CAPÍTULO 11
"Merodeando"
Narra Meghan
Una noche, aburridos, se nos ocurrió la brillante idea de recorrer el castillo.
Debíamos de tener cuidado con Filch, ya que rondaba por el castillo hasta muy tarde, revisando que no estuviera ningún alumno infringiendo las normas. Queríamos evitar más problemas, ya que en esa semana ya nos habían castigado 3 veces.
Bueno, dos a Remus y a mí. Y solo una a James, Sirius y Peter. En nuestra defensa no logramos escondernos a tiempo, por lo que McGonagall o Filch, solo nos descubrió a ambos.
Una espectacular venganza se acercaba a James, Sirius y Peter por dejarme sola.
TUVE QUE LIMPIAR LOS BAÑOS, SIN MAGIA. Malditos traidores.
Primero fuimos a las cocinas (se imaginarán quien tenía hambre). Los elfos nos atendieron entregándonos un montón de dulces.
Seguimos recorriendo, tratando de hacer el menor ruido posible. Finalmente terminamos en la torre de astronomía, era medianoche para ese entonces, era una noche peculiarmente calurosa. Sin mucho más que hacer nos sentamos allí, comiendo (robándole todas las golosinas que tenía Peter) no decíamos nada, solo disfrutábamos el agradable momento, con todas las estrellas brillando a su máximo esplendor.
Cansada de estar sentada, me acomodé en el barandal de la torre. Me di vuelta en dirección a los chicos, al sentirme observada.
Mi mirada conectó un segundo con la de Remus. Este al sentir que lo estaba mirando se sonrojó. Este algo incomodo se levantó de donde estaba sentado.
—Deberíamos irnos, se está haciendo demasiado tarde y mañana tenemos clases. —dijo Remus, rompiendo con el silencio.
—Sí, a mi está dando sueño. —dijo Sirius bostezando.
—Peter está dormido. —Dijo James.
—Oh, vamos Pet. —Dijo Remus.
—¡Peter despierta! Tenemos que irnos... —dije sacudiéndolo.
—Mmm... —murmuró— Ya voy mami...
Soltamos una estruendosa carcajada provocando que Peter se despertara totalmente.
—No soy tu madre Pet. —dije aun riendo.
—¿Extrañas a tu madre Pet? —Pregunto James.
—Mmm... —Respondió Peter— ¿De que hablan?
Antes que alguno pudiera responder se escuchó un gruñido proveniente del comienzo de las escaleras.
Rápidamente nos alarmó.
—¿Quién anda ahí! Sube señora Norris, hay que atrapar a esos mocosos. —escuchamos la inigualable voz de Filch.
—Vamos todos debajo de la capa. —dijo James.
Sin decir más, nos metimos rápidamente, comenzamos avanzando lentamente hacía la escalera pero antes de llegar, la señora Norris llegó, olfateando, detectándonos, comenzó a caminar hacia nosotros dando pequeño gruñidos. La única rápida solución que encontramos fue hacer un movimiento rápido esquivando a la Sra. Norris. Finalmente logramos bajar provocando, que casi nos resbalemos de las escaleras.
Filch se encontraba a un costado de nosotros.
Miraba en dirección hacia donde nosotros estábamos.
Corrimos lo más rápido que nuestras piernas podían en dirección a la Sala Común. En el trayecto casi perdimos a Peter, por lo que James y Sirius prácticamente tuvieron que arrastrarlo.
Finalmente, llegamos a la sala común, con la adrenalina de la corrida que acabábamos de hacer, escapamos por poco.
Nos sentamos en los sillones de la sala. Exhaustos.
—Filch casi nos atrapa. —Dije suspirando pesadamente.
—Deberíamos tener algo que nos ayude para que recorramos por el castillo, y poder ver la personas que rondan por sus alrededores. —Dijo James, recobrando el aliento.
—Definitivamente, asi podremos ver si Filch o McGonagall se acercan. —Dije bostezando.
—¿Cómo qué? —Preguntó Peter.
James miró a Peter de manera pensativa.
—Algo que revele la personas que están en el castillo. —dijo James.
—¿Algo así como magia reveladora? —pregunté— Leí de eso en un libro de la biblioteca es un hechizo bastante sencillo.
Remus al escuchar esto se le iluminaron los ojos.
—¡Se me ocurrio una idea! —Dijo Remus— ¿Por qué no hacemos esto todas las noches?
