Non-sancta Trinidad

Por: Yaoistas Enigmatikas

Resumen: Trowa ha descubierto a un espía, pero no necesita que revele su secreto; al contrario, tal vez lo invite a participar. Si a Trowa le preguntaran, no diría que tiene una idea muy buena de sus compañeros, al contrario, tiene ideas muy non sanctas. [Trío] [Rating NC-17]

O*o*o*O

Oneshot que participa en la treceava convocatoria de "Gundam Wing Yaoi en Español".

Saludos a todos los lectores.

Primero que nada debemos advertir que esta historia no tiene ningún objetivo narrativo. Es pura y llana diversión pervertida.

No hay trama realmente. Literalmente esto entra en la clasificación más dura y pura de YAOI "yama-nashi ochi-nashi imi-nashi" (que significa "sin clímax, sin resolución, sin sentido).

Sexo y ya, caray, sin ir más lejos. Aunque claro, es un sexo… "romantizado" y sin mucho realismo que digamos. Vamos, que ninguna de las dos autoras creemos que esta mecánica mágica de los tríos se dé así. Aunque puede ser...

¿Por qué Trowa, Wufei y Heero?… pues no más porque nos gustó la idea. Y resulta que funcionan muy bien, ¿cómo ven?

Así que para quien le quede la duda, no, no buscamos nada grandioso con esto, ni que tenga el menor sentido más que hacerles sangrar la nariz… ¿Muy ambicioso? XD

Solo esperamos que lo disfruten:


—Te gusta ¿verdad? —le encara Trowa una vez que están solos.

Heero se gira con ese aire asesino que siempre carga, pero con cierta intriga en los ojos.

Trowa, sin embargo, ya lo había descubierto varias veces mirándoles de reojo, hicieran o no algo comprometedor, Heero les seguía con la mirada.

—Sabes de lo que hablo —apunta Trowa sin amedrentarse—. Sabes que lo hacemos —Heero no le contesta nada, y devuelve la mirada al frente. Hay un silencio entre los dos—. Nos has escuchado —declara Trowa y vuelve a atraer la atención del susodicho—. He dejado que nos escuches… —eso parece sorprender un poco al estoico joven—. ¿Te gustaría hacerlo con Wufei?

Heero apenas entreabre los labios pero los cierra de inmediato, volviendo la mirada al frente. Lo ha tomado con la guarda baja con ese comentario y le cuesta más pensar en el qué dirá para no acusarse solo.

—¿Qué te hace pensar que tal oferta me atrae? —su voz no varía en el tono, pero sus ojos se desvían a Barton para mirarlo de reojo—. No creo haber sido el único en escucharlos, si casi siempre lo hacen en lugares públicos.

Trowa se mofa sin sonido ante la defensiva de Heero—. Solo son públicos cuando hay más gente rondando —le aclara, porque el japonés no ha salido nunca al encuentro, pero no le ha huido. Trowa lo vio alguna vez reflejado en el espejo del baño cuando se lo montaba con Wufei en alguna ocasión. Y su actitud de miradas veladas, lo delata—. No soy exhibicionista, pero creo que a Wufei le gusta pensar que lo pueden ver —se inclina un poco hacia Heero—. Lo pone caliente —se aleja y se arregla el uniforme—. Además… creo que también le gustas —se alza un poco de hombros, comienza a caminar a la salida—. Hoy no hay rondas —deja la idea velada al aire.

En silencio, Heero lo observa irse, Trowa manteniendo una sonrisa petulante y muy pocas veces dirigida en su dirección.

Él lo sabe, demonios.

Pero en su defensa debe decir que no los ha espiado conscientemente porque se los topa, de la nada, cogiendo en los rincones… o así había sido la primera vez, cuando los vio caminar juntos hasta un cuarto de depósitos y escuchó sus gemidos. La verdad es que no entiende hasta el día de hoy por qué razón siempre se encuentran y en las mismas situaciones. Creyó ser precavido y ahora él lo sabe.

Y sí. Wufei Chang le gusta. Le excita. Claro que Barton no le es indiferente, pero son los gemidos de Wufei y el rostro que hace cuando está extasiado que le imposibilitan controlar sus dolorosas erecciones.

Sopesa la propuesta, la define concienzudamente, la imagina y siente que su cuerpo entero se estremece.

—Barton, espera —lo llama una vez que le da alcance, aunque tuvo que apurarse para encontrarlo dentro de las instalaciones—. Esta noche, ¿dónde?

Trowa se detiene algo sorprendido, francamente pensó que lo rechazaría. Parece estar más interesado de lo que admitirá, y eso también le llena de ansiedad a él. Se le ocurre entonces una idea. Sonríe de lado, mira alrededor, se vuelve a acercar de manera cómplice a él, más no demasiado notorio para que nadie sospeche— ¿qué tal… en tu cuarto? —sabe que es descabellado, pero ¿qué otra oportunidad tendrán como aquella?

Heero le mantiene la mirada y traga saliva con pesadez. No duda de que Trowa lo haya notado, así que asiente—. De acuerdo. A las 2300 horas —se da la libertad de exigir. A esa hora de la noche, el colega que duerme en la habitación vecina hace sus rondas y regresa por la madrugada, así que tiene plena seguridad de que nadie escuchará indebidamente.

Gira en redondo y vuelve a la sala donde estuvo con Barton hace pocos minutos, aún tiene cosas pendientes que hacer allí y está ansioso por terminarlas.

Trowa lo observa retirarse, se remoja los labios, simplemente del antojo que le provoca llevar a Wufei a la habitación de su colega de batallas. Sonríe y sigue su camino.

O*o*o*O

—¿Te gustaría hacer algo nuevo? —le propone en un murmullo más tarde a Wufei al dejar las bandejas de comida en el dispensario, es la hora de la cena y el último turno—. ¿Subir de nivel? —generalmente cuando no tienen rondas, Trowa y Wufei follan en alguna de sus habitaciones para recuperarse la mañana siguiente, pero últimamente los encuentros son mecánicos y hasta monótonos—. ¿Tal vez involucrar a alguien más? —adelanta ya que caminan por los pasillos. No es una insinuación, es una idea ya construida y se lo da a entender a Wufei. Claro que nadie sospecharía nada, porque Trowa utiliza su magnífica cara de póker para hablar siempre que están dentro de la base y juntos.

Wufei ralentiza su caminata por el pasillo, solo para mirar a su amante con más atención de la que siempre le pone. Entrecierra los ojos, levanta una ceja en su dirección pero, más allá de eso, se ve impasible. Ninguno de los dos deja de caminar.

—¿Qué, te refieres a un trío? —resulta curiosa la manera en que sin querer saborea esa palabra, aunque haya sido dicha con neutralidad. Y le resulta extraño también, porque con Trowa se siente a gusto y siempre ha creído fielmente que mantener solo una pareja sexual es lo mejor.

Chasquea la lengua y adelanta a Trowa por el pasillo hasta llegar al sector de habitaciones para los reclutas. Más allá de éstos, están los cuartos de los oficiales, y a donde ellos se dirigen.

—Podría ser… —Trowa alcanza a Wufei y se pone delante de él para cortarle el paso con la mayor naturalidad posible. Se recarga entonces en la pared. Cruza los brazos e incluso las piernas—. Creo que Yuy estaba interesado —termina de soltar la idea.

Nunca lo han hablado en voz alta, pero ellos dos se entienden sin decir demasiadas palabras. A Trowa le gusta complacer los fetiches de Wufei, sobre todo cuando ve aquel pequeño brío en sus ojos cuando sugiere cosas cada vez más descabelladas.

