Parte 5
Sentía todo el cuerpo pesado, como si éste no le respondiera a la orden que su cerebro enviaba de moverse. Pero no se permitió afectarse por eso, no se encontraba en una situación de riesgo, así que se relajó, de modo que gradualmente su cuerpo comenzó a reaccionar de nueva cuenta a las órdenes mentales.
Lo primero que hizo fue abrir los ojos, estaba cubierto con una delgada sábana y la habitación estaba oscura, por lo que le costó un poco ajustarse a la poca visibilidad.
Recordaba con claridad todo, pero seguía con dolor de cabeza, y suponía que ni una aspirina sería capaz de calmarlo. Se obligó a acostumbrarse a él, y recibió gustoso aquella sensación foránea que ya tenía de nueva cuenta explicación para él. Su corazón estaba conectado al de los otros pilotos Gundam, extrañamente la conexión más intensa era con Heero, pero por quien sus propios sentimientos reaccionaban más era por Trowa.
Lo sentía, cerca y con el mismo alivio que experimentaba.
Se habían extrañado, era lo normal para personas como ellos, que tenían asuntos pendientes del tipo emocional.
Pero no se arrepentía por ningún motivo de la decisión que tomaron, y seguiría manteniendo su postura, hasta concluir con esta misión. Después, Preventers y su trabajo como soldados no significarían nada, porque el tiempo seguía transcurriendo y se les escapaba de las manos, no era algo que pudiesen controlar y era hora de pensar primero en ellos antes que en el mundo.
Quatre podía permitirse ser egoísta por primera vez.
Después de todo lo que perdió en la guerra y en su infancia, podía decir que estarían a mano.
Se desenredó de la sábana y se pasó una mano por el cabello rubio y despeinado, aprovechó a darse un leve masaje con las yemas de los dedos, porque la palpitación de su cabeza continuaba y estaría con él por un buen rato, por lo que se tragó las quejas.
Su corazón se aceleró de nuevo, pero de forma placentera, anunciándole la llegada de Trowa.
La luz fue encendida y lastimó un poco sus ojos acostumbrados a la oscuridad, pero se recuperó rápidamente.
Suponía que entendía la expresión de enfado de Trowa, él también se hubiera molestado en caso que éste creyera poder resolver un caso solo, por muy sencillo que fuera. Todo se le salió de control y continuaba sintiéndose un poco estúpido, ya que era un grupo tan reciente que buscaba crear caos y que a él lo hubiesen engañado tan fácilmente le dejaba un mal sabor de boca.
Significaba que se confiaba demasiado por sus habilidades, y en una guerra no importaba qué tan bueno fueras, lo importante siempre era el resultado final. Muchos buenos soldados ya no vivían, y aunque ellos sí, eso no le daba constancia que sería así siempre.
—Lo sé —fue lo que empezó a decir, sus ojos fijos en aquellos verdes llenos de tantos sentimientos que los sentía claramente—, fui demasiado descuidado, no volverá a pasar.
Escuchó el resoplido de Trowa, que significaba que no creía lo que estaba escuchando.
Tuvo la decencia de sonrojarse y luego permitió la risa que pedía a gritos salir de su cuerpo. Lo necesitaba urgentemente, un instante libre de estrés después de todo el infierno que vivió. De seguro el resto de sus amigos también se preocuparon demasiado por él. Del mismo modo en que él lo hizo por Wufei… y ése era un tema que aún tenía pendiente, pero no tenía tanta prisa, pese a todo, quería recuperar un poco más de energía y estar con Trowa un momento extra.
—Te extrañé —escuchó la voz del piloto del Heavyarms tomar otro matiz, uno mucho más íntimo, que no deberían estar empleando aún, pero no tuvo la fortaleza de detenerlo—, por un momento llegué a pensar que te había perdido.
Se acercó a él, Quatre se mantuvo inmóvil en su sitio, esperando y con el corazón vuelto loco.
Jamás se acostumbraría a lo intenso de lo que sentía, a ese golpe de afecto que lo hacía sentir débil frente a Trowa.
—Nunca vuelvas a asustarnos de esta forma —pidió en un susurro.
Era una orden, una súplica, una petición, todo en una misma oración y Quatre no tuvo forma de negarse.
Imaginaba el sufrimiento de todos al no saber lo que había ocurrido.
—Lo siento —se disculpó aceptando el abrazo que le llegó de repente, pero no de forma inesperada.
