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Capítulo 2
Las fiestas no pararon durante todo el tiempo que estuvieron allí en la bahía. Las mujeres pasaban entre los piratas, con canastas repletas de las más exóticas frutas, ofreciendo los deliciosos manjares (incluyéndolas a ellas) Las chicas soñaban con irse con ellos, soñaban ser señoras de personajes que venían del viejo mundo, de tierras desconocidas pero infinitamente más civilizadas que sus propias tierras. Lo que no sabían las lugareñas es que dentro de la tripulación había una regla inquebrantable e irrefutable: "ninguna mujer puede subir a bordo" Aunque habían mujeres piratas, la mayoría de los barcos adoptaban aquellas doctrinas, ya que las féminas traían mala suerte a bordo y aunque todo suena supersticioso e infantil, los fulanos no se querían arriesgarse a llevar consigo la mala suerte durante todo el viaje que hacían por el mar impredecible.
Sasuke, por primera vez en su vida se había unido a su tripulación a gozar de los placeres del caribe. Suigetsu lo celebró trayendo jarras de cerveza y frutas dulces—hoy es un día que hay que conmemorar. Sasuke se ha unido a nosotros, créeme, esto será bueno para tu imagen-dijo mientras tomaba un gran sorbo de su cerveza espumosa. El azabache rodaba sus ojos, no tomando en cuenta las palabras de su amigo. La verdadera razón del porque se había querido mezclar entre su gente, era porque quería encontrar a Naruto otra vez y proponerle que fuera con él a viajar por los mares. Pero había sido un error, no había ni rastros del rubio.
-Sasuke, iremos con esta morena a…ya tu sabes-le decía el blanco, mostrando su sonrisa estropeada.
-Que te vaya bien-tomó un trago de un licor dulzón que encontró en una botella.
-Tiene una hermana, vamos-le tomó el brazo sin tener la posibilidad de protestar y se encaminó hacia la pequeña choza destinada al encuentro. Era una construcción de paja, barro y con uno o dos muebles hechos de bambú o alguna otra planta del lugar. Miró a su alrededor sin encontrar nada que le llamara la atención, pero de pronto sus ojos se fijaron en un destello rubio, a las afueras de la choza. Con una corazonada, salió de la casa y fue al encuentro de aquel destello dorado. Sus ojos se dilataron de placer al encontrarse con su chico. Naruto estaba jugando con unos niños en el patio del hogar de la morena que había atrapado Suigetsu.
-Ah, él es Naruto…se lleva muy bien con los niños-aparecieron la nativa con su amigo.
-…-Sasuke no respondió, solo se dedicó a observarlo. El ojiazul sintió unos ojos que se le clavaban en la nuca, por lo que levantó la mirada y encontró al mismo tipo blanco que había visto en la playa. Se levantó y lo saludó con las manos. El azabache tomó ese gesto como indicación de que podía acercarse y hablarle, por lo que así lo hizo.
-Naruto ¿Cómo estás?-le dedicó una sonrisa seductora.
-Oh….Sasuke-su sonrisa iluminó el lugar donde se encontraban-pensé que ya se habían marchado-
-Nos marchamos cuando yo lo diga, soy el capitán-
-Entiendo-pero la verdad no entendía ese concepto-¿algo así como un jefe?-
-¿Tu aldea tiene jefes, Naruto?-le tomó de la delicada muñeca y lo guió por el camino, caminando apaciblemente, observando la fauna del lugar.
-Claro, mi padre es el jefe de la aldea-ttebayo-dijo con mucho orgullo.
-Entiendo-al contar con ese factor, se le hacía aún más difícil llevarse al moreno con el- por lo que tú vas a heredar su poder ¿no?-el viento sonaba a través de las grandes hojas de las plantas esparcidas por el lugar.
-Claro—ttebayo-se golpeó el pecho con la mano-es mi legado y camino a recorrer-llegaron a un lugar desierto, donde se divisaba toda la extensión de playa y mar. El sol estaba en todo su esplendor a lo alto en el cielo, los pájaros pasaban emitiendo sus característicos sonidos y el oleaje calmaba el corazón con su rítmica canción.