Como la primera vez que, hablando con bastante confianza entre ellos y solos, Trowa había aventurado que él podría hacerlo con un hombre si lo conociera bien. Cuál fue la sorpresa al escuchar que Wufei lo haría con él si quisiera.

Desde entonces, propone cosas que hacen los encuentros interesantes, pero factibles. Aunque tengan otros fetiches, no todos son fáciles de cumplir. Así que la cosa ha ido escalando gradual, desde dejar que lo manoseara, lo penetrara en la habitación de Trowa, pasaran al cuarto de Wufei, hacerlo durante el día escapándose entre horarios de trabajo y luego haciéndolo en otros lugares de la base, hasta llegar al riesgo de poder ser descubiertos.

Wufei había ido accediendo a sus ideas, con poca resistencia, más bien siendo él quien le seguía la corriente cuando algo parecía llamar su atención. Vamos, que era divertido.

—Yuy —repite, a riesgo de sonar idiota, pero es que le cuesta creerlo. Un hombre como él, tan estoico y correcto no parece inclinado a ese tipo de encuentros y Wufei, un poco incómodo, vuelve a arquear la ceja y cruza los brazos sobre el pecho— Pues… no, no lo sé… ¿por qué querría? —cuestiona de repente, porque en su mente necesita una razón y él, por sí solo, no la encuentra.

—Porque a él parece gustarle cuando nos escucha… en el baño del tercer nivel —le suelta sin mucha contemplación. A veces le revela cosas morbosas a Wufei, solo por su propio interés de verle las mejillas coloradas pero ese brillo revelador y lujurioso en los ojos. Al chino le gusta, muy en el fondo, que Heero los espíe.

Trowa sabe que nunca le ha pasado desapercibida la presencia extra en los últimos encuentros, pero la excitación aumenta cuando no es declarada la identidad. Pero ahora supone le gustará mucho más la idea, porque sabe que Heero no le es indiferente, alguna vez han comentado que Yuy está apetecible—. Además ha ofrecido su cuarto cuando se lo insinué —termina diciendo— y te aclaro que no me costó mucho trabajo en realidad —sonríe de lado. Expresión que solamente tiene cuando habla de aquello con quien le interesa.

Wufei se muerde el interior de la mejilla y desvía la mirada por unos segundos, sonrojado. Aquella información lo cambia todo y empieza a meditarlo con seriedad.

Sabía que antes, en los últimos encuentros si es específico, alguien los espiaba y al principio quiso ser discreto en su manera de expresarse… pero poco a poco se dio cuenta de lo morboso que era saberse escuchado por alguien desconocido. Ahora sabe que ha sido Heero Yuy y siente que su estómago se revuelve en ansiedad. ¿Estar con Trowa y Heero a la vez? No puede negar que es tentador.

Suspira y mira a Barton, pero al parecer él ya sabe la respuesta con solo mirarlo a los ojos porque sonríe arrogante y travieso—. Está bien. Probemos —accede cuando ve en los ojos verdes el brillo lujurioso, igual de interesado—. ¿Cuándo será?

—Hoy… —le suelta muy cerca de la oreja, tratando de hacerlo temblar de anticipación— En - su - cuarto — relame cada una de sus palabras. Y observa bien la expresión de Wufei—. Nos espera a las 2300. Y creo que se puso duro cuando aceptó —sonríe autosuficiente, fascinado también por la idea.

Hay una ligera tensión en la postura de Wufei cuando le informa el acuerdo. No esperaba que fuese esa misma noche, está asombrado y siente cosquilleos por la piel, como si los vellos se le erizaran.

Pero esa reacción solo dura unos segundos, nada importante. Sonríe de lado y empuja a Trowa desde el hombro, haciéndole perder algo de equilibrio e irse hacia el lado, dándole el espacio suficiente para cruzar el pasillo. Se despide solo con un gesto de la mano, sin voltear ni una sola vez.

O*o*o*O

—Has llegado temprano —acusa Wufei divertido cuando ve a Trowa, ya esperando fuera de la habitación de Heero. Está apoyado en la pared, frente a la puerta y el reloj indica que solo faltan dos minutos para la "hora oficial". Los tres, de por sí, son maniáticos con la puntualidad y en la actual situación, ambos han decidido por cuenta propia que debían llegar unos minutos antes.

Mentalmente cuenta los segundos que faltan y es entonces que toca tres veces la puerta. Es firme y claro, sin un ápice de inquietud en su semblante, aunque por dentro está nervioso.

—En caso de que no llegaras…— murmura Trowa, colocándose algo retrasado de Wufei—. Podría hacerlo con él, seguro que le gustaría estar en tu lugar —le dice solo para provocarlo antes de que Yuy abra la puerta.

Cuando Wufei se molesta, suele responder mejor a sus caricias, como si le entrara un recelo por ser tocado, aunque sea justamente lo que quiere. Con la perspectiva de un nuevo integrante, se pregunta cómo reaccionará y siente cómo su pene ya da un pequeño brinco de anticipación.

En ese momento la puerta se abre. Trowa sonríe… ya que Heero bien podría haberlos dejado fuera.

Aunque la puerta ya está abierta, Wufei no se mueve. Está mirando a Trowa con una seriedad propia de un oficial militar, algo frío y molesto por el comentario. ¿En serio Trowa lo cambiaría por Heero?, ¿acaso ya se está aburriendo de él?

Decide ignorar esos pensamientos que no le llevan a nada y por fin encara al oriental. Su cabello castaño parece más desordenado de lo normal, pero eso le gusta, parece más atractivo y, como no está allí para perder el tiempo, avanza hacia él y lo agarra de la camisa con una mano—. Buenas noches, Yuy —recién entonces termina con la distancia, sorprendiéndolo con un beso.

Heero no alcanza a reaccionar y solo se deja avasallar por el ímpetu del chino. Siente su lengua buscar la propia y logra saborearlo a duras penas unos momentos antes de que se separe. Lo mira girar la cabeza hacia su segundo invitado, que todavía no ingresa al cuarto, y le escucha decir algo como "¿Qué decías?" con una sonrisa que nunca antes le había visto.

Trowa alza las cejas y sonríe, debe admitir que le ha sorprendido, y vuelve a confirmar que es Wufei quien más disfruta de aquellos encuentros.

Verlos besarse le ha producido algo, no sabe exactamente qué, porque podía ser celos, pero está más ansioso por verlos hacerlo de nuevo que darse la vuelta e irse. Claro que molestar tanto a Heero como a Wufei con ello, le excita.

Entra a la habitación y cierra la puerta tras él, y entonces da un paseo como analizando el lugar, ignorando a la pareja. Descubre una silla y se sienta en ella, se acomoda tranquilamente, mirándolos. Estira las piernas y descansa los brazos en las posaderas. Capta la atención de ambos, sobretodo de Yuy que no entiende muy bien lo que pasa, y es que no tiene introducción en el juego que llevan Wufei y él, donde sus personalidades muestran un cambio para hacer todo más divertido.

—Buenas noches, Yuy —saluda, recargando su cabeza en su puño—. Por favor, continúen… —dice, haciendo un ademán con la mano, que los alienta a seguir mientras él observa.

Wufei no necesita que se lo vuelva a repetir. Ha logrado ver en los ojos de Trowa un destello extraño, mitad fascinación, mitad… ¿Irritación? Como sea, le calienta saberse observado por él, desnudado por su mirada, como si fuese una oveja acechada por un lobo hambriento.

Mira a Heero y éste le regresa una mirada pasmada. No entiende lo que ha pasado entre los dos y no necesita saberlo, así que ahora decide ser más condescendiente—. Trowa me dijo que eras tú quien nos escuchaba… en los baños —enreda los brazos a su cuello y con el cuerpo busca fricción—. No conocía esa faceta voyerista tuya.

