CAPÍTULO 5
"Cocinas"
Narra Meghan
—Oigan, debemos ir al castigo. —Dije levantándome del sofá de la Sala Común.
—No tengo ganas ... —Dijo Peter— Estoy muy lleno.
James y Sirius jugaban al ajedrez mágico.
—Déjame vencer a Sirius. —Dijo James con concentración.
—No si yo gano primero. —Dijo Sirius con una sonrisa.
—Llegaremos tarde, y por mi parte no quiero que se me tripliquen los días de castigos. —Dije mirando el reloj.
—Bien. —Dijo James suspirando— Lo terminamos luego.
—No se vale, sabias que te estaba por vencer. —Dijo Sirius levantándose del suelo.
Cuando ya todos nos pusimos de acuerdo nos dirigimos al despacho de McGonagall.
—Pettigrew, Potter, Lupin y Black's. —Dijo la profesora al vernos entrar.
Todos entramos en el despacho y tomamos asiento.
-Negro. —Llamó la profesora McGonagall.
—Mande. —Dije sonriendo.
—Mande. —Dijo Sirius.
—No especifiqué. —Dijo suspirando Minnie— Meghan Black, Potter y Pettigrew su castigo será en la biblioteca, quiero que hagan todo lo que pida la Sra. Pince les indique.
—Ay no, con la vieja gárgola de Pince no ... —Dijo James lamentándose.
—Bueno ... Si quieres te dejo a cargo de Filch. —Dijo McGonagall.
-¡NO! —Dijo James apresuradamente— Pince está bien.
McGonagall hizo un atisbo de sonrisa.
—Sirius Black y Lupin vayan con el profesor Slughorn. —Indicó.
—¿Y si mejor me voy con Meghan? ¡Por favor! —Preguntó Sirius con ojos de perrito.
—No, tú y tu prima juntos sígnica desastre. —Dijo McGonagall con el ceño fruncido.
—Eso no es cierto profesora, nosotros somos angelitos. —Dije sonriendo como niña buena.
—Basta, piérdanse de mi vista. —Dijo señalando la puerta.
—Si profesora McGonagall, vamos Sirius. —Dijo Remus empujándolo hacia la puerta.
—Hasta luego profesora. —Dije sonriendo.
—Adiós Minnie. —Dijo James.
—¡Potter!
Cuando llegamos a la biblioteca la Sra. Pince nos miró de arriba abajo.
—¿Qué hacen ustedes aquí? —Preguntó con mirada despectiva.
Tenía sus razones al tratarnos así, ya que cada vez que venía yo significaban disturbios para su silenciosa biblioteca.
Peter siempre se tropezaba con los estantes. James y Sirius siempre venían a molestarme a mí o a Remus.
—La profesora McGonagall nos dijo que haríamos el castigo aquí —Dije.
—Cuando no, ustedes metidos en problemas, están aquí hace muy poco, y jamás nadie hizo tantos disturbios en mi biblioteca.
Miró nuevamente a Peter que estaba comiendo una tableta de chocolate.
—No se permite comida en mi biblioteca. —Dijo severamente.
Peter abrió los ojos sorprendido.
—Lo siento. —Dijo avergonzado.
Pasamos toda la tarde clasificando libros por orden alfabético.
Era la hora de la cena cuando Peter, James y yo entramos al gran comedor.
Extrañados de no ver a Sirius y Remus por ningún lado nos sentamos.
—Oye, Megh. —Dijo Alice sentada a unos asientos de mí.
—¡Alice! —Saludé.
—¿Alice, has visto a Sirius y a Remus? —Preguntó Peter.
Y como si Peter los hubiera invocado estos entraron corriendo, llenos de una baba verde.
—¡Me las pagarás Sirius! —Dijo Remus sentándose a lado de James, para después tomar una servilleta y pasárselo por el rostro.
Sirius se sentó junto a mí, riendo.
—Por tu culpa nos castigarán nuevamente. —Dijo Remus.
—¿Qué ocurrió? —Pregunté.
—Ayudábamos a Slughorn a hacer una poción curadora de folículos y como Sirius demostró ser un completo desastre lo único... —Suspiró— Lo ÚNICO que le encomendó fue que tomara los ingredientes.
Sirius rio.
—No fue para tanto.
Remus le tapó la boca con la mano.
—Entonces a... —Siguió, hasta que puso rostro de asco y apartó rápidamente su mano de la boca de Sirius— ¿Me acabas de lamer la mano?
Sirius se encogió de hombros.
—Tiene sabor a chocolate.
Remus hizo una mueca de asco.
—A lo que iba. —Dijo volviendo su mirada hacia James, Peter y hacía mí— A Sirius se le ocurrió la brillante idea de intercambiar un ingrediente.
—¡Pero podría haber pasado algo malo! —Dije mirando a Sirius con enojo.