—¿Qué cosa? —Preguntó Sirius con confusión.
—Esto, explorar el castillo, asi podremos escapar más rápido ante cualquier alerta.
—¿Por qué no anotar en una libreta donde se encuentra cada lugar? —Preguntó James.
—Eso sería genial, pero aun asi no sirve para detectar quien está cerca. —Dije bostezando.
—Se me ocurrió una grandiosa idea. —Dijo Remus sonriendo—Mañana en el gran comedor les contaré.
Lo miré con curiosidad. Este segundos después se sonrojó un poco al notar mi mirada.
—Bien vamos a dormir. —Dije levantándome del sofá— ¿Puedo ir a su habitación? Lily se enfadara si ve que entro a esta hora a nuestro cuarto. —Pregunté.
—Por supuesto primita. —dijo Sirius.
Apenas llegamos, hice aparecer una cama, me cambié en el baño de los chicos y me acosté, me dormí de inmediato.
A la mañana siguiente, sin despertar a los chicos, hice desaparecer la cama y me dirigí a mi cuarto a darme una ducha, una vez alistada, desperté a las chicas. Esperé a que se alistaran para bajar al Gran comedor, pociones era la primera asignatura del día (para mi mala suerte).
En cuanto terminaron de alistarse juntas bajamos a la sala común. No había rastros de los chicos, suponiendo que Peter y Sirius se levantaron con hambre, nos encaminamos al gran comedor, charlando animadamente.
En cuanto llegamos me senté al lado de mi primo, este estaba devorando hotcakes con chocolate derretido.
—Dinos Rem que era lo que nos querías. —dije sonriendo— Ya sabes, sobre tú ocurrencia anoche. —agregué con curiosidad.
Mis palabras provocaron curiosidad en Peter, Sirius y James, estos miraron con curiosidad a Remus.
—Ah sí casi me olvido, gracias Megh. —dijo mirándome directamente a los ojos, sin saber porque me sonroje, provocando que él también se sonrojara.
Nunca, en mi vida me sonrojé, que estaba ocurriendo conmigo.
—Ejem... —Dijo Sirius tratando de captar mi atención y la de Remus— Cuéntanos me estoy impacientando. —Agregó enarcando una ceja.
El sonrojo de Remus incrementó, pero aun así habló:
—Pensé que podríamos utilizar los pergaminos con los lugares y su ubicación exacta que encontremos mientras exploramos... Podríamos hacer un mapa exclusivamente para nosotros, con el hechizo revelador marcaría todo los nombres de personas y animales que estén en el castillo. —Explicó— Lo único que debemos de hacer, es colocar cada pasillo en lugar correspondiente del mapa, como las salas comunes, de los salones de clase y el gran comedor, y alrededores del castillo tanto como los pasadizos secretos que encontramos.
—Así podremos hacer bromas sin ser detectados. —dijo James entusiasmado por la idea.
—Tengo el lugar perfecto para hacerlo. —dije— ¡La sala de menesteres! Oí a Dumbledore hablar de ella, nunca la vemos porque esta escondida, se revelará ante quienes tengan alguna necesidad en específico. —Agregué con entusiasmo.
—Si en algún momento nos dirigimos en distintas direcciones debemos de estar atentos. —Dijo Remus— Por cada lugar que encontremos Iremos allí luego de las asignaturas del día para unir las fracciones del mapa. —dijo Remus con decisión.
—Pet. —Dijo James— ¿Tú el otro día no caíste sobre una armadura?
Pet dejó de comer por instante. (milagro)
—Sí, se abrió una compuerta, pero no sé hasta donde se dirige. —Respondió.
—Entonces hoy iremos. —Dijo Sirius.
Luego del desayuno, nos dirigimos a la clase de pociones, el profesor Slughorn nos encomendó la poción para inducir el sueño.
Más tarde, teníamos historia de la magia.
Finalmente, terminaron las asignaturas del día, decididos nos dirigimos bromeando a la sala de menesteres. Para entrar enfoqué mi mente exclusivamente en lo que quería. Cuando por fin abrimos la puerta esta tenía plumas, tinta, unos cómodos sofás, una mesa con cinco sillas, pergaminos, plumones, todo lo que necesitamos estaba allí.
Nos colocamos en la mesa sacando los pergaminos en blanco, no paso mucho para hagamos un esquema con distintas ubicaciones que ya conocíamos. Tales como las cocinas, la sala común de Gryffindor, salones de clases.
