Parte 4
Relena era inteligente, demasiado, y también muy discreta; sabía trabajar sigilosamente y conocía en quién podía confiar. Desafortunadamente se encontraba sola, porque aquellos en quienes depositaba siempre su confianza tenían el papel de fugitivos de Preventers, y no le quedaba más remedio que hacer el trabajo sin ayuda.
Eso significaba que, aunque no compartía la idea de dar la orden de capturar a Wufei, no podía hacer nada para detenerla. La acusarían de favoritismos, y ya en varias ocasiones había tenido problemas por eso.
No iba a arriesgarse y tampoco a los chicos, porque entendía que aquella misión autoimpuesta era para rescatar a uno de sus amigos.
Por eso sólo pudo mandarle la señal a Hilde de que también estuviera pendiente, y que evitara seguir en contacto con Wufei, salvo para avisarle que era el nuevo blanco de Preventers.
—¿Todo bien, Relena? —escuchó y se giró para ver a su hermano, quien la observaba fijamente, cuestionándola con la mirada.
Se puso de pie para saludarle y recibir el abrazo que éste le daría; logró mantener la compostura, porque no podía decirle a su hermano que acababa de descubrir que había información filtrándose de Preventers y que los pilotos Gundam estaban siendo inculpados de un crimen ajeno.
—Sólo un poco de estrés laboral —hizo una pausa y se apartó de Milliardo, quien continuó observándola como si no creyera su palabra—. Tendré que ir a la ceremonia del soldado que cayó en misión, protegiéndome.
Milliardo entrecerró los ojos.
—¿No habías dicho que no estaba protegiéndote? —dio un paso a ella.
—Fue todo muy rápido —se apartó el cabello de la cara y volvió a sentir el flequillo cayendo sobre su frente—, pero si no hubiese estado donde se encontraba, no sé lo que hubiese sucedido. Hilde también fue de mucha ayuda.
La caricia en su cabello la hizo sonreír.
Su hermano se preocupaba por ella, por mantener ese símbolo de paz con vida y así no empeorar los conflictos que se daban en las colonias.
En ocasiones se sentía como un emblema nada más, pero no le molestaba, haría bien su papel, hasta que lograran restaurar la paz.
~o~
Hilde le hizo llegar la información de que estaban tras él por el asesinato del soldado infiltrado.
Conocía a Relena, y no dudaba que ella buscaría una forma de ayudarles sin ser obvia, y también sabía muy bien que carecía de tiempo, tenía que huir de ahí y dejar rastros falsos para confundir a las personas que de seguro enviarían tras él.
Si había algo que no lo ayudaba era el conocimiento de que dependía de dos mujeres, pero tras aprender mucho de Sally, prefería darles el beneficio de la duda tanto a Relena como a Hilde; hasta ahora, esta última dejó una buena impresión en él.
Tenía armadas tres mochilas, la primera con lo que necesitaría para sobrevivir, y las otras dos con ropa y comida enlatada que planeaba entregar a dos indigentes afortunados a los que daría un poco de ayuda para que sobrevivieran.
Se atrevía a hacer esto porque la orden de atraparlo especificaba que tenía que ser llevado con vida. Adicional a las distracciones de los indigentes, otra cosa que decidió fue hacer dos paradas para ir dejando más cosas suyas abandonadas y crear más confusión.
Era poco el tiempo que le quedaba, y no podía continuar desperdiciándolo.
Justo después del asesinato del soldado traidor, se dirigió a uno de los puntos donde ellos solían refugiarse en ocasiones, para recuperar un poco de energía. Llevaban tanto tiempo huyendo y sin descansos propios que empezaba a agotarse más fácilmente, y no podía permitirse fallar en ese momento.
Le llegó un mensaje codificado de Trowa, indicándole cuál era su posición actual, junto con la noticia de que ya se encontraba con Quatre, y no podían continuar así. Era hora que empezaran a reunirse y dieran por finalizada la misión de Cero Cuatro.