Heero traga saliva, algo cohibido, pero se recompone cuando siente sus respiraciones mezclándose—. En realidad no lo soy —explica, atreviéndose a poner sus manos en las caderas contrarias, las apega a las propias y entonces enreda los brazos a su cintura, manteniéndolo bien sujeto. Está seguro de que él nota su erección creciendo dentro de los pantalones.

—Ya veo… —dice Wufei un poco ahogado. Los brazos de Yuy son fuertes y su agarre es tan firme como el hierro. El calor aumenta entre los dos cuanto más se miran, así que vuelve a besarlo en la boca, mete la lengua, lo incita a hacer lo mismo y chupa de sus labios cada que tiene oportunidad.

Trowa aprieta un poco las mandíbulas. En realidad le molesta más la confianza tan rápida que ha adquirido Yuy ante la situación, sobre todo porque ha captado más la atención de Wufei y se han olvidado de él.

Se mantiene sentado un rato más, viendo cómo se desarrolla el beso y la fricción que ambos están ejerciendo sobre el otro. Hay una sensación entrecortada, ahora en verdad tiene irritación, quiere separarlos, pero al mismo tiempo, quiere que se quiten la ropa.

Estira las piernas y abre su propio pantalón, dejando que su naciente erección crezca fuera del pantalón aún a través del bóxer. Dejará que se toquen un poco antes de intervenir.

Heero suspira entre el beso, más ansioso de lo que había imaginado estar. Wufei besa muy bien, lo envuelve en una nube de deseo de la que es difícil escapar y él solo tiene ganas de seguir besando, quiere morderlo y… tocarlo.

Muy seguro de sí mismo, desliza las manos con la misma firmeza que ha tenido siempre, no titubea ni una sola vez cuando acuna las nalgas de Wufei con sus palmas y las aprieta con los dedos, haciéndole gemir. Joder, está pasando. Wufei está gimiendo por un toque suyo. Siente poder y satisfacción, y un dolor en la entrepierna que le es difícil de ignorar, está duro por hacerlo gemir y quiere más de eso.

Por su parte, Wufei se aparta un poco de esos labios. El agarrón de culo que le dio Heero casi lo ha alzado del suelo y pudo sentir con mayor definición el bulto que esconde en la ropa. Es tan grande como el de Trowa, si no se equivoca, a quien ve de reojo sentado aún en la silla.

Se relame los labios, deseoso.

Sin pensarlo, se aferra a la camisa de Heero y tira de ella para desfajarla del pantalón. Quiere tocar más.

Eso es suficiente, Trowa se levanta de la silla haciendo notar su altura por la velocidad a la que lo hace. Esto es nuevo y excitante. Está irritado y quiere participar, pero también quiere mirarlos.

Llama apenas la atención de Heero que lo mira moverse hacia ellos como un carnívoro, olfateándolos. Y se coloca detrás de Wufei a quien agarra de las caderas y de un jalón lo pega a su pelvis haciendo que las manos de Heero rocen su miembro erecto y se claven entre la tela de las nalgas. Hay gemidos por ambas partes y Wufei no se aleja de Yuy, pero se gira para besarlo sobre su hombro.

Trowa toma su mandíbula con firmeza para hundir su lengua al fondo de la garganta, incluso con algo de violencia, al tiempo que mete la mano en el pantalón para tomar el miembro despierto de Wufei en su mano. Entonces alza la mirada observando la reacción de Heero cuando vuelve a apretar fuertemente las caderas del chino, haciendo que la presión empuje un poco al japonés tocando las pelvis de ambos. Trowa alcanza a sentir también el pene de Yuy con su mano.

Deja de besarlo y un hilo de saliva queda colgando entre él y el chino, luego sus manos buscan quitarle la camiseta para que los pezones duros queden expuestos ante Heero Yuy. Antes de que este pueda reaccionar, también sube sus manos y le abre poco a poco, pero con velocidad, los botones de la camisa buscando desnudarlo a la vista de Wufei que se recarga en su pecho después del amarrón que acaba de darle.

Wufei está con el torso desnudo y el calor que recibe desde la espalda es tan agradable que le hace buscar más de aquel contacto. Sin embargo, el pecho ahora descubierto de Heero parece querer fundirse con el suyo y se siente en verdad acorralado, asfixiado.

La voracidad del beso que Trowa le dio fue suficientemente clara para darse cuenta de que lo quiere compartir, pero es completamente suyo. No puede pensar en otra razón, aunque quizás está equivocado. Solo está seguro de que está siendo deseado por dos hombres, sus compañeros, y él los desea también.

Se frota descaradamente contra la erección de Trowa, contra esas manos que siguen apretando sus nalgas, y él reparte caricias hacia los dos. Mira los ojos de Trowa por sobre su hombro a la vez que le araña el muslo izquierdo, mientras que con su derecha acaricia el abdomen marcado de Heero, directo a acariciarle la verga por sobre el pantalón.

Trowa realmente está disfrutando de esto, y admite que las reacciones nuevas y poco conocidas de Heero le encienden. Así que, mientras el chino se restriega contra él como si de una columna de piedra se tratase, considera que tiene la oportunidad de hacer con el japonés algo que a su vez disfrute Wufei. Dejándole la camisa colgada de los brazos pasa a quitarle los pantaloncillos cortos que suele llevar, dejando que le resbalen por las piernas. Heero parece algo sorprendido pero no hace algo por alejarse del toque experto de Wufei: su tremendamente efectiva técnica, que él bien conoce, y que es tan parecida a una mamada.

Entonces busca entre sus propias ropas el consabido lubricante que ha tenido tiempo de probar tantas veces con Chang. Toma la mano del chino que le proporciona caricias y escurre una cantidad entre sus dedos. Luego, él mismo lleva la mano de su amante hasta el trasero medio descubierto de Yuy y lo pone muy cerca de las nalgas—. ¿Eres virgen, Yuy? —le pregunta, aunque el murmullo es en la oreja de Wufei, entonces arremete contra las nalgas del mismo modo que Heero ha hecho anteriormente con Chang, e incluso a él mismo le duele su erección frotada en las voluptuosas cumbres del chino. Pero los gemidos y expresiones, bien valen la pena.

Heero abre los labios y deja escapar un jadeo. Está sorprendido, excitado y algo intimidado por cómo van avanzando las cosas. Ha apretado los glúteos debido al roce viscoso y tibio de los dedos de Wufei, pero él aprovecha que está con la boca abierta para gemir directo en su lengua. Lo está besando tan obscenamente mientras desliza los dedos entre la línea de sus nalgas que prácticamente se derrite.

Wufei sabe lo que hace. Barton se lo ha hecho tantas veces que tiene una enorme conciencia de cómo se siente. Acaricia los alrededores de una muy fruncida entrada a la par que bombea el pene ya entero descubierto de Heero, porque Trowa ha vuelto a ayudar bajándole la ropa interior—. Relájate —le ronronea en la boca—, después se siente bien… —y le muerde el labio. Entonces siente que Heero quita las manos de su trasero y se aferra a la cadera que está más atrás. Los aferra a los dos, y eso sí que le ha encantado.

Y a Trowa también. Heero, a pesar del evidente desconcierto y docilidad de sus acciones, tiene a su vez, confianza e iniciativa. Tal vez inconscientemente se siente tan deseado como es. El cirquero palpa la diferencia de las manos de Yuy, más cortas pero fuertes que las de Wufei, que tiene los dedos largos y finos aunque firmes.

