Parte 6.

Eso del amor era una cuestión algo complicada, y por muchos libros que pudiese leer al respecto no existía un manual sobre el cual leer para comprender la mecánica de éste. Era raro, porque Heero era un partidario de éstos, sobre todo en la ingeniería ya que explicaban el uso correcto de los enormes robots que utilizaban y varias de las naves que pilotaban.

Cuestiones emocionales, eran un asunto separado que parecían no tener principio o final.

Suponía que era su culpa al permitirse establecer un vínculo emocional de mayor impacto e intensidad a lo previsto con Duo. No que lo hubiese buscado, simplemente ocurrió, entre misiones y días de descanso, momentos de relajación y actividades no laborales, de repente se encontró con que se preocupaba demasiado.

Comprendía lo que significaba y en eso radicaba el problema en cuestión.

Por mucho que comprendiera la naturaleza de los cambios en su propia persona, Duo seguía siendo el mismo de siempre, lleno de energía y siempre sonriente aún en las peores situaciones. Tan positivo y vibrante, porque era uno de sus únicos medios de defensa ante la guerra. Pero eso le dejaba más confundido.

Tras la confesión de amor en medio del sexo, todo continuó igual.

Recuperaron a Quatre y éste la memoria y por consiguiente la información de la misión, pero todo lo demás era una enorme duda para él. No lo demostraba abiertamente porque siempre tuvo un amplio control sobre sus expresiones faciales, su cara de póquer era su mayor habilidad, incluso por sobre las demás.

Adicional a todo, Quatre quien era el único que tenía la capacidad mental y emocional de comprender por lo que estaba atravesando, también estaba ocupado en sus propios conflictos románticos.

Esperaba que cumpliera su palabra, porque tras todo lo que perdió y continuaba renunciando debido a su alto puesto en WEI, tener al amor de su vida a su lado, significaba una recompensa del universo a él.

Tampoco estaba ciego, y se daba cuenta que Trowa le miraba con cierto recelo por su cercanía a Quatre. Pero no podía hacer nada al respecto.

Así como el amor, tampoco había diseccionado de lleno el significado de la amistad, pero de una cosa estaba seguro. Si había alguien en el grupo que podía llevarse el título de su más cercano amigo, éste era Quatre.

Para ser dos personas tan opuestas, lograban comprenderse muy bien y tenían una dinámica muy eficiente que les llevaba a completar misiones de forma veloz y con la mínima cantidad de problemas posibles.

El mundo podía creer que los mejores equipos los hacían él con Duo y Trowa con Quatre, pero no era así. No que en esa combinación no trabajaran bien, pero siempre existía el riesgo de dejarse llevar por emociones que en el campo de batalla no podían controlar por completo y podrían llegar a significar una desventaja.

—¿Todo bien? —escuchó que le preguntaban.

Era la voz tranquila de Wufei, después de tomar agua de una botella y sentarse muy cerca de él, pero sin invadir su espacio personal.

—Estoy bien —fue su breve respuesta.

Wufei no le dio mucha importancia al tono de voz cortante que no dejaba entrada a ampliar la conversación. Todos estaban acostumbrados a esa particular cualidad de la personalidad de Heero, tan acostumbrados que la ignoraban y continuaban presionando o simplemente sonreían, en el caso de Quatre, y le daban su espacio.

El piloto chino no era alguien curioso por naturaleza, pero era muy bueno para leer emociones en el rostro de los demás. Algo que aprendió en la guerra y probó ser muy efectivo en el campo de batalla, cualquier posible resquicio que dejase entrever emociones era suficiente para apoderarse del momento y salir triunfante.

Ahora serviría únicamente para regresar el estoicismo al rostro de Heero.

—No te ves tan bien —fue casual, demasiado, pero no se notó fingido.

Era real, la preocupación de Wufei.

Como oficial de Preventers le importaba mucho la efectividad de sus compañeros, más la de aquellos que trabajaban muy seguido con él.

—Tu estado de ánimo, ¿tiene algo que ver con el de Duo?