Se permitió un instante de debilidad, apoyándose en la pared, sentado, y se quedó dormido. Sería sólo por un par de minutos, ya después vería cómo repartir las dos mochilas y procedería a ir dejando regadas aquellas pertenencias suyas que no le harían falta después.
~o~
Quatre le miraba fijamente, sus ojos por ningún momento dejaron de seguir a Trowa, quien caminaba como león enjaulado por toda la habitación, en círculos, porque se sentía nervioso. Iba a decirle la verdad porque, aunque disfrutaba su presencia y apreciaba que su relación progresaba gradualmente, aunque a mayor velocidad que en sus vidas reales de soldados, no podría lidiar con el robo de la vida de Quatre.
Se sentía culpable, en exceso, y estaba decidido, pero Quatre se le adelantó.
—Desde que te vi, cuando llegaste a aquel pequeño restaurant donde trabajo, no pude ignorarte, hay algo en tu mirada que me parece familiar —dijo y ladeó la cabeza, su flequillo rubio estaba alborotado—. Me gusta tu presencia, pero eso no es todo. Desde el día que llegaste, he estado teniendo sueños que no entiendo, de una vida que no recuerdo, que no sé si es real o ficticia, he escuchado nombres que me recuerdan al tuyo.
Trowa dejó de andar, se quedó inmóvil, parado casi junto a la ventana, con el cuerpo girado en dirección a Quatre, quien parecía pensativo, ensimismado, incluso hasta un poco distante pese a lo cerca que estaban uno del otro en aquella pequeña estancia.
Agradecía que hubiese hablado primero, le daba tiempo de ordenar sus pensamientos, ese nudo de ideas que no tenía principio o fin, y también carecía de forma.
Veía al rubio tan concentrado en hacer exactamente lo mismo.
—Soñé con una guerra, con enormes robots y con tanta sangre que no supe qué pensar —levantó la mirada y sonrió, parecía no entender nada, pero estar dispuesto a escuchar lo que el otro le fuese a decir, pero después que liberara su boca de todas aquellas palabras que amenazaban con ahogarlo.
Desconocía cuál era su relación con Trowa, pero lo que tenía seguro era que existía una, el otro no lo negaba y le daba pauta para que siguiera creyéndolo así.
Se pasó una mano por el rubio cabello, alborotándolo más, y después soltó un suspiro.
—Antes de tu llegada al pueblo también sucedía eso —se humedeció los labios, vio como Trowa reanudaba la caminata—, pero era más pausado, no todos los días me despertaba bañado en sudor y gritando de un dolor que no tengo.
Sangre, abundante y espesa, el fuerte olor a pólvora y a fuego, a cuerpos quemados. Los gritos desesperados de gente inocente, ruidos de explosiones y balazos. El temblor de su cuerpo mientras corría sobre arena caliente, con el rostro cubierto y botas pesadas.
Todo era muy real, de modo que se preguntaba qué tanto estaba inventando y qué era verdadero.
No exigía respuestas, porque le daba miedo saber la verdad.
—Dime —una pausa, su voz cargada de un sentimiento que atravesó a Trowa.
Lo miraba con demasiado afecto, pero se mantuvo firme, no podía romper el acuerdo que tenía con Quatre.
—Cuando la guerra termine, hasta ese momento, porque no podría vivir conmigo mismo si debido a lo que siento por ti, a nuestra relación, permitiera que alguien muriera.
Dio una afirmación.
—¿Puedo sentarme a tu lado? —preguntó.
Vio sorpresa en el rostro de Quatre.
—¿Siempre has necesitado de mi permiso? —cuestionó, luciendo confundido, cruzando por su mente la idea que tal vez pudo malentenderlo todo.
No negó ni afirmó nada, se sentó a su lado como respuesta y mantuvo una distancia considerable entre ambos, que no era para crear brechas, era como respeto al momento en que el rubio se encontraba.