Sin embargo siente que es hora de cambiar de posición, estar parados manoseándose les hace perder un poco el equilibrio y por lo tanto la atención a lo que hacen. Y la cama pequeña, estrecha y visiblemente más dura que una común, de Heero se encuentra tras éste. Trowa hace que todos se muevan hacia ella, ayudando a que Yuy y Chang no dejen de estar juntos.

Los obliga a separarse todos unos instantes para empujar a Heero sobre su cama y dejar que este se arrastre hacia atrás, lo suficiente para que Wufei caiga de rodillas entre sus piernas después de que Trowa termina de sacarle el pantalón—. ¿Por qué no le enseñas cómo es estar en tu posición, Wufei? —le susurra en el oído, a la vez que mete su lengua en él, y lo abraza por la cintura. Después le da un beso en los labios y tomándolo de la mandíbula hace que mire nuevamente a Heero, completamente expuesto sobre su cama—. Me parece que está ansioso por probarlo… —Heero los ve con una atención hipnótica y tan intensa que parece quemarlos a los dos, pero su semblante sonrojado y boca hinchada, hacen que Trowa lo mire con un nuevo atractivo—. Abre las piernas para Wufei, Yuy, y entenderás por qué le gusta tanto… —sonríe y se aleja de la espalda del chino, dándole un lengüetazo desde el cuello hasta el lóbulo de la oreja.

Los observa acomodarse mientras él termina de desvestirse con cierta premura, sin perder nunca detalle de lo que ocurre en la cama. Lo único que recupera de su ropa es el fiel envase de lubricante que vierte en sus manos y deja sobre la cama.

Heero quiere hallar su voz, pero no la encuentra; está obnubilado por la desnudez de Chang y, aunque él está encimándose en su cuerpo, logra mirar a Barton quitarse sus ropas. No le preocupa ser penetrado, pero sí es un poco incómodo adecuarse al ritmo que ellos llevan; se da cuenta de lo mucho que se conocen en ese aspecto, que se la han montado por bastante tiempo como para confiarse la vida.

Wufei nota su distracción, así que le toma de la mandíbula con una mano y le devora la boca con hambre, lo siente responder con la misma ansiedad y se aprovecha de lo mismo para abrirle las piernas con la mano aún embadurnada de lubricante para tocar sus bolas y más abajo, el nudo de músculos que se resiste a la intrusión. Pero no por mucho. Wufei se tiene que separar un instante para verle el rostro. Está colorado, con la respiración agitada y emitiendo vagos gemidos de incomodidad porque ha metido dos dedos de golpe. Se relame los labios antes de bajar a saborear su cuello, muerde de la piel hasta dejar algunas marcas y cuando puede, alcanza una de sus tetillas para chupar hasta endurecerla más.

Se entretiene preparándolo, le gusta verlo retorcerse bajo su cuerpo, pero cree que Barton está celoso cuando le agarra de las nalgas con fuerza, las separa y lo manosea con dureza para hacerse notar—. Hey, tómalo con calma —le gruñe, aunque suena ronco y sugerente. Acomoda las rodillas en la cama y empuja la cadera hacia él para que lo acaricie un poco más.

Trowa no está mostrando mucha compasión por la evidente agitación de Yuy, que intenta seguirles el ritmo como puede, y quizá es lo único que lo tranquiliza de no arrebatarle a Wufei y dejarlo de lado. El chino se divierte con todo esto, y está más caliente que en otras ocasiones y Heero tiene un atractivo especial en esa especie de indefensión a la que está accediendo voluntariamente con la mano experta de Wufei en su ano.

Percibe la habilidad de su amante porque el japonés alza una pierna de pronto con un gemido especialmente incontrolable. Ha encontrado ese lugar que hace que uno se vuelva loco. Es hora de que él haga lo mismo con Wufei. Se monta en la cama, esta rechina por el peso de los tres, e imitando la acción del chino, mete su mano lubricada entre la rendija de su culo.

Se acomoda muy bien en la parte de atrás y recarga uno de sus hombros en la espalda de Wufei, aunque no recarga todo su peso. Solo lo suficiente para no alejarse de la posición donde también puede agarrarle la verga. Este respinga y al mismo tiempo ve como Heero lo hace también.

—¡Ahh, Trowa! —gime el chino debido a sus acciones, y nota de inmediato que su gemido ha incentivado el pene de Yuy. Lo ve rebotar e hincharse, y los sonidos que salen de su boca son más pronunciados. A su vez lo siente más relajado y dilatado gracias a sus dedos.

Es hora.

Heero sabe que es el momento cuando los dedos de Wufei abandonan su interior. Se permite hacer una mueca de frustración que no dura mucho. Los jadeos y gemidos de Wufei se intensifican y él ve desde primera fila la razón: es masturbado y mueve la cadera porque Trowa lo bombea y lo folla con los dedos. Tiene que morderse los labios y apretarse la base del pene para no correrse.

De repente, su mirada se topa directamente con los ojos lujuriosos de Trowa, y tiembla cuando da una nalgada muy seca y sonora a Wufei. Este gime más fuerte y se afirma con las manos en la cama.

Wufei siente que Trowa le da un par de nalgadas más y en la última se asegura de agarrar la carne y separarla de la gemela para meter más los dedos. Le arde la piel—. Vamos, Wufei… Yuy te está esperando —escucha en su oído. Entonces él separa más las piernas a Heero, le levanta la cadera y se alinea para penetrarlo.

Esto tiene un nuevo nivel de perversidad. Wufei responde tan bien a sus acciones. Ha sentido la reacción de sus nalgadas, sonoras y vibrantes en sus dedos dentro del ano del chino, y ver de reojo a Heero salivando prácticamente por lo que ve y debe sentir es como estar follando a los dos con sus dedos. Pero cuando Heero es penetrado, gimiendo entre el dolor, el asombro y la excitación, siente a sus dedos quedar atrapados en los anillos de carne en medio de sus nalgas. El mismo tiene que tocarse su miembro para controlar el avance descontrolado de su ansiedad.

Se masturba pensando en la sensación que Wufei tiene en su propio pene al hundirse en el apretado hoyo de Heero, que si bien puede tener experiencia, actúa como lo contrario y está seguro que no ha follado con alguien como lo hará con Wufei. Ver la cara descompuesta del estoico japonés es bastante candente y observa como su amante tiene que controlar por unos segundos las piernas de Yuy para llegar hasta el fondo.

Se coloca entonces detrás de él, quitando sus propios dedos, teniendo una vista más aérea del rostro de Heero y con el cabello de Chang muy cerca de su rostro—. Te follaré tan fuerte como se lo hagas a él… ¿Tendrás piedad de su primera vez? —le murmura, consciente de que el novato lo escucha. Se prepara para penetrar a Wufei también, pero antes le da una nueva nalgada que tiene efecto en Yuy.

La necesidad de más contacto, obliga a Wufei a ladear la cabeza y rozarle la nariz con su mejilla—. Yo sí tuve piedad. Lo preparé —susurra entrecortado, mirando a Heero temblar por las intensas sensaciones; Wufei sabe muy bien cómo es eso—. No puedo decir lo mismo de ti en mi primera vez… —y esboza una sonrisa temblorosa porque está muy apretado y húmedo en el interior de Yuy, y apenas soporta mantenerse quieto. Sin embargo, sabe que lo que ha dicho es para molestar a su amante.

Heero mira esa interacción y tiene que aferrar con más firmeza su propio sexo. Verlos así de juntos, tan de cerca, lo calienta, y tener el miembro de Wufei clavado hasta el fondo simplemente no lo deja enfocarse en otra cosa. Y, Dios, las nalgadas solo logran que le vibre todo.