Se fundió en éste, en el calor que emanaba el cuerpo de Trowa y apoyó el rostro en el hombro fuerte que se le ofrecía. Se sentía tan a gusto y protegido, aunque no lo necesitara, pero era una buena sensación, algo que Trowa siempre le inspiraba, lo supo antes de recibirlo, pero no se opuso porque le hacía falta, era algo que siempre quería y se contenía, se obligaba a no quererlo.
El beso fue el primero en mucho tiempo entre ellos dos, y se abandonó a éste, al confort que le proporcionaba, a las caricias desesperadas de Trowa que sólo lo despeinaban y le hacían suspirar.
Se soltaron, pero seguían cerca uno del otro.
—Sé que no es lo correcto —aceptó Trowa—, pero me hacía falta desde que te encontré.
Quatre se río de nuevo y se acercó, para sujetar el rostro del otro piloto entre sus manos.
—Yo también te he extrañado demasiado —aseguró y cerró los ojos, para sentir más—, aunque no te recordaba había un vacío enorme que nada podía llenar, salvo el atractivo extraño de los ojos verdes.
Quizás era por lo poco expresivo que siempre fue, Trowa sólo se permitió una leve sonrisa.
—Ven, sígueme —le sujetó la mano—. Wufei está esperándonos afuera, le envió la ubicación a Heero y a Duo para que nos alcanzaran, y tenemos que ir por la información que recuperaste para dar por concluida esta misión.
Le siguió, con los dedos todavía entrelazados, y sabiendo que al encontrarse con Wufei tendrían que retornar al modo soldado y olvidar momentáneamente ese beso compartido en la habitación.
Cuando vieron a Wufei, sus manos se soltaron, eran de nuevo Cero Tres y Cero Cuatro en una misión.
Quizás sólo Cero Tres ya que Quatre se permitió otro momento de debilidad, se acercó a Wufei y lo abrazó con fuerza, sorprendiendo a éste quien se quedó inmóvil recibiendo el abrazo.
—Oh, disculpa —dijo—, pero cuando me secuestraron, me dijeron que te habían matado y me enseñaron unas imágenes de un cadáver con rasgos muy similares a ti.
Wufei le miró y le regaló un intento de sonrisa.
—Tenemos trabajo que hacer —miró los ojos cansados de Quatre—. Es bueno tenerte de regreso.
Fue toda la camaradería que se permitió, pero para Quatre fue más que suficiente.
~o~
Cuando llegaron al punto de reunión, éste se encontraba vacío y demasiado silencioso, y por un momento Heero dudó del sitio, pero en ese instante la puerta se abrió y vio entrar a Trowa, seguido por los otros dos pilotos.
Quatre los continuaba sorprendiendo, ya que debido a su estado en el último video grabado todos llegaron a temer lo peor, pero ahí estaba luciendo igual a como lo recordaba, tan lleno de vida y luz.
—¿Qué tan seguro es este sitio? —fue la primera pregunta de Heero, cuando todos estuvieron acomodados en una mesa y después que Rose hubiese tomado la orden de los cinco y lamentado una vez más la pérdida de Quatre como empleado del local.
—Bastante —respondió Wufei—, después de recibir las coordenadas de Trowa investigué el sitio y es uno que pasa desapercibido por completo. Es pequeño y eso le resta interés. Incluso Preventers lo tachó de su lista de posibles sitios donde buscar a Quatre.
Todos hicieron una mueca ya que aún no le decían a Quatre que estaban huyendo de Preventers.
Suponía que le ocultaban algo, lo sentía, pero ese momento se lo confirmó.
Miró a todos fijamente y sus ojos se detuvieron en Heero, su relación con él era muy estrecha. Tenían un vínculo más allá de lo comprensible que siempre les sacaba de apuros, y en ese instante le daría a Quatre la respuesta que estaba buscando.
—¿Qué es lo que sucedió? —hizo una pausa, vio como Duo bajaba la cabeza y se enfocaba en su café.
Trowa hizo exactamente lo mismo, y se negó el instinto de estirarse y sujetar su mano.
Habría tiempo para eso, después.
—Preventers está persiguiéndonos porque rompimos varios protocolos en tu búsqueda —respondió Heero, demasiado serio—. Pero logramos descubrir cómo fue que tuvieron acceso a la información tuya que les permitió ingresar a WEI.