—No creo que estés preparado para enterarte de todo…
Quatre le sujetó la mano de pronto, cortándole lo que estaba diciendo.
—Así que, todo lo que he soñado es verdad —era una afirmación, sonaba levemente decepcionado de sí mismo—. Lo supuse, por lo real de todo, pero quise creer que mi mente estaba jugándome una mala pasada.
Trowa le apretó los dedos en un gesto de confort.
—No deberías ser tan duro contigo mismo —hizo una pausa para separar sus manos—. Después de todo, así fue como nos conocimos.
Los ojos claros de Quatre no mostraron sorpresa.
Claro que lo suponía, lo pudo descifrar por el comportamiento tan misterioso de Trowa.
—¿Cómo fue que terminé aquí? —le miró de reojo—. ¿Ustedes me abandonaron?
—Es un poco más complicado, estabas entre dos misiones con la misma información y alguien te secuestró.
Sintió como Quatre se apoyaba en él, también le miró de reojo, no queriendo que sus ojos se encontraran.
—Estoy bastante cansado —bostezó y acomodó su cabeza en el hombro del otro—. Enterarte de quién eres, aunque aún no lo recuerdes, sí es algo bastante agotador.
Acarició el cabello rubio y lo vio quedarse dormido, sentado a su lado.
~o~
Duo le debía un favor a Hilde, por eso mismo y conociendo que también podía ofrecerles apoyo, se comunicó con él, aprovechando que tenía dos días de descanso y podía ausentarse de la ciudad sin levantar sospechas, fue lo que hizo.
Buscó un lugar lejano a su sitio de trabajo, tranquilo y llamó al número que Relena le proporcionó cuando se despidieron.
Sólo en caso de emergencias, era lo que ella dijo, si necesitaba contactar a los pilotos Gundam.
La llamada tardó mucho en ser aceptada, pero no le molestaba esperar, tenía tiempo suficiente.
La voz que le contestó, no fue la de Duo, pero la reconoció al instante.
—Necesito la ayuda de Duo —soltó velozmente, antes que pudieran cortar la comunicación—, para que tenga acceso a los servidores de Preventers y continúe lo que inició Wufei de verificar quiénes más tuvieron acceso inmediato a las clases especiales con él. Y también para que hagan una limpieza en sus archivos.
~o~
A Heero le pareció extraño, mientras observaba a Duo dormir como marmota, que su teléfono volviese a sonar, después de que ya habían establecido contacto con Wufei y Trowa. Además de ellos, sólo Relena conocía el número, y quizás ella necesitaba ayuda.
Pero no fue así, en vez de escuchar la voz pausada y cordial de Relena, fue la voz de Hilde, apresurada y como si le faltara la respiración para poder escupir todas las palabras que existían en su cabeza.
—¿Quién te dio este número? —interrogó con su tono impávido de voz, habiéndose grabado todo lo que la chica solicitó, para futuras preguntas.
—No puede ser que sea lo único que te interese —respondió ella, pero no evadió completamente la pregunta—. Relena me dio el número, en caso que necesitara comunicarme con alguno de los pilotos Gundam… Wufei necesita ayuda, es un fugitivo que, a diferencia suya, pasó a ser el blanco principal de Preventers.
Guardó silencio por un momento, pero la llamada continuaba, y luego se dirigió a Duo para levantarlo, recibió como respuesta balbuceos sin sentido, pero se mantuvo sacudiéndolo hasta que consiguió que perdiera la pelea con la realidad para continuar durmiendo, abrió los ojos.
Brevemente le puso al día de lo que Hilde acababa de decirle.
—Disculpa, disculpa… —era Duo, sonando todavía algo adormilado mientras se dirigía a Hilde—. Dice Heero que sucedió algo con Wufei… ¿qué?
Escuchó la exhalación de Hilde en el teléfono.
La chica era fuerte y sabía que estaba bien, además si no fuera así, Heero se lo hubiese dicho.
