Resumen: Kudo Shinichi, la estrella de la Primera División de la Policía Metropolitana es capaz de resolver los asesinatos más difíciles en 5 minutos pero, no es nada bueno en los interrogatorios. Por suerte para él, Kuroba-tantei tiene un don particular para ello.


COLABORACIONES INESPERADAS

Primera Parte

No le gustaba al inspector Himura.

Shinichi podía darse cuenta perfectamente de que su presencia no era bien recibida en el despacho del inspector de la Segunda División de la Policía Metropolitana. El hombre de más de 50 años, con la barriga prominente y un afeitado mediocre había parecido exasperado en el mismo instante que lo había visto entrar al despacho sin llamar. Aunque sinceramente, no parecía que a aquel hombre le gustara nadie. Himura era un perro viejo, un policía veterano que había vivido demasiado y conseguido muy poco.

- ¿Qué es lo que quiere la estrella de la 1ª División de mi equipo? - resopló el hombre antes de que Shinichi pudiese presentarse.

Quizá el tono debería haberle resultado insultante. Dos años atrás, cuando entro al cuerpo, aquella forma de hablarle le habría sacado de sus casillas, pero ya no. Hacía tiempo que había aprendido que la mejor manera de cerrar bocas era demostrando que era un buen policía. Y durante aquellos dos años le había resultado bastante bien. Así que fue directo al grano.

- Se por mis superiores que usted y su equipo llevan dos años tras Kurosaki Maya. Fue asesinada hace una semana.

Himura ni se inmuto.

- El único enigma de ese caso es como esa bruja ha aguantado tanto tiempo viva. Le gustaba demasiado hacer amigos "peligrosos".

Shinichi se incomodo por primera vez desde que había conocido al hombre. No estaba acostumbrado a que los policías insultaran de esa manera a las víctimas de sus asesinatos y sinceramente no le gustaba.

- Ninguno de sus amigos ha sido el responsable - gruño incapaz de morderse la lengua.

Kurosaki era una famosa marchante de arte. Negocio que no era más que una tapadera bastante conocida para blanquear el dinero de la yakuza.

- Si ya sabes quien la mato, ¿para qué nos quieres?

- Orientación- reconoció a regañadientes.

Aunque todo el mundo sabía que su negocio de arte era una tapadera para blanquear dinero, que Shinichi supiera, nadie se había atrevido a iniciar una investigación en su contra. Nadie estaba dispuesto a iniciar un conflicto directo con la yakuza por algo como eso. El motivo por el que la segunda división estaba tras ella radicaba en que Kurosaki era también la dueña de un famoso servicio de acompañamiento de lujo. Lo que era lo mismo que decir prostitución.

La brigada de Himura estaba especializada en crímenes sexuales. Y lo cierto es que el suyo no era precisamente el trabajo más fructífero en cuanto a condenas se refería. La sociedad japonesa tenía normas muy laxas sobre la prostitución e incluso estaba mal visto que las víctimas de abusos sexuales denunciaran. Shinichi se sintió ligeramente culpable cuando pensó que hasta que el medico que no les había dicho, la semana pasada, que el bebé que Ran y él esperaban era una niña, no había dedicado ni un solo pensamiento a ese tipo de asuntos. Ahora, no podía dejar de pensar en ello. ¿En qué clase de mundo iba a vivir su hija?

- ¿Orientación?- repitió Himura sacándolo de sus pensamientos.

Shinichi tosió incomodo por haberse dejado llevar delante de aquel hombre.

-Sois el único equipo que se ha atrevido a investigarla a ella y a su entorno. Necesito información sobre su posible asesino.

Himura pareció sentirse ligeramente alagado y parte de su desprecio se esfumo un poco.

-Kuroba es quien lleva el caso. Deberías preguntarle, últimamente tiene mucho tiempo libre. Y está empezando a sacar a todo el mundo de sus casillas.- señaló fuera de su despacho hacía el recinto en el que se apelotonaban las mesas de los detectives de su brigada. Y en aquel momento solo había una ocupada.