Quatre se rascó la cabeza.
—Fue un trabajo interno —tomó un sorbo de su café, lucía cansado aún—, eso lo supe desde que el gas fue soltado y supe que no tendría salida, lo que no pude descubrir fue quién lo hizo. Quienes me tenían prisionero no son tan torpes, en ningún momento me dijeron el nombre del traidor.
—Wufei lo encontró —intervino Duo, miró de reojo al mencionado—, lo asesinó frente a Relena y ahora es el principal objetivo de Preventers.
Quatre se rió, pero era una risa nerviosa e incrédula, por lo que estaba escuchando.
—¿En cuántos problemas se metieron por mí? —centró su atención en Trowa.
De haber sido cualquiera de ellos la persona secuestrada, no dudaría en hacer todo lo que ellos hicieron. Pasó el amargo sabor de boca con otro sorbo de caliente café y centró de nuevo su atención en Heero.
Estaba esperando su respuesta.
—Nada demasiado grave, si no contamos lo que hizo Wufei.
—Cualquiera hubiese hecho lo mismo —aclaró Duo, estaba inclinado en dirección a Heero, quien no se veía muy a gusto.
Quatre se dio cuenta hasta ese momento que esa extraña sensación que lo recorría por dentro no era suya. Era Heero quien experimentaba eso, una confusión que parecía no tener principio ni final, era más bien un nudo que lo tenía distraído. Y pese a todo, continuaba en su mejor modo soldado, porque los veía cansados y sucios, a Duo herido, y a él muy confuso.
Se hizo la nota mental de acorralarlo después para preguntarle qué estaba ocurriendo.
No era secreta su relación con Duo, y ambos mantenían el tipo de relación que en ocasiones parecía ser unilateral por parte de Duo, pero que era correspondida. El único cambio en esa dinámica un poco disfuncional a la vista de la gente, era algo interno que solamente él sentía al mismo tiempo que Heero.
—Bien, lo que tenemos que hacer es regresar a donde oculté la información. De hecho, esta jamás salió del sitio donde la tomé.
Vio la expresión de entendimiento de Wufei.
—¿Fue por...? —hizo una pausa, esperando a que el otro continuara, porque no le correspondía a él revelar lo que ocurrió y le hizo involucrarse en aquella misión.
Un asentimiento de Quatre, y el suspiro en que soltó cualquier posible duda para abrir por completo aquella caja fuerte de secretos.
Esta vez centró su atención en Trowa, porque debido a su relación en pausa, era a él a quien debía la mayor explicación. Vio que éste también estaba muy atento a él, pendiente de lo que hacía y decía.
—Cuando Une me dio la orden, no dudé en aceptarla porque era una misión breve y estaba demasiado estresado por asuntos legales de WEI, de modo que permití que mi estrés laboral se transmitiera en la misión. En un principio no lo consideré importante, era la primera vez que me veía bloqueado... Soy más estratega que hacker y fue por eso que también tuve obstáculos en el camino —se detuvo para lanzar una mirada a Duo, quien confiaba tanto en Quatre, y éste lo había ignorado sabiendo que el mejor en esa área era él, se disculpó con una sonrisa—. Decidí pedirle ayuda a Wufei, y él ingresó al sistema fácilmente y logró quitar todos los candados que podrían significar problemas para mí. Logré ingresar a la base enemiga y robar los códigos... Hice dos copias, y ellos se dieron cuenta de esto. Una copia está segura en manos de Rashid, pero él no lo sabe... y la otra ni siquiera abandonó el sitio de su procedencia.
—¿A qué te refieres con que una copia está con Rashid y él no lo sabe? —interrogó Trowa.
Parecía muy molesto, pero controlado.
Quatre lo leía tan bien que conocía el motivo de su enfado y éste era que no se apoyó en él, que acudió a alguien más. No era el único indignado en esa mesa, Duo estaba en un estado muy similar, pero no tan intenso. Y, por último, Heero desprendía un sentimiento de decepción.
—Lo siento —fue todo lo que dijo, y todos los presentes sabían que no había forma de engañar a Quatre.
Fue Wufei quien retornó el rumbo de la conversación al tema pendiente.
—¿Sobre Rashid?
Eso los hizo a todos regresar su atención a la misión, a las dudas respecto a ésta.
