CAPÍTULO 3
"Llegó el día"
Narra Meghan
Me levanté temprano por dos razones, una de ellas era que no podía parar de pensar que por fin había llegado el día para marcharnos a Hogwarts, por lo cual, estaba muy ansiosa por dejar la casa del demonio donde crecí, y, obviamente dejar de vivir con mis padres, por lo menos hasta que vengan las vacaciones de verano, al ser la más pequeña me tenía quedar con ellos a fuerzas, pero por lo menos estaba con Sirius, y para desgracia Regulus también estaba todo el año con nosotros, pero a el aún le faltaba un año para ir. Y la segunda de las razones, es que tenía que revisar si había guardado todo lo necesario para partir.
Recuerdo darle de comer a Blackie y fijarme como estaba de tiempo.
Rápidamente me levanté, ya que me había recostado de vuelta, para alistarme, busqué lo que me iba a poner y me dirigí a la ducha. Una vez alistada dirigí al espejo, mis ondas naturales caían delicadamente sobre mis hombros, con mi con mi color natural, negro.
Después de fijarme si tenía todo, bajé a prepararme el desayuno, cuando llegué ya estaba Andy desayunando un poco de té con galletas.
La saludé.
—¿Estás emocionada Megh? —preguntó Andy.
—¡Esas cosas no se preguntan! ¡Por supuesto que si Andy! —respondí entusiasmada.
—Para mí es un año más, ya entraré a tercer año, con tal de no estar aquí mucho tiempo... —contestó encogiéndose de hombros.
La miré con el ceño fruncido.
—Si a ti nuestros padres te adoran. —contesté extrañada.
—Guardo apariencias frente a ellos. —dijo— Sabes sigo sin entender cómo pasó que entre a Slytherin... —Agregó pensativamente.
—Ni yo lo sé Andy, no te pareces a Bellatrix, ni a Narcissa. Aunque no neguemos que eres muy astuta... y luchas por lo que quieres no te avergüences de ello. —contesté con una débil sonrisa.
—Hablas como si fuera toda una adulta, eres muy madura para la edad que tienes. —contestó sonriendo.
En respuesta me encogí de hombros. Cuando iba a agregar algo más entraron mis tíos, con mis padres y Regulus pisándole los talones como perrito faldero.
No levanté la vista hasta que terminé desayunar, noté que Sirius también había terminado.
Fui a mi habitación a lavarme los dientes, en cuanto terminé, escuché el grito de mi tía diciendo que ya debíamos bajar o llegaríamos tarde si no nos apurábamos, fui por mis cosas y por Blackie.
Cuando llegamos a la estación King's Cross eran 10:50 am. Vi como mis padres saludaban a mis hermanas y cruzaban corriendo el muro. Luego le seguimos Sirius y yo. Y mis tíos por detrás nuestro.
Dejamos nuestras cosas para que las suban al tren.
Subimos al expreso y buscamos un compartimiento. Cuando lo encontramos me senté al lado de la ventana y Sirius enfrente de mí. charlábamos sobre Quidditch y apostábamos un par de galeones para ver quién ganaría el siguiente partido, de un minuto a otro vimos al chico que nos chocamos en el callejón Diagon el otro día.
—¿Puedo sentarme con ustedes? —preguntó— No hay más compartimientos libres. —Agregó sonriendo.
—Claro. —Contestamos a unísono.
Se podría decir que en ese preciso instante Sirius y James no se separaron jamás.
En ese momento pasó la señora con el carrito de dulces.
—¿Quieren algo? Yo invito. —dijo James.
—¡Si! —respondí, sonriendo— Muchas gracias, James.
—¡Por supuesto! ¡Eso nunca faltaría! —contestó riendo.
—Deme de todo un poco —Pidió de manera cortes—, pero más chocolate. —Se dirigió a la señora del carrito con una bolsita llena de galeones.