Kuroba era, que él pudiese apreciar por el aspecto del resto de escritorios del recinto, la única mujer de su departamento. Otro símbolo de que algo iba mal en Japón. ¿Cómo podía haber una única mujer en un departamento relacionado con los crímenes contra las mujeres?

Se trataba de una mujer joven, de aproximadamente su edad, con el pelo corto castaño alborotado. Estaba sentada detrás de un escritorio sepultada entre papeles, en un aparente caos de trabajo y desorden. Pero era engañoso, a medida que se acerco a ella no pudo evitar notar que todo lo que había sobre la mesa parecía seguir un orden, había orden en ese caos. Lo que indicaba que aquella mujer tenía una mente ordenada. Seguramente podía contar con la información que buscaba.

-¿Kuroba-san?- llamó cortésmente cuando llego a su altura.

- Es Kuroba Aoko-tantei – replicó ella sin mirarlo, estaba escribiendo en un papel a toda velocidad. - ¿En qué puedo ayudarte?

-Mi nombre es Kudo Shinichi y ….

- Si, si, si, si …- le interrumpió a la misma velocidad en la que escribía- Todo el mundo sabe quién eres. Acabaste con una organización criminal a los 17 años, te uniste a la 1ª División el octubre de hace dos años y tus estadísticas de crímenes resueltos son del 100%.

Shinichi estaba acostumbrado a que sus compañeros de trabajo le hablaran con admiración o bien con el mismo tipo de desprecio con el que le había tratado Himura. El tono indiferente con el que la detective Kuroba le hablo era algo completamente nuevo y no resulto tan agradable como había estado fantaseando.

Ella pareció notarlo porque dejo de escribir y levanto la vista hacía él. Tenía ojos azules, muy vivos, le daban un aspecto muy infantil.

-Disculpa- murmuro ella señalando la silla frente al escritorio- Eso ha sido muy grosero de mi parte.

- Discúlpame a mí- murmuró tomando asiento- Veo que tienes mucho trabajo ….

Ella suspiró molesta.

- Por el momento no puedo abandonar mi escritorio, así que pensé en echar un vistazo a los casos que mis compañeros habían dado por … imposibles. Y lo único que he conseguido hasta ahora es cabrearme mucho más de lo que ya estaba con ellos. Repito, ¿en que puedo ayudarte?

- Esperaba poder echar un ojo a vuestro archivo sobre el caso Kurosaki.

La sonrisa amable de la detective se borró de su rostro.

- ¿Ahora os interesa?

- ¿Disculpa?

- La semana pasada, cuando me entere de su asesinato me presente en vuestro departamento para ofrecer mi ayuda. Pero tus compañeros me acusaron de intrusismo profesional y me mandaron a casa a hacerle la cena a mi marido.

Shinichi no recordaba la última vez que se había sentido así de avergonzado.

- Yo…- balbuceo, había algo en la mirada inteligente de aquella mujer que lo ponía muy nervioso .- Lo siento mucho. Yo soy quien está a cargo de la investigación mis colegas no tenían ningún derecho a tratarte así.

- No lo tenían. Pero tú, quien está a cargo, has tardado una semana en considerar que mi investigación puede ser útil. Y cuando lo has hecho, no ha sido para pedir mi ayuda, cuando llevo un año encargada de este caso, sino para ver mi expediente….

No había ninguna emoción destilándose a través de sus palabras, solo la constatación de un hecho.

Shinichi tragó saliva.

-Dejame intentarlo de nuevo. Estoy investigando el caso Kurosaki y, acabo de averiguar que tú eres la detective a cargo del mismo. Me gustaría pedir tu ayuda para atrapar a su asesino.

-¿Y a acabar con su red de prostitución?

-Y a acusar a sus clientes de proxenetismo.- asintió.