Heero le miró de reojo un poco sorprendido, pero sin delatarse por completo.

Wufei no era tan perceptivo por lo que su estado de ánimo no debía verse como el usual.

Quizás hasta el propio Duo sabía de su dilema, o quizás no.

Le daba demasiado vueltas en su cabeza, sobre analizándolo.

—¿Qué tiene que ver Duo conmigo? —preguntó y quiso sonar convencido de sus palabras, como si creyera lo que estaba diciendo y le faltó tan poco para transmitir el desinterés total que usualmente cubría sus palabras.

El piloto chino se rió, fuerte y largo, pero no estaba burlándose de él. Fue la reacción natural a estar siendo alimentado de una mentira en forma de una pregunta.

—Creo que por eso es Quatre quien hace estas cosas —se detuvo para terminarse el contenido de su botella de un único trago—. Su paciencia no tiene límites. Pero escucha esto, es un consejo que tomo prestado del propio Quatre: no es bueno pensar tanto las cosas, entre más prolongues la búsqueda de aquello que quieres, es más probable que eso termine buscando un reemplazo. La gente se cansa de esperar.

Se levantó de su lugar, estaba cansado y dormir un par de horas no sonaba nada mal después de estar durmiendo por momentos ya que fue mucho tiempo uno de los más buscados por la agencia para la cual trabajaba.

Heero analizó sus palabras, muy ciertas, y movió la cabeza casi imperceptiblemente en un asentimiento que aseguraba que estaba tomando aquella misión.

Wufei no pudo más que reír; Heero Yui, siempre el soldado perfecto.

El mismo que cerró los ojos y se abandonó a la seguridad del sitio en donde estaban, la enorme casa de Quatre y la primera parada tras regresar de aquella demasiado larga y complicada misión, para lo sencillo que debió ser en realidad.

~o~

Besarse era una opción, pero no querían continuar evadiendo el tema principal por lo que, en vez de dirigirse a la habitación principal donde dormía Quatre, caminaron al estudio donde el rubio trabajaba cuando estaba en casa.

Trowa tomó asiento en una de las cómodas sillas, y Quatre no quiso ver su relación como un negocio más en su vida, por lo que se sentó junto a él, dejando la silla enorme y cómoda donde usualmente se sentaba para atender a sus invitados y clientes, vacía.

Los dos parecían tranquilos, porque el motivo de su estancia en ese lugar era para aclarar de una vez el estatus actual de su relación.

Tras varios años de evasión al tema, era notorio que ninguno sabía cómo iniciar y por eso el silencio se prolongaba demasiado.

Quatre fue el primero en reírse, el nerviosismo apoderándose de él de lleno. Trowa le siguió contagiado por la risa del rubio, quien apretaba los ojos y abría mucho la boca debido al ataque.

—Lo siento, lo siento —se disculpó, sobándose los ojos y estableciendo contacto visual.

Trowa le regaló una sonrisa y un movimiento que alborotó un poco más su cabello.

Continuaban sucios y cansados, pero tenían que darles prioridad a las cosas y ambos decidieron que habían pospuesto demasiado esta conversación, por lo que sería el primer tema a tratar, ya después con todo aclarado, incluso podían ducharse y dormir juntos.

Cualquier posible actividad podía esperar.

Pero pese a toda la empatía de Quatre, siempre se le complicó demasiado entender los sentimientos de Trowa, y se daba cuenta que era porque los analizaba de más, preocupándose por incluir sus propios pensamientos y emociones.

Aplacó la vorágine de pensamientos y emociones que amenazó con consumirlo y respiró hondo, tenían tiempo, y sobre todo la disposición de hablarlo. Trowa le miraba de frente, se sonreían y estaban por primera vez en mucho tiempo, en la misma página.

Quizás tuvieran demasiada historia, y tras aclararlo todo, no sería su primera vez juntos, pero sí sería la primera vez que no tendría como trasfondo la casi segura próxima muerte de alguno de ellos dos.

—Es más complicado de lo que pensé —admitió Trowa posando sus ojos verdes en la puerta y luego regresándolos al rostro de Quatre.