—Aún falta mucho para que descubramos más pasadizos de Hogwarts. —Dijo Peter bostezando.
—Me aburro. —Dijo Sirius, cruzándose de brazos.
—Bueno si, aún faltan acomodar ciertas partes. —Dijo Remus.
Tenía una maravillosa idea.
—Oigan chicos se me ocurrió una idea, antes de comenzar a explorar más Hogwarts, ya que ahora somos animagos creí que podríamos tener apodos cada uno de nosotros. —dije sonriendo— Un especie de código que solo entenderemos nosotros.
Los demás asintieron de acuerdo.
—Me parece una buena idea, podríamos utilizarlo en el mapa a los apodos. —Dijo James acomodándose las gafas.
—Generará preguntas, me encanta. —Dijo Sirius sonriendo.
—¿Quién empieza? —Preguntó Remus.
—Empecemos con James. —Propuse.
—Genial, esfuércense por mí. —Dijo James, segundos después se levantó de la silla y se acomodó en un sofá.
—¿Qué tal Cornudito? —propuso Sirius.
—¡Oye! Eso es discriminación solo porque tengo grandes cuernos. —respondió indignado.
—Siervolito. —dijo Peter.
James frunció el ceño.
—¡Por supuesto que no! —Respondió.
—Esos apodos son ridículos. —dije riendo.
—¿Qué propones tu lobita? —dijo burlonamente Sirius.
—¿Qué tal Cornamenta? Porque ya saben los siervos... —Comencé a decir sonriendo.
—Si, si ya lo sabemos Meghan, los ciervos tienen una gran cornamenta. —dijo James rodando los ojos— A mí me gusta me lo quedo de ahora en más soy Cornamenta, le toca a Remus.
—¿Qué tal Lunático? —dijo Peter.
Lo miramos sorprendidos.
—Es genial. —Dije sonriendo— ¿Cómo se te ocurrió Pet? —Pregunté.
—Ya saben, cada luna llena se vuelve tan loco que no nos reconoce ni a nosotros... —dijo riendo.
—¡Me gusta! —Dijo Remus— Gracias Pet.
—Por nada. —Dijo Peter, sacando una barra de chocolate.
Sirius no tardó mucho en arrebatárselo de las manos.
—¡Oye! —Dijo Peter indignado— Eso es mío.
—Ya no. —Dijo Sirius riendo, segundos después partió la mitad y se lo lanzó a James.
—Le toca a Sirius. —dije— Pulguitas. —Propuse riendo.
—¡No! —dijo Sirius con el ceño fruncido.
—¡Chucho! —propuso James.
—Pulgoso. —propuso Peter.
—No me gusta ninguno. —Dijo Sirius— ¿Dónde quedó su imaginación? —nos preguntó.
—¿Qué tal Canuto? —propuso Remus.
—¡Me agrada! Pero ¿por qué lo elegiste? —preguntó.
—Fácil primo eres un can negro. —respondí— Y mujeriego. —agregué sonriendo con burla
Todos rieron. Menos Sirius obviamente.
—¡Oye! ¡No! —dijo con el ceño fruncido— Hidra, ese me parece tu perfecto apodo.
Sin decir nada me convertí en loba, y del susto lo tiré de donde estaba sentado, ya que le estaba mostrando mis dientes extra filosos, me volví a convertir en humana, riéndome a carcajadas.
Todos rieron ante mi ocurrencia.
—Tendrías que ver tu cara Sirius. —dije con una sonrisa burlona.
—¿Alguien tiene una cámara? —Preguntó James.
—Silencio, ambos. —dijo Sirius rodando los ojos una vez que se volvio a sentar— Continuemos con Peter. —Agregó exasperado.
Todos nos mantuvimos en silencio por un momento.
—Fácil Colagusano. —dije— Su colita parece un gusano y se me ocurrió ese porque me pareció un nombre tierno —agregué sonriendo.
—Te cabe a la perfección Peter. —dijo James.
—Bueno, no me desagrada. —Dijo no muy convencido.
—Le toca a Meghan. —dijo Sirius.
—Mmm... Es difícil ponerte un apodo que tenga tus características animagas... —dijo Remus pensativamente.
—Su pelaje es muy particular, no se me ocurre nada. —Dijo Peter.