—Envié un paquete a la Tierra, con ciertas cosas personales que Rashid solicitó, en una de las cajas escondí la información. Sólo dejé una nota que iría por ese paquete en particular, que me lo resguardara.
—Rashid me buscó, me dijo que tenía una caja que te pertenecía, que no sabía si dármela o seguirla guardando hasta que aparecieras —intervino Trowa—. ¿Crees que pueda ser esa?
Un asentimiento, después se terminó el contenido de su taza.
—No lo dudo —miró a Trowa y se permitió una sonrisa—. Me alegra saber que Rashid sabe en quién puede confiar.
Duo soltó aire por la nariz.
—Al menos él lo sabe —dijo, se levantó de la mesa y se dirigió a la barra donde se encontraba Rose, para ordenar algo más y alejarse de ellos.
Estaba molesto, porque él también confiaba en Wufei, como en los otros tres, pero el hecho que siendo él el mejor en el área, lo hubiesen ignorado, no ayudaba mucho a su estado actual. Estaba cansado, adolorido aún y no podía apostar ningún órgano vital, pero Heero estaba comportándose un poco distante, más de lo que era normal.
Quatre no dijo nada para defenderse, no tendría sentido.
Sabía que los tres estaban molestos con él, porque sentían que no confiaba en ellos, cuando la verdad era otra. Estaba demasiado más involucrado emocionalmente con ellos que con Wufei, que fue más fácil acudir a él.
Esperaba que, por su comportamiento ante ese descubrimiento, se dieran cuenta del porqué de sus decisiones.
Trowa no estaba mirándole y Wufei parecía un poco incómodo en esa mesa, sabiendo que los demás se sentían en cierta forma traicionados.
Quatre se levantó de su asiento y miró a Heero.
—¿Podemos hablar? —cuando vio que Trowa le miraba de reojo, añadió—. En privado, por favor.
~o~
—Lo siento —volvió a disculparse, y Heero supo que no estaba mintiendo pero que en caso de tener que decidir de nuevo, tomaría la misma decisión—. Sé que puedo confiar en ustedes y lo hago, pero WEI estaba volviéndome loco y supe que se preocuparían demasiado si iba con ustedes por un problema tan pequeño.
Heero asintió.
—Une no debió darte esa misión —comentó—, no es lo que tú normalmente haces para Preventers, debió dejar eso a alguien de menor rango, o incluso a alguno de nosotros, que tenemos más experiencia en ese tipo de misiones.
Vio como Quatre ponía los ojos en blanco y luego se reía.
—Justamente eso es lo que quería evitar —dijo y se pasó una mano por el cabello, miró hacia el interior del local, donde podía ver a Duo y a Trowa abiertamente mirando hacia donde estaban ellos dos—. También soy un soldado y puedo hacer esto, separando lo laboral de WEI con lo de Preventers.
Otro movimiento afirmativo de cabeza, no estaba restándole méritos a su trayectoria de soldado sólo se preocupaba por él, como todos, porque tenía doble trabajo y una familia que estaba siempre tras él, exigiéndole ser lo mejor para la empresa que su padre había dejado.
—Sé que fui muy estúpido, no se repetirá.
Recibió la misma respuesta que Trowa le dio, un ruido incrédulo que le hizo reírse de nuevo.
—Disculpa aceptada —fue todo lo que dijo Heero.
Y Quatre sintió calma, había algo en su relación con Heero, un entendimiento que abría puertas y le ayudaba a ser mejor soldado. Heero le hablaba con el corazón, y él lo agradecía, esa conexión que se había formado inesperadamente y continuaba latente.
—Pero eso no es lo que quería hablar contigo en privado —aclaró y miró de nuevo al interior del local.
Heero hizo lo mismo, no le sorprendió ver que eran el centro de atención de Trowa y Duo.
—¿Es sobre Barton? —quiso saber y cuando recibió una negación por parte de Quatre, hizo lo mismo, negó—. Entonces es sobre Duo, y no creo que sea un buen momento para hablar de esto.
Quatre volvió a reírse.
—Mi vida amorosa sí puede ser tema de conversación en estos momentos, pero la tuya no, ¿por qué? —quiso saber.
No consideraba esta conversación una pérdida de tiempo, porque Heero estaba muy confundido, y era preferible invertir el tiempo en conseguir aclarar su mente, a verlo lanzarse contra Preventers en el estado en que se encontraba.
De seguro no tendría un impacto muy negativo, pero lo habría y Heero se lo reprocharía durante mucho tiempo.