De repente la mujer sonrió tan ampliamente que casi sintió que se le paraba el corazón. No lo había notado hasta ese momento, pero se parecía físicamente a Ran.

Kuroba se puso en pie de un salto y le ofreció la mano. Cuando Shinichi se la estrecho tuvo un mal presentimiento. No había pensado en ello pero había un motivo muy válido por el que estaba atada a su escritorio. Estaba embarazada de uno meses.

- ¡Muy bien!- canturreo la mujer ligeramente emocionada mientras se daba la vuelta para recoger una voluminosa carpeta de un estante tras ella.

¿Estaba bien que levantará peso?

- ¿Qué es lo que necesitas saber? – preguntó arrojando la carpeta entre ellos. - Llevó un año a cargo del caso. Y la semana pasada conseguí que una de sus chicas testificara en su contra, pero ahora que ha muerto mi chica no quiere arriesgarse… Y todo mi trabajo se ha ido por el desagüé…

Shinichi miró el grueso expediente sintiéndose impresionado.

- ¿Armaste un caso contra Kurosaki? Esa mujer era casi intocable…

- ¿Lo dices por la yakuza? Les caigo bien. Bueno… no a todos … Le caigo bien a un par… ¡Vale! ¡Solo a uno! Pero es un uno bueno, mi marido y yo le hicimos un favor hace unos años…. ¡Y ahora el resto no puede tocarme ni un pelo! – explicó orgullosa.

Shinichi dudo que eso fuese motivo para sentirse orgullosa.

- De todas maneras, ahora que mi testigo no quiere testificar no tengo caso. Tendré que empezar desde cero…

- No necesariamente. Si me ayudas a encontrar pruebas contra su asesino, su red de prostitución caerá sola…

- ¡Oh! Entonces es que la ha asesinado su hijo… ¿Ha sido por Sayako?

- Eso… creo- murmuró.- Quiero decir, sé que fue él. Pero no me interesa su motivación.

- Si sabes quien fue, ¿por qué me necesitas?

- Mis pruebas son circunstanciales, se niega a confesar, y mis superiores creen que un buen abogado conseguiría liberarlo. Lo único que podemos hacer es asegurar su confesión … Y no está resultando tan fácil como parecía.

No podía reconocer que detener al asesino era fácil pero los interrogatorios no le resultaban tan sencillos.

Kuroba Aoko asintió.

- Entonces has venido al lugar indicado. – sonrió complacida mientras acariciaba el borde del expediente.


Aunque lo considero bastante imprudente dadas las circunstancias, Aoko insistió en que si quería resultados solo los obtendría hablando con el sospechoso en la escena del crimen. Así que Shinichi se había visto obligado a hacerle de chofer mientras ella se recostaba en el asiento del copiloto comiéndose una barrita de cereales con una gran sonrisa. Sospechaba que todo aquello no era más que una escusa para salir de su asfixiante oficina.

- ¿Te importa que te pregunte de cuando tiempo estás?

Aoko lo miró con la boca llena.

- De 28 semanas.

- Seis meses. Mi mujer está de 34 semanas. Tendremos una niña.

- ¡Quizá puedan ser amigos!- se rio Aoko acariciándose la tripa, luego pareció pensárselo mejor porque frunció el ceño levemente- Bueno… Si se parece a su padre es probable que eso no sea posible…

Shinichi pensó que aquel no era un tema en el que pudiese opinar.

- En todo caso…- optó imprudentemente.- ¿No deberías estar de baja?

Ella borró por completo su sonrisa y se sentó muy erguida en el asiento del coche.

- En primer lugar, eso no es de su incumbencia Kudo-tantei, y en segundo lugar no voy a dejar mis casos abiertos en manos los incompetentes de mi trabajo que dejarían que ese pervertido continuará subiendo videos sexuales de sus exnovias solo porque ellas accedieron a ser gravadas en su momento.