Nos disponíamos a comer todo lo que compró James cuando, de repente, se abrió la puerta de nuestro compartimiento, un chico con la mirada triste y con varios arañazos en la cara, pelo castaño claro y ojos dorados nos miraba con una débil sonrisa.
Clic. ¿Qué fue eso?
—¿Puedo sentarme aquí? —preguntó tímidamente—No hay lugar en los demás... —Agregó sonrojado.
—¡Claro! Ven, siéntate a mi lado, ponte cómodo, ¿quieres dulces? Hay chocolate... —respondí con una sonrisa.
—Gracias. —nos respondió tímidamente— Soy Remus Lupin, un gusto.
—Yo soy James Potter, él es Sirius Black e Hidra Meghan Black, pero no te conviene decirle Hidra o se enojara contigo. —Nos presentó James.
PAUSA, aquí vamos otra vez, no más Hidra, por favor.
—¡James Potter! Odio mi primer nombre y lo sabes, te lo dije el día que te conocí, eres tal para cual, con mi primo, va a ser un año muy largo con ustedes juntos —Dije para luego rodar los ojos.
Los tres lanzaron una carcajada y yo hice un puchero muy infantil.
En ese momento se dieron cuenta de que mi cabello estaba rojo fuego por la mención de mi primer nombre.
—No sabía que los Black tenían alguien metamorfomago en la familia. —Dijo James
—Vaya es genial. —Me dijo Remus con una risita.
—No lo descubrí hace mucho, al parecer lo tenía en modo apagado, cuando cumplí 10 me enojé con una de mis hermanas noté que se me había cambiado el color del cabello a un rojo muy fuerte como al de hace unos instantes, solo que esta vez el rojo no fue tan intenso.
—Wow... —Respondieron James y Remus.
—Si lo sabía, soy grandiosa y especial. —Les dije inflando el pecho de orgullo.
—¿Quién es la arrogante ahora primita? —dijo Sirius burlonamente.
—Tú me ganas así que cállate, Orión. —contesté burlonamente.
—Basta Hidra. —Me respondió sonriendo.
Me rindo.
—Vete al diablo primo. —Le contesto, provocando que los demás se rían— ¿Y ustedes dos de qué se ríen? —les dije ya cabreada de nuevo.
—Nada, nada... —respondieron rápidamente— Das miedo enojada. —escuché que susurró James mientras, se metía un chocolate en la boca.
—Lo sé. —Contesté con simplicidad.
Sigo causando miedo cuando estoy enojada.
Continuamos el viaje a Hogwarts charlando animadamente hasta que una chica de pelo rojo abrió la puerta de nuestro compartimiento.
—Hola soy Lily Evans, vine a avisarles que deben ya cambiarse no tardaremos en llegar. —Nos informó— Adiós. —Agregó para después marcharse.
Quien diría que se convertiría en mi mejor amiga.
Cuando se fue, vi que James miraba a la nada en modo embobado, le grité en el oído provocando que salga del transe rápidamente.
—¿Saben algo? Me voy a casar con ella algún día. —comentó James con mirada soñadora.
Sin palabras al respecto.
—Soñar es gratis James. —dije soltando una carcajada con Sirius y Remus
James me miró con el ceño fruncido.
—Ahora salgan del compartimiento, ya, si no quieren que les pase nada malo... —dije— Necesito cambiarme. —Agregué.
—Que carácter mujer. —Me lanzó James— ¿Así es siempre Sirius?
—Si, no sabes lo que es capaz de hacer si no haces lo que ella quiere, una vez me tiño el pelo de amarillo —Dijo Sirius—, da miedo.
—¡Salgan ahora! —dije riendo.
Cuando terminé de cambiarme, salí del compartimiento.
—Todo suyo muchachos.
Cuando todos estaban preparados, entré de nuevo.
—¿A qué casa quieren entrar chicos? —Preguntó James.
—A cualquier casa que no sea Slytherin. —respondió Sirius.
—Lo mismo que Sirius, con tal de no ver a mis hermanas me haría muy feliz, excepto a Andy a ella si la quiero ver. —Respondí— ¿Y tú, Rem? —pregunté.