—Ninguno de los dos tiene vida amorosa —aclaró, continuaba mirando al interior, la forma en que los ojos de Duo no dejaban de seguirle—, ambos por decisión propia.
Quatre también se percató de Duo, y tuvo ganas de moverse para sentirse seguido con los ojos de Trowa, pero no lo hizo.
—Ouch —fue lo que soltó—. Ahora, necesito que me hables con la verdad. Sabes que Trowa es la persona más importante para mí, pero tú eres lo más cercano que tengo a un mejor amigo y confidente... no importa lo extraño que pueda ser para los demás. Contigo, desde que comprendiste lo que sentía cuando me liberé del control del sistema Wing Zero, desde antes incluso, establecí un vínculo que hasta hoy sigue igual de fuerte... Y las fluctuaciones de tu estado de ánimo no me dejan concentrarme.
—Oh... Creí que te encontraríamos amnésico, por eso no le di mucha importancia a esto.
El rubio acortó la distancia entre ellos y miró a los ojos a Heero, bloqueó a Duo y a Trowa. No necesitaba tampoco sus fluctuaciones.
—¿Qué fue lo que pasó? —preguntó.
Hubo un incómodo silencio que duró exactamente dos minutos y causó ansiedad en ambos.
—Duo me dijo que me amaba —respondió, y todas sus dudas se reflejaron en Quatre.
Éste miró a Duo, estableció contacto con él y sintió una especie de celos sin sentido que le hicieron reírse.
—Duo te ama, Heero —respondió—. Eso creí que ya lo sabías.
Éste no afirmó ni negó, miró a Trowa, quien no dejaba de observarle.
—El problema no es ése —admitió y regresó su atención a él—, el problema es que en nuestro arreglo no había sentimientos de por medio. Era sólo sexo.
—El único problema que yo le veo a esto es si tú no correspondes los sentimientos de Duo, y ambos sabemos que no es así.
Heero le miró fríamente por un instante.
—Tú y tu empatía.
La enorme sonrisa de Quatre fueron toda la respuesta que necesitó... y éste pudo sentir como la calma regresó de a poco al cuerpo de Heero. Ahora sólo le quedaba hacerle entender a Duo y a Trowa que no deberían dudar de los sentimientos que él y Heero tenían por ellos.
Lo bueno era que su estrecha relación con Heero se limitaba a la conexión que compartían y a sus palabras, no se abrazaron ni se tocaron. Sólo le regaló una sonrisa extra a Heero y se movió de ahí, en dirección a Trowa, aquel vínculo que no era tan fuerte, pero era al que su corazón buscaba y al que él tenía que ir.
Antes de entrar, escuchó a Heero.
—Deberías arreglar tus propios asuntos pendientes con Barton.
Sin volverse, le respondió.
—Al terminar esta misión... es una promesa.
~o~
Estaban los cinco apretados en el pequeño cuarto que Trowa había rentado, el sofá de la pequeña salita era donde dormían Heero y Duo, Wufei que llevaba consigo una bolsa de dormir, la colocó en la pequeña área de comedor del muy reducido lugar, ya que sólo pasarían una noche ahí, y por último Trowa y Quatre dormirían en la habitación.
—Puedo dormir en el suelo, si quieres —dijo Trowa, cogiendo una almohada y listo para dejarla caer si era lo que el rubio decidía.
Pero éste sacudió la cabeza y se metió bajo las sábanas.
—No, quiero dormir contigo —le dijo y sonrió cuando el otro obedeció y se metió bajo las sábanas con él.
—¿Estás listo para terminar esta estúpida misión?
Quatre rió suavemente y suspiró un sí casi imperceptible.
Su mente estaba clara, sin las preocupaciones de WEI, sabiéndose acompañado y teniendo junto a él a Trowa. El beso en su mejilla le supo bien, sonrió ampliamente y cerró los ojos, abandonándose a las caricias.
Sabía que Trowa lo amaba, y que se preocupaba por él. Por eso mismo, cumpliría la promesa a Heero y a sí mismo, después de esta misión, se daría la oportunidad de ser feliz con Trowa. Ambos lo merecían.
Además, si seguía haciendo esperar a Trowa, Catherine terminaría con él.
—Sólo una misión más —dijo.
Como respuesta, recibió un beso casto en la boca, seco y breve.
Así, se quedó dormido.