—Wufei descubrió que uno de los soldados trabajaba con los enemigos, fue quien entregó a Quatre. Hay más como él en la base de datos, soldados transferidos de otras bases que el sistema automáticamente dio el visto bueno para que ingresaran a altos rangos dentro de la línea de Preventers.
No pudo contener el bostezo que le abandonó, pero jamás dejó de prestarle atención a las palabras que ella decía.
—¿Qué es lo que tengo que hacer? —dijo, activando en sí el modo soldado.
Escuchó la risa de Hilde.
—Terminar el trabajo de Wufei, entrar a la base de datos de todos los soldados recientes y verificar cuáles fueron anexados sin tener entrenamiento alguno. Esos son los infiltrados. Wufei ya se deshizo del primero —una pausa de parte de ella, como si estuviese haciendo un repaso mental para no pasar nada por alto—. También estaría bien que hicieras una limpia en los archivos de ustedes cinco, y si puedes eliminar la búsqueda de Wufei, aunque está en proceso, pero entre menos personas la vean, mejor.
—Entendido.
En un instante cambio de modo soldado a modo amigo, y sonrió.
—¿Cómo te encuentras, Hilde? ¿Cómo supiste de este número? No quiero que estés arriesgándote para hacer esto.
Volvió a escuchar su risa.
—No te preocupes, Duo, estoy bastante bien —soltó otra risa—. Te he extrañado tanto, pero estarán bien juntos, y yo me encargaré de ayudar en lo que pueda, por ahora ya le pasé la información a Wufei de que están tras él, y ahora sólo necesito que hagas esa limpieza. Oh, y a este mismo teléfono te enviaré unas coordenadas que Cero cinco me pidió te hiciera llegar.
También se rió, porque extrañaba poder hacerlo.
Llevaba tantos días sólo con Heero, y aunque lo disfrutaba, le hacía falta Quatre, con su comprensión y sus largas conversaciones. También extrañaba los prolongados pero cómodos silencios compartidos con Trowa. Y qué decir de los combates amistosos con Wufei, donde éste liberaba un poco de su estrés por los soldados a quienes entrenaba.
—Cuídate, Hilde —la comunicación se cortó.
Se giró hacia Heero, quien estaba observándole.
—¿Qué tenemos que hacer? —le preguntó.
—Oh, nada complicado —su sonrisa se amplió—, sólo demostrar una vez más que los sistemas de seguridad informática de Preventers son una basura y corregirlo.
Se sentía tan alegre en ese momento, pese al dolor en su brazo, que se acercó a Heero y le dio un beso intenso. Llevaban ya un considerable lapso de tiempo haciendo eso, pero continuaba sorprendiéndose cuando el otro retornaba los besos.
~o~
Se sabía perseguido, pero las distracciones funcionaron de maravilla, porque él iba rumbo al sitio donde Trowa le dijo que se encontraba, cansado y con mucha hambre, pero satisfecho consigo mismo, y con un peso menos sobre él, ya que Quatre se encontraba con vida, y era la mejor noticia en mucho tiempo para él.
La amnesia era el menor de sus problemas, existían tratamientos para eso, y ellos contarían con el apoyo de Sally, cuando menos.
No reconocía el sitio al que llegó, y Trowa le confirmó que no era ningún poblado o localidad dentro del perímetro trazado por los expertos, por lo que no debería encontrarse con soldados por ahí.
Los dos desafortunados indigentes a quienes les dejó varias de sus cosas, fueron atrapados y llevados para interrogar a las oficinas centrales. Fue un verdadero alivio que la persona que entregó las mochilas no fue él. El último favor de Hilde, antes de marcharse a unas vacaciones fue ése.
Le pidió el favor en la última llamada, y le pasó la ubicación de las mochilas, así como las instrucciones de lo que debería hacer con ellas.
El local donde Trowa sugirió la reunión, estaba cerrado, pero la luz brillaba dentro del local, por lo que se acercó, y cuando lo hizo, la familiar presencia del piloto de Heavyarms se hizo notar.