-Uno no sabe el destino que le depara-se sentó en la playa y el moreno le copió sentándose con él.
-¿Tú siempre quisiste ir en tu barco?-
-Bueno…-pensó bien lo que iba a decir-yo no tuve elección-le gustaba recorrer los mares, le gustaba la vida en alta mar pero siempre sentía un vacío en su corazón. Un vacío que no se llenaba ni con dinero, ni con comida, ni si quiera con sexo.
-¿Y no puedes dejarlo? Podrías quedarte aquí-al decir aquellas palabras pudo ver que las mejillas del joven estaban sonrojadas y eso lo hacía parecer increíblemente adorable. Sasuke sonrió y una de sus manos fue acercándose lentamente a la mejilla bronceada de Naruto, para acariciarle suavemente aquel hermoso sonrojo. El rubio se estremeció al contacto de aquellos delicados dedos.
-Es complicado… ¿Tú quieres ser el jefe de tu tribu?-Naruto lo miró con aquellos grandes y hermosos ojos color zafiro. Eran transparentes y muy honestos.
-Bueno, también es complicado-desvió la mirada hacia el mar- me gustaría complacer a mi padre y que este se sintiera orgulloso, pero a mí me gustaría saber que hay más allá. Ver que hay detrás de este mar-
-Entiendo, lo mío es así también- se dio cuenta de que no solo era hermoso físicamente, si no que tenía un alma igual de hermosa. Tenía sueños, ambiciones, pero era un hombre correcto que no quería dañar a su padre – Igual que yo—pensó mientras también desvió su mirada al mar. Las mano que se encontraban en la arena se encontraron y los dedos traviesos se entrelazaron tocando la extensión de piel que tenían a su disposición. El corazón de los jóvenes empezó a latir más de lo normal, la sangre en sus venas empezó a hervir y acumularse en cierta zona de sus anatomías. Se miraron, como si el contrario los hubiera llamado sin palabras. Los dos rostros se acercaron hasta que sus labios se tocaron. Para Sasuke fue una sensación eléctrica que le recorrió la espina dorsal, terminando en su pene, haciendo que este se despertar totalmente. Para Naruto fue una experiencia nueva, prohibida y con un tinte de culpa. Él iba a ser el jefe de su aldea, por lo que no podía estar jugando con un viajero a su antojo como las mujeres jóvenes de su tribu. El algún día se iba a casar y engendrar un hijo que tomaría su puesto y así por siempre se repetiría el ciclo.
Cuando el rubio sintió la suave lengua del azabache invadiendo su cavidad, perdió todo su raciocinio, solo disfrutando aquel contacto tan erótico que estaba teniendo con aquel pirata. Las manos níveas no se quedaron quietas y empezaron a tocar el bronceado torso del joven. Naruto se estremeció y soltó pequeños jadeos entre beso y beso. Pronto a lo lejos se escuchó un llamado, el mismo que los había interrumpido en su primer encuentro. El rubio rápidamente cortó todo contacto, se levantó y se fue corriendo entre el follaje. Sasuke chasqueó su lengua frustrado por quedar a medias. Pensó que otra vez debía masturbarse en su cabina, solo. Se levantó, sacudió la arena que tenía en sus ropas y se fue hacia su barco a terminar la tarea.
-Sean bienvenidos a mi pequeña tribu. No tenemos mucho que ofrecer pero todo lo nuestro es suyo-Minato, el jefe de la aldea era un hombre fornido, musculoso, moreno y rubio. Naruto era la viva imagen de su padre. Este levantó su copa y brindó por los piratas que se habían alojado en su aldea. La tripulación no entendía porque se habían quedado más de lo normal, pero no les molestaba. En más, estaban gozando más que nunca aquella aventura.
-Capitán-Sasuke miró a la voz del emisor. Era su fiel tripulante llamado Rock lee. El chico había llegado porque el tripulante Maito Guy había adoptado un joven huérfano en la antigua China, en una de sus travesías.
-Dime Lee-estaban todos en un banquete organizado por los altos mandos de la aldea. Habían puesto unas mesas donde el alcohol y la comida se servían en abundancia.