—Lo es —le confirmó—, quizás tenga mucho que ver con nuestra propia impaciencia proyectándose demasiado. Le hemos dado muchas largas a este asunto, y ya no fluye tan natural como debería.

Una sonrisa fue la respuesta que recibió.

El corazón de Quatre estaba tranquilo, latiendo en paz a un ritmo natural y lo disfrutaba.

Había personas que se llenaban la boca diciendo que la persona a quien amaba tenía la habilidad de poner su mundo de cabeza y alborotarles los pensamientos, de enloquecerlos y llenarlos de una ansiedad placentera.

Con Trowa ocurría todo lo opuesto, estar juntos significaba confort total, una paz completa y eterna que le hacía sentir a gusto. Y no negaba lo mucho que su ritmo cardíaco se volvió loco ese par de veces que compartieron juntos, pero en ningún momento sintió aquel maremoto de emociones apoderándose de él.

Se le complicaba entender el lenguaje de las emociones del circense, pero su amor jamás le confundió. Lo que le confundía era querer ponerle nombre a lo que Trowa sentía por él, pero con el tiempo aprendió que no era su trabajo hacer eso, y fue la principal razón por la cual decidieron ambos esperar a tener todo aclarado con ellos mismos.

—Me preocupé demasiado por ti cuando te sacaron de WEI y todavía más cuando perdimos todo contacto y rastro de ti.

No necesitaba decirlo en voz alta, su preocupación era obvia, así como esa persistente sensación de angustia que parecía no querer desvanecerse.

—Sé que ambos tenemos un acuerdo —inició Trowa, dándole el tono requerido a su conversación—, pero preocuparme por ti como amigos solamente no es lo que quiero hacer hoy, o nunca. Desde que nos conocimos en la guerra tuvimos muchos sentimientos en común y no quiero perder eso por estar esperando a que sea el momento ideal.

Quatre bajó la mirada, en su rostro se dibujaba una leve sonrisa complacida, sus ojos brillaban y todo él se sentía ligero y en paz.

—Nunca será el momento adecuado, Trowa —aseguró—. Por eso, creo que lo mejor será hacer esto a nuestro tiempo, ¿no lo crees?

Aquellos ojos verdes estaban llenos de tantas cosas y quiso poder reciprocar esa mirada con la sonrisa que transformó su rostro, con la forma en que se inclinó al frente y extendió sus manos para recibir la de Trowa entre las suyas.

—Estoy muy lejos de ser lo que podrías querer —le recordó Trowa—, seguiré trabajando en el circo y en Preventers y nuestro tiempo juntos será muy limitado.

Quatre estaba sonriendo, ampliamente ahora.

Se llevó la mano de Trowa a su pecho, donde su corazón latía a un ritmo tranquilo.

—Pero eres justo lo que necesito —hizo una pausa—. Yo tampoco pienso abandonar WEI o a mi familia, y Preventers seguirá siendo un trabajo de medio tiempo para mí, para no aburrirme por completo en mi oficina… pero los momentos que tenga contigo, esos serán los que más atesoraré. No importa el resto, sólo nosotros.

No era la relación perfecta, distaba demasiado de serlo, pero tenían pleno conocimiento de ello y estaban dispuestos a trabajar para que aquello no fuera un impedimento.

—Catherine estará muy a gusto de ver que llegamos a un acuerdo.

—Y más cuando se dé cuenta que no planeo alejarte de ella —estaba sonriendo ampliamente, aún recordaba lo mucho que le costó estar en la lista blanca de la hermana de Trowa, pero lo agradecía.

—Tus asesores de imagen de WEI van a odiarte.

Quatre soltó la mano de Trowa y se puso de pie, dio los pasos necesarios para colocarse frente al otro soldado, entre sus piernas abiertas y se inclinó para enmarcarle el rostro con ambas manos, apartó el largo mechón de su rostro y lo vio volver a caer sobre éste, su piel pálida contrastaba con la piel bronceada del otro.