—Hablan como si… uhm… como si no estuviera aquí… —trata de acomodar las piernas a los costados y solo logra un efecto dominó. Sus compañeros lo miran a la vez y Wufei se clava en su cuerpo, a la par que siente a Trowa empujarse en las entrañas del susodicho de una sola vez.

La cama se resiente con el movimiento de los tres y es Trowa quien tiene que empezar a moverse para soportar el ansia—. Ahora tienes toda nuestra atención, Heero —contesta. Al mismo tiempo le toma de una pierna para estirar bien su entrada y toma también una mano que Heero no parece saber dónde poner. Por unos segundos es como si él follara directamente a Heero, pero entonces Wufei se queja deliciosamente, como nunca lo ha hecho antes. Se tumba sobre el pecho del japonés durante unos instantes y lo mira de reojo.

La imagen de la boca abierta y ojos cerrados de Heero traspuesta a la mirada casi asesina que sobresale de los negros cabellos revueltos y pegados al rostro de Wufei, ambos agitándose al ritmo de las embestidas candentes, es tan gráfica que literalmente siente como está a punto de sangrarle la nariz.

—No niegues, cariño —se mofa Trowa, entrando y saliendo de su amante—, te gusta estar en medio —observa como Heero intenta aferrarse de un cuerpo, ya sea el de Chang o el de él mismo, quedándose aferrado al del chino—. Dime, cuéntame cómo se siente dentro de Yuy… —le pide, con la intención de que el aludido escuche todo.

Y Wufei sabe a lo que Trowa juega. A veces le encanta hablar durante el sexo y en otras, las que suelen ser las más desesperadas, solo gime. Ahora mismo, el latino sabe que tiene el control y por eso está tan cómodo conversando. Después de todo, lleva el ritmo de toda la fila.

Mira al hombre que está bajo su cuerpo, temblando, siendo penetrado por su persona a la vez que Trowa le mueve la cadera hacia adelante y atrás en embestidas profundas y firmes. La longitud completa lo deja sin aliento y le es difícil expresarse cuando su pene está siendo absorbido por el agujero de Heero—. Se siente… ah… húmedo y caliente… hn… apretado… —explica a media voz, mirando solo hacia abajo. Luego acomoda su posición con las manos bien plantadas al colchón y empuja toda la verga en su interior—. Es espectacular…

Heero se esfuerza en mirar al chino cuando dice todo aquello, y sabe que todo el calor se ha acumulado en sus mejillas y el pene le ha saltado sobre el vientre en respuesta positiva. Arquea la espalda cuando la última estocada golpea una zona sensible y vibra ahí mismo cuando Wufei recibe dos nalgadas más, en ambos glúteos.

Aferra con más fuerza las manos en los hombros del otro y una oleada de calor lo asfixia y lo quema, siente convulsiones que afectan su cadera, aprieta el esfínter a su alrededor y nota que Wufei aprieta a Trowa. ¡Están tan jodidamente cerca del éxtasis!

Aquello es fenomenal, piensa Trowa. Que Wufei sienta sus penetraciones, pero también penetrar a Heero es mórbido—. ¿Escuchaste, Heero? Le gustas, eres suculento —declara; ha visto que tanto Wufei como Heero, responden a sus palabras, incluso más que a sus embestidas—. Pero te diré algo, Wufei se siente… igual —y se clava más fuerte y constante. Él percibe las reacciones de ambos cuerpos como si fueran uno y el temblor leve de un músculo se siente en su pene como un gran tímpano erótico. Y cada que toca el punto exacto de Wufei, hay una resonancia como de un gong en su cabeza que es imitada por gemidos. Heero se muerde los labios, parece que quiere evitar el evidente escándalo que hace.

Trowa toma la cintura del japonés y con el gran esfuerzo que implica, machaca ambas caderas, lo más rápido y constante que puede aunque descoordine un poco el ritmo con el que Wufei intenta acabar igualmente. Le gusta la tensión que surge entre las nalgas del chino y tiene el golpe de calor característico que viene cuando su semilla se riega dentro de él—. Aahhh… sii…

Wufei ha querido replicar el ritmo que marca Trowa, pero en Heero, aunque no es del todo necesario. Con un par de embestidas, siente que su vientre se mancha con la simiente del oriental y él mismo siente el caliente chorro de Trowa llenarlo. Es tan abrumador sentir que todo se aprieta a su alrededor: en su verga, las contracciones de su esfínter, los cuerpos como paredes que lo acorralan…

Con un gemido largo y sonoro alcanza el orgasmo, tiembla como si una descarga eléctrica lo cruzara de lado a lado, sus ojos se voltean y no es capaz de vislumbrar nada más.

Cuando ya es consciente y abre los ojos, nota que Heero lo está abrazando, como reflejo del fuerte clímax que ha vivido. Por otro lado, Trowa está sobre su espalda, besando con suavidad el hombro más cercano.

Trowa gusta de besar a Wufei cada que terminan, cree que el sabor de su boca cambia un poco, pero más importante, parece derretida con el orgasmo que deja la carne suave y melosa… pero esta vez, cuando lo hace, la boca es diferente, más seca y de labios más cortos. Al probar con la lengua, la dentadura es distinta y la lengua es menos inquieta. Entiende entonces que en un impulso ha besado a Heero hasta hundirse en su garganta, porque siente las manos ásperas tomarle del hombro. No entiende si la intención es acercarlo o alejarlo porque el movimiento del japonés carece de fuerza y voluntad. Es él quien tiene que jalarlo para tocar la campanilla del otro y escuchar el gemido ahogado en su propia boca.

Percibe en su mejilla el aliento caliente de Wufei, y casi puede sentir una furia saliendo de él cuando una mano más conocida se prensa de su cabello y le desprende violentamente del primer beso para clavarse en un segundo, más dulce y conocido.

El aliento entrecortado de Yuy les golpea a ambos y la agitación que conserva es más producto de su desorientación que del orgasmo.

Incluso para ellos dos la experiencia nueva es muy intensa y si Heero no está acostumbrado, debe tener el cerebro medio licuado por todo lo que siente y pasa.

La expresión que Heero observa en esos dos cuando se besan es impresionante. Casi puede asegurar que se empalma de nuevo con solo mirar sus bocas fundirse, las lenguas saborearse, las salivas mezclarse como si fuese néctar. Y como que quiere gemir, pero en vez de eso sale un quejido ahogado. El peso de ambos está sobre su pecho y por eso le cuesta recomponer el aliento.

Wufei también se queja porque está demasiado presionado entre los dos, y aquel beso intenso solo le ha mareado de placer y ansiedad. Siente que Trowa al fin se separa y le da el espacio suficiente para erguir el cuerpo sobre sus rodillas. El semen gotea entre sus nalgas y, al separarse de Heero, observa con deleite que su semilla escapa de ese agujero de la misma manera. Se relame los labios, morboso, y no puede evitar mirarlos a ambos a las entrepiernas, comparando.

—Eh… —llama la atención de Wufei, ahora que se ha acostado a un lado de Heero. Se ha cansado más que otras ocasiones ya que la presión para aguantar a otros dos cuerpos es diferente—. ¿Te gusta lo que ves? —le pregunta al chino, echando también una mirada entre sus piernas goteantes, tanto de frente como detrás y él se saborea la boca—. Mira a Yuy… creo que puede ir por otra ronda —menciona, porque el sexo del japonés es el más despierto de todos—. ¿Qué dices, te gustaría, Heero? —invita al susodicho, aunque esta vez se levanta un poco y atrae a Wufei hacia él, ocasionando que casi le caiga encima—. Aunque supongo que ahora te gustaría probar esto —afirma, agarrando de una nalgada el glúteo de Wufei.