~o~
Despedirse de Rose fue lo más difícil de esa misión para Quatre, ver como se le llenaron los ojos de lágrimas y lo apretó fuerte contra su pecho cuando se despidió de él, le hicieron sentir un nudo en la garganta.
—No me olvidaré de ti —aseguró—. Jamás me olvidaré de todo lo que hiciste por mí, regresaremos a visitarte.
Cuando dijo esto, tomó la mano de Trowa en la suya y éste asintió como respuesta.
Rose también abrazó fuerte a Trowa y lo apretó muy duro contra ella.
—Cuida de él, podrá ser muy fuerte e independiente, pero siempre cuida de él.
No tenían que pedírselo dos veces, Trowa aceptó de inmediato.
Tomaron el vehículo que Heero y Duo habían robado, al que Duo antes de llegar quitó el rastreador gps para que no pudieran ubicarlos, y se lo colocó a una camioneta vieja que vieron abandonada en un taller en el que sólo pasaron a comprar una refacción, como excusa para poder dejar aquel equipo.
Heero y Duo iban adelante y en el asiento trasero del jeep iban los otros tres.
Tenían gracias a Wufei, unos planos de la base a la que iban a ingresar en ese cierre de misión. Además de la buena memoria de Quatre que les ayudó a saber cuál sería el camino a tomar para recuperar la información.
Duo se encargaría de controlar las cámaras de seguridad para eliminar todo rastro de su visita al sitio, esto lo haría escoltado por Wufei, y Heero con Trowa tendrían el papel de escoltas de Quatre.
En teoría, la base debía estar abandonada, pero contaba con cuatro guardias que hacían rondas de vigilancia en todo el perímetro exterior de la construcción, garantizando que nadie se infiltrara en ésta.
Llegar fue relativamente fácil. Los tres consiguieron que les perdieran la pista y ya nadie más iba tras ellos, y en el breve contacto que tuvieron con Hilde, ésta les informó que Relena había liberado la información de que entre ellos se encontraban soldados falsos, que ingresaron con ayuda de algún hacker que los metió a la base de datos de forma inmediata, por lo que tenían ventaja de tiempo.
Une estaría ocupada lidiando con sus problemas internos.
El primero en descender del jeep fue Heero, le siguió Trowa, quienes tenían la tarea de cuidar el perímetro y a Quatre. Duo y Wufei fueron los siguientes.
—Nos vemos aquí en cuarenta minutos —dijo Wufei—. No podemos perder más tiempo, además es el cambio de guardias en una hora y habría más gente con quien enfrentarnos. Tenemos que hacer esto lo más silenciosamente posible.
Los cinco estuvieron de acuerdo y se separaron para cubrir sus misiones.
Quatre no estaba muy a gusto de tener que regresar ahí, le recordaba lo mucho que le costó una misión tan sencilla, cuando las complicadas no tenía que pensarlas demasiado. También le hacía volver a pensar en el tiempo que estuvo prisionero, y el hecho que salir de ahí no fue tan sencillo como hubiese creído.
—¿Estás bien? —preguntó Trowa.
Se veía la molestia en su rostro, pero la hizo a un lado.
—Sólo estaba recordando algo, no pasa nada —siguió avanzando.
Este grupo terrorista era muy desorganizado y no tomaban precauciones, lo cual para ellos era lo óptimo. Debido a esa falta de seguridad, fue que después del primer intento fallido, regresó con el apoyo de Wufei y pudo obtener lo que buscaba Preventers.
Se quería evitar una innecesaria guerra, y se consiguió, pero los códigos de los misiles nucleares aún no estaban en manos seguras, continuaban en el mismo sitio donde Quatre los escondió, y si no fueran tan estúpidos, ya los habrían recuperado.
Trowa mantuvo la compostura y profesionalismo, dándole sólo un asentimiento al rubio y continuando tras él. Heero se había rezagado un poco, para darles la privacidad que sentía les debía.
Comprendía los celos de Trowa, ya que su tipo de relación con Quatre era una muy singular. Pese a lo arisco que podía llegar a ser, no le ocultaba nada al otro y tenían una excelente dinámica de trabajo.
Se entendía mejor en ese aspecto con Quatre que con el propio Duo, pero eso no significaba que prefiriese iniciar una relación con el empático piloto, todo lo contrario. Tenerlo en el papel de mejor amigo, fuese lo que fuese ese término, funcionaba mejor.
