familiar, me das un sabor a hogar que extrañaba.
—¿Podemos hablar de esto en otro lado? —cuestionó Trowa mirando a su alrededor, seguían solos, pero necesitaba más privacidad.
Quatre le soltó la mano y asintió.
—Salgo a las ocho —miró hacia la cocina—. No hay nadie, pero Rose no me dejara salir antes.
Trowa sólo sonrió.
~o~
Estaba temblando, porque si bien tenían una alta tolerancia al dolor, esto lo sobrepasaba, su cuerpo estaba lleno de sudor y estaba mordiéndose tan fuerte los labios para no gritar que se había lastimado.
Estaba despeinado y cansado, su cuerpo pedía a gritos un descanso, o que de repente se apagara un momento y regresara a la inconsciencia, pero no era así. Heero le hizo saber que lo necesitaba despierto, porque era peligroso que perdiera más sangre y no despertara ya más.
No tuvo más remedio que acceder a tener esa especie de operación sin anestesia y completamente despierto.
El hombro le palpitaba, ahí mismo donde los dedos de Heero estaban hurgando para poder abrir un poco la herida, lo suficiente para que esas pinzas que consiguió de quién sabe dónde, pudieran entrar y sacar la bala, que ya había localizado en su cuerpo, pero a la que sus dedos no llegaban.
Parecía que le estuvieran desgarrando por completo, y no importaba el entrenamiento, por lo general cuando los estaban remendando en la base de Preventers estaban ya anestesiados o demasiado drogados como para sufrirlo.
—¿Falta mucho? —preguntó, sintiendo los labios arderle de lo duro que los mordió, sentía el sabor metálico de la sangre en la lengua y no le gustaba.
También experimentaba mareos, y no importaba qué tanto Heero le pidiera que no se durmiera, estaba por terminar desmayándose del dolor.
Luchaba contra sí mismo, y estaba perdiendo porque nadie era más necio que él mismo y era una batalla ya perdida.
—Sólo un poco más, las pinzas no son las que necesitaba, pero es lo más cercano que pude conseguir...
Le veía la cara de concentración y su único consuelo era apreciar lo atractivo que se veía Heero inclinado sobre él, enfocado en extraer la bala, la forma en que su frente estaba arrugada y estaba empezando a sudar. Vio el momento exacto en que Heero tuvo éxito en su misión, por la satisfacción en su rostro poco expresivo.
Dejó escapar aire que no sabía que estaba conteniendo y dejó que le costuraran la herida y se tomó la pastilla para el dolor que le dieron. No calmaría por completo lo que sentía, pero lo ayudaría a adormecerlo un poco.
Cualquier cosa era buena en su situación.
Cuando la herida estuvo costurada, sus ojos ya no le obedecieron y no siguió peleando contra el sueño que sentía. Sabía que Heero lo regañaría, pero estaba tan agotado, su cuerpo no reaccionaba y él mismo estaba a punto de apagarse temporalmente, para recuperar un poco de su energía.
Se quedó dormido casi al instante.
Se veía tan tranquilo, pacífico, en su posición en la cama, como muy pocas veces podía apreciarlo, que sólo se limpió el sudor de la frente y se dejó caer sobre el colchón, al lado del cuerpo inmóvil del otro soldado. Se aferró a él en un abrazo apretado, sin tocar su hombro recién tratado, y enterrando el rostro en el cuello de Duo, también recibió a la inconsciencia.
Había llegado lo suficientemente lejos como para que tuvieran un par de horas para recuperar energía sin tener que preocuparse que alguien los siguiera.
~o~
Tras guardar en un pendrive toda la información que reunió y posteriormente enviarla a un correo que ellos cinco empleaban para enviarse información cuando presentían que sólo podían confiar en ellos mismos, decidió continuar su propia misión.
Estaba vestido muy casual, unos jeans deslavados negros, una camisa tipo polo color azul marino y unos tenis deportivos, completando el look llevaba una gorra negra que creaba una sombra en su rostro que lo hacía irreconocible si sólo lo veías de paso.
No tenía mucho tiempo que perder.