Se veía mucho mejor a la última vez que lo tuvo frente a él, seguro era debido a Quatre.
—No tenemos mucho tiempo —dijo Wufei.
Como respuesta recibió una sonrisa y un movimiento de cabeza que despeinó a Trowa.
—Quatre se quedó dormido en la habitación que estoy rentando —hizo un gesto, indicándole al otro que caminase con él—, será mejor que nos movamos el punto de reunión.
Le lanzó una última mirada al local, porque moría de hambre.
Trowa pareció leerle el pensamiento.
—No te preocupes, hay comida allá —señaló el local—. Rose, la dueña de este lugar, es como la madre sustituta de Quatre aquí, y me dio muchísima comida.
—¿Cómo sigue él?
—Bastante bien de salud, sólo no recuerda quién es —le respondió.
—Eso es bueno —dijo Wufei—. Sobre el estado de su amnesia, lo podemos revisar con Sally cuando salgamos de aquí. Ella sabe mucho de esas cosas.
Un asentimiento y un gesto que no supo descifrar, pero estaba relacionado con la mención que él había hecho de Sally.
Rodó los ojos y se limitó a caminar junto a Trowa.
Volvía a sentir la familiaridad del trabajo en equipo, y esperaba que pudieran dar por terminada de una buena vez esta bendita misión.
~o~
Duo era un genio para las computadoras, y tener acceso a la información de Preventers era tan fácil como quitarle un caramelo a un crío. Era algo que en varias ocasiones presentaron a Lady Une. Una vez incluso como una broma, Duo alteró los datos de varios soldados y cambió las fotografías oficiales por imágenes de perfiles de sus redes sociales, y la de Une por una imagen pornográfica, con tal que le permitieran a él establecer una red mucho más segura.
Se ganó una suspensión y una multa económica, pero se rehusaron a permitir que él estuviera involucrado en la mejoría del sistema.
Debido a eso, en repetidas veces, ingresaba a éste y modificaba información al azar.
Todos sabían que era él, pero como seguían jurando que el nuevo sistema era impenetrable, nadie le hacía nada.
Así que hora estaba revisando los últimos anexos a la base de datos, una lista de veinte personas, de las que sólo dos se salvaban, porque tenían el record completo, desde su ingreso, como soldados de la más baja categoría, junto a todo su historial, hasta el momento en que tuvieron acceso a la clase avanzada con Wufei. Los otros dieciocho soldados, habían aparecido de repente en la base de datos.
—Son varios —le confirmó a Heero, quien esperaba la información, para pasarla él por otra base de datos que tenían de varios terroristas, para ver si coincidían algunos.
Estaba exportando la lista cuando se escuchó que alguien abría una puerta de golpe.
—¡Maldición! —murmuró molesto Heero, había una imagen en la mitad de la pantalla—. Nos encontraron, termina de exportar la información, sólo son tres, me desharé de ellos. Nos iremos en el vehículo que ellos traen.
La caricia en su cabello le desconcertó, pero intentó no perder la concentración.
Estando solo en la habitación, guardó la computadora de Heero en su mochila, y terminó la exportación de sus datos. Sin apagar su propio equipo, lo cerró y guardó en su mochila.
Tenía que esperar a Heero, porque estaba un poco débil por la pérdida de sangre, y algo mareado por el medicamento para el dolor que le obligó a tomar el otro.
Estaba colgándose la mochila al hombro cuando abrieron su puerta y quedó frente a frente con uno de los soldados con quien había compartido una misión.
—Lo siento, Maxwell —escuchó y lo vio lanzarse a él.
No llevaba armas, y si su memoria no le fallaba, su especialidad era el combate cuerpo a cuerpo.
Esquivó los primeros golpes, pero uno alcanzó a darle en el rostro, sintió calor donde el golpe impactó, y como respuesta dio un puñetazo que conectó con el hombro de su contrincante, quien pareció sorprendido, como si esperara que Duo no opusiera resistencia.