El pasillo por donde transitaban era amplio y tenía muy buena iluminación, tal cual lo recordaba el piloto del Sandrock.
La última vez que lo recorrió, se hallaba débil y mareado, con el labio roto y la ropa rasgada, recién extraído de WEI y siendo empujado por un guardia que parecía hallar un placer malsano en arrojarlo contra el suelo a cada determinado lapso.
Ahora caminaba con la cabeza en alto, con un objetivo en mente.
Conforme avanzaba más, cada paso que daba era un recuerdo doloroso de la tortura física a la que fue sometido, de los golpes y escupitajos que recibió.
Como soldado estaba entrenado para darse a la fuga, pero le mantuvieron drogado una buena parte del tiempo, y fue hasta que pareció que lo domesticaron un poco, que permitieron mayor tiempo entre la inyección de drogas a su sistema.
Logró escapar con un golpe de suerte; sacudió la cabeza y continuó.
Estaba llegando al punto donde escondió la información, un cuarto vacío cercano al área de celdas, donde se divisaba una amplia ventana, por donde escapó la primera vez, con la información en un pendrive que estaba con Rashid, después de esconder la otra ahí en esa misma habitación.
—Es aquí —murmuró, hablando en voz muy baja porque, aunque estaban solos seguía sintiéndose observado.
Entró a la habitación, había una loza partida en dos que levantó con cuidado.
Ahí continuaba la información, junto a un comunicador que dejó abandonado en caso que lo atraparan, para que no pudieran rastrear la señal.
Tomó la información, y en cuanto la tuvo entre sus manos, escucharon pasos tras ellos.
Heero y Trowa estaban alerta, Quatre también.
Frente a ellos estaba el depravado guardia que intentó tener sexo con Quatre y a quien éste engañó para poder huir de ahí.
—Oh, veo que el amo Quatre ha regresado a terminar su cena.
El rubio ladeó la cabeza y sonrió.
—No te hagas tantas ilusiones —sujetó el pendrive entre sus dedos y se la mostró—. Sólo vine a recuperar la información que les robé y dejé aquí escondida.
Darse cuenta del significado de las palabras del rubio, le hizo abrir mucho los ojos y sujetar entre sus manos el radio de banda corta que le servía para comunicarse con los guardias que mantenían seguro el sitio, pero justo cuando lo llevaba a su boca, un disparo le explotó en la mano, haciéndolo pedazos y destrozándole los dedos.
Heero se volvió a ver a Trowa y observó que éste apuntaba su arma, pero la que seguía humeando era la de Quatre.
—Gracias por cuidar tan bien de mí en mi estancia en este sitio —masculló el rubio, un matiz de enfado puro en su voz, y detonó de nueva cuenta su pistola, el disparo atinándole a la frente del otro sujeto.
~o~
Tenían veinte minutos solamente, y estaban siendo bien aprovechados por Duo, quien ya había limpiado todas las computadoras, eliminando no sólo la información de esa visita, también todas las previas; también encontró un acceso a la base de datos de Preventers que borró rápidamente y volvió a revisar que la búsqueda de Wufei continuara sin aparecer.
Estaba controlando las puertas y todos los seguros, para conseguir distraer a los guardias, cuando escuchó el sonido de un cuerpo cayendo y sintió a Wufei moviéndose tras él.
—Lástima —soltó, mientras miraba de reojo al cadáver—, me quedé con las ganas de matar a alguien en esta misión.
Wufei no dijo nada, pero estaba mirándole y Duo se permitió una carcajada.
—Listo, he borrado todos los registros de todo. Básicamente, estas computadoras son casi nuevas.
—Tienes que apagar las cámaras, para que podamos huir.
Duo tenía una mejor idea, si la gente no apreciaba su talento con los equipos de cómputo, cuando menos podía hacer un par de travesuras antes de irse.
—Por eso no te preocupes, mi estimado Wufei —estaba riéndose—, he vinculado las cámaras a un sitio web pornográfico, por lo que lo único que nuestros amigos verán será vídeos triple equis. Algo para alegrarles la vida a estos pobres diablos.
Wufei no lo pudo evitar, se rió de lo que le estaba diciendo Duo.
~o~
Ya iban de regreso a casa, esta vez quien manejaba el jeep era Wufei, su copiloto era Duo, quien tenía esa misión porque parecía que nunca se le terminaba la energía y con su plática incesante conseguía mantener despierto a quien estuviera haciendo el trabajo de chofer.
