Habían pasado ya un par de semanas desde que el guerrero había regresado al templo de Thanjuul con el reporte del fracaso en su misión para su maestro, quien esperaba ya esos resultados y por lo tanto no hubo ninguna consecuencia perjudicial.
Aparentemente.
Pero Kayn no podía dejar de pensar en su último encuentro con la joven ninja, y Rhaast se regodeaba con su comportamiento extraño porque le daba entrada a ridiculizar a su portador, provocando su ira.
―Hay miedo en tu agarre… y duda en tu corazón― le habría dicho el Darkin un día mientras entrenaba para desquitar toda su frustración, vaciándola sobre un par de muñecos de práctica que para ese punto eran poco más que un montón de basura. El chico jadeaba para recuperar el aire que le hacía falta después de tanto movimiento.
Reflexionó las palabras del demonio durante un momento, pues ciertamente no se sentía como él mismo desde que había regresado de su misión fallida. Tal vez sería su orgullo herido por haber malogrado un encargo de su maestro, tal vez era el cansancio de seguir a una extremadamente inquieta mujer por varios días sin descanso, tal vez era por aguantar las burlas de su arma que eran más frecuentes que nunca. Fuera lo que fuera, le molestó en gran medida saber que, en efecto, lo que decía Rhaast era una potencial verdad.
No. Detuvo su propia voz interna. Era imposible, hacía mucho tiempo que él mismo había eliminado cualquier rastro de humanidad en su ser, el niño guerrero se había ido y en su lugar sólo quedaba el asesino.
―Sabes que yo no tengo corazón, Rhaast…― contestó, cortando con la guadaña lo que quedaba de los muñecos de entrenamiento ―…A eso deberías temerle― finalizó
―Es todo culpa de la chiquilla, Kayn― le habló de nuevo mediante su conexión mental, con un tono que el guerrero conocía muy bien ―…mátala, y verás cómo tu espíritu descansará por fin―
―¿El mío?― dijo con sarcasmo el joven ―¿o el tuyo?
―¿No es acaso su culpa que hayas tenido que regresar con las manos vacías? ¿Es que no sientes ganas de hacerla pagar por juzgarte débil?― tentó de nuevo el Darkin, pero esta vez no obtuvo respuesta del chico.
No quería comer, no pudo dormir, no pudo concentrarse debidamente en varios días. ¿Qué le había hecho aquella mujer? ¿Qué tipo de magia oscura y retorcida había usado en él? Y si lo había hecho, ¿con qué fin?
Su paranoia lo llevó a pensar que, tal vez, la Asesina Furtiva había usado algún tipo de vínculo mágico para controlarlo, debilitarlo y luego eliminarlo, como le había dicho la primera vez que pelearon. O tal vez planeaba usar ese vínculo para asesinar a Zed, con él como herramienta. Mientras más lo analizaba, más sentido tenía todo y más furia acumulaba en su interior.
Decidió entonces que no iba a permitir que ningún tipo de magia extraña lo manipulara, su magia sombría sería más poderosa que cualquier vínculo barato de los Kinkou. Y claro, siendo el pupilo excepcional que era, inevitablemente llegaría el día en que tuviera que luchar contra su maestro, pero mientras tanto sería fiel a su lealtad. Debía arrancar de tajo la fuente de su desgracia.
Nadie en la orden lo extrañaría por un par de días.
Encontró a su objetivo en una pequeña aldea costera al noreste de Jonia, lugar donde al parecer acababa de completar una misión porque la descubrió en un reducido almacén en compañía de dos cuerpos sin vida. Estaba totalmente limpia, como si no acabara de quitarle la vida a un par de desafortunados individuos.
Creyó que podría tomarla desprevenida y sólo atacarla por la espalda, pero la chica en cuestión dio un salto hacia atrás aterrizando justo frente a él. Sus ojos se clavaron en los contrarios y como si no hubieran pasado semanas desde su último encuentro, se lanzaron al combate ya habitual.
Nada había cambiado, seguían dando batalla sin rendirse ante la fuerza del otro, su pelea era tan rápida y grácil que parecía incluso entretenida de observar, lo hacían ver como un juego de niños.
Cuando la fatiga empezó a aquejarlos, se acomodaron cada uno en una esquina de la habitación, jadeando, sin dejar de verse fijamente. Bueno, en realidad algo sí había cambiado:
Él ahora sí tenía toda la intención de asesinarla.
―Tal vez quieras reconsiderar este… pequeño encuentro
―De estar en mi condición óptima, ya habrías muerto― vociferó el guerrero
―¿Estás ebrio, entonces?― picó ella, la sonrisa presente en su voz aunque la tela de su mascarilla la ocultara
―Eso, sigue fingiendo inocencia… dame otra razón para cortar tu cabeza
―Hablas demasiado
Y con eso, una nube gris inundó la estancia. Un segundo después estaba en el suelo con un ligero peso encima de él, pero ya había vivido eso antes. Con ayuda de su magia sombría, atravesó el suelo y cambió de posición con su atacante, apresándola bocabajo con las extremidades inmovilizadas y tocando su cuello con el helado filo de su guadaña. Un ligero movimiento de su parte y estaría muerta en un parpadeo.
―Felicidades― tosió la chica ―mátame, te lo ganaste―
―Y lo haré, Puño de la Sombra
―Si sigues hablando… me iré
―Antes vas a revocar el vínculo mágico que usaste en mí
―¿Qué?
Kayn apretó más la hoja de su arma contra su oponente, causando que Akali levantara más la cabeza instintivamente para alejar su cuello del peligro.
―Tu muerte suprimirá la magia si no lo haces por las buenas
―Estás delirando… ¡Mátame ya y deja de hablar idioteces!
En un movimiento rápido, liberó a la chica para levantarla sujetándola del cabello y estamparla contra una pared cercana de manera que pudiera fijar su mirada en los ojos de su víctima.
―¡Habla! ¿Qué clase de magia usaste?
―Yo no necesito magia, lunático― escupió ella ―el acero es mejor―
Kayn sintió un leve ardor en su abdomen, bajó la vista enseguida para darse cuenta de que su enemiga le había clavado un kunai justo en el área mencionada. Eso le dio tiempo a Akali para asestarle una patada y alejarlo de ella, acompañando su ataque con un par de cuchillas más que dieron en uno de sus brazos y en su costado derecho. Al final el guerrero se distrajo lo suficiente como para que ella lograra escabullirse fuera del almacén y perderse entre la gente que caminaba por las calles del pueblo.
A él, ahora más que nunca le atraía la idea de cazar y hacer pagar a aquella mujer. Escuchó a Rhaast soltar una carcajada; la cacería daba comienzo.