La tarea era una sencilla, sólo tenía que deshacerse del soldado enemigo, aquel que les traicionó, y hacer llegar la información del pendrive a Relena.
Realmente, no era como si sólo pudieran confiar entre ellos cinco, y había conseguido contactar a Hilde, quien se mostró muy solicita, y después de ver la información, no tuvo reserva alguna en conseguirle un pase a Wufei para la exposición de arte donde Relena haría acto de presencia, para la inauguración de esta misma.
Era un evento para el que no estaba vestido, pero era lo de menos.
Portando el gafete que Hilde le había dado, con un código de invitado especial, creerían que era alguno de esos millonarios excéntricos que se sienten especiales al lucir un poco distintos, por lo que no se preocupó demasiado.
Hilde estaba de encubierta, en caso que requirieran apoyo, estaba haciendo función de mesera en ese momento, paseando entre los invitados con una bandeja en la que llevaba copas llenas de champán.
En algún momento de la misión, tuvo la intención de vaciar en su boca el contenido de una copa, pero no lo hizo.
Todos los ahí presentes eran unos estúpidos, pero necesitaba estar en sus cinco sentidos para serle de utilidad a Wufei.
Lo vio entrar, cuando le escanearon el código, y pudo respirar con tranquilidad cuando pasó sin ningún inconveniente. Claro que ayudó mucho que se infiltró en la base de datos con instrucciones de Wufei.
Quien pareció recorrer el lugar, como observando las obras de arte que estaban colgadas en las paredes, pero lo que realmente estaba haciendo era identificar los puntos de salida y los sitios donde se veían haciendo guardia los demás soldados involucrados en la misión de escolta de la senadora Relena.
La vio del otro lado de la habitación, interactuando con algunos políticos, y cerca de ella estaba el traidor.
Muy casualmente se dirigió a Hilde, quien le mostró la bandeja, de donde cogió una copa y muy rápido, le entregó el pendrive.
La copa siguió llena, sólo la cambió de lugar, dejándola abandonada en una barra, donde se apoyó, estaba observando a Relena.
Era mejor actuar de una vez a esperar a que Relena diera su discurso inaugural, que irónicamente sería después del recorrido de las grandes personalidades en la galería. El resto de los invitados mientras tanto hacían tiempo conversando entre ellos.
Buscó en su bolsillo, sólo llevaba un arma y sus habilidades, por lo que contaba con Hilde para poder huir.
No lo pensó mucho, estaba siguiendo una misión impuesta por él mismo, y no podía fallar, le hizo un gesto a Hilde, quien lo reconoció y también se fue acercando; quizás lo que estaba por hacer le ganaría un regaño, pero no había nadie mejor para hacer eso.
Lo vio demasiado rápido, pero reaccionó en tiempo.
Wufei sin quitarse la gorra en ningún momento, empezó a acortar la distancia que le separaba de Relena, sus pasos decididos y rápidos.
Cuando estuvo a unos pasos de ella, no dijo nada, sólo la miró a los ojos y pudo ver como ella le reconocía y se dio cuenta que algo estaba por suceder, pero sólo se quedó inmóvil.
La detonación del arma se escuchó y vio como la bala pasó cerca de ella, escuchó el grito de los presentes, vio como Wufei se daba la vuelta y empezaba a correr, sin lastimar a nadie más.
Uno de los otros guardias gritó y empezó a perseguir a Wufei, el que estuvo más cerca de atraparlo tropezó con Hilde y ésta dejó caer la bandeja que estaba sosteniendo, con lo que consiguió resbalar a un segundo guardia.
Se puso de pie rápidamente y caminó hasta Relena, sacó su arma y se paró frente a ella, para que pareciera que estaba cubriendo el sitio del recién asesinado soldado, pero lo que hizo fue sacar el pendrive y dárselo a la senadora.
No sabía qué tanto seguirían a Wufei, pero le dio un poco de ventaja, la suficiente para que siguiera su plan lejos de Preventers.
Al menos en lo que conseguían limpiar su nombre.
—Gracias, Hilde —fue todo lo que dijo Relena.
No sabía en qué tantos problemas se habían metido, pero valía la pena.