Shinichi no pudo hacer nada con la punzada de reconocimiento que lo golpeo en ese instante. Ran también se había negado a contemplar una baja de maternidad hacía poco y, había roto la mesa del comedor, por segunda vez, cuando él le había preguntado. El bufet de abogados, en el que hacía las prácticas, le había encargado su primer caso y estaba dispuesta a dar a luz en el juzgado si eso significaba ganar.

Por eso y por toda una serie de razones que llevaba encadenando desde que la había conocido, decidió que la detective Kuroba le caía bien.


Cuando llegaron a la escena del crimen, la mansión de los Kurosaki, la barrita de cereales de Aoko se había convertido mágicamente en un helado de limón. Shinichi no podía explicarse de donde lo había sacado. ¿Llevaría una nevera en el bolso? Aunque lo más probable es que se lo hubiese traído uno de los agentes de uniforme que había escoltado al sospechoso hasta la escena y a los que ella había saludado por sus nombres sin excepción.

Kurosaki Masao, era un joven de 23 años, extremadamente delgado, todavía con aspecto de adolescente, a pesar de llevar una semana en un calabozo por el asesinato de su propia madre. Estaba en mitad de la sala de estar de su casa, esposado, pero todavía se mantenía rígidamente erguido, tenia el aspecto orgulloso de un sospechoso que sabía que podía salir ileso de la situación. Frunció el ceño en cuanto los vio entrar.

- Kuroba- tantei- saludó haciendo muy poco por ocultar su desprecio.

Aoko miró confusa por encima de su hombro y cuando no puedo encontrar nada fuera de lugar sonrió divertida.

- Disculpa - se rio. – Cuando la gente dice mi nombre de casada en ese tono doy por hecho que hablan de mi marido. ¿Cómo has estado Masao? He oído que el futón de la cárcel no es muy cómodo.

Masao retiró la mirada de ella para lanzar una mirada de desprecio hacía Shinichi. Desde luego no eran sus personas favoritas.

- Mi madre ha muerto y aquí, su compañero, me ha acusado de su asesinato. He tenido días mejores.

Aoko lo ignoró dando un lametazo a su helado.

Definitivamente llevarla hasta allí había sido una mala idea. Parecía una persona en mitad de un paseo por el parque, no una detective investigando un asesinato. ¿En que había estado pensando?

- ¿Sabes?- murmuró Aoko- Tu madre me gustaba. No a lo que se dedicaba. Pero me gustaba lo fuerte que era, la forma en la que trataba a sus chicas, estas la adoraban como si fuese su madre… Retorcido pero fascinante. ¡Nunca conseguí convencer a ninguna de ellas para que testificaran!

- No hacían nada ilegal.

- No estamos hablando de enjo kōsai, ¿verdad? No si estas pagando un … "servicio". Pero, ¿qué crees que pasará ahora que tu madre no está?

Masao rechino los dientes pero mantuvo la boca bien cerrada, mientras desviaba la mirada. La detective le lanzo una mirada inteligente.

- Pero a Sayako no le gustaba nada tu madre. ¿Qué crees que pasaría entre ellas?

Masao dio un pequeño respingo.

- No sé a que te refieres.

- Sayako empezó a trabajar para tu madre a los 13 años. Lo sabias, ¿verdad? Y por muchos años la fascinación que tu madre ejercía en sus chicas permaneció intacta entre ellas. Pero ya no. Se odiaban. De echo Sayako estaba dispuesta a hablar conmigo. ¿Qué crees que paso?

- No sabes de lo que estás hablando. – gruñó Masao casi como una advertencia.

- Empezar a trabajar como acompañante a los 13 años… No puedo ni imaginarme el tipo de secuelas que eso puede dejar a una niña… ¿Cuántos clientes crees que tu madre le buscaría? Conozco algunos de sus clientes habituales y … ¡uff! No creo que fuesen agradables para ninguna niña. Yakuzas, empresarios,… la mayoría de ellos son cincuentones… ¿No te da nauseas solo pensarlo? Pobre Sayako…

Masao se retorció haciendo un esfuerzo brutal por contenerse.

