La alta mar, un lugar donde las leyes no rigen, donde uno puede viajar libremente cometiendo cualquier delito y esto los piratas lo sabían y practicaban sin ningún tapujo. Protegidos por la corona inglesa y francesa, iban a los puertos a comerciar mercancía prohibida e iban devuelta a sus países como triunfadores, como nobles que servían a la corona. Unos de los piratas más reconocidos eran los Uchihas. Salvajes hombres comandados por Fugaku Uchiha, el líder de aquella tropa. Este tenía dos hijos Itachi Uchiha, que había desistido de esa vida barbárica y Sasuke que estaba dispuesto a realizar cualquier acto, contar que su padre se sintiera orgulloso de él.
Los tripulantes eran leales, pero siempre había descontento por las decisiones tomadas. Siempre había cuchicheos en los pasillos diciendo que Fugaku ya no es lo que era, que se había vuelto indulgente, por lo que su hijo menor debería tomar el poder. Sasuke Uchiha, era un joven de diecisiete años, alto, cabello negro como la noche al igual que sus ojos fríos. Era conocido como "el vengador" porque no perdonaba a nadie ni nada. A la mínima muestra de traición él los mandaba a ahogarse en el fondo del mar y con una mirada penetrante preguntaba "¿Alguien más?". Los tripulantes le tenían miedo y admiración por partes igual, por lo que no dudaron en hacer un motín para desterrar a Fugaku—ya eres un viejo, es tiempo de que te jubiles, hijo de puta—escupieron en la playa, riendo viendo como el pobre anciano se encogía en sus ropas, intentando apartar la mirada de aquellos lacayos que lo habían traicionado. Por lo que desde ese momento Sasuke se había vuelto el amo y señor de aquel barco o más bien de aquellas flotas de barco a su mando, porque si, los Uchihas eran los piratas que dominaban los mares europeos, asiáticos y caribeños.
Iban por la ruta de la seda, trayendo toda clase de mercancía útil para la reina o simplemente haciendo tratados comerciales con aquellas lejanas tierras, que juraban lealtad a la monarquía inglesa. Pero digámoslo bien, no es que las practicas sean la más legales, de hecho lo que hacían era ir hacia cualquier barco solitario que se encontraba navegando tranquilamente y lo asaltaban, robando toda la mercancía que poseían (y a veces a la misma gente) que los vendían como esclavos. Dada la casualidad, que habían veces que transportaban nobles, tantos hombres como mujeres, por lo que la tripulación Uchiha aprovechaba y se los violaban, descargando toda la excitación sentida en aquellas noches largas de altamar. Sasuke odiaba esas prácticas, las encontraba muy vulgar, incluso para un pirata, pero no podía controlar lo que hacían sus camaradas a cada hora del día. Bastantes problemas tenía con la monarquía española que le pisaba los talones cada vez que atracaban en algún puerto.
Otra ruta que se realizaba era hacia el caribe. Exóticas tierras selváticas, llena de isleños semidesnudos que los invitaban a pasar un rato agradable, a cambio de algunos artículos necesarios para su subsistencia. Allí los piratas se abandonaban al placer, al juego y la bebida. Suigetsu que era el segundo al mando, al principio imponía resistencia, pero siempre desistía al ver una mujer con los pechos al aire—Sasuke es inevitable, somos hombres—decía antes de abandonar el barco de un salto e ir hacia aquellas casas a tener sexo como animal. Pero a Sasuke no le excitaba ver a aquellas morenas, con cuerpos curvilíneos contornearse al son de su música. De hecho se jactaba de su increíble control sobre sus emociones y sobre su mismo cuerpo. Podía tener a una mujer encima de él, desnuda y aun así controlar su erección (si es que había alguna)
Pero dentro de la piratería era aceptado tener parejas homosexuales, de hecho hasta llegaban contraer nupcias para dejar a cargo las flotas en caso de que el líder muriera. Por lo que los tripulantes lo invitaban a participar, pero Sasuke declinaba cada una de las invitaciones. Nadie estaba a salvo de aquellas prácticas, porque si, durante aquellas largas travesías el cuerpo te traiciona al igual que la mente y terminas por follarte a algún compañero igual de desesperado que tú. Eran prácticas normales dentro de los barcos mercantes, pero muy mal vistas en la península inglesa. De hecho, era penado por la ley ser homosexual. Por lo que era un secreto a voces, una leyenda que corría en isla a isla. Al azabache le daba exactamente igual si entre sus compañeros se daban por el culo, no lo veía como una práctica sucia, en más la consideraba hasta necesaria.
O si no pasaba aquellos destrozos en aquellas ciudades, donde todas las mujeres salían violadas brutalmente y eso sí que lo consideraba lo peor que podían hacer sus camaradas. Suigetsu, su fiel amigo de cabellos blancos y dientes afilados lo había invitado a una fiesta "privada en una de las casas de los lugareños", pero el Uchiha había rechazado aquella invitación, prefería pasar tiempo solo caminando y vagando por aquellas mágicas tierras desconocidas. Por lo que así se embarcó en una caminata, en el atardecer por aquellas playas. El viento suave y cálido le golpeaba en el rostro, dándole un respiro y permitiéndole ser el mismo. Ya no debía fingir que era un ser déspota ni vengador. Allí, en aquella arena podía relajarse y hasta mostrar una leve sonrisa cuando veía un animalillo entre el follaje. Pensaba que quizás esta no era el estilo de vida que quería, no quería cometer actos ruines solo por poder, dinero y fama. No, él quería recorrer las tierras inexploradas, aprender nuevos idiomas y descubrir fascinantes culturas. Por ello había seguido los pasos de su padre, para poder cumplir sus sueños, pero nada lo había preparado para la aplastante realidad.