Apenas se estira y acomoda para encontrar el lubricante y acomodar a Wufei sobre él—. Pero ahora, tendrás que esperar… —le dice, para cambiar de interlocutor y dirigirse al chino en un susurro a su oído que sin embargo es perfectamente audible—. Primero quiero que me montes mientras te beso —le reclama a Chang al untarle el trasero con lubricante.

—Hmm… sí, cariño —responde Wufei, devolviendo la mofa con diversión, aunque su cuerpo reacciona más seriamente. De inmediato pega el pecho al otro y da una larga y perezosa lamida a los labios hinchados de Trowa antes de meter la lengua en su boca. Gime de gozo y arquea la espalda para darle prioridad a esa mano que juega en su recto, lo lubrica, lo penetra y lo distiende mientras la otra mano mantiene separadas las nalgas.

Heero debe incorporarse en la cama para no perder detalle. Está justo al lado de ellos. Tiene la polla más dura que una roca y sus ojos viajan desde ese beso obsceno al trasero de Chang. Lo observa palpitar cada vez que los dedos de Barton salen y entran, y se maravilla porque todo está mojado y resbaloso ahí.

De pronto da un salto y chilla. No reconoce su propia voz, se avergüenza. Inesperadamente, una mano que no es la suya le aprieta el pene y lo masajea. Sigue la dirección de ese brazo y se encuentra directamente con los ojos de Wufei, aunque él no pierde la habilidad de besar a un Trowa eufórico. Está claro que Wufei Chang puede hacer muchísimas cosas a la vez sin descuidar ninguna.

A Trowa no le molesta que Wufei se distraiga con la verga de Yuy, que ciertamente genera interés, aunque escurre también de sus nalgas el semen del chino. Hace lo posible para que la punta de su pene entre en el húmedo anillo de Chang, y el calor rodea su miembro como una succión resbaladiza que se clava fácilmente hasta el fondo. Diablos, que esto es lo más obsceno y sin sentido que ha hecho, pero es literal y jodidamente delicioso.

El gemido de Wufei se vierte en sus labios mientras los de Heero le llenan los oídos, a saber qué demonios le estará haciendo el chino con la mano, pero su trasero se agita poco a poco sobre su falo y no puede hacer otra cosa más que cerrar los ojos y dejarse estremecer por las sensaciones. Aunque sus manos inquietas mantienen el ritmo de ese fenomenal trasero y otra toca las orillas del ano para sentir como se estira cada que su miembro entra y sale. Incluso le dan ganas de clavar un dedo ahí.

Wufei no puede dejar de gemir aunque la lengua ajena que tiene metida en la boca se lo impida un poco. Lo siente resbalar fácilmente en su interior y en serio está disfrutando de montarlo con más ritmo, el mismo que está marcando en el miembro del tercer hombre en el cuarto.

Siente de pronto algo extraño. Gime y se retuerce y… ¡Dios! Hay un nuevo movimiento en su ano que le ha hecho estremecer.

Mira fijamente los ojos de Trowa. El brillo traviero llega hasta la boca, porque se extiende en una sonrisa autosuficiente.

Lo siente de nuevo y tiene que cerrar los ojos y su mano ocupada pierde el compás. Trowa tiene el pene en su interior y, en cuanto sale, algo entra y hace de gancho; luego lo siente embestir y ese gancho lo distiende más. Es su dedo—. Ahh… Trowa, ¿qué… haces? —logra preguntar, pero ya tiene una vaga noción de lo que va a responderle.

Heero, mientras tanto, observa la interacción mientras se muerde el labio inferior, se relame y con una de sus manos atrapa la de Wufei para que vuelva a hacer lo que hacía. Su otra mano, apoyada en la cama para sujetarse, se topa con el envase de lubricante y lo mira con un nuevo interés.

—Creo que tu sabes mejor que yo… y te gusta —le responde, haciendo que su aliento rebote en la boca del chino. Trowa ve por el rabillo del ojo el movimiento de Yuy mientras mantiene el interés de Wufei en su trasero.

Nunca había sentido ese calor resbaladizo en su amante, y debe ser porque ahora hay algo en la situación que parece dilatar algo más en el chino. El pene enhiesto se siente en su vientre. Y capta entonces la idea que Heero debe haber tenido.

Wufei ha cerrado los ojos concentrándose en lo que le hace en el trasero y el ritmo que mantiene en su mano. Es entonces cuando Heero y Trowa conectan miradas y lo incita a seguir con la idea. Su dedo ahora entra y sale con la misma facilidad con la que lo hace su verga y se relame los labios mirando al japonés, con suficiente intención para que éste lo imite. Sin emitir sonido Trowa gesticula hacia Heero "méteselo", al tiempo que dos nalgadas pegan en el trasero del chino.

Tal vez Wufei se moleste, se sorprenda, pero por la dilatación de su ano, terminará accediendo si mantiene el ritmo y fuerza en el lugar indicado.

Claro que Wufei lo sabe y es por eso que su respiración se ha vuelto irregular y más difícil de mantener. Le provoca un poco de pánico, y eso a su vez aumenta el morbo y la ansiedad. No lo entiende, pero una parte de su mente ya iba preparada para enfrentar la posibilidad de hacerlo y, joder, ¡que no es estúpido! Aunque está concentradísimo en las sensaciones que Trowa le provoca, siente el calor de Heero cerca de sus muslos, por detrás de él. Sabe que lo hará en cualquier momento.

Heero se ha embadurnado el pene con bastante lubricante, aunque la entrada de Wufei ya se ve lo suficientemente mojada y más dilatada de lo que ha visto antes. El chino está quieto, o al menos sus caderas lo están porque las piernas y brazos le tiemblan, y solo permite que Barton mueva la pelvis de arriba abajo para metérsela junto con el dedo.

Mira de nuevo a Trowa y éste repite la orden, gesticulando con los labios mientras hace el gancho con el dedo para que el ano se abra un poco más. Hace gemir a Wufei de una manera deliciosa y Heero tiene la verga más hinchada de lo que jamás la ha tenido.

Se acomoda de pie en la cama, puesto que la altura de ambos cuerpos recostados lo exige, se inclina un poco y coloca la punta en la abertura. Se acomoda para "montarse" sobre Wufei, con las piernas abiertas a los costados para mantener el equilibrio, mientras empuja con dificultad. La fricción con el pene de Trowa y lo apretado que resulta ser ese lugar, le hacen gemir con la boca desencajada pero no deja de mirar la unión.

Wufei deja escapar un grito que se ahoga en el hombro de Trowa. Luego, cuando se recobra un segundo, mira hacia atrás de reojo, arquea la espalda aunque trata de relajarse. Siente que todo está caliente y húmedo, y es doloroso porque no está acostumbrado a tener dos vergas de tamaño colosal en el culo… pero trata de soportar, sin gritarles insultos a los dos, hasta que Heero llega al tope.

—No se mue-mue…van —le cuesta respirar y no puede sostenerse del todo con sus brazos. La respiración agitada y caliente de Trowa le roza la mejilla y Heero le respira en la nuca, jadeando sin control. Eso lo pone todo más cachondo y siente que se derrite—. Espe… espera solo un… ah… poco —y busca la boca de su amante original para consolarse.

Trowa le soporta el beso que es casi una reacción automática, aunque él mismo está sintiendo escalofríos ante la entrada de Heero en el trasero de Wufei. El sentir su propia erección frotada por otra, ambas apretadas en ese estrecho espacio que sin embargo se expande para recibirlos, le enloquece. Sobre todo porque ahora se percibe que hay una humedad ajena al agujero que ocupa el espacio. Es el semen que anteriormente ha derramado y que ahora burbujea entre ambos penes invasores, lubricando pero también escurriéndose.