Shinichi lo había visto hacer eso decenas de veces durante los últimos interrogatorios, era la máxima reacción que él y sus compañeros habían conseguido. Llegaba muy pronto a un punto de ebullición, pero jamás llegaba a estallar. No estaba convencido de que la estrategia de Kuroba fuese a conseguir nada más. Pero ella no lo sabía.

- Y sin embargo han estado juntas por 10 años. ¡Pero de repente su buena relación se esfumo! Tu madre la echo y la pobre termino trabajando en ese sitio… ¿Lo conoces?

No hubo respuesta.

- Yo sí. Mi equipo lo cerro hace dos semanas, no me dejaron estar en la redada, pero hable con las chicas. También hable con Sayako… No esperaba encontrarla ahí… No la reconocí al principio. ¡Dios! ¡Era tan bonita! Pero esos puteros de mierda…

- ¡La destrozaron!- estalló Masao dando un paso violento hacía ella.- ¡Mi maldita madre la vendió a ese club como si se tratara de mercancía defectuosa! ¡Se merecía morir!

- ¡Si! – exclamó Kuroba nada amedrentada por el estallido del sospechoso- Se deshizo de ella. ¡Esa es la palabra! Pero, ¿por qué? ¡¿Qué es lo que paso?! ¿Cómo termina la chica preferida de tu madre en un club como ese? ¿Qué es lo que hizo? ¿A qué se atrevió?

- ¡A querer más!

- ¡A quererte a ti!- contradijo Kuroba - ¡Dios! ¡¿Sabes cuánto te quiere?! En el hospital, no dejaba de decir tu nombre y solo porque tu madre no lo acepto… No quería compartirte con nadie, ¿verdad?

Y así de fácil, casi sin previo aviso, Kuroba Masao se derrumbó entre sollozos y una confesión de asesinato.

Cuando los agentes se lo llevaron consigo de nuevo, el helado de Aoko apenas había empezado a derretirse. La mujer le dio un mordisco nada delicado antes de sonreír hacía Shinichi orgullosa.

- La motivación de un asesinato es crucial cuando buscas una confesión.

Él se estremeció incomodo por toda la situación.

- No estoy muy seguro de que tus métodos sean muy … "correctos".

Ella se encogió de hombros.

- Pero son efectivos.

No podía discutirle aquello.

- ¿Y por qué estamos aquí? Podrías haber mantenido esa conversación en comisaría.

- Si. Es verdad. Pero entonces no habría descubierto donde estaban los archivos de Kurosaki.

- ¿Disculpa?

- Kurosaki manejaba una empresa de acompañamiento, al exterior es completamente legal, acompañamiento social, eventos, modelos, etc. Sus registros eran completamente blancos. Pero no solo se dedicaba a eso, y sus chicas no son todas mayores de edad. Tiene que haber otro registro, uno real y por tanto ilegal. Pero, nadie ha podido encontrarlo nunca. ¡Hasta ahora!

- Por eso le preguntaste por el negocio, ¿verdad?

-¡Si! ¿Y dónde miro cuando esquivaba mi pregunta?

Shinichi sonrió divertido.

- Miró el cuadro de la entrada- dijo señalándolo.

Había una tarjeta de memoria pegada con cinta adhesiva en el marco trasero del mismo cuadro.

- Y acusar a sus clientes de estupro… - susurró la detective tan contenta como una niña con un nuevo juguete.

Shinichi tuvo que admitir que todo aquello había sido un poco impresionante.


La siguiente gran dificultad que Kudo Shinichi tuvo que enfrentar en el trabajo, también estuvo relacionada con un interrogatorio. Una Ran embarazada y sus padres de visita, eran dos diferentes dificultades domésticas.