—No lo sé, me gustan todas las casas. —Respondió dudoso— Pero creo que encajaría a la perfección con Ravenclaw.
—¿Lees mucho verdad? —pregunté curiosa.
—Sí, me encanta. ¿Y a ti? —preguntó.
—Me gustan mucho los autores muggles, como Jane Austen, tal vez no la conozcas, encontré un libro de ella en la biblioteca de mi casa, lleno de polvo, supongo que nadie quería que lo leyéramos. -Le contesté.
Remus y yo seguimos conversando de libros, mientras que James y Sirius hablaban de Quidditch.
En un momento miré por la ventana y vi el castillo a lo lejos.
Ya estaba anocheciendo.
—Ya estamos llegando. —dije con una amplia sonrisa señalándoles la ventana.
Ellos miraron en la dirección en qué estaba viendo el imponente castillo.
Todos perdimos el aliento.
Escuchamos el sonido una especie de silbato, y como poco a poco va aminorando la marcha del expreso.
Cuando bajamos vimos un hombre enorme:
—¡Los de primer año por aquí! —gritaba.
Y así fue como conocimos a nuestro buen amigo Hagrid.
—Vamos chicos tenemos que ir por ahí... —dije.
Seguimos al gran hombre con una gran barba marrón hasta unos botecitos.
—Solo 4 por bote. —dijo sonriendo.
—Vamos, al de allí. —dijo James.
James, Sirius y Remus se fueron en un bote, momentos después un niño regordete y rubio, con ojos marrones casi negros, se les acercó.
—¿Puedo ir con ustedes? —Preguntó dudosamente.
—Claro, siéntate. —dijo Sirius.
—Gracias, soy Peter Pettigrew un gusto. —Escuché.
—Soy Meghan Black. —Me presenté
—James Potter. —Se presentó James.
—Sirius Black. —Se presentó Sirius
—Y yo... Remus Lupin. —Se presentó Remus.
—Chicos, yo iré en otro bote.
—Oh, si quieren busco otro... —Dijo Peter.
—No, no hace falta quédate. —Dije sonriendo.
Segundos después me encontré lugar con Evans y un chico de cabello grasoso.
La vista al acercarnos al castillo poco a poco era espectacular, el sentimiento de que algo nuevo se avecina cada vez más y más era realmente espectacular.
Finalmente llegamos, nuestra primera vista era una gran puerta, que, segundos después se abrió, permitiéndonos pasar hacia otra gran puerta, allí salió una señora algo mayor con aspecto cansado.
—Bienvenidos a Hogwarts, soy Minerva McGonagall, en este castillo vivirán 7 años de su vida en la que aprenderán a dominar la magia, y hacer nuevos amigos, pero antes que esto ocurra tienen que pertenecer a una casa, las casas son Gryffindor, Ravenclaw, Hufflepuff, y Slytherin, en unos momentos entraremos al gran comedor, cuando lo hagamos voy a nombrar sus nombres, pasaran enfrente y el sombrero seleccionador le dirá a qué casa pertenecen. Él es Rubeus Hagrid guardabosque de Hogwarts, gracias Hagrid puedes irte ya. Entremos niños...
Cuando las puertas se abrieron pasamos todos. Asombrados de lo lindo que era el Gran Comedor, miraba el techo maravillada, tenía unas preciosas estrellas encantadas. Cuando llegamos adelante vimos un banquito y un sombrero viejo.
En un momento al sombrero se le abrió una abertura en la parte baja de este y cuando menos nos lo esperábamos comenzó a cantar una canción que no le presté atención.
Cuando finalmente dejo de cantar, McGonagall comenzó con la lista e iban uno por uno. Pero me llamo la atención cuando llego nuestro turno, mejor dicho, el de mi primo.
—¡Sirius Black!
Mi primo me miró y con gesto arrogante pasó al frente, se sentó en el banquito y estuvo menos de 30 segundos.