La verga de Heero es rugosa y firme, y percibe sus palpitaciones. Sobre los hombros del chino observa a su compañero, el japonés tiene la cara hecha un lío tan grande como el de Wufei. Los labios hinchados de sus propias mordidas y las mejillas rojas, su cabello enmarañado lo hace ver más parecido a un animal en celo que a un ser humano, y eso lo prende. Porque es como si un animal se follara a Wufei junto con él.

El pensamiento lo agita y considera que ha pasado suficiente para que el chino se acostumbre o pierda el conocimiento, pero él comenzará a moverse. Rodea el cuerpo de su amante con los brazos, envolviéndole las extremidades que le tiemblan, para quitarle peso, pero también libertad de movimiento. Uno de sus propios brazos logra tirarle del cabello para que mantenga la cabeza arriba y la columna respingada. Si quiere librarse tendrá que rogarle, a quejidos abiertos—. Fóllalo, Yuy, es lo que quiere —demanda, candente, obsceno, acercándose nuevamente al oído de Chang mientras se clava apretado entre los dos—. Voy a llenártelo de nuevo, con Yuy por detrás.

Wufei gime alto. El dolor ahora no solo se concentra entre sus nalgas, sino también en el cabello que él tira con tanta fuerza, pero termina estremeciéndose de puro placer con las palabras de Trowa. La expectativa lo vuelve masilla blanda. Lo quiere… lo necesita para acabar.

Arquea ligeramente la espalda y su pene se frota y gotea en el vientre del latino a la vez que siente que ambos se mueven. Es lento pero no tan profundo porque la estrechez se los impide, sin embargo le sacan gemidos y jadeos locos, embebidos de lujuria. Sus piernas y brazos se tensan y siente que el hombre tras suyo también está tenso para mantener la posición sobre él.

Heero tiene las manos apoyadas en la cama, a los costados de los otros dos, y los brazos completamente estirados y tensos. Mueve la cadera hacia adelante y atrás, el sonido sucio de los fluidos le llena los oídos y la fricción constante con el pene de Barton es enloquecedora. Toda la situación lo es.

Siente a Trowa menear la cadera un poco más rápido dentro del hoyo y le sigue el ritmo, arrancándole muchos más gemidos al chino. Los mira por sobre el hombro de éste y ninguno puede mantener la boca cerrada, las mandíbulas están desencajadas y el sudor se les pega en el cabello a la piel. Son lo más erótico que ha visto.

De pronto, Wufei se contrae y grita, los obliga a perder el ritmo. La verga de Trowa escapa de su agujero y Heero se mantiene dentro. Los tres se quejan, pero es Trowa quien debe usar la mano diestra para sujetar y buscar con la punta aquella entrada. Empuja nuevamente al interior y tanto Heero como Wufei tiemblan y jadean, se acoplan una vez más.

Perder el ritmo, contrario a lo que se creería, lo ha calentado más. Pero sabe que no soportará mucho si lo retrasa demasiado. Así que suelta a Wufei, le mete una de sus manos en la boca y con el pulgar le levanta los dientes superiores, mientras que con los otros dedos mantiene los inferiores abajo, abriéndole la mandíbula al mismo tiempo que le levanta la cabeza y hace que todo su cuerpo vuelva a curvarse. La espalda del chino casi hace una "u" por cómo está doblada. Perfecto. Porque ahora puede meter una mano, busca la contraria de Heero, aquella con la que se darían un saludo y en un jalón que el japonés logra mantener apenas, lleva ambas manos a la verga del chino, para que lo masturben a un tiempo.

Un brazo de Wufei cae sobre su vientre duro por el esfuerzo de mantener el ritmo y el peso de los tres cuerpos, y el otro se sostiene del brazo que está metiendo sus dedos en la boca, seguramente ha buscado detenerlo pero en ello se ha frenado para buscar equilibrio y quedarse pegado a las nuevas sensaciones de la posición.

A Heero debe gustarle también, porque pega la nariz al hombro de Wufei mientras el brazo que lo tiene tomado de la verga se aferra en un abrazo, su otro brazo mantiene los cuerpos levantados evitando que aplasten a Trowa, y este lo agradece cuando martillea buscando el inequívoco orgasmo. Por un segundo van a ritmos diferentes Heero y él, haciendo que mientras uno salga el otro entre, y agitando el cuerpo del chino de manera indecente. Pero ha de ser lo correcto, porque al regular la entrada, los ojos de Wufei se voltean oscilantes hacia el interior del cráneo y se quedan ahí casi pegados. Mientras él siente junto con la tensión de los cuerpos una gran descarga que se dispara muy hondo en el agujero invadido del chino, y las piernas de este y el japonés apretándole la cadera de una vez.

Se le pone la cabeza en blanco.

Heero aprieta los dientes en una reacción forzada aunque sus labios se fruncen y los muestran, su cadera se mueve sin control aunque le duele la espalda y los muslos por mantener el ritmo y el equilibrio, el calor es sofocante y tiene como única prioridad en mente perderse en las profundidades de Wufei para disfrutar de esa humedad excesiva, y todavía más cuando Trowa explota en el interior. Él mismo se tensa y alcanza el cielo, descargándose.

En cambio, Wufei no soporta bien el delirio. Ellos le presionan el miembro con sus manos y los siente acabar casi juntos en sus entrañas, pero él solo puede temblar y salivar los dedos de Trowa que siguen obligándole a mantener la posición. El semen mezclado se derrama de entre el anillo y los penes y la sensación se intensifica y quiere acabar. Demonios, ¡déjenlo acabar!

Ansioso, se retuerce y gime y se desespera, y ellos parecen captarlo porque basta que Heero debilite la presión y Trowa mueva la mano, bombeándolo para que se corra con toda la fuerza de la que es capaz. Mancha el vientre del latino, las manos de ellos dos y la propia que se apoya en el mismo lugar. Solo sabe que, dentro de la blancura del orgasmo, su cuerpo se desmadeja como derretido aunque no deja de contraerse y temblar.

Trowa vuelve justo a tiempo de su orgasmo para detener el cuerpo laxo del chino cayendo sobre él. Saca sus dedos de la boca completamente empapados. La cabeza del chino queda recargada en su hombro pero con los labios abiertos. Le gusta la imagen, pero el peso de los cuerpos lo deja sin aliento. Saca su otra mano de entre sus cuerpos y tiene que empujar tanto el cuerpo de Wufei y el de Heero, aunque este guarde más conciencia, a un lado.

Siente, entre su agitación placentera, como el sexo desinflamado de Heero desocupa el ano de Wufei y el suyo también se escurre lentamente afuera. El japonés todavía tiene su brazo alrededor del cuerpo de Chang y no alcanza a ver su cara porque queda detrás del chino. El rostro de este es una maravilla, ya que no parece poder recuperar toda la conciencia aún y tiene temblores por todas partes, una de sus piernas cuelga de la cadera de Trowa todavía.

Éste se ve tentado a acariciar el muslo untado entre fluidos un par de veces. Se acomoda sobre su codo para observar desde arriba tanto el rostro de Wufei, como el de Heero. Le encanta la visión, de ambos desarticulados. Su mano llega hasta la nalga e incluso se interna un poco más, toca con la punta el anillo de carne distendido de Wufei, y alcanza a percibir como escurre algo desde ahí. Se volvería a poner duro si tuviera la energía suficiente. Pero ha sido uno de los encuentros más desbordantes de su vida.

Con la misma mano que apoya su codo, logra descubrir el cabello que se ha pegado en el rostro de Chang, para despejarlo por completo—. Te… te gustó, ¿verdad? Porque estuviste… fantástico —le murmura con dificultad antes de desplomarse nuevamente a su lado.