Sinceramente, los interrogatorios eran la parte menos favorita de su trabajo. Lo suyo eran las escenas de los crímenes, resolver los acertijos más intrincados y seguir el olor de la sangre hasta el culpable. Todo lo que venía después, los interrogatorios, el papeleo, los juicios, … Le hacían cuestionarse constantemente su decisión de unirse a la policía. Sin embargo, la primera parte era lo suficientemente satisfactoria como justificar todo lo demás.

Domoto Saya era una secretaria de 35 años, seria, formal, disciplinada. Durante las 18 horas que llevaban de interrogatorio ni un solo pelo de su cabeza había quedado fuera de lugar, ni durante un solo momento había parecido incomoda, a pesar de que el equipo había hecho lo imposible por incomodarla. Trucos muy sencillos como la silla que cojeaba, la bombilla que parpadeaba o el calor sofocante de la sala de interrogatorios no había tenido ningún efecto sobre ella. Estaba resultando muy frustrante, pero solo ella sabía el paradero del verdadero culpable del asesinato: su exmarido. Por desgracia, el tiempo corría y solo podían retenerla en comisaria 24 horas. Es decir , solo tenían 5 horas y 56 minutos antes de tener que soltarla y perder la pista del asesino de forma definitiva.

Shinichi estaba agotado y todo lo que quería era darse de cabezazos contra el cristal de la sala de interrogatorios.

A su lado el inspector Megure suspiró.

- Deberías tomarte un descanso- le aconsejo ofreciéndole un café.

- ¿Cómo convences a una mujer de enviar al hombre que ama a la cárcel?-preguntó sintiéndose realmente mal.

Una parte de él simpatizaba con aquella mujer, no importaba que crimen Ran cometiese, nunca podría traicionarla.

Megure asintió.

- Creo que deberíamos de pedir ayuda. – murmuró el inspector.

- Sato es nuestra mejor interrogadora y desistió después de tres horas y media.

- No me refiero a ella. ¿Conoces a Nakamori-kun?

- ¿Nakamori Ginzo?

Megure soltó una carcajada que despejo de golpe el cansancio de sus hombros.

- No, pero casi, me refiero a su hija, Nakamori Aoko, se unió a la Segunda división hace unos dos años. Su padre dice que podría hacer confesar a un ladrón fantasma con una mala mirada.

- ¿Vamos a hacer caso de la percepción de un padre de las habilidades de su única hija?

Megure se encogió de hombros.

- Tiene cierta reputación en su departamento. Démosle una hora, ¿qué podemos perder?

Así que tuvo que estar de acuerdo.

Nakamori Aoko resulto ser su nombre de soltera, la joven que Megure trajo consigo no era otra que Kuroba Aoko-tantei, aún más embarazada que el mes anterior.

-¿Sigues sin pillar a ese ciberpervertido?- la saludo.

La mujer sonrió.

-¡Oh! Lo encerré hace un mes. Me quedo cerca porque la lista de Kurosaki ha sido más jugosa de lo que esperaba… ¡Muy bien! ¿En que puedo ayudaros?

Megure le resumió la situación.

La mujer pareció algo incomoda mirando a la mujer en la sala de interrogatorios pero, sencillamente asintió. Se volvió hacía Shinichi con desparpajo.

- ¿Puedes traerme un te-chai? Gracias.

Cuando volvió a salir de la sala de interrogatorios con una confesión de la ubicación del culpable, su té seguía caliente. Domoto Saya había perdido la compostura por completo, había arrojado la silla al otro lado de la sala y había terminado maldiciendo a su exmarido.

Megure y Shinichi miraron a la tranquila detective mientras esta daba un largo sorbo a su bebida. Lo de Kurosaki había sido algo irregular e inesperado, pero aquel interrogatorio había sido impecable. Había dirigido la conversación con una maestría espectacular, esquivando las mentiras hasta que la había hecho enfrentar a la única verdad : su exmarido estaba utilizándola.

- Eso ha sido increíble- murmuró Megure. – Llevábamos 18 horas de interrogatorio y no habíamos conseguido nada. Muchísimas gracias.