—Pero no pasó nada tranquila. —Dijo Sirius comienzo con la boca llena.
—Hermano ahí viene Minnie. —Dijo James sonriendo.
—En mi defensa no lo hice a propósito. —Dijo Sirius.
—Lupin, Sirius Black mañana a primera hora los quiero en mi despacho.
Remus suspiró.
—Si profesora McGonagall. —Dijo Remus lanzándole una mirada de odio a Sirius.
Unas horas después todos estábamos en nuestros cuartos, particularmente esa noche no podía dormir en ninguna circunstancia.
Daba vueltas en mi cama sin cesar, luego de estar una hora así me levanté frustrada, en pijama bajé hasta la sala común con mi libro de Frankenstein.
Mi sorpresa fue al llegar hasta ahí es que no estaba completamente vacía.
—Remus. —Saludé— ¿Qué haces aquí?
Remus al escuchar una voz detrás de él se sobresaltó.
—Me asustaste. —Dijo con una pequeña sonrisa.
—No respondiste mi pregunta. —Dije sentándome a su lado.
La sonrisa de Remus se desvaneció.
—No podía dormir. —Dijo mirando hacia la chimenea.
Tenía grandes ojeras y parecía mucho más pálido de lo normal
—Yo tampoco. —Dije— Y... ¿Por qué no puedes dormir?
—Suele pasarme a veces... —Dijo casi en un susurro.
—Te vez pálido. —Dije— ¿Quieres acompañarme a un lugar? Podría levantar tus ánimos un poco.
Remus me miró con curiosidad.
—¿A dónde vamos? —Preguntó.
—Tomemos la capa de James, dudo que le moleste. —Dije sonriendo.
Segundos después le tomé la mano y jalé de el en dirección a las escaleras.
—¿A dónde iremos? —Preguntó Remus levemente sonrojado.
—Sh... —Dije abriendo la puerta del cuarto.
James, Peter y Sirius dormían profundamente.
—¿Dónde está? —Pregunté en susurros.
—En su baúl —Susurró.
Rápidamente tomó la capa del baúl.
—Vamos. —Susurré.
Cerca del retrato de la Dama Gorda, nos colocamos la capa.
—¿Quién...? —Dijo la Dama Gorda.
En silencio nos fuimos alejando.
—¿A dónde vamos? —Susurró Remus.
—Por Merlín Remus, confía en mí. —Dije sonriendo.
Estuvimos por varios minutos caminando por los oscuros pasillos.
—Es aquí. —Dije.
—Megh aquí no hay nada. —dijo Remus con confusión,
—Por supuesto que hay solo mira.
—Yo solo veo un cuadro con una pera. —Dijo sonriendo con burla.
Rápidamente salí de la capa de invisibilidad.
Unos segundos después estaba haciéndole cosquillas a la pera, en cuestión de segundos cuando un picaporte apareció.
—¿Qué...? —Dijo sorprendido.
—Sh, solo entra. —Dije dando vuelta el picaporte.
—Son las cocinas. —Dijo sonriendo.
—¡Si! —Dije sonriendo.
Unos 5 elfos se nos acercaron rápidamente.
—¿Qué desean? —Dijo uno de ellos, particularmente tenía un expresión de enojo.
—Dos chocolates calientes, por favor. —Dije sonriendo.
Empuje a Remus unos centímetros.
—Ven, siéntate.
Una vez sentados vimos el panorama de las cocinas a pesar de ser altas horas de la noche había mucho movimiento.
—¿Cómo...? —Preguntó con sorpresa.
—¿Cómo las encontré? —Pregunté completando su pregunta.
Remus asintió sonriendo.
—No fue hace mucho. —Dije, momentos después el elfo domestico que nos preguntó que queríamos nos dejó en la mesa las dos tazas— Gracias.
Ambos tomamos un largo sorbo del chocolate caliente.
—Digamos que escuché rumores, y digamos que soy una persona que no se cansa de buscar hasta encontrar lo que yo quiera. —Dije sonriendo.
No puedo creer que no se lo hayas contado a los chicos. —Dijo sonriendo.
—Podrías sentirte privilegiado, la verdad es que no tenía planeado mostrar su escondite tan rápido, pero te vi mal por algo.
Remus palideció nuevamente. Enarqué una ceja confundida.
—En serio Megh, solo me siento un poco mal, una simple jaqueca. —Contestó con nerviosismo.
—Bueno, te creo tranquilo. —Dije— Pero sabes que puedes confiar en mí ¿Sí? ...
Remus sonrió.
—Confío en ti Megh. —Respondió— Gracias por preocuparte por mí.
—Por supuesto que me preocupo por ti, soy tu amiga ...
Ambos nos fundimos en un abrazo.
—En serio, te lo agradezco Megh, pero de verdad no tengo nada.