En el asiento trasero, Heero por primera vez se permitió rendirse a su cansancio e iba dormitando, después de hablar con Relena y asegurarle que ya tenían la información y Quatre iba de regreso con ellos, y en excelente estado.
También hablaron con Une, quien les dijo que tendrían una audiencia con los altos rangos de Preventers para decidir cómo procederían con ellos, pero la caza de pilotos Gundams había sido cancelada y podían regresar en paz sin preocuparse que algún loco soldado quisiera acabar con sus vidas.
Quatre iba acurrucado junto a Trowa, pero muy despierto, sintiendo el latido tranquilo de éste, la caricia de su respiración en su frente y las manos tibias que acariciaban su espalda por sobre la tela delgada de su camisa.
Una parte de sí estaba arrepentida de la forma en que mató a ese guardia, la otra se lo agradecía, porque dio por cerrado un capítulo que no buscaba rememorar nunca.
—¿Estás bien? —le preguntó Trowa en una caricia de aliento y palabras, después le besó la frente tibiamente, y él sonrió.
Dio una afirmación y se pegó más al cuerpo del otro, quien lo permitió y recibió la pierna delgada del rubio enredándose en una de las suyas.
—He estado mejor, pero no es nada por lo que debamos preocuparnos mucho —hizo una pausa, miró de reojo a Duo, quien le miraba por el espejo retrovisor y le estaba alzando las cejas sugestivamente.
Sonrió con un guiño y cumplió con su palabra.
El beso que le dio a Trowa supo a triunfo, a libertad y sobre todo a un nuevo inicio.
Lo único que tenían que hacer ahora era regresar a Preventers, armar el reporte de la demasiado larga misión, entregárselo personalmente a Une y tener la audiencia para que les dijeran cuál sería su castigo.
Quatre seguía creyendo que tenía a los mejores amigos del mundo, y Duo en ese momento se daba cuenta finalmente que cualquier posible celo que pudiera sentir por la relación entre Heero y Quatre, no tenía fundamento alguno. Lo veía en la forma muy similar en la que Quatre veía a Trowa, así como él mismo muchas veces se quedaba observando a Heero.
Suponía que la diferencia estaba en el tipo de relación que tenían.
Quizás era hora de cambiar las reglas del juego que tenía con el soldado perfecto.
Wufei por su parte sólo pensaba lo mucho que quería llegar a su departamento, darse una ducha y rogar que parte del castigo fuera quitarle la clase de soldados avanzados, porque no creía poder lidiar con ellos después de saber que varios de éstos habían estado tras sus pistas, con intención de capturarlo y hacerlo prisionero de Preventers.
Porque lo único que haría sería hacerles ver lo inútiles que fueron al ser engañados tan fácilmente por un par de vagabundos que Hilde le garantizó, ya estaban de regreso a sus vidas normales, con un poco de ropa extra y comida, aquella que él les dio en las mochilas que usó para distracción de sus alumnos.
~o~
—¿Hace cuánto sabías de esa misión de los pilotos Gundam? —le preguntó Milliardo.
Relena se pasó una mano por el cabello largo y rubio, estaba cansada, acababa de regresar de una cena con unas personalidades de las embajadas de las colonias, lo único que quería era darse una larga ducha y dormir por un día entero.
—Desde que asesinaron al traidor —respondió—. Te dije que los pilotos Gundam no eran lo que todos creían.
Milliardo sólo sonrió.
—Tengo que reconocértelo, Relena —estaba sonriéndole a su hermana—, no eres tan mala para juzgar a la gente.
Ella terminó de quitarse los miles de pasadores del cabello que mantenían parte de éste recogido en un peinado elegante, y sacudió la cabeza, la cascada amarilla que cayó sobre su espalda y la parte de cabello suelto, brillaba.
—Son mi guardia personal —retornó la sonrisa de su hermano—, sería una muy mala persona si no confiara en quienes garantizan la seguridad de mi vida.
—¿Aunque la pongan en riesgo?
La vio encogerse de hombros, quizás debía de juntarse un poco menos con Duo, se le estaba pegando su actitud ante la vida.
—Una vida sin un poco de acción, no es una vida.
Por su propio estilo de vida, no le quedó más remedio a él que aceptar la respuesta que le dieron.