—Si van a odiarme por hacer su trabajo —era un susurro sobre la piel de Trowa—, quizás no me hacen falta… Tú sí.

El beso, cuando llegó, fue pausado, largo y ligeramente húmedo, una presión de labios y caricia de lenguas que no era una batalla, más bien era un reencuentro que llevaba mucho tiempo posponiéndose y les hacía sentir bien.

Las largas manos de Trowa se posaron sobre la estrecha cintura de Quatre, quien sonrió en medio del beso porque era muy sensible y el roce demasiado suave ocasionó una sensación de cosquillas que le hizo alegrarse.

Se separaron despacio no queriendo; Quatre abrió los ojos y volvió a sonreír.

El rostro sereno de Trowa estaba muy cerca del suyo, y por primera vez desde que se conocieron, su empatía estaba diciéndole que lo que él sentía y lo que Trowa sentía era una conexión que parecía estable y firme.

Estaban en la misma página y ninguno contenía de lleno su entusiasmo.

—¿Quieres tomar una ducha? —preguntó.

Como contestación, Trowa se levantó de su asiento y acortó la distancia entre ellos, era más alto que el rubio por lo que tuvo que inclinarse hacia abajo para volver a unir sus labios, y el beso fue un poco más intenso.

Fue toda la respuesta que Quatre necesitó.

~o~

La enorme bañera estaba llena de agua tibia a la que habían vertido aceites aromáticos que inundaban sus sentidos relajándolos aún más. Quizás no hablaron de todo lo que tenían que tratar, pero tenían un nuevo acuerdo, estarían juntos sin esperar que el otro interrumpiera su vida para encajar en otro mundo.

Quatre no esperaba y nunca lo hizo, que Trowa abandonara su vida nómada gracias al circo, para convertirse en una especie de esposa trofeo para él, alguien que le esperaría en casa con la cena lista; y Trowa sabía que pese a lo mucho que Quatre disfrutaba más de sus misiones de Preventers que las cenas de gala a las que atendía por WEI, no la dejaría jamás, por respeto a su padre y a su memoria.

Estando en la misma longitud de onda, compartiendo un ideal y un futuro, era más de lo que cualquier otra persona en esa mansión podía asegurar para ellos mismos.

El cuerpo tibio de Trowa recibía al suyo, ambos ya limpios del baño que se dieron, descansaban tras todo el estrés vivido y compartían un momento mutuo.

Era la primera vez que estaban juntos sin la prisa de la guerra, sin estarse escondiendo de enemigos y tan apurados que la ropa nunca se removía por completo.

Los dedos de Quatre acariciaban el brazo fuerte de Trowa, dibujando caricias y figuras geométricas en la superficie de su piel, trazando palabras y disfrutando la cercanía, sonriendo cuando los dedos más largos del otro piloto le acariciaban las piernas y lo tocaban sin ocultar jamás las intenciones que tenía.

Soltó una serie de besos que empezaron desde el hombro de Quatre y viajaron hacia el norte, subiendo por su cuello y creando cosquillas que hicieron temblar al rubio en su posición entre las piernas de Trowa, besos que terminaron en la mejilla ruborizada.

Su cabello húmedo estaba alborotado y sus ojos cerrados mientras disfrutaba del momento.

Era algo que siempre quiso y ahora que lo tenía quería disfrutar al máximo, la cercanía de ambos y la desaparición de aquella brecha emocional que pese al amor que existía entre ambos, siempre se interpuso entre ellos.

Con mucho cuidado de no resbalarse se giró, quedando arrodillado frente a Trowa y le besó con todo el amor que era capaz de sentir, un beso con sabor a triunfo y a libertad, que se prolongó quizás más de lo planeado.

Pegó su cuerpo al de Trowa y disfrutó la caricia que le recorrió la espalda suavemente, en un roce apenas perceptible que envío escalofríos de placer por todo su ser, haciéndole erizar toda la piel.