- No ha sido para tanto, solo había que saber diferenciar cuando mentía de cuando decía la verdad- le quito importancia.

Megure no parecía tan fácil de convencer.

- Deberías aceptar mi oferta y venir a trabajar a nuestra división…

Kuroba-tantei hizo una mueca incomoda.

-¿Y pasar el día entre cadáveres? No gracias. Prefiero quedarme en mi departamento y hacer algo útil.

Megure ignoro por completo la puya, estaba demasiado pletórico por haber encontrado una pista hacía el asesino y se marcho pasillo arriba llamando a gritos al resto del equipo.

A su lado Shinichi no podía dejar pasar todo aquello sin más. Su orgullo estaba ligeramente herido.

- Sus microimpresiones eran casi imperceptibles. ¿Cómo sabias que mentía?- pregunto molesto.

- Tengo mucha experiencia con mentirosos- se encogió de hombros-. Mi marido, principalmente, hubo una época en la que mentía cada vez que hablaba. Desde entonces puedo percibir una mentira con la facilidad con la que otros perciben un acento.

Shinichi no pudo evitar una sonrisa burlona, que no pasó desapercibida para la mujer.

- ¿No me crees?

Se sintió incómodo.

-Disculpa. No dudo de tu capacidad, pero ¿un acento? ¿No es más probable que se deba a que detectas determinadas micro expresiones de forma intuitiva?

- Hago ambos cosas, pero no de forma intuitiva. Me ha costado muchos años de práctica, pero soy capaz de distinguir cualquier mentira- replico orgullosa.

Shinichi no podía creérselo.

- ¿Cualquier mentira?

Ella lo miro con una sonrisa ligeramente orgullosa que le provocó un escalofrío. Ran sonreía así antes de tumbarlo con una kata.

- ¿Quieres apostar? Dime tres cosas sobre ti. Adivinare la mentira.

Un desafío. Shinichi no podía rechazar un desafío.

- De acuerdo. He desayunado un croissant. Mi mujer es médico. Jugaba al fútbol en el instituto.

- ¡Oh!¡Vamos pónmelo un poco más difícil! ¡Es obvio que jugabas al fútbol! Tienes físico de futbolista. Por otra parte, llevas más de 18 horas de interrogatorio, ¿de dónde ibas a sacar un croissant? Y está claro que tu mujer no es médico, ¿te ha cosido ella ese botón?

- Bien - tenía razón se lo había puesto bastante fácil, mejor probar con algo que fuera de conocimiento público de esta forma podía controlar de forma eficiente la información. - A los 17 años termine con una red criminal yo solo.

- No lo hiciste solo- le interrumpió ella.

- Conte con la ayuda del FBI, Seguridad Nacional y algunos amigos.

- No todos eran tus amigos.

- No empezamos como amigos, pero supongo que al final terminamos siéndolo- titubeo.

- Sigue sin ser verdad. Háblame de esos amigos tuyos.

- Estoy hablando de Masumi Sera y Hattori Heiji. ¿Por qué quieres que te hable de ellos?

- Creía que estamos jugando a desenmascarar mentiras. Por ejemplo, Masumi Sera no es tu amiga, no sé si te ayudo o no a terminar con esa organización criminal, pero desde luego no la consideras tu amiga. De echo dudo que confíes en ella.

- Confió en ella. Pero tienes razón, no somos amigos.

- ¡Eso es verdad! Pero no solo fueron ellos, ¿verdad?

- ¡Es imposible que sepas eso!

Ella sonrió maliciosamente.

- No es imposible. Es muy posible. Recuerda, Kudo-san, yo también soy detective.

- ¡¿Me has investigado?!

- ¿Yo? ¡No! No te ofendas, pero no me interesa para nada tu vida. Sigues poniéndomelo muy fácil. Así, no voy a poder demostrar que te digo la verdad. Todo lo que me has dicho es fácilmente verificable con una investigación de antecedentes.

- Después de ese discurso es evidente que todo lo que diga a continuación será mentira.