—Nos dijeron que estabas herido —le dijo.
—He estado en peores condiciones —afirmó y lo tomó desprevenido.
Le dio otro golpe, que se estrelló en su cabeza, dejándolo confundido, y después continuó golpeando, pese a sentir el dolor en su propio hombro. Intentaba no hacer demasiado esfuerzo con el brazo herido.
Logró derribar al otro soldado y le dio una patada en la cabeza, dejándolo inconsciente.
Cogió la mochila de Heero y salió corriendo.
Heero iba subiendo la escalera cuando le vio.
—Vamos —ordenó, dándose la vuelta—, el jeep aún tiene las llaves puestas.
~o~
Era todo tan bizarro, hasta él se sentía irreal, como si no fuera corpóreo, su cuerpo dolía por completo, había dos soldados, uno a cada lado de él. Ambos lo apuntaban con armas de fuego, se sentía resignado, y no opuso resistencia alguna cuando lo pusieron de pie y lo llevaron a empujones a una celda pequeña y maloliente.
Apreciaba sangre seca en el suelo, rayones en la pared y una banca de concreto que fue a donde se dirigió, para sentarse. Era incómodo, pero cuando menos viéndole el lado positivo, no tendría que acostarse en aquella cama con sábanas sucias con olor a sexo y muerte.
—Amo Quatre —dijo el único guardia que se quedó cuidándolo, en tono de burla—, ¿no desea una cena cinco estrellas?
Se estaba agarrando por sobre el pantalón el miembro erecto.
Ladeó la cabeza y bostezó, le pesaban los brazos de lo cansado que estaba, débil, pero suponía que tenía la suficiente fuerza de voluntad como para maniobrar a aquel sujeto y deshacerse de él en caso que lo necesitara.
Se apartó el flequillo del rostro y bajó la cabeza.
—No estaría mal —soltó en tono suave—. Hace más de un año que no tengo sexo con nadie, y si voy a morir, cuando menos que lo haga satisfecho, no suena tan mal.
La expresión en el rostro de aquel tosco hombre le causó gracia, pero se guardó la risa, estaba en modo seductor, porque lo encontraba como su única salida y si se salía del papel, terminaría costándole su propia dignidad y la vida.
—Oh, amo Quatre —seguía burlándose—, ¿acaso estaría dispuesto a ponerse sucio y de rodillas por alguien como yo?
Soltó una carcajada.
—Sería sólo sexo, ¿por qué habría de ponerme exigente? —le guiñó un ojo y agradeció haber tomado ese gesto de Duo, en una ocasión en que lo habían atrapado, y se libró dándole un beso al enemigo y luego noqueándolo—. ¿O acaso tú quieres algo más?
Estaba remedando su tono de voz burlón.
—Cuando acabe contigo, vas a querer que no sea el final —prometió.
Los ojos claros de Quatre le miraron sin ninguna sombra de duda asomándose en ellos.
—¿Estás intentando asustarme o convencerme?
Todo había sido muy rápido, cuando vio la puerta abierta tuvo que contenerse, obligarse a sí mismo a no mostrarse ansioso o desesperado por acercarse a la puerta, porque de ser así, podría perder la única oportunidad que tenía.
Agradecía su buena memoria, ya que se había hecho una especie de mapa mental de aquel sitio, y podría encontrar la salida con facilidad.
Cuando el crédulo guardia se acercó a él, permitió que le despeinara el cabello y le acariciara la cara, cuando empezó a manejarlo para intentarlo arrodillar, fue cuando se dejó caer, sólo para empujar con las pocas fuerzas que le quedaban al otro hombre y derribarlo.
El ruido fue uno seco, y el quejido del guardia le siguió, pero le dio otro golpe y uno más, hasta que el guardia dejó de forcejear, ahí se hizo del arma que tenía en la ropa, y haciendo uso de su desesperación, imprimió toda ésta en su carrera hacia la salida.