Y el sombrero bramó:
—Sly... —los de la mesa de Slytherin comenzaron a aplaudir con fuerza—¡Gryffindor!
Mi primó salto del banquito y caminó triunfante hasta la mesa de los leones, en cuanto se sentó clavo la vista en mí.
—¡Hidra Black!
Rodé los ojos ante la mención de mi primer nombre.
Pasé en frente y miré para la mesa de mis hermanas, les lancé una mirada burlona, me senté en el banquito y McGonagall me colocó el sombrero.
—Hmmm otra Black... ¿eh? ¿Qué haré contigo? Tienes una mente brillante, muy inteligente pero no eres para Ravenclaw los pobres se quedarían sin puntos al minuto en que entras a su casa, eres astuta, orgullosa y arrogante digna de Slytherin pero no, lo que veo en abundancia en ti es valentía, harías lo que fuera por tus seres queridos, sí, sí, ya tengo una decisión tomada,
¡Gryffindor!
Viroteos y festejos se escuchaban de los miembros de mi nueva casa.
Me saqué el sombrero y vi a James, Peter y Remus regalándome una sonrisa. Me dirigía para la mesa de Gryffindor cuando miré a la mesa de mis hermanas, no les vi expresión alguna, y me alegraba por ello, sé que irían corriendo a escribirle una carta a nuestros padres para avisarles donde quedamos.
Abracé a Sirius y me senté a ver el resto de la selección.
Pasaron algunos chicos más y vi que la pelirroja que nos habló en el tren era la que sigue.
—¡Liliane Evans!
—¡Gryffindor!
Vi que se dirigía al lado de mí. Aunque en los botes no hablamos mucho.
—¡Hola! —Saludé— Soy Meghan Black.
—Hola nuevamente. —Saludó— Perdón por mi descaro, pero tu nombre no era ¿Hidra? —preguntó curiosa.
—Si, pero lo detesto llámame, Meghan o Megh —dije sonriendo.
—Está bien, un gusto. —dijo sonriendo.
Nos volteamos a ver el resto de la selección, era el turno de Remus...
—¡Remus Lupin!
—¡Gryffindor!
Abracé a Remus en cuanto se sentó al lado de mí, noté leve sonrojo de su parte, que me causó mucha ternura, Sirius nos miró, pero no dijo nada.
Para cuando me di cuenta ya era el turno de Peter.
—¡Peter Pettigrew!
El sombrero se le queda hablando al menos un minuto y medio y no tan convencido dijo:
—Gryffindor.
Peter se sentó al lado de Remus.
Continúe escuchando la selección;
—¡James Potter!
El sombrero no terminó de colocarse en su cabeza que gritó:
—¡Gryffindor!
James vino con paso arrogante hacia nosotros y se sentó al lado de Sirius, comenzamos a hablar hasta que vi que Lily se dio vuelta y miraba a un chico de pelo muy feo, nariz ganchuda, que era llamado al frente. Era el chico del bote.
—¡Severus Snape! —Oí que dijo McGonagall.
—¡Slytherin!
El tal Severus miró a Lily y se fue a su mesa, se veía decepcionado.
Lily se dio vuelta hacia la mesa de nuevo, atreviéndome a preguntar dije:
—¿Quién es el de pelo grasiento Lily? —pregunté— Vi que te miraba, hasta decepcionado lo noté. —Agregué.
—¡No le digas a así Meghan! Es Severus, mi amigo nos conocemos hace tiempo... —respondió.
—Bien, pero ten cuidado. —contesté no muy convencida.
No hablé con ella con respecto a nariz de gancho más, solo comenzamos a hablar de cosas triviales, entre otras cosas me enteré de que era hija de muggles y que le encantaba leer.
—Ojalá nos toque habitación juntas, me prestarías libros ya que tú tienes más que yo y me gusta más los libros muggles que los de mundo mágico y ya que como tu vienes de un lugar muggle tal vez tengas más interesantes que yo. —dije entusiasmada.