No había prisa, tenían tiempo aún, la noche estaba empezando y se debían demasiado que no planeaban apresurarlo. Lo que ocurriera fuera de ese baño no era importante para ellos, dentro de aquel sitio, el tiempo parecía haberse detenido y sólo podían enfocarse el uno en el otro.

Su cuerpo tembló de placer, y se sintió apretado en un abrazo, el rostro de su pareja escondiéndose en su cuello, aquella tibia respiración acariciándole una parte muy sensible del cuerpo. Su cintura siendo apretada en un abrazo estrecho y echó la cabeza hacia atrás, sabiéndose sujetado por el otro.

La mordida en su hombro le sorprendió y arrancó un gemido de su garganta.

—¿Estás bien? —escuchó la voz de Trowa, tomando un matiz muy diferente al usual y respondió con un sonido ronco que significaba una afirmación.

En ese momento toda coherencia le abandonó por completo y la lengua de Trowa recorriendo la marca dejada por sus dientes en aquella piel frágil fue todo en lo que se pudo concentrar, en el agua salpicándoles cuando dejó caer su mano y ésta rompió la tranquilidad de aquel líquido.

Dedos largos y expertos recorriéndolo por completo, una boca ardiente dejando besos en toda parte de su cuerpo que alcanzara, y él tuvo que hacer lo mismo. Permitió que su cuerpo se inclinara al frente y enmarcó el rostro de Trowa para poderlo besar con firmeza, uniendo sus labios en un beso húmedo y prolongado.

Después, sin romper la unión, soltó el rostro de su pareja y dejó que sus manos fueran descendiendo por el marcado pecho del piloto de heavyarms, disfrutando la suavidad de la piel, lo trabajado de los músculos, hasta que llegó al miembro erecto de Trowa, quien estaba de pie en honor a Quatre.

Lo acarició, disfrutando el leve momento de debilidad de Trowa en que apretó los ojos y se apoyó en el pecho del rubio. Sus movimientos no eran muy repentinos y bruscos, pero sí creaban una marea dentro de la bañera que acariciaba sus cuerpos conectados por aquel momento.

Rompió el beso y dio una mordida al labio inferior de Trowa.

Éste estiró la mano, había una pequeña botella de lubricante, y sólo alzó una ceja cuando leyó en la etiqueta que era a prueba de agua.

—Esto no fue algo que planeé —aclaró el rubio con el cabello pegado en la frente y las mejillas rojas—, pero no puedes negar que tener lubricante a prueba de agua siempre es una buena idea.

La risa de Trowa fue consumida por otro beso, y uno más y otro.

Cuando finalmente pudo abrir la botella de lubricante y verter un poco sobre sus dedos, Quatre se alzó un poco permitiendo la intrusión de esos dedos expertos y largos en su cuerpo, preparándolo para la entrada del miembro de Trowa.

Éste se tomó su tiempo, preparándolo, porque si bien no sería su primera vez, quería que esta primera vez, tras haber decidido que estaban en una relación a largo plazo, fuera algo que ambos disfrutaran. Además, los cambios en el rostro del rubio por el placer experimentado mientras acariciaba su interior, era algo que no quería negarse a sí mismo.

Quatre apretó los ojos con fuerza y gimió largo y guturalmente, consiguiendo una reacción del otro.

Se apoyó con ambas manos en los hombros del mayor y apretó los dientes cuando sintió un segundo y posterior tercer dedo ensanchándolo para evitar cualquier posible incomodidad o malestar en él.

La expresión de concentración que se apoderó del rostro de Trowa le hacía lucir tan atractivo, más que de costumbre, enfocado en él, en ensanchar aquel estrecho pasaje y lubricarlo lo más posible.

—Más —murmuró entre dientes y aferrándose al cuerpo firme bajo el suyo.

Y Trowa obedeció, porque la voz de Quatre sonaba desesperada.

Vertió más lubricante en su mano y se cubrió por completo, para poder ser recibido por el tibio y estrecho pasaje de Quatre, quien lo aceptó abriendo la boca en un suspiro y se apretó más a él, dejándose caer sobre los muslos de Trowa.