La verdad era que la mayoría eran seres toscos, insensibles y barbáricos que le gustaba cometer actos deleznables que hacían llorar a cualquiera. Y había entendido que si se mostraba amable y afable con ellos, estos lo iban atraicionar como le pasó a su padre. Ya que por la vejez se iba haciendo más blando de corazón. No podía permitir que lo desterrara ¿A dónde iba a ir si dejaba el barco? No tenía educación, ya que no había asistido al colegio y todo lo que sabía lo había aprendido leyendo libros robados o por la simple experiencia. Tampoco le llamaba la atención el asentarse y formar una familia. Aunque algún día tendría que tener hijos para dejarles el mando del barco—Aunque suigetsu podría hacerse cargo—sopesaba aquella posibilidad.
Pronto sintió un ruido entre la maleza. Se puso tenso y sacó su pistola que escondía en su faja. Apuntó al lugar donde provenía aquel ruido, nervioso, expectante, sudando como un loco vio aparecer un joven entre ella. Jamás había visto a alguien así, un joven moreno (como todos los del lugar) delgado, con el cabello rubio y los ojos de un brillante color azulado. Poseía pequeñas marcas en las mejillas que le daban un aspecto zorruno y solo portaba un taparrabo, como era costumbre. Este puso las manos arriba al ver el cañón de la pistola y Sasuke pronto la bajó y le hizo señas de que no pasaba nada. El joven avanzó hasta ese estrafalario ser, vestido y de color blanco. Con sana curiosidad se plantó delante de Sasuke y con una mano bronceada le tocó el rostro, acariciando suavemente aquella extraña piel "¿Podré ver el interior?" ¿Por qué tiene ese pálido color?" pensaba el rubio, fascinado y asustado.
-¿Cómo te llamas?-le sobresaltó escuchar su idioma dicho por aquel forastero.
-Naruto…-contestó en un susurro. La mano fue bajando por la camisa que portaba el pirata, tocó delicadamente la tela sorprendiéndose de la suavidad de esta-¿Por qué portaba aquella prenda?—eran las preguntas que se planteaba mientras sus manos recorrían toda la extensión del ropaje del azabache. Llegó al pantalón y miró fijamente el prominente bulto que se había formado en la zona genital. Sasuke se asombró por aquella reacción de su cuerpo ¿Dónde había quedado su increíble autocontrol? Intentó taparse con las manos pero el isleño se lo impidió, admirando todavía el bulto.
-Naruto, espera…-
-Los dos somos hombres, no hay nada de qué avergonzarse-le soltó la mano y fue bajando su mano hacia aquellas cosas que les cubría los pies. Eran de un material duro y con tal solo observarla le había dado calor. El rubio prefería mil veces sus pies desnudos, así podía sentir todo cambio en la tierra y anticiparse a los peligros.
-¿De dónde eres?- por fin se había aventurado a preguntar. Sasuke lo miraba intensamente, pensando que aquel joven no era para nada tímido como la mayoría de las mujeres con que se había topado en esa isla—y tiene sentido, los hombres son entrenado desde pequeños para que vayan al mar a pescar y conseguir la comida para sus respectivas familias—espero un tiempo que a Naruto se le hizo eterno y contesto la pregunta.
-Soy de Inglaterra, pero vivo en un barco- el rubio asintió encontrando aquella respuesta satisfactoria.
-¿Y porque tienes puesto esto?-señaló la camisa y las botas del pirata.
-Porque así debe ser-Naruto lo miró extrañado, tocando su taparrabo y levantándolo al viento. Sasuke pudo admirar el glande del chico y el bulto de su pantalón palpitó.
-Esto es mucho más cómodo-ttebayo- Sasuke sonrió por la simpleza de la respuesta. Nadie dijo nada más, pero el silencio fue interrumpido por un fuerte sonido, como un silbido gutural. Naruto miró al horizonte y salió corriendo, en dirección al ruido. Y como llegó, desapareció, sin decir palabra y como si todo hubiera sido un sueño.
En su camarote sentía calor. Sentía una calidez interna que le obligó a sacarse la ropa pero aun estando totalmente desnudo no logró apaciguar aquel fuego que le invadía el estómago y el vientre. Jamás había sentido aquella sensación y todo fue gracias al isleño llamado Naruto. Recordaba aquellos cabellos rubios que se mecían al son del viento, tenue que corría por la playa. Aquellos curiosos ojos azules que le miraban sin miedo, aquel cuerpo bronceado, canela, con un aroma a hierbas que le invadía cada uno de sus sentidos. Pero sobre todo no dejaba de pensar en aquel taparrabo y el microsegundo que se lo levanto y pudo observarlo en todo su esplendor. No pudo evitar tocarse, tocar su pene con su mano, imaginando que era aquel moreno que le tocaba. Empezó la fricción rápidamente, estaba excitado y ya iba a llegar al clímax. Soltó su semilla en su mano y con la respiración agitada fue a buscar papel para limpiarse ¿Qué mierda le ocurría? Pensaba en que todo ese entrenamiento no había servido de nada, porque lo quiera o no había descubierto que las mujeres no le gustaban, si no los hombres, pero no cualquiera, no le gustaba sus camaradas y jamás había caído en ese grotesco juego que ocurría por las noches en el barco.
Sintió la respuesta clara como el agua. Decidido se vistió, se levantó y fue hacia tierra firme. Debía conseguir que Naruto viniera con él, a como dé lugar e iba a lograrlo, aunque tuviera que secuestrarlo. Porque a Sasuke le gustaban los jóvenes hombres y este obtendría su cuerpo y alma.