—Claro. —respondió— Con gusto te prestaré, tengo muchos que podrían gustarte.
Le regalé una sonrisa y me dispuse a hablar con los chicos hasta que un hombre con una larga barba blanca nos pidió silencio a todos.
—James ¿sabes quién es el? —pregunté.
Antes de que lograra contestarme Remus se le adelantó.
—Es el director de Hogwarts. —dijo— Es el Profesor Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore —Agregó.
—En pocas palabras Albus Dumbledore. —respondió James mirando a Remus— Te leíste la historia de Hogwarts ¿no? —preguntó.
—Si, tres veces —Le respondió.
—Genial. —dije con una sonrisa— Yo no lo pude leer.
Don Barbón alzó la voz y dijo lo siguiente:
—Bienvenidos a todos, ya sean alumnos nuevos o viejos, soy Albus Dumbledore director se Hogwarts, antes que comiencen a degustar su cena, les quiero presentar al nuevo profesor de Defensas contra las artes oscuras Adalbert Serpioms, también les acuerdo que esta estrictamente prohibido entrar al Bosque Prohibido, gracias. ¡Disfruten de su cena!
En el momento que dijo eso aparecieron un montón de manjares, me serví un poco de todo y vi que los demás también.
Cuando terminé de comer vi que los chicos también, comenzamos a comer las cosas dulces que se encontraban, excepto Peter que seguía comiendo como morsa su tercera ración de pollo con carnes y distintas cosas más que no lo lograba ver de tan lleno que tenía el plato.
Cuando me di cuenta desapareció la comida y Peter chilló con dolor:
—¡No! Me faltaba comer más pudin y pastel.
—¡Mañana habrá más Pet! —contesté divertida.
Barbón se levantó y nos dijo:
—Espero que les haya gustado la cena, ahora a dormir, los de primer año sigan a los prefectos de su correspondiente casa. Buenas noches. —dijo Don Barbón.
Los de primero comenzamos a levantarnos y seguir a un prefecto llamado Luck Jordan.
Cuando llegamos a un retrato con una señora, esta comenzó a cantar, y después de un rato largo escuchándola, terminé hartándome.
—¿Nos dejaría pasar de una vez por favor? —dije cabreada.
Ella se calló y me miro con expresión enojada y me dijo:
—Qué modales jovencita así no se tratan a otras damas. —Me reprochó— Contraseña por favor. —dijo al prefecto.
—Docuts arban. —respondió el prefecto.
—Pasen. —Dijo la Señora Gorda.
Todos comenzamos a entrar y el prefecto comenzó a decir:
—Las habitaciones de chicas está a la izquierda y la de chicos a la derecha.
Todos comenzamos a ir a nuestras habitaciones, subí y busqué mi habitación, no tarde tanto como pensé que tardaría, en la puerta de madera había un placa dorada que decía "Liliane Evans, Hidra Black, Alice Wirrows".
Entré y vi que estaba Blackie con el resto de mis cosas, elegí la cama que da a la ventana, mirar las estrellas me ayuda mucho desde siempre a dormir, busqué mi pijama, me cambié. Cuando finalmente después de un rato entró Lily.
—Hola soy Alice Wirrows, encantada. —Me dijo una chica bajita de cabello marrón y grandes ojos marrones.
—Meghan Black. —Le contesté— Encantada.
—¿Meghan? —preguntó.
—Díselo Lily, estoy muy cansada. —dije bostezando.
—No le gusta su primer nombre, si no quieres morir no la llames así. —Le contestó como una grabadora divertida.
—Oh, está bien, me gusta el nombre Meghan. —Respondió Alice con diversión ante mi actitud soñolienta.
—Hasta mañana. —dije.
Cuando me di cuenta ellas ya estaban acostadas durmiendo profundamente.
Apagué las luces y me dormí pensando en que el día siguiente seria mi primer día de clases y en las bromas que iba a hacer en el transcurso del año.