En su mente sólo retumbaba las palabras que le dijeron antes de llevarlo a grabar aquel absurdo vídeo.
"Si tus amigos no cooperan, te haremos pedazos como a tu amiguito que te ayudó a infiltrarte a nuestra base, aquel que te dio los accesos para robar nuestros códigos."
Le mostraron una foto de un cadáver destrozado, sólo veía piel blanca y cabellos negros, como Wufei, por lo que no sabía si era cierto o no. Pero si procedieron con Cero Cinco a como hicieron con él, tomándolo desprevenido, no lo dudaría tanto.
Abrió los ojos de golpe, sentía el corazón golpeando con fuerza en el interior de su tórax, su agitada respiración y las lágrimas en sus ojos eran algo que no podía controlar. Miró a su alrededor, lleno de un miedo que también se salía de su control.
No veía a Trowa por ningún lado, y recordó que le había dicho que saldría a recoger a un amigo mutuo. Que quizás tardara un poco, pero que estaría de regreso, y llevaría compañía.
Dejó que el tiempo pasara y mientras sentía como su cuerpo regresaba a su estado normal de forma paulatina, escuchó el sonido de la puerta siendo abierta.
Alzó la mirada, para encontrarse con Trowa, y justo cuando éste cruzó el umbral de la puerta, sus ojos reconocieron a la persona que iba tras él.
Sintió un mareo que no pudo controlar y como se descontrolaba de nueva forma su corazón, desobedeciendo a la razón, por completo.
—¿Wufei? —su voz denotaba su sorpresa y reconocimiento, después miró a Trowa y hubo un sentimiento de alivio cubriendo por completo su rostro.
Cuando el piloto del Shenlong quiso acercarse más, Trowa lo impidió porque vio como el cuerpo de Quatre se convulsionó un par de veces, y lo vio caer de nueva cuenta sobre la cama. Se había desmayado, pero una cosa era segura y nadie lo podrá negar.
Quatre estaba de regreso.
~o~
—Tenemos que apresurarnos —gritó Duo, mientras miraba hacia atrás, una camioneta iba siguiéndolos.
Heero apretó el acelerador y sin apartar los ojos de la carretera hurgó en la chaqueta que vestía y le entregó un arma a Duo.
—Es todo lo que tenemos por el momento, ¿puedes atrasarlos?
Duo soltó un resoplido, se acomodó el flequillo.
—Me ofende que dudes de mi puntería, Heero —pero se estaba riendo mientras decía eso.
Apuntó a las dos llantas delanteras y consiguió atinarles, vio como la camioneta continuaba avanzando, pero con más dificultades, después disparó a los cristales y vio como la explosión del cristal delantero, al ceder a tantos impactos, hizo que el conductor cerrara los ojos y se saliera del camino.
—Apresúrate, Wufei nos espera.
Seguían siendo perseguidos, pero tenían ventaja sobre ellos, y un destino que alcanzar. El pie de Heero pisó con más fuerza el acelerador, y casi volaron por la carretera.
Sabían que más vendrían en su búsqueda, que seguro aquellos que acababan de quedar atrás, habían pedido más refuerzos. Miró el reloj, se daba cuenta que iban contra el tiempo, pero eran muy buenos, demasiado, y alcanzarían a reunirse con Wufei, se reencontrarían con Trowa y Quatre, acabarían con el problema de raíz, pese a la amnesia del rubio soldado.
No sería la primera vez que lidiaban con algo así, tampoco sería la última.
Heero miró de reojo a Duo, porque éste reía como un loco, lo vio girarse hacia él y regalarle una sonrisa.
—Preventers no tiene idea de la caja de pandora que han abierto al meterse con nosotros.
Recibió como respuesta un resoplido de Heero, pero no era uno de burla ni de incredulidad, era su forma de comunicarse en ese momento. También aumentó la velocidad.
La distancia se acortaba, el tiempo se les agotaba, pero era obvio que ellos llevaban la ventaja en ese juego de persecución.