- Entonces haber dicho una verdad.

Lo pensó detenidamente.

- Me encanta la magia.

- ¡Vaya! Esa es difícil. Creo que es mentira, pero eres el tipo de persona que disfruta descubriendo los trucos y desenmascarando al mago, ¿verdad?. Mi marido te odiaría.

¡Maldita sea! No podía ser tan fácil de leer.

- Hace tres semanas que no habló con mi mejor amigo.

- Verdad.

- Asistí a la boda de unos amigos el fin de semana pasado.

-Verdad.

- De pequeño no podía comer guisantes.

- Mentira.

- Adoro todos los aspectos de la personalidad de mi esposa.

-¡Oh! Es una mujer muy afortunada. Verdad.

¡Mierda!

- Una vez me tome una pastilla que me hizo rejuvenecer.

Aoko se quedo congelada.

- Mentira .- acusó ella.

Shinichi casi quiso estallar en carcajadas. ¡No era infalible!

- No te tomaste esa pastilla, ¿verdad? Te obligaron.

¡¿Cómo?! Tenía que tratarse de una maldita broma.

- Si. Los hombres de la organización que ayude a destruir. Me convertí en un niño e incluso tuve que vivir como uno de nuevo. – nadie en su sano juicio iba a creer que eso fuera verdad.

- Wow- susurró ella. - Debió ser muy difícil para ti. ¿Cómo conseguiste volver a la normalidad?

- Mi ami… ¡Espera! ¡¿Me crees?!

- Pues claro. Estas diciendo la verdad.

- ¿Crees que existe una pastilla que hace que la gente vuelva a la infancia?

- Bueno, está claro que existe, aunque no creo que sea muy seguro o ya lo habrían comercializado en el mercado. ¿Querían matarte cuando te lo dieron?

Shinichi abrió la boca para contestar, pero no salió ningún sonido.

Aoko parecía pensativa.

- Así que era por eso… - murmuró con una sonrisa divertida.

- ¿Disculpa?- Shinichi tenía la sensación de que ella estaba pensando en otra cosa.

- Disculpado. – respondió volviendo a mirarlo.

- ¡¿Cómo puedes creer que todo eso es cierto?!

- ¿Acaso estoy equivocada?

-¡Si!

-¡Mientes otra vez! Wow, no me lo estás poniendo nada difícil…

- Nadie en su sano juicio creería que es verdad.

- Ya. Pero una vez vi una joya que podía conceder la juventud eterna. ¿Un medicamente milagroso? En comparación es bastante creíble, ¿no crees?

Y como si lo estuviera desafiando a demostrar que era ella la que mentía se marcho con un guiño.

Shinichi lucho con la sensación de darse de cabezazos contra la pared, de nuevo. ¡¿Acababa de revelarle su mayor secreto?! Dios, si sigue insistiendo un poco más termina confesándole que conto con la ayuda de Kaito Kid para desenmascarar a la Organización y que el mago, era una especie de amigo. ¡Hasta podría haberle dicho que admiraba a Hattori Heiji! ¡¿Cómo lo había hecho?!

Mejor no volver a cruzarse con esa mujer.


NOTA DE LA AUTORA:

Tengo que admitir que Aoko me encanta, es lista, obtusa, decidida y tiene un lenguaje de camionero trinchante. Pero Gosho la infantiliza en extremo (como Gosho trata y escribe sus personajes femeninos crispa cada una de las fibras feministas de mi ser, pero este no es el espacio adecuado para hablar de ello). Por eso, entre otras cosas, he optado por cambiar la forma de hablar de su personaje. Estoy completamente convencida de cuando crezca, su sentido de la justicia la llevará directamente por el camino de la policía, para gran disgusto de Kaito.

enjo kōsai: "citas por compensación" es una práctica social en Japón, donde hombres mayores pagan a mujeres adolescentes o jóvenes de escuela superior, por su compañía en citas o bien para sus servicios sexuales.