Ambos se movieron al mismo ritmo, persiguiendo el mismo fin, sus caderas chocaban torpe y bruscamente, queriendo hacerse del placer mismo, y no duraron mucho.

Pero el final, intenso y bienvenido, fue mejor que cualquier otra vez, porque pudieron permanecer abrazados, uno dentro del otro y besándose perezosamente, sin prisa, esperando a que sus respiraciones se controlaran.

Era un buen inicio.

~o~

Lady Une los recibió en su oficina, al primero que dejó entrar antes de hacer una audiencia un poco más formal, fue a Quatre. Éste parecía relajado y tranquilo, nada a como lo imaginó después de enterarse por todo lo que pasó antes de poder regresar a casa.

—Buenos días, Quatre —saludó ella, seria y hojeando el reporte que el soldado frente a ella acababa de entregarle.

Todo muy bien detallado, especificando todo lo que sucedió.

No le sorprendió mucho que Quatre respondiera con sólo un asentimiento y un espejo de la misma seriedad que ella estaba mostrando.

—Veo que incluiste toda la evidencia que recolectaron tus amigos acerca de la misión, y creo que te animará saber que los infiltrados han sido apresados y se encuentran en espera de juicio aquí en Preventers —hizo una pausa, miró de reojo al rubio, continuó revisando el reporte—. Nunca quise mandarte a una misión suicida, Quatre.

Lo vio recuperar la sonrisa que era tan característica en él.

—Oh, lo sé —amplió su sonrisa, se inclinó un poco al frente—. ¿Cuál es nuestro veredicto?

Ella se levantó.

—Espera un momento —pidió y se dirigió a la puerta, la abrió y dio la indicación a los otros pilotos Gundam que entraran—. Es un castigo leve.

Duo pareció imitar a un gato en ese momento, ya que todo él se erizó del enfado.

—¿Castigo? —preguntó, alzando la voz—. No hicimos nada malo.

Ella les miró a los cinco, se veían bastante cansados.

—Una suspensión de seis meses, y ninguna queja de ustedes y esto no se incluirá en sus expedientes.

~o~

Debían agradecerle a Quatre el hecho de haberles dado habitaciones separadas colindantes y aún más, el hecho que se hubiese llevado consigo a Trowa y a Wufei para hacer las compras de la comida que necesitarían para las dos semanas que estarían ahí. Después irían con Trowa a alcanzar a Catherine, él se integraría al circo y viajarían un mes con él, para después cada quien continuar con el tiempo de "vacaciones" restantes a como lo quisieran.

Era bueno saber que tenían seis meses libres de preocupaciones por delante.

Era mejor aún saber que estaban juntos en la enorme casa de playa de Quatre.

Duo miró a Heero por la esquina del ojo y vio como éste parecía tranquilo hojeando el manual de la nueva cafetera que estaba conectando.

—Has estado actuando muy raro desde antes que nos encontráramos con Q —dijo de repente, habiéndose armado de valor.

Heero no apartó jamás su atención de la cafetera, pero movió la cabeza, dándole a entender que estaba escuchándolo.

—¿Pasó algo con Q?

Eso consiguió alejarlo de la cafetera y lo llevó a él, quien estaba jugando con la larga trenza, nerviosamente.

—Sólo aconsejé a Quatre a seguir su corazón —dijo y se acercó más a Duo, quien retrocedió un poco.

Llevaban desde el regreso de la misión sin tocarse mutuamente y no sabía qué esperar de este extraño Heero que le miraba fijamente y parecía un libro abierto, no escondiendo sus emociones. Sus ojos azules tenían un brillo muy extraño, lleno de afecto y algo más.

—Él sólo me dijo que debería seguir mi propio consejo —acorraló a Duo contra la pared—. ¿No quieres aprovechar que la casa está vacía?

No era precisamente una confesión de amor, pero era definitivamente lo que quería en ese momento.

Duo soltó una carcajada, besó a Heero y procedió a deshacerse de la ropa de ambos

Después de todo, la cocina no era un mal lugar para consumar su amor.

fin