Dulce nostalgia
Disclaimer: Ranma 1/2 y sus personajes son propiedad de Rumiko Takahashi, yo no pretendo ni puedo sacar bienes lucrativos de parte de su obra, solo utilizo sus personajes para mi entretenimiento y el vuestro.
Una las muchas cosas que Kuno odia de Nabiki Tendo, es que sabe perfectamente cómo salirse con la suya y ganar mucho dinero en el proceso. El ejemplo más claro de esto, es que cada vez que le informa de la venta de una nueva colección de fotos de Akane Tendo o la chica pelirroja, ella aprovecha la oportunidad y lo obliga a comprarle algo de comer (lo cual junto con los precios que impone, hace fuertes estragos en su billetera). Y por supuesto, hoy no iba a ser la excepción de esa regla.
Ambos se encontraban (como de costumbre) sentados frente a frente en una mesa para dos. Mientras Nabiki empezaba a degustar con placer el parfait de fresa que había ordenado, Kuno permanecía algo intranquilo sobre su puesto. Su mirada recorrí con insistencia los alrededores del lugar que ella había escogido para reunirse con él, y ello, llamó ligeramente la atención de la mediana de los Tendo. Normalmente una vez este ya tenía las fotografías en su mano, se quedaba absorto mirándolas por un buen rato y después esperaba pacientemente a que Nabiki terminara de comer, pero manteniendo una expresión algo amargada; sin embargo, hoy no era el caso. De hecho, desde el momento de entrar al local, el joven kendoka parecía actuar algo…raro. Se le notaba muy distraído y también algo tenso, tanto, que Nabiki estuvo a punto de preguntarle qué le pasaba, pero abandonó rápidamente esa idea ante la llegada del dulce postre que había pedido.
Aunque Nabiki prefería no darle importancia a todo ello y solo centrarse en disfrutar de su delicioso parfait, el aura inquieta de su compañero era difícil de ignorar (sobre todo teniéndolo justo enfrente suya).
- ¿Pasa algo malo, Kuno-chan? –le preguntó por fin tras un momento de duda.
- ¿¡Q-QUÉ!? –se sobresaltó este un poco por su llamado, como si al fin su conciencia hubiera dejado de divagar-N-No pasa nada, Nabiki Tendo-respondió de forma simple y seca, tratando de actuar con normalidad.
Alzando una ceja en duda de ello, Nabiki continuó diciendo:
-Sí, claro…Sabes que eres muy malo mintiendo, ¿verdad? –en un tono entre casual y burlón.
Inmediatamente, el semblante de Kuno cambió a uno de enojo y toda la tensión que parecía retener su cuerpo se esfumó de golpe.
-Bueno, supongo que comparados contigo todos somos malos mentirosos, ¿no crees? –detalló él de forma ácida, reteniendo inútilmente el innegable disgusto que mostraba su expresión.
Ignorando el suave ¨insulto¨ que representaban sus palabras, Nabiki esbozó una simple (pero muy falsa) sonrisa.
- ¿No crees que sería mucho mejor si dejaras a un lado tu orgullo por un momento y simplemente dejaras en claro tus problemas? Así sería mucho más fácil ayudarte, ¿sabes?
-Tsk, yo no tengo ningún problema y aunque lo tuviera, no pediría tu ayuda para resolverlo-expresó Kuno con su usual antipatía, desviando su mirada hacia un lado y cruzándose de brazos-Además, si eso acaso sucediera, estoy completamente seguro de que me saldría MUY caro (en varios sentidos).
- ¿Ah sí? Pues es bueno saberlo-correspondió Nabiki con cierto desinterés y volvió a saborear con ansias su helado, soltando un par de sonidos de placer ante su exquisito dulce sabor.
Kuno redirigió su mirada hacia ella. Su expresión había pasado de molesta a una más bien neutra, sin embargo, pronto se tornó algo triste y…nostálgica. La figura de Nabiki Tendo se entrelazó por un momento con otra en su memoria, e inevitablemente, su mente dominó todos sus sentidos y pensamientos y rememoró un viejo recuerdo…ocurrido hace mucho tiempo…aquí…en este mismo lugar…
Era una tranquila tarde como esta, aunque quizás era algo más calurosa. Sentados uno frente al otro se encontraban una mujer joven y un niño. Mientras la mujer comía placenteramente un helado, el niño la miraba con el ceño fruncido y los brazos cruzados.
-No es justo-repitió su queja por enésima vez.
-Tch, tch, tch, una apuesta es una apuesta mi niño, y el pago siempre debe cumplirse-expresó la mujer en un tono ¨maduro¨ que no convencía mucho, pues en realidad sonaba divertida.
- ¡Pero si hiciste trampa para ganar! –se paró de un salto sobre su asiento y le apuntó acusadoramente.
- ¿Eh? ¿Pero qué dices? Yo no hice nada malo-respondió la mujer con tranquilidad, pero su pícara expresión la delataba.
- ¡SÍ LO HICISTE! –insistió el pequeño y ella soltó una carcajada. Irritado, el niño volvió a su posición inicial y murmuró por lo bajo un ¨maldita tramposa¨.