Wufei abre los ojos lentamente. Siente que ha volado por el espacio exterior durante mucho tiempo y ahora está aterrizando. Logra enfocar la mirada en Trowa y le sonríe, tan satisfecho como agotado—. Diablos, sí… —logra articular con la voz ronca e irritada, de tanto gemir y gritar— Ustedes son dos… bestias, que lo sepas… —gime de nuevo porque él le sigue acariciando los muslos y entre las nalgas, y siente que todo palpita y le vuela la cabeza.

Heero escucha la pequeña conversación y se permite sonreír, aunque no es muy adepto a hacerlo. Prácticamente ha quedado estrujado. Su cabeza sigue hecha un lío, entre el placer, la nube de satisfacción, la rapidez con la que se desarrolló todo; sin embargo, no se arrepiente ahora, aunque estuvo a punto de no abrir la puerta.

Con cuidado, logra deshacer el abrazo que mantiene en el abdomen de Wufei porque los músculos se le han dormido un poco. Mas al rato, con el aliento restablecido, se incorpora en el codo y los mira. Tiene ganas de besar a alguien, a cualquiera de ellos, o a los dos, pero solo se atreve a inclinarse sobre el hombro del chino y pegar la nariz en él—. Fue… grandioso —susurra ronco también, y quiere decirles que está agradecido por la experiencia, porque en una sola noche ha cumplido un montón de fantasías, pero no puede decir nada más.

Por su parte, Trowa sonríe ante los comentarios de Wufei. Nunca han declarado una situación sentimental entre ellos, pero claramente tienen una intimidad irremplazable y la acusación se derrite como mantequilla en la boca del susodicho, puesto que sigue experimentando su toque suave y ahora menguado de la apasionada noche.

Y comprende bien la ansiedad de Heero, su cabello revuelto y su expresión ahora avivada, junto a ese gesto que le brinda a Wufei que parece más de ternura que de deseo, le antoja convertirlo en realidad. Le toma de la cabeza, casi de la nuca y delante de Chang le clava un beso bien profundo en la boca, pero que carga más con ese reconocimiento que pide el japonés que con lujuria. Le gusta también su boca, ahora la siente mejor, tiene los dientes acomodados diferente a su amante habitual y la lengua es menos inquieta, podría decir que casi insegura.

Su mano regresa por la espalda del japonés, cruza la columna entera y tienta sus nalgas, recordando por el escueto sonido que sale de ellas, que Wufei también terminó dentro de él. Y sonríe porque se aprieta todavía contra el chino, palpando con el vientre el sexo ahora flácido pero delicioso—. La próxima vez, no tendrías que espiar. ¿Verdad? —dirige la última pregunta a Wufei.

Wufei mira el beso entre ellos y tiene que morderse el labio, despacito, disfrutando del ambiente que han formado. Asiente con la cabeza cuando Trowa hace la pregunta—. Puedes unirte, pero no se acostumbren a follarme los dos juntos. Ha sido suficiente… —los hombres lo miran a los ojos, curiosos—…por ahora —admite, sintiendo las mejillas calientes. Barton sonríe y Wufei le pone la mano en la cara para empujarlo, sacándole una sonrisa más descarada.

Yuy sonríe también, pero ahora que tiene permiso para participar, no ha tomado la decisión de hacerlo. No muy seguido al menos. La química que ve en ellos es algo admirable y le atrae bastante verlos juntos, no quiere intervenir demasiado. De reojo nota que Wufei lo observa y es sorprendido cuando levanta la cabeza y lo besa. Le sigue el beso hasta que queda sin aliento—. Ya veremos…

Los tres están tan agotados aún que se quedan en esa cama hasta que las horas pasan. El calor disminuye y la fatiga se transforma en sueño y es Wufei el primero en caer dormido, en medio de la cama, apretado entre dos cuerpos que lo arropan y que se duermen poco después.

O*o*o*O

Heero no suele llegar pasadas las diez de la mañana al comedor, pero por primera vez lo ha hecho. La tensión acumulada de tanto tiempo en un trabajo exigente se esfumó la noche anterior y su sueño fue absolutamente reparador, tanto que le costó salir de la cama.

Recoge una charola, se sirve un desayuno contundente y camina hacia la mesa que acostumbra usar. En ella, Duo Maxwell termina su propio desayuno, pero tiene los ojos bien fijos en su colega—. Buenos días, bello durmiente —se burla con gracia, aunque en el fondo le resulta raro ser él quien llegue antes que sus camaradas. Se da cuenta de que camina ligeramente inclinado, como cojeando, y frunce el ceño—. ¿Qué rayos te pasó? No me digas que te dislocaste la rodilla y la pusiste en su lugar tú solo, de nuevo —gruñe y contiene el estremecimiento posterior por recordar cierta escena bastante familiar a su relato.

No va a responderle así que se sienta, evitando hacer algún tipo de gesto revelador y empieza a comer.

Poco después, Duo distingue a Trowa entre un pequeño grupo que llega a desayunar y se le ve bastante feliz, como si estuviera… ¿radiante? ¿Es posible que Trowa Barton esté radiante?

Veinte minutos más tarde aparece Wufei, y Duo alza la mano para saludarlo desde la distancia, pero se queda a medio grito de su nombre cuando lo ve cojear y rezongar, con el ceño más fruncido que en otras ocasiones. Quizás por qué razón.

—¿Qué pasa, Wufers? —pregunta a modo de saludo; Barton y Yuy solo comen—. Parece que te hubieran dado por el culo, pero no estarías con esa cara de ser así, ¿verdad? —y lanza una risita por su propio chiste a pesar de que es fulminado con la mirada por un chino que ya tiene una lucha interna: tomar asiento o no.

Trowa alcanza a desviar la mirada que ha conectado con Heero cuando Duo hace la broma, justo a tiempo para que no sea visto por nadie—. No lo molestes, Duo —es todo lo que espeta.

—Jaja, es que eso parece.

—A nadie le interesa cómo sabes eso —termina lanzando, demostrando que tiene una especie de humor ácido. Duo casi escupe su comida y se ríe.

—¡Bueno, eso es porque de hacerlo sería con alguno de ustedes! —exclama intentando devolver la jugada—. Ya la mitad de la base cree que me acuesto con alguno, jajaja, pero ustedes son muy palos para eso —desecha la idea a todo pulmón, pero la gente ya está acostumbrada al bullicio de Maxwell y nadie le hace mucho caso—. Nada más mira la cara de estos dos… ¿a ti qué te pasa?

Se corta Duo cuando ve a Trowa sonriéndose ampliamente y solo, mientras ve su comida—. Nada.

—¿De qué me perdí? —dice Duo emocionado, mirándolos a todos—. Espera, ustedes… ¿se han follado? —mira a Heero y a Wufei, en realidad más en broma que en serio y Trowa piensa rápido.

—Duo, la mitad de la base piensa que te acuestas con nosotros porque tú solo te haces películas en la cabeza.

Duo se ríe abiertamente—. Sí, eso también es verdad —concede y continúa comiendo con cierta normalidad.

Trowa solo menea la cabeza, pero su sonrisa no desaparece jamás.

FIN


Notas:

Fanfic surgido de la perversidad y la confianza, que hemos decidido compartir con ustedes porque lo teníamos guardado por ahí en un día de calentura indómita, y… la página de Gundam Wing Yaoi en Español de Facebook nos dio el pretexto y la oportunidad perfectos. ¡Gracias!

Déjenos sus comentarios pervertidos, para darnos más ideas… XD

¡Esperamos lo hayan disfrutado!