-Yo quiero oficializar una boda. Usted sabe que los de la arena necesitan a alguien a quien confiarle su barco y tripulación, por lo que un hijo sería ideal-un sonrojo evidente cubría las pálidas mejillas del muchacho-bueno, el jefe no quiere hijos, por lo que quiere pactar una boda por cualquier eventualidad- La arena o los piratas de la arena era un subdivisión de la flota Uchiha que iba generalmente por áfrica, traficando esclavos negros. El jefe de aquella flota era un joven pelirrojo llamada Gaara del desierto, apodado así porque decían las malas lenguas que no había nada que le hiciera sudar—incluso al matar un hombre, ninguna gota corre por su piel—eso decían las habladurías, pero lo cierto era que Gaara simplemente era tímido, por lo que intentaba tapar cada emoción que sentía en una máscara de indiferencia.
-¿Eres tú quien se va a casar?-levantó una ceja al mirar al joven Lee. Un chico con el cabello y ojos negros, con cejas tupidas y cuerpo elástico y atlético. Podía correr a la velocidad de los leones.
-Bueno...si…-se le veía lo nervioso que estaba-pero sabe que es solo por negocios y yo…-
-Está bien-se levantó de su asiento y lo enfrentó- sabes que es algo ilegal en nuestras tierras, pero en el mar está permitido, hombre. No veo del porqué de tus nervios-le ofreció una bebida alcohólica para que se calmara.
-Sí, lo se señor pero…usted sabe que hay una facción de la flota que no lo tiene bien visto-susurró y Lee tenía razón. La flota Hyuga, comandada por Neji Hyuga, tenía fama de ser intolerante a la hora de practicar sodomía.
-Sí, lo sé Lee pero tú no estás en ese barco-se encogió de hombros. A lo lejos veía como Naruto conversaba con todo el mundo, animado y alegre. Se podía notar que estaba un poco ebrio-ahora si me disculpas-con un paso delicado y cortés se dirigió hacia donde se encontraba el rubio, sonriéndole y alejándose por la playa. Contaba que su rubio hubiera captado la indirecta y así fue. Pocos minutos después lo vio de pie en el mismo lugar donde se encontraba. Esta vez se ahorraron las palabras y fueron directamente a la acción. Se comían con ferocidad las bocas, tocando todo a su paso. Naruto intentó sacarle la camisa que portaba el azabache, pero sus dedos eran torpes e inexpertos por lo que Sasuke tuvo que ayudarle. El pecho del Uchiha era suave, blanco y delgado. Tocarlo había sido un deleite y más lo era ver las reacciones que surgían del cuerpo del pirata al ser tocado. Naruto empezó a sentir como la temperatura del ambiente subía por lo que se apresuró a quitarse la única prenda que le cubría su desnudes. Sasuke al ver aquel joven como dios lo había mandado al mundo, no pudo evitar aguantarse la respiración por unos segundos antes de atacar a aquel cuerpo. Sus besos fueron bajando por el pecho y el estómago del joven, dejando una estela brillante a su paso. Había llegado a ese apetitoso miembro que le había vuelto loco la primera vez que había podido divisarlo. Sin pensarlo dos veces lo engulló con la boca, saboreando, chupando y haciendo gozar al cuerpo que le pertenecía.
Los jóvenes no se dieron cuenta, pero las plantas empezaron a vibrar y unos pasos se iban acercando. Fue muy tarde cuando se dieron cuenta de la presencia de más personas en aquel lugar. Sintieron el fuego que iluminaba parcialmente la playa y la voz fuerte de Mintado diciendo— ¿Naruto pero qué demonios estas haciendo? – y la cara de horror de su madre que miraba la escena con los ojos desorbitados. Al rubio se le fue el color de la cara e intentó taparse sus partes nobles. Sasuke se limpió la boca y miró al rubio mayor desafiante, diciendo con la mirada que no se arrepentía de nada. La escena terminó cuando Naruto se desplomó en la arena y sus padres corrieron a socorrerlo.
Había sido un gran shock para el nativo.