- ¡Ey! ¿¡Qué te he dicho sobre los insultos jovencito!? –le regañó ella, aunque su voz de enfado era difícil de tomar en serio.
- ¡Auch, Auch, Auch! ¡Duele-Duele-Duele! –quejó el niño al ser apretado en la nariz con fuerza como ¨castigo¨ por su impertinencia.
-No es educado hablarle de esa forma a una dama, ¿ok? –explicó la mujer de forma tranquila al acercarse al rostro del menor (aun sosteniendo su nariz).
Tras un rápido e incómodo asentir por parte del pequeño, la mujer le muestra una simple sonrisa y por fin le suelta, retomando ella también su lugar.
-Además, ¿qué no decías que ya no te gustaban esta clase de dulces? –detalló esta con inocencia mientras tomaba un nuevo bocado y expresaba su gusto con un par de sonidos complacidos.
El niño la mira contrariado a la par que apacigua el dolor sobre su nariz, aprieta sus labios frustrado y una pequeña cubre sus mejillas. Sí, él mismo había dicho eso, pero en realidad era una mentira. A él le encantaban esos dulces, sin embargo, unos chicos superiores de la escuela se burlaron de él por ello. Le dijeron que era infantil y un ¨suavecito¨ por gustarle tanto esas cosas, y él, en un arrebato de orgullo y furia, se prometió no volver a comerlos. A pesar de sus esfuerzos, no podía evitar añorar comerlos de nuevo, por eso, cuando su madre se lo propuso como premio de una de sus nuevas apuestas, aceptó de inmediato; pero ahora que tenía que sufrir la tortura de verla disfrutar uno y él no poder hacerlo, se estaba arrepintiendo de haber aceptado la apuesta en un principio.
Tras soltar una pequeña risa por la adorable expresión frustrada de su niño, la mujer toma una nueva cucharada del helado y la acerca hacia el rostro de este, quien la mira curioso y confundido.
-No hay premio de consolación en una apuesta, ¡pero sí un par de sobornos para los jueces! –dijo ella divertida y al ver la cara incrédula del pequeño, le guiña el ojo con complicidad.
El pequeño pasa su mirada de ella hacia la cuchara y repite el proceso un par de veces más, solo para terminar aceptando con frustración y pena aquella dulce prohibición propia, confirmando con sus propios sonidos de gozo, que valió la pena romper sus propias reglas…
-Em, ¿Kuno-chan? –el llamar de Nabiki Tendo volvió a hacerlo recuperar el sentido de la realidad.
- ¿Q-Qué? –preguntó este, tratando de actuar con normalidad tras su ¨ausencia¨ sobre la tierra.
-Puedes quedarte con el resto del helado si quieres, ¿sabes? Después de todo, yo ya he tenido suficiente-dijo ella a la par que le pasó dicho postre.
- ¿¡A-AH!? –se sobresaltó un poco por el inesperado y raro giro de los acontecimientos- ¿P-Por qué me das esto, Nabiki Tendo? –inquirió Kuno, muy dudoso y aun algo sorprendido.
-Bueno, estuviste mirándome con cara de ¨Yo también quiero un poco¨ durante VARIOS minutos y ya me estabas empezando a dar algo de pena-explicó ella y eso hizo que el rostro de él se coloreara debido a la vergüenza-Ja, ja, siéntete orgulloso, eres el primero al que le funciona la estrategia de ¨cachorrito abandonado¨ conmigo-dijo entre risas, divertida.
Kuno chasqueó la lengua con molestia y en un gesto algo bruco, le devolvió el parfait a la mediana de los Tendo, desviando su mirada hacia un lado.
-No lo quiero-repitió de forma seca.
- ¿Ah sí? –comentó ella con simpleza y ligera incredulidad.
-Sí-contestó él de igual manera.
- ¿En serio? –preguntó ella con su típico tono de juego.
Cuando Kuno se dispuso a exigirle que ya lo dejara en paz por ello, fue sorprendido por el sentir del frío, suave y dulce sabor de aquel ¨regalo rechazado¨ antes de poder formular sus palabras. A pesar de su sorpresa, por acto reflejo, tragó el helado tras tenerlo apenas unos momentos en su boca, y enseguida, su expresión se suavizó. Se maldijo internamente por su descuido, al ver la pícara expresión de triunfo y satisfacción que ella le mostró, pero ya era demasiado tarde. Tras una corta risa, ella soltó la cuchara y pronunció de forma cantarina:
-Mentiroso.
A lo que él, tras sacar la misma de entre sus labios, le respondió entre una profunda pena visible en su rostro y un ligero fastidio:
-Cállate, tramposa…
No hay duda: una de las cosas que él más odia de ella, es su maldita habilidad para salirse con la suya, ganar dinero en el proceso, y divertirse a expensa de su persona.
FIN
N.A: Ejem, solo quiero decir un par de cosas: disculpen si encuentran a los personajes algo OoC en este one-shot, lo escribí a mano mientras estaba aburrida en un día de apagón (y de alarma ciclónica O_O) y quizás por eso el desarrollo terminó siendo algo… ¿raro? En fin, solo era eso XD. Gracias por leer hasta aquí, así que: sin nada más que decir, ¡espero nos leamos pronto